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Cambio Climático: Los Cambios de Paradigma que Demanda la ONU

catastrofe-climatica-2018 

Fuente: Imágenes Google

 El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) sacó a la luz, aproximadamente hace un año, un informe pocos días antes de que yo redactara este post (Octubre de 2018). Y según este documento, el calentamiento climático a escala global, sigue su imparable progreso que resulta ser aun peor de lo previsto con anterioridad por los miembros del IPCC. Tras numerosas cumbres de esta índole y de las firmas de tratados, convenios y convenciones por casi todos los gobiernos del mundo, resulta que 2017 fue el peor año en lo que respecta a la quema de combustibles fósiles y emisiones de CO2. Es decir, que tales reuniones y firmas, mil veces publicitadas  no sirven para absolutamente nada. ¡Nada de nada!. Ya os hemos advertido numerosas veces, acerca de la vacuidad de este timo de mega-eventos publicitarios/panfletarios. Periódicamente nos alertan de las grandes catástrofes que se avecinan si la “aldea global” no gira bruscamente de comportamiento. Seguidamente, acusan a los gobiernos de inacción ante tanta calamidad, luego afloran las más disparatadas “ocurrencias”, ya que no se puede hablar de “ideas”, con vistas a paliar tamaños desmanes. Por su parte, los científicos de diversas disciplinas publican alocadas y poco meditadas ideas, bajo las perspectivas de sus constreñidos ámbitos del conocimiento, es decir esas en los que los árboles no dejan ver el bosque. Empero la ONU y sus instituciones e iniciativas, como el IPCC, no dejan de ser un aglomerado arbitrario de representantes de los mentados Estados, esos mismos que airean sus bravatas e incoherencias. Por lo tanto la ONU no es un ente soberano, ni lo será, mientras tan solo haga falta un gobierno  como para que “ Poder de veto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas paralice una decisión de transcendental importancia en muchos temas de gran calado. Antaño los gobiernos tenían un “cierto” nivel de soberanía. ¿Es hoy así?. ¡Pues va ser que no!. En año despues (noviembre de 2019), aproximándose las fechas de otro mega-evento, ni EE.UU., ni China, ni Rusia, están por la labor de cambiar sus politicas, depredadoras y contaminantes. No pasa nada, firmaran o no firmarán nunca cumplen lo firmado, ¿verdad?.  

 ¿Quién dirige los destinos de la “Aldea Global”?. La economía neoliberal. Y aquellos acuerdos de libre comercio que dieron lugar a la actual dictadura financiera que padecemos, han demostrado su potencial con vistas a enredar la madeja hasta límites inimaginables. Una empresa aloja su sede en un determinado lugar, produce sus componentes en los países cuya masa laboral y materias primas permiten obtener parte de sus productos a precios competitivos, aunque generalmente en contra del medio ambiente y la salud laboral de los trabajadores y de la población en general. A la postre, vende sus mercancías en otros lares, avaden pagar impuestos mediante todo tipo de triquiñuelas (paraísos fiscales de otros Estados, por ejemplo), etc. Del mismo modo, dado el poder y volumen de negocio de las multinacionales, su presión a los gobiernos se traduce en que estos no puedan llevar a cabo las políticas que prometieron a su electorado, etc.: “podríamos seguir ad nausean”. Es evidente que la microeconomía y la macroeconomía no van de la mano, y menos aún si sacamos a colación la economía familiar. Esta última, a fin de cuentas, es menospreciada por la gobernanza mundial. Empero como son los grandes emporios económicos los que manejan una buena parte del PIB mundial, serán sus grandes accionistas los que muevan las cuerdas entre bambalinas.  ¿Y quién  son estos últimos?. Los mismos que ostenten el poder, de uno u otro modo, en esta larga cadena de sombras que abduce nuestros destinos. Más aún, si alguien (algún país) se desmadra e intenta hacer frente a tal dictadura, surgirán el “Banco Mundial” así como elFondo Monetario Internacional para infringirles un severo correctivo disciplinario. Estas instituciones, son las garantes de la salud de esa economía global, para reconducir a los descarriados por el único camino posible que permita la ideología económica neoliberal. Pues bien, tras el último informe del IPCC (octubre de 2018), vuelve una nueva  andanada de desesperadas manifestaciones que claman que nos encontramos al borde del precipicio. Y parece ser cierto, aunque de la estructura y dinámica del comportamiento del sistema climático aun conozcamos muy poco, por mucha importancia que se le otorgue a las conclusiones de tal Panel de Expertos.

