‘La Crisis de la Edafología’

Agricultura Ecológica contra la pérdida “global” de biodiversidad y el calentamiento climático?

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Agricultura ecológica tropical y Biodiversidad. Fuente: Colaje Imágenes Google

Como hoy veremos, mediante una nota de prensa y el material del artículo original, junto con otro de la misma guisa, en materia de suelos, los estudios relacionados con el calentamiento climático siguen mareando la perdiz sin llegar a ningún resultado con sustancia. Pero hay más, partir de escenarios “virtuales”  y añadiendo la metralla de las modelizaciones numéricas, no pueden obtenerse conclusiones corroborarles dignas de mención. ¿Porque entonces presté la atención a este estudio?. Simplemente porque raramente se incluían tanta variables edáficas en artículos de tal naturaleza.  Empero si lo resultados no se pueden testar o corroborar, todo el esfuerzo deviene en un ejercicio que se perderá pronto en la espesura de las decenas de miles de publicaciones de este tipo, que no nos conducen a nada. Este es un mero ejemplo. Quizás la siguiente sentencia extraída del material que abajo os proporcionamos sea clarificadora: “Si los líderes mundiales, los administradores de tierras y otros diseñadores de políticas pueden encontrar una manera de limitar el calentamiento global a menos de 2 grados centígrados y conservar un tercio de la tierra en los trópicos, la pérdida global de especies podría reducirse a la mitad…… Los investigadores involucrados esperan que su trabajo guíe los planes para los esfuerzos de conservación global en el Foro Mundial de Biodiversidad….Por lo tanto, los estudios que ignoran las restricciones edáficas sobre las respuestas al cambio climático pueden dar lugar a resultados engañosos”. Pues que esperen, que esperen, pero sentados, o mejor hibernando.  Obviamente la última frase si la firmaría, pero da igual, visto el objetivo subyacente del estudio.

 Veamos, creo que fue Francesco di Castri (1930 – 2005), aunque no puedo asegurarlo, el que advirtió, hace varias décadas, que el medio edáfico podría albergar taxones muy antiguos y especialmente en los horizontes profundos,  debido a que los superficiales actúan como tampón frente a los cambios del clima, entre otras variables. Y en efecto así ocurre, ya que, como hemos reiterado en otros post, las variaciones de temperatura y en algunos casos de humedad, se amortiguan rápidamente al descender a lo largo del perfil edáfico. Recordemos que la atmósfera del suelo, además es mucho más rica en CO2 que la que nosotros respiramos, es decir, que un incremento de este gas de invernadero en el aire no les debería afectar mucho. Del mismo modo, existen tipos de suelos y especialmente en aquellos edafotaxa poco evolucionados, en los que el material parental o litológico atesora unas propiedades poco propicias para la vida de muchos organismos aéreos y sub-aéreos, dan lugar a comunidades muy idiosincrásicas como ocurre con serpentinas y yesos, por ejemplo. Así pues comparado con la parte aérea de los ecosistemas terrestres, el medio edáfico, en ausencia de perturbaciones que lo afecten directamente, puede llegar a ser más resiliente que la aérea. A tales hábitats especiales los autores del estudio las denominan “islas edáficas”.

 Los investigadores que llevaron a cabo el estudio, citan otro publicado el mismo año en el que más o menos puede leerse (Corlett y Tomlinson 2020): “Los modelos de distribución de especies utilizados para predecir las respuestas al cambio climático pueden incluir factores edáficos, pero estos rara vez se mapean en un espacio con la suficientemente resolución. Usando análisis espaciales de baja resolución en lo concerniente a las variables edáficas probablemente obtengamos predicciones engañosas” o poco fiables…. Muchas islas edáficas se encuentran actualmente amenazadas por otros impactos humanos, incluyendo minería, deposición de nitrógeno y especies invasivas.” ¡Vale!,  hasta aquí todo perfecto ya que es bien conocido desde la década de los años 60 del siglo pasado.  ¿Y? Me quedo con cavilando… Dudo mucho que lograremos no sobrepasar el deseado  ascenso de temperatura de 2º Del mismo modo,  conservar un tercio de la tierra en los trópicos bajo medidas de protección se me antoja ilusorio bajo la dictadura financiara global. Tanto hoy como en el futuro, actúan y/o aparecerán muchos iluminados del tipo de Jair Bolsonaro, que se encargarán de destrozar cualquier figura e iniciativa proteccionista. De hecho ocurre diariamente, empero no aparecen en la prensa por ser menos estridentes que el dirigente aludido.

 Más adelante, en el material que os proporciono puede leerse “La agricultura de base ecológica es altamente productiva, y este enfoque puede complementar los tipos tradicionales de conservación” (…). “Necesitamos hacer una transición rápida de los desiertos agrícolas verdes a los oasis verdes que combinan la productividad económica con el movimiento y el hábitat de las especies afectadas por el cambio climático”. Sí, sí sí, vale, vale, vale, se ha dicho una y mil veces y todo para nada. ¿En qué mundo viven?.  Pues en eso consiste la ciencia en acción, como diría Bruno Latour.

¿Qué significa todo esto?. 

  Antes de las Convenciones como la aludida que versa sobre biodiversidad, y a la que yo fui invitado a asistir personalmente (aunque no lo hice, como al final del post dejo constancia), ciertas revistas publican este tipo de ¿indagaciones?. Se trata de una especie de tutifruti (mezcla de cosas o asuntos enormemente heterogéneos), en las que muchos los científicos, se aglutinan en grupos de presión, publicando con mayor o menor fortuna documentos con vistas a tomar posición y ver qué beneficios pueden extraer (dinero, influencias, poder) durante tales eventos. Y así terminan con sentencias como ésta: “Comprender la forma en que estos problemas apremiantes están interconectados resulta ser clave para implementar soluciones efectivas de conservación antes de que sea demasiado tarde“. Pero si hasta la ONU nos dice que ¡ya es demasiado tarde!. ¿No se han enterado?. Por supuesto que sí, pero estos cárteles actúan para deleitar a los políticos/dirigentes y extraer tajada en beneficio propio. Si se pronuncia “demasiado tarde”, los que ostentan el poder responderían, lógicamente, que (…) entonces “no hay pasta”. Lo mismo ocurrió hace unos meses (a la hora de escribir este post), con el COP25. Nada nuevo bajo el sol. ¡Política y oportunismo!.

 En fin me callo y os dejo con el material recopilado, que es mucho.

Juan José Ibáñez

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LA MATERIA ORGÁNICA DEL SUELO: COMPONENTE IMPRESCINDIBLE DEL PLANETA

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Fuente: Composición ofrecida por los autores de este post

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en su cartel conmemorativo del año internacional del suelo en 2015, contempla los siguientes once servicios ecosistémicos del suelo: regulación del clima; ciclo de nutrientes; hábitat de organismos; regulación de inundaciones; fuente de productos farmacéuticos y recursos genéticos; base de infraestructuras humanas; suministro de materiales para la construcción; herencia cultural; suministro de alimentos, fibras y combustibles; retención de carbono; purificación del agua y, por último, reducción de la contaminación.

