‘La Crisis de la Edafología’

El suelo y el Medio Natural: Reflexiones desde la Universidad (Antonio López Lafuente)

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Antonio López Lafuente: Genio y Figura hasta la sepultura cuando llegue que todavía es muy pronto….

Otra vez me ha permitido Juanjo asomarme al balcón, ahora que por desgracia está de moda (Pandemia de Covid-19), de su bitácora para compartir con vosotros algunas reflexiones relacionadas con el suelo y el medio natural. Deseo empezar dándole las gracias por esta nueva incursión que espero sea de algún interés. 

 Los que nos dedicamos a la  actividad docente e investigación en la universidad nos  encontramos pasando momentos de confinamiento, como muchas personas dedicadas a otras profesiones, lo cual nos está permitiendo tener más tiempo libre como para poder plantearnos algunas reflexiones, en este caso, acerca de nuestro trabajo, a la vista de las numerosas dificultades que nos estamos encontrando.

 Los profesores de universidad, como así lo establece la ley, debemos cumplir con dos misiones básicamente: (i) participar en la investigación del país, a través de los proyectos financiados por los distintos organismos oficiales, también de empresas privadas, pero claramente en menor proporción, y (ii) ocuparnos de la docencia de los futuros egresados. Esta ha sido la biga que ha mantenido el fundamento de nuestra universidad a lo largo de la historia. 

 Esta doble función que lógicamente en sus principios no va a cambiar, si bien es posible que se vea modificada con nuevos planteamientos a partir por el surgimiento  de la pandemia del COVID-19. Durante el tiempo de confinamiento estamos aprendiendo a marchas forzadas que no podemos seguir con los modelos tradicionales ni de investigación ni de docencia. La pandemia nos está ayudando a recordar que la investigación o se hace y se financia para potenciar equipos multidisciplinares, o no tendrá sentido de ser, y la docencia, o se hace desde la integración, no solo de los estudiantes, sino también del conocimiento, con una participación expresa de las nuevas tecnologías, ono tendrá garantías de calidad. Estos dos planteamientos no son nuevos, forman parte del frontispicio de nuestra profesión, pero parece momento de recordarlos si queremos tener en el futuro un mejor control de las distintas amenazas a que el planeta, y en especial el ser humano, va a estar sometido.

 Otra de las cosas que ha dejado claro este confinamiento es que no estábamos preparados para asumir tareas que empezaban a ser utilizadas, y de las que se hablaba mucho, aunque se ha demostrado lo lejos que nos encontramos para poder utilizarlas con rigor, me refiero al teletrabajo, o trabajo a distancia. Ni las empresas, ni las instituciones, ni los ciudadanos, ni los medios de que disponíamos estaban preparados para realizar una labor eficaz. Es evidente que algunas empresas, sobre todo en áreas concretas, el mundo de las finanzas, el entrenamiento a través de la red, llevan haciendo un trabajo de implantación desde hace años, lo que les ha permitido avanzar en este momento a un ritmo mayor, y seguramente han cubierto mejor sus objetivos. Pero sectores como la salud, la educación, la cultura, la alimentación, entre otros, necesitan impulsar de forma rápida la digitalización de sus actividades si no quieren encontrarse desfasados en los próximos años.

 Otra cuestión que merece una reflexión profunda estriba en analizar el papel de los ciudadanos en el devenir de la pandemia. Su colaboración está siendo fundamental para superar la catástrofe, si no se hubiera entendido que sin su participación no sería posible salir, los tiempos para superarla hubieran sido muy superiores y con consecuencias los estragos mucho más trágicos. Con ello se ha puesto de manifiesto la importancia de entender que los problemas cuando adquieren carácter global, como es el caso de la pandemia generada por el COVID-19, o del cambio climático, del que se lleva hablando décadas, o lo que fue en su momento la crisis económica producida por la quiebra de Lehman Brothers, afectan a cada una de las personas y es imprescindible la concienciación colectiva para superarlos.

 Ante esta concienciación de los grandes problemas a nivel planetario afecta a todos los ámbitos del conocimiento, es necesario que asumamos cada uno de nosotros muchos de los planteamientos que la ciencia está haciendo sobre diversos campos. Me centrare a partir de aquí en el suelo, que es lo que yo enseño en la universidad, y principal objetivo de esta bitácora.

 La erosión, la desertificación, la contaminación química, el cambio de uso, la perdida de materia orgánica, la permanente disminución de la biodiversidad, los cambios en los ciclos del carbono y el fosforo, en una palabra, la degradación del suelo, está alterando sus servicios ecosistémicos, tanto los que afectan a los sistemas biológicos y relacionados con el agua, como los vinculados con sus aspectos sociales y económicos. Estos hechos se llevan denunciando por parte de la comunidad científica desde hace años, y seguimos predicando en el desierto. Los suelos se siguen degradando, la perdida de superficie cultivable aumenta constantemente, lo que incide en los mercados económicos, en las hambrunas, en la migración, y esto se pone de manifiesto cada año con informes y planes estratégicos para evitarlo, que apenas se cumplen.

 Uno de los últimos intentos es la publicación de La Agenda 2030 que demanda el compromiso de los Estados para cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esta Agenda fue adoptada en 2015 por la Asamblea General de Naciones Unidas y aprobada por los 193 miembros entre los que se encuentra España. El objetivo 15 es el dedicado a “vida de ecosistemas terrestres” donde se advierte de l imperiosa necesidad de: Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.

 En el apartado de DATOS, podemos leer: 2.600 millones de personas dependen directamente de la agricultura, pero el 52% de la tierra utilizada para la agricultura se ve moderada o severamente afectada por la degradación del suelo. La pérdida de tierras cultivables se estima entre el 30-35 veces la tasa histórica.

Debido a la sequía y la desertificación, se pierden 12 millones de hectáreas cada año (23 hectáreas por minuto). En un año, podrían haberse cultivado 20 millones de toneladas de grano. El 74% de los pobres están directamente afectados por la degradación de la tierra a nivel mundial.

 Pero la degradación del suelo no afecta solo a los sistemas productivos, que ya sería suficiente, sino que también  genera la destrucción de los ecosistemas terrestres y tiene una incidencia muy importante en la salud de las personas.

La llegada al suelo de productos químicos procedentes de las actividades antrópicas, ocasiona daños de los que en muchos casos no se conoce cuál es su verdadero alcance, propiciando de paso que nos hagamos preguntas que necesitan una urgente respuesta porque de ellas va a depender la salud de muchas personas:

  1. No conocemos las complejas interacciones que tienen lugar entre las especies químicas del suelo.
  2. No se conocen los nuevos xenobióticos que están apareciendo en el suelo producto de reacciones orgánicas.
  3. No se conoce como afecta el cambio climático a muchas especies de microorganismos del suelo.
  4. No se conoce como afecta a los microorganismos la llegada de medicamentos (contaminantes emergentes).

Son muchos los planteamientos y muchas las incógnitas que surgen cuando hablamos del sistema suelo, pero hoy día, en nuestro planeta la especie humana no pude sobrevivir sin los suelos. La inversión en equipos multidisciplinares, desde la ingeniería a la sociología, pasando por ciencias de la salud, es necesaria si queremos tener respuestas que realmente sirvan a los problemas de la población. En las aulas, cuando explicamos Edafología, deberemos hacerlo desde el concepto de integración, como lo define María Moliner en su diccionario de uso del español, “integrar es hacer un todo o conjunto con partes diversas”, si queremos que nuestros estudiantes entiendan lo que significa “funciones ecosistémicas del suelo”. Y la población debe entender que no podemos aportar soluciones reales y duraderas si no comprende que el suelo es mucho más que el soporte que nos sostiene.

