Revistas Científicas de Prestigio, Monopolios, Investigadores y Políticas Gubernamentales: El Gran despilfarro Económico

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Fuente: Google Images

Volvemos sobre un tema que tratamos brevemente hace ya muchos años. Por mucho que se nos pretenda convencer de que el sistema de evaluación de las publicaciones aparecidas en las grandes y prestigiosas editoriales científicas eresuilta ser un proceso objetivo, se trata de una  aseveración rotundamente falsa. Más aún, se nos efrentamos a un sistema por el que se escapan miles de millones de Euros o dólares que, de otro modo, podrían ser utilizados en la propia indagación científica, en lugar de ir a parar a los bolsillos de los accionistas de las mentadas multinacionales. En un momento en que muchos países se ven obligados a reducir el gasto público en materia de investigación e innovación, tirar el dinero por el desagüe, no deja de ser  absolutamente estúpido y recriminable.  Hoy os muestro tres noticias dos, en español-castellano y otra en suajili, que he traducido al primero,  cuyo título en cristiano resulta ser: ¿Es hora de nacionalizar las editoriales académicas?. Defiendo que la respuesta rotunda debía ser ¡sí!.

Abajo observaréis los escandalosos beneficios de las editoriales. Adelanto el total fracaso de una idea brillante que surgió a mediados de la última década del siglo XX. Por un lado, ladrones oportunistas, mientras que por otro las contramedidas de las grandes multinacionales de la edición editoriales, como Nature o Science, han dado al traste con el cambio de rumbo entones anunciado, del que tuve noticia en 2007, tras leer un fantástico libro titulado Anatomía del fraude científico, cuyo autor es Horace Freeland Judson. Horacio mostraba su gran esperanza por el casi inmediato advenimiento del acceso abierto (open access), ya que pensaba que podía ser la solución al oscuro mundo de la diseminación de los resultados que nos va ofreciendo la indagación científica. Sin embargo, salvo raras excepciones, comenzaron a proliferar editoriales basura que publican, por término general, artículos de la misma catadura (de baja estopa), mientras que las grandes editoriales apostaron por ambos modelos de negocio, es decir sin arriesgar nada y robándonos más fondos, a ser posible. Y lo consiguieron. Actualmente revistas científicas gratuitas y decentes hay muy pocas, ya que el globo de desinfló apenas lo inflaron. Las revistas en acceso abierto de paupérrima calidad, cobran precios modestos y las de campanillas se suben por las nubes hasta límites intolerables (varios miles de euros por una decena de páginas).  Y así un investigador procedente de un país modesto que realice investigaciones de calidad, difícilmente publicara en las últimas, generándose una discriminación alevosa.

Promocionar y evaluar una carrera investigadora por el factor de impacto de la revista en donde se publica, atesora sus pros y sus contras, que dicho sea de paso, son muchas.  Empero si se intenta en el modelo clásico, también adolece de agudos inconvenientes, como la falsa objetividad de muchos evaluadores anónimos y, ¡cómo no!, las arbitrariedades de numerosos editores en jefe y sus secuaces asociados. Hace un par de años, mantuvimos una tremenda controversia en Internet, tras una acusación de mala conducta contra al editor de una revista importante de mi especialidad. Un  violento intercambio de mails llegó a cientos de investigadores simultáneamente. Pues bien, el cártel lider del que destapó la ¿aparente? mala conducta, intentaba acusar de crear un cártel al acusado, que era editor de una de las revistas de ciencias del suelo más importantes. Sin embargo él, impúdicamente había publicado doce artículos durante el año anterior en la “su revista”, ya que así debía considerarla, como el dueño de un cortijo andaluz (terrateniente al mando).

