Análisis de la acumulación de energía por las plantas. Una forma de reflexión ante los cultivos agroenergéticos. (Salvador González Carcedo)

Cada vez que pongo los pies sobre esos suelos agrícolas de Castilla me entran sudores y me pregunto constantemente cómo los agricultores de mi Tierra van a desarrollar cultivos agroenergéticos, cuando el costo principal, los agroquímicos, alcanza el 70% del total, y seguirá subiendo, en la medida que suba el precio de la energía necesaria para sintetizarles, embalarles, trasportarles y extenderles a pié de cultivo. La solución parece clara, dejemos de usar agroquímicos. Pero ¿Es factible?.

 

Podemos hablar de moobing cuando hablamos con determinados técnicos. Usar los suelos en cultivos agroenergéticos, bajo criterios de agricultura ecológica y/o de conservación “pone de los nervios” a muchas personas del sector de los agroquímicos, deja preocupados a los del “negocio del biofuel”, alegra a los ecólogos y debiera de estimular a los edafólogos a participar, tanto en su investigación, como en conseguir el cambio del “chip” de los Ingenieros “productivistas” al aportarles criterios alternativos aceptables. Pero buscar soluciones correctas es todo un reto.

 

Sabemos que los suelos de uso (o abandono) agrario, en el estado de degradación en que se encuentran, producen poco y deben de protegerse (cuanto antes) mediante sistemas y objetivos de producción, que difieren radicalmente de los que actualmente se preconizan.

Su estudio precisa desarrollar estrategias de futuro, cuya planificación en el tiempo estén alejadas de los avatares políticos turno y puedan acoplarse los intereses industriales del sector agroenergético.  Deben de basarse en criterios sencillos, claros y valorados. Este se debe a que hablamos sin decirlo, de un recurso (el suelo) cuya “renovación” precisa de decenas de años para conseguirse, y exige conductas basadas en sólidos criterios edafológicos.  Y no basta decir, “como no hay materia orgánica, pues se la añadimos” (porque es un compost y por eso es buena).  Errores simplistas como éste, pueden causar igual o más daño que la estrategia agroquímica aplicada hasta ahora.

 

La Química Agrícola, contiene aspectos económicos, que los edafólogos no podemos de olvidar. Y uno de ellos tiene que asumirlo, por quienes tienen competencias para ello, mediante la aplicación firme de ciertos criterios económicos alternativos, no con la pretensión de ahorrar al “consumidor del biofuel” unos céntimos de euro (para eso está una bajada drástica de los impuestos que gravan a estos tipos de gasolinas) sino para resolver las diferencias de renta entre los productores, los transformadores (empresas integradas en grandes conjuntos económicos internacionales) y los consumidores finales (hoy ajenos a toda esta problemática).  Este era un objetivo fundamental que tenía la “casi extinta PAC”.  Y evitar un gasto por quienes tienen rentas bajas, debe de asociarse con esta propuesta global.

 

Frente a los desarrollos actuales de la agroenergética, basados en utilizar para este fin, las plantas “que conoce bien el agricultor”, un criterio científico básico, debe de centrarse en analizar cómo o donde la planta acumula la energía que, inicialmente lumínica, se transforma en energía de enlace químico.  Ahora no interesa decir que el ATP, el GTP o los polifosfatos son moléculas energéticas.  Debemos buscar, en plantas propias o muy adaptadas a cada entorno edafoclimático, qué compuestos químicos estructurales o de reserva, con una acumulación energética significativa o posible transformación técnica, son útiles para nuestros propósitos energéticos.  En realidad eso es lo que se ha venido haciendo hasta ahora con las plantas de uso alimentario. Y la investigación está abriendo muchos y nuevos caminos realmente provechosos.  Repasemos algunos de los hechos.

 

Quien afirma que la glucosa tiene mucha energía, no le falta razón. Cultivos como la caña de azúcar o la remolacha azucarera acumulan su dímero (la sacarosa) en tallo o raíz, en tales cantidades, que su extracción industrial, permite una rentabilidad suficiente (aunque el sobreexceso de producción, para uso humano, limite su cultivo a nivel global).  En otros casos, en la semilla se acumulación glucosa polimerizada, (almidón), permite cultivos como el trigo, el arroz o la patata que mediante transformaciones, más o menos complejos nos permiten obtener variadas formas alimentarias.  Pero además, el potencial fermentativo de sacarosa o de los almidones, abre el campo a otros cultivos como el de la vid o la cebada, generando una gigantesca gama de bebidas alcohólicas (con alto IVA y una tremenda recaudación de impositiva). O quizás debiéramos de decir en lenguaje mas cursi al uso “bioetanólicas”.

 

Y criticando a quienes hacen del uso del profijo “bio” (bioetanol, biosólidos… ) habría que decirles que el prefijo “bio” debe de aplicarse con un criterio único y sensato dado que las fermentaciones (todas) son procesos biológicos (siempre) y por lo tanto los productos generados siempre serán siempre “bio”. Los  términos bioalcohol, bioetanol son obviedades de la palabra alcohol o etanol.  Pero aplicar el mismo prefijo a los conocidos “biosólidos” es por lo menos sorprendente, ya que la producción de esos “granitos esféricos” son la consecuencia de un procesos de floculación (no de fermentación) en el que los compuestos que inducen y se responsabilizan del proceso asociativo son “compuestos inorgánicos” en un 70-80%.   Pero la cuestión no es baladí, dado que el uso de esta palabra, en el caso de los biosólidos tienen detrás una connotación de “inocuo, sanitariamente o biológicamente hablando” que está induciendo a error.