 Quiero concluir diciendo que deberíamos extraer conclusiones positivas de esta pandemia, la catástrofe está siendo tan grande en todos los campos, sobre todo en el número de víctimas, que necesitamos confiar en que no volverá a suceder, y para ello debe ser el conocimiento y la investigación, quien aporte esa confianza, porque es lo único que nos puede salvar. Concluyo con una cita del físico Richard Fyenman, que recoge Olle Häggström, en su libroAquí hay dragones. Ciencia, tecnología y futuro de la humanidad”, que por cierto me recomendó Juanjo, transcribe: “La ciencia es lo que hemos aprendido sobre cómo evitar engañarnos a nosotros mismos

 Comentario del bloguero que espera/teme Antonio: Veamos Antonio López Lafuente. Cuando comenzamos la andadura en esta bitácora entramos a participar cuatro colegas como blogueros responsables. Poco a poco fueron siendo abducidos los restantes, dejando de participar por los motivos más variados y comprensibles.  Uno de ellos resulta ser mi entrañable amigo Antonio, que además de gran investigación y docente, ha resultado ser un magnifico gestor, ocupando cargos de garn relevancia en España. Antonio, no tienes porqué pedir permiso para nada. Esta es tu casa. Siempre serás bienvenido. Obviamente estos asertos no causan ningún temor. Empero y  si digo con más asiduidad por favor….. Ahí … ¿Antonio dónde estás?…. ¿Antonio dónde estás?…. Me temo que salió corriendo. ¡en fin!…… Mi ”gozo en un pozo 

 

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Los suelos y la agricultura ecológica en la era de la postverdad (Revista de Suelos Ecuatoriales)

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Fotos: Colaje Imágenes Google

 Sabéis sobradamente, que no utilizo nuestra bitácora con vistas a LA promoción de mis artículos y libros científicos. No me gusta la propaganda, y menos aún la auto-propaganda. Sin embargo, de vez en cuando, hacemos excepciones. Esta será una de ellas. La Revista de Suelos Ecuatoriales ha publicado gentilmente un artículo de reflexión personal que lleva por título precisamente el encabezamiento de este post. Considero que puede ser de interés para  muchos lectores y de paso publicitamos esta iniciativa de la Universidad Nacional de Colombia, ya que, a menudo soslayamos vergonzosamente todo lo que se edita en nuestra lengua. Suelos Ecuatoriales se encuentra en acceso abierto, por lo que podéis bajaros el manuscrito sin problema alguno. Abajo o dejo los enlaces. No resulta pertinente redactar análisis críticos de los textos redactados por los propios autores e intentar ser objetivo.s ¿Verdad? Pues bien, seguidamente os dejo el resumen y el mencionado análisis os corresponderá a los interesados. Resulta difícil encontrar revistas científicas que permitan salirse del consabido guion docto y cansino, de naturaleza académica, para todos aquellos que van a la búsqueda de información general. Este no ha sido el caso, y sin más preámbulos os dejo con el resumen. Animaros a leerlo en su integridad y seguidamente recordar el título de esta revista, con vistas a husmearla periódicamente. Y sin más preámbulos ahí va:

Juan José Ibáñez

Los suelos y la agricultura ecológica en la era de la postverdad (Revista de Suelos ecuatoriales)

Juan José Ibáñez

Palabras clave:   Agricultura ecológica, Agricultura orgánica, Agricultura Industrial, Tecnociencia, Posverdad, Filosofía de la Ciencia, Filosofía de la tecnociencia 

Vol. 49 Núm. 1 y 2 (2019): Suelos Ecuatoriales

URL de acceso directo al Artículo. http://unicauca.edu.co/revistas/index.php/suelos_ecuatoriales/article/view/109

Resumen

Los suelos y la agricultura ecológica han sido dos temas soslayados durante décadas de la corriente principal de la literatura científica. Sin embargo, más recientemente, el reconocido fracaso de la agricultura industrial, así como la comprensión del sistema climático, han relanzado el interés por ambas disciplinas. Ya no se discute la importancia de los suelos en el funcionamiento de la biosfera, ni la necesidad de reemplazar una agricultura despilfarradora de recursos y contaminante por otra basada en genuinos principios ecológicos. Sin embargo, desde finales del siglo XX, la ciencia ha ido cambiando, tanto en sus objetivos como es su praxis, siendo paulatinamente reemplazada por lo que actualmente se denomina Tecnociencia. Esta última no persigue tanto progresar en el conocimiento del mundo, como en ser el soporte del progreso e innovación del tejido empresarial de los países, en un mundo frenéticamente competitivo a la par que insustentable. De este modo la búsqueda de la verdad ha sido reemplazada por la posverdad, en la que los científicos somos meros elementos de un sistema muy complejo, dominado por intereses económicos y geopolíticos. En este contexto, la definición de agricultura ecológica depende de los intereses de los actores implicados, relegando los aspectos técnicos a un segundo plano. En este artículo, el autor intenta discernir el futuro de una agricultura genuinamente ecológica, conforme al método científico y que necesita inexcusablemente de una gestión sostenible de los suelos, de aquellas narraciones sesgadas por intereses ajenos a la ciencia, es decir repletas de posverdades. 

Revista de Suelos Ecuatoriales

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Conservación del Patrimonio Agrario Mundial (SIPAM FAO)

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Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM … – FAO)

Como me gusta redactar post sobre noticias que se me antojan superlativas desde el punto de vista del patrimonio natural y cultural. Y hoy es una de ellas. Más aun, el material se encuentra también redactado que tan solo puedo copiar y pegar con muy pocas adendas por mi parte. Comenzaré secuestrando dos párrafos de la página de Web principal, para a renglón seguido realizar unos breves comentarios y dejaros con varios fragmentos de texto, y especialmente unos contenidos que me entusiasman.  ¿Cómo no había tenido noticias al respecto hasta ahora? No estoy seguro, pero os lo intentaré explicar al final de esta entradilla, si bien lo que debéis leer se encuentra en su extensión (es decir tras mis clásicos “continua…”). Vamos allá. ¡Que gozada!. No tiene desperdicio.

Libro: “Sistemas importantes del patrimonio agrícola mundial (SIPAM). La biodiversidad agrícola y los ecosistemas resilientes. Prácticas agrícolas tradicionales e identidad cultural”. Seguidamente os reproduzco su prólogo.

Resumen: Durante siglos, los agricultores, pastores, pescadores y silvicultores han desarrollado sistemas agrícolas diversos y adaptados localmente, y los han gestionado con técnicas y prácticas ingeniosas que han perfeccionado con el paso de los años. Han sido los responsables de aportar a la humanidad una combinación esencial de servicios sociales, culturales, ecológicos y económicos. Estos “Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial” (SIPAM) son paisajes estéticamente impresionantes que combinan la biodiversidad agrícola con ecosistemas resilientes y un valioso patrimonio cultural. Estos sistemas están situados en lugares específicos del mundo, donde aportan de forma sostenible múltiples bienes y servicios, alimentos y unos medios de subsistencia seguros para millones de pequeños agricultores.

