Cuando redacto esta entradilla, al menos en España y Francia se están produciendo los incendios forestales más graves de su historia. Las consecuencias ecológicas, sociales y económicas serán devastadoras. Y mientras tanto, los políticos, algunos negacionistas climáticos, siguen insistiendo en negar las evidencias científicas. Y así seguimos tirándonos los unos y los otros los trastos a la cabeza, el fuego sigue avanzando, siendo muy difíciles de extinguir. Y todo ello acaece en países que se encontraban antaño suficientemente preparados para enfrentarse a estos eventos. Empero bajo el calentamiento climático, que algunos niegan, sigue callantándolo todo. Y así resulta que el fuego, que hace presa en las masas forestales, comienza a generar actualmente sus propios eventos meteorológicos extremos, que algunos denominan nubes de fuego. Hará un par de años que leía como los bomberos forestales y otros agentes relacionados de EE. UU. Y Canadá narraban que jamás se habían enfrentado a este tipo de fuegos, erráticos, intensos y mucho más impredecibles que los anteriores. Es decir, estaban estupefactos.  Pues bien, ahora azotan al sur de la vieja Europa. Con los medios desplegados, antaño era casi imposible de predecir tales descomunales hecatombes. Necesitamos pues un mayor entendimiento y colaboración a nivel global.

La realidad deviene en que entre los efectos del cambio climático nadie preveían incendios de tal virulencia.  Por tales razones actualmente son conocidos como Megaincendios de Sexta Generación o nubes de fuego. Y estos últimos generan internamente su propio clima del cual se retroalimenta. Hablamos de los denominados Pirocumulonimbos”, a los cuales dedicamos este post.

No tengo noticias de que se dieran, o tan solo muy de vez en cuando, en el pasado. Posiblemente, quizás, empero lo desconozco. Sin embargo, ahora comienzan a ser relativamente habituales y la sociedad, en su conjunto no se encuentra preparada. Abajo os narro en qué consisten y me asombran hasta a mí, que siempre he defendido que las consecuencias del calentamiento climático tendría consecuencias impredecibles condimentadas por eventos extremos de gran magnitud, como ya hemos repetido en varias ocasiones en nuestro blog.

Y de nuevo nos conviene recordar lo poco que sabemos de la biosfera y el clima, ya que, a contrapié, constata que estas crecientes evidencias constatan que muchas de nuestras medidas para combatir el calentamiento climático han resultado ser equivocas, mal aplicadas e incluso contraproducentes.

Obsesionados por secuestrar el excesivo calor generado por las emisiones incontroladas de CO2 a la atmosfera, muchos gobiernos e instituciones se afanaron en ingentes planas de reforestación, empero bajo cánones que si antaño ya causaron problemas actualmente devienen en bombas de relojería. Y así os lo explicaba en un post precedente del cual sustraigo un fragmento, pidiendo disculpas por el autoplagio.

La humanidad ha vilipendiado miles de recursos monetarios y esfuerzo humano en reforestar con vistas a estimular el secuestro de carbono. Sin embargo, suele omitirse que la silvicultura no es más que otra forma de cultivo (agricultura, piscicultura, apicultura, etc.). En otras palabras, hablamos de cultivo de madera. Estas suelen realizarse plantando árboles de crecimiento rápido “muy juntitos”, muchos de los cuales son pirofíticos, es decir amantes de arder con facilidad. Empero en un clima que se calienta y las sequías se agudizan, el tiro nos ha salido por la culata. La ingente cantidad de incendios forestales que se van extendiendo como una plaga por muchos países del mundo causando pérdidas humanas e ingentes sumas de dinero son como invertir para seguir cantado el clima. ¿Una paradoja no? De hecho, el calentamiento climático, según los expertos en el tema, nos alertan como actualmente el fuego ya no se propaga como antaño, sino que llega a generar su propio clima que propicia una mayor progresión y virulencia.   ¿Sabéis que son los pirocumulolimbos o Pyrocumulus?.(…). Resumiendo, ahora resulta que nuestra ciencia se encuentra propiciando la generación de fuegos y la emisión de más gases a la atmósfera. ¿La composición de la atmosfera se encuentra cambiando por la acción humana (…)? ¡No tengo la respuesta!  

Y la tormenta perfecta se produce cuando tras inviernos y o primaveras lluviosas, surgen los calores estívales, actualmente más que sofocantes son insufribles. La humedad del suelo se extingue, la maleza y malas hierbas que crecieron en abundancia florecieron por lluvias copiosas en la estación precedentes se resecan, y así tenemos la bomba reforzada por reforestar con especies de rápido crecimiento y generalmente pirofíticas. Está preparada. Solo falta una chispa, y nunca mejor dicho.

