‘La Crisis de la Edafología’

Sequías, mortandad forestal y la importancia del agua en el suelo y subsuelo

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Sequias, California, Agua Profunda y bosques muertos. Fuente: Imágenes Google

En un post precedente: “Las plantas también absorben agua debajo del suelo, si la necesitan”, ya os mostramos como las raíces de la vegetación pueden penetrar en el subsuelo hasta algunas decenas de metros de profundidad, en busca de agua. Obviamente, este hecho suele acaecer esencialmente en aquellos ambientes y hábitats que sufren déficits hídricos de diferentes magnitudes.   Es decir, hablamos especialmente de ecosistemas que se ubican en biomas áridos, semiáridos y mediterráneos, pero también en ciertos enclaves de otros más húmedos, bajo circunstancias que generan “de alguna forma” falta de agua para el desarrollo de la vegetación. Este post puede pues considerarse como una ampliación del previamente mentado. Hablaremos de una nota de prensa que da cuenta de un estudio científico publicado en 2018. Sul título, traducido del suajili al español-castellano vendría a ser “La pérdida de aguas profundas provocó la muerte de los bosques en Sierra Nevada, California. Se trata de una investigación interesante que, respecto al ya aludido en aquel post, demuestra que: (i) la vegetación resiste sequías pertinaces y/o prolongadas, extrayendo el agua debajo del suelo, al penetrar y succionarla de regolitos y grietas de los materiales litológicos subyacentes; (ii) Cuando esta se agota el arbolado perece y (iii) que la distribución espacial de los arboles moribundos es heterogénea, estando condicionadas por otros factores ambientales, como en este caso el relieve. A efectos prácticos podríamos equiparar este hecho a la toposecuencia de una ladera. Como veréis, resulta “en primera instancia llamativo” que la mayor mortandad se produzca en las zonas bajas de montañas o laderas, es decir en donde “bajo condicionas normales” el suelo es más espeso y las disponibilidades hídricas en lo que respecta al desarrollo vegetal más favorables. Dicho de otro modo,  a mayor espesor del suelo/regolito, mayor potencial para almacenar recursos hídricos, aunque también reciben cantidades de agua considerables como resultado de la escorrentía superficial y subsuperficial de las cotas altas de las montañas/laderas, como intento ilustrar en la foto de cabecera.

Resumiendo, la vegetación de los ecosistemas puede supervivir a las sequías durante años, extrayendo parte de su capital previamente almacenado en el “banco” (suelo/regolito/saprolito). Empero si la sequía persiste demasiado tiempo, y los ahorros menguan paulatinamente hasta que la hucha se vacía, viene la tragedia. Las reservas de agua comenzarán a restablecerse cuando la sequía finalice y los excedentes de humedad van recargando la cuenta bancaria (el agua del suelo y subsuelo). Como corolario, la vegetación comenzará a recuperarse de los árboles que permanezcan vivos. Como corolario, cabe recordar que la edafología clásica difícilmente puede ayudar a entender y predecir este problema, al contrario que el estudio de la zona crítica terrestre.

Tras la noticia original en inglés, os dejo el enlace a otra, también de interés, y muy relacionada con el tema que hoy tratamos. Eso si la última no la he traducido. Seguidamente podéis leer todo este material. Me he esmerado en traducirla mejor que en otras ocasiones y alberga varios detalles que no dudo que os interesarán.     

Juan José Ibáñez

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Las plantas también absorben agua debajo del suelo, si la necesitan (resistencia a los periodos de sequía)

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Absorbiendo agua de regolitos y rocas fracturadas. Fuente: Google imágenes

 Es bien sabido por la comunidad científica, que el agua se almacena tanto en el suelo, como en el subsuelo. En el seno del último, de profundidad muy variable, el agua suele ser asequible a las especies vegetales que atesoran sistemas radicales que penetran varios metros  en el continuo formado por suelos-regolitos, aunque también alcanzan las grietas de las rocas que pueden contener el líquido elemento.  No se trata de plantas raras o singulares, sino que acaece con relativa frecuencia.

 La ortodoxia, impresa a sangre y fuego en nuestras cabezas y manuales, suele restringir el agua asequible a la biota con la almacenada en los suelos (hasta uno o dos metros de profundidad), cuando no es cierto. Bajo ella aparecen las denominadas zona vadosa y más. Justamente fue la falta de atención de la edafología clásica hacia tal ambiente subterráneo y los procesos biogeoquímicos subyacentes la que dio lugar a la “zona crítica terrestre: El nuevo paradigma de la edafología (ZCT)”. Debemos tener encuentra que, desde numerosos puntos de vista y con variopintos propósitos, incluidos la modelización del sistema climático, contaminación, y otra gran cantidad de procesos que afectan a la superficie terrestre emergida, se requiere información abundante y precisa  de todo el espesor de la litosfera que interacciona con la biota y el clima. Por estas razones nació hace casi quince años, la Critical Zone Exploration Network o red de observatorios de la  ZCT. Con el tiempo, se han ido sumando toda una serie de enclaves repartidos por el mundo, con sus grupos de trabajo, proyectos, simposios, congresos, etc. Lamentablemente la mayor parte de los expertos en ciencias del suelo siguen ajenos a tal fascinante aventura, dando la espalda, a una realizad que reclama a gritos una mayor atención.  

 La Noticia que os vamos a ofrecer hoy y que lleva por título: Subsurface plant-accessible water in mountain ecosystems with a Mediterranean climate, es fruto de una investigación llevada a cabo en uno de los mentados observatorios, y más concretamente en el ubicado en los ambientes mediterráneos de Sierra Nevada, en EE.UU. En ella, se nos informa de lo que muchos edafólogos de campo ya conocen sobradamente, aunque no se interesen o puedan interesarse, debido a la complejidad logística e instrumental inherente para poder indagar hasta decenas de metros de profundidad. Me refiero más concretamente a que la vegetación hace uso de esa agua y en especial cuando el suelo se encuentra seco, ya sea fruto de un estío concreto ya tras  varios años de sequía.  De este modo, se alcanza una considerable resiliencia a los estreses causados por la falta de agua. No se trata de una tarea fácil, ya que a la sofisticación de los diversos métodos empleados y la instrumentación necesaria, debe añadirse que los estudios en sitios concretos deben extrapolase a escala de paisaje con vistas a entender, cuantificar y modelizar sus repercusiones sobre los ecosistemas naturales, agrarios, disponibilidad de recursos hídricos, etc. Por esta razón, algunos comentarios que he traducido abajo del resumen del artículo de investigación original, que no de una nota de prensa divulgativa, pueden resultar incomprensibles al lector que no se encuentre versado en estos temas. Sin embargo, no es importante en nuestro contexto y pueden pasarse aquí por alto.

