La Carencia de Una Selvicultura Mediterránea y Las Responsabilidades Políticas de Fondo en los Incendios Forestales

Durante estos días de agosto hemos dedicado varios artículos al tema de los incendios forestales que, durante el, año 2006, están afectando a Galicia. A pesar del título de esta contribución, que esperemos que sea la última (ya que nos vamos de vacaciones con la esperanza de que el problema, como mínimo, vaya a menos), no vamos a tratar las responsabilidades de los políticos en este caso concreto, sino más bien de su falta de atención a una disciplina científica casi por comenzar a desarrollar. Es hora de hablar claro, y no de insistir en buscar responsables directos entre los miembros de la clase política (el típico linchamiento en versión postmoderna). Llega el momento de incidir sobre aquellos factores preventivos que casi nadie parece recordar.  ¡No!. No reforestamos bien nuestros montes. ¡No! No hay una ordenación territorial adecuada y adaptada ni a los ambientes mediterráneos ni a los templados del norte de España. ¡No! No hemos sabido defender ante los organismos de la UE los problemas inherentes al abandono de tierras a que nos obligan los organismos comunitarios. Todo era previsible, como el desastre del Barranco de Bisecas, del que hablaremos ya en septiembre. Insistimos en invertir (poco y mal) en I + D + i, para ser más competitivos y nos olvidamos de aspectos básicos, o mejor decir urgencias históricas, cuya resolución requiere una investigación medioambiental que se clama desde la época de Joaquín Costa. Mientras casi todo el dinero se va en publicar lo que sea en revistas indexadas, la investigación ambiental española no se enfrentará seriamente a los retos que sufre nuestro país con vistas a salvaguardar nuestro patrimonio natural y cultural; nuestros paisajes tradicionales, actualmente casi arruinados por la desatención y desidia de una política científica (si es que existe) mal diseñada.

Cuando era joven y militaba en un grupo ecologista, todos (incluidos los científicos), acusábamos al gobierno central y en especial a la mano ejecutora de sus políticas forestales (el extinto ICONA) de que todos los veranos padeciéramos el azote de los incendios forestales. Casi todos pensábamos que las manos de las administraciones locales serían más sabias y cuidadosas con vistas a  ordenar sus respectivos territorios. ICONA estaba gobernada exclusivamente ingenieros forestales y había que poner cota a ello por las razones que luego comentaré.

 

Treinta años después, cuando las trasferencias autonómicas debían haber dado sus frutos sobradamente, y cuando ya no nos enfrentamos a un coto reservado a los susodichos ingenieros forestales, resulta que seguimos padeciendo la misma situación. Nada ha cambiado. Las autonomías tampoco han sabido o querido, enfrentarse a la realidad de nuestra idiosincrasia ecológica.

 

En mi primera charla pública en un congreso, cuatro meses después de entrar al CSIC (1977), escuché a un insigne ingeniero forestal hablar de la apertura de ICONA. Habían sacado una plaza (“una”) para incorporar a biólogos. Visto que yo había ya intervenido con una charla sobre la deficiente política forestal (y sus repercusiones sobre el suelo) que se llevaba en la provincia de Guadalajara, salté como un resorte para recriminar a aquél orador or su generosidad. Mis jefes me echaron la primera bronca. ¡Un becario joniezuelo de 4 ternos meses de experiencia! enmendando la plana  a los defensores de la política forestal española! Hasta ahí podían llegar. Casi treinta años después como podéis observar mantengo mi síndrome de “Peter Pan”. Es palmario que mi problema es patológico. Empero las argumentaciones que expuse (y eso que de ciencia casi nada sabía) siguen siendo vigentes. Poco tiempo después conocí a mi entrañable amigo José Luis González Rebollar, Ingeniero de Montes, “tránsfuga”, que se había pasado a las filas del enemigo y que criticaba la política forestal que de los gobiernos de entones  (desde un Centro del CSIC) y que poco ha cambiado por desgracia.  José Luis (JL) me comenzó a explicar la raíz del problema. Luego yo seguí mi propia andadura.