La ventaja de las revistas en acceso abierto estriba en que cualquier científico del mundo puede acceder a ellas sin pagar onerosos recursos económicos, ya que estos son cobrados a los propios autores.  Pero tal modo de proceder tiene sus inconvenientes al reverso de la misma moneda. Si un equipo de investigadores publica mucho, los costos para sus bolsillos serán formidables, y como he comentado, buena parte de los científicos e instituciones modestas no pueden asumirlos. Empero nuestras autoridades evalúan y promocionan a los científicos tanto por el factor de impacto, como por la cantidad de artículos finalmente producidos.  Por lo tanto, la encrucijada está servida, o como se señala en la el post que os reproduzco traducido, los colegas se encuentra ante el dilema de un prisionero.

Reitero que no se trata tan solo de promoción y el intento de alcanzar prestigio por parte de los miembros de la comunidad científica, sino además de un gran despilfarro económico que, en tiempos de crisis llega a ser, además, traumático (ver abajo cifras).

Sin embargo, las autoridades de la Unión Europea, como siempre, con sus decisiones ambivalentes y timoratas vuelven a poner a los científicos ante otro dilema del prisionero. Como veréis en una nota de prensa que os expongo abajo, pretenden obligar a que todo lo que se sufraga los fondos públicos se publique en acceso abierto, mientras que los organismos evaluadores dictaminan si “somos buenos o malos”, por la cantidad y  el factor de impacto de nuestras publicaciones. Se trata de algo así como poner a un ciudadano entre la espada y la pared. Pero hay más…… ¿Quién le pone el cascabel al gato?.

Obviamente, cuanto más publicidad y propaganda se le otorgue a un artículo, este tendrá más posibilidad de ser leído y citado por sus colegas, que es el más riguroso de los criterios, aunque también padece de inconvenientes mayúsculos. Por ejemplo, quien realicé indagaciones que se adelanten a su tiempo, que abran nuevos caminos, que reten con tino a lo en un momento dado de la historia se considera “verdad científica” por el establishment, tardará mucho en ser reconocido, cuando no obligado a retirarse de su profesión ¿Por qué?. Simple y llanamente, por ser un visionario, un adelantado a su época. La historia de la ciencia nos muestra que tal hecho resulta ser más la regla que la excepción. Por citar tan solo un ejemplo, el premio Nobel Dan Shechtman fue expulsado de su equipo de investigación en EEUU, cuando vislumbro la estructura de los causicristales, ya que sus colegas alegaban que tal “cosa” no podía existir. Años después se le otorgó el mencionado galardón, justamente por lo que le abandonaron sus colegas. Y reitero que se trata de la punta del iceberg.

Pues bien, en este sociedad dominada por la cobertura mediática a la que los científicos no somos ajenos, los boletines de noticias científicas van incrementando progresivamente aquellas que consideran relevantes y se encuentran en acceso abierto, ya que si el lector es atraído por el tema, tras leer  la nota de prensa, se encontrará feliz de que se le proporcione el artículo original haciendo el clic con su ratón (mouse en suajili). Y si uno no dispone de mucho dinero (……), fantástico. Estos son los casos, por ejemplo, de los noticieros  ScienceDaily, EurekaAlert, entre otros muchos.

Hasta la década de los años 80 del siglo XX, la mayor parte de las revistas científicas pertenecían a Sociedades Nacionales. Estas no editaban para lucrarse, sino con vistas a promocionar las investigaciones realizadas en sus respectivos países.  Posteriormente, las editoras multinacionales fueron llegando a acuerdos o comprándolas, de tal modo que en estos momentos son lamentablemente minoritarias. La mayor parte fueron pues devoradas por el imperio del capitalismo neoliberal. En el caso de la ciencia del suelo, algunas sobreviven de pago (si no se es socio), como es el caso de “Soil Science Society of America Journal”. Otras como el “Spanish Journal of Soil Science” son de libre acceso, asumiendo la Sociedad que la publica (SECS), los costos de la edición. Generalmente, si proceden de países en las que el idioma no es el inglés, suelen admitirse artículos en ambos idiomas. De aquí que me adhiera al  título del post en anglosajón que os he traducido abajo: Is it time to nationalise academic publishers?