 

Siguiendo con el objetivo de este post, otro gran grupo de vegetales son capaces de acumular triglicéridos en sus semillas. Del cultivo de las mismas se obtienen aceites. En este caso, curiosamente, se aceptan manejos agrarios tanto para plantas leñosas y no leñosas.  Entre las primeras se cultiva el olivo y la palma, y entre las segundas el maíz y el algodón.  Con una riqueza variable, los vegetales han optado por esa  línea evolutiva.

 

Pero no solo debemos de pensar (agro-energéticamente hablando) en las posibilidades que nos proporciona la forma de acumular energía química en la semillas. Finalmente otro grupo  vegetal esconde su energía en forma de compuestos protéicos, que no por su excelencia energética, sino por su capacidad nutricional, es también cultivado, con bastante buenos resultados económicos.

 

Pero es evidente que existen otras formas de energía en las que se basa la producción vegetal. Ciertamente algunas plantas están siendo utilizadas para acumular ciertos ETPs que agrupamos bajo el nombre de metales pesados.  Ahora su esfuerzo energético se orienta hacia la generación de compuestos que eviten ese impacto tóxico dentro de la planta.  Su metabolismo participa en muchos casos usando azufre, generando polímeros del glutaión (como las fitoquelatinas), y compuestos azucarados o lípidos, con una elevada capacidad de acumulación de los citados tóxicos (que para ellas  no lo son).

 

En este repaso al metabolismo vegetal, no podemos olvidar la ruta del “isopreno activo” que muchos vegetales han desarrollado intensamente. ¿O nos hemos olvidado de las plantas que acumulan un latex del que se obtenía el caucho? ¿y tenemos algo que decir de las resinosas?. Yo sigo creyendo que su combustión genera mucho calor.

 

Un campo, reconocido por todos por su interés agroenergético directo, pero que debe de ser revisado atentamente, centra su atención en la generación de estructuras vegetales y en el nivel de densificación de sus componentes moleculares.

 

En este sentido, aunque siempre está presente la celulosa, su distribución espacial y organizativa, la longitud y densidad de sus fibras, la naturaleza de sus enlaces, la presencia de componentes moleculares que la acompañan para evitar la pérdida de agua, o la elevación del porte, la existencia de componentes poliméricos, como las ligninas y las proteínas (sobre todo en proteaginosas), y un largo etc,  hacen del estudio de esta biomasa un inmenso arca de investigación y un caudal de posibilidades de uso que la agroenergética aún no ha prospectado. 

 

Es evidente que el contenido en agua de las herbáceas afecta al secado, troceado y peletización.  Pero existen vegetaciones como los musgos, cuya evolución nos proporciona la turba… De la misma manera la capacidad energética de los residuos de la madera o sus las posibilidades tecnológicas de los subproductos generados por sus procesos de transformación tienen gran interés y su análisis generará nuevas  expectativas.

 

En estas circunstancias, los desarrollos agro-silvícolas (combinación de plantación de hileras forestales entre cultivos herbáceos puede y tiene un interés no solo en el control de la erosión o en el mantenimiento de la temperatura y humedad de los suelos, sino también en la lucha contra plagas, en la regeneración de una biodiversidad ampliamente olvidada y en la recuperación de paisajes que, como el de la dehesa, ya están prácticamente olvidados en nuestra geografía agraria.

 

Es evidente que con instrumentos como las formas ecológico-productivas, el uso de la micorrización en herbáceas, la combinación de estrategias agrosilvícolas, diversificamos el riesgo y nos adentramos en “otro horizonte agrario” que puede armonizarse con el agroenergético.  Además podemos combinar hechos como la explotación frutícula y el desarrollo forestal para producir maderas, que como la del cerezo o de la encina con un valor contrastado.

 

Pero todo esto debe de experimentarse (ya se está haciendo desde la Universidad de Extremadura) donde el adehesamiento tiene una gran tradición.  ¿Volverán a aparecer los almendros, los nogales o las encinas en nuestros campos?  ¿El agricultor se convertirá también en productor de almendras, nueces o trufas? No lo sé.

 

Pero si se que, estas estrategias asociadas al uso de plantas micorrizadas, (con un descenso obligado en el uso de los agroquímicos y, por ende, de un descenso de su factura económica) contribuirán a una elevación masiva de la materia orgánica de los suelos (contribuirá a la lucha contra el cambio climático y el contenido en CO2 atmosférico), evitará la erosión (dado que su agricultura emplea sistemas de mínimo laboreo), pero sobre todo, diversificará los riesgos económicos y cooperará, si se lo permiten a elevar su nivel de vida cuando sus producciones energéticas se asocien al valor del combustible?.

 

Los ingenieros agrónomos deberán de enseñar a micorrizar semillas de las plantas herbáceas usadas en el cultivo. Además deberá de aconsejar sobre el empleo de tal y cual especie o variedad (según el objetivo agroenergético, no alimentario) lo que le obligará incluso a reconducir el concepto de “mala planta”.  La rotación de cultivos deberá de incluir fijadoras de nitrógeno dentro de cada ciclo de rotación.  Incluso inicialmente deberá de incluir en la rotación de cultivos alguna planta, con capacidad de fito-acumulación de determinados iones con potencialidad tóxica….

 

Con mis mejores deseos de que este post induzca a la reflexión y a la búsqueda de alternativas.

 

Saludos cordiales,

 

Salvador González Carcedo

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