Posts etiquetados con ‘profundidad del suelo’

Las plantas también absorben agua debajo del suelo, si la necesitan (resistencia a los periodos de sequía)

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Absorbiendo agua de regolitos y rocas fracturadas. Fuente: Google imágenes

 Es bien sabido por la comunidad científica, que el agua se almacena tanto en el suelo, como en el subsuelo. En el seno del último, de profundidad muy variable, el agua suele ser asequible a las especies vegetales que atesoran sistemas radicales que penetran varios metros  en el continuo formado por suelos-regolitos, aunque también alcanzan las grietas de las rocas que pueden contener el líquido elemento.  No se trata de plantas raras o singulares, sino que acaece con relativa frecuencia.

 La ortodoxia, impresa a sangre y fuego en nuestras cabezas y manuales, suele restringir el agua asequible a la biota con la almacenada en los suelos (hasta uno o dos metros de profundidad), cuando no es cierto. Bajo ella aparecen las denominadas zona vadosa y más. Justamente fue la falta de atención de la edafología clásica hacia tal ambiente subterráneo y los procesos biogeoquímicos subyacentes la que dio lugar a la “zona crítica terrestre: El nuevo paradigma de la edafología (ZCT)”. Debemos tener encuentra que, desde numerosos puntos de vista y con variopintos propósitos, incluidos la modelización del sistema climático, contaminación, y otra gran cantidad de procesos que afectan a la superficie terrestre emergida, se requiere información abundante y precisa  de todo el espesor de la litosfera que interacciona con la biota y el clima. Por estas razones nació hace casi quince años, la Critical Zone Exploration Network o red de observatorios de la  ZCT. Con el tiempo, se han ido sumando toda una serie de enclaves repartidos por el mundo, con sus grupos de trabajo, proyectos, simposios, congresos, etc. Lamentablemente la mayor parte de los expertos en ciencias del suelo siguen ajenos a tal fascinante aventura, dando la espalda, a una realizad que reclama a gritos una mayor atención.  

 La Noticia que os vamos a ofrecer hoy y que lleva por título: Subsurface plant-accessible water in mountain ecosystems with a Mediterranean climate, es fruto de una investigación llevada a cabo en uno de los mentados observatorios, y más concretamente en el ubicado en los ambientes mediterráneos de Sierra Nevada, en EE.UU. En ella, se nos informa de lo que muchos edafólogos de campo ya conocen sobradamente, aunque no se interesen o puedan interesarse, debido a la complejidad logística e instrumental inherente para poder indagar hasta decenas de metros de profundidad. Me refiero más concretamente a que la vegetación hace uso de esa agua y en especial cuando el suelo se encuentra seco, ya sea fruto de un estío concreto ya tras  varios años de sequía.  De este modo, se alcanza una considerable resiliencia a los estreses causados por la falta de agua. No se trata de una tarea fácil, ya que a la sofisticación de los diversos métodos empleados y la instrumentación necesaria, debe añadirse que los estudios en sitios concretos deben extrapolase a escala de paisaje con vistas a entender, cuantificar y modelizar sus repercusiones sobre los ecosistemas naturales, agrarios, disponibilidad de recursos hídricos, etc. Por esta razón, algunos comentarios que he traducido abajo del resumen del artículo de investigación original, que no de una nota de prensa divulgativa, pueden resultar incomprensibles al lector que no se encuentre versado en estos temas. Sin embargo, no es importante en nuestro contexto y pueden pasarse aquí por alto.

 He comentado anteriormente que los edafólogos de campo, con larga experiencia y abundantes observaciones, saben sobradamente que las raíces de la vegetación y su biota asociada alcanza profundidades que a menudo exceden con creces los límites más someros, que son el foco de interés de los edafólogos. No resulta difícil observar en cortes o zanjas recientes de carreteras, ferrocarriles, etc., hasta qué punto penetran las raíces en los regolitos y estratos sedimentarios subyacentes, como también  en los sistemas de fragmentación de rocas consolidadas. Eso sí, en materia de investigación, reitero, que se requiere una logística e instrumentación bastante sofisticada, de la que carecemos la mayoría de nosotros.

 Tales hallazgos no son exclusivos de los ambientes mediterráneos, sino de todos aquellos en donde el suelo se seca totalmente durante parte del ciclo anual, como los semiáridos, y por qué no, también en los desérticos. De hecho, ya os mostré en un post precedente un caso mucho más asombroso y singular: “ Los Suelos de los Lechos Fluviales: Las Ramblas y los Uadi y su Biodiversidad de Plantas Vasculares”. Se trataba de un breve resumen de un artículo que publiqué sobre el tema en una revista científica (Islands of biogeodiversity in arid lands on a polygons map study: Detecting scale invariance patterns from natural resources maps). En este último se relata un caso concreto absolutamente sorprendente (explicado en el post) y que entra de lleno en el contexto de esa iniciativa a la que denominamos la  “Zona Crítica terrestre”. Lamentablemente toda esta información no aparece ni en los mapas ni en las bases de datos de suelos georreferenciadas. O cambiamos de chip, o nos van a adelantar desde otras disciplinas por la derecha, la izquierda, delante y atrás, por arriba y por abajo. 