2018 y 2019, lamentablemente, ha sido muy prolijos en desastres naturales,  y en consecuencia buena parte de tales tragedias tienden a ser asumidas como resultado del calentamiento de la atmósfera, aunque diversos expertos también reconozcan que, en muchos casos, tal vinculación no deja de ser más que una mera “sospecha”, una “posibilidad”. Sin embargo, todo debe parecer que cambia para que todo siga igual”. Llevamos ya decenios en los que la inmensa mayoría de las “partes firmantes”  de esos acuerdos, convenios y convenciones, son los primeros en incumplirlas

 Abajo os dejo tres notas de prensa, dos de ellas traducidas al español-castellano, en las que diversos agentes implicados reclaman un cambio de paradigma en lo que respecta al medio ambiente y la economía global. Sin embargo: ¿a quién representan y que conocimientos atesoran?. ¿Se lo imaginan? Más aun, son soluciones, timoratas cuando no maquiavélicas, por lo que no tienen desperdicio. Veamos el siguiente pasaje que podéis leer también más abajo (i) Un escenario de “pagar en el futuro” para compensar los estilos de vida actuales de alto consumo y persistir en el  uso continuado de combustibles fósiles, supondría sobrepasar muy pronto la línea roja del elevamiento en 1.5 Cº del calentamiento de la atmósfera; (ii) No superar tal límite dependerá en gran medida del uso de biocombustibles de primera generación. Sin embargo, tal opción requeriría sembrar un área dos veces superior a la superficie de la India con los  cultivos destinados a obtener los susodichos biocombustibles, lo que suponen que equivaldría unos 1,200 billones de toneladas de CO2 (30 años de emisiones a las tasas actuales) y/o secuestrarlo de manera segura bajo tierra; (iii) “¿Es justo que la próxima generación pague para eliminar el CO2 de la atmósfera que ahora estamos introduciendo?” (iv). “Tenemos que empezar a mantener ese debate”.

 Veamos, todos creen injusto lo declarado en el ítem (i), empero si seguimos con la misma cantinela narradas en (iii) y (iv) constata que  nada hemos avanzado en treinta o más años. Se trata de un “clásico” repetido ad nauseam que no da lugar a ningún debate que supere tanta palabrería. “Obras son amores, que no buenas razones”, pero brillan por su ausencia. Sin embargo fijémonos  en lo manifestado en (ii). Si aún no ha quedado palmariamente aclarado que una economía basada en los combustibles de primera generación tan solo puede dar lugar a poner en riesgo la soberanía alimentaria de miles de millones de personas, degradar aún más el medio ambiente (contaminación, pérdida de biodiversidad, etc.), empeorar la salud pública de la ciudadanía global, etc., etc., parece reafirmar que nuestros líderes están descerebrados. En nuestro post “Cambio Climático, Degradación Ambiental, Demografía y Envejecimiento” ya os mostramos nuestra opinión.

 En realidad tan solo hace falta atajar un único problema, que no deja de ser ni más ni menos, que el modelo socioeconómico que vivimos. El cambio climático no es ninguna enfermedad, sino uno más de la plétora de síntomas a la que nos ha conducido una sociedad enferma y enfermiza, caótica o comandada por los poderes ya aludidos a los que este Planeta no les importa nada que no sea el dinero y el poder para ellos, no para todos, como sobradamente sabéis. Y no lo duden, primero vendrá el desastre, y a la postre, sobre las ruinas y cenizas de esta civilización suicida y ecocida renacerá otra  que….. “ya veremos cuanto tiempo tarda en incurrir en los mismos o parecidos errores”. Al fin y al cabo, se trata del ciclo tradicional de la emergencia y declive de civilizaciones e imperios, como la historia avala. Tampoco les quepa la menor duda de que hasta alcanzar ese vital “punto de no retorno”, seguiremos escuchando a los mismos alegar “más de lo mismo”. Nuestra culpa como ciudadanos es seguir tragándonos tanta demagogia tendenciosa y fraudulenta. Durante ese camino, que llegará en un futuro no muy lejano, ya que la cordura de la gobernanza mundial brilla por su ausencia, seguiremos padeciendo la Ley de san Mateo, pero a ritmo acelerado.

Les dejo abajo las noticias. Y ¡Qué Dios Reparte Suerte!.

Juan José Ibáñez

 Continua………   (más…)

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