 

Con independencia de que llamamos bosques a los “cultivos de coníferas” (craso error que confunde al ciudadano) con vistas a satisfacer las demandas de madera y celulosa, en la antigua escuela de Ingenieros Forestales se seguía un adiestramiento de sus estudiantes siguiendo el modelo o escuela alemán. No creo que haga falta explicar a estas alturas que no se pueden imitar-importar políticas forestales de ambientes templados continentales a otros mediterráneos. Como vemos tampoco a Galicia. El resultado lo estamos viendo. Y aquí comienza el problema. Desde entonces muchas cosas han cambiado en el temario de la susodicha Ingeniería. No cabe duda. Al menos eso creo yo. Con el tiempo he ido conociendo a otros ingenieros forestales que han incidido en la selvicultura de los ambientes mediterráneos, tal como lo hace también J. M. Montoya Oliver. ¿Pero han sido estos cambios suficientes? Lo desconozco por completo. Los resultados me inducen a pensar que no. Es cierto que se aplican a sistemas silvopastorales como las dehesas. Ahora bien, no con vistas a repoblar nuestros montes.

 

En cualquier caso ya no podemos demonizar ni a ICONA, ni a la administración central, ni a los Forestales.  Los biólogos pululan por la administración, los recursos naturales y agrarios están en manos de las administraciones regionales, autonómicas o nacionales (escojan ustedes el vocablo del que prefieran), pero todo sigue igual. Es cierto que algunas CC.AA experimentan con repoblaciones con especies autóctonas que, al contrario que muchas coníferas al uso y los eucaliptos, no son amantes del fuego, es decir, pirofíticas. Pero, ¿cuantas de ellas? y ¿cual ha sido cuantitativamente la superficie reforestada con alcornocales, encinares, rebollares, quejigales, robledales, etc? Por lo que yo puedo observar en el campo muy poco, por no decir casi nada. Estas especies arden mucho peor, a pesar de que algunas como el alcornoque desarrollan cortezas para proteger sus troncos del fuego (eso es el corcho). Rasgos evolutivos como este, en nuestra flora autóctona, dan fe de la prolongada incidencia del fuego en nuestros ambientes. Empero estas sí pueden vivir sin el.

 

Ya he explicado sobradamente en otras comunicaciones anteriores [1, 2, 3 y 4] sobre incendios que, se sigue repoblando con “combustible altamente inflamable”. Las especies pirofíticas (insistamos una vez más, “amantes del fuego”; ¿vale?) tienen mil estrategias con vistas a que ellas mismas o sus vástagos (descendientes) sobre vivan. Para ello, deben ser presas periódicas del fuego. También, en las mentadas notas he explicado que vivimos en una cultura del fuego, en unos paisajes modelados por el fuego, por lo que algunas de las especias autóctonas son también pirofífticas (muchas especies de pino, jarales, etc.). Juan Pedro Zeballos os describirá en otra nota para explicaros las múltiples caras del pirofitismo (Juan Pedro!!!! Que me salen arrugas de esperar, córcholis).  ¿No amamos nuestros paisajes? ¿No celebran en la fachada mediterránea las fiestas locales con fuego? ¿Qué son entonces las fallas, la noche de San Juan, etc.,? ¿No nos gusta a casi todos la pirotecnia? ¿Por qué no entonces trabajamos con el fuego (quemas controladas, etc.) en lugar de luchar contra él? (esto es lo que hacen los norteamericanos) Pero lo que es peor, ¿porqué insistimos en repoblar con especies amantes del fuego?, y por lo tanto muy proclives a ser presa de sus llamas) Sí ya sé: son de crecimiento rápido, necesitamos madera y celulosa, estabilizar rápidamente laderas susceptibles de ser erosionadas, etc. Empero hay formas y formas de repoblar. Cabe mentar que una cosa es repoblar y luego permitir que la vegetación natural reemplace a la primera y otra bien distinta segfuir gestionándola como un “cultivo de madera” Habría que sacar a la luz cuanto dinero mueve esta industria, y cuanto se pierde en paliar los desastres que provoca (soslayando o no los intangibles, como el valor del medio natural que nos ofrecen disciplinas tales como la economía ecológica y la de los recursos naturales).