Los repositorios en acceso abierto, algunos Institucionales y otros no, son un sistema de almacenaje de artículos científicos, o en su defecto, de los documentos provisionales previos a la publicación (sin rematar). Cada autor sube allí su producción científica en una página Web personal de los respectivos portales que ofrecen estos sistemas gratuitamente, o no. Se trataba de una magnífica iniciativa, por cuanto retaba a los buitres de las editoriales multinacionales, especialmente si los documentos se habían publicado en acceso cerrado (de pago para los lectores).  Otros repositorios tienen una vía limitada de acceso abierto y otra de pago con mayores prestaciones, ofreciéndote las estadísticas de cuantos y qué artículos han sido leídos, bajados, y quienes lo han hecho. Pero, obviamente, esas mega-editoriales no iban a permitírselo y con el tiempo, su contraataque ha ido haciendo mella. Si cabe constatar que a fin de cuentas da lo mismo, ya que el lector interesado por una publicación envía un mensaje automático para que “en privado” el autor le remita una copia digital del articulo o documento. Más aun, dado que para las revistas en acceso abierto, el copyright pertenece a los autores, también pueden subirse el original sin temor alguno a donde deseen. Con sus características idiosincrásicas este tipo de sistemas, tales como   ResearchGate, o Academia.edu, han alcanzado una enorme audiencia.

En este sentido, cabe señalar como ResearchGate, fue denunciada por una de las sociedades científicas más importantes de USA, viéndose obligada a retirar una ingente cantidad de los artículos que los autores habían previamente subido a sus páginas Web de este Portal. Eso sí, el sistema de petición automática de los documentos publicados sigue abierto y nadie se lo puede impedir, por cuanto forma parte de la tradición de la comunidad científica internacional (antaño se hacía por correo convencional, mediante postales institucionales imprimidas para ello).  En cualquier caso, que los científicos de campanillas actúen como Judas contra sus colegas, da fe de la catadura de los popes de la ciencia que ostentan el poder, en contra de los intereses de sus propios colectivos. Separar la actitud de las editoriales de los editores, que son investigadores, resulta ya una frontera lamentablemente muy difusa. Cabe destacar que tras tal acoso, el responsable o director de ResearchGate, remitieron un comunicado señalando que:

1.      Tales recortes de prestaciones no han hecho casi mella en el sistema y sobre todo que…..

2.      … Por sorprendente que parezca, las estadísticas de aquellos documentos bajados por los científicos que accedían al portal, demostraban como eran más demandados (abajados a los PC de los visitantes) los manuscritos que “no” se encontraban publicados en revistas indexadas, que los que sí lo estaban. Yo doy fe de ello, porque en mi caso ganan por goleada.   

Personalmente prefiero ResearchGate a la Academia.edu, ya que la última ofrece más posibilidades en su pleno acceso (que no en su versión “light”), empero a costa de una subscripción cuyo pago para muchos colegas podría ser prohibitivo.

Un  retorno a los sistemas de revistas nacionales y su puesta en acceso abierto, con ayuda de estos Portales o repositorios aludidos, barrerían del mapa a esas multinacionales de la codicia que resultan ser las grandes editoriales científicas. Más aun mediante este modo de proceder alcanzaríamos, al margen de una ciencia abierta y gratuita para todos, que los miles de millones de euros/dólares abducidos por esas multinacionales, se destinaran a su genuino propósito, la pura y dura investigación científica y su difusión.   

Os dejo pies las tres notas de prensa. Hoy por desgracia me extendido en demasía, aunque de vez en cuando…… 

Juan José Ibáñez

Continúa…….

La ciencia europea planta cara a las revistas de pago y fuerza a que las investigaciones se publiquen en abierto

Las agencias de financiación científica de once países europeos, entre ellos no está España, anuncian que solo publicarán sus resultados en revistas de acceso gratuito a partir de 2020.

