Ciencia Contra la Pobreza: Un Nuevo Canto de Sirenas

Si nuestro blog puede atesorar alguna seña de identidad, al margen de hablar sobre el recurso suelo, este sería justamente el lema. Cuando ahora escucho  pronunciar tal frase en boca de los políticos, siento pánico. ¿De que ciencia hablamos? Ya sabemos de sobra que la I + D +i se encuentra orientada por un modelo económico que ha subsumido al mundo en crisis de diversa índole, por mucho que la mayor parte de ellas se encuentren entrelazadas. Una ciencia contra la pobreza demandaría, tanto cambiar el modelo económico actual, como muchas de las propias prioridades a las que debería enfrentarse la indagación científica en el futuro. De ser así, ineludiblemente, la edafología o ciencia del suelo, debería ser una de ellas. Todo seguirá igual, por mucho que cambiemos de vocablos-reclamo. Lo que realmente me intriga es si nos enfrentamos a un mero slogan carente de sustancia, o si se trata de un nuevo “modelo de negocio” globalizante. ¿Qué se pretende?.

El compadre Carlos Cruz (INEGI, México), analizando los paisajes de Suelos del Desierto de Atacama. Fuente: Carlos Cruz

No me encuentro muy interesado sobre los fastos de las Presidencias Semestrales de la UE, por mucho que a España le toque ahora el funcionarial honor de sobrellevar tal protagonismo, de una estructura que, al fin y al cabo, es rotatoria. Como ya os conté en otro post, me tocó vivir en mis propias carnes el anterior mandato español, siendo el saldo más que frustrante (traumante). Hablo de la Directiva Europea de Protección de Suelos. ¿Ciencia contra la Pobreza?

¡Que bonito! ¡Qué frase tan hermosa! Afortunadamente, y por paradójico que parezca para nuestra desgracia, muchos ciudadanos comenzamos no a ser  apolíticos, sino político-escépticos, que no es lo mismo. En otras palabras, nos encontramos hastiados de una economía global, de los inconfesables intereses que esconde, de la pobreza que genera, así como de los políticos que la defienden.

Cuando se habla de “ciencia contra la pobreza” deberíamos comenzar matizando si intentamos transferir nuestros conocimientos y “vicios” a los países pobres, o si por el contrario realmente viramos de rumbo hacia un mundo más justo y equitativo. No lo duden, se trata de lo primero, por cuanto de no ser así, otros muchos aspectos socioeconómicos deberían cambiar drásticamente, con antelación. Barrunto que los países ricos están muy preocupados por el éxodo de millones de pobres hacia nuestras fronteras. Si, esos mismos que son producto de nuestras “políticas solidarias”.

Acabamos de asistir al fiasco de la denominada Cumbre de Copenhague, con vistas a llegar a un consenso para mitigar el calentamiento de la atmósfera, es decir modificar el modelo energético y “once again” ya comenzamos con los cantos de sirena y las frases grandilocuentes. Lo diré de otra manera, si somos incapaces de alcanzar consensos de una cierta envergadura, ¿como pretendemos modificar el camino que debe seguir la humanidad para conseguir un mundo mejor? Previamente a los “festejos de Copenhague”, los dragones asiáticos y potencias occidentales firmaban acuerdos con todos los países pobres que tienen “algo” que ofrecer a la economía actual: “combustibles fósiles”, “tierras raras”, etc., al objeto de abastecerse ante la carencia de recursos naturales “no renovables” que nos demanda el futuro desarrollo ¿sostenible?-consumista. Obviamente, la tarta no da lugar a que comamos todos, por lo que mutatis mutandis no se llegó a acuerdo alguno.

Realmente, una ciencia para la pobreza sí devendría en un gran reto para la misma. Yo iría más lejos y hablaría del mayor cambio de paradigma a lo largo de su historia. Veamos porqué.

Se propicia que la ciencia devenga en innovación y desarrollo “tecnológico”. Ahora bien, ¿para quien y para que? Hoy por hoy, priman los intereses occidentales en detrimento de los de los países pobres. Nuestras prioridades no son las suyas.

Para empezar, la diseminación de los resultados científicos demandaría cambiar su “modelo de negocio”, primando el Open Access sobre las clásicas revistas, imposibles de ser adquiridas por la mayor parte de las instituciones científicas y académicas del tercer mundo debido a sus abusivos costes. No se trata ya de palabras, y menos aun de tibias iniciativas, sino de “hechos” concretos y ¡ya!. Sin acceso libre a los progresos de la ciencia, todo lo demás deviene en palabrería.

