El Color del Cisne Negro o la Soledad del Científico Creativo

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Carlos M. Herrera de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y Revista Quercus

La Estación Biológica de Doñana alcanzó ya hace meses el medio siglo de existencia. ¡Felicidades!. Se trata de uno de los centros más emblemáticos del CSIC en materia de investigación y conservación de la biodiversidad, atesorando un gran prestigio internacional. La Revista Quercus, una de las más veteranas en estas lides del panorama español, se ha hecho eco de tal acontecimiento, publicándose algunos artículos de sus investigadores más reconocidos. Carlos M. Herrera perteneciente a Estación Biológica de Doñana, (CSIC) publico un ensayo que lleva por título “Sobre el Color de los Cisnes”. Mi antiguo amigo y Colega, Gonzalo Almendros, también ahora en el MNCN, me renvió un correo electrónico Luis María  Carrascal De La Puente del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) en el que se extrae del artículo de Herrera Los comentarios que reproduzco  la firmaría con los ojos cerrados. Abajo os dejó el contenido del mail, esperando que nadie se ofenda (tampoco esta revista divulgativa, una de las decanas del panorama ecológico español). Del mismo modo reproduzco la entradilla que ofrece en acceso abierto  Quercus. Tras la frase matizaré un poco, otro comentario de Herrera. Sin embargo, el propósito de este post es el contenido aludido que expongo a continuación, ya que el jueves 18 de septiembre de 2014, comencé a impartir un año más mis clases en la Universidad Politécnica de Madrid en un master de posgrado sobre la Metodología de la Investigación Científica, en la cual defendía ante los alumnos algo parecido.  sería más o menos así. 

Si pensáis que la publicación de un estudio novedoso y audaz en una revista científica de prestigio debiera estar garantizada os equivocáis de plano.  La historia de la ciencia muestra el calvario que han debido pasar muchos grandes investigadores a la hora de que sus estudios fueran aceptados por parte de la comunidad científica. En esta asignatura os mostraré episodios que van más allá del desdén, entrando en la categoría de la mala praxis y fraude. El camino de la indagación investigadora, en el pasado, se encuentra sembrado de cadáveres. Las teorías novedosas suelen ser transgresivas con los supuestos aceptados por la comunidad científica en un momento concreto de la historia, mientras que el establishment las defiende a capa y espada, por cuanto fueron arquitectos de lo que se establecía como “científicamente correcto” en aquellos periodos. Nace pues un choque inevitable en el cual el investigador transgresivo lleva todas las de perder, aunque finalmente el tiempo dicte sentencia a su favor, a menudo tras fallecer. Lamentablemente somos humanos, y casi ninguno de nosotros escucha la voz del Premio Nobel  Ilya Prigogine  cuando alegaba algo así: Un choque de doctrinas no es un desastre sino una oportunidad”.  

Os dejo ahora con el párrafo de Carlos M. Herrera:

Soy de los que opinan que no existe mejor alimento para la creatividad científica que la incómoda y frustrante combinación de aceptada ignorancia, curiosidad insaciable y soledad intelectual. Hablo de creatividad, no de productividad, que no son la misma cosa y a menudo se oponen. La productividad puede servir para ponerse a la cabeza de un rebaño de competidores, mientras que la creatividad consiste en salirse del rebaño. Quienes estábamos en la EBD durante las décadas iniciales de su historia éramos terriblemente ignorantes, patológicamente curiosos y estábamos muy aislados. También éramos muy pobres, lo que aguzaba el ingenio.”.

Carlos M. Herrera

Conocí a Herrera cuando ambos formábamos parte del Comité Científico Asesor de la Presidencia del CSIC. Nos encontrábamos allí por distintas razones y caminos, defendiendo los intereses del área de Recursos Naturales. Ciertamente mantuvimos varias discrepancias, especialmente en lo referente a  la decadencia del ingreso de taxónomos, justamente en el MNCN. No obstante los dos éramos mucho más jóvenes y como corolario, arrogantes e impetuosos.   