“Para 2020, las publicaciones científicas que resulten de investigaciones financiadas mediante subvenciones públicas otorgadas por las organizaciones firmantes deberán publicarse en revistas o plataformas de libre acceso“. El pasado 4 de septiembre, las agencias nacionales de financiación de la ciencia de once países europeos anunciaron el lanzamiento de una iniciativa para “hacer realidad el acceso abierto pleno e inmediato a las publicaciones científicas”. La medida supone un último esfuerzo para forzar un cambio en el mercado de las revistas científicas, tras años de infructuosos esfuerzos.

Han pasado 15 años desde la Declaración de Berlín y el acceso abierto está aún lejos de ser una realidad“, ha asegurado en un comunicado Marc Schiltz, presidente de Science Europe y uno de los promotores de la iniciativa. Por eso, asegura este investigador, “me complace anunciar que un grupo central de organizaciones se hayan comprometido a dar un paso decisivo para cambiar la situación”.

UNA TRANSFORMACIÓN EXCESIVAMENTE LENTA

El ambicioso plan propuesto ha sido firmado por 11 de las 18 agencias nacionales de financiación europeas (entre las que no se encuentra España), que representan conjuntamente más de la mitad del flujo de financiación que manejan los miembros de Science Europe, y pretende dar impulso a un cambio de modelo que se ha ido desinflando en los últimos años.

A pesar de que desde 2003 más de medio millar de instituciones han firmado la Declaración de Berlín sobre el acceso abierto al conocimiento y de que en mayo de 2016 el Consejo Europeo de Ministros fijó como objetivo para 2020 que todos los estudios científicos financiados con dinero público aparecieran en revistas de acceso gratuito, la realidad es que el modelo de negocio dominante sigue siendo el de publicar artículos en revistas de pago y los objetivos marcados por las instituciones europeas están lejos de ser alcanzados.

Según un informe publicado el pasado año por el proyecto OpenAIRE de la Comisión Europea, “las actuales intervenciones políticas en Europa no son suficientes ni para alcanzar el objetivo del acceso abierto inmediato de aquí a 2020, ni para mejorar significativamente la competitividad del mercado”. Los datos recopilados indican que el crecimiento del mercado de acceso abierto crece a un ritmo inferior al 15% anual, cuando debería hacerlo a una tasa superior al 25% para que se cumplieran los plazos marcados.

En la actualidad tan solo el 15% de las revistas científicas publica sus contenidos en acceso abierto y el informe destaca que “los autores carecen de incentivos reales para cambiar a las publicaciones de acceso abierto” y señalan que tampoco existe “ningún imperativo comercial para que los editores cambien las suscripciones a las revistas por un modelo de negocio de acceso abierto”.

APOYO DE LA CE Y RETICENCIAS DE LA INDUSTRIA

El acuerdo ha contado con el apoyo explícito del Comisario de Investigación, Carlos Moedas, quien ha felicitado a través de un comunicado a los organismos que ya se han comprometido con el proyecto y ha animado “encarecidamente a otros a que lo hagan lo antes posible”. Además, Moedas ha instado “al Parlamento y al Consejo Europeo a que apoyen este enfoque”.

Sin embargo, la iniciativa no ha sido bien recibida por la industria editorial, que ha expresado su preocupación por las posibles consecuencias de este acuerdo, dado que los investigadores no tendrán permitido publicar en el 85% de las revistas. En este sentido, la Asociación Internacional de Editores Científicos, Técnicos y Médicos ha asegurado a través de un comunicado que “es vital que los investigadores tengan la libertad de publicar en el medio de su elección”.

En la misma línea se ha expresado uno de los gigantes del sector, la editorial Springer Nature, a través de las declaraciones de un portavoz al portal ScienceInsider, asegurando que esta iniciativa “socava todo el sistema editorial de investigación” y que “perjudicaría a los investigadores y afectaría a la libertad académica”.

Además, la iniciativa llega en un momento en el que la industria editorial se encuentra en medio de una complicada negociación para la renovación de los acuerdos de suscripción con varios países, entre los que destacan Alemania y Suecia. Ambos se han negado a renovar sus suscripciones con Elsevier y el pasado mes de julio el grupo anunció que cortaba el acceso de ambos países a sus revistas.