 

Sin embargo, tan solo ciertos aspectos son comunes entre los incendios forestales (que de hecho en la mayoría de los casos no son forestales; sino matorral a secas o matorral arbolado) mediterráneos y los que afectan a las zonas templadas de España y en especial a Galicia.  En Galicia, las condiciones climáticas no son idóneas para generar espontáneamente la incidencia de los incendios. La acción del hombre siempre está detrás. Y, por lo que he leído, los pirómanos gallegos del mundo rural iniciaron una cruzada contra las repoblaciones de coníferas por pura necesidad. Siempre vivieron en una relativa pobreza, por lo que la lucha por los pastos que se generaban tras el fuego de los que les desposeía el estado con sus malditas “repoblaciones” (y la prohibición a que pacieran en ellos) atentaba contra su supervivencia. El tojo era utilizado para hacer la “cama” (lecho) del ganado. Enriquecido por las heces del ganado el producto resultante (no entraré en detalles) era usado para abonar sus pequeñas huertas (pura agricultura ecológica). Todo ello, es decir su cultura se iba al traste sin más alternativas, en muchos casos, que emigrar. No nos olvidemos jamás de las raíces del problema que expongo aquí, tan simplificadamente que corro el riesgo de ser impreciso.  En definitiva, las repoblaciones les robaban parte de los recursos a su ya pobre y dura existencia. Y encima se les consideraba delincuentes.

 

Aunque sigo viajando a Galicia, mi trayectoria profesional ha divergido lo suficiente como para estar bastante desinformado de la realidad actual del agro gallego. No se puede juzgar a un pueblo que ha sobrevivido sufridamente una amarga existencia. Supongo que los amigos de Latinoamérica, a estas alturas ya sabrán porque emigraron masivamente. La idiosincrasia del gallego es atávica y hunde sus raíces en un feudalismo medieval distinto al del resto de la península. Allí era clerical en buena medida. Con excesiva frecuencia tenías que confesar tus pecados a su propio “Señorito”. De ahí su particular carácter, así como la ambigüedad en su forma de expresarse, que cariñosamente caricaturicé al hablar de “un modelo Gallego” de la representación del sistema edáfico”.

 

Debido al carácter húmedo y benigno de su clima, las repoblaciones son más exitosas que en la mayor parte de España, salvando el resto de la cornisa cantábrica. Empero al contrario que las otras CC.AA. del norte de España (Asturias, Cantabria, País Vasco y Navarra), los suelos de Galicia, se desarrollan sobre substratos ácidos son muy pobres en nutrientes y, como corolario, la producción de sus cosechas y pastos son ostensiblemente inferiores a los de las CC.AA mencionadas. La quema periódica del matorral aportaba ceniza al suelo fertilizándolo. El matorral era utilizado para abonar sus huertas. Dicho de otro modo, mucho de lo ahora repoblado, era fundamental para su supervivencia. Posiblemente sea otro factor a tener en cuenta cuando abordamos la razón de ser del uso del fuego en el norte de España. 

 

Del mismo modo, a muchos ciudadanos les sorprende la proximidad del fuego a las aldeas o zonas pobladas. Consuelo Ibáñez (es decir mi hermana) ya os explicó, en su primera contribución: que fue lo primero que vio al llegar a una Galicia “incognita” para ella, ya hace decenios; aldeanos intentando evitar que un incendio se propagase hacia sus viviendas. ¿Por qué? Simplemente, porque al contrario que en el resto de la Península, el poblamiento rural del campo en el norte de España es, lo que los geógrafos regionales llamaban “dispero”. Un poplamiento disperso significa que los habitantes no se concentran en grandes pueblos, sino que se dispersan en una plétora enorme de pequeñas aldeas y casas por todo el territorio. Mutatis mutandis casi siempre nos encontramos con alguna (o varias aldeas) cercanas a algún fuego.  Es casi inevitable Pero vayamos un poco más lejos.

