La Compactación del Suelo: Exploración del Suelo por las Raíces II

 

Vamos a continuar con lo que dejamos a medias hace ya algún tiempo. Habíamos estado hablando de los más importantes tipos de sistemas radiculares  (axonomorfos, fasciculados, profundos, superficiales, dimórficos,..) y de cómo la distintas especies de plantas presentan, bajo condiciones normales, un sistema radicular característico. Este viene determinado por la estrategia principal que siga cada especie para obtener el agua del suelo, que en las plantas vasculares  se pueden resumir en dos: a) maximizar la absorción de agua en la zona superficial, y b) la búsqueda de agua a través del perfil del suelo. Esto ya lo habíamos comentado y nos quedaba ver como ciertas características de los suelos, sobre todo las desfavorables, pueden afectar al desarrollo normal del sistema radicular.

  Las raíces necesitan para poder desarrollarse agua y oxígeno, y además debe existir un espacio poroso adecuado entre las partículas del suelo por el que poder ir creciendo. El principal obstáculo con el que se puede encontrar la raíz en su crecimiento es el impedimento mecánico. Ello puede deberse tanto a la presencia de rocas u horizontes muy pedregosos a poca profundidad, como a la presencia de capas  de suelo endurecidas o compactadas, en las cuales la densidad es alta y existen pocos espacios entre las partículas. Debemos tener en cuanta que, aunque las raíces son capaces de penetrar por grietas y poros muy pequeños, las paredes de éstos deben ser capaces de ceder ante la presión ejercida por la raíz. Conforme va aumentando la densidad del suelo el crecimiento de las raíces va requiriendo un mayor gasto de energía y su desarrollo se va viendo afectado, pudiendo verse totalmente impedido si la compactación es excesiva.

 

Estas capas u horizontes más compactados se desarrollan de forma natural en algunos suelos, pero es en los terrenos con uso agrícola intensivo o pastoreo excesivo, en las zonas urbanizadas y en las áreas recreativas (parques, jardines,..) muy frecuentadas,, cuando la compactación puede convertirse en un grave problema Esta compactación o aumento de la densidad del suelo se produce por la aplicación de presiones, ya sea por el paso de maquinaria agrícola, camiones u otros vehículos, o por el continuo pisoteo de animales o personas. Es importante saber que la compactación se agrava cuando las rodadas o el pisoteo se realizan cuando el terreno está húmedo (se compacta más y a más profundidad) y cuando el suelo tiene poca materia orgánica. También son peores sus efectos cuando los suelos son pesados y arcillosos.

 

Su principal consecuencia es la modificación de la porosidad. A medida que se incrementa la compactación disminuye el espacio poroso, especialmente la porosidad de mayor diámetro que es la ocupada por el aire y el agua útil. La infiltración también se ve afectada pues disminuye la permeabilidad de la capa compactada. Si esta compactación se produce en la capa superficial  se producirá un incremento de la escorrentía y de la erosión  y si la capa compactada está a una cierta profundidad aparecerán problemas de encharcamiento al disminuir la velocidad de infiltración. La mayor escorrentía y la menor tasa de infiltración hacen que una parte del agua caída no pase a las capas inferiores del suelo, por lo que cuando el suelo se encuentra compactado la reserva de agua del suelo es menor, lo cual es un grave inconveniente para las plantas en los climas semiáridos. Es fácil detectar los problemas de compactación por la rápida aparición y persistencia de los encharcamientos después de las lluvias o de los riegos ( no hay más que fijarse en la mayor duración y extensión de los charcos en los caminos que en los terrenos de los alrededores).

 

Cuando las raíces se encuentran con una de estas capas compactadas detienen su crecimiento o cambian de dirección, hasta que encuentran una zona con porosidad adecuada y de menor resistencia. A veces pueden introducirse por grietas existentes entre los terrones endurecidos,  por anteriores canales realizados por raíces ya muertas o por otros canales  excavados por las lombrices. Pero esta distribución radicular a través de algunas fisuras existentes en el suelo endurecido no permite una buena exploración del volumen del suelo. 