La negociación de los acuerdos de suscripción también ha resultado polémica en España, donde se ha criticado la falta de transparencia institucional a la hora de saber cuánto están pagando las instituciones científicas por la suscripción a las revistas. El periodista de El Confidencial Antonio Villarreal ofreció una estimación del gasto en nuestro país, asegurando que “España gasta anualmente unos 25 millones de euros en suscripciones a Elsevier, una cantidad que duplica o triplica el gasto de otros países europeos“.

UN MERCADO DE 10.000 MILLONES DE DÓLARES

Según cifras de la propia asociación de editores, los ingresos anuales generados por la publicación de revistas sobre ciencia, tecnología y medicina están en torno a unos 10.000 millones de dólares anuales. Sin embargo, la mayor parte del negocio corresponde a un pequeño grupo de cinco editoriales que controlan más de la mitad del mercado mundial, entre las que se destacan Elsevier y Springer Nature. La asociación de editores estima que la industria editorial emplea a unas 110.000 personas en todo el mundo y que entre 20.000 y 30.000 trabajadores reciben apoyo indirecto de la industria.

Comentarios en el sistema mi+d

¡Ya era hora de acabar con una situación absolutamente inadmisible!. Los autores de las publicaciones científicas hacen el trabajo gratuitamente y los editores de las revistas lo cobran. Así si un científico quiere leer un artículo tiene que pagar por ello. El colmo es que algunas revistas incluso cobran al autor del artículo por publicárselo. Claro que el fondo del problema es que el mundo científico se mueve por el número de “papers” publicados y eso lo aprovechan muy bien los editores de las revistas.

Enviado por Juan A. Gallego… (no verificado) el Mié, 26/09/2018 – 18:37

Lo que no queda claro en este artículo es si los investigadores van a tener que seguir pagando para que se publiquen sus artículos en las revistas que publican en abierto. Eso es lo que ocurre ahora, y al final este movimiento sólo tendría como resultado traspasar el coste de la publicación del lector al investigador. No sé si no sería peor el remedio que la enfermedad.

Enviado por Manuel Alfonsec… (no verificado) el Mié, 26/09/2018 – 20:25

El acceso abierto es capital. No puede ser impuesto a todos, sin duda, pero sí equiparado (no digo ya incentivado). Es decir: para que, con la misma libertad que los de pago, los que quieran publicar en acceso abierto puedan hacerlo con igual resultado cara a sus perspectivas profesionales, hay que crear un ranking de publicaciones de impacto en acceso abierto y aplicarlo en todas las ocasiones en que se requiere ese índice. Aparte, es una vergüenza que España no se haya sumado. Recordemos que el ranquin de impacto de las revistas españolas no es riguroso. Lo hemos hecho los propios investigadores consultados al efecto sobre las revistas que consideramos mejores, y esto no es serio.

Enviado por José (no verificado) el Mié, 26/09/2018 – 21:10

Is it time to nationalise academic publishers?

 The World University Rankings

With state intervention back in vogue, and publishers’ profit margins still sky-high, journals could be the next monopoly to come under scrutiny

 March 2, 2018

 After decades of free-market ideological dominance on both sides of the Atlantic, nationalisation (or at least anti-monopoly state intervention) is back on the agenda.

 “Rail, water, energy, Royal Mail, we’re taking them back,” shadow chancellor John McDonnell (above) told a Labour Party on the brink of power last year. Even the Financial Times has run a series of investigations asking hard questions about the wisdom of past privatisations.

 Meanwhile in the US, monopoly-busting, in industries ranging from health insurance to airlines, has become a rallying cry of Democratic Senator Elizabeth Warren. Critics have also taken aim at tech companies, which Warren has compared to the US oil, sugar and railroad trusts of the 19th century, accusing them of exploiting the scale of their digital networks to create natural monopolies over advertising. Eye-watering profit margins for Google and Facebook (24 per cent and 50 per cent respectively) are the result.