¿Y qué decir de la “Chispa? Al margen de descuidos ciudadanos y algún que otro pirómano, leo en la prensa que las chispas de alguna maquinaria agraria o vehículo es más que suficiente para lograr las Fallas de Valencia y que el fuego prenda por todos los lados. Gigantesca danza pirotécnica. De hecho, hace tan solo un par de días que han comenzado  legislarse  medidas al respecto de la maquinaria agrícola cuando llegan incesantemente, unas detrás de otras las olas de calor.

Las imágenes televisivas, muy escalofriantes constatan en Europa que en su inmensa mayoría hacen presa de los productos de la silvicultura: ¡Más madera! Saltando sin afectar a viñedos y otros cultivos que quedan  que las rodearan, pero se mantienen inalteradas, firmes. No digo que siempre sea así, pero ya lo visioné en 2012 en el siguiente post añadiendo una fotografía al respecto.

Fuente: Imagenes G00gle

Las quemas prescritas siguen siendo soslayadas por las administraciones de determinados territorios, que tampoco han aumentado la dotación de bomberos forestales, que se encuentran indefensos. ¡la clase política a lo suyo!, mientas cientos de miles de ciudadanos pagan las consecuencias.

Ya sabemos sobradamente que los pueblos aborígenes las utilizaban con vistas a que estos desastres no ocurrieran y lo conseguían. Así se ha demostrado en Latinoamérica, América del Norte y las culturas maoríes, por citar tan solo unos ejemplos.  Ellos amaban su tierra, nosotros, por mucho que digamos, tan solo nos aprovechamos de ellas, de un modo u otro. Y termino aquí ya que mis neuronas se calientan tanto que (…). ¡Venir a la Escuela de Calor.! 

Acabo de leer justamente cuando redacto estas líneas que en EE.UU y Canada se han percatado de la similitud de sus incendios con los que actualmente acaecen en Europa y preparan unos jets especiales que volarán por encima de la estratosfera, para poder intentar mejorar nuestra comprensión de que ocurre en el seno de estas feroces nubes de fuego. Elector debe entender que el humo llega hasta allí, por lo que a la postre sus efectos se dispersan por todo el globo. Comienza agosto de 2026, en España, por ejemplo, ya llevamos seis olas de calor y aún resta la mitad del periodo estival. ¿Cuántas quedan por venir? ¿Cuántos incendios potenciales pueden aun ocurrir? ¡Qué Dios nos pille confesados

La primera misión para volar a través de monstruosas ‘nubes de fuego’ está a punto de despegar

Las formaciones imponentes que aparecen sobre incendios forestales severos en Francia y Oregón acumulan humo tan alto que tienen consecuencias globales (…) pirocumulonimbus

Cuatro formas en que los incendios forestales generan tornados, rayos y otros fenómenos meteorológicos extremos, a veces a kilómetros de las llamas

Juan José Ibáñez

Continúa……..

Wikipedia: El cumulonimbus flammagenitus (CbFg), también conocido como pyrocumulonimbus o por la forma hispanizada pirocumulonimbo, es un tipo de cumulonimbo que se forma encima de una fuente de calor, como un incendio forestal o una erupción volcánica,[2] y a veces puede hasta extinguir el fuego que la formó.[3] Es la forma más extrema de un pyrocumulus. Según el Glosario Meteorológico de la Sociedad Americana de Meteorología, un flammagenitus es «un cúmulus formado por una subida de la temperatura provocada por un incendio, o  mejorado por las emisiones de plumas flotantes de un proceso de combustión industrial.»[4] Análogo a la distinción meteorológica entre cúmulus y cumulonimbus, el CbFg es ayudado por el fuego o una nube convectiva causada, como un flammagenitus, pero con un considerable desarrollo vertical. El CbFg alcanza la alta troposfera y hasta incluso la baja estratosfera y puede dejar precipitación (aunque normalmente pequeña),[5] granizorayos/relámpagosvientos fuertes en niveles bajos, y, en algunos casos, hasta tornados.[6] Los efectos combinados de estos fenómenos pueden causar una mayor propagación del fuego y causar daños directos en tierra adicionalmente a fuegos ‘normales’.[7

Cuando los incendios forestales crean su propio clima

por Jason Sharples, Andrew Dowdy, Luke Burgess, Todd Lane, La conversación

Los incendios forestales están fuertemente impulsados por el clima: las condiciones calurosas, secas y ventosas pueden combinarse para crear el entorno perfecto para que las llamas se extiendan por todo el paisaje.Pero a veces la relación cambia: los incendios pueden generar sus propios sistemas meteorológicos, que pueden alterar drásticamente la propagación e intensidad del fuego. Uno de los ejemplos más llamativos de este fenómeno es la formación de nubes pirocumulonimbas—nubes tormentosas imponentes nacidas del fuego.

¿Cómo puede un fuego crear vientos y nubes?

Los grandes incendios forestales liberan enormes cantidades de energía, a veces comparables a la emitida por una bomba nuclear. Esto calienta el aire en las proximidades del fuego, haciendo que suba rápidamente en una potente corriente ascendente flotante impulsada por el fuego.