 He comentado anteriormente que los edafólogos de campo, con larga experiencia y abundantes observaciones, saben sobradamente que las raíces de la vegetación y su biota asociada alcanza profundidades que a menudo exceden con creces los límites más someros, que son el foco de interés de los edafólogos. No resulta difícil observar en cortes o zanjas recientes de carreteras, ferrocarriles, etc., hasta qué punto penetran las raíces en los regolitos y estratos sedimentarios subyacentes, como también  en los sistemas de fragmentación de rocas consolidadas. Eso sí, en materia de investigación, reitero, que se requiere una logística e instrumentación bastante sofisticada, de la que carecemos la mayoría de nosotros.

 Tales hallazgos no son exclusivos de los ambientes mediterráneos, sino de todos aquellos en donde el suelo se seca totalmente durante parte del ciclo anual, como los semiáridos, y por qué no, también en los desérticos. De hecho, ya os mostré en un post precedente un caso mucho más asombroso y singular: “ Los Suelos de los Lechos Fluviales: Las Ramblas y los Uadi y su Biodiversidad de Plantas Vasculares”. Se trataba de un breve resumen de un artículo que publiqué sobre el tema en una revista científica (Islands of biogeodiversity in arid lands on a polygons map study: Detecting scale invariance patterns from natural resources maps). En este último se relata un caso concreto absolutamente sorprendente (explicado en el post) y que entra de lleno en el contexto de esa iniciativa a la que denominamos la  “Zona Crítica terrestre”. Lamentablemente toda esta información no aparece ni en los mapas ni en las bases de datos de suelos georreferenciadas. O cambiamos de chip, o nos van a adelantar desde otras disciplinas por la derecha, la izquierda, delante y atrás, por arriba y por abajo. 

Juan José Ibáñez

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Softwares Estadísticos y Mentes Perezosas

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GIS  y FRAGSTATS Fuente: Imágenes Google

Cuando tecnologías sencillas de usar generan mentes perezosas

Acabo de remitir a la editorial el informe  de un documento que tenía que revisar para una revista científica indexada y me vuelve e invadir la desesperación. Nadie duda de la utilidad de potentes programas para el análisis estadístico de la información. Ahora bien, una cuestión es acelerar todas las operaciones de cálculo, y otra bien distinta, atesorar unos datos, apretar un par de teclas y obtener simultáneamente o en cascada decenas o cientos  de análisis estadísticos de los primeros, más aun cuando en la mayoría de las ocasiones los usuarios desconocen su racionalidad y como son calculadas. Ante tamaña cantidad de información, resulta fácil caer en la tentación de analizar los resultados y escoger los que consideres “oportunos”, con una actitud “oportunista”.   Y así ocurre. Nuestros  jóvenes investigadores, y otros que no lo son tanto, elaboran documentos, aferrándose a resultados y significaciones estadísticas concretas que no tienen ni pies ni cabeza. Un caso dramático y archirrepetido estriba en observar como los autores se afanan de dar racionalidad a patéticas correlaciones espurias.

La ciencia se basa en la creatividad de sus practicantes, estando la estadística al servicio de la primera.  Sin embargo la segunda no puede, ni no podrá reemplazar a la primera. A menudo estos software son pensados para ofrecer las soluciones que más demandan los usuarios que, con harta frecuencia, no son las más adecuadas en muchos estudios, como seguidamente explicaremos. Tras décadas de trabajo en estos menesteres, es fácil extraer conclusiones. Nos creemos muy modernos por utilizar unos sofisticados hardware y software informáticos. Empero estos no pueden sustituir los conocimientos clave de cada disciplina, el trabajo de campo, la bibliografía adecuada y sobre todo la reflexión. Nuestros jóvenes investigadores, atraídos por estos paquetes de programas, se olvidan de lo fundamental, es decir de casi todo lo previamente mentado.  Y como es tan fácil……. Darle al teclado y ¡¡¡flash!!!…. te aparecen las consabidas riadas de estadísticas. Este modo de proceder modela mentes perezosas y descuidadas de aprender todo lo que realmente necesitan. Reitero que estamos formando mentes perezosas, y lo que es peor, con cierta adición a hablar de lo que desconocen. Pero pongamos un ejemplo, de colegas más maduritos tiempo atrás.

Cuando comenzaron a aparecer los sistemas de información geográfica –SIG- (como también la teledetección), allá por los años 80 del Siglo XX, yo adquirí uno, que por aquel entonces solían ser muy caros, demandando estaciones de trabajo más sofisticadas que un PC normal. Inmediatamente puse a un par de becarios a instruirse y trabajar con ellos. En un congreso, me encontré con un antiguo colega que se acercó a saludarme afablemente. Al preguntarle a que dedicaba sus esfuerzos en los últimos años me comentó textualmente (aun me acuerdo): “Ahora investigo sobre sistemas de información geográfica”. Inmediatamente le pregunté: ¿estas desarrollando un programa? ¿Qué características atesora?. El respondió: “No, ufff eso es muy complicado…. Yo me he comprado uno y lo aplico a lo que me ofrezcan”. ¿Se trata de investigación?. No simplemente era un mero usuario de la tecnología de moda, la cual desconocía casi por completo. Inmediatamente me reuní con mis becarios y les hablé muy claro, es decir le explique lo que aquí os cuento: Si utilizáis un hardware y/o un software comercial, no sois investigadores, sino como máximo técnicos, que es algo muy distinto. 

En mi caso, es habitual, por ejemplo, que los editores me soliciten que revise estudios en los que la información geoespacial resulta ser extremadamente relevante. Pondré un ejemplo.

