Las remesas pueden laminar la pobreza en el África subsahariana
Por Iñigo Moré
Me han pedido una nota sobre mi presentación del próximo día 26 en el seminario del proyecto Políticas migratorias, justicia y ciudadanía, una presentación cuyo contenido será más bien económico. Pondré por delante el único número del que voy a hablar para no perder muchos lectores en este foro más interesado por lo cualitativo. Se trata de 1991, para ser exactos, el 31 de diciembre de 1991. Ese día, por primera vez en la historia, ocurrió algo cuyas consecuencias en la historia se cifraran en decenas de miles de muertos, cientos de miles de desplazados y, en buena medida, explica nuestro interés por el asunto.
Ese día cambio la historia de la forma más severa que España haya conocido desde entonces.
¿Y qué ocurrió ese día? Pues ocurrió uno de esos cataclismos cuyo efecto nos llega lentamente y por ello de forma inadvertida, abominable. Como la caída de la primera piedrecita que desencadena el alud.
El 31 de diciembre de 1991 el departamento de estadística del Fondo Monetario Internacional certificó que la economía española era mayor que la africana.
Por primera vez en la historia, el valor de los bienes producidos en España a lo largo de un año superaba el de toda África. En términos estadísticos el PIB de España superaba al de África. Desde luego que cabría mucho que discutir sobre cómo se hace esa estadística (quizá es mejor en su variante de Paridad de Poder de Compra) y qué realidad refleja, (ya que el FMI considera que el Mashrek no forma parte de Africa; para este organismo, Libia ya forma parte de Oriente Medio). Pero eso lo dejamos para la sesión del dia 26.
El hecho es que en 1991 los apenas 38 millones de españoles de la época habían producido más riqueza que 850 millones de africanos.
Repasando las hemerotecas, disponibles, nadie levantó acta del acontecimiento que simplemente ocurrió, sin más. Y la verdad es que tendrían que pasar años antes de que comenzasen a percibirse los efectos de esa situación.
Son estos efectos los que centrarán la sesión del próximo dia 26.
Nota del editor.- Del autor del post [Iñigo Moré] véase también este artículo: “Las remesas pueden laminar la pobreza en África subsahariana”.
Participación y ciudadanía: ¿otros modelos, otras ágoras? Experiencias africanas para Occidente
Las formas clásicas de participación política en las sociedades complejas occidentales, que han pasado sobre todo por el ejercicio del voto y la militancia en partidos políticos, se han revelado insuficientes en el panorama actual. El adelgazamiento de la ciudadanía es un hecho señalado desde muchos frentes, y muchos autores y actores sociales claman por una ampliación y diversificación del concepto de ciudadanía y su ejercicio a través de prácticas políticas y ciudadanas diferentes. Boaventura de Sousa Santos, desde su propuesta de democracia radical, denuncia que la ciudadanía practicada en occidente es de baja intensidad, desarrollándose a menudo en un entorno que llama de “fascismo social” o, en palabras de Carretón, donde proliferan los “entornos autoritarios”; el fascismo social hace referencia a múltiples relaciones de poder –espacios hobbesianos donde impera la ley del más fuerte-, arbitrarias y autoritarias, entre sujetos teóricamente iguales y prácticamente desiguales, como precisa Aguiló Bonet. Capella habla de los ciudadanos-siervos o súbditos, en un aparente (que acaso no real) oxímoron discursivo.
La situación actual de fascismo social en las supuestas democracias representativas (que podría ser también denominada con terminología de Tucídides: “oligarquía isonómica”, al decir de Aguiló Bonet), habría de dar paso a una descolonización de la ciudadanía e incluso a la práctica de Estados experimentales, según Sousa Santos, en forma de experimentos de demodiversidad. Otros autores como Juan Carlos Velasco se plantean el alcance y las posibilidades de la noción republicana de ciudadanía (en sus múltiples versiones) en un contexto de diversidad cultural. La ciudadanía republicana es per se de alta intensidad.