Reiteramos que las prioridades en investigación de los países ricos no son la de los pobres. Y la ciencia del suelo es, hoy por hoy un ejemplo palmario, eso sí entre otros. Una producción alimentaria sustentable y limpia, basada en criterios agroecológicos-“económicos”, demanda un adecuado conocimiento de los suelos y sus capacidades de uso, pero no transgénicos y herbicidas de las transnacionales agroalimentarias que esclavizan a quien cae en sus garras, generando intencionadamente dependencia del exterior. Más aun, los países pobres demandan autosuficiencia alimentaria con vistas a autoabastecer a su población, y no ceder o vender tierras a terratenientes y multinacionales con vistas a que las usen para el cultivo de biocombustibles, contaminando de paso sus tierras y aguas. No creo necesario recordar que los precios del crudo y la agroenergética han sido en gran parte responsables de la crisis agroalimentaria mundial. Se necesitan rescatar las variedades tradicionales de los cultivos adaptados al lugar y de bajos insumos, en lugar de otras nuevas de mayor rendimiento pero que demandan agroquímicos en abundancia (mayor dependencia de las transnacionales).

Una agricultura que no contamine ni erosione requiere prácticas de gestión de tierras y aguas, reiterémoslo una vez más, sustentadas en principios agroecológicos, muchos de los cuales debieran partir de las prácticas tradicionales que sí han mostrado ser generalmente sustentables, al contrario que nuestras “revoluciones verdes”. Estas deben mejorarse, no reemplazarse por las propias de la agricultura industrial de los países occidentales, altas en insumos, costos energéticos y manantial de incalculable contaminación y erosión. Con tal motivo, debemos aprender de sus tradiciones, más que criticar las mismas por mera ignorancia. ¡Enseñar aprendiendo!.

Junto con los alimentos, el agua potable es otro imperativo insoslayable. Si bien los sistemas modernos de potabilización pueden ser utilizados en grandes urbes, que los recursos hídricos alcancen a las poblaciones rurales reclama a gritos soluciones ingeniosas y fáciles de ser desarrolladas por los paisanos. Sin embargo, no es así, como ya demostramos al hablar de la paradoja de la caja negra. Sin agua saludable y alimentos, ni hay progreso, ni podemos combatir las enfermedades, a menudo causadas por esas gravísimas carencias. No olvidemos que parte de la expansión de las bolsas periféricas de pobreza en las urbes del tercer mundo ha sido propiciada por la imposibilidad e inseguridad de poder vivir en los espacios rurales (no podemos explicar aquí todas las razones, aunque una buena parte son del dominio público).

Con el agua limpia y buenos alimentos, lo cual paliaría gran parte de los problemas que sufren los paisanos de los países pobres (y gran parte de la población de los denominados emergentes), llega la hora de afrontar de una vez el azote de enfermedades infecciosas, como lo son la malaria y el dengue, entre otras muchas. Ya sabemos que la farmaindustria no se esfuerza en el tema, por cuanto sus abusivos cálculos de costo/beneficio dan lugar a que no consideren rentable nada que nos les proporcione ganancias escandalosas. ¿Quién será responsable de tan onerosa tarea?  Resulta más que sorprendente que mientras a lo largo de los últimos años la mayoría de los países ricos han ido reduciendo paulatinamente el porcentaje de sus PIB destinado al desarrollo en el tercer mundo, lancemos hoy el eslogan de “ciencia contra la pobreza”. Cierto es que de allí denunciamos ahora la fuga de cerebros que nosotros hemos propiciado. Empero además de atajarla deben ofrecerse los medios para que desarrollen su propia ciencia. No se trata tan solo de ofertar becas, sino de crear centros mixtos de educación, ciencia y tecnología que sirvan de puente para aunar ambos mundos, el de la abundancia y el de la indigencia. Sería arduo recordar aquí los datos que constatan como en países occidentales con gran tradición en esta materia, como Francia y Holanda tales instituciones han desaparecido, caído en desgracia o al menos sufren severas crisis para mantenerse en pie.

Respecto al tema de las enfermedades, frases, como la extraída de uno de los enlaces que os ofrezco abajo, demuestra que quienes las pronuncian, no tiene claro más que su propia línea de investigación, o simplemente no logran comprender la realidad de la tragedia adecuadamente.

(…) la actual crisis económica puede combatirse como se hizo con la de 1929, con la que comparó el presente momento coyuntural. Entonces fue el trabajo masivo y la incorporación de las mujeres al mercado laboral para restituir los daños ocasionados por la Guerra Mundial. Todo el mundo se puso a trabajar” (…).