La multinacional ESRI es famosa por sus sistemas de información geográfica y paquetes estadísticos asociados. Pues bien, se realizan las operaciones oportunas sobre mapas e información georreferenciada en general, para a la postre meterla en la batidora/coctelera de esos softwares. También en mi caso concreto suelo toparme casi siempre con el mismo producto comercial, es decir FRAGSTATS. Personalmente no critico este software en sí mismo, sino a los usuarios que creen que se trata de una especie de barita mágica y que lo que nos ofrece “va a misa” Ahora bien, nada más lejos de la realidad. FRAGSTATS, es un paquete de programas  enfocado a los investigadores de ecología del paisaje. Este ofrece un montón de métricas diferentes incluidas muchas que conciernen a los análisis de diversidad, que también son de interés de los expertos que estudian los patrones espaciales que acaecen en los paisajes preferentemente biológicos. Ahora bien, mi tema central de estudio resulta ser la geodiversidad (aunque no de la manera constreñida y sesgada que nos ofrece Wikipedia) y más específicamente la edafodiversidad o diversidad de suelos. Pues bien, son ya muchos, demasiados, los manuscritos que he tenido que rechazar, o en el mejor de los casos devolver a los autores para una profunda reorganización del trabajo por hacer un uso acrítico e indiscriminado de FRAGSTATS, que iba más allá del rigor científico y lo que es peor aún, del sentido común. No entraremos en detalles.

Buena parte de los trabajos que me veo obligado a rechazar es debido a la aplicación indiscriminada de tales estadísticas a casos y objeto de estudio que carecen de sentido científico. Observar cómo se usan esta tecnología y herramientas estadísticas para extraer conclusiones, ya no criticables, sino incomprensibles y carentes de sentido me hiela la sangre. Y son dignas de reprimenda. por cuanto los autores suelen hacer gala de un palmario desconocimiento del objeto de estudio.

Juan José Ibáñez 

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Cartografía de Suelos en España. Hablamos de Francisco Monturiol Rodríguez, un edafólogo con mayúsculas

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Francisco Monturiol y Robert Dudal. Foto cedida por Juan José Ibáñez

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Foto cedida por Gonzalo Almendros

El 9 de Abril de 2020 falleció mi añorado maestro en materia de suelos y director de la tesis doctoral que defendí en 1986. Debo discúlpame por no haber podido rendirle homenaje con anterioridad, como hubiera deseado. Existen varias razones y entre ellas el que no atesoraba fotos digitalizadas de Paco, al estar yo confinado en mi casa. Monturiol ya tenía una avanzad edad, empero fue víctima del COvid-19. Espero que no fuera en una residencia de ancianos de Madrid, ya que la tragedia que allí se vivió durante los primeros meses de la pandemia, por pudor, no me atrevo calificarla aquí.

Hablar de Francisco Monturiol Rodríguez es hablar de la cartografía de suelos en España. La News-21 de 2020 publicada por la Sociedad Española de la Ciencia del Suelo ha elaborado un escrito “In Memorian. Empero su redactor, un colega del que prefiero no hablar (por soslayar lo de blasfemar) ha sido tan insustancial (ídem que en el paréntesis anterior) y aburrido como acostumbra. Quien debiera haber redactado tal escrito debiera haber sido su inseparable compañero Luis Alcalá del Olmo, pero no he podido contactar con él. Por mi parte, no deseo abundar en los aburridos discursos tradicionales plagados de éxitos académicos (relevantes o nada relevantes) . Como en los casos anteriores (muy pocos) en que  rindo homenaje a colegas amigos, prefiero abundar en lo que aprendí de su figura.

Buscaba fotos en Internet pero me ha resultado muy difícil, por lo que he ido a escanear una que tenía con Robert Dudal (padre del Mapa de Suelos del Mundo de la FAO y también amigo), mientras mi colega Gonzalo Almendros  (Dr. Humus) me enviaba otras dos de sus archivos.

Y me he puesto muy triste. Me explico. Francisco Monturiol era una persona a la que no le gustaba ni figurar ni aparentar. Huía de cualquier protagonismo.  En España cuando hablamos del Mapa de Suelos Nacional, solemos decir el de “Guerra y Monturiol”. Empero en la red de redes, las imágenes de Antonio Guerra aparecía por doquier mientras que las de Paco, poco, por no decir nada. ¿Razón?.  Cuando eres Catedrático y te jubilas o falleces, te hacen un homenaje, con miles de fotos y todas esas zarandajas. Por el contrario, en el CSIC han desaparecido como tales los diversos centros que trabajaban sobre edafología y que fueron en buena parte responsables de aquellas cartografías. Más que homenaje se ha tratado de una extinción en masa, del que, si no estoy equivocado, el último mohicano soy yo, a pocos meses de mi jubilación. La edafología en el CSIC está muerta y enterrada.

Francismo Monturiol, Rodríguez, llevaba la sección o departamento de cartografía de suelos del Instituto Nacional de Edafología y Agrobiología y figura con Guerra como responsables de la coordinación de aquel producto entre otros muchos. Hablar de Monturiol, efectivamente es hablar de la cartografía de la suelos tradicional.

  Hasta donde alcanzo recordar, a Paco le apasionaban esencialmente dos cosas, Una de ella eran los suelos (cartografía, morfología, clasificación génesis, etc.,)., aunque por delante se encontraba su amada esposa y familia. Siempre hablaba de ella y para bien. Lamentable pero también amorosamente, durante el Alzheimer que ella sufrió a lo largo de años, Paco cuidó la cuidó con amor, como no podía ser de otra forma.