El aire circundante entra a nivel del suelo para reemplazar el aire caliente que ascende, alimentando el fuego con osígeno como un fuelle y, a veces, acelerando su propagación. En casos extremos, el fuego y los vientos inducidos pueden convertirse en un sistema autosuficiente, alimentándose y creciendo gracias al clima que crea. Si la columna sube lo suficiente, puede enfriarse hasta una temperatura en la que el vapor de agua en la columna comienza a condensarse en nubes. Este es esencialmente el mismo proceso que conduce a la formación de nubes cúmulo ordinarias, excepto que ocurre dentro de la columna de fuego y se llama pirocumulo.

Tormentas generadas por incendios

Si el fuego es lo suficientemente grande e intenso, la pluma puede seguir subiendo. A medida que la nube se eleva por altitudes de unos 3–5 kilómetros, las temperaturas pueden bajar mucho por debajo del punto de congelación. Las gotas de agua se congelan en cristales de hielo, liberando otra ráfaga de calor latente que energiza aún más la pluma ascendente.

La columna que sube rápidamente ahora contiene hielo y agua superenfriada, una mezcla clave para procesos similares a tormentas. Es a través de este proceso que nace una tormenta eléctrica generada por el fuego, una nube de pirocumulonimbus.

Las nubes pirocumulonimbas pueden alcanzar altitudes de 10 a 15 kilómetros, penetrando la estratosfera.

En su interior, movimientos verticales fuertes generan turbulencia, con gotas de hielo y agua chocando y provocando la separación de cargas eléctricas. Esto puede provocar rayos, que a menudo caen lejos del frente de fuego original y, en algunos casos, provocan nuevos incendios.

Estas nubes pueden elevarse tanto que dejan una clara señal visible por satélite, incluyendo una larga sombra proyectada sobre el resto de la nube y el humo. El primer pirocumulonimo de este verano pudo haber ocurrido ayer cerca de la frontera entre Nueva Gales del Sur y Victoria.

Se detectaron rayos cerca, pero esto ocurrió entre rayos que ocurrían en muchos lugares del sureste, por lo que puede que solo fueran nubes de pirócumulos, que aún pueden representar una amenaza significativa. Por ejemplo, el mortal incendio Jingélico de 2019, que produjo vientos tornádicos, desarrolló un pirócumulus imponente pero no un pirocumulonimbo.

Las fuertes corrientes ascendentes creadas por los pirocumulonimbus pueden provocar ráfagas rápidas, acelerando la propagación del fuego y haciéndolo menos predecible. La tormenta puede producir una fuerte corriente ascendente que trae aire fresco desde debajo al fuego, mientras lanza brasas encendidas a más de 40 km, provocando potencialmente nuevos incendios. Al mismo tiempo, las fuertes corrientes descendentes creadas por la tormenta pueden derribar árboles y crear condiciones peligrosas para los bomberos.

¿Cuándo ocurre esto?

No todos los incendios forestales generan su propio clima. La formación de pirocumulonimbus requiere un delicado equilibrio entre el tamaño e intensidad del fuego y la estabilidad de la atmósfera.

En primer lugar, el fuego debe ser lo suficientemente grande e intenso como para liberar grandes cantidades de calor. En segundo lugar, la atmósfera circundante debe ser adecuadamente propicia para el movimiento vertical. Ambos juntos permiten que la pluma se eleve. Tercero, la humedad en los niveles medios de la atmósfera puede aumentar las probabilidades de formación de pirocumulonimbus. El aire húmedo de nivel medio puede quedar atrapado en la pluma ascendente y luego añadir a la liberación latente de calor cuando se condensa y congela, lo que mantiene la columna ascendiendo.

El futuro del fuego y el trueno

Las tormentas generadas por incendios eran prácticamente inauditas hace unas décadas, pero parecen estar cada vez más comunes.

Un ejemplo notable es el número sin precedentes que ocurrió durante el Verano Negro de 2019–2020. Otros brotes incluyen alrededor de Melbourne en los incendios del Sábado Negro de 2009 y los de Canberra en 2003.

En todos esos casos, las tormentas fueron tan intensas que inyectaron humo en la estratosfera, donde orbitó la Tierra y afectó a los patrones climáticos globales. Otros ejemplos de fenómenos meteorológicos extremos que pueden causar incluyen tornados generados por incendios, así como granizo negro en los incendios de Canberra.

El cambio climático causado por el ser humano ya ha provocado condiciones meteorológicas más peligrosas para los incendios forestales en muchas regiones de Australia, incluyendo condiciones aún más peligrosas para tormentas generadas por incendios.