La importancia del suelo, por tanto, para el desarrollo de la vida en el planeta es fundamental, por lo que parece lógico pensar que el suelo es un recurso natural que las políticas de los países deberían cuidar y conservar.  Sin embargo, no es así, la degradación de los suelos debido a la erosión, el agotamiento de los nutrientes, la pérdida de carbono orgánico, el cambio de uso, o, el sellado, entre otras agresiones, son algunos de los problemas más importantes que afectan a grandes extensiones, y a los que no se les está dando la importancia que requieren. De hecho, y según informes publicados por la FAO: “la erosión se lleva de 25 a 40 000 millones de toneladas de la capa arable del suelo (depósito de la materia orgánica) cada año, lo que reduce significativamente los rendimientos de los cultivos y la capacidad del suelo para almacenar y completar el ciclo del carbono, los nutrientes y el agua”. Esta pérdida de rendimiento sería equivalente a eliminar 1,5 millones de kilómetros cuadrados de tierras agrícolas o, aproximadamente, toda la tierra cultivable en la India.

La materia orgánica del suelo es un elemento clave de la calidad del suelo porque regula muchas de sus funciones básicas  tales como: el almacenamiento de carbono; el almacenamiento y disponibilidad de los nutrientes para las plantas; la biodiversidad del suelo; porosidad; estructura; aireación; capacidad de retención de agua; conductividad hídrica; calor y temperatura del suelo.

La cantidad y el tipo de materia orgánica representa uno de los mayores bienes de que dispone el planeta para la supervivencia de las especies, incluida la especie humana. En 2009 la revista NATURE publica un artículo, encabezado por Johm Rockström, del Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo (Suecia), titulado “Un espacio operativo seguro para la humanidad”, donde se identifican y cuantifican que límites planetarios no se deben transgredir para ayudar a evitar que las actividades humanas provoquen un cambio ambiental inaceptable. Propone nueve procesos del sistema terrestre y los umbrales asociados. Dice que es necesario definir los límites planetarios para: el cambio climático; la tasa de pérdida de biodiversidad (terrestre y marina); la interferencia con los ciclos del nitrógeno y del fósforo; el agotamiento del ozono estratosférico, la acidificación oceánica; el uso global de agua dulce; el cambio de uso de la tierra; la contaminación química y la carga de aerosoles atmosféricos.

De las nueve propuestas, en cuatro interviene de forma decisiva la materia orgánica del suelo: cambio climático; tasa de pérdida de biodiversidad; interferencia del ciclo del nitrógeno y del fosforo y cambio de uso del suelo. Analizaremos, brevemente, como interviene la materia orgánica en estos procesos.

La relación entre la materia orgánica y el carbono orgánico es conocida desde hace décadas cuando se analiza la fertilidad de los suelos. Es más reciente el conocimiento de cuál es el papel que juega el carbono orgánico en relación con el cambio climático y su influencia en el control del CO2 atmosférico. Hoy se sabe, que el carbono del suelo representa casi tres veces el carbono de la atmósfera, y cuatro veces el carbono de la biomasa de las plantas. Luego los suelos son sumideros y reservorios de carbono, de hecho, el suelo es el segundo reservorio de carbono terrestre (tras las bolsas de petróleo) con un contenido total de 2500 billones de toneladas en los primeros dos metros de profundidad. La estabilidad y la sostenibilidad a largo plazo de la incorporación de este carbono dependen, en gran medida, de la mejora de las prácticas y técnicas agrícolas que permitan asegurar que los ingresos de carbono sean mayores que las pérdidas de este elemento por mineralización.

En cuanto a la tasa de pérdida de biodiversidad del suelo, tal es su importancia que fue el objeto en la campaña conmemorativa del día mundial del suelo del año 2020 “Mantengamos vivo el suelo, protejamos la biodiversidad del suelo” y que, próximamente, se plasmará en la celebración del Simposio Mundial sobre la Biodiversidad del Suelo (GSOBI21). Durante tal evento se intentarán alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible a través de la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad del suelo, ya que muchos investigadores afirman que la pérdida de biodiversidad, es una amenaza mayor que el cambio climático.

El suelo es uno de los ecosistemas más complejos de la naturaleza y uno de los hábitats más diversos de la tierra. Albergan más del 25% de la biodiversidad de nuestro planeta, no hay ningún lugar de la naturaleza con una mayor concentración de especies, un solo gramo de suelo puede albergar millones de seres vivos y varios miles de especies de bacterias. Sin embargo, esta biodiversidad apenas se conoce, actualmente, solo se ha descrito el 1% de las especies de microorganismos del suelo. No obstante, el desarrollo de tecnologías moleculares está ayudando a caracterizar y cuantificar la biodiversidad del suelo a diferentes escalas, lo que abre grandes expectativas.

Todos estos organismos interactúan entre sí y contribuyen de forma decisiva en los ciclos globales que hacen posible la vida; son almacén de carbono y descomponen ciertos contaminantes, entre otros procesos. Si estas interacciones se interrumpen pueden causar un impacto irreversible para la vida en la tierra incluidos los humanos.

En relación a los ciclos de nutrientes, tres son los elementos, en sus distintos estados, que mantienen viva la planta y a los organismos, y que se definen como nutrientes primarios: nitrógeno, fósforo y potasio, sin ellos el reino vegetal y animal no podrían desarrollarse. Estos elementos forman parte de: aminoácidos, proteínas, ácidos nucleicos, enzimas, coenzimas y clorofila. La trasformación de nitrógeno orgánico en amonio (NH4+) y nitrato (NO3-), que son las formas asimilables por las plantas, se hace con la colaboración de Nitrosomonas y Nitrobacter, bacterias que se desarrollan en suelo. Por su parte el P es absorbido por la planta principalmente como ion ortofosfato primario (H2 PO4- ), pero también se absorbe como ion fosfato secundario (HPO42-), la absorción de esta última forma se incrementa a medida que aumenta el pH.  Aunque, en el ciclo global de este elemento a largo plazo dentro de los sistemas terrestres, el P biodisponible proviene principalmente de la meteorización de rocas que contienen fósforo, son los microorganismos del suelo quienes actúan como sumideros y fuentes de fósforo disponible a corto plazo, en este punto la transformación del fósforo es química, biológica o microbiológica. Tanto las modificaciones del nitrógeno orgánico como las del fósforo inorgánico son procesos que forman parte de las reacciones que tienen lugar en el suelo para trasformar la materia orgánica fresca en asimilable. La interferencia humana en estos ciclos está generando un daño irreversible en los ecosistemas terrestres. La modificación antropogénica en el ciclo del nitrógeno es aún mayor que la modificación que se provoca en el ciclo del carbono. En la actualidad, las actividades humanas convierten más N2 de la atmósfera en formas reactivas que todos los procesos terrestres naturales combinados. Gran parte de este nuevo nitrógeno reactivo incrementa los procesos de eutrofización en la hidrosfera alterando los sistemas acuáticos más allá de los límites permitidos.

Otro de los motivos de alarma es el cambio de uso del suelo que se está convirtiendo en un problema a nivel global, pues sucede cada vez en un mayor número de países. Este hecho se produce porque el suelo está directamente relacionado con los contextos sociales y económicos de los territorios. Guerras, emigración, construcción de infraestructuras de forma desordenada, son algunos de los motivos analizados, pero tampoco podemos olvidar un hecho cada vez más importante, y es el abandono de las tierras de labor debido a la expansión de las ciudades que obliga a ampliar la línea perimetral de influencia sobre los suelos cercanos a ellas. Con relación a esto, según datos que aparecen publicado en la Agenda 2030 de la ONU, en su Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) Nº 11 “Ciudades y Comunidades Sostenibles”, se puede leer: “el número de habitantes que viven en las ciudades se estima en 3500 millones, es decir, la mitad de la población mundial, y se espera que para 2030 se llegue a los 5000 millones”. Esto supone que las funciones de las tierras periurbanas se modifican a un ritmo superior al que le impone las nuevas exigencias ecosistémicas. El cambio de uso de forestal a agrícola, o de este a urbano, modifica muchas de sus propiedades, y entre otras, y de forma significativa, la funcionalidad de la materia orgánica.