Los SIPAM surgieron a través de un impresionante proceso de coevolución entre los seres humanos y la naturaleza durante siglos de interacción y sinergias culturales y biológicas. Representan la acumulación de experiencia de la población rural. Desafortunadamente, estos sistemas agrícolas se encuentran actualmente amenazados por muchos factores, incluyendo el cambio climático y la presión creciente sobre los recursos naturales. Además, tienen que enfrentarse a la migración causada por una baja viabilidad económica. Como consecuencia, se abandonan las prácticas agrícolas tradicionales y se da una pérdida drástica de variedades y especies endémicas y locales. Hace 16 años, la FAO identificó estas amenazas globales para la agricultura familiar y los sistemas agrícolas tradicionales, y lanzó el programa de los “Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial” (SIPAM). Adoptando un enfoque basado en la conservación dinámica con el objetivo de lograr un equilibrio entre la conservación, la adaptación sostenible y el desarrollo socioeconómico, el programa SIPAM busca identificar maneras de mitigar las amenazas a las que se enfrentan los agricultores, así como de resaltar los beneficios de estos sistemas.

¡No me lo puedo creer!. Resulta difícil de entender que tras 15 años escribiendo en esta bitácora para lo cual he leído miles de noticias, no me hubiera llegado alguna a este respecto. Mi amigo Luca Montanarella me habló de esta iniciativa de la FAO hace unos meses. Tomé nota pero… se me olvido. (fallo garrafal: ¡mea culpa!). Ahora bien, la falta de información sobre el SIPAM, tras leer varios boletines de noticias de suelos, agricultura y medio ambiente diariamente,  me obliga a pensar que apenas ha calado en la opinión pública y menos aún en la obnubilada mente de políticos y gestores. Y es aquí en donde la buena noticia debiera ser motivo de una profunda preocupación. A nuestras autoridades, no les interesa más que salir en los medios de comunicación, por cuanto al llegar al momento de la verdad, nada de nada.  También cabe  recriminar que, desde Latinoamérica, en donde se habla tanto de culturas indígenas y sus agriculturas sustentables, etc. hasta el momento solo tres enclaves tienen la etiqueta de SIPAM. Si volvemos la vista a la Europa latina,  el paisaje es menos preocupante, aunque no deje de ser inquietante. En España, por ejemplo, tres enclaves han alcanzado la etiqueta del SIPAM. Ahora bien, excepto en un caso, ni me parecen muy relevantes, y menos aún representativos de los principalesterroirque debiéramos analizar y preservar en la Península Ibérica. Estamos tropezando una vez más en el craso error de la falta de iniciativa, como ocurre también con la preservación de la Geodiversidad bajo los auspicios de la UNESCO. ¡Qué lástima!.

Por mucho que nos lamentemos: “obras son amores y no buenas razones”. Nos quejamos continuamente, pero a la hora de esforzarse… ¡suspendidos!. Debemos exigir a nuestros políticos, con todos los medios a nuestro alcance, que no pedirles favores exclusivamente, ya que en estos menesteres son sordos y mudos. Por lo tanto la responsabilidad recae sobre todos nosotros.

Abajo os dejo ya con la información que he recopilado, aunque una buena parte resulta ser una reproducción literal de ciertos contenidos de la página Web del SIPAM.

A todos los amantes de la naturaleza, sus paisajes y en especial de aquellos que son culturales os ruego encarecidamente que leáis este post y actuéis en consecuencia.

Juan José Ibáñez

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Restauración de suelos y aborción de miles de millones de toneladas de carbono ¿¿??

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Madrid, Ciudad sitiada, de un Estado cerrado al exterior, casi completamente vacía, como tras un golpe de estado o esperando el bombardeo enemigo en  medio de  una guerra uno como mínimo se siente extraño, inquieto, incómodo. Cuando se está en una crisis sanitaria como la que padecemos en febrero-marzo…. de 2020 y justamente en uno de los epicentros de esta pandemia global que nos azota, nos cuesta a muchos concentrarnos.  Y para mayor calamidad personal, yo que como soltero y sin problemas (“hasta ahora”) monetarios me iba a trabajar, relegando las treas domésticas a una asistenta que limpiaba la casa, lavaba, planchaba la ropa etc., no se casi ni poner una lavadora, me encuentro también perdido en  los 65m2 del cubículo en el que habito…… Y así y he roto el fregadero por lo que estoy obligado a limpiar los utensilios de cocina en la ducha. ¡Suuuuu, sin comentarios! ¿Vale?. Me lio tanto que el teletrabajo obligado que hacemos en estos momentos casi todos los investigadores se resiente.  Friega, plancha, limpia el suelo, desinfecta, trabaja….. Salgo a comprar cada dos o tres días y todo vacío. Una urbe casi fantasma. Busco noticias para redactaros un post de suelos. Tras revisar varias, veo una que se me antoja interesante empero, es mi sino, ya que se encuentra tan vacía de contenidos, como las calles de mi ciudad. ¡Qué hastío!. Y lo que uno puede inferir, resultan ser cometarios que se ensamblan sin ton ni son, contradiciéndose o polvorientos comentarios infinitamente repetidos. Fijaros detenidamente: Partícula + antipartícula = ¡La nada!. Pero a lo que vamos…….

Cansado y aburrido de leer noticias como la que os expongo hoy, la abordada en este post no tiene desperdicio, ya que reitero es un texto vacío, hueco. Y eso que los autores dicen partir de un informe con más de 1.000 páginas auspiciado por el IPCC. Sobre este tema hemos escrito hasta la saciedad en nuestra bitácora y siempre aportando más información, lo cual es sumamente sencillo, ya que es imposible decir menos. ¿Mil páginas con vistas a llegar a las conclusiones que os vamos a mostrar?. En la prestigiosa revista journal Nature Sustainability, Deborah Bossio, un de las autoras, nos expone en una portentosa  lección magistral cómo no decir nada, nada de nada, o lo que es peor en este caso, lo mismo que hace 25 años.

 Los vertiquitos de esos informes y como se elige a los autores o compiladores, es un tema del que se sobradamente, por cuanto he formado parte de numerosas iniciativas de tal guisa. Suelo terminar lamentando mi participación una y otra vez, aunque hay excepciones, por supuesto. Sin embargo con más frecuencia de la deseada vuelvo a recaer. Eso sí, lo de la publicación en Naure Sustainability es digno de denuncia.

Poco puedo añadir o analizar a una nota de prensa digna de…. ¿de qué?. Lean y enséñasela a sus vecinos(as) más ignorantes o semi-analfabetos porque con el título basta, la entenderán, como si fuera un culebrón televisivo. Más aun la autora entrevistada propone, mejorar los mecanismos de compensación para incentivar una agricultura que proporcione más alimentos a la humanidad, frenando la expansión de las tierras agrícolas. ¿Pero cómo?. Obviamente debo suponer que en las mil páginas del informe habrá contenidos más sustanciosos. En caso contrario, en lugar de interrogar a un presunto delincuente, háganle leer en voz alta mil veces esta notica y seguro que cantará hasta la Traviata de Giuseppe Verdi. Cantará cualquier cosa que le pidan, eso sí, peor, mucho peor.