Las observaciones muestran que ahora se producen condiciones más peligrosas durante el verano y también con un inicio temprano de la temporada de incendios, especialmente en partes del sur y este de Australia. Es muy probable que estas tendencias aumenten en el futuro, con modelos climáticos que muestran condiciones meteorológicas más peligrosas para incendios forestales y tormentas provocadas por incendios debido al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Por qué es importante entender esto

Comprender cómo los incendios forestales pueden crear su propio clima es crucial para la previsión y la respuesta a emergencias. Los modelos tradicionales de comportamiento del fuego suelen asumir que el clima es el que impulsa el fuego, pero cuando los incendios empiezan a provocar el clima, esos modelos pueden fallar.

Incorporar la predicción de nubes generadas por el fuego en los sistemas de gestión ayuda a las autoridades a anticipar cambios repentinos en la intensidad y propagación del fuego. Investigaciones dirigidas que incorporan monitorización satelital y modelado atmosférico avanzado se están utilizando ahora para comprender y detectar mejor condiciones favorables a la formación de pirocumulonimbus.

Este conocimiento permite mejores advertencias, asignación de recursos y estrategias para proteger vidas y propiedades. Los incendios forestales ya no son solo un peligro local: pueden convertirse en motores atmosféricos con alcance global.

Proporcionado por The Conversation 

¿Quién está detrás de esta historia?Sadie Harley; Andrew Zinin;  republicado de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lee el artículo original.

Los bomberos franceses se enfrentan por primera vez al ‘pirocumulonimbo’

editado por Andrew Zinin

El principal incendio forestal que arde en el suroeste de Francia ha creado una ‘nube de fuego’, que genera sus propios vientos.

El gigantesco incendio forestal que arrasa el suroeste de Francia ha creado un «pirocumulonimbo» extremadamente peligroso, un fenómeno nunca antes visto en el país, según declaró el portavoz de la Federación Nacional de Bomberos de Francia (FNSPF) del país, a AFP.

Dicha formación, también llamada nube cumulonimbus flammagenita, puede observarse durante erupciones volcánicas —o, como en este caso, cuando un incendio calienta el aire cerca del suelo, haciendo que suba rápidamente. El aire ascendente se enfría y se convierte en una nube, o nube de fuego: una masa turbulenta que puede generar sus propios vientos que agravan los incendios. Si se hace muy grande, incluso puede generar rayos. Hasta ahora, estas nubes solo se habían visto realmente en Australia y Norteamérica, propensas a incendios forestales. La NASA los llama el «dragón de nubes que escupe fuego».

¿Qué los causa?

Portavoz de la FNSPF, teniente coronel Eric Brocardi:

«El aumento de la temperatura del suelo en el corazón del incendio es tan extremo que el calor intenso sube en columna, encontrándose con masas de aire más frío en la parte superior. Este contacto crea un pirocumulonimbo—o nube de fuego—aunque desafortunadamente sin humedad. Esta nube de humo genera su propio sistema meteorológico, haciendo que cualquier cosa en su camino se incendie espontáneamente.

«Un rayo se forma dentro de la nube, golpeando las brasas en el suelo y alimentando aún más el fuego … Produce un sonido bajo y retumbante. «Aunque este tipo de incendio ocurre regularmente en Canadá y Australia, es algo sin precedentes en Francia

¿Se puede controlar?

«Estamos ante un llamado fuego ‘convectivo’ que crea sus propios vientos—vientos que cambian de dirección constantemente, a diferencia de un fuego estándar que se propaga en un patrón cónico. El resultado es que se extiende en todas direcciones y desarrolla múltiples frentes de fuego, haciendo la situación completamente impredecible.

«No sabemos cómo se extenderá el fuego; El frente de fuego está en constante cambio. No podemos combatirlo directamente. Es un escenario de David contra Goliat: la idea es que, en algún momento, encontraremos un punto débil y atacaremos allí.

«La salvación vendrá ya sea del cielo—en forma de lluvia, aunque tendría que caer fuerte durante tres días—o encontrando la manera de dirigir el fuego hacia un lugar donde se apague solo. El mar, por ejemplo.»

¿Tienen los bomberos alguna esperanza?

«Hemos llegado a un punto de ‘imposibilidad operativa’ que nos obliga a aceptar la necesidad de una retirada estratégica—a comprender y reconocer una fuerza natural fuera de nuestro control.

«Requiere … saber lo que se puede hacer y, sobre todo, lo que no se puede. La situación sobre el terreno es más defensiva que ofensiva; Es un escenario bélico en el que estamos bajo bombardeos constantes y debemos poner a todos a salvo. «Nos damos cuenta de que nos enfrentamos a una situación en la que estamos impotentes. Sin embargo, esa impotencia no deja lugar a la desesperación. Es seguro que todos los esfuerzos realizados darán resultados. Es impensable que los bomberos sientan que su trabajo sobre el terreno es en vano.

«Cada acción —defender sitios críticos, rescatar animales— insufla nueva vida a sus esfuerzos, impulsados por su feroz determinación. Hay una fuerza de apoyo lista para relevarles.

«Sin embargo, no todos los bomberos de toda Francia pueden simplemente converger aquí, porque el riesgo existe en todas partes. Tenemos que mantener la línea.»