A modo de conclusión se puede resumir que la materia orgánica del suelo depende: del contenido de carbono que está relacionado con el cambio climático, de la actividad microbiana y su funcionalidad que está relacionada con la biodiversidad y el ciclo de nutrientes, de las condiciones del sitio y las prácticas de manejo que determinan el uso del suelo. Si alguno de estos factores se ven afectados, de forma perentoria, por actividades antrópicas, la materia orgánica perdería su capacidad de regular el ciclo de la vida en el planeta tierra.

Antonio López Lafuente

Concepción González Huecas

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Suelos, Arqueología, Paleontología y Cartografía Predictiva

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Artefactos de valor cultural enterrados bajo el suelo. Fuente: Colaje Google Imágenes

Ya os informamos en algunos post previos (ver relación abajo) como, al preservar los suelos, también lo hacemos con el patrimonio biológico, geológico y cultural. Si bien el primero de ellos es ya motivo de interés por parte de la comunidad científica, no ocurre lo mismo con el segundo y tercero. El estudio de la preservación de los suelos, como parte indisociable del patrimonio geológico, resulta ser lamentable y especialmente, en este caso concreto, las responsabilidades deben recaer sobre la propia comunidad científica.  En años 2019 publiqué dos artículos en revistas importantes (detesto el vocablo “excelencia”) sobre el tema, por lo que actualmente debo ser un tanto odiado por los expertos en geodiversidad. Tan solo mentar que debía hacerlo y lo hice, por el bien de todos de ellos, como también de los edafólogos. Esperemos que alguno aprenda la lección y se recapacite sobre el tema.

Por lo que respecta al patrimonio cultural/arqueológico/paleontológico que se esconde en el suelo y regolito, el tema es más complejo, ya que previamente los arqueólogos deben interesarse por los conocimientos de los edafólogos e incorporarlos a su equipo. También pudiera ser que expertos en las ciencias del suelo avezados las materias mentadas, descubran en sus trabajos de campo algún resto del pasado en los suelos e informen oportunamente a los arqueólogos. Empero este último caso debe ocurrir en un menor número de ocasiones, ya que muchos de nosotros o (i) no tenemos estudios sobre arqueología y paleología y (ii) nos podemos topar con tales tesoros al excavar zanjas y calicatas, es decir justamente cuando estamos alterando/destruyendo ese antiguo y potencial preciado material en la secuencia. Hablamos de restos culturales y paleontológicos de toda índole, desde artefactos culturales hasta restos funerarios y orgánicos de la más variada naturaleza. Es de esperar que en un futuro todos los edafólogos de campo dispongan de sensores sobre el terreno que nos informan antes de excavar si podemos encontrarnos materiales inesperados, debiendo de realizar la tarea con sumo cuidado. Hoy por hoy su precio es prohibitivo para la mayoría de los colegas.

En lo concerniente al patrimonio cultural, personalmente si he sido testigo de campo de varios estudios interesantes (al margen de alguna que otra publicación teórica), si bien, hoy por hoy es prácticamente terra incognita. La razón estriba en la falta de formación de los edafólogos para participar en estudios transdisciplinares, así como por el desconocimiento de lo que podemos aportar a las materias mentadas. Sin embargo, hoy os presento un caso un tanto idiosincrático.   En esta ocasión no hablamos de nota de prensa sino de un artículo científico original realizado por colegas que yo conozco: “Predecir la preservación de artefactos culturales y materiales enterrados en el suelo. La aportación se encuentra redactada en inglés, permitiéndome traducir al español-castellano el resumen, así como los ¡¡reflejos!!. También cabe señalar que el documento original se encuentra en acceso abierto y podéis adquirirlo sin costo alguno. Por ejemplo, los autores mentan: ““Este estudio identifica las propiedades del material y del suelo que afectan a la preservación, relacionándolas con los tipos de suelo; evaluando sus capacidades de conservar huesos, dientes y conchas, materiales orgánicos, metales (Au, Ag, Cu, Fe, Pb y bronce), cerámica, vidrio y evidencias estratigráficas. La preservación de Au, Pb, así como la de cerámica, vidrio y fitolitos es buena en la mayoría de los suelos, pero las tasas de degradación de otros materiales (por ejemplo, Fe y materiales orgánicos) se encuentran fuertemente influenciadas por el tipo de suelo.

Conozco bien al primero de los autores, Mark Kibblewhite, y francamente no confraternizamos precisamente, sino que más bien guerreamos y mucho, pero hace años.  Todos los investigadores firmantes, o son edafólogos, o se encuentran más cerca de tal actividad que de las que conciernen a los restos del pasado. Pero Mark, en su momento, demostró ser muy astuto, aprovechando la ocasión de participar en el Buró Europeo de Suelos para poder “empoderarse” de la cartografía digital y bases de datos de suelos de toda Europa, aun no publicadas por aquél entonces. Por tal razón, puede entenderse el término “predictivo” de la frase que ya he reproducido. Debido a que diferentes los tipos de suelos preservan mejor o peor ciertos restos arqueológicos que otros, el mapa que habíamos hecho centenares de edafólogos le permitió realizar este ensayo metodológico. Más aun, como apenas existe bibliografía al respecto….. Hubiera sido deseable la participación de paleontólogos y arqueólogos pero, por la razón que fuera, no sucedió.

Con independencia de mis dudas sobre el poder predictivo de la metodología que relatan los autores, existen sentencias muy generales y de interés que pueden ser de interés para muchos de vosotros. Sería deseable que comenzáramos a formar expertos en el tema, para lo cual habría que contar con los de las otras disciplinas mentadas.

Juan José Ibáñez

Continua…….

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Sequías, mortandad forestal y la importancia del agua en el suelo y subsuelo

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Sequias, California, Agua Profunda y bosques muertos. Fuente: Imágenes Google

En un post precedente: “Las plantas también absorben agua debajo del suelo, si la necesitan”, ya os mostramos como las raíces de la vegetación pueden penetrar en el subsuelo hasta algunas decenas de metros de profundidad, en busca de agua. Obviamente, este hecho suele acaecer esencialmente en aquellos ambientes y hábitats que sufren déficits hídricos de diferentes magnitudes.   Es decir, hablamos especialmente de ecosistemas que se ubican en biomas áridos, semiáridos y mediterráneos, pero también en ciertos enclaves de otros más húmedos, bajo circunstancias que generan “de alguna forma” falta de agua para el desarrollo de la vegetación. Este post puede pues considerarse como una ampliación del previamente mentado. Hablaremos de una nota de prensa que da cuenta de un estudio científico publicado en 2018. Sul título, traducido del suajili al español-castellano vendría a ser “La pérdida de aguas profundas provocó la muerte de los bosques en Sierra Nevada, California. Se trata de una investigación interesante que, respecto al ya aludido en aquel post, demuestra que: (i) la vegetación resiste sequías pertinaces y/o prolongadas, extrayendo el agua debajo del suelo, al penetrar y succionarla de regolitos y grietas de los materiales litológicos subyacentes; (ii) Cuando esta se agota el arbolado perece y (iii) que la distribución espacial de los arboles moribundos es heterogénea, estando condicionadas por otros factores ambientales, como en este caso el relieve. A efectos prácticos podríamos equiparar este hecho a la toposecuencia de una ladera. Como veréis, resulta “en primera instancia llamativo” que la mayor mortandad se produzca en las zonas bajas de montañas o laderas, es decir en donde “bajo condicionas normales” el suelo es más espeso y las disponibilidades hídricas en lo que respecta al desarrollo vegetal más favorables. Dicho de otro modo,  a mayor espesor del suelo/regolito, mayor potencial para almacenar recursos hídricos, aunque también reciben cantidades de agua considerables como resultado de la escorrentía superficial y subsuperficial de las cotas altas de las montañas/laderas, como intento ilustrar en la foto de cabecera.