¿Qué se propone, pues, para ciudadanizar la ciudadanía, empleando de nuevo terminología de Santos? El sociólogo portugués describe seis prácticas o necesidades primordiales, que aquí sólo podemos esbozar:
- la profundización democrática,
- la ciudadanización de la ciudadanía,
- una nueva esfera pública no (sólo) estatal (o novísimo movimiento social),
- la construcción de la ciudadanía desde abajo,
- la descolonización de la ciudadanía y
- la creación de formas de sociabilidad alternativas.
Pues bien, este tipo de propuestas, ¿cómo enlazan, se ligan o relacionan con el llamado fenómeno migratorio? Con él nos llegan, a través de las personas distintas que lo protagonizan, prácticas y experiencias culturales diferentes, también tradiciones y vivencias de lo político por supuesto, que podrían constituir un acervo que enriquecería la comprensión occidental de la participación ciudadana -que, como vemos, está haciendo aguas-. En un ejercicio de comprensión e intercambio cultural, desde una humildad a la que Occidente está poco acostumbrado, podríamos volver la mirada a prácticas de participación ciudadana habituales en muchas sociedades subsaharianas, donde la experiencia del Estado nacional y de la modernidad es tardía, y las formas de legitimidad y organización social se revelan profundamente distintas a las nuestras.
Mi breve experiencia en África austral me permitió conocer prácticas (donde se funde en un peculiar sincretismo la tradición y la globalización) como las del rol de las autoridades tradicionales (o consuetudinarias), que desempeñan una labor clave tanto en jurisprudencia local como en procesos de reconciliación posbélica, por ejemplo, otro campo en el que África tiene grandes lecciones que dar al Tribunal de la Haya (pensemos si no en el papel de la Gacaca en Ruanda). Distintas formas de asociación, de atribución del poder, de gestión de la autoridad, de búsqueda del consenso, de prácticas políticas en una palabra, bien trascendentes de la política de partidos y la democracia representativa, que la migración (subsahariana y otras) traen bajo en brazo y que podrían contribuir a sacar a Occidente de su sueño jacobino de la política, la participación o la ciudadanía. Un sueño hoy convertido en pesadilla, visto el panorama internacional.
Nota del editor.- De la autora del post [Ester Massó] véase también este artículo:“De la doble legitimidad en África y sus lecciones para la ciudadanía: un estudio de caso y un perfil anfibio“.
Inmigración irregular y políticas migratorias en perspectiva comparada
Por Claudia Finotelli
En el estudio de las migraciones internacionales, el término ‘irregular’ es utilizado a menudo para describir la condición jurídica de un individuo o de un grupo de personas. Sin embargo, desde una perspectiva sociológica el adjetivo ‘irregular’ describe más bien el proceso de interacción entre sistemas migratorios y regulaciones estatales (Sciortino 2009). La presencia de inmigrantes irregulares está profundamente arraigada en la contradicción entre políticas migratorias a menudo restrictivas y unos flujos migratorios intensos.
Fronteras invisibles: la legislación europea sobre la “mutilación genital femenina”
por MariaCaterina La Barbera
La prohibición de las prácticas conocidas como “mutilación genital femenina” es una cuestión de actualidad política creciente. Dado que dichas prácticas se realizan no solo en África sino también entre las mujeres migrantes en Europa, el Parlamento Europeo se ha pronunciado al respecto recientemente con las resoluciones 2001/2035 y 2008/2071. Me referiré aquí a dichas prácticas con la expresión “intervenciones rituales sobre los genitales femeninos”. Mientras que el término “mutilación” expresa un juicio de valor, el término “intervención” es presuntamente neutral. Además, el adjetivo “ritual” recuerda su función socio-simbólica, y la forma plural alude a la variedad de prácticas incluidas bajo esta denominación.