¿Quién está detrás de esta historia?;Andrew Zinin; © AFP 2026

 Incendios forestales: Las ominosas ‘nubes de fuego’ o ‘pirocumulonimbo’ vistas por primera vez en Francia

Francia

Los bomberos franceses se enfrentan por primera vez a enormes nubes de fuego, conocidas como nubes pirocumulonimbus, creadas por incendios forestales extremos, mientras luchan por controlar un incendio forestal en el suroeste de Francia. El investigador francés de incendios forestales Jean-Baptiste Filippi afirma que el fenómeno es otra consecuencia más del cambio climático relacionado con el ser humano.

Publicado el: 27/07/2026 – 18:08Modificado: 27/07/2026 – 18:14; FRANCE 24

Un pirocumulonimbo, una nube gigante creada por un gran incendio forestal, se observa cerca de Lacanau, en el suroeste de Francia, el sábado 25 de julio de 2026. © Emma Da Silva, AP

Los bomberos que luchan contra incendios devastadores en Francia han tenido que enfrentarse a una nueva amenaza: inmensas nubes de fuego que crean su propio viento e incluso relámpagos que pueden provocar nuevos incendios. Conocidas como «nubes de fuego» o nubes pirocumulonimbas, estas tormentas de aspecto ominoso se crean por incendios forestales extremos y pueden agravar condiciones ya extremadamente peligrosas.

Este fenómeno, que es nuevo en Francia, es otra consecuencia del cambio climático causado por el ser humano, según el investigador francés Jean-Baptiste Filippi, que estudia los incendios forestales. Mientras los bomberos del suroeste de Francia luchan por controlar un incendio forestal antes de que otra ola de calor descienda sobre el país, Filippi informó a AFP sobre el fenómeno.

Un pirocumulonimbo, una nube gigante creada por un gran incendio forestal, se observa en la región forestal de Fontainebleau, a unos 60 kilómetros (37 millas) al sur de París, Francia, lunes 13 de julio de 2026. AP Photo/Emma Da Silva – Emma Da Silva

¿Qué es una nube de fuego?

Filippi: Es una tormenta en la que se forma una columna de aire sobre un fuego.

Empieza como una nube blanca y adorable: una nube cúmulo, que se forma porque el vapor de agua se ha convertido en diminutas gotas. A medida que el Sol calienta el suelo, el vapor de agua se condensa de repente. El cúmulo se convierte en una nube mucho más grande, que contiene miles de toneladas de agua en suspensión. Luego, cuando el aire circundante se ha calentado lo suficiente, se forma una columna con una nube en forma de yunque: el cumulonimbus.

Esto condensa aún más aire y genera más energía, con corrientes ascendentes de más de 150 kilómetros (90 millas) por hora.

Luego llueve, pero la lluvia se evapora antes de llegar al suelo.Pero aún así enfría la atmósfera donde cae, creando fuertes corrientes descendentes.

¿Son raras las nubes de fuego?

Es un fenómeno común en PortugalCalifornia y Australia, donde los bomberos están más acostumbrados a ellos. En Portugal, habían sido poco comunes hasta que los mortales incendios de 2017 en Pedrogão Grande cambiaron las cosas. En Francia, las nubes de pirocumulonimbus son bastante recientes. Hubo algunos en Landiras al sur de Burdeos en 2022, pero no por mucho tiempo. Por lo tanto, necesitamos aprender a gestionar incendios que generan su propio viento; esto es algo relativamente nuevo.

¿Es el cambio climático el culpable?

Sí, lo es. Una consecuencia del calentamiento global son las olas de calor más frecuentes. Aunque las tormentas eléctricas son comunes en la región de este incendio, las condiciones de tormenta tras tres olas de calor sucesivas son una combinación nueva.

¿Son predecibles?

Los servicios meteorológicos pueden predecir tormentas. Pero como estas tormentas están situadas directamente encima de un incendio, tendríamos que conocer la ubicación exacta del incendio con antelación. Eso es imposible. Podemos predecir las condiciones que provocarán estos incendios, pero no sabremos exactamente dónde están.

El mayor desafío es lo impredecibles que son. El incendio en la región suroeste de la Gironda en Francia comenzó con vientos del norte, luego del oeste, luego del sur, luego del este, y de nuevo hacia el sur, y después del oeste…Además, existe esta energía potencial en la atmósfera que significaba que, localmente, la columna de convección absorbía las brasas y llevaba el fuego más lejos.Las condiciones locales se volvieron catastróficas y la velocidad de propagación del fuego fue asombrosa.(FRANCE 24 con AFP)

El megaincendio de Ávila y Madrid ya crea su propio microclima y es muy difícil de predecir

Los incendios forestales son más extremos en Europa y Norteamérica, pero la quema global está disminuyendo curiosamente

