Contaminación Orgánica del Suelo, Progreso y Salud Humana

Contaminación Orgánica del Suelo, Progreso y Salud Humana

 

Imposible seguir a nuestro Administrador, por cada reglón escrito de algún colaborador, él escribe treinta, por lo menos, y además varía los temas, de forma que cada día se descuelga con asuntos diferentes. Ya no se que contar, es tal su producción que se hace muy difícil escribir sobre algo novedoso. De cualquier forma, también hemos de reconocer que el mayor trabajo lo hace él, por tanto, cuando se relaja las cosas no funcionan.  

 

En mi último escrito analizaba algunos conceptos sobre el tema de la calidad del suelo, eran solo aproximaciones para engarzar con la mala utilización del territorio que encontramos en muchos puntos de nuestro entorno, pero como el tema ya lo esta tratando Juanjo y además extensamente, volveré sobre la contaminación de suelos y hablaremos un  poco sobre la contaminación de origen orgánico.

 

La acumulación de compuestos orgánicos, mayoritariamente de origen sintético, como plásticos, lubricantes, aceites, disolventes y fitosanitarios, es otro de los graves problemas que presentan los suelos. Los vertidos accidentales o planificados en las proximidades de las ciudades facilitan la incorporación de estos compuestos a nuestro organismo.

 

Muchos de los productos utilizados son relativamente inertes, sin embargo, otros pueden llegar a ser muy perjudiciales para la salud humana, aún encontrándose en cantidades muy pequeñas. Las propiedades moleculares, en especial, su estructura electrónica, su coeficiente de solubilidad y su disponibilidad para volatilizarse, son de gran importancia para definir su comportamiento. Así por ejemplo, la facilidad de las moléculas a ionizarse, es la principal razón por la cual muchas de las interacciones que se establecen entre los  compuestos orgánicos tóxicos y el suelo son pH-dependientes. Por otro lado, para los compuestos que no se ionizan, son las propiedades hidrofílicas quienes regulan los procesos de adsorción.

 

Existen numerosas sustancias que son potenciales contaminantes, por si mismas, o como resultado de transformaciones químicas o biológicas. Desde los años 40, cuando el DDT irrumpió en los mercados, hoy prohibido en Europa y EEUU,  a los posteriores organoclorados, o carbamatos, constituyen una gama de productos que, si bien, resultaron muy eficaces en los tratamientos agrícolas, tuvieron consecuencias graves para la salud de los ecosistemas y del hombre. En la actualidad mas de 600 compuestos orgánicos, con aproximadamente 50.000 formulaciones son usados en todo el mundo, para el control  de diferentes plagas. Europa utiliza anualmente cantidades que están entorno a 350 millones de kg. de pesticidas.

 

Esta cantidad tan elevada de plaguicidas tiene una relación directa con el aumento de enfermedades. No hay actualmente estudios comparados de los diferentes orígenes de patologías relacionadas con actividades agrarias, pero según datos de la OMS, anualmente hay dos millones de personas afectadas por exposición directa o indirecta con plaguicidas. La inhalación, la ingestión o el contacto con la piel, son las vías de penetración.

 

Dependiendo de la concentración, del tiempo de exposición, y del tipo de contaminante los efectos varían. Vómitos, diarreas, cefaleas, somnolencia, están asociados a la ingestión de dosis únicas con altas concentraciones. Cánceres, leucemias, necrosis de hígado, se deben a exposiciones repetidas. Los síntomas aparecen con el tiempo, dado que los pesticidas son sustancias de biotransformaciones lentas que provocan efectos acumulativos en los organismos.

 

Otros efectos que en la actualidad se están investigando son los relacionados con la homeostasis endocrina. Se ha acuñado el término disruptor endocrino, para definir a cualquier sustancia química, contamínate ambiental que, una vez incorporado al organismo altera el sistema hormonal con graves consecuencias para la salud del individuo o de su descendencia. Estas disfunciones se analizan en pacientes de alto riesgo, entre los que destacan los trabajadores de áreas con agricultura intensiva donde se prodiga el uso de pesticidas y en individuos que ocupan zonas circundantes.

 

A pesar de todo esto no hay que asustarse, los suelos son sistemas que aguantan bien la contaminación, su carácter tampón y su capacidad de retención, les hace ser buenos amortiguadores.

 

Hasta otro día

 

Antonio López Lafuente

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