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Revistas Científicas de Prestigio, Monopolios, Investigadores y Políticas Gubernamentales: El Gran despilfarro Económico

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Fuente: Google Images

Volvemos sobre un tema que tratamos brevemente hace ya muchos años. Por mucho que se nos pretenda convencer de que el sistema de evaluación de las publicaciones aparecidas en las grandes y prestigiosas editoriales científicas eresuilta ser un proceso objetivo, se trata de una  aseveración rotundamente falsa. Más aún, se nos efrentamos a un sistema por el que se escapan miles de millones de Euros o dólares que, de otro modo, podrían ser utilizados en la propia indagación científica, en lugar de ir a parar a los bolsillos de los accionistas de las mentadas multinacionales. En un momento en que muchos países se ven obligados a reducir el gasto público en materia de investigación e innovación, tirar el dinero por el desagüe, no deja de ser  absolutamente estúpido y recriminable.  Hoy os muestro tres noticias dos, en español-castellano y otra en suajili, que he traducido al primero,  cuyo título en cristiano resulta ser: ¿Es hora de nacionalizar las editoriales académicas?. Defiendo que la respuesta rotunda debía ser ¡sí!.

Abajo observaréis los escandalosos beneficios de las editoriales. Adelanto el total fracaso de una idea brillante que surgió a mediados de la última década del siglo XX. Por un lado, ladrones oportunistas, mientras que por otro las contramedidas de las grandes multinacionales de la edición editoriales, como Nature o Science, han dado al traste con el cambio de rumbo entones anunciado, del que tuve noticia en 2007, tras leer un fantástico libro titulado Anatomía del fraude científico, cuyo autor es Horace Freeland Judson. Horacio mostraba su gran esperanza por el casi inmediato advenimiento del acceso abierto (open access), ya que pensaba que podía ser la solución al oscuro mundo de la diseminación de los resultados que nos va ofreciendo la indagación científica. Sin embargo, salvo raras excepciones, comenzaron a proliferar editoriales basura que publican, por término general, artículos de la misma catadura (de baja estopa), mientras que las grandes editoriales apostaron por ambos modelos de negocio, es decir sin arriesgar nada y robándonos más fondos, a ser posible. Y lo consiguieron. Actualmente revistas científicas gratuitas y decentes hay muy pocas, ya que el globo de desinfló apenas lo inflaron. Las revistas en acceso abierto de paupérrima calidad, cobran precios modestos y las de campanillas se suben por las nubes hasta límites intolerables (varios miles de euros por una decena de páginas).  Y así un investigador procedente de un país modesto que realice investigaciones de calidad, difícilmente publicara en las últimas, generándose una discriminación alevosa.

Promocionar y evaluar una carrera investigadora por el factor de impacto de la revista en donde se publica, atesora sus pros y sus contras, que dicho sea de paso, son muchas.  Empero si se intenta en el modelo clásico, también adolece de agudos inconvenientes, como la falsa objetividad de muchos evaluadores anónimos y, ¡cómo no!, las arbitrariedades de numerosos editores en jefe y sus secuaces asociados. Hace un par de años, mantuvimos una tremenda controversia en Internet, tras una acusación de mala conducta contra al editor de una revista importante de mi especialidad. Un  violento intercambio de mails llegó a cientos de investigadores simultáneamente. Pues bien, el cártel lider del que destapó la ¿aparente? mala conducta, intentaba acusar de crear un cártel al acusado, que era editor de una de las revistas de ciencias del suelo más importantes. Sin embargo él, impúdicamente había publicado doce artículos durante el año anterior en la “su revista”, ya que así debía considerarla, como el dueño de un cortijo andaluz (terrateniente al mando).

La ventaja de las revistas en acceso abierto estriba en que cualquier científico del mundo puede acceder a ellas sin pagar onerosos recursos económicos, ya que estos son cobrados a los propios autores.  Pero tal modo de proceder tiene sus inconvenientes al reverso de la misma moneda. Si un equipo de investigadores publica mucho, los costos para sus bolsillos serán formidables, y como he comentado, buena parte de los científicos e instituciones modestas no pueden asumirlos. Empero nuestras autoridades evalúan y promocionan a los científicos tanto por el factor de impacto, como por la cantidad de artículos finalmente producidos.  Por lo tanto, la encrucijada está servida, o como se señala en la el post que os reproduzco traducido, los colegas se encuentra ante el dilema de un prisionero.

Reitero que no se trata tan solo de promoción y el intento de alcanzar prestigio por parte de los miembros de la comunidad científica, sino además de un gran despilfarro económico que, en tiempos de crisis llega a ser, además, traumático (ver abajo cifras).

Sin embargo, las autoridades de la Unión Europea, como siempre, con sus decisiones ambivalentes y timoratas vuelven a poner a los científicos ante otro dilema del prisionero. Como veréis en una nota de prensa que os expongo abajo, pretenden obligar a que todo lo que se sufraga los fondos públicos se publique en acceso abierto, mientras que los organismos evaluadores dictaminan si “somos buenos o malos”, por la cantidad y  el factor de impacto de nuestras publicaciones. Se trata de algo así como poner a un ciudadano entre la espada y la pared. Pero hay más…… ¿Quién le pone el cascabel al gato?.