 

Quizá sea  la compactación el principal problema de degradación de la estructura de los suelos agrícolas a nivel mundial. Son muy conocidos los efectos negativos sobre los cultivos de la llamada “suela de labor” o “pie de arado”, capa bastante dura e impermeable que dificulta la penetración radicular y que se produce por el paso repetido a lo largo de los años de las labores a una misma profundidad (normalmente a unos 20 o 30 cm). La zona compactada aparece justo por debajo de este límite, donde van se van ejerciendo las periódicas presiones de los aperos. Además de los aperos de labranza, también causan compactación el pisoteo del ganado y las ruedas de los tractores ( el paso de maquinaria pesada es lo que produce mayor compactación y con un efecto más inmediato).

 

Tradicionalmente es en la agricultura donde se ha prestado mayor atención a este problema, debido a la disminución que produce en el rendimiento de los cultivos. También son desde hace mucho conocidos  sus graves efectos sobre los terrenos donde se realizan repoblaciones y explotaciones forestales , entre los que destacan el incremento de la escorrentía y la erosión de las laderas por el uso de maquinaria pesada y el tránsito frecuente de vehículos. Más reciente es la preocupación  por la compactación de los suelos debida a las grandes obras públicas. En sus estudios de impacto ambiental, entre las medidas preventivas, se determina la restricción al mínimo posible de las zonas de tránsito de la maquinaria. Otra cosa es que luego esto se cumpla, pues uno de las puntos débiles de las  declaraciones de impacto ambiental es la insuficiente vigilancia y control durante las fases de obra.

 

En muchos parques y zonas ajardinadas, donde se han realizado movimientos de tierras con tránsito de maquinaria  o donde es intenso el pisoteo o el paso de vehículos, suelen ser, también, frecuentes los problemas de compactación. Esta compactación no solo afecta a las plantas que comienzan a desarrollarse sino que también puede producirse una vez que ya están desarrolladas las raíces. Esto es lo que ocurre cuando se realizan obras en las cercanías de árboles ya desarrollados. Hoy en día es normal ver los troncos de los árboles protegidos por  maderos u otras estructuras para evitar las heridas, casi inevitables, cuando se maneja maquinaria en sus cercanías. Pero lo que no es tan común (más bien es muy infrecuente) es la preocupación por su sistema radicular. Además de proteger el tronco habría que establecer un perímetro lo mayor posible (la extensión lateral de la raíz puede superar fácilmente el doble del diámetro de la copa) en el que no pudiera circular la maquinaria pesada, con el fin de protegerlos de la compactación. Esta puede hacer que el suelo alcance densidades muy altas (que pueden llegar a ser superiores a los superiores a los 2 gr /cm3, parecidas a las del ladrillo o el hormigón). El daño realizado no se verá seguramente durante la realización de las obras, pero muy posiblemente aparecerá al cabo de pocos años. Los árboles afectados sufrirán problemas de asfixia radicular y serán atacados más fácilmente por las enfermedades. Irán debilitándose y finalmente muchos morirán o sufrirán graves daños en su porte y vigor, pero ya nadie será ni se sentirá responsable.

 

De los dos tipos principales de compactación, la superficial es relativamente fácil de solucionar realizando una roturación en superficie ( arado superficial, rodillos aireadores). En el caso de la compactación en profundidad las técnicas actuales no parece que aporten soluciones estables a largo plazo. Se suelen realizar roturaciones en profundidad (subsoladores, arados de vertedera) con los que se va  rompiendo la capa endurecida para permitir la infiltración del agua y el paso de las raíces a través de las agrietamientos producidos. Hoy en día las descompactaciones por debajo de la profundidad normal del arado son difíciles de resolver y de alto coste económico.

 

Algunos agentes naturales actúan contra la compactación de los suelos. Entre ellos podemos resaltar los ciclos de congelamiento-descongelamiento de las capas compactadas en los climas fríos, o la alternancia entre periodos húmedos y sequías que se producen en otros suelos. También actúan descompactando el suelo la acumulación de materia orgánica con el paso de los años y la actividad biológica (crecimiento de las raíces, canales excavados por lombrices y otros animales,..). Pero hay que tener en cuenta que es un proceso lento y, además, es menos efectivo conforme mayor es la profundidad de la capa afectada. Si el problema que causa la compactación no cesa (como ocurre con los campos cultivados un año tras otro), la compactación se mantiene o se va incrementando con el tiempo.

 

Pero el impedimento mecánico no es el único obstáculo que pueden encontrarse las raíces en los suelos compactados, sino que también lo son el exceso de agua y la falta de oxígeno. Este tema lo dejamos para nuestro próximo comentario.

 

Juan Pedro Zaballos

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