Resumiendo, la vegetación de los ecosistemas puede supervivir a las sequías durante años, extrayendo parte de su capital previamente almacenado en el “banco” (suelo/regolito/saprolito). Empero si la sequía persiste demasiado tiempo, y los ahorros menguan paulatinamente hasta que la hucha se vacía, viene la tragedia. Las reservas de agua comenzarán a restablecerse cuando la sequía finalice y los excedentes de humedad van recargando la cuenta bancaria (el agua del suelo y subsuelo). Como corolario, la vegetación comenzará a recuperarse de los árboles que permanezcan vivos. Como corolario, cabe recordar que la edafología clásica difícilmente puede ayudar a entender y predecir este problema, al contrario que el estudio de la zona crítica terrestre.

Tras la noticia original en inglés, os dejo el enlace a otra, también de interés, y muy relacionada con el tema que hoy tratamos. Eso si la última no la he traducido. Seguidamente podéis leer todo este material. Me he esmerado en traducirla mejor que en otras ocasiones y alberga varios detalles que no dudo que os interesarán.     

Juan José Ibáñez

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Las plantas también absorben agua debajo del suelo, si la necesitan (resistencia a los periodos de sequía)

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Absorbiendo agua de regolitos y rocas fracturadas. Fuente: Google imágenes

 Es bien sabido por la comunidad científica, que el agua se almacena tanto en el suelo, como en el subsuelo. En el seno del último, de profundidad muy variable, el agua suele ser asequible a las especies vegetales que atesoran sistemas radicales que penetran varios metros  en el continuo formado por suelos-regolitos, aunque también alcanzan las grietas de las rocas que pueden contener el líquido elemento.  No se trata de plantas raras o singulares, sino que acaece con relativa frecuencia.

 La ortodoxia, impresa a sangre y fuego en nuestras cabezas y manuales, suele restringir el agua asequible a la biota con la almacenada en los suelos (hasta uno o dos metros de profundidad), cuando no es cierto. Bajo ella aparecen las denominadas zona vadosa y más. Justamente fue la falta de atención de la edafología clásica hacia tal ambiente subterráneo y los procesos biogeoquímicos subyacentes la que dio lugar a la “zona crítica terrestre: El nuevo paradigma de la edafología (ZCT)”. Debemos tener encuentra que, desde numerosos puntos de vista y con variopintos propósitos, incluidos la modelización del sistema climático, contaminación, y otra gran cantidad de procesos que afectan a la superficie terrestre emergida, se requiere información abundante y precisa  de todo el espesor de la litosfera que interacciona con la biota y el clima. Por estas razones nació hace casi quince años, la Critical Zone Exploration Network o red de observatorios de la  ZCT. Con el tiempo, se han ido sumando toda una serie de enclaves repartidos por el mundo, con sus grupos de trabajo, proyectos, simposios, congresos, etc. Lamentablemente la mayor parte de los expertos en ciencias del suelo siguen ajenos a tal fascinante aventura, dando la espalda, a una realizad que reclama a gritos una mayor atención.  

 La Noticia que os vamos a ofrecer hoy y que lleva por título: Subsurface plant-accessible water in mountain ecosystems with a Mediterranean climate, es fruto de una investigación llevada a cabo en uno de los mentados observatorios, y más concretamente en el ubicado en los ambientes mediterráneos de Sierra Nevada, en EE.UU. En ella, se nos informa de lo que muchos edafólogos de campo ya conocen sobradamente, aunque no se interesen o puedan interesarse, debido a la complejidad logística e instrumental inherente para poder indagar hasta decenas de metros de profundidad. Me refiero más concretamente a que la vegetación hace uso de esa agua y en especial cuando el suelo se encuentra seco, ya sea fruto de un estío concreto ya tras  varios años de sequía.  De este modo, se alcanza una considerable resiliencia a los estreses causados por la falta de agua. No se trata de una tarea fácil, ya que a la sofisticación de los diversos métodos empleados y la instrumentación necesaria, debe añadirse que los estudios en sitios concretos deben extrapolase a escala de paisaje con vistas a entender, cuantificar y modelizar sus repercusiones sobre los ecosistemas naturales, agrarios, disponibilidad de recursos hídricos, etc. Por esta razón, algunos comentarios que he traducido abajo del resumen del artículo de investigación original, que no de una nota de prensa divulgativa, pueden resultar incomprensibles al lector que no se encuentre versado en estos temas. Sin embargo, no es importante en nuestro contexto y pueden pasarse aquí por alto.

 He comentado anteriormente que los edafólogos de campo, con larga experiencia y abundantes observaciones, saben sobradamente que las raíces de la vegetación y su biota asociada alcanza profundidades que a menudo exceden con creces los límites más someros, que son el foco de interés de los edafólogos. No resulta difícil observar en cortes o zanjas recientes de carreteras, ferrocarriles, etc., hasta qué punto penetran las raíces en los regolitos y estratos sedimentarios subyacentes, como también  en los sistemas de fragmentación de rocas consolidadas. Eso sí, en materia de investigación, reitero, que se requiere una logística e instrumentación bastante sofisticada, de la que carecemos la mayoría de nosotros.

 Tales hallazgos no son exclusivos de los ambientes mediterráneos, sino de todos aquellos en donde el suelo se seca totalmente durante parte del ciclo anual, como los semiáridos, y por qué no, también en los desérticos. De hecho, ya os mostré en un post precedente un caso mucho más asombroso y singular: “ Los Suelos de los Lechos Fluviales: Las Ramblas y los Uadi y su Biodiversidad de Plantas Vasculares”. Se trataba de un breve resumen de un artículo que publiqué sobre el tema en una revista científica (Islands of biogeodiversity in arid lands on a polygons map study: Detecting scale invariance patterns from natural resources maps). En este último se relata un caso concreto absolutamente sorprendente (explicado en el post) y que entra de lleno en el contexto de esa iniciativa a la que denominamos la  “Zona Crítica terrestre”. Lamentablemente toda esta información no aparece ni en los mapas ni en las bases de datos de suelos georreferenciadas. O cambiamos de chip, o nos van a adelantar desde otras disciplinas por la derecha, la izquierda, delante y atrás, por arriba y por abajo. 

Juan José Ibáñez

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Softwares Estadísticos y Mentes Perezosas

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GIS  y FRAGSTATS Fuente: Imágenes Google

Cuando tecnologías sencillas de usar generan mentes perezosas

Acabo de remitir a la editorial el informe  de un documento que tenía que revisar para una revista científica indexada y me vuelve e invadir la desesperación. Nadie duda de la utilidad de potentes programas para el análisis estadístico de la información. Ahora bien, una cuestión es acelerar todas las operaciones de cálculo, y otra bien distinta, atesorar unos datos, apretar un par de teclas y obtener simultáneamente o en cascada decenas o cientos  de análisis estadísticos de los primeros, más aun cuando en la mayoría de las ocasiones los usuarios desconocen su racionalidad y como son calculadas. Ante tamaña cantidad de información, resulta fácil caer en la tentación de analizar los resultados y escoger los que consideres “oportunos”, con una actitud “oportunista”.   Y así ocurre. Nuestros  jóvenes investigadores, y otros que no lo son tanto, elaboran documentos, aferrándose a resultados y significaciones estadísticas concretas que no tienen ni pies ni cabeza. Un caso dramático y archirrepetido estriba en observar como los autores se afanan de dar racionalidad a patéticas correlaciones espurias.