Juan José Ibáñez

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Almacenamiento de carbono y profundidad del suelo

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Almacenamiento de carbono a lo largo del perfil del suelo. Fuente: USGS

Como ya os mostramos en varios post relacionados con el tema que tratamos hoy, y que son almacenados en nuestra categoría: “Biomasa y Necromasa en los Suelos”, la ciencia del cambio climático (por llamarla de alguna manera) comete un gravísimo error al restringir la estimación del secuestro de carbono tan solo a los primeros centímetros del perfil edáfico. Se me antoja increíble que, saltándose todos los cánones científicos e ir acumulándose evidencias en contra, se persista en la idea de que basta muestrear cómodamente con una azada la parte superficial del suelo, cuando en realidad así alcanzamos conclusiones rotundamente erróneas, como mostramos por enésima vez en la nota y resumen de un nuevo artículo de investigación que avala las tesis que mantenemos en esta bitácora. Reiteremos que las conclusiones del artículo son claras en este sentido, tras once años de experimentación. Si se extraen a partir de los 30 cm superficiales nos llevamos una idea equívoca, al compararla con los muestreos hasta casi un metro de profundidad (y en muchas ocasiones deberíamos alcanzar tanta como para sondear todo el solum, ya hablemos de dos, tres o más metros). No entraremos aquí a discutir de nuevo el dudoso efecto a escala global en lo referente a que al aumentar el anhídrido carbónico en la atmósfera aumentará su concentración en el edafoclima y así se producirán cambios que (…). Del mismo modo soslayamos la coletilla repetida ad nauseam (“que falta de imaginación”: ¡siempre lo mismo!) de que estos resultados deben ser contemplados en las futuras predicciones que ofrezca los nuevos modelos de cambio climático, ya que si se hace caso a tanto cantamañanas, los modelizadores deberían modificar sus juguetes varias miles de veces al año. También resulta descorazonador que los autores defiendan que la fertilización de CO2  expandirá el ciclo biogeoquímico de los suelos en profundidad, ya que lo que pudiera ocurrir en un sitio sabemos que necesariamente no es extrapolable a otros. La Unión Europea en un alarde de generosidad considera que debe muestrearse tan solo hasta los 40 cm (antes bastaban 20). Por mucho que se empecinen políticos borricos y algunos colegas holgazanes si deseamos saber el carbono orgánico  (por no hablar del inorgánico) que almacenan los suelos, debe considerarse la totalidad del solum. Todo lo  demás es tirar el dinero y publicar conclusiones que ya solo cabe calificar de deliberadamente falsas: o somos analfabetos, o tenemos deficiencias de comprensión lectora, o no leemos, o hace falta que nos den mil y una bofetadas para que aceptemos las evidencias científicas. Como decimos en España, “hasta el rabo todo es toro” ¿Lo entendéis?.

Juan José Ibáñez    

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Relación entre la profundidad del suelo y la biodiversidad vegetal

El tema que abordaremos hoy se me antoja sumamente interesante con vistas a mostrar las relaciones entre el medio edáfico y la diversidad vegetal, o como mínimo de las plantas vasculares. La información la encontramos en el blog  The EEB & flow, si bien a posteriori detectamos que el artículo original estaba en acceso abierto, cuyo enlace para acceder a su contenido incluimos más abajo. Los autores  afirman haber detectado que en los ecosistemas de praderas existe relación clara y positiva entre biodiversidad de las plantas vasculares y la profundidad del suelo. Dicho de otro modo, tan solo la variable mentada (espesor del solum) da cuenta de un aumento de la diversidad vegetal aérea. En consecuencia, cabría inferir que conforme un suelo evoluciona y se hace más profundo, se genera “de algún modo” un medio para el incremento de la riqueza de las plantas que pueden crecer sobre él. Eso sí, dando la vuelta al razonamiento, la erosión del suelo debería disminuir la diversidad de las plantas que pueden acaecer en el lugar afectado. Mutatis mutandis, dado que el recurso edáfico no puede considerarse renovable a escala humana, una vez erosionado, y en ausencia de más perturbaciones, las comunidades vegetales que crezcan sobre el serán menos biodiversas durante muchos años, por no decir siglos. Ya hablaremos en otro post de este asunto.

Más aun, los investigadores que llevaron a cabo el estudio dicen constatar que el patrón obedece a la denominada teoría (mejor calificarla de hipótesis) de los conjuntos anidados, de la que ya os hemos hablado en el siguiente post:  Biodiversidad, Edafodiversidad y Teoría de los Subconjuntos Anidados y sobre la que viene trabajando el impresentable autor de esta bitácora desde hace años. Los perfiles edáficos más someros son los más pobres en especies, aumentando su número conforme aumenta la profundidad del solum, pero sin perder las especies que aparecen en los primeros. De este modo se añaden más y más especies de una forma en absoluto aleatoria, sino predecible hasta cierto punto, por cuanto los solum con mayor espesor atesoran las especies de los delgados y otras idiosincrásicas en exclusiva. Tal repercusión del medio edáfico sobre la diversidad vegetal no tiene en cuenta el proceso de horizonación natural que ocurre en la mayor parte de los tipos de suelos o edafotaxa, la cual también repercute positivamente sobre la biodiversidad que acaece sobre su superficie y bajo ella (biota edáfica), como os comentamos, por ejemplo, en el siguiente post, entre otros.

La figura que os mostramos es francamente ilustrativa. De ella se desprende que…

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Diversidad vegetal, profundidad del suelo y fraccionamiento de los nichos ecológicos radiculares. Fuente: The EEB & flow,

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