Comparar la depresión económica de los años 20 del siglo pasado con el subdesarrollo, da lugar a que personalmente piense que los proponentes de la “ciencia contra la pobreza” no se han enterado de nada. ¿Es que las mujeres del tercer mundo no trabajan? ¡Increíble! Hasta ahora, había leído en incontables ocasiones que ocurría todo lo contrario, es decir que sobre muchas de ellas recaía gran parte de la pesada carga de sacar el núcleo familiar adelante. Por favor, hablemos con propiedad. Luchar por equiparar la dignidad y el trabajo de hombres y mujeres es una cosa y la incorporación tardía del sexo femenino al mercado laboral occidental otra bien distinta. Pero veamos otra lindeza.

Algunos de los ejes de actuación se encuentran en el diagnóstico molecular para reducir la mortalidad infantil

No doy crédito. Reiteremos, primero agua, alimentos y salud pública básica. Se trata de la única forma de poder sobrevir, ¿o no?. Paliar las enfermedades comunes que afectan a decenas de millones de personas, no requiere apelar a procedimientos clínicos sofisticados que a penas comienzan a ser utilizados en los países tecnológicamente más desarrollados. ¿Que papel desempeña aquí el diagnóstico molecular de enfermedades en los infantes? ¿Ya estamos tocando los genes? Siendo más que caritativo, personalmente diría que eso sí consiste en empezar la casa por el tejado, por no pensar algo peor.

También puede leerse en los contenidos de las noticias abajo enlazadas que debemos reducir la “brecha digital”. “Otra vez a por uvas”. Tras el agua potable, los alimentos y la salud de la población, las verdaderas líneas de actuación consistirían en poder ofrecer trabajos “dignamente remunerados” y educación para sus ciudadanos, que no esclavitud en manos de multinacionales, bajo condiciones insalubres, precios de miseria y empleo de mano de obra infantil, como recientemente ha reconocido que hace la famosa marca de ordenadores “Apple” (como suele ser norma también en esos países emergentes de moda, como la propia India). Cierto es que la brecha digital es enorme. Mientras en occidente, una economía basada en el consumo induce a la población a cambiar de móviles y ordenadores cada año o poco más, los mismos instrumentos electrónicos llegan a los países deseredados poco después, al objeto de que sus indigentes ciudadanos traten obtener de ellos “todo el partido posible”. Hablamos de esa basura electrónica que generamos los ricos exponencialmente, y de las que los pobres tratan de extraer lo ¿reciclable?, contaminando el medio ambiente y afectando gravemente la salud de tales “operarios” cualificados. Debemos a comenzar a reconocer que la era digital atesora grandes ventajas para las multinacionales y los ciudadanos acaudalados, en detrimento del tercer mundo. Pero es aquí, en occidente, en donde debemos recapacitar si tal vertiginosa máquina de conocimiento y enriquecimiento debería seguir por los cauces actuales. Los software serán renovables pero los hardware no. Se trata de un tema que demanda una profunda reflexión.

Desde luego, no seré yo quien no afirme las bondades que ofrece acceder a Internet con vistas a la formación de niños y jóvenes. Empero, una vez más, los males del tercer mundo no se arreglan si no atendemos a los de los Estados del bienestar, ya que somos en gran medida los que los generamos. Lo que los infantes y jóvenes necesitan son hardware sencillos pero de larga duración y acceso a Internet en las escuelas. Todo lo demás puede esperar. ¿O deseamos venderles millones y millones de electrónicos cuando ni tan siquiera tienen acceso a su reparación. ¿Más basura? OK. ¿Por qué entonces no la reciclamos en los países de la opulencia y la enviamos allí?

Escribo en un blog de divulgación científica en la que parte de sus contenidos va destinada a los más jóvenes de Latinoamérica. Se que una buena parte de ellos la leen en el colegio. Los blogs de divulgación científica básica, al menos en parte, sirven para paliar justamente la carencia de documentación de las escuelas y universidades más humildes ¿Si tanto pensamos en ellos, cual es la razón para que aun se vea a los bloggers como personas extravagantes, cuando miles de ellos hacen uso de estos contenidos que generemos por hobby? ¿Por qué no se tiene en cuenta tal actividad en nuestros CV? ¿Porqué es más meritorio escribir un libro en formato papel para unas pocas miles de personas (en el mejor de los casos) que pueden pagarlo, en lugar de miles de páginas electrónicas accesibles de ser leídas gratuitamente?.

Obviamente podría seguir y seguir y seguir ad nausean. ¿Pero para que, verdad? Pues bien, abajo os dejo una muestra de lo que piensan nuestro sesudos sabios (alguno de los cuales, como Felipe González hasta me es simpático, aunque otros…..). Buscar, como dicen ellos, “cual es su “hoja de ruta”. Simplemente, ¡no la tienen!. Pensemos todos que trasfondo esconde   esta iniciativa de “ciencia contra la pobreza”. Francamente creo que ninguna, ya que, hoy por hoy, prefiero no pensar mal.