 Cuando tras buscar material para vosotros, releo muchas noticias, topo con titulares esperanzadores, pero que a la postre devienen en basuras. Pero esta última contiene “algo”, y en el caso que analizaremos hoy me ha entrado un deseo casi irresistible de cerrar el blog para siempre. ¿En que se gustan el dinero los organismos internacionales?. Busco en Internet la revista y debo pagar casi 10 euros por leer un texto seguramente más corto que este post, cuando la información ambiental debiera ser en acceso abierto. Observo el número de páginas del artículo, o carta de Naure Sustainability y, como observaréis abajo, a lo sumo son dos. Busco en el repositorio de Researchgate el volumen de 1.000 páginas y me dice que bajo petición. ¿Alto secreto?. Personalmente se me caería la cara de vergüenza firmar algo que no es nada. Que se editen publicaciones sobre los documentos elaborados por el IPCC, la ONU y/o la FAO, o sus resúmenes, en revistas de pago, con tal vacuo contenido, debiera ser sonrojante para los firmantes. A estas instituciones debería exigirse que todo fuera en acceso abierto, lo quieran los autores del informe o no. ¿Y los autores?. Son los únicos beneficiados, ya que añadirán a sus currículos una publicación de campanillas que no es nada, nada de nada. Ya sabemos que las editoriales viven de esto. Empero al menos deberían “aparentar” tener un poco más de dignidad.  Y todo esto en 2019. Cualquier alumno que imparta su primer curso de edafología añadiría más contenido, sin lugar a dudas. Entre los firmantes hay alguna persona conocida, aunque la mayoría ni me suenan (bueno sí: ¡las narices!). ¿Quien elige a estos sabios? Francamente, a mi me suelen invitar, supongo que a ellos también, empero esperaría que de suelos deberían saber, aunque no lo parezca.

 Os dejo con el espacio edafológico vació……

 Aburrido

 Juan José Ibáñez

Continúa…… No tiene desperdicio…… porque como vereís……

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Salud del Suelo y su Relación con Salud Humana (Médicos y Edafólogos debaten una Agenda Conjunta de Investigación)

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¿Una Edafomedicina Institucionalizada? Fuente: Colaje Google imágenes

¿Una Edafomedicina Institucionalizada?. Pues pudiera ser el caso. Realmente se trata de una excelente noticia, si bien temo que la presencia de muchas multinacionales agroalimentarias y farmacéuticas terminen pasando una factura no deseable, pero sobre la que no voy a “rebuznar” en la presente “entradilla”.    Pero a lo que vamos. En octubre de 2018 se celebró una conferencia sobre las conexiones entre la salud del suelo y la salud humana (…). El evento fue diseñado con el propósito de reunir a las comunidades de profesionales implicados en la salud del suelo y la salud humana y así establecer el estado actual del conocimiento colectivo, identificando tanto las lagunas existentes como las prioridades necesarias  a la hora de rellenarlas. De este modo, se pretende esbozar una agenda de colaboración futura entre médicos y expertos en las ciencias del suelo. El evento se celebró en Silver Spring, MD y al cual asistieron más de 180 expertos pertenecientes a más de 120 organizaciones.

Sobre ambos temas y sus relaciones mutuas hemos abundado durante 15 años en los numerosos post incluidos en nuestras categorías: “Los Suelos y la salud humana” y “La calidad y las funciones del suelo”. Ahora bien, una cuestión es que algunos guerrilleros disparemos esporádicamente y otra bien distinta que se institucionalicen  los estudios pertinentes. No sería la primera vez en ciencia que tales eventos terminan con el tiempo dando sus frutos y entre ellos el nacimiento de una nueva disciplina y/o subdisciplina científica. Crucemos los dedos y esperemos que sea el caso, ya que existen sobradas evidencias de tales interconexiones. Por ejemplo, “somos lo que comemos” y actualmente, tanto la contaminación como la mala calidad nutritiva de los alimentos que ingerimos son noticia todos los días y en cualquier lugar del mundo.

Abajo os traducimos del al suajili al español castellano la noticia. Como podréis observar, todo el material, escrito y visual, se encuentra en Internet, siendo de libre acceso para todos aquellos interesados. ¡Antonio y Concha!… va por vosotros.

Juan José Ibáñez

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Inventario, Clasificación y Cartografía de los Suelos Submarinos en EE.UU.

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Suelos Submarinos USDA: Fuente: Colaje Imágenes Google

En los primeros meses de 2019 recibí  una nota de prensa en la que un edafólogo norteamericano hablaba sobre la importancia de los suelos submarinos, su falta de consideración en la cartografía de los recursos edáficos etc. Se trata de un tema sobre el que llevo insistiendo desde hace 12-14 años. Tiempo después la clasificación aceptada por la IUSS (la WRB, FAO) aceptó la inclusión de los más someros (generalmente bajo cuerpos de agua continentales a menos de dos o tres metros de profundidad) y finalmente la USDA-ST se adentró para estudiar los sedimentos oceánicos y los aceptó en su constructo taxonómico. Eso sí mojándose tan solo los pies. Abajo os muestro una relación no exhaustiva de los post que ya hemos escrito sobre el tema.  Esperaba vanamente que la nota de prensa nos informara de que por fin íbamos a considerar como suelos también los fondos oceánicos. ¡Mi gozo en un pozo!. Todo sigue igual, lo cual no deja de ser una omisión imperdonable. Seguimos “en la orillita del mar, no sea que nos ahoguemos”. 

Sin embargo, he considerado importante exponer la visión que los taxónomos de suelos norteamericanos atesoran diez años después de comenzar a estudiarlos con rigor. Abajo os muestro la entrevista en inglés y español (Google). Reitero que todo sigue igual, a pesar del título en español-castellano de la nota de prensa: Llegando al núcleo del suelo submarino”. ¡Falso!: arañar la superficie es justamente todo lo contrario que alcanzar sus “interioridades”. Lamento que el edafólogo hable de suelos submarinos como si más allá del litoral existirá un agujero negro que se lo traga todo y nos impide vislumbrar un “horizonte de sucesos más allá. Empero algo es algo. Ahí va la entrevista y la relación de post que aclarará la postura de los que no tenemos miedo de bucear hasta los fondos abisales.

Juan José Ibáñez

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Científicos: Las generaciones malditas (Ciencias del Suelo y Muchas Más)

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Generaciones malditas Fuente: Juan José Ibáñez

No hay mayor satisfacción que dedicarse vocacionalmente a la ciencia, ni peor castigo de lograrlo en un aguda crisis de credibilidad. Hablamos de las generaciones malditas

Hoy dejaremos de hablar de LA actualidad, pseudo-actualidades y falsas actualidades para comentaros algunas reflexiones personales, tras 41 años de trabajar como profesional (incluyendo periodos de becario). Me permitiré ese lujo. Y quizás, desde el punto de vista de la sociología de la ciencia aportemos un granito de arena, por cuanto jamás he leído nada parecido y son décadas de lecturas. Por supuesto, muchos colegas edafólogos ya entrados en años, pero también de otras variopintas disciplinas, con toda seguridad han recapacitado acerca de este asunto, por ser igualmente afectados.  Pero ¿qué es una generación maldita?.

Sin intentar sentar cátedra alguna, acuño el término en referencia a los investigadores que habiéndose de jóvenes inclinado vocacionalmente por dedicarse al estudio de una disciplina, esta cae en descredito, o simplemente comienza a ser ignorada por nuestros gestores, investigadores de otras mmaterias y la propia sociedad. Es decir, la rama de la ciencia afectada deja de ser considerada como integrante de las principales prioridades (“mainstream”) a las que “dicen” que debemos dedicarnos en un momento dado de la historia. Y como corolario, apenas se ofertan proyectos de investigación, becas, y por supuesto, los inocentes afectados serán soslayados de cualquier tipo de promoción científica. El gran pecado de estos profesionales reside en haber tenido el atrevimiento, descaro o inocencia de apasionarse por un tema que no interesa en un periodo concreto de la historia de la ciencia. Resumiendo, sin comerlo ni beberlo, eres considerado un paria que “pierde el tiempo” dedicándose a temas intrascendentes. Suele ocurrir que a la larga, tal crisis disciplinaria transmute en prestigio incondicional, pero para muchos de esos  pobres desgraciados resulta ser demasiado tarde. ¡Ya son viejitos!.