La ciencia se basa en la creatividad de sus practicantes, estando la estadística al servicio de la primera.  Sin embargo la segunda no puede, ni no podrá reemplazar a la primera. A menudo estos software son pensados para ofrecer las soluciones que más demandan los usuarios que, con harta frecuencia, no son las más adecuadas en muchos estudios, como seguidamente explicaremos. Tras décadas de trabajo en estos menesteres, es fácil extraer conclusiones. Nos creemos muy modernos por utilizar unos sofisticados hardware y software informáticos. Empero estos no pueden sustituir los conocimientos clave de cada disciplina, el trabajo de campo, la bibliografía adecuada y sobre todo la reflexión. Nuestros jóvenes investigadores, atraídos por estos paquetes de programas, se olvidan de lo fundamental, es decir de casi todo lo previamente mentado.  Y como es tan fácil……. Darle al teclado y ¡¡¡flash!!!…. te aparecen las consabidas riadas de estadísticas. Este modo de proceder modela mentes perezosas y descuidadas de aprender todo lo que realmente necesitan. Reitero que estamos formando mentes perezosas, y lo que es peor, con cierta adición a hablar de lo que desconocen. Pero pongamos un ejemplo, de colegas más maduritos tiempo atrás.

Cuando comenzaron a aparecer los sistemas de información geográfica –SIG- (como también la teledetección), allá por los años 80 del Siglo XX, yo adquirí uno, que por aquel entonces solían ser muy caros, demandando estaciones de trabajo más sofisticadas que un PC normal. Inmediatamente puse a un par de becarios a instruirse y trabajar con ellos. En un congreso, me encontré con un antiguo colega que se acercó a saludarme afablemente. Al preguntarle a que dedicaba sus esfuerzos en los últimos años me comentó textualmente (aun me acuerdo): “Ahora investigo sobre sistemas de información geográfica”. Inmediatamente le pregunté: ¿estas desarrollando un programa? ¿Qué características atesora?. El respondió: “No, ufff eso es muy complicado…. Yo me he comprado uno y lo aplico a lo que me ofrezcan”. ¿Se trata de investigación?. No simplemente era un mero usuario de la tecnología de moda, la cual desconocía casi por completo. Inmediatamente me reuní con mis becarios y les hablé muy claro, es decir le explique lo que aquí os cuento: Si utilizáis un hardware y/o un software comercial, no sois investigadores, sino como máximo técnicos, que es algo muy distinto. 

En mi caso, es habitual, por ejemplo, que los editores me soliciten que revise estudios en los que la información geoespacial resulta ser extremadamente relevante. Pondré un ejemplo.

La multinacional ESRI es famosa por sus sistemas de información geográfica y paquetes estadísticos asociados. Pues bien, se realizan las operaciones oportunas sobre mapas e información georreferenciada en general, para a la postre meterla en la batidora/coctelera de esos softwares. También en mi caso concreto suelo toparme casi siempre con el mismo producto comercial, es decir FRAGSTATS. Personalmente no critico este software en sí mismo, sino a los usuarios que creen que se trata de una especie de barita mágica y que lo que nos ofrece “va a misa” Ahora bien, nada más lejos de la realidad. FRAGSTATS, es un paquete de programas  enfocado a los investigadores de ecología del paisaje. Este ofrece un montón de métricas diferentes incluidas muchas que conciernen a los análisis de diversidad, que también son de interés de los expertos que estudian los patrones espaciales que acaecen en los paisajes preferentemente biológicos. Ahora bien, mi tema central de estudio resulta ser la geodiversidad (aunque no de la manera constreñida y sesgada que nos ofrece Wikipedia) y más específicamente la edafodiversidad o diversidad de suelos. Pues bien, son ya muchos, demasiados, los manuscritos que he tenido que rechazar, o en el mejor de los casos devolver a los autores para una profunda reorganización del trabajo por hacer un uso acrítico e indiscriminado de FRAGSTATS, que iba más allá del rigor científico y lo que es peor aún, del sentido común. No entraremos en detalles.

Buena parte de los trabajos que me veo obligado a rechazar es debido a la aplicación indiscriminada de tales estadísticas a casos y objeto de estudio que carecen de sentido científico. Observar cómo se usan esta tecnología y herramientas estadísticas para extraer conclusiones, ya no criticables, sino incomprensibles y carentes de sentido me hiela la sangre. Y son dignas de reprimenda. por cuanto los autores suelen hacer gala de un palmario desconocimiento del objeto de estudio.

Juan José Ibáñez 

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Cartografía de Suelos en España. Hablamos de Francisco Monturiol Rodríguez, un edafólogo con mayúsculas

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Francisco Monturiol y Robert Dudal. Foto cedida por Juan José Ibáñez

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Foto cedida por Gonzalo Almendros

El 9 de Abril de 2020 falleció mi añorado maestro en materia de suelos y director de la tesis doctoral que defendí en 1986. Debo discúlpame por no haber podido rendirle homenaje con anterioridad, como hubiera deseado. Existen varias razones y entre ellas el que no atesoraba fotos digitalizadas de Paco, al estar yo confinado en mi casa. Monturiol ya tenía una avanzad edad, empero fue víctima del COvid-19. Espero que no fuera en una residencia de ancianos de Madrid, ya que la tragedia que allí se vivió durante los primeros meses de la pandemia, por pudor, no me atrevo calificarla aquí.

Hablar de Francisco Monturiol Rodríguez es hablar de la cartografía de suelos en España. La News-21 de 2020 publicada por la Sociedad Española de la Ciencia del Suelo ha elaborado un escrito “In Memorian. Empero su redactor, un colega del que prefiero no hablar (por soslayar lo de blasfemar) ha sido tan insustancial (ídem que en el paréntesis anterior) y aburrido como acostumbra. Quien debiera haber redactado tal escrito debiera haber sido su inseparable compañero Luis Alcalá del Olmo, pero no he podido contactar con él. Por mi parte, no deseo abundar en los aburridos discursos tradicionales plagados de éxitos académicos (relevantes o nada relevantes) . Como en los casos anteriores (muy pocos) en que  rindo homenaje a colegas amigos, prefiero abundar en lo que aprendí de su figura.

Buscaba fotos en Internet pero me ha resultado muy difícil, por lo que he ido a escanear una que tenía con Robert Dudal (padre del Mapa de Suelos del Mundo de la FAO y también amigo), mientras mi colega Gonzalo Almendros  (Dr. Humus) me enviaba otras dos de sus archivos.

Y me he puesto muy triste. Me explico. Francisco Monturiol era una persona a la que no le gustaba ni figurar ni aparentar. Huía de cualquier protagonismo.  En España cuando hablamos del Mapa de Suelos Nacional, solemos decir el de “Guerra y Monturiol”. Empero en la red de redes, las imágenes de Antonio Guerra aparecía por doquier mientras que las de Paco, poco, por no decir nada. ¿Razón?.  Cuando eres Catedrático y te jubilas o falleces, te hacen un homenaje, con miles de fotos y todas esas zarandajas. Por el contrario, en el CSIC han desaparecido como tales los diversos centros que trabajaban sobre edafología y que fueron en buena parte responsables de aquellas cartografías. Más que homenaje se ha tratado de una extinción en masa, del que, si no estoy equivocado, el último mohicano soy yo, a pocos meses de mi jubilación. La edafología en el CSIC está muerta y enterrada.

