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La Futura Revolución Industrial y la Supremacía Cuántica: Ciudadanos a Temblar

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Computación cuántica. Fuente: Imágenes Google.

¿Computación Cuántica? ¿No sabéis lo que es?, animaros aún quedan plazas en ¡algunos másters!, de cuatro meses, y por el insignificante precio de 4.000 Euros, a pesar de que se deberán esperar muchos años para que salgan al mercado los primeros prototipos.  ¿Y eso de la próxima revolución industrial?, ¿nos beneficiará a todos los ciudadanos?. ¡ahhhh!, ¡que pregunta tan banal!… ¿Pero… acaso importa?.

Cuando explico a amigos y conocidos algunos de los aspectos más básicos de la mecánica cuántica, tales como la dualidad honda partícula, el entrelazamiento cuántico, el más que incierto destino del Gato de Schrödinger, etc., a menudo me contemplan obnubilados, creyendo que me burlo de ellos. Se trata de uno de los aspectos más llamativos y atrayentes de la mecánica cuántica. Ya están preparados, a mi pesar, para que cuando se mente algo “cuántico”, acepten cualquier afirmación por buena, aunque no entiendan absolutamente nada.

Sin duda alguna, la computación cuántica significará un gran éxito en lo que concierne al progreso de la ciencia y con indudables aplicaciones inmediatas en materia de tecnología. Este post no versará sobre los grandes beneficios que reportará este tipo de computación. Empero me pongo a temblar cuando se menta una nueva revolución industrial. La Primera Revolución Industrial en el Siglo XIX, efectivamente transformó buena parte la sociedad, pero a costa también de un enorme sufrimiento de la clase trabajadora. Eso, si, la burguesía y sus industrias florecieron, haciéndose de oro. Sin embargo, su nacimiento, dio paso a un enorme crecimiento demográfico, interminables horarios laborales, incluyendo a mujeres y criaturas (esclavismo), sueldos que tan solo permitían subalimentare, precariedad, falta de higiene, enfermedades, y un largo etc. ¡Qué se lo pregunten a los británicos! Al final del post podéis cercióranos por vosotros mismos con la lectura de unos breves fragmentos de un texto que os reproduzco, escrito por André Vela Bosqued. El vocablo revolución (la del siglo XIX) en manos de los más poderosos, es sorprendentemente semejante al que padece la mayoría de la población en estos momentos, es decir entrado el siglo XXI. Hay que cambiar todo para que unos pocos sigan acumulando poder y dinero. ¿Nosotros?: ¡a comprar y a callar!. Más aun, ¿No se pregona que el cambio climático surgoó a causa de la aquella revolución Industrial?.

Podemos hablar o no de una segunda revolución industrial, hacia finales del siglo XX, con los acuerdos del libre comercio que dieron paso a la Globalización Económica, junto con la entrada en escena de Internet, TICS, etc. No cabe duda que han cambiado la vida de los ciudadanos.  Y de paso, hemos devastado el planeta, y aumentado la depredación de los países ricos sobre los pobres, que ha venido ahora aderezada a la postre por la precariedad, empobrecimiento y sufrimiento de la población de los primeros, tras el crack económico iniciado a finales de la primera década del Siglo XXI. ¡Si1, se trata de eso que viene denominándose  crecientes desigualdades sociales. Permitirme que os narre una historia muy ilustrativa. En los albores de todo este entramado globalizante, que de eso se trata, de un globo que cuando se pinche “Dios nos coja confesados”, visioné la portada de uno de los numero de la Revista “investigación y Ciencia” (versión en español-castellano de la norteamericana “Scientific American”) una imagen idílica. Un joven se encontraba, a las orillas de una maravillosa playa caribeña en bañador, sentado sobre su toalla y bajo una sombrilla, con un ordenador portátil entre sus piernas y bebiendo un brebaje del tipo de los “Coco Loco”. Aquél artículo prometía que la globalización nos conduciría a una vida más placentera, sin horarios fijos, trabajando desde cualquier parte del mundo, y bla, bla, bla. La realidad ha constatado que efectivamente, tal delicia ocurre entre los más poderosos, una ínfima parte de la población. Sin embargo, el resto de los mortales, seguimos siendo un cero a la izquierda, como podréis ver al final de este post en el aludido texto de André Vela Bosqued.

Sin embargo, ahora las grandes compañías, nos vuelven a prometer otra fascinante segunda revolución industrial vía cúbits. A pesar de todo, ya sabemos que, tanto en materia de ciencia, como de investigación, pero también de márquetin, hay que seguir “innovando” “disruptivamente” a través de “emprendedores”, aconsejados por “”mentores”. Y con tal motivo se comienza a utilizar el tenebroso palabro de supremacía, no lo dudo, ya que barrunto que se refieren a la del KKK. Y como a muchos científicos les gusta ir de pitonisos por la vida, calculan que en un decenio o dos tal revolución cambiará el mundo. Los científicos no suelen ser buenos pitonisos, pero como veis las revoluciones industriales cambian la sociedad (“de algún modo”), pero  en lo concerniente al  bienestar de los seres humanos, miedo me dan. La tendencia obliga a reconsiderar si ¡todo tiempo pasado fue mejor!, aunque tampoco es exactamente cierto.