Este post, aunque basado en mi experiencia personal como edafólogo, es igualmente aplicable a científicos de otras muchas disciplinas. Fitosociólogos, geomorfólogos, taxónomos, etc. etc. sufren el mismo ostracismo y desconsideración por parte de otros investigadores.

Personalmente, soy de los pocos colegas que conozco que se interesó por la morfología, génesis y clasificación de suelos en el primer curso de la carrera universitaria, tanto cuando comencé a cursar CC. Geológicas como cuando finalmente acabé en la de CC. Biológicas. ¡Qué tipo tan raro!. En 1978 ingrese en mi centro de investigación de toda la vida, y al que aún me siento ligado sentimentalmente, como el integrante de un matrimonio muy bien avenido al que se le muere la pareja. Fíjense si la fecha era antigua que por aquel entonces se denominaba “Instituto de Edafología y Biología Vegetal”. Pues bien, cuando me incorporé algún año después al equipo de mi Director de Tesis (Francisco Monturiol), que trabajaba sobre morfología, génesis, clasificación y cartografía de suelos, pululaban varios investigadores senior y un abundante personal técnico. Empero llego la gran crisis edafológica a nivel internacional. A día de hoy tan solo permanezco yo investigando esos temas y me queda aproximadamente un año para alcanzar la edad mínima de jubilación. Pero las cosas han ido cambiando “un poco” desde 2014. Demasiado tarde para hacer carrera. ¡La suerte está echada!. Como científico cometí ese pecado original (ser vocacional), y he pagado las consecuencias. ¿Me arrepiento?. Pues va a ser que no, ya que he indagado sobre el tema que escogí, el que me gustaba, y sabía las consecuencias. Los más vocacionales seguimos trabajando como guerrilleros o partisanos, otros prefirieron cambiar de línea de investigación con vistas a promocionar sus carreras, obtener proyectos y becarios. ¡Ni una sola plaza ha ofertado mi institución que incumbe a miles de investigadores de las más variadas tareas científicas, desde que yo obtuve la mía en 1986.  Podemos pues hablar de la gran extinción. Cuando mis autoridades decidieron que me incorporara al Museo Nacional de Ciencias Naturales, yo me preguntaba ¿A dónde?: ¿Un despacho para pasar los últimos años sentado y calladito, o una vitrina de exposición en el Museo, con una etiqueta que señalara mi verdadero status “el último edafólogo del CSIC”. Obviamente, en temas más aplicados, como por ejemplo, la contaminación y erosión de suelos, a sus expertos no se les infligió tal severo castigo.  Eso sí, el denominado cambio climático, les terminó relegando una década después a posiciones menos honrosas de los rankings de moda, si bien se escudan en relacionar sí o sí (venga a cuento o no) la desertización con el cambio climático. En cualquier caso, reitero que, al menos en Europa, la catarsis fue general. En las Universidades al menos, la docencia, permitió que algunos de sus profesores persistieran en esos temas concretos, aunque bajo las mismas condiciones de miseria y desprecio, compaginándolos pues con otros asuntos más sexy.

Cuando en septiembre de 2005 comencé la andadura en esta bitácora, ya entre los primeros post editados podían leerse títulos como los siguientes: (i) ¿Se Extingue la Edafología? (1: Introducción); (ii) ¿Se Extingue la Edafología?. 2. Sobre la Falta de Cultura de los Investigadores Experimentales; (iii) ¿Se Extingue la Edafología?: 3. El Significado de Reduccionismo Epistemológico; (iv) El Día de Todos los Santos o las Últimas Actividades de los Edafólogos. Más aún, creé una categoría para almacenar todos los post dedicados al tema y que lleva el título de: “la Crisis de la Edafología”. Así pues este blog nació con plena crisis, creció con la crisis y seguramente se extinguirá con renacimiento de la edafología en sentido estricto (no me refiero a las ciencias del suelo en general). ¡Porca miseria!

Posiblemente la mayoría de los jóvenes universitarios eligen sus carreras en función de la publicidad que emiten los medios de comunicación de masas, y que no deja de ser orquestada por los políticos, las necesidades económicas del momento, y los científicos famosos de ciencias sexy, desconociendo la inmensa mayoría hasta en el significado del vocablo edafología. Empero devino la pandemia degradación ambiental y el cambio climático volteó todo.

El análisis del sistema climático, por pura necesidad, se tradujo  en la obligación de conocer las emisiones de gases de invernadero, el secuestro de carbono por los suelos, etc., así como influyen en tales procesos los componentes bióticos y abióticos del ecosistema edáfico. Al mismo tiempo la mega-contaminación planetaria que sufrimos causada esencialmente por los agroquímicos, ha envenenado suelos y aguas, puesto en riesgo la soberanía alimentaria y causado una traumática pérdida de biodiversidad. Y así los suelos subieron paulatinamente en el ranking de interés de las agencias gubernamentales. Demostrado pues el fracaso en el manejo de suelos llevado a cabo por la agricultura industrial, la FAO, ONU; EU, etc., retornaron su vista hacia modos de producción más ecológicos y sustentables que demandan una gestión de loe recursos edáficos muy cuidadosa.  Y así surgieron el Año Internacional de los Suelos, el Día Mundial de los Suelos y otras macabras celebraciones.

Sin embargo parte de nuestros acervo edafológico se ha perdido, al menos por el momento aunque quizás para siempre, como mostramos en los post: (i) El Olvido de la Ciencia: El Efecto Internet; (ii) Ciencia Olvidada: “El Efecto Internet”; (iii) Los Colonialismos y el Olvido de la Ciencia: El Efecto de la Lengua del Imperio; (iv) Prostituyendo la Historia de la Ciencia (Ciencia Amnésica e Imperio Anglosajón) etc. Por un lado, con tanto modelos, algoritmos, simulaciones, IA, etc., actualmente los jóvenes se encuentran mejor formados que nosotros ante un PC. Sin embargo en el estudio de campo de los suelos, su génesis, clasificación etc.,  su adiestramiento en numerosos países es más que precario, doloso. Por supuesto siempre acaecen excepciones. Otros detalles relacionados podéis leerlos en los post aludidos.

Cuando vuelvo la vista atrás, recuerdo tanta precariedad y desdén que solo podía gritar desde mi interior: ¡que he hecho yo para merecer esto!. Obviamente muchos colegas clamaron en balde expresiones parecidas, “pública y privadamente”. Resistí, adquirí cierto reconocimiento internacional, ¡cierto!, empero, ¿hasta dónde podríamos haber llegado tanto yo como otros muchos edafólogos, si la ceguera social y política no hubiera campado a sus anchas?. Las modas son un cáncer en la ciencia, pero marcan las agendas en materia de política científica (ver por ejemplo post como estos: Las Modas en Ciencia y el Sufrimiento de los Científicos Creativos; ¿Hacer Buena Ciencia o Publicar?: Entre la Espada y la Pared)

Puede entenderse que en un momento determinado, las urgencias sociales, que no comerciales, determinen los planes de investigación de países e instituciones. Resulta inexplicable que por tal motivo, se ignore que debemos seguir conociendo el mundo que nos rodea desde todas las perspectivas. Lo que hoy se antoja irrelevante, mañana puede ser determinante. Este es el caso de la edafología a partir de 2015, pero también lo es y lo será de otras, como, por citar tan solo un par de ejemplos, las antiguas escuelas de ecología de los paisajes culturales no anglosajonas, o la agroecología paisajística que tanto necesitaríamos ¡ya!.