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El Estado y las migraciones
La labor del Estado, por acción o por omisión, representa un factor sumamente relevante en las diversas fases por las que transcurren los desplazamientos transfronterizos de personas. Su papel no se reduce a ordenar los flujos de personas, bien sea para alentarlos bien para intentar obstaculizarlos, sino que también resulta crucial a la hora de producir y reproducir situaciones de irregularidad, al encontrarse entre sus competencias privativas la de crear la peculiar figura de los sin papeles o inmigrantes indocumentados. Con todo, y pese a esa evidencia, a medida que más y más cuestiones demandan cada vez más soluciones de alcance global, cabe preguntarse por la adecuación y capacitación real de los Estados nacionales para afrontar los diversos retos del presente y, en particular, el representado por los movimientos internacionales de personas.
La lucha por los derechos de los inmigrantes
Los derechos de los inmigrantes deben ser orientados hacia dos frentes: terminar con las políticas neoliberales responsables de haber generado pobreza en sus países de origen, forzándolos a emigrar, y demandar que se les otorguen plenos derechos en sus países de acogida.
No cabe romantizar la suerte del trabajador globalizado. La inestabilidad y la ausencia de seguridad es la condición de muchos. El capitalismo en la era neoliberal destruye trabajos en casa y los crea por todos lados, forzando a muchos a emprender peligrosos viajes transfronterizos para encontrar esos trabajos. Desregulado como está en la actualidad, el capitalismo se caracteriza por tener periodos de expansión y contracción. Cuando llega la contracción, el grueso de inmigrantes se convierte en algo peligroso, y los políticos oportunistas, desde la cultura dominante, los colocan como chivos expiatorios por la pérdida de sus empleos. Esta es la situación que se vive hoy en los países desarrollados, donde la discriminación, la represión policial y las deportaciones se han vuelto omnipresentes.
Inmigrantes sin techo
La expresión máxima de la exclusión residencial, es aquella que en el marco de sociedades ricas en recursos de todo tipo, niega a algunas personas la posibilidad de contar con un alojamiento, un lugar en el que refugiarse durante la noche, establecer su malla de relaciones sociales y radicar su biografía. Vivir sin hogar, para algunos, no es sólo una expresión simbólica para aludir al desarraigo existencial que acompaña la modernidad, sino la descripción literal de sus condiciones materiales de vida.

Migraciones y transnacionalismo
En el contexto de los procesos de globalización, los movimientos migratorios contemporáneos presentan rasgos en cierta manera novedosos que resultan de una confluencia de factores que favorecen una movilidad más flexible, eliminan parcialmente la noción de fronteras y permiten mantener con regularidad lazos a través de las mismas. Un conjunto de rasgos que en los estudios especializados se conoce, con algunas fluctuaciones en la denominación, como transnacionalismo migratorio.
La inmigración española en Argentina
Los argentinos claramente estamos marcados por la inmigración española. Basta tomar una guía telefónica para darnos cuenta del peso de los descendientes de españoles en nuestro país. Entre los años 1869 y la I Guerra Mundial y luego en la época de la Guerra Civil Española, y en los años posteriores a este dramático enfrentamiento – por mencionar sólo las etapas más recientes- llegaron a nuestras costas cientos de miles de españoles.
En la Buenos Aires de principio del siglo XX había casi tantos inmigrantes como nativos argentinos y el fenómeno se repetía en las ciudades del interior en menor escala. Estos inmigrantes, fueron nuestros abuelos, a quienes veneramos por su lucha y coraje, al mismo tiempo que agradecemos a esta tierra el haberles dado las posibilidades de crecimiento y de futuro.
Migraciones y «cuestión social»
En la mayoría de los casos, hablar de las migraciones como un éxodo voluntario constituye una representación completamente falaz de la realidad. Los márgenes de acción y de decisión individual son enormemente restringidos en situaciones de escasez y penuria económica. No obstante, hay que tener en cuenta que, aunque detrás de muchos procesos migratorios estén la pobreza y la búsqueda de mejores oportunidades de vida, la identificación del factor desencadenante de las mismas (que no hay confundir con su causa última) resulta sumamente compleja.