Juan José Ibáñez

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Comentarios

Estimado Juan José:

Otro post tuyo que me ha hecho pensar, ¡y mucho!, lo despistados que están nuestras “cabezas pensantes” elegidas por sufragio universal. Me apunto al término que has utilizado en referencia al binomio ciudadano/política, me refiero al término “político-escéptico”. Nuestras “cabezas pensantes”, parecen que han descubierto la manera de hacer negocio en los países pobres para que nosotros volvamos a ser ricos; todo ello es un guiño claro a las “multinacionales multimonopolizantes de su tecnología”.

Pienso, desde mi des-conocimiento, que cualquier país pobre o en desarrollo, lo que más ansía su población pobre, la que vive de su trabajo en contacto con la tierra, es que le “dejen trabajar la tierra” (agricultura, ganadería, oficios artesanos, etc….), como mucho que le ayuden a tener agua potable, herramientas y, si es posible, algunos conocimientos novedosos básicos para poder sacar un buen provecho de su trabajo. Que no le vengan con tecnologías de última hora cuando en ocasiones ellos no disponen de un simple enchufe o una bombilla, porque carecen de electricidad. Los países en desarrollo (sus ciudadanos) quieren “tranquilidad” + tierras + agua potable + sanidad; y poco más.

De los enlaces que nos ofreces, aparecen “perlas” de nuestras cabezas pensantes, las que hay ahora y las que estuvieron; sean del signo que sean, en materia de pobreza sólo ven “negocio”. En fín, cosas que me llaman la atención:

1º.- “…la directora general de Cooperación Internacional y Relaciones Institucionales del Ministerio de Ciencia e Innovación, Montserrat Torné, ha asegurado que el actual sistema es “muy ineficiente”, debido a que gran parte del dinero que se dedica a cooperación no se aprovecha”

¿Qué narices han estado haciendo hasta hoy? ¿Lo sabían y no ponían remedio? ¡¡DE VERGÜENZA!!

2º.- “…Petriz ha insistido en que el diagnóstico se conoce y lo que deben hacer los gobiernos es “pasar a la acción” y ha anunciado que el Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero celebrara, cada dos años, una conferencia similar a la celebrada en La Granja”

¡¡Más conferencias!! ¡¡¿Para qué sirven, no se han fijado en la de Copenague?!!

3º.- “….Si la electricidad sustituyese a los carburantes como fuente de energía en la automoción, Bolivia podría convertirse en una nueva Arabia Saudí, de acuerdo con Felipe Pétriz”

4º.- “….Pétriz se ha referido a la estrategia para la implantación del coche eléctrico en España, presentada por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que repercutirá en Bolivia, uno de los países más pobres de Latinoamerica donde, aparte de ser una apuesta por las energías renovables y la economía sostenible”

A Bolivia le podría ocurrir dos cosas nefastas, y las dos a la vez. a) Asolada de minas de litio, con la agricultura y la ganadería de importación (¡¡Son ricos!!); como la ISLA DE PASCUA. b) Con los mismos problemas, pero a la iberoamericana, que está teniendo la R. D. del Congo con el “coltán”. c) Y para colmo, los pobres serían siendo pobres de solemnidad. ¿Ricos? Sus cabezas pensantes y los señores “emprendedores bolivianos”.

Te pido disculpas por mi comentario tan largo Juan José.

Un saludo cordial de Juan Miguel Pacheco.

Juan José. Quise escribirte solo para decirte que me he alejado de la sociedad científica en general pero me he acercado algo más a la naturaleza. Pronto tendrás noticias mias sobre nuestro procomún. Quiero que sepas que tengo presente tus consejos y los momentos juntos en México. Gracias por tu tiempo compartiado, no los olvidamos en mi familia. Suerte!!!!

Estimado Carlos, que bueno saber de vosssss!!!!. La verdad es que me sorprende tu comentario sobre abandonar la ciencia y estar más en contacto con la naturaleza. Espero que me narres las razones medianter un mail personal. Ahora bien, tal como comienza a funcionar la actividad científica convencional posiblemente pueda interpretarse como una solución saludable y de buen juicio. Espero pues tus noticias amigo sobre el procomún que me comentas y sabes que siempre estarás invitado a redactar tus pensamientos en este blog.

Recuerdos a toda tu familia y seguimos en contacto.
Un fuerte abrazo
Juanjo

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