Mi tristeza no reside tanto en lo que podía haber logrado alcanzar yo personalmente, sino, sino en vista de todo el conocimiento sepultado o perdido, el cual es evidente cuando uno repasa la literatura científica reciente y detecta sin cesar “viejo vino en nuevas botellas, o los re-descubrimientos incesantes de la dinamita. Actualmente se publican en revistas de gran prestigio estudios sobre suelos llevados a cabo por analfabetos que, si se les pone delante de un perfil y le dices que saquen una foto, en el mejor de los casos se hacen un selfy.

Juan José Ibáñez

De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia (Nuevo Curso Básico y Sus Razones)

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La guerra de las agriculturas: ¿Industrial o Ecológica?

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Ya os hemos comentado en mil y un post precedentes que, cuando los lobbies de presión industriales ven amenazados sus escandalosamente suculentos negocios, reaccionan con virulencia publicando artículos como los tres que vamos a mostrar hoy. En el momento de redactar esta nueva entrega (ha ya un año), las instituciones internacionales y algunos gobiernos luchas por erradicar, en la medida de lo posible, los pesticidas que matan a los insectos polinizadores del mundo (sobre los que se basa gran parte de la producción alimentaria mundial) y en especial los que han demostrado ser cancerígenos. Pues bien, aún siguen saliendo artículos y notas de prensa que cuestionan tal “hecho”, y los juicios contra las industrias que los comercializan, en los tribunales de justicia, se eternizan durante años e incluso décadas. Ahora pagamos la devastación, contaminación y muerte por el incremento de la producción del aceite de palma en las turberas de Indonesia destinados en buena parte a la elaboración de biocombustibles. ¿Biocombustibles?: ¿No es eso una actividad ecológica?.  Pues va a ser que… ni sí, ni no, sino que depende de cómo se lleve a cabo. Y en aquellos territorios entraron multinacionales a saco drenando turberas para poner la puesta en cultivo de la palma, palmita, palmera, generando lo que era previsible, al drenar los Histosoles: hambre, degradación ambiental, pérdida de biodiversidad, y un gravísimo impacto en la salud pública de la población.  Y podríamos seguir ad nauseam, mostrando mil y un ejemplo de sus triquiñuelas/corruptelas, científicas, tecnológicas, políticas, mediáticas y las que sean necesarias.

Pero vayamos directamente contra la argumentación tan retórica como nauseabunda de esta tanda de noticias antiecológicas, ya que los entrevistados que se oponen a tales conclusiones, entran al saco, soslayando lo más evidente: la estupidez lógica de su concatenación ¿ilógica? de razones, como para defender que la agricultura industrial es superior a la ecológica con vistas a hacer frente al abastecimiento de alimentos de la población, que evite hambrunas y garantice la soberanía alimentaria de todos los países y sus moradores.

Pues bien todo su entramado deductivo es fácilmente desmontable. Nadie cuestiona ya que la degradación ambiental de la agricultura industrial ha sido globalmente devastadora. Y no se trata de estudios concretos, o de ecologistas histéricos, sino de aseveraciones de la propia FAO, la UE, y otra plétora de Organismos Internacionales. Más aun la FAO y la UNEP han reconocido públicamente el fracaso de la agronomía intensiva a la hora de resolver los graves problemas alimentarios del planeta, induciendo de paso un aumento de la degradación ambiental, jamás visto hasta la fecha. Y por esta razón, que no por mero capricho, el mundo vuelve la vista a la agricultura ecológica.  Pues bien, ¿Cómo se puede defender ahora aserciones como la que da lugar al titular de la siguiente noticia?:  La agricultura intensiva es tan sostenible como la ecológica ¿¿??.

La conclusión razonada  a su desiderata sería palmaria: ¡No hay solución para nuestros males!. Por mucho que se ha intentado, seguiremos irremisiblemente caminando hacia la destrucción de nuestras civilizaciones y el deterioro irreversible de la biosfera. La respuesta no estribaría pues en esperar sentados a que una debacle tras otra vayan desmoronando unas y otra, ¿o sí?. De la lógica de las argumentaciones de estos tendenciosos o timoratos “expertos” debiera desprenderse que debemos poner freno al crecimiento demográfico y cambiar drásticamente nuestros sistemas socioeconómicos y políticos. Debemos esforzarnos en conseguir una estructura demográfica sostenible (pirámide por edades), entendiendo como tal “estable”, sin aumentos. Si la agricultura intensiva fuera tan sostenible como la ecológica, se desprendería que ninguna lo son en realidad, por lo que debemos seguir contaminando, degradando, matando de hambre, etc…… ¿Lo ven ustedes?. Sus conclusiones son simplemente maquiavélicamente tendenciosas.

Cierto es que se puede contraargumentar cada uno de sus asertos, empero haciéndolo así, los árboles no nos dejarían ver el bosque, ante tal plétora de su cadena de despropósitos lógicos.

Nadie puede negar que aún haga falta tiempo y financiación en materia de investigación y desarrollo, a la hora de lograr los frutos apetecidos de una nueva agricultura y ganadería ecológicas y rentables. La mayor parte de la financiación, hasta el momento, ha ido a parar a los investigadores que trabajan mano a mano del lado de la agricultura industrial. Ahora, reconocido por todos su fracaso, menos por supuesto el de estos cárteles del agronegocio, nos vemos obligados a retroceder sobre nuestros pasos y buscar otros caminos, con vistas a alcanzar una agricultura amigable con el medio ambiente y la salud humana. Defender que agricultura intensiva es tan sostenible como la ecológica, equivale a decirnos que estamos sentenciados, y como corolario: ¡para que nos vamos a molestar en invertir en temas tan exóticos e “intrascendentes” como la agricultura ecológica!.

Tan solo, como comentario adicional, señalar que la agricultura industrial y los hábitos despilfarradores de las sociedades del bienestar, a pesar de sus potentes agroindustrias, se han visto obligados a comprar y arrendar la tierra de los países pobres (el denominado acaparamiento de tierras), con vistas a producir los alimentos que demandan, hundiendo las seguridades alimentarias de los espacios geográficos en donde más la necesitan.  Todo ello ha ocurrido bajo el imperio de la agricultura industrial y sus benefactores lobbies empresariales. ¿Y ahora nos dicen que sin sus modos de proceder empeoraremos la situación?. Jajajajaja. Sobre los cometarios de la primera noticia acerca de los métodos de producción de arroz más de lo mismo, como detallaremos en otro post, o podéis sondear en Internet. Y así se pueden desmontar así todas sus divagaciones. Y me callo ante tanta estupidez, so pena que tuviera que redactar un libro. Os dejo pues con las noticias.

Juan José Ibáñez

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El avance imparable de la agricultura ecológica en detrimento de la Industrial: ¿Intensificación sustentable?.