En las dos notas de prensa que os muestro abajo, se espetan muchas vaguedades, se habla de negocios, competencias,  apelando a tópicos de moda como eficiencia energética, cambio climático, ciberseguridad, posibles aplicaciones en biomedicina, principios éticos (¿para nosotros o para las partículas elementales?). No era necesario, ya que se sobreentiende que una computación tan veloz debería ayudar a resolver muchos problemas que, hoy por hoy, se encuentran fuera de nuestro alcance. Tres párrafos me llaman soberanamente la atención. Empecemos por la que más nos concierne, dado el tema de la bitácora: (i) (…) Un ejemplo: para fabricar fertilizantes se utiliza un proceso de fijación de Nitrógeno, que consume el 2 % de la energía mundial y que actualmente se hace mediante ensayo y error. “Creemos que esto se puede hacer de una forma más eficiente con computación cuántica, pero aún no hemos sido capaces”, afirma Boixo en conversación telefónica con EFE. El día que se logre el ahorro de energía será brutal”. Pues si no estais seguros de ser “capaces mejor callaros”, porque aquí la frase no afirma nada de nada; (ii) Pero también existen otros debates mucho más asequibles y a corto plazo en los la filosofía está presente, como en las implicaciones éticas de la revolución cuántica. En la era del Big Data y de la Inteligencia Artificial, en la que empresas privadas como Google mueven miles de millones de datos, tal poder de procesamiento ¿podría suponer un peligro en malas manos? «Hoy por hoy es una tecnología experimental que no tiene mucho que ver con el Big Data» (…) Hoy no pero: ¿y cuando entren en funcionamiento de la mano de las compañías privadas, que son las que están “partiendo el bacalao”?. Las noticias ya nos informan de que se trata de experimentos teóricos, ensayos, tecnología experimental, etc. Sin embargo cuando se comercialice…. ¡mama mía!; (iii) De momento, el equipo de Google está muy orgulloso no solo del logro, sino de su acogida en la sociedad. «Nos ha sorprendido que la gente ha entendido realmente cuál es el valor de este experimento. En los últimos dos o tres años yo tenía la duda de si se iba a comprender, pero creo que sí y de ahí su repercusión». A partir de aquí, solo queda mirar hacia delante. Creo que nos toman por idiotas. Reitero, una vez más, que es fácil de comprender que un ordenador que supere cientos o miles de veces la capacidad de cálculo de la supercomputación con hardware más sofisticado que disponemos hoy, puede revolucionar muchos aspectos de la ciencia, la tecnología y la sociedad. Empero, los seres humanos que no lo entiendan, con tal prodigiosa y futurista propaganda, quedarán fascinados; les parecerá maravilloso. No mezclemos el interés real, con el márquetin y la competencia empresarial. Pura Tecnociencia.

Fue pues un reciente experimento sobre la viabilidad de la supercomputación cuántica, la que ha constatado que no estamos tan lejos de alcanzar un objetivo perseguido durante mucho tiempo. Ahora bien, el lector avezado observará que los competidores en liza resultan ser algunas de las compañías tecnológicas más fuertes del mundo con poderosísimos medios a su alcance.  Resulta muy preocupante la falta de actores  públicos en materias que pueden “transformar nuestras vidas y sociedad? Los últimos ejemplos de varias de estas multinacionales constatan su perseverancia en materia de mala. ¿Quién controlará a los controladores?. Un estudio advierte del poder de las grandes empresas tecnológicas por su control de la comunicación y la cultura.

Resumiendo: las Revoluciones anteriores, fueron un paso de gigante para los poderes, a costa del resto de la humanidad (los trabajadores). ¿No pasará otra vez lo mismo? Probablemente sí, ya que el objetivo de las empresas es lucrarse y la de los políticos aprovecharse. Luego nos dirán que se ahorrarán millones de puestos de trabajo, que la sociedad envejece más etc., etc., por lo que nosotros seguiremos apretándonos el cinturón en una carrera diabólica para exprimirnos hasta dejarnos sin aliento. Hoy compiten entre grandes compañías intentando hacernos creer que al final el único objetivo es nuestro propio bienestar. Empero para que tal logro fuera cierto, mucho debería cambiar la gobernanza mundial. Y mientras la empresa privada sigue haciéndose con el control del mundo. Muy mal asunto. Os dejo ya con las notas de prensa/propaganda empresarial.

Juan José Ibáñez

Desde Quantico, Virginia, USA y Chamberí, Madrid

Continúa…….

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