La foto en la que aparece Paco y Robert Dudal fe tomada justamente  cuando este impresentable bloguero, comenzó a representar a España en el “Ente” que actualmente conocemos por el European Soil Buro (ESB). Personalmente me encargaba de la organización del mitin y Rudi, por supuesto, conocía  a Monturiol sobradamente. Pues bien, durante años, en el ESB representantes de cada país (en mi caso acompañado de otro entrañable amigo, como lo es Jaume Boixadera) nos dedicamos a armonizar los mapas edafológicos de los diferentes Estados para parir el de toda Europa y su base de datos de suelos georreferenciadas, acualizando de otro que le precedía. ¿Cuál era la base, y aun lo es del mapa continental?. Pues precisamente para España el de “Guerra y Monturiol”, a falta de un nuevo inventario completo, lo cual es lamentable pero……

Cuando en 1990 Monturiol se jubiló, yo empecé, como os he dicho a representar a esta país en la EU. Por aquel entonces se iniciaba en todo el mundo la desdichada política del “publica o perece”.  La publicaciones generalmente eran editadas por las revistas de suelos de cada país (Anales de Edafología y Agrobiología, en el caso de España). Pues bien, conforme iba conociendo a cartógrafos de otros países, me solían preguntar ¿Cómo no están Monturiol  y Guerra y por aquí?, ¿No van a venir?. También alababan, por ejemplo, a Josefina Beneyas, entre otros(as) por ser una más que valorada experta en micromorfología de suelos a escala continental.  Personalmente ya había publicado en revistas indexadas, pero en los foros en los que  estuve, muchos jefes del servicio de suelos no.  No podemos catalogar la reputación de un experto de aquellas décadas con los cánones actuales. Además en España seguía la escuela francesa y Paco si se manejaba bien en lengua francófona, pero no en la anglosajona.

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Foto cedida por Gonzalo Almendros

Tuve con anterioridad estuve bajo la tutela de dos directores previos de tesis, ya que de joven era considerado muy revoltoso y ¿anti-sistema?. Mi coleta, atuendos, pendientes y collares, no eran del gusto de mucho edafólogos españoles maduros, criados en el franquismo.  Pues bien, a la tercera fue la vencida, y con Paco terminé la tesis.  El Prof. Monturiol, se comportó conmigo magníficamente, dándome alas para volar y recursos tecnológicos, además de sabios consejos y formación de campo. Un día cualquiera, deprimido por cualquier razón, le comenté a Paco en su despacho que me iba de allí, que dejaba el trabajo. Y Paco se puso a llorar. Pues bien quiero rendir homenaje, como siempre primero al hombre y luego al profesional. Monturiol fue un ejemplo para mí y para otros muchos en ambos sentidos. Y recordar el mapa de suelos de España es de….. Y si hablamos de la historia  de la Cartografía de suelos en España hablamos de Francisco Monturiol Rodríguez.

Con ello no quiero decir que en su generación no hubieran otros magníficos edafólogos. Yo conocí a algunos de ellos, pero no a otros. Muchos de aquellos colegas eran francamente magníficos profesionales. No mentarles, viene a cuento porqueal desconocer la obra de cada uno de ellos,  así como que si añades unos y no a otros, sus alumnos se enfurecen.  Tampoco recuerdo todos sus nombres. Si puedo aseverar que algunos investigadores europeos y americanos, tras asistir a algunas excursiones de campo en esta país, me comentaron que les había sorprendido el alto nivel de conocimientos de los edafólogos españoles en el campo. Vaya también para todo ellos mi más sincero homenaje.

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Iré añadiendo algunas fotos más e Paco, con vistas a que cuando se busque el nombre de Francisco Monturiol, no me devuelva la Web la foto de Antonio Guerra, contra quien no tengo nada en absoluto, por supuesto. Eso sí mi contribución es modesta, por falta de más material gráfico.

Con dolor y nostalgia

Su alumno

Juanjo Ibáñez

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El suelo y el Medio Natural: Reflexiones desde la Universidad (Antonio López Lafuente)

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Antonio López Lafuente: Genio y Figura hasta la sepultura cuando llegue que todavía es muy pronto….

Otra vez me ha permitido Juanjo asomarme al balcón, ahora que por desgracia está de moda (Pandemia de Covid-19), de su bitácora para compartir con vosotros algunas reflexiones relacionadas con el suelo y el medio natural. Deseo empezar dándole las gracias por esta nueva incursión que espero sea de algún interés. 

 Los que nos dedicamos a la  actividad docente e investigación en la universidad nos  encontramos pasando momentos de confinamiento, como muchas personas dedicadas a otras profesiones, lo cual nos está permitiendo tener más tiempo libre como para poder plantearnos algunas reflexiones, en este caso, acerca de nuestro trabajo, a la vista de las numerosas dificultades que nos estamos encontrando.

 Los profesores de universidad, como así lo establece la ley, debemos cumplir con dos misiones básicamente: (i) participar en la investigación del país, a través de los proyectos financiados por los distintos organismos oficiales, también de empresas privadas, pero claramente en menor proporción, y (ii) ocuparnos de la docencia de los futuros egresados. Esta ha sido la biga que ha mantenido el fundamento de nuestra universidad a lo largo de la historia. 

 Esta doble función que lógicamente en sus principios no va a cambiar, si bien es posible que se vea modificada con nuevos planteamientos a partir por el surgimiento  de la pandemia del COVID-19. Durante el tiempo de confinamiento estamos aprendiendo a marchas forzadas que no podemos seguir con los modelos tradicionales ni de investigación ni de docencia. La pandemia nos está ayudando a recordar que la investigación o se hace y se financia para potenciar equipos multidisciplinares, o no tendrá sentido de ser, y la docencia, o se hace desde la integración, no solo de los estudiantes, sino también del conocimiento, con una participación expresa de las nuevas tecnologías, ono tendrá garantías de calidad. Estos dos planteamientos no son nuevos, forman parte del frontispicio de nuestra profesión, pero parece momento de recordarlos si queremos tener en el futuro un mejor control de las distintas amenazas a que el planeta, y en especial el ser humano, va a estar sometido.

 Otra de las cosas que ha dejado claro este confinamiento es que no estábamos preparados para asumir tareas que empezaban a ser utilizadas, y de las que se hablaba mucho, aunque se ha demostrado lo lejos que nos encontramos para poder utilizarlas con rigor, me refiero al teletrabajo, o trabajo a distancia. Ni las empresas, ni las instituciones, ni los ciudadanos, ni los medios de que disponíamos estaban preparados para realizar una labor eficaz. Es evidente que algunas empresas, sobre todo en áreas concretas, el mundo de las finanzas, el entrenamiento a través de la red, llevan haciendo un trabajo de implantación desde hace años, lo que les ha permitido avanzar en este momento a un ritmo mayor, y seguramente han cubierto mejor sus objetivos. Pero sectores como la salud, la educación, la cultura, la alimentación, entre otros, necesitan impulsar de forma rápida la digitalización de sus actividades si no quieren encontrarse desfasados en los próximos años.