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Fuente: Colaje Google imágenes

¿“Intensificación Sustentable”?. En los últimos cuatro años ha comenzado a renacer el interés por todo aquello que hemos divulgado en este blog desde 2005, con cientos de post dedicados al tema. La FAO, la Unión Europea y otros organismos internacionales, finalmente “parece que han entrado en razón. “La agricultura industrial es, a todas luces insustentable”.  Esta última daña la salud humana, la soberanía alimentaria y, por supuesto, se encuentra devastando la biosfera.  Empero albergo dudas de si se trate de una moda, o que en realidad ¿por fin? se han abierto los ojos contra los devastadores estragos de la agricultura industrial y la tiranía de los gigantescos lobbies de la agroindustria. A veces pienso que el ser humano es tonto por naturaleza, mientras que también abundan los científicos oportunistas, con una cara más dura que el cemento. Ya he comentado que, en este mundo dominado por el márquetin  e Internet, los palabros atesoran un poder irreprimible.  En aras de retornar a la racionalidad perdida, ahora se habla  de ¿“Intensificación Sustentable”?, que no deja de ser lo que muchos ciudadanos concienciados por su salud, la soberanía alimentaria y el medio ambiente vienen defendiendo desde hace varias décadas.  Al parecer fue Jules Pretty (como veréis en la primera nota de prensa), la primera investigadora que utilizó  el ambiguo y confundente palabro desustainable intensification“. Ahora se vanaglorian de su gran sabiduría. Comienzo a pensar que, con vistas a labrarse una afamada trayectoria investigadora, resulta más útil ser ocurrente que talentoso. Y por ello, retornamos al tema de las modas y la fuerza de ciertos vocablos. Tanto nuestras autoridades, como la comunidad científica, deben dirigirse hacia la concienciación de lo que es bueno para todos, en lugar de dar renda suelta a las jocosas, y a veces perversas  palabras, que no dejan de ser vino rancio en nuevas botellas.

Hoy ofreceremos dos noticias, la primera  que versa sobre la   ¿“Intensificación Sustentable”? (traducida al castellano) y otra más insustancial aparecida en español-castellano que, en el fondo, vienen a decir lo mismo: seguir el camino de la agricultura ecológica y un genuino desarrollo sostenible sobre los pilares del sentido común. Me vuelve a llamar la atención, de que ahora, como en la primera nota de prensa se nos informe de que “Casi un tercio de las granjas del mundo han adoptado prácticas más respetuosas con el medio ambiente sin dejar de ser productivas (…). Los investigadores analizaron granjas que usan alguna forma de “intensificación sostenible”, un término que da cuenta de diversas prácticas, incluida la agricultura orgánica, que usan tierra, agua, biodiversidad, trabajo, conocimiento y emisión de gases de Invernadero” (….) casi una décima parte de las tierras agrícolas del mundo se encuentra bajo alguna forma de intensificación sostenible, a menudo con resultados espectaculares. Han visto que las nuevas prácticas pueden mejorar la productividad, la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas al tiempo que reducen los costos de los agricultores. Por ejemplo, documentan cómo los agricultores de África occidental han aumentado los rendimientos de maíz y yuca; unos 100.000 agricultores en Cuba aumentaron su productividad en un 150 por ciento y redujeron el uso de pesticidas en un 85 por ciento

De lo que se habla en la primera nota de prensa, en gran parte, es que deben haberse contabilizado o añadido las actividades de aquellos pueblos que nunca abandonaron sus tradicionales y sustentables sistemas productivos. Tan solo comenzamos en las sociedades modernas a sumar hectáreas, perdidas por el camino de lo que denominaron progreso, en detrimento de la devoradora agricultura y ganadería industriales.  Comer ecológico era la norma hace unos 50 años.

Cuando uno lee estas noticias, tiene la impresión de que ha surgido un vertiginoso movimiento que se propaga a la velocidad de la luz, cuando en realidad  la FAO, y otras instituciones rogaban por retornar al sentido común, en contra de la propaganda maliciosa de los lobbies de la agroindustria y de unos dirigentes que basaban su sentido de la prosperidad en el dicho de “mala comida para hoy en base al hambre y pobreza del mañana”. Se trata de una percepción completamente falsa. “Roma no se construyó en un día”. Hacen falta decenios, comenzando con ímpetu desde hoy mismo, con vistas a que tal retorno a la racionalidad ecológica y la sensatez se propaguen por todo el planeta.   Defender lo contrario es e necios.

Por lo tanto la buena noticia (la gran buena nueva) sería que retrocediéramos en el camino andado, mejorando su piso con las nuevas tecnologías y conocimientos, ante tanta insensatez humana; si esa que nos lleva al precipicio social y al gran desastre ecológico.

Permítanme que les narre algún episodio de lo que recuerdo de mi España allá por la década de 1960, en un país de economía modesta y doblegada por un dictador fascista. “Hijo(a) retorna las botellas de leche, vino y cerveza a las tiendas y compra (….)”. Casi todo era reciclable, mientras que el plástico un capricho de los ricos. Se compraba en tiendas de los barrios, llevando nuestras bolsas propias de tela. Los comerciantes nos ofrecían sus productos en papel de estraza o de periódico leídos, y así un largo etc.   

En las décadas de 1960/70 arribaron como la quinta esencia de la posmodernidad, los envases no retornables, es decir los que contaminan y apilamos a la postre en ingentes cantidades, que dañan el medio ambiente y afectan a la salud. Poco a poco, aquellos comercios de barrio desaparecieron y fueron reemplazados por las denominadas “grandes superficies”, es decir supermercados, hipermercados,  etc., que por “jugar con ventaja” (se adquiría a precios más baratos a los fabricantes, haciendo uso de varias artimañas, algunas legales y otras no tanto –puedo dar fe de ello-) terminaron por arrasar aquellos comercios y mercados, y como corolario también las comunidades de consumidores de barrio fueron perdiendo sus relaciones vecinales y cohesión social. 

Seguidamente, en la década de 1980, al incorporarse ambos cabezas de familia al mercado laboral, se ganó en bienestar, a cosa de hacer muchas de las compras, semanalmente, en esas grandes superficies, para lo cual hacía falta cargar todo en los automóviles personales, consumir enormes volúmenes de gasolina, contaminar, envolver todo en plásticos y más plásticos, etc. Finalmente, a partir de la década de los 2000, aquella ventaja de dos cabezas por familia, dos trabajos, dos sueldos, terminó por diluirse hasta el punto en que el uno más uno ya no era igual a dos, sino a uno. Es decir, que deben trabajar los dos para alcanzar las mismas ganancias que antes lo hacía uno, con un móvil, una TV y algunos DVD de regalo. Y por favor que no se me malinterprete. Defiendo a ultranza la incorporación al mercado laboral de la mujer.  Sin embargo no se puede digerir, que ahora trabajemos más horas dispongamos de menos tiempo para estar con nuestros hijos, que no podamos, a menudo, ni tomar una cerveza con los amigos en el bar de abajo y que para más inri, los empresarios nos califiquen de vagos a todos aquellos que no estén pensando en el trabajo las 24 horas del día.

La tecnología debe ayudarnos a vivir mejor, a hacernos más libres, empero,  ha ocurrido todo lo contrario. Tecnología para el bienestar, no tecnología para soportar el malestar.  Cambiar los modos de vida de los ciudadanos cuesta mucho, nos engañaron, y ahora retroceder será una tarea de titanes. Empero conseguir los propósitos del desarrollo sostenible exige retroceder, mejorar el piso de la carretera con lo mejor de la tecnología actual y andar por un nuevo camino.

El caso de Cuba, política aparte, fue imperativo, se hizo de la necesidad virtud y por ello su huella ecológica es “0” o insignificante. Todo debe cambiar, pero no para que todo siga igual. Lo mismo ocurrió con la agricultura a partir de la denominada revolución verde de los años 1960

Uno de los padres: Hijo(a) retorna las botellas de leche, vino y cerveza a las tiendas y compra (….).

Hijo(a): Solo si me prometes un Smartphone “Gold”, y me compras el último videojuego. ¡¡¡UFFFF!!!,

Uno de los padres: No te preocupes hijo bajo yo, para que no termines lastrado por la esclavitud infantil.  ¿¿??