 

Cuando uno transita por las estrechas y sinuosas carreteras gallegas (paisaje no alto pero sí muy abrupto, el gallego) resulta raro no estar entre algún tipo de masa forestada, casi siempre pinares o eucaliptos. Se trata de elementos foráneos a su flora que crecen por doquier, también espontáneamente. En sus interludios observamos matorrales de tojos repletos de sus hermosas flores amarillas y brezos con otras de tonalidades blancas, moradas, etc., entre los cuales crecen frondosos helechos. Andar entre ellos es casi imposible, sopena de terminar la caminata con más pinchos que Cristo en la Cruz. Estos sí son elementos autóctonos, pero también los que generalmente crecen tras las quemas controladas antaño de los pastores. Recordemos aquí que en ciertos países de la Europa atlántica helechos, brezos y brecinas son utilizados por los expertos como plantas indicadores de suelos sometidos a los efectos del fuego [el impacto del fuego sobre el suelo ha sido explicado en las notas 5 y 6]. Pero cambiemos de tercio ya que hay más, mucho más.

 

Hemos ya incidido en otra comunicación anterior, que la Política Agraria Común (PAC), impuesta desde Bruselas, ha fomentado y financiado el abandono de las tierras poco productivas y los suelos de Galicia lo son. Los campos, o son abandonados a su suerte (matorral que crece como resultado de siglos de quemas periódicas, y a menudo salpicados por los dichosos pinos y eucaliptos naturalizados), acumulándose una cantidad ingente de biomasa. En consecuencia, la “conectividad” entre las masas de “cultivos de madera”, con abundante biomasa y fácil presa del fuego”, queda garantizada por la de los matorrales que crecen vigorosos, gracias al clima. ¿Qué hay que abandonar el campo?, pues se abandona o repuebla. Así de responsables son nuestros políticos, ya sean estatales, autonómicos o locales. ¡Más leña al fuego! Aunque no conozco las cifras, es muy probable, que la biomasa gallega no agrícola actual esté alcanzando un volumen record en milenios. Pero aquí no acaba todo. Ni mucho menos. Queda mucha más leña para echar a la hoguera y que arda bien, sin problemas.   

 

Más recientemente la especulación urbanística ha venido a sumarse a los incendios inducidos por los moradores, y casi con toda seguridad por sicarios de las empresas papeleras. Los datos de asfaltización de costas gallegas, escasamente urbanizadas hasta hace pocos decenios, atestiguan una tendencia de muchos españolitos a comenzar a rehuir las pobladas playas y el calor húmedo mediterráneos, con vistas disfrutar de ¡un ambiente más fresco, de una gastronomía de fábula y de precios muy asequibles. Viajar por los paisajes gallegos es el puro turismo rural, justamente el que se nos vende desde todas las administraciones. Menos discotecas, más campo y naturaleza. Y aquí comienza otro problema. Con tal de que los urbanitas ibéricos disfruten de sus vacaciones, los Gobiernos de Galicia y del Estado con los apoyos a las infraestructuras que otorga la UE están cableando de autopistas hasta “Galicia”, eternamente aislada y abandonada a su suerte. Hace tres años, antes de las restricciones a la velocidad en las autovías, una amiga me llevó de Madrid a Vigo en menos de tres horas. Digamos que cuatro o cinco pueden ser normales, cuando hace un decenio su aislamiento (8, 10 horas, dependiendo de la localidad) desmotivaba elegir tales lares como lugar de descanso estival. Autovías, buena comida, precios baratos, todo a punto para lanzar un “boom urbanístico” que aún se encuentra en sus albores, pero que posiblemente ya esté generando estragos. Los promotores urbanísticos se frotan las manos. Los políticos también: más puestos de trabajo, más dinero para las arcas públicas, y en definitiva, bienestar y crecimiento económico, aunque sea en basado en el sector de servicios. Estrategia pensada para paliar los problemas pesqueros que han dejado a miles de gallegos sin poder ganarse la vida en la mar, así como al causado por el abandono de tierras. Esta es la estrategia fácil de nuestros dirigentes. Para qué pensar más ¿verdad? Pues miren ustedes los resultados.