 Otra cuestión que merece una reflexión profunda estriba en analizar el papel de los ciudadanos en el devenir de la pandemia. Su colaboración está siendo fundamental para superar la catástrofe, si no se hubiera entendido que sin su participación no sería posible salir, los tiempos para superarla hubieran sido muy superiores y con consecuencias los estragos mucho más trágicos. Con ello se ha puesto de manifiesto la importancia de entender que los problemas cuando adquieren carácter global, como es el caso de la pandemia generada por el COVID-19, o del cambio climático, del que se lleva hablando décadas, o lo que fue en su momento la crisis económica producida por la quiebra de Lehman Brothers, afectan a cada una de las personas y es imprescindible la concienciación colectiva para superarlos.

 Ante esta concienciación de los grandes problemas a nivel planetario afecta a todos los ámbitos del conocimiento, es necesario que asumamos cada uno de nosotros muchos de los planteamientos que la ciencia está haciendo sobre diversos campos. Me centrare a partir de aquí en el suelo, que es lo que yo enseño en la universidad, y principal objetivo de esta bitácora.

 La erosión, la desertificación, la contaminación química, el cambio de uso, la perdida de materia orgánica, la permanente disminución de la biodiversidad, los cambios en los ciclos del carbono y el fosforo, en una palabra, la degradación del suelo, está alterando sus servicios ecosistémicos, tanto los que afectan a los sistemas biológicos y relacionados con el agua, como los vinculados con sus aspectos sociales y económicos. Estos hechos se llevan denunciando por parte de la comunidad científica desde hace años, y seguimos predicando en el desierto. Los suelos se siguen degradando, la perdida de superficie cultivable aumenta constantemente, lo que incide en los mercados económicos, en las hambrunas, en la migración, y esto se pone de manifiesto cada año con informes y planes estratégicos para evitarlo, que apenas se cumplen.

 Uno de los últimos intentos es la publicación de La Agenda 2030 que demanda el compromiso de los Estados para cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esta Agenda fue adoptada en 2015 por la Asamblea General de Naciones Unidas y aprobada por los 193 miembros entre los que se encuentra España. El objetivo 15 es el dedicado a “vida de ecosistemas terrestres” donde se advierte de l imperiosa necesidad de: Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.

 En el apartado de DATOS, podemos leer: 2.600 millones de personas dependen directamente de la agricultura, pero el 52% de la tierra utilizada para la agricultura se ve moderada o severamente afectada por la degradación del suelo. La pérdida de tierras cultivables se estima entre el 30-35 veces la tasa histórica.

Debido a la sequía y la desertificación, se pierden 12 millones de hectáreas cada año (23 hectáreas por minuto). En un año, podrían haberse cultivado 20 millones de toneladas de grano. El 74% de los pobres están directamente afectados por la degradación de la tierra a nivel mundial.

 Pero la degradación del suelo no afecta solo a los sistemas productivos, que ya sería suficiente, sino que también  genera la destrucción de los ecosistemas terrestres y tiene una incidencia muy importante en la salud de las personas.

La llegada al suelo de productos químicos procedentes de las actividades antrópicas, ocasiona daños de los que en muchos casos no se conoce cuál es su verdadero alcance, propiciando de paso que nos hagamos preguntas que necesitan una urgente respuesta porque de ellas va a depender la salud de muchas personas:

  1. No conocemos las complejas interacciones que tienen lugar entre las especies químicas del suelo.
  2. No se conocen los nuevos xenobióticos que están apareciendo en el suelo producto de reacciones orgánicas.
  3. No se conoce como afecta el cambio climático a muchas especies de microorganismos del suelo.
  4. No se conoce como afecta a los microorganismos la llegada de medicamentos (contaminantes emergentes).

Son muchos los planteamientos y muchas las incógnitas que surgen cuando hablamos del sistema suelo, pero hoy día, en nuestro planeta la especie humana no pude sobrevivir sin los suelos. La inversión en equipos multidisciplinares, desde la ingeniería a la sociología, pasando por ciencias de la salud, es necesaria si queremos tener respuestas que realmente sirvan a los problemas de la población. En las aulas, cuando explicamos Edafología, deberemos hacerlo desde el concepto de integración, como lo define María Moliner en su diccionario de uso del español, “integrar es hacer un todo o conjunto con partes diversas”, si queremos que nuestros estudiantes entiendan lo que significa “funciones ecosistémicas del suelo”. Y la población debe entender que no podemos aportar soluciones reales y duraderas si no comprende que el suelo es mucho más que el soporte que nos sostiene.

 Quiero concluir diciendo que deberíamos extraer conclusiones positivas de esta pandemia, la catástrofe está siendo tan grande en todos los campos, sobre todo en el número de víctimas, que necesitamos confiar en que no volverá a suceder, y para ello debe ser el conocimiento y la investigación, quien aporte esa confianza, porque es lo único que nos puede salvar. Concluyo con una cita del físico Richard Fyenman, que recoge Olle Häggström, en su libroAquí hay dragones. Ciencia, tecnología y futuro de la humanidad”, que por cierto me recomendó Juanjo, transcribe: “La ciencia es lo que hemos aprendido sobre cómo evitar engañarnos a nosotros mismos

 Comentario del bloguero que espera/teme Antonio: Veamos Antonio López Lafuente. Cuando comenzamos la andadura en esta bitácora entramos a participar cuatro colegas como blogueros responsables. Poco a poco fueron siendo abducidos los restantes, dejando de participar por los motivos más variados y comprensibles.  Uno de ellos resulta ser mi entrañable amigo Antonio, que además de gran investigación y docente, ha resultado ser un magnifico gestor, ocupando cargos de garn relevancia en España. Antonio, no tienes porqué pedir permiso para nada. Esta es tu casa. Siempre serás bienvenido. Obviamente estos asertos no causan ningún temor. Empero y  si digo con más asiduidad por favor….. Ahí … ¿Antonio dónde estás?…. ¿Antonio dónde estás?…. Me temo que salió corriendo. ¡en fin!…… Mi ”gozo en un pozo 

 

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Los suelos y la agricultura ecológica en la era de la postverdad (Revista de Suelos Ecuatoriales)

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Fotos: Colaje Imágenes Google