Francismo Monturiol, Rodríguez, llevaba la sección o departamento de cartografía de suelos del Instituto Nacional de Edafología y Agrobiología y figura con Guerra como responsables de la coordinación de aquel producto entre otros muchos. Hablar de Monturiol, efectivamente es hablar de la cartografía de la suelos tradicional.

  Hasta donde alcanzo recordar, a Paco le apasionaban esencialmente dos cosas, Una de ella eran los suelos (cartografía, morfología, clasificación génesis, etc.,)., aunque por delante se encontraba su amada esposa y familia. Siempre hablaba de ella y para bien. Lamentable pero también amorosamente, durante el Alzheimer que ella sufrió a lo largo de años, Paco cuidó la cuidó con amor, como no podía ser de otra forma.

La foto en la que aparece Paco y Robert Dudal fe tomada justamente  cuando este impresentable bloguero, comenzó a representar a España en el “Ente” que actualmente conocemos por el European Soil Buro (ESB). Personalmente me encargaba de la organización del mitin y Rudi, por supuesto, conocía  a Monturiol sobradamente. Pues bien, durante años, en el ESB representantes de cada país (en mi caso acompañado de otro entrañable amigo, como lo es Jaume Boixadera) nos dedicamos a armonizar los mapas edafológicos de los diferentes Estados para parir el de toda Europa y su base de datos de suelos georreferenciadas, acualizando de otro que le precedía. ¿Cuál era la base, y aun lo es del mapa continental?. Pues precisamente para España el de “Guerra y Monturiol”, a falta de un nuevo inventario completo, lo cual es lamentable pero……

Cuando en 1990 Monturiol se jubiló, yo empecé, como os he dicho a representar a esta país en la EU. Por aquel entonces se iniciaba en todo el mundo la desdichada política del “publica o perece”.  La publicaciones generalmente eran editadas por las revistas de suelos de cada país (Anales de Edafología y Agrobiología, en el caso de España). Pues bien, conforme iba conociendo a cartógrafos de otros países, me solían preguntar ¿Cómo no están Monturiol  y Guerra y por aquí?, ¿No van a venir?. También alababan, por ejemplo, a Josefina Beneyas, entre otros(as) por ser una más que valorada experta en micromorfología de suelos a escala continental.  Personalmente ya había publicado en revistas indexadas, pero en los foros en los que  estuve, muchos jefes del servicio de suelos no.  No podemos catalogar la reputación de un experto de aquellas décadas con los cánones actuales. Además en España seguía la escuela francesa y Paco si se manejaba bien en lengua francófona, pero no en la anglosajona.

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Foto cedida por Gonzalo Almendros

Tuve con anterioridad estuve bajo la tutela de dos directores previos de tesis, ya que de joven era considerado muy revoltoso y ¿anti-sistema?. Mi coleta, atuendos, pendientes y collares, no eran del gusto de mucho edafólogos españoles maduros, criados en el franquismo.  Pues bien, a la tercera fue la vencida, y con Paco terminé la tesis.  El Prof. Monturiol, se comportó conmigo magníficamente, dándome alas para volar y recursos tecnológicos, además de sabios consejos y formación de campo. Un día cualquiera, deprimido por cualquier razón, le comenté a Paco en su despacho que me iba de allí, que dejaba el trabajo. Y Paco se puso a llorar. Pues bien quiero rendir homenaje, como siempre primero al hombre y luego al profesional. Monturiol fue un ejemplo para mí y para otros muchos en ambos sentidos. Y recordar el mapa de suelos de España es de….. Y si hablamos de la historia  de la Cartografía de suelos en España hablamos de Francisco Monturiol Rodríguez.

Con ello no quiero decir que en su generación no hubieran otros magníficos edafólogos. Yo conocí a algunos de ellos, pero no a otros. Muchos de aquellos colegas eran francamente magníficos profesionales. No mentarles, viene a cuento porqueal desconocer la obra de cada uno de ellos,  así como que si añades unos y no a otros, sus alumnos se enfurecen.  Tampoco recuerdo todos sus nombres. Si puedo aseverar que algunos investigadores europeos y americanos, tras asistir a algunas excursiones de campo en esta país, me comentaron que les había sorprendido el alto nivel de conocimientos de los edafólogos españoles en el campo. Vaya también para todo ellos mi más sincero homenaje.

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Iré añadiendo algunas fotos más e Paco, con vistas a que cuando se busque el nombre de Francisco Monturiol, no me devuelva la Web la foto de Antonio Guerra, contra quien no tengo nada en absoluto, por supuesto. Eso sí mi contribución es modesta, por falta de más material gráfico.

Con dolor y nostalgia

Su alumno

Juanjo Ibáñez

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El suelo y el Medio Natural: Reflexiones desde la Universidad (Antonio López Lafuente)

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Antonio López Lafuente: Genio y Figura hasta la sepultura cuando llegue que todavía es muy pronto….

Otra vez me ha permitido Juanjo asomarme al balcón, ahora que por desgracia está de moda (Pandemia de Covid-19), de su bitácora para compartir con vosotros algunas reflexiones relacionadas con el suelo y el medio natural. Deseo empezar dándole las gracias por esta nueva incursión que espero sea de algún interés. 

 Los que nos dedicamos a la  actividad docente e investigación en la universidad nos  encontramos pasando momentos de confinamiento, como muchas personas dedicadas a otras profesiones, lo cual nos está permitiendo tener más tiempo libre como para poder plantearnos algunas reflexiones, en este caso, acerca de nuestro trabajo, a la vista de las numerosas dificultades que nos estamos encontrando.

 Los profesores de universidad, como así lo establece la ley, debemos cumplir con dos misiones básicamente: (i) participar en la investigación del país, a través de los proyectos financiados por los distintos organismos oficiales, también de empresas privadas, pero claramente en menor proporción, y (ii) ocuparnos de la docencia de los futuros egresados. Esta ha sido la biga que ha mantenido el fundamento de nuestra universidad a lo largo de la historia. 

 Esta doble función que lógicamente en sus principios no va a cambiar, si bien es posible que se vea modificada con nuevos planteamientos a partir por el surgimiento  de la pandemia del COVID-19. Durante el tiempo de confinamiento estamos aprendiendo a marchas forzadas que no podemos seguir con los modelos tradicionales ni de investigación ni de docencia. La pandemia nos está ayudando a recordar que la investigación o se hace y se financia para potenciar equipos multidisciplinares, o no tendrá sentido de ser, y la docencia, o se hace desde la integración, no solo de los estudiantes, sino también del conocimiento, con una participación expresa de las nuevas tecnologías, ono tendrá garantías de calidad. Estos dos planteamientos no son nuevos, forman parte del frontispicio de nuestra profesión, pero parece momento de recordarlos si queremos tener en el futuro un mejor control de las distintas amenazas a que el planeta, y en especial el ser humano, va a estar sometido.

 Otra de las cosas que ha dejado claro este confinamiento es que no estábamos preparados para asumir tareas que empezaban a ser utilizadas, y de las que se hablaba mucho, aunque se ha demostrado lo lejos que nos encontramos para poder utilizarlas con rigor, me refiero al teletrabajo, o trabajo a distancia. Ni las empresas, ni las instituciones, ni los ciudadanos, ni los medios de que disponíamos estaban preparados para realizar una labor eficaz. Es evidente que algunas empresas, sobre todo en áreas concretas, el mundo de las finanzas, el entrenamiento a través de la red, llevan haciendo un trabajo de implantación desde hace años, lo que les ha permitido avanzar en este momento a un ritmo mayor, y seguramente han cubierto mejor sus objetivos. Pero sectores como la salud, la educación, la cultura, la alimentación, entre otros, necesitan impulsar de forma rápida la digitalización de sus actividades si no quieren encontrarse desfasados en los próximos años.