 

En los ambientes mediterráneos y en los templado-atlánticos del norte de España no existe política paisajística alguna. Nuestras autoridades no saben de eso, ni les preocupa. Sencillamente están equivocados. No aman a su tierra, por mucho que se les salte las lágrimas cuando escuchan su himno. Desde luego no trabajan para ella. Los diseños paisajísticos, basados en la ciencia de la ecología del paisaje, ofrecen la oportunidad de ordenar en territorio en parches, corredores y matrices, impidiendo así un crecimiento desordenado del agro y de lasa zonas urbanas. Para ello son necesarios voluntad política y conocimientos técnicos, así como impartirlos entre los técnicos en nuestras universidades.  Y es aquí en donde en I + D + i y docencia no se invierte prácticamente nada. No se trata de acumular ingentes cantidades de medios anti-incendios, sino de evitar que estos ocurran, por lo que una ordenada gestión de los pasajes que no margine el desarrollo rural es imprenscindible.

 

No hay una silvicultura mediterránea, ni otra adaptada a los ambientes gallegos en la práctica. Como corolario, tampoco diseños paisajísticos que eviten ciertos desastres, que no son ninguna sorpresa, como pudo serlo el del “Prestige”, sino el pan nuestro de cada día. Instaría a que se reconsiderara todo esto. El resto ya ha sido tratado. Recomiendo la lectura de la visión de una profana en la materia, como lo es mi hermana Consuelo. Su nota se base en artículos de prensa sensatos. Se nos podrá achacar que se ha utilizado El País, un periódico que no suele ser del gusto del partido político en la oposición. No albergo duda de que se han escrito otros reportajes y noticias dignos de mención. Sin embargo, la prensa escrita, así como otros medios de comunicación de masas nos han ofrecido con especial deleite los ataques basados en la ignorancia y un repugnante sentido del oportunismo político de nuestros dirigentes, con independencia de su ideología. Todos ellos son culpables y lo seguirán siendo en el futuro hasta que no atajen los males aquí expuestos. Desinterés, falta de previsión, desprecio por la naturaleza y en especial por un pueblo, cuyas penalidades parecen invisibles incluso a sus gobernantes regionales.

 

Por último, que mentar el tema de la magnitud del desastre. Sencillamente no es tan grave desde el punto de vista natural. No debemos confundir al ciudadano haciéndoos sinónimos número de focos y extensiones quemadas con desastre ecológico. Resulta imperioso distinguir calidad y cantidad. Tras cinco o seis años los matorrales han cicatrizado las heridas del fuego. En 15 años los pinares o “cultivos madereros  no dejan señal de incendios pretéritos. Y que decir de los cultivos anuales. Los viñedos son otra cosa. Y peor aún la quema de bosques naturales y no de los dichosos cultivos para el uso industrial. ¿Cuánta vegetación natural de valor ecológico ha sido presa del fuego? Hoy por hoy parece que muy escasa, tal vez insignificante. ¡No es para tanto!. Focos y hectáreas dicen poco. El número de los primeros en Galicia siempre ha sido numeroso al contrario que la segunda magnitud mentada. Algunos de los grandes incendios de la fachada mediterránea han calcinado en un solo evento más que los centenares acaecidos este año en el territorio gallego. ¿Por qué no se dice esto al ciudadano? Y si lo que se quema es de escaso valor natural (…), tan solo hace falta indemnizar a los afectados.

 

Empero este año, al igual que el pasado en Portugal, han aparecido elementos comunes sospechosos, muy sospechosos, e infrecuentes en el pasado. Se trata de la sincronicidad, la proximidad a grandes núcleos urbanos y víctimas mortales. Más aun todo ha ocurrido en unos días en donde el viento dificultaba las labores de extinción. Todo indica una acción concertada que puede hundir sus raíces en intereses económicos de diversa índole, y lo que es peor, quizás políticos también. Si que podemos hablar de delincuencia organizada. Y esto, sumado a la carencia de noticias veraniegas, ha sido la mecha que ha disparado la enorme cobertura mediática. Ni más ni menos. Los políticos han convertido el tema su un campo de batalla.