Obviamente, cuanto más publicidad y propaganda se le otorgue a un artículo, este tendrá más posibilidad de ser leído y citado por sus colegas, que es el más riguroso de los criterios, aunque también padece de inconvenientes mayúsculos. Por ejemplo, quien realicé indagaciones que se adelanten a su tiempo, que abran nuevos caminos, que reten con tino a lo en un momento dado de la historia se considera “verdad científica” por el establishment, tardará mucho en ser reconocido, cuando no obligado a retirarse de su profesión ¿Por qué?. Simple y llanamente, por ser un visionario, un adelantado a su época. La historia de la ciencia nos muestra que tal hecho resulta ser más la regla que la excepción. Por citar tan solo un ejemplo, el premio Nobel Dan Shechtman fue expulsado de su equipo de investigación en EEUU, cuando vislumbro la estructura de los causicristales, ya que sus colegas alegaban que tal “cosa” no podía existir. Años después se le otorgó el mencionado galardón, justamente por lo que le abandonaron sus colegas. Y reitero que se trata de la punta del iceberg.

Pues bien, en este sociedad dominada por la cobertura mediática a la que los científicos no somos ajenos, los boletines de noticias científicas van incrementando progresivamente aquellas que consideran relevantes y se encuentran en acceso abierto, ya que si el lector es atraído por el tema, tras leer  la nota de prensa, se encontrará feliz de que se le proporcione el artículo original haciendo el clic con su ratón (mouse en suajili). Y si uno no dispone de mucho dinero (……), fantástico. Estos son los casos, por ejemplo, de los noticieros  ScienceDaily, EurekaAlert, entre otros muchos.

Hasta la década de los años 80 del siglo XX, la mayor parte de las revistas científicas pertenecían a Sociedades Nacionales. Estas no editaban para lucrarse, sino con vistas a promocionar las investigaciones realizadas en sus respectivos países.  Posteriormente, las editoras multinacionales fueron llegando a acuerdos o comprándolas, de tal modo que en estos momentos son lamentablemente minoritarias. La mayor parte fueron pues devoradas por el imperio del capitalismo neoliberal. En el caso de la ciencia del suelo, algunas sobreviven de pago (si no se es socio), como es el caso de “Soil Science Society of America Journal”. Otras como el “Spanish Journal of Soil Science” son de libre acceso, asumiendo la Sociedad que la publica (SECS), los costos de la edición. Generalmente, si proceden de países en las que el idioma no es el inglés, suelen admitirse artículos en ambos idiomas. De aquí que me adhiera al  título del post en anglosajón que os he traducido abajo: Is it time to nationalise academic publishers?

Los repositorios en acceso abierto, algunos Institucionales y otros no, son un sistema de almacenaje de artículos científicos, o en su defecto, de los documentos provisionales previos a la publicación (sin rematar). Cada autor sube allí su producción científica en una página Web personal de los respectivos portales que ofrecen estos sistemas gratuitamente, o no. Se trataba de una magnífica iniciativa, por cuanto retaba a los buitres de las editoriales multinacionales, especialmente si los documentos se habían publicado en acceso cerrado (de pago para los lectores).  Otros repositorios tienen una vía limitada de acceso abierto y otra de pago con mayores prestaciones, ofreciéndote las estadísticas de cuantos y qué artículos han sido leídos, bajados, y quienes lo han hecho. Pero, obviamente, esas mega-editoriales no iban a permitírselo y con el tiempo, su contraataque ha ido haciendo mella. Si cabe constatar que a fin de cuentas da lo mismo, ya que el lector interesado por una publicación envía un mensaje automático para que “en privado” el autor le remita una copia digital del articulo o documento. Más aun, dado que para las revistas en acceso abierto, el copyright pertenece a los autores, también pueden subirse el original sin temor alguno a donde deseen. Con sus características idiosincrásicas este tipo de sistemas, tales como   ResearchGate, o Academia.edu, han alcanzado una enorme audiencia.

En este sentido, cabe señalar como ResearchGate, fue denunciada por una de las sociedades científicas más importantes de USA, viéndose obligada a retirar una ingente cantidad de los artículos que los autores habían previamente subido a sus páginas Web de este Portal. Eso sí, el sistema de petición automática de los documentos publicados sigue abierto y nadie se lo puede impedir, por cuanto forma parte de la tradición de la comunidad científica internacional (antaño se hacía por correo convencional, mediante postales institucionales imprimidas para ello).  En cualquier caso, que los científicos de campanillas actúen como Judas contra sus colegas, da fe de la catadura de los popes de la ciencia que ostentan el poder, en contra de los intereses de sus propios colectivos. Separar la actitud de las editoriales de los editores, que son investigadores, resulta ya una frontera lamentablemente muy difusa. Cabe destacar que tras tal acoso, el responsable o director de ResearchGate, remitieron un comunicado señalando que:

1.      Tales recortes de prestaciones no han hecho casi mella en el sistema y sobre todo que…..

2.      … Por sorprendente que parezca, las estadísticas de aquellos documentos bajados por los científicos que accedían al portal, demostraban como eran más demandados (abajados a los PC de los visitantes) los manuscritos que “no” se encontraban publicados en revistas indexadas, que los que sí lo estaban. Yo doy fe de ello, porque en mi caso ganan por goleada.   

Personalmente prefiero ResearchGate a la Academia.edu, ya que la última ofrece más posibilidades en su pleno acceso (que no en su versión “light”), empero a costa de una subscripción cuyo pago para muchos colegas podría ser prohibitivo.

Un  retorno a los sistemas de revistas nacionales y su puesta en acceso abierto, con ayuda de estos Portales o repositorios aludidos, barrerían del mapa a esas multinacionales de la codicia que resultan ser las grandes editoriales científicas. Más aun mediante este modo de proceder alcanzaríamos, al margen de una ciencia abierta y gratuita para todos, que los miles de millones de euros/dólares abducidos por esas multinacionales, se destinaran a su genuino propósito, la pura y dura investigación científica y su difusión.   

Os dejo pies las tres notas de prensa. Hoy por desgracia me extendido en demasía, aunque de vez en cuando…… 

Juan José Ibáñez

Continúa…….

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