 Otra cuestión que merece una reflexión profunda estriba en analizar el papel de los ciudadanos en el devenir de la pandemia. Su colaboración está siendo fundamental para superar la catástrofe, si no se hubiera entendido que sin su participación no sería posible salir, los tiempos para superarla hubieran sido muy superiores y con consecuencias los estragos mucho más trágicos. Con ello se ha puesto de manifiesto la importancia de entender que los problemas cuando adquieren carácter global, como es el caso de la pandemia generada por el COVID-19, o del cambio climático, del que se lleva hablando décadas, o lo que fue en su momento la crisis económica producida por la quiebra de Lehman Brothers, afectan a cada una de las personas y es imprescindible la concienciación colectiva para superarlos.

 Ante esta concienciación de los grandes problemas a nivel planetario afecta a todos los ámbitos del conocimiento, es necesario que asumamos cada uno de nosotros muchos de los planteamientos que la ciencia está haciendo sobre diversos campos. Me centrare a partir de aquí en el suelo, que es lo que yo enseño en la universidad, y principal objetivo de esta bitácora.

 La erosión, la desertificación, la contaminación química, el cambio de uso, la perdida de materia orgánica, la permanente disminución de la biodiversidad, los cambios en los ciclos del carbono y el fosforo, en una palabra, la degradación del suelo, está alterando sus servicios ecosistémicos, tanto los que afectan a los sistemas biológicos y relacionados con el agua, como los vinculados con sus aspectos sociales y económicos. Estos hechos se llevan denunciando por parte de la comunidad científica desde hace años, y seguimos predicando en el desierto. Los suelos se siguen degradando, la perdida de superficie cultivable aumenta constantemente, lo que incide en los mercados económicos, en las hambrunas, en la migración, y esto se pone de manifiesto cada año con informes y planes estratégicos para evitarlo, que apenas se cumplen.

 Uno de los últimos intentos es la publicación de La Agenda 2030 que demanda el compromiso de los Estados para cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esta Agenda fue adoptada en 2015 por la Asamblea General de Naciones Unidas y aprobada por los 193 miembros entre los que se encuentra España. El objetivo 15 es el dedicado a “vida de ecosistemas terrestres” donde se advierte de l imperiosa necesidad de: Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.

 En el apartado de DATOS, podemos leer: 2.600 millones de personas dependen directamente de la agricultura, pero el 52% de la tierra utilizada para la agricultura se ve moderada o severamente afectada por la degradación del suelo. La pérdida de tierras cultivables se estima entre el 30-35 veces la tasa histórica.

Debido a la sequía y la desertificación, se pierden 12 millones de hectáreas cada año (23 hectáreas por minuto). En un año, podrían haberse cultivado 20 millones de toneladas de grano. El 74% de los pobres están directamente afectados por la degradación de la tierra a nivel mundial.

 Pero la degradación del suelo no afecta solo a los sistemas productivos, que ya sería suficiente, sino que también  genera la destrucción de los ecosistemas terrestres y tiene una incidencia muy importante en la salud de las personas.

La llegada al suelo de productos químicos procedentes de las actividades antrópicas, ocasiona daños de los que en muchos casos no se conoce cuál es su verdadero alcance, propiciando de paso que nos hagamos preguntas que necesitan una urgente respuesta porque de ellas va a depender la salud de muchas personas:

  1. No conocemos las complejas interacciones que tienen lugar entre las especies químicas del suelo.
  2. No se conocen los nuevos xenobióticos que están apareciendo en el suelo producto de reacciones orgánicas.
  3. No se conoce como afecta el cambio climático a muchas especies de microorganismos del suelo.
  4. No se conoce como afecta a los microorganismos la llegada de medicamentos (contaminantes emergentes).

Son muchos los planteamientos y muchas las incógnitas que surgen cuando hablamos del sistema suelo, pero hoy día, en nuestro planeta la especie humana no pude sobrevivir sin los suelos. La inversión en equipos multidisciplinares, desde la ingeniería a la sociología, pasando por ciencias de la salud, es necesaria si queremos tener respuestas que realmente sirvan a los problemas de la población. En las aulas, cuando explicamos Edafología, deberemos hacerlo desde el concepto de integración, como lo define María Moliner en su diccionario de uso del español, “integrar es hacer un todo o conjunto con partes diversas”, si queremos que nuestros estudiantes entiendan lo que significa “funciones ecosistémicas del suelo”. Y la población debe entender que no podemos aportar soluciones reales y duraderas si no comprende que el suelo es mucho más que el soporte que nos sostiene.

 Quiero concluir diciendo que deberíamos extraer conclusiones positivas de esta pandemia, la catástrofe está siendo tan grande en todos los campos, sobre todo en el número de víctimas, que necesitamos confiar en que no volverá a suceder, y para ello debe ser el conocimiento y la investigación, quien aporte esa confianza, porque es lo único que nos puede salvar. Concluyo con una cita del físico Richard Fyenman, que recoge Olle Häggström, en su libroAquí hay dragones. Ciencia, tecnología y futuro de la humanidad”, que por cierto me recomendó Juanjo, transcribe: “La ciencia es lo que hemos aprendido sobre cómo evitar engañarnos a nosotros mismos

 Comentario del bloguero que espera/teme Antonio: Veamos Antonio López Lafuente. Cuando comenzamos la andadura en esta bitácora entramos a participar cuatro colegas como blogueros responsables. Poco a poco fueron siendo abducidos los restantes, dejando de participar por los motivos más variados y comprensibles.  Uno de ellos resulta ser mi entrañable amigo Antonio, que además de gran investigación y docente, ha resultado ser un magnifico gestor, ocupando cargos de garn relevancia en España. Antonio, no tienes porqué pedir permiso para nada. Esta es tu casa. Siempre serás bienvenido. Obviamente estos asertos no causan ningún temor. Empero y  si digo con más asiduidad por favor….. Ahí … ¿Antonio dónde estás?…. ¿Antonio dónde estás?…. Me temo que salió corriendo. ¡en fin!…… Mi ”gozo en un pozo 

 

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Los suelos y la agricultura ecológica en la era de la postverdad (Revista de Suelos Ecuatoriales)

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Fotos: Colaje Imágenes Google

 Sabéis sobradamente, que no utilizo nuestra bitácora con vistas a LA promoción de mis artículos y libros científicos. No me gusta la propaganda, y menos aún la auto-propaganda. Sin embargo, de vez en cuando, hacemos excepciones. Esta será una de ellas. La Revista de Suelos Ecuatoriales ha publicado gentilmente un artículo de reflexión personal que lleva por título precisamente el encabezamiento de este post. Considero que puede ser de interés para  muchos lectores y de paso publicitamos esta iniciativa de la Universidad Nacional de Colombia, ya que, a menudo soslayamos vergonzosamente todo lo que se edita en nuestra lengua. Suelos Ecuatoriales se encuentra en acceso abierto, por lo que podéis bajaros el manuscrito sin problema alguno. Abajo o dejo los enlaces. No resulta pertinente redactar análisis críticos de los textos redactados por los propios autores e intentar ser objetivo.s ¿Verdad? Pues bien, seguidamente os dejo el resumen y el mencionado análisis os corresponderá a los interesados. Resulta difícil encontrar revistas científicas que permitan salirse del consabido guion docto y cansino, de naturaleza académica, para todos aquellos que van a la búsqueda de información general. Este no ha sido el caso, y sin más preámbulos os dejo con el resumen. Animaros a leerlo en su integridad y seguidamente recordar el título de esta revista, con vistas a husmearla periódicamente. Y sin más preámbulos ahí va:

