Competición, Cooperación y Éxito Evolutivo. El Caso del Homo sapiens

La imagen que ha llevado el neodarvinismo a los ciudadanos, tal como se entiende actualmente, ofrece una idea de la naturaleza brutal. El pez grande se como al chico. Solo sobreviven los más aptos, etc. Tal aterradora visión del mundo, es más que discutible. Sin embargo, tanto en la época de Darwin, como más aun en la actualidad, el sistema capitalista ha necesitado justificar su despótico comportamiento frente a los ciudadanos de a pié. Investigaciones recientes parecen retar tal imaginería tendenciosa, a favor de un escenario en donde la cooperación, tanto como la competitividad, o más, da lugar a que muchas especies alcancen el éxito, frente a otras, garantizando su expansión y supervivencia. De hecho, que el darvinismo social emergiera con antelación al meramente científico, resulta paradójico. Darwin proporcionó una teoría que avalaba la actitud de la nueva burguesía de su tiempo. El ultradarvinismo que vivimos justifica el deleznable comportamiento de la globalización económica que padecemos. Sí esa, que nos ha sumergido en una profunda crisis humanitaria, económica y ambiental. Sin embargo, sus argumentos comienzan a ser rebatidos con pruebas científicas.  

 

 

 

¿Competición y/o Cooperación?. Fuente: National Geographic

En post anteriores, hemos venido defendiendo que uno de los motores del crecimiento demográfico, así como de la colonización de la mayor parte de los hábitats planetarios acaeció cuando el hombre inició la producción agropecuaria (ver post “Homo Sapiens, El Sistema Suelo-Planta, Diversidad Natural y Evolución Cultural”), siendo el siguiente salto la utilización del riego (ver post “El Nacimiento de las Civilizaciones y El Sistema Suelo-Planta-Agua: El Caso de las Culturas Mesoamericanas”). Y probablemente fuera así. Sin embargo, nuevos descubrimientos, llevados por dos equipos de investigación independientes, nos informan que el crecimiento demográfico y la dispersión geográfica de los humanos modernos (al perecer desde la región subsaheliana) comenzó con anterioridad al advenimiento de la agricultura, hace aproximadamente unos 50.000 años, es decir a finales del Pleistoceno por los pueblos paleolíticos.

 

Tanto evidencias arqueológicas y genéticas, como los modelos de simulación llevados a cabo para explicarlas, corroboran la idea que la población se multiplicó por 10 a finales de la edad de piedra debido a que la especie humana moderna adoptó hábitos cooperativos, fomentando el intercambio de tecnologías a través del comercio y soslayando en gran parte las disputas tribales. Tal modo de proceder, sugieren los autores, que nos dio ventaja sobre otras especies de homínidos, fomentando el incremento de la complejidad social, o lo que es lo mismo, un salto hacia comportamientos abiertamente cooperativos de la especie que si bien no descartan disputas y guerras, las pondera a la baja. Dicho de otro modo, la competición intraespecífica cedió parte de su hegemonía a la cooperación en el seno de la especie.  Todo ello, refuerza las tesis que diversos  expertos en teoría de juegos defienden a cerca de la evolución biológica, tecnológica y cultural, como ya os mostramos en nuestro post: “Teoría de Juegos, Evolución, Complejidad y Crisis Económica

 

Uno de los artículos apareció en la famosa revista PNAs a finales de julio de 2009, mientas que el otro lo hizo en la emergente PlosOne, casi simultáneamente. Abajo os ofrezco los resúmenes, así como una nota de prensa de la última. Sin embargo, recordar que PlosOne resulta ser una revista es de acceso abierto, por lo que podéis bajaros el artículo pinchando sobre el título.

 

A título personal (y sin el menor afán de pontificar con mis argumentos) extraigo dos conclusiones. En primer lugar, el Marxismo se equivocó al apelar al modelo darviniano de la “lucha de clases” que debía finalizar con el triunfo de una sobre las demás. Más le hubiera valido seguir los postulados de Koprotkin, al detestaban a muerte. Por otro lado, que la construcción social de la ciencia genera que las teorías triunfantes, en un determinado contexto histórico (momento y lugar concretos), se encuentren sesgadas por los intereses de los poderes fácticos o de revoluciones sociales que sufran. Obviamente, ambas hipótesis requieren, con vistas a atesorar mayor valor heurístico, de análisis más profundos y amplios (que incluyan a varias ramas del conocimiento científico en diversos contextos histórico-sociales). Y como por la falta de datos no puedo quejarme, hablaremos de ambas a su debido tiempo. A uno no le extraña el bombo y platillo que penosamente ha generado este año el bicentenario del nacimiento de Darwin. Al fin y al cabo, la mayor parte de la ciencia actual procede de los países hegemónicos, cuyo poder se basa en un capitalismo salvaje, mientras que los investigadores, como ciudadanos, suelen atesorar los mismos valores morales y éticos que sus sociedades defienden.  Resulta curioso, pero quizás no sea trivial, que la crisis económica comience a producir ciertas líneas de investigación que cuestionen unos supuestos que hasta hace poco serían impensables. Seguiremos hablando, con calma, de estos asuntos, por cuanto desvelan mucho de la verdadera naturaleza del quehacer científico, así como de sus relaciones con los poderes que las sustentan. ¿Quién sufraga estas actividades?: ¡Gobiernos e industrias!