 

Un gran número de focos, si no genera inevitablemente una tragedia, si acarrea necesariamente problemas logísticos graves. No es lo mismo concentrar todos los medios en un solo incendio que en varios cientos: divide y vencerás. No me atrevería a culpar al gobierno gallego por ello, por cuanto no era previsible, sino más bien altamente improbable. La historia así nos lo dice con sus estadísticas. No es viable económicamente acumular una gran cantidad de medios que solo se ponen a pleno funcionamiento una vez en decenas de años. Parte del material se encontraría obsoleto antes de poner estrenarlo.  Resulta entupido que los políticos hagan uso de tales artimañas maquiavélicas. Si es responsable el gobernó que hoy está en el poder también lo es necesariamente el que ha pasado a la oposición.

 

Es muy frecuente que los catastróficos sigan una distribución de tipo potencial. Es decir, en nuestro caso, muchos años arde poco, en alguno más y esporádicamente mucho. Planificar en base a los últimos puede resultar ruinoso. Pero aquí sí que surge una alternativa viable. Si cada CC.AA cuenta de unos medios adecuados a las frecuencias y extensiones normales con que el fuego actúa en su comunidad, tan solo hace falta que colaboremos para crear un ente Inter-autonómico que desplace rápida y eficazmente sus efectivos y material al lugar del desastre de turno. Pero para ello hace falta voluntad política y una estrecha cooperación entre autonomías. En España preferimos los “tortazos” ala diligencia política. Y así nos va. Ya hace un par de años elaboré un  extenso documento sobre las miserias y necesidades de una adecuada política ambiental en España. Se ofrecían propuestas concretas. Saco a colación el tema y tal documento porque sus sugerencias resultan a todas luces vigentes. Incluí tal documento como un enlace en una nota que casi nadie leyó hace meses.  Reitero que un diseño paisajístico, basado en los fundamentos de la ecología del paisaje es más perentorio que aumentar el número de cuadrillas e incidir en los cortafuegos. ¿Cuánto más se desertice el agro Español menos mano de obra habrá para limpiar el mote. La incidencia de un “determinado” blogero cercano, en este tema, no hace más que confesarme la ignorancia y ramplonería con que ataca el problema.  Leer más y escupir menos sandeces, por favor.

 

¿Y que decir más?: Tras lo sucedido en Galicia este año hay una trama organizada. Como diría el Doctor Carballeira:

 

“No creo en las Meigas, pero harberlas hailas”

 

Juan José Ibáñez

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Comentarios

Magnífico. Excelente artículo. No soy experto, ni tampoco he seguido con mucha atención lo que se ha escrito sobre el sainete "Arde Galicia", pero creo que tu esfuerzo es mu clarificador. Para el mi el mejor que he podido leer. Un poco largo el texto, pero al fin remunerador.

Hace unos días escuché a una autoridad local de Covaleda, acompañada de algunos lugareños (ya no se si es correcto llamarles campesinos), que afirmaban sin matices que en Soria no arden los bosques porque los beneficos que genera se reparten escrupulosamemte entre todos los comuneros. El mensaje subliminal que querían mandar es que los bosques deberían (volver a ) ser bienes comunales, y no bienes propietarios (de titularidad pública o privada). Supongo que había algún sesgo en la interpretación mencionada, pues no se habló nada de la escasa población que habita los montes sorianos en comparación con la situación en Galicia. Tampoco he visto que tu análisis incluya alguna referencia a este asunto. Tal vez, quieras tratar este punto a tu vuelta de vacaciones.

De nuevo, gracias por tu esfuertzo aunque siempre lamento (creo que lo puedo decir por ser asiduo lector tuyo) los pocos datos que incluyes.

esta bueno la proteccion del media anbiente eso veneficia a todos. es parte del ecoturismo por q mantiene unos lindos paisajes y, no solo eso .sino tanbien es una invercion a productiva de la naturaleza cuando uno sienbra un arbol tanbien se cosecha tiene su propio veneficio q puede solventar el sostenible economico.