Juan José Ibáñez

Los suelos y la agricultura ecológica en la era de la postverdad (Revista de Suelos ecuatoriales)

Juan José Ibáñez

Palabras clave:   Agricultura ecológica, Agricultura orgánica, Agricultura Industrial, Tecnociencia, Posverdad, Filosofía de la Ciencia, Filosofía de la tecnociencia 

Vol. 49 Núm. 1 y 2 (2019): Suelos Ecuatoriales

URL de acceso directo al Artículo. http://unicauca.edu.co/revistas/index.php/suelos_ecuatoriales/article/view/109

Resumen

Los suelos y la agricultura ecológica han sido dos temas soslayados durante décadas de la corriente principal de la literatura científica. Sin embargo, más recientemente, el reconocido fracaso de la agricultura industrial, así como la comprensión del sistema climático, han relanzado el interés por ambas disciplinas. Ya no se discute la importancia de los suelos en el funcionamiento de la biosfera, ni la necesidad de reemplazar una agricultura despilfarradora de recursos y contaminante por otra basada en genuinos principios ecológicos. Sin embargo, desde finales del siglo XX, la ciencia ha ido cambiando, tanto en sus objetivos como es su praxis, siendo paulatinamente reemplazada por lo que actualmente se denomina Tecnociencia. Esta última no persigue tanto progresar en el conocimiento del mundo, como en ser el soporte del progreso e innovación del tejido empresarial de los países, en un mundo frenéticamente competitivo a la par que insustentable. De este modo la búsqueda de la verdad ha sido reemplazada por la posverdad, en la que los científicos somos meros elementos de un sistema muy complejo, dominado por intereses económicos y geopolíticos. En este contexto, la definición de agricultura ecológica depende de los intereses de los actores implicados, relegando los aspectos técnicos a un segundo plano. En este artículo, el autor intenta discernir el futuro de una agricultura genuinamente ecológica, conforme al método científico y que necesita inexcusablemente de una gestión sostenible de los suelos, de aquellas narraciones sesgadas por intereses ajenos a la ciencia, es decir repletas de posverdades. 

Revista de Suelos Ecuatoriales

Continúa……

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Conservación del Patrimonio Agrario Mundial (SIPAM FAO)

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Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM … – FAO)

Como me gusta redactar post sobre noticias que se me antojan superlativas desde el punto de vista del patrimonio natural y cultural. Y hoy es una de ellas. Más aun, el material se encuentra también redactado que tan solo puedo copiar y pegar con muy pocas adendas por mi parte. Comenzaré secuestrando dos párrafos de la página de Web principal, para a renglón seguido realizar unos breves comentarios y dejaros con varios fragmentos de texto, y especialmente unos contenidos que me entusiasman.  ¿Cómo no había tenido noticias al respecto hasta ahora? No estoy seguro, pero os lo intentaré explicar al final de esta entradilla, si bien lo que debéis leer se encuentra en su extensión (es decir tras mis clásicos “continua…”). Vamos allá. ¡Que gozada!. No tiene desperdicio.

Libro: “Sistemas importantes del patrimonio agrícola mundial (SIPAM). La biodiversidad agrícola y los ecosistemas resilientes. Prácticas agrícolas tradicionales e identidad cultural”. Seguidamente os reproduzco su prólogo.

Resumen: Durante siglos, los agricultores, pastores, pescadores y silvicultores han desarrollado sistemas agrícolas diversos y adaptados localmente, y los han gestionado con técnicas y prácticas ingeniosas que han perfeccionado con el paso de los años. Han sido los responsables de aportar a la humanidad una combinación esencial de servicios sociales, culturales, ecológicos y económicos. Estos “Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial” (SIPAM) son paisajes estéticamente impresionantes que combinan la biodiversidad agrícola con ecosistemas resilientes y un valioso patrimonio cultural. Estos sistemas están situados en lugares específicos del mundo, donde aportan de forma sostenible múltiples bienes y servicios, alimentos y unos medios de subsistencia seguros para millones de pequeños agricultores.

Los SIPAM surgieron a través de un impresionante proceso de coevolución entre los seres humanos y la naturaleza durante siglos de interacción y sinergias culturales y biológicas. Representan la acumulación de experiencia de la población rural. Desafortunadamente, estos sistemas agrícolas se encuentran actualmente amenazados por muchos factores, incluyendo el cambio climático y la presión creciente sobre los recursos naturales. Además, tienen que enfrentarse a la migración causada por una baja viabilidad económica. Como consecuencia, se abandonan las prácticas agrícolas tradicionales y se da una pérdida drástica de variedades y especies endémicas y locales. Hace 16 años, la FAO identificó estas amenazas globales para la agricultura familiar y los sistemas agrícolas tradicionales, y lanzó el programa de los “Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial” (SIPAM). Adoptando un enfoque basado en la conservación dinámica con el objetivo de lograr un equilibrio entre la conservación, la adaptación sostenible y el desarrollo socioeconómico, el programa SIPAM busca identificar maneras de mitigar las amenazas a las que se enfrentan los agricultores, así como de resaltar los beneficios de estos sistemas.

¡No me lo puedo creer!. Resulta difícil de entender que tras 15 años escribiendo en esta bitácora para lo cual he leído miles de noticias, no me hubiera llegado alguna a este respecto. Mi amigo Luca Montanarella me habló de esta iniciativa de la FAO hace unos meses. Tomé nota pero… se me olvido. (fallo garrafal: ¡mea culpa!). Ahora bien, la falta de información sobre el SIPAM, tras leer varios boletines de noticias de suelos, agricultura y medio ambiente diariamente,  me obliga a pensar que apenas ha calado en la opinión pública y menos aún en la obnubilada mente de políticos y gestores. Y es aquí en donde la buena noticia debiera ser motivo de una profunda preocupación. A nuestras autoridades, no les interesa más que salir en los medios de comunicación, por cuanto al llegar al momento de la verdad, nada de nada.  También cabe  recriminar que, desde Latinoamérica, en donde se habla tanto de culturas indígenas y sus agriculturas sustentables, etc. hasta el momento solo tres enclaves tienen la etiqueta de SIPAM. Si volvemos la vista a la Europa latina,  el paisaje es menos preocupante, aunque no deje de ser inquietante. En España, por ejemplo, tres enclaves han alcanzado la etiqueta del SIPAM. Ahora bien, excepto en un caso, ni me parecen muy relevantes, y menos aún representativos de los principalesterroirque debiéramos analizar y preservar en la Península Ibérica. Estamos tropezando una vez más en el craso error de la falta de iniciativa, como ocurre también con la preservación de la Geodiversidad bajo los auspicios de la UNESCO. ¡Qué lástima!.

Por mucho que nos lamentemos: “obras son amores y no buenas razones”. Nos quejamos continuamente, pero a la hora de esforzarse… ¡suspendidos!. Debemos exigir a nuestros políticos, con todos los medios a nuestro alcance, que no pedirles favores exclusivamente, ya que en estos menesteres son sordos y mudos. Por lo tanto la responsabilidad recae sobre todos nosotros.

Abajo os dejo ya con la información que he recopilado, aunque una buena parte resulta ser una reproducción literal de ciertos contenidos de la página Web del SIPAM.

A todos los amantes de la naturaleza, sus paisajes y en especial de aquellos que son culturales os ruego encarecidamente que leáis este post y actuéis en consecuencia.

Juan José Ibáñez

Continua……

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