¿Es hora de nacionalizar las editoriales académicas?

 Los rankings universitarios mundiales

Con la intervención estatal nuevamente en boga, y sabiendo que los márgenes de ganancias de los editores aún están por encima de todo, las revistas podrían ser el próximo monopolio en ser sometido a escrutinio

 2 de marzo de 2018

 Después de décadas de dominio ideológico del libre mercado en ambos lados del Atlántico, la nacionalización (o al menos la intervención estatal antimonopolio) vuelve a incluirse en la agenda.

 ”Ferrocarril, agua, energía, Royal Mail, los estamos recuperando”, dijo el canciller en la sombra John McDonnell (arriba) al Partido Laborista al borde del poder el año pasado. Incluso el Financial Times ha realizado una serie de investigaciones que plantean preguntas difíciles sobre la sensatez de las privatizaciones pasadas.

 Mientras tanto, en Estados Unidos, la lucha contra el monopolio, en industrias que van desde seguros de salud hasta aerolíneas, se ha convertido en el grito de guerra de la senadora demócrata Elizabeth Warren. Los críticos también apuntaron a las compañías de tecnología, que Warren ha comparado con los fideicomisos de petróleo, azúcar y ferrocarriles de Estados Unidos del siglo XIX, acusándolos de explotar la escala de sus redes digitales para crear monopolios naturales sobre la publicidad. El resultado son los márgenes de ganancia que hacen que Google y Facebook se llene de ojos (24 por ciento y 50 por ciento respectivamente).

As many researchers are uncomfortably aware, similarly whopping margins, which aren’t supposed to exist in a competitive free market, are alive and well in academia. Last week, Elsevier, the world’s biggest academic publisher, announced profits of more than £900 million, and unchanged margins of 36.8 per cent.

 Its rivals are little different. The academic publishing division of Informa, which includes publishers Taylor & Francis and Routledge, made more than £160 million in 2016, with a profit margin of 38 per cent. Wiley managed a margin of 29.6 per cent in 2017, raking in $252 million (£183 million)*. Between these three companies, that’s more than £1.25 billion a year siphoned off from the research system annually: not far off enough to fund another University of Oxford.

 Some of this is doubtless reinvested in new publishing tools. But hundreds of millions go to shareholders (Informa and Elsevier’s parent company RELX collectively paid out nearly £900 million in dividends), while tens of millions more go to executives (the boss of RELX was paid more than £10 million in 2016).

Como muchos investigadores se sienten incómodamente conscientes, los enormes márgenes, que no se supone que existan en un mercado libre competitivo, están vivos y bien en la academia. La semana pasada, Elsevier, la mayor editorial académica del mundo, anunció ganancias de más de £ 900 millones y márgenes sin cambios del 36.8 por ciento.

 Sus rivales son poco diferentes. La división de publicaciones académicas de Informa, que incluye a las editoriales Taylor & Francis y Routledge, ganó más de £ 160 millones en 2016, con un margen de beneficio del 38%. Wiley logró un margen de 29.6% por ciento en 2017, recaudando $ 252 millones (£ 183 millones). Entre estas tres compañías, eso es más de £ 1,250 millones al año extraído del sistema de investigación anualmente: firas cercanas a las necesitadas para financiar otra Universidad de Oxford.

 Parte de esto, sin duda, se reinvierte en nuevas herramientas de publicación. Pero cientos de millones van a los accionistas (Informa y RELX, la empresa matriz de Elsevier, pagaron colectivamente casi £ 900 millones en dividendos), mientras que decenas de millones más se destinan a ejecutivos (el jefe de RELX recibió más de £ 10 millones en 2016).

Complaints about publishers’ profits are far from new. In 1 998, The Economist hoped that, with the rise of electronic journals, “the days of 40% profit margins may soon be as dead as Robert Maxwell”.