 

Juan José Ibáñez           

 

 

PNAS 29 Julio

 

Population stability, cooperation, and the invasibility of the human species

Marcus J. Hamilton, Oskar Burger,John P. DeLong, Robert S. Walkerd, Melanie E. Mosese and James H. Brown

 

Departments of Anthropology, Biology, and Computer Science University of New Mexico, Albuquerque, NM 87131; SWCA Environmental Consultants, 295 Interlocken Boulevard, Suite 300, Bloomfield, CO 80021; Department of Anthropology, University of Missouri, Columbia, MO 65211; and Santa Fe Institute, 1399 Hyde Park Road, Santa Fe, NM 87501

 

Abstract

 

The biogeographic expansion of modern humans out of Africa began ˜50,000 years ago. This expansion resulted in the colonization of most of the land area and habitats throughout the globe and in the replacement of preexisting hominid species. However, such rapid population growth and geographic spread is somewhat unexpected for a large primate with a slow, density-dependent life history. Here, we suggest a mechanism for these outcomes by modifying a simple density-dependent population model to allow varying levels of intraspecific competition for finite resources. Reducing intraspecific competition increases carrying capacities, growth rates, and stability, including persistence times and speed of recovery from perturbations. Our model suggests that the energetic benefits of cooperation in modern humans may have outweighed the slow rate of human population growth, effectively ensuring that once modern humans colonized a region long-term population persistence was near inevitable. Our model also provides insight into the interplay of structural complexity and stability in social species.

 

 

Autosomal Resequence Data Reveal Late Stone Age Signals of Population Expansion in Sub-Saharan African Foraging and Farming Populations

 

 

Study Finds Human Population Expanded During Late Stone Age

by Staff Writers; Tempe AZ (SPX) Jul 30, 2009

 

Genetic evidence is revealing that human populations began to expand in size in Africa during the Late Stone Age approximately 40,000 years ago. A research team led by Michael F. Hammer (Arizona Research Laboratory’s Division of Biotechnology at the University of Arizona) found that sub-Saharan populations increased in size well before the development of agriculture.

 

This research supports the hypothesis that population growth played a significant role in the evolution of human cultures in the Late Pleistocene. The team’s findings are published in the online peer reviewed journal PLoS ONE on July 29.

 

Reconstructions of the timing and magnitude of changes in human population size are important for understanding the evolution of our species. There has been a longstanding disagreement whether humans began to increase in number as a result of innovative technologies and/or behaviors formulated by hunter-gatherer groups in the Late Pleistocene, or with the advent of agriculture in the Neolithic. Hammer’s research integrates empirical genetics with discoveries in paleontology and archeology to help provide answers to interdisciplinary questions about which kinds of innovations led to the evolutionary success of humankind.

 

Hammer’s UA team, together with their collaborator from the University of California San Francisco‘s Institute for Human Genetics and Department of Epidemiology and Biostatistics, surveyed the genetic material of ~184 individuals from seven human populations and used a computational approach to simulate the evolution of genetic lineages over time. The researchers found that both hunter-gathers and food-producing groups best fit models with approximately ten-fold population growth beginning well before the origin of agriculture.

 

For the first time ever, Hammer’s team was able to investigate the timing of human population expansion by applying sophisticated inferential statistics to a large multilocus autosomal data set re-sequenced in multiple contemporary sub-Saharan African populations. The team’s finely executed experimental design and use of supercomputing power enabled them to determine that this expansion in population size likely began at the start of the Late Stone Age-a period in prehistory that shows an intensification of archeological sites, an increased abundance of blade-based lithic technologies, and enhanced long-distance exchange. The next step in the project is to gather more data by testing more populations and additional parts of the genome.

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