 Sabéis sobradamente, que no utilizo nuestra bitácora con vistas a LA promoción de mis artículos y libros científicos. No me gusta la propaganda, y menos aún la auto-propaganda. Sin embargo, de vez en cuando, hacemos excepciones. Esta será una de ellas. La Revista de Suelos Ecuatoriales ha publicado gentilmente un artículo de reflexión personal que lleva por título precisamente el encabezamiento de este post. Considero que puede ser de interés para  muchos lectores y de paso publicitamos esta iniciativa de la Universidad Nacional de Colombia, ya que, a menudo soslayamos vergonzosamente todo lo que se edita en nuestra lengua. Suelos Ecuatoriales se encuentra en acceso abierto, por lo que podéis bajaros el manuscrito sin problema alguno. Abajo o dejo los enlaces. No resulta pertinente redactar análisis críticos de los textos redactados por los propios autores e intentar ser objetivo.s ¿Verdad? Pues bien, seguidamente os dejo el resumen y el mencionado análisis os corresponderá a los interesados. Resulta difícil encontrar revistas científicas que permitan salirse del consabido guion docto y cansino, de naturaleza académica, para todos aquellos que van a la búsqueda de información general. Este no ha sido el caso, y sin más preámbulos os dejo con el resumen. Animaros a leerlo en su integridad y seguidamente recordar el título de esta revista, con vistas a husmearla periódicamente. Y sin más preámbulos ahí va:

Juan José Ibáñez

Los suelos y la agricultura ecológica en la era de la postverdad (Revista de Suelos ecuatoriales)

Juan José Ibáñez

Palabras clave:   Agricultura ecológica, Agricultura orgánica, Agricultura Industrial, Tecnociencia, Posverdad, Filosofía de la Ciencia, Filosofía de la tecnociencia 

Vol. 49 Núm. 1 y 2 (2019): Suelos Ecuatoriales

URL de acceso directo al Artículo. http://unicauca.edu.co/revistas/index.php/suelos_ecuatoriales/article/view/109

Resumen

Los suelos y la agricultura ecológica han sido dos temas soslayados durante décadas de la corriente principal de la literatura científica. Sin embargo, más recientemente, el reconocido fracaso de la agricultura industrial, así como la comprensión del sistema climático, han relanzado el interés por ambas disciplinas. Ya no se discute la importancia de los suelos en el funcionamiento de la biosfera, ni la necesidad de reemplazar una agricultura despilfarradora de recursos y contaminante por otra basada en genuinos principios ecológicos. Sin embargo, desde finales del siglo XX, la ciencia ha ido cambiando, tanto en sus objetivos como es su praxis, siendo paulatinamente reemplazada por lo que actualmente se denomina Tecnociencia. Esta última no persigue tanto progresar en el conocimiento del mundo, como en ser el soporte del progreso e innovación del tejido empresarial de los países, en un mundo frenéticamente competitivo a la par que insustentable. De este modo la búsqueda de la verdad ha sido reemplazada por la posverdad, en la que los científicos somos meros elementos de un sistema muy complejo, dominado por intereses económicos y geopolíticos. En este contexto, la definición de agricultura ecológica depende de los intereses de los actores implicados, relegando los aspectos técnicos a un segundo plano. En este artículo, el autor intenta discernir el futuro de una agricultura genuinamente ecológica, conforme al método científico y que necesita inexcusablemente de una gestión sostenible de los suelos, de aquellas narraciones sesgadas por intereses ajenos a la ciencia, es decir repletas de posverdades. 

Revista de Suelos Ecuatoriales

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Conservación del Patrimonio Agrario Mundial (SIPAM FAO)

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Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM … – FAO)

Como me gusta redactar post sobre noticias que se me antojan superlativas desde el punto de vista del patrimonio natural y cultural. Y hoy es una de ellas. Más aun, el material se encuentra también redactado que tan solo puedo copiar y pegar con muy pocas adendas por mi parte. Comenzaré secuestrando dos párrafos de la página de Web principal, para a renglón seguido realizar unos breves comentarios y dejaros con varios fragmentos de texto, y especialmente unos contenidos que me entusiasman.  ¿Cómo no había tenido noticias al respecto hasta ahora? No estoy seguro, pero os lo intentaré explicar al final de esta entradilla, si bien lo que debéis leer se encuentra en su extensión (es decir tras mis clásicos “continua…”). Vamos allá. ¡Que gozada!. No tiene desperdicio.

Libro: “Sistemas importantes del patrimonio agrícola mundial (SIPAM). La biodiversidad agrícola y los ecosistemas resilientes. Prácticas agrícolas tradicionales e identidad cultural”. Seguidamente os reproduzco su prólogo.

Resumen: Durante siglos, los agricultores, pastores, pescadores y silvicultores han desarrollado sistemas agrícolas diversos y adaptados localmente, y los han gestionado con técnicas y prácticas ingeniosas que han perfeccionado con el paso de los años. Han sido los responsables de aportar a la humanidad una combinación esencial de servicios sociales, culturales, ecológicos y económicos. Estos “Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial” (SIPAM) son paisajes estéticamente impresionantes que combinan la biodiversidad agrícola con ecosistemas resilientes y un valioso patrimonio cultural. Estos sistemas están situados en lugares específicos del mundo, donde aportan de forma sostenible múltiples bienes y servicios, alimentos y unos medios de subsistencia seguros para millones de pequeños agricultores.

Los SIPAM surgieron a través de un impresionante proceso de coevolución entre los seres humanos y la naturaleza durante siglos de interacción y sinergias culturales y biológicas. Representan la acumulación de experiencia de la población rural. Desafortunadamente, estos sistemas agrícolas se encuentran actualmente amenazados por muchos factores, incluyendo el cambio climático y la presión creciente sobre los recursos naturales. Además, tienen que enfrentarse a la migración causada por una baja viabilidad económica. Como consecuencia, se abandonan las prácticas agrícolas tradicionales y se da una pérdida drástica de variedades y especies endémicas y locales. Hace 16 años, la FAO identificó estas amenazas globales para la agricultura familiar y los sistemas agrícolas tradicionales, y lanzó el programa de los “Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial” (SIPAM). Adoptando un enfoque basado en la conservación dinámica con el objetivo de lograr un equilibrio entre la conservación, la adaptación sostenible y el desarrollo socioeconómico, el programa SIPAM busca identificar maneras de mitigar las amenazas a las que se enfrentan los agricultores, así como de resaltar los beneficios de estos sistemas.