Latigazo meteorológico

La primera misión para volar a través de monstruosas ‘nubes de fuego’ está a punto de despegar

Las formaciones imponentes que aparecen sobre incendios forestales severos en Francia y Oregón acumulan humo tan alto que tienen consecuencias globales (…) pirocumulonimbus 28 de julio de 2026

En un hangar de Broomfield, Colorado, un avión a reacción Gulfstream V está siendo revisado de última hora antes de partir en una misión audaz. El avión forma parte de una campaña de la NASA que, por primera vez, muestreará extensamente ‘nubes de fuego’, formaciones imponentes en forma de hongo que llegan a la atmósfera superior terrestre por encima de incendios forestales extremadamente grandes y calientes, como los que ahora arden en Francia, España y el noroeste del Pacífico.

«Estamos viendo estos incendios intensos y comportamientos impredecibles«, dice Teresa Campos, química atmosférica del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) de EE. UU. en Boulder, Colorado, que trabaja en el proyecto. «Definitivamente parece un tema importante para investigar.»

No te lo estás imaginando: los incendios forestales extremos son ahora más comunes

Estas enormes plumas, conocidas como nubes pirocumulonimbus (pyroCbs), se generan en la corriente ascendente caliente de las llamas y pueden crear su propio clima, incluyendo vientos y rayos que podrían provocar nuevos incendios. Los PyroCbs también tienen consecuencias planetarias, elevando humo hacia la estratosfera, una capa de la atmósfera terrestre que se extiende desde unos 10 hasta 50 kilómetros sobre la superficie. A esa altitud, el humo puede propagarse más fácilmente por todo el mundo, corroer la capa protectora de ozono de la Tierra e influir en el clima y el tiempo. «Sabemos que pueden afectar a grandes regiones, o incluso a hemisferios completos», dice David Peterson, científico atmosférico del Laboratorio de Investigación Naval de EE. UU. en Monterey, California, y investigador principal de la campaña.

Pero mucho sobre los pyroCbs se entiende poco, incluyendo cómo se forman, cuánta cantidad de humo inyectan en la estratosfera y si — como sospechan muchos científicos — se están volviendo más comunes a medida que el clima de la Tierra se calienta a medida que se calienta el clima. Ahí es donde entra la misión, que podría ver su primer vuelo hacia incendios que arden en Oregón tan pronto como mañana.

Hasta ahora, los científicos solo han recogido una muestra de humo fresco en la estratosfera sobre un pyroCb. Todos los demás datos provienen de aviones de investigación, que vuelan para otros fines, realizando ‘pruebas de olfateo’ para medir humo a gran altitud. «Esta vez, va a ser más que un olor», dice Peterson.

Persecución de incendios

Llamada Experimento de Humo Inyectado y Pirocumulonimbus (INSPYRE), la campaña pretende obtener una vista inigualable de las nubes de fuego desde el suelo. Más de 150 investigadores participan, incluidos científicos de varias universidades estadounidenses y miembros del personal de la NASA y la Marina de EE. UU., que participa porque prever el humo es importante al volar aviones a reacción.

Contaminación del aire y daño cerebral: lo que dice la ciencia

El Gulfstream V, operado por el NCAR, recogerá muestras frescas de humo; Cuenta con depuradores de aire a bordo para mantener las condiciones respirables para los investigadores. Mientras tanto, un avión a reacción de gran altura pilotado por la NASA utilizará instrumentos infrarrojos para escanear los pyroCbs desde arriba. En tierra, otros equipos utilizarán tecnologías como radares móviles y globos meteorológicos para medir las condiciones que alimentan la nube. «Es efectivamente una persecución de incendios, igual que se haría tras tormentas severas», dice Neil Lareau, científico atmosférico de la Universidad de Nevada, Reno, que lidera el equipo de detección terrestre.

Un grupo de meteorólogos señalará a los cazafuegos hacia donde probablemente se formen los pyroCbs. «Hemos estado practicando todo el verano» para hacer mejores predicciones, dice Derek Mallia, científico atmosférico de la Universidad de Utah en Salt Lake City que forma parte del equipo de pronóstico. La campaña continuará hasta el 10 de septiembre, con más trabajo de campo programado el próximo año.

Echando humo…..

Los tres peores incendios forestales de España desde 1961 ocurrieron en los últimos dos años

La probabilidad de incendios forestales en el sur de Europa se ha duplicado desde los años 80, según un estudio

Los autores concluyen que el aumento de las temperaturas está intensificando el clima que favorece el fuego en el sur de Europa y que, aunque hay menos incendios, los que ocurren pueden volverse cada vez más difíciles de controlar. Recomiendan minimizar el riesgo de incendios forestales mediante mejoras adicionales en la gestión del fuego—incluidas las quemas controladas—y adoptar un enfoque más resiliente al clima en el uso del suelo.