 But with a change in the political wind – and a sense that all other measures have failed to bring publishers’ profits to heel – I wonder if we might start to see calls for the likes of McDonnell or Warren to intervene.

 Take open access. There was once hope that switching to paying per article published, rather than for bulk subscriptions to closed journals, might reduce costs and perhaps slim margins.

 But there are few signs of this happening. In the UK, university libraries are paying more than ever for journals despite speedy progress towards open access. Average article processing charges (the fees paid to publish a paper open access) are increasing at more than 5 per cent a year. Nor does the rise of the pirate site Sci-Hub seem to have dented margins.

Las quejas sobre las ganancias de los editores no son nuevas, ni mucho menos. En 1998, The Economist esperaba que, con el auge de las revistas electrónicas, “los días en los que se alcanzaban márgenes de hasta un 40% de márgenes de ganancias llegaban finalmente a su fin.

  Pero con un cambio en el viento político, y la sensación de que todas las demás medidas no han logrado frenar las ganancias de los editores, me pregunto si podríamos comenzar a ver llamadas a un giro radical..

  Veamos el caso del acceso abierto. Se tenía la esperanza de que el cambio al pago por artículo publicado, de los que realizaban las suscripciones masivas a las revistas cerradas, a los autores que publicaban sus estudios pudiera reducir los costos y quizás reducir los márgenes.

  Pero varios años después son pocos los  signos de que esto suceda. En el Reino Unido, las bibliotecas universitarias están pagando más que nunca por las revistas a pesar del rápido avance hacia el acceso abierto. Los cargos promedio por procesamiento de artículos (las tarifas pagadas para publicar un acceso abierto en papel) aumentan a más del 5% anual. El surgimiento del sitio pirata Sci-Hub tampoco parece haber afectado los márgenes.

 Indeed, it is possible to imagine a world that has switched entirely to open access, yet publishers’ profits are as high as ever. The reason, as argued by Alex Holcombe and Björn Brembs, is that publishers control prestigious, legacy journals with high impact factors. Researchers are compelled to publish in these journals for the sake of their careers, even if they are more expensive than alternatives (they point to Scientific Reports, which has used the Nature brand to help squeeze out the cheaper, near-identical PLOS One).

 This points to academic publishers’ rather unusual form of monopoly. It is not a particularly concentrated market: even the biggest player, Elsevier, points out that it publishes only 17 per cent of all articles. Nor do publishers control the means of distribution (ie, the internet), like water companies might control pipes. Authors have plenty of options if they want to publish elsewhere. It’s true that no one is forcing you to pay $5,000 to publish in Cell Reports.

Aunque resulta posible imaginar un mundo que hubiera cambiado completamente por el auge del acceso abierto, las ganancias de los editores son tan altas como siempre. La razón, según han  argumentado Alex Holcombe y Björn Brembs, estriba en que los editores controlan prestigiosas revistas del pasado con factores de alto impacto. Los investigadores se ven obligados a publicar en estas revistas por el bien de sus carreras, incluso si son más caras que las alternativas (apuntan a Scientific Reports, que ha utilizado la marca Nature para ayudar a exprimir a una de las pioneras del acceso abierto como PLOS One, más barato y casi idéntico).

 Todo apunta a una forma de monopolio bastante inusual de los editores académicos. No se trata ya de un mercado especialmente concentrado: incluso el jugador más grande, Elsevier, señala que solo publica el 17 por ciento de todos los artículos. Los editores tampoco controlan los medios de distribución (es decir, Internet), como las compañías de agua podrían controlar las tuberías. Los autores disponen de muchas opciones si quieren publicar en otro lugar. Es cierto que nadie le obliga a pagar $ 5,000 para publicar en Cell Reports.

 But academics are trapped inside a giant prisoner’s dilemma: no one wants to be the first to publish in a cheaper journal that won’t look as good on their CV (especially if you’re not actually spending your own money). The exceptions are instructive: Tim Gowers, the Cambridge mathematician, boycotted Elsevier in 2012 – but with a Fields Medal, he probably doesn’t worry too much about his impact factor.