Os dejo, no sin antes recomendar vívidamente que leais las buenas noticias, pero no olvidemos el pasado, si deseamos un futuro mejor para nuestros hijos y una naturaleza más sana. 

Juan José Ibáñez

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La Crisis Mundial por Escasez de Suelos Fértiles que se Avecina (¿Huertos Inteligentes?).

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Huertos Inteligentes: Fotos y Composición: Juan José Ibáñez

De la noticia que os vamos a ofrecer hoy solo me interesan cuatro aspectos puntuales, aunque no dejen de ser contradictorios. El primero concierne a la gravedad mil veces soslayadas de que, hoy por hoy, apenas quedan suelos fértiles no cultivados con vistas a aumentar la producción de alimentos a escala mundial. El segundo estriba en que la FAO, ya ha comunicado públicamente, y en reiteradas ocasiones, que la cacareada “revolución biotecnológica” que nos salvaría de cualquier mal, ha demostrado ser un fiasco propagandístico de los “toca-genes”. El tercero deviene de que necesitamos imperiosamente datos globales “fiables” para evaluar los “posibles” fututos de la agricultura a escala mundial.  Finalmente, el cuarto da fe de, como cuando se es espabilado, un centro de investigación o universidad regional puede intentar convertirse en otro de Referencia Mundial y obtener pingues beneficios, y a la postre lograr una gran notoriedad. Si hablamos del último, tan solo mentaré en esta ocasión que, con vistas a tal asalto a la fama, los británicos y holandeses son verdaderos maestros.  ¡Pero cuidado, ya que no se trata de generosidad!, ¡ni mucho menos!, sino de un proyecto del que saldría principalmente beneficiado la institución que ofrece ¿regalos? como si se tratase de  hermanitas de la caridad. ¡Lobos con piel de cordero!, aunque estén en todo su derecho de intentarlo. Sobre este tema, aún permanecen en la escena científica algunos colegas a los que unos pocos logramos cortar por lo sano sus perniciosas intenciones de convertir una iniciativa paneuropea en otra privada, de los dos países mentados.  Personalmente, tuve que pagar las dolosas consecuencias, aunque mirado retrospectivamente puedo alegar que con mucho gusto. ¿Así he ido ganando enemigos, si bien no para beneficio propio, sino de todos. Algún día hablaré como actúan tales lobbies y las habilidosas artimañas que son capaces de usar.  

La FAO ya ha advertido del problema: no quedan prácticamente suelos fértiles que poner en cultivo al objeto de solventar la soberanía alimentaria, mientras que nuestra sociedad en lugar de lograr aprovechar más tierras las degrada y como corolario mengua. Es decir, que muchos de los productivos pasan a otros usos menos necesarios, pero que procuran beneficios a ciertas empresas y otros sectores económicos. Según la FAO, más de 1,300 millones de personas correrán el riesgo de no poder ingerir bocado alguno en poco tiempo, si el neoliberalismo financiero sigue su descontrolado vandalismo. Como sabrán ya en Latinoamérica (léase por ejemplo Argentina y Brasil, a fecha de 2018), las denominadas crisis económicas de los países que denuncia públicamente tanto el Fondo Monetario Internacional, como el Banco mundial, se atajan a costa de acrecentar la pobreza de sus ciudadanos. Se realizan las reformas recomendadas,  inyectan ingentes sumas de dinero y luego se felicitan así mismos, cuando en realidad el resultado más palmario estriba en que la población termina por empobrecerse hasta límites, a veces insostenibles. España es una caso, pero el de Grecia ha sido dramáticamente espeluznante.   Se sale finalmente de la crisis, todos aplauden, cuando en realidad la pobreza y el derrumbe de la sociedad del bienestar se ha transformado en la del “mal estar viviendo”. No me entra en mi cabeza de ratón aquello de “el país gana, sus ciudadanos pierden”, que no deja de ser un parafraseado encubierto del de “la banca siempre gana, a cambio de que perdamos todos los demás”. En la nota de prensa que podéis leer abajo se explicita:

Dado que cerca del 95% de los alimentos destinados al consumo humano dependen del suelo para su cultivo, la FAO ha advertido a la comunidad científica de que si la agricultura sigue manteniendo su enfoque comercial tradicional, lo que supone la pérdida de aproximadamente 60 acres de tierra fértil cada minuto, la capa superior del suelo del planeta se habrá degradado por completo en 60 años, lo que pondría fin sin duda a las prácticas agrícolas”.

Pero como sabéis que mi cabeza de ratón alberga aún alguna neurona, no dejo de preguntarme que si es así, ¿Por qué preocuparnos del cambio climático?. Chivo expiatorio, espectro/fantasma de una economía global que va hacia el abismo. Supongo que el plumillas no habrá entendido bien lo qu escribe, o lo que es peor aún que el redactor de la nota de prensa original también perdiera el norte, al señalar: “FAO ha advertido a la comunidad científica” . ¿Qué tienen que ver los científicos cuando son los ideólogos de esta economía kafkiana que padecemos los responsables?. En el peor de los casos, somos incompetentes. Empero: ¿Quién financia lo que debemos investigar y lo que no?, ¿No son justamente los que nos han empujado hacia este laberinto, casi sin salida, que sufrimos en el Planeta.  

Pero investigadores de uno de los Estados ya aludidos, trasvertido de Supermanes  obtienen un buen dinerillo y nos cogen casi siempre, la delantera, como es el caso del contenido de la noticia que podéis leer abajo, es decir: “Huertos inteligentes para ayudar a salvar el suelo de la Tierra”. Estuve unos pocos días, a finales de los años 80, en aquella Universidad cuando se encontraba sufriendo una seria crisis de financiación. Empero dejemos ese asunto porque también tiene su miga.

Para abordar este problema, la Universidad de Dundee está liderando un proyecto innovador denominado convenientemente Grow Observatory o GROW, en el cual  ha desarrollado una plataforma integral para estimular la conservación del suelo y mejorar los métodos sostenibles de producción de alimentos en Europa. El proyecto en cuestión se denomina, como hemos dicho “Grow Observatory”. El propósito, según ellos, es convencernos que con un teléfono tonto (también conocidos como teléfonos móviles inteligentes) y unos instrumentitos (sensores) que ellos nos ¿regalarán? (con fondos de terceros), ayudarán a “recopilar datos relevantes de esos huertos para ayudar en la lucha contra el cambio climático y resolver la crisis alimentaria del planeta”, monitorizando la calidad de nuestros suelos. Francamente lo dudo mucho. En el mejor de los casos, recopilarán información de alguna relevancia y luego cobrarán, una vez instaurado el andamiaje, a todos, por sus servicios prestados, publicando de paso muchos “artículos científicos a partir del trabajo de unos y la buena voluntad de otros”; verbigracia del esfuerzo de las almas cándidas que se traguen toda esta propaganda”. No lo dudéis, son así.  La única vía de escape sería que tal monitorización, que, en este caso tan solo afecta a toda Europa, pase a ser gestionada por un organismo multinacional que en nuestro caso sería la propia Unión Europea. Eso sí, como los palabros impactantes deben anteponerse a toda noticia sexy “lo de huertos inteligentes”. En fin (…) Toda la noticia en sí misma es pura demagogia, ya que la evaluación de la calidad de los suelos no se soluciona con un sensor, imágenes satelitales y un teléfono móvil.

Así anda el mundo, espejo de la bobalización que cala en gran parte de la ciencia actual. ¿Y quién tiene la culpa?. Pues… ¡El cambio climático!, que nos a atontado a todos.

O dejo con la noticia……

Juan José Ibáñez

Continua……

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