Tan solo un comentario a la entradilla en acceso abierto de Quercus, en la que Herrera comenta “En un libro homónimo publicado por primera vez en 2007, el economista y estadístico de origen libanés Nassim Taleb acuñó la metáfora del “Cisne Negro (…)”. Pues bien, tan solo recordar que el dilema cisne blanco vs cisne negro dio lugar a un debate muy acalorado en filosofía de la ciencia, y especialmente centrado en las críticas vertidas contra la antigua escuela conocida bajo el vocablo de inducción (ver post de nuestro Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia), estando el denominado modus tollendo tollens en medio de la controversia.  Por lo tanto, considero la metáfora del “Cisne Negro” de Nassim Taleb, no es muy original (en lo que al título se refiere) estando basada en la multitud de escritos que versan sobre este silogismo. No obstante con ello no deseo decir que constituya plagio alguno como se detalla aquí, hablándonos de fractales, modelos de distribución de la abundancia y otros asuntos que hemos discutido durante casi diez años en nuestra bitácora.

Mis más cariñosos recuerdos para Carlos M. Herrera y el resto de la plantilla de la Estación Biológica de Doñana y de paso también a la incansable labor de la Revista Revista Quercus. Abajo os dejo también una de las múltiples versiones del controvertido silogismo del Cisne Blanco, que por cierto no es la mejor, pero no he encontrado otra en Internet.

Juan José Ibáñez

Razonamiento Inductivo: Las premisas son singulares y la conclusión es de aceptación universal, en el que la falsedad de una premisa invalida la conclusión

El cisne 1 es blanco

 El cisne 2 es blanco

 El cisne 3 es blanco

 El cisne 4 es blanco

 El cisne 5 es blanco

 El cisne N es blanco

 Por lo tanto, todos los cisnes son blancos

Acaba de caer en mis manos el número de Quercus de Septiembre de 2014. Una parte de la revista se dedica a destacar el 50 aniversario de nuestro centro hermano (¿?) de investigación: la Estación Biológica de Doñana. (…)

Recomiendo la lectura del artículo “Sobre el color de los cisnes” que escribe un histórico de la investigación en “historia natural” y ecología: Carlo M. Herrera. Entre lo que he leído, destaco las siguientes palabras…que tienen su miga: (la frase expresada arriba).

Luis M. Carrascal

MNCN CSIC

Entrada en abierto de Herrera en la Revista Quercus

El plumaje de los cisnes, incluida la fealdad de sus primeras etapas, ha sido un motivo recurrente para la creatividad humana. Unas veces por su belleza, otras por su rareza y al fin por sus transformaciones, tanto mágicas como del todo naturales. El devenir de la Estación Biológica de Doñana también puede explicarse con el auxilio de un cisne.

Por Carlos M. Herrera

Viene de antiguo la antropocéntrica costumbre de adjudicar ciertas cualidades a determinados animales. La astucia es para el zorro. La sabiduría, para los búhos. La agudeza visual, para el lince. Elegancia y armonía han sido siempre patrimonio de los límpidos cisnes, que inspiraron a creadores separados por siglos, como Tchaikovski o Aronofsky. De manera un tanto chocante, al menos a primera vista, el significado alegórico de los cisnes se ha visto ampliado recientemente, al trascender del territorio de las artes escénicas para entrar de lleno en un mundo tan radicalmente diferente como el árido y cuantificado ámbito de la estadística.

En un libro homónimo publicado por primera vez en 2007, el economista y estadístico de origen libanés Nassim Taleb acuñó la metáfora del “Cisne Negro” para referirse a una peculiar familia de fenómenos que, desde su punto de vista, son cruciales para comprender el desarrollo histórico de las sociedades humanas y otros sistemas complejos. Para Taleb, un Cisne Negro (escrito así, ambas en mayúsculas) es un hecho extremadamente improbable que “habita fuera del reino de las expectativas normales, porque nada del pasado puede apuntar de forma convincente a su posibilidad.”

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