Menos fuegos, más megaincendios: así está desbordando el clima extremo la lucha contra las llamas en España y Francia

Un estudio muestra cómo se han multiplicado desde los 80 los días en los que las temperaturas, la sequía y el viento propician eventos catastróficos en el sur de Europa (….) Estos son los datos de un nuevo estudio publicado en Nature Scientific Reports, que alerta de que las medidas que hasta ahora se emplean contra los incendios forestales no sirven en la era de los megaincendios.

El influjo de las grandes (y alteradas) oscilaciones atmosféricas

El estudio también busca correlaciones entre el creciente ambiente incendiario de nuestras latitudes y las grandes circulaciones atmosféricas que rigen las variaciones meteorológicas de nuestras estaciones. “Nuestro estudio confirma que el riesgo de incendios suele empeorar en España cuando el índice de la oscilación del Atlántico norte (NAO, por sus siglas en inglés) está en valores negativos, que, desgraciadamente, es la situación actual“, resume Cordero.

En pocas palabras, la NAO es un patrón de presiones atmosféricas que oscilan entre el Atlántico norte y las Azores, y que determina la humedad que entra por Europa occidental a lo largo del año. Cuando la diferencia de presiones entre ambas regiones es alta, llegan por el oeste vientos más fuertes y húmedos que alimenta las precipitaciones. Por el contrario, cuando la NAO se debilita, el viento es menor y los autores de este estudio han visto que se correlaciona con un riesgo de incendios mayor por la falta de precipitaciones. Alberto Redondas, científico de la Aemet y otro de los autores del estudio, explica que “con la NAO negativa, hay un bloqueo atmosférico que aumenta las sequías y las olas de calor, con una fuerte reducción de la humedad del suelo, como en los incendios de este verano”. No encontraron una correlación tan clara con el que parece que será un fenómeno atmosférico de dimensiones históricas y consecuencias globales a finales de año. El Niño, u Oscilación del Sur (ENSO por todas las siglas en inglés), ocurre en el Pacífico tropical y es capaz de empujar el termómetro global al alza. Cordero cuenta que el “superNiño” que viene podría ser el más intenso jamás registrado y, “aunque no está claro su un rol en la temporada de incendios en España, su carácter excepcional hace difícil prever la magnitud de sus impactos en Europa”.

Los incendios en Europa están batiendo récords: esto es lo que depara el futuro

Países como España y Francia pueden esperar regímenes de incendios más parecidos a los de California, ya que el cambio climático favorece condiciones calurosas y secas, sugieren los científicos.

 Menos fuegos, más megaincendios: así está desbordando el clima extremo la lucha contra las llamas en España y Francia

Un estudio muestra cómo se han multiplicado desde los 80 los días en los que las temperaturas, la sequía y el viento propician eventos catastróficos en el sur de Europa

Añadir EL PAÍS en Google

Solo en julio, unas 150.000 hectáreas se han visto afectadas por los incendios forestales en España. En la última década, estas cifras se han visto superadas únicamente en 2022, que acabó el año con más de 300.000 hectáreas afectadas, aunque el año pasado tiene por ahora el récord, rozando las 400.000. Por eso cuesta asimilar una paradoja: desde los años ochenta, el número de fuegos en nuestro país no ha parado de descender. Y la tendencia es igual en todo el sur de Europa, con un 40% menos al año en la última década respecto al periodo 1981-2010. Los expertos aseguran que la lucha contra los incendios ha mejorado con el tiempo, pero ahí radica la paradoja; la biomasa que no arde tiende a acumularse y, cuando este combustible quema, lo hace con una fiereza inusual, incentivada por unas condiciones meteorológicas extremas que el cambio climático está intensificando.

El aumento de las temperaturas, de los periodos de sequía y del viento en época estival están propiciando el escenario de fuegos extremos de las últimas décadas en el sur de Europa. En algunas áreas de España y Francia, la intensidad de estas circunstancias se ha incrementado hasta un 50% entre 2016 y 2025 comparado con el periodo 1981-2010; y han llegado a darse en 25 días del verano, comparado con una media de 10 en el periodo anterior. Estos son los datos de un nuevo estudio publicado en Nature Scientific Reports, que alerta de que las medidas que hasta ahora se emplean contra los incendios forestales no sirven en la era de los megaincendios.

“Las herramientas con las que contamos para gestionar el fuego ya no son suficientes ante la magnitud del desafío”, declara Raúl Cordero, uno de los autores del artículo. El climatólogo de la Universidad de Groningen (Países Bajos) considera un logro haber reducido tanto el número de incendios como el área quemada, casi a la mitad en promedio, desde la década de los 80 “cuando en paralelo el cambio climático ha ido empeorando las condiciones meteorológicas que dificultan el combate del fuego”.