Al,

Perón pero se me paso contastar a este mensaje.

Efectivamente, Por lo que yo sé (viajaba como montañero mucho por aquellas hermosas zonas serranas de Soria, eso si hace ya más de 15 años que no paso) el modelo de gestión de la zona de Covaleda dio lugar a bosques limpios de laleza y estabilidad económica a sus moradores. Por tanto arden poco o nada, por cuento ya se encargan los paisanos de mantener su sustento. No sé si las cosas han cambiado.

Esdte tipo de gestión cimunal fue muy generalizado (con bosques y/o pastos e incluso en el uso agrario) en la España hasta no hace mucho tiempo. Hamás se podrá imaginar nadie el daño que generaron en España las desamortizaciones de Madoz y Medizabal. Tremendo.

La cultura rural espoñola era muy comunal, pero lamentablemente se desorganizó. Yo creo que retornar el procomun a sus dueños evitaría problemas, pero la sociedad ha cambiado mucho. El retorno al procomun es recomendable pero haría probablemente que reiniciarlo con cuidado. Leí que se trataba de una herencia del derecho germano 8en nuestro agro) mientras se desarrollaba el romano en los burgos. No lo sé No soy un experto.

Juanjo Ibáñez

Desde hace pocas semanas conozco este blog tan interesante. De verdad que ha sido todo un descubrimiento y estoy aprendiendo mucho de los artículos publicados.

Como sé muy poco de edafología (no paso de aficionado y usuario) no puedo contestar nada a la mayoría de los comentarios, pero en este artículo que habla de selvicultura y repoblaciones forestales, entre otras cosas, quizás algo pueda aportar, con toda humildad, y así aprovecho para felicitaros por el blog.

Habría mucho que comentar o matizar, pero no me quiero extender, así que, simplemente haré un par de consideraciones.

¿Las repoblaciones con pinos son cultivos de coníferas?

Creo que hay que decir que no todas. Si las repoblaciones se han venido haciendo con pinos es porque los suelos degradados no reunen las condiciones adecuadas para acoger a otro tipo de especies (frondosas). Como decía el botánico Luis Ceballos, en esto pasa como en la Edad Media: cuando el señor feudal quería ir al castillo, los lacayos tenían que adelantarse para poner las alfombras, encender el fuego, etc. Los pinos preparan el suelo y las condiciones necesarias (de sombreo, por ejemplo) para que luego se instalen (natural o artificialmente) especies más cercanas a la clímax. Eso no significa que no haya especies de pinos que no constituyan la clímax, es decir, la vegetación más evolucionada para un clima y un suelo concreto.

Si que es verdad que se ha abusado de las repoblaciones monoespecíficas, sin duda por falta de conocimientos en la mayoría de los casos. Actualmente, en las repoblaciones se introducen porcentajes más o menos amplios de especies de frondosas o matorral, aunque los pinos siguen teniendo el mayor porcentaje, como es adecuado técnicamente.

La gran mayoría de las repoblaciones con pinos tienen carácter protector y no productor, como se suele pensar. La mayoría de las especies autóctonas (sí sí, autóctonas) de pinos ibéricos (pinaster, pinea, silvestre, etc.) son de crecimiento lento o medio, al contrario de lo que se oiga en algunos sitios. Sólo la subespecie atlantica de Pinus pinaster puede considerarse como de crecimiento rápido.

Además, aunque existan cultivos forestales (de pinos o de otras especies, como chopos), la mayoría no tienen inconvenientes importantes salvo que se realicen a costa de eliminar masas forestales de otras especies muy importantes ecológicamente. Pero si producimos patatas o lechugas ¿por qué no producir madera si es un bien que necesitamos?.

Las causas de los incendios forestales son variadas y complejas. Algunas de ellas se han comentado en el artículo de forma bastante correcta. Pero me conformo con haceros llegar este comentario sobre las repoblaciones que me parecía necesario.