¡No me lo puedo creer!. Resulta difícil de entender que tras 15 años escribiendo en esta bitácora para lo cual he leído miles de noticias, no me hubiera llegado alguna a este respecto. Mi amigo Luca Montanarella me habló de esta iniciativa de la FAO hace unos meses. Tomé nota pero… se me olvido. (fallo garrafal: ¡mea culpa!). Ahora bien, la falta de información sobre el SIPAM, tras leer varios boletines de noticias de suelos, agricultura y medio ambiente diariamente,  me obliga a pensar que apenas ha calado en la opinión pública y menos aún en la obnubilada mente de políticos y gestores. Y es aquí en donde la buena noticia debiera ser motivo de una profunda preocupación. A nuestras autoridades, no les interesa más que salir en los medios de comunicación, por cuanto al llegar al momento de la verdad, nada de nada.  También cabe  recriminar que, desde Latinoamérica, en donde se habla tanto de culturas indígenas y sus agriculturas sustentables, etc. hasta el momento solo tres enclaves tienen la etiqueta de SIPAM. Si volvemos la vista a la Europa latina,  el paisaje es menos preocupante, aunque no deje de ser inquietante. En España, por ejemplo, tres enclaves han alcanzado la etiqueta del SIPAM. Ahora bien, excepto en un caso, ni me parecen muy relevantes, y menos aún representativos de los principalesterroirque debiéramos analizar y preservar en la Península Ibérica. Estamos tropezando una vez más en el craso error de la falta de iniciativa, como ocurre también con la preservación de la Geodiversidad bajo los auspicios de la UNESCO. ¡Qué lástima!.

Por mucho que nos lamentemos: “obras son amores y no buenas razones”. Nos quejamos continuamente, pero a la hora de esforzarse… ¡suspendidos!. Debemos exigir a nuestros políticos, con todos los medios a nuestro alcance, que no pedirles favores exclusivamente, ya que en estos menesteres son sordos y mudos. Por lo tanto la responsabilidad recae sobre todos nosotros.

Abajo os dejo ya con la información que he recopilado, aunque una buena parte resulta ser una reproducción literal de ciertos contenidos de la página Web del SIPAM.

A todos los amantes de la naturaleza, sus paisajes y en especial de aquellos que son culturales os ruego encarecidamente que leáis este post y actuéis en consecuencia.

Juan José Ibáñez

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Restauración de suelos y aborción de miles de millones de toneladas de carbono ¿¿??

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Madrid, Ciudad sitiada, de un Estado cerrado al exterior, casi completamente vacía, como tras un golpe de estado o esperando el bombardeo enemigo en  medio de  una guerra uno como mínimo se siente extraño, inquieto, incómodo. Cuando se está en una crisis sanitaria como la que padecemos en febrero-marzo…. de 2020 y justamente en uno de los epicentros de esta pandemia global que nos azota, nos cuesta a muchos concentrarnos.  Y para mayor calamidad personal, yo que como soltero y sin problemas (“hasta ahora”) monetarios me iba a trabajar, relegando las treas domésticas a una asistenta que limpiaba la casa, lavaba, planchaba la ropa etc., no se casi ni poner una lavadora, me encuentro también perdido en  los 65m2 del cubículo en el que habito…… Y así y he roto el fregadero por lo que estoy obligado a limpiar los utensilios de cocina en la ducha. ¡Suuuuu, sin comentarios! ¿Vale?. Me lio tanto que el teletrabajo obligado que hacemos en estos momentos casi todos los investigadores se resiente.  Friega, plancha, limpia el suelo, desinfecta, trabaja….. Salgo a comprar cada dos o tres días y todo vacío. Una urbe casi fantasma. Busco noticias para redactaros un post de suelos. Tras revisar varias, veo una que se me antoja interesante empero, es mi sino, ya que se encuentra tan vacía de contenidos, como las calles de mi ciudad. ¡Qué hastío!. Y lo que uno puede inferir, resultan ser cometarios que se ensamblan sin ton ni son, contradiciéndose o polvorientos comentarios infinitamente repetidos. Fijaros detenidamente: Partícula + antipartícula = ¡La nada!. Pero a lo que vamos…….

Cansado y aburrido de leer noticias como la que os expongo hoy, la abordada en este post no tiene desperdicio, ya que reitero es un texto vacío, hueco. Y eso que los autores dicen partir de un informe con más de 1.000 páginas auspiciado por el IPCC. Sobre este tema hemos escrito hasta la saciedad en nuestra bitácora y siempre aportando más información, lo cual es sumamente sencillo, ya que es imposible decir menos. ¿Mil páginas con vistas a llegar a las conclusiones que os vamos a mostrar?. En la prestigiosa revista journal Nature Sustainability, Deborah Bossio, un de las autoras, nos expone en una portentosa  lección magistral cómo no decir nada, nada de nada, o lo que es peor en este caso, lo mismo que hace 25 años.

 Los vertiquitos de esos informes y como se elige a los autores o compiladores, es un tema del que se sobradamente, por cuanto he formado parte de numerosas iniciativas de tal guisa. Suelo terminar lamentando mi participación una y otra vez, aunque hay excepciones, por supuesto. Sin embargo con más frecuencia de la deseada vuelvo a recaer. Eso sí, lo de la publicación en Naure Sustainability es digno de denuncia.

Poco puedo añadir o analizar a una nota de prensa digna de…. ¿de qué?. Lean y enséñasela a sus vecinos(as) más ignorantes o semi-analfabetos porque con el título basta, la entenderán, como si fuera un culebrón televisivo. Más aun la autora entrevistada propone, mejorar los mecanismos de compensación para incentivar una agricultura que proporcione más alimentos a la humanidad, frenando la expansión de las tierras agrícolas. ¿Pero cómo?. Obviamente debo suponer que en las mil páginas del informe habrá contenidos más sustanciosos. En caso contrario, en lugar de interrogar a un presunto delincuente, háganle leer en voz alta mil veces esta notica y seguro que cantará hasta la Traviata de Giuseppe Verdi. Cantará cualquier cosa que le pidan, eso sí, peor, mucho peor.