Sin embargo, Cordero advierte que a partir de 2018 se ha observado un cambio en la tendencia y el área quemada, tanto en España como en el conjunto del sur europeo, vuelve a crecer. “Parece una cuestión de tiempo que caigan los récords de hectáreas quemadas en los 80”, lamenta el climatólogo. Sus conclusiones se basan en tendencias que han observado al comparar la década más reciente, 2016-2025, con un periodo largo representativo del pasado, 1981-2010. Pero matiza que “el índice de incendios ha ido creciendo sin pausa durante las últimas décadas”.

Temperaturas y fuegos de récord en la península Ibérica

El índice de incendios que emplean (FWI por las siglas en inglés de fire weather index) es una medida del riesgo de incendios que combina temperatura, precipitaciones, viento y humedad del combustible en un territorio. Los investigadores han observado una intensificación progresiva del FWI en el sur de Europa, especialmente en la pasada década, que en zonas de Francia y España ha llegado a aumentar en verano un 50% respecto al periodo 1981-2010, con sequías recurrentes y veranos cada vez más cálidos.

Como los investigadores desgranan en el artículo, la tendencia de calor y sequía lleva años batiendo récords en la península Ibérica. Seis de las diez anomalías positivas de temperatura ocurrieron en la pasada década y en 20 de los últimos 25 años ha habido déficit de lluvias estivales, con el verano de 2025 entre los más secos de los últimos 50 años. Todo esto, junto con el abundante combustible que se acumuló tras una primavera especialmente húmeda, es para los autores el escenario que propició los dramáticos incendios del noroeste de España el año pasado. Mientras vivíamos el verano más caluroso desde que se tienen registros, España y Portugal sumaron en 2025 el 80% del área que ardió en todo el sur de Europa.

En el artículo destacan las temporadas de incendios de 2022 y 2025 en España como ejemplo de que las condiciones climáticas extremas están empezando a superar la capacidad de los sistemas de extinción existentes. Y añaden que lo están haciendo mucho antes de lo previsto y que se espera que la presión climática llegue a multiplicar por diez los incendios extremos en Europa en este siglo.

El influjo de las grandes (y alteradas) oscilaciones atmosféricas

El estudio también busca correlaciones entre el creciente ambiente incendiario de nuestras latitudes y las grandes circulaciones atmosféricas que rigen las variaciones meteorológicas de nuestras estaciones. “Nuestro estudio confirma que el riesgo de incendios suele empeorar en España cuando el índice de la oscilación del Atlántico norte (NAO, por sus siglas en inglés) está en valores negativos, que, desgraciadamente, es la situación actual“, resume Cordero.

En pocas palabras, la NAO es un patrón de presiones atmosféricas que oscilan entre el Atlántico norte y las Azores, y que determina la humedad que entra por Europa occidental a lo largo del año. Cuando la diferencia de presiones entre ambas regiones es alta, llegan por el oeste vientos más fuertes y húmedos que alimenta las precipitaciones. Por el contrario, cuando la NAO se debilita, el viento es menor y los autores de este estudio han visto que se correlaciona con un riesgo de incendios mayor por la falta de precipitaciones. Alberto Redondas, científico de la Aemet y otro de los autores del estudio, explica que “con la NAO negativa, hay un bloqueo atmosférico que aumenta las sequías y las olas de calor, con una fuerte reducción de la humedad del suelo, como en los incendios de este verano”.

Esta tendencia estival negativa, que observaron para el periodo 1960-2025, es opuesta en invierno y primavera, y explica las abundantes lluvias que han aumentado el combustible con el que se han encontrado los fuegos en los secos veranos de los últimos años. Para el investigador, la influencia del cambio climático sobre la intensificación de estos patrones “es clara”. “Los modelos apuntan a temporadas de lluvias cortas e intensas y largas sequías, como ha ocurrido en 2025 y 2026”. La intensificación del índice FWI en estos mismos periodos, apuntala su tesis del impacto de la variación climática a gran escala sobre los patrones de incendios de la región sureuropea.

No encontraron una correlación tan clara con el que parece que será un fenómeno atmosférico de dimensiones históricas y consecuencias globales a finales de año. El Niño, u Oscilación del Sur (ENSO por todas las siglas en inglés), ocurre en el Pacífico tropical y es capaz de empujar el termómetro global al alza. Cordero cuenta que el “superNiño” que viene podría ser el más intenso jamás registrado y, “aunque no está claro su un rol en la temporada de incendios en España, su carácter excepcional hace difícil prever la magnitud de sus impactos en Europa”.

Para el oceanógrafo Josep Lluis Pelegrí, experto en el estudio de estas grandes oscilaciones en nuestro planeta, estos patrones encajan bien con “un sistema terrestre que acumula energía desde hace años, provocando oscilaciones a gran escala cada vez más potentes”. Para el investigador del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), que no participa en el estudio, es evidente que detrás está el cambio climático, que está “redistribuyendo la energía de formas que todavía no conocemos”. Ana Lozano del Campo, Diario EL PAÍS

Revisando un experimento forestal que permaneció olvidado durante 30 años

Imágenes Relacionadas:

Compartir:

Deja un comentario