Quedo a vuestra disposición.

Un saludo desde la Universidad Católica de Ávila.

Hola Jorge gracias por tus comentarios e interés por esta weblog. Esperamos recibir comentarios constructivos y este lo es.

Bien, hay que entender el post en un contexto determinado. No sé si has leído los otros post sobre el tema, en el que se matiza lo aquí dicho, aunque obviamente no se contradice.

1. Los Pinos naturales crecen, groso modo, de forma natural en algunos enclaves muy concretos, en la alta montaña y en los antiguamante denominados paraclimax generados por el fuego. Estos últimos son los denominados pinares de Pinus halepensis (no puedo ponerlo en cursiva en las notas). Un ecosistema creado por el hombre y que tiene una vida media antes del siguiente incendio de 20 a 25 años (segun han demostrado varios estudios franceses). Dicho de otro modo, o el hombre los gestiona adecuadamente con quemas peródicas en ese periodo, o acumulan necromasa y cuando arden espontáneamente las consecuencias son mucho más dramáticas las consecuencias del fuego (erosión, salinización del suelo, etc.).

Al margen de algunos pinares meseteños (fundamentalmente piñoneros), como los que se dan sobre las arenas volanderas de Valladolid, son etapas de sucesión hacia el bosque potencial de frondosas. Cuando crecen lo hacen muy lentamente y da pena verlos. En la carretera de Madrid a Alicante (tierra de mi Madre). que llevo cruzando 51 años, no han crecido más que un palmo. Mala gestión y decisión de los que lñas repoblaron.

Obviamente no incluyo nuestros magníficos sabinares de meseta que pueden crecer hasta sin suelo, que efectivamente son de crecimiento muy, muy lento.

En la montaña, a parte de repoblaciones, el piso superior o subalpino natural baja de cota por la erosión del suelo, mientras que por la misma causa sube el encinar, generando un "efecto pinza" (así lo bautice en una publicación" sobre el bosque cadufifolio intermedio, llegando este último a desaparecer en muchos puntos (lo cual aridifica el ambiente).

Sin embargo los bosques de Galicia son fundamentalmente de la variedad de pinaster pino que tu mentas y son repoblados o espontáneos, pero no naturales. A ellos hay que sumar el eucalipto y tenemos una vegetación explosiva en un ambiente social relativamente proclive a los incendios de lo que hablé en un post.

Son estas dos zonas: pinares de levante y Galicia los que generan más problemas, a parte de incendios en jarales y ericáceas (pirófitas) que no tienen ningun valor. Es de lamentar que cuando se dan cifras en TV no se separe el grano de la paja.

Por su lado las repoblaciones hidrológico forestales estarían bien siempre y cuando se ponga cada especie de pino en su ambiente (cosa que no ocurre: ves al Pto de la Quesera en Segovia, en donde está el famoso Hayedo, y mira hacia Guadalajara; verás que en 30 años han crecido los pinos repoblados no más que un palmo) y se permita luego que crezca y madure la vegetación natural. Sinceramente en la mayoría de los sitios que visito no es así, no se la permite crecer.

Finalmante señalar (ya que sabes que se pueden escribir varios volúmenes) que las acículas de pino son casi como un herbicida (lo mismo la jara y las ericáceas). El suelo pierde gran parte de la actividad biológica, inhibe o ralentiza a menudo el crecimiento de otras plantulas de frondosas, lo que ralentiza la descomposición de su necromasa en humus, facilitando la propagación de los incendios, salvo cuando se gestionan mancomunalmente con cuidado como en la mancomunidad soriana de ciertas áreas.

No quieroi demonificar al pino, sino que se plante racionalmente teniendo en cuenta estos, otros factores (ambientales, sociales y económicos), pero donde solemos tener los problemas (…..) está claro.

Un abrazo y perdona por las faltas de teclado ya que he escrito muy rápido

Juanjo Ibáñez

Si se me olvida algo no dudes en recordarlo aquí.

Un abrazo

Juanjo Ibáñez

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