 Cuando tras buscar material para vosotros, releo muchas noticias, topo con titulares esperanzadores, pero que a la postre devienen en basuras. Pero esta última contiene “algo”, y en el caso que analizaremos hoy me ha entrado un deseo casi irresistible de cerrar el blog para siempre. ¿En que se gustan el dinero los organismos internacionales?. Busco en Internet la revista y debo pagar casi 10 euros por leer un texto seguramente más corto que este post, cuando la información ambiental debiera ser en acceso abierto. Observo el número de páginas del artículo, o carta de Naure Sustainability y, como observaréis abajo, a lo sumo son dos. Busco en el repositorio de Researchgate el volumen de 1.000 páginas y me dice que bajo petición. ¿Alto secreto?. Personalmente se me caería la cara de vergüenza firmar algo que no es nada. Que se editen publicaciones sobre los documentos elaborados por el IPCC, la ONU y/o la FAO, o sus resúmenes, en revistas de pago, con tal vacuo contenido, debiera ser sonrojante para los firmantes. A estas instituciones debería exigirse que todo fuera en acceso abierto, lo quieran los autores del informe o no. ¿Y los autores?. Son los únicos beneficiados, ya que añadirán a sus currículos una publicación de campanillas que no es nada, nada de nada. Ya sabemos que las editoriales viven de esto. Empero al menos deberían “aparentar” tener un poco más de dignidad.  Y todo esto en 2019. Cualquier alumno que imparta su primer curso de edafología añadiría más contenido, sin lugar a dudas. Entre los firmantes hay alguna persona conocida, aunque la mayoría ni me suenan (bueno sí: ¡las narices!). ¿Quien elige a estos sabios? Francamente, a mi me suelen invitar, supongo que a ellos también, empero esperaría que de suelos deberían saber, aunque no lo parezca.

 Os dejo con el espacio edafológico vació……

 Aburrido

 Juan José Ibáñez

Continúa…… No tiene desperdicio…… porque como vereís……

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Salud del Suelo y su Relación con Salud Humana (Médicos y Edafólogos debaten una Agenda Conjunta de Investigación)

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¿Una Edafomedicina Institucionalizada? Fuente: Colaje Google imágenes

¿Una Edafomedicina Institucionalizada?. Pues pudiera ser el caso. Realmente se trata de una excelente noticia, si bien temo que la presencia de muchas multinacionales agroalimentarias y farmacéuticas terminen pasando una factura no deseable, pero sobre la que no voy a “rebuznar” en la presente “entradilla”.    Pero a lo que vamos. En octubre de 2018 se celebró una conferencia sobre las conexiones entre la salud del suelo y la salud humana (…). El evento fue diseñado con el propósito de reunir a las comunidades de profesionales implicados en la salud del suelo y la salud humana y así establecer el estado actual del conocimiento colectivo, identificando tanto las lagunas existentes como las prioridades necesarias  a la hora de rellenarlas. De este modo, se pretende esbozar una agenda de colaboración futura entre médicos y expertos en las ciencias del suelo. El evento se celebró en Silver Spring, MD y al cual asistieron más de 180 expertos pertenecientes a más de 120 organizaciones.

Sobre ambos temas y sus relaciones mutuas hemos abundado durante 15 años en los numerosos post incluidos en nuestras categorías: “Los Suelos y la salud humana” y “La calidad y las funciones del suelo”. Ahora bien, una cuestión es que algunos guerrilleros disparemos esporádicamente y otra bien distinta que se institucionalicen  los estudios pertinentes. No sería la primera vez en ciencia que tales eventos terminan con el tiempo dando sus frutos y entre ellos el nacimiento de una nueva disciplina y/o subdisciplina científica. Crucemos los dedos y esperemos que sea el caso, ya que existen sobradas evidencias de tales interconexiones. Por ejemplo, “somos lo que comemos” y actualmente, tanto la contaminación como la mala calidad nutritiva de los alimentos que ingerimos son noticia todos los días y en cualquier lugar del mundo.

Abajo os traducimos del al suajili al español castellano la noticia. Como podréis observar, todo el material, escrito y visual, se encuentra en Internet, siendo de libre acceso para todos aquellos interesados. ¡Antonio y Concha!… va por vosotros.

Juan José Ibáñez

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Inventario, Clasificación y Cartografía de los Suelos Submarinos en EE.UU.

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Suelos Submarinos USDA: Fuente: Colaje Imágenes Google

En los primeros meses de 2019 recibí  una nota de prensa en la que un edafólogo norteamericano hablaba sobre la importancia de los suelos submarinos, su falta de consideración en la cartografía de los recursos edáficos etc. Se trata de un tema sobre el que llevo insistiendo desde hace 12-14 años. Tiempo después la clasificación aceptada por la IUSS (la WRB, FAO) aceptó la inclusión de los más someros (generalmente bajo cuerpos de agua continentales a menos de dos o tres metros de profundidad) y finalmente la USDA-ST se adentró para estudiar los sedimentos oceánicos y los aceptó en su constructo taxonómico. Eso sí mojándose tan solo los pies. Abajo os muestro una relación no exhaustiva de los post que ya hemos escrito sobre el tema.  Esperaba vanamente que la nota de prensa nos informara de que por fin íbamos a considerar como suelos también los fondos oceánicos. ¡Mi gozo en un pozo!. Todo sigue igual, lo cual no deja de ser una omisión imperdonable. Seguimos “en la orillita del mar, no sea que nos ahoguemos”. 

Sin embargo, he considerado importante exponer la visión que los taxónomos de suelos norteamericanos atesoran diez años después de comenzar a estudiarlos con rigor. Abajo os muestro la entrevista en inglés y español (Google). Reitero que todo sigue igual, a pesar del título en español-castellano de la nota de prensa: Llegando al núcleo del suelo submarino”. ¡Falso!: arañar la superficie es justamente todo lo contrario que alcanzar sus “interioridades”. Lamento que el edafólogo hable de suelos submarinos como si más allá del litoral existirá un agujero negro que se lo traga todo y nos impide vislumbrar un “horizonte de sucesos más allá. Empero algo es algo. Ahí va la entrevista y la relación de post que aclarará la postura de los que no tenemos miedo de bucear hasta los fondos abisales.

Juan José Ibáñez

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