 Of course, the even deeper problem here is a reliance on impact factors and journal titles as a proxy for academic quality. But until that fiendishly difficult problem is solved, absent of government regulation, the now completely routine annual loss of hundreds of millions of pounds to publishers’ shareholders is here to stay.

Sin embargo, los científicos se encuentran atrapados en lo que en la teoría de Juegos se denomina el dilema de un prisionero gigante: casi ninguno  quiere ser el primero en publicar en una revista más barata que no brille en su  resplandeciente CV (especialmente si no está gastando su propio dinero). Las excepciones son instructivas: Tim Gowers, el matemático de Cambridge, boicoteó a Elsevier en 2012, pero con una Medalla Fields, probablemente no se preocupe demasiado por su factor de impacto.

  Por supuesto, un problema aún más profundo deviene de la dependencia de los factores de impacto y los títulos de las revistas como un indicador de la calidad académica. Pero hasta que se resuelva ese problema diabólicamente difícil, ausente de la regulación gubernamental, la pérdida anual ahora completamente rutinaria de cientos de millones de libras van a parar a los accionistas de las editoriales, que perseveran con todo tipo de argucias para perpetuarse en el status quo.

 Some solutions have already been put forward for the likes of Google and Facebook. The academic Jonathan Taplin suggests regulating them like a public utility, potentially controlling prices and forcing them to spend a fixed proportion of profits on freely available research and development.

 Still, if frustrated researchers do begin to implore politicians on the left to help them break the power of big bad publishers, I wonder how sympathetic a hearing they will receive. Academics must bear some of the responsibility for publishing’s many dysfunctions. McDonnell or Warren might well ask: how have such clever people ended up in such a mess?

Algunas soluciones ya se han presentado para el deleite de Google y Facebook. El académico Jonathan Taplin sugiere regularlos como un servicio público, potencialmente controlando los precios y obligándolos a gastar una proporción fija de las ganancias en la investigación y el desarrollo de libre acceso.

  Sin embargo, si los investigadores frustrados comienzan a implorar a los políticos de la izquierda que los ayuden a romper el poder de los grandes editores, me pregunto qué tan simpático será la audiencia que recibirán. Los académicos deben asumir parte de la responsabilidad de las numerosas disfunciones de la publicación. McDonnell o Warren podrían preguntarse: ¿cómo es que personas tan inteligentes terminaron en un desastre así?

 david.matthews@timeshighereducation.com

 *I originally reported that Wiley’s profit margin was 74 per cent; however, having been contacted by another journalist who has been over their accounts before, a much better way of calculating profits gives a margin instead of 29.6 per cent. Still high, but not quite higher-than-Facebook high.

* Originalmente informé que el margen de ganancia de Wiley era del 74%; sin embargo, al haber sido contactado por otro periodista que ya había revisado sus cuentas anteriormente, una forma mucho mejor de calcular las ganancias da un margen en lugar del 29.6 por ciento. Sigue siendo alto, pero no bastante alto que Facebook.

  Associate Professor Jane Elith

 T: +61 3 8344 4572 | M: +61 404 702207 | E: j.elith@unimelb.edu.au

Nota de este bloguero:

Apple, Facebook y Amazon empiezan el 2018 con ingresos ‘por las nubes’

¿Cómo empieza el 2018 para las grandes tech?  Facebook es la empresa cuyos ingresos más han aumentado en los últimos tres años: un 226% desde el 2014. Vea cómo le va a Apple, Amazon y Google.

Comisión Europea – Comunicado de prensaBruselas, 18 de julio de 2018

Antimonopolio: La Comisión impone a Google una multa de cerca de 4,34 miles de millones EUR por prácticas ilegales en relación con los dispositivos móviles Android para reforzar la posición dominante del motor de búsqueda de Google.

Las investigaciones científicas deben evaluarse por su contenido y no solo por el medio en el que se publiquen

La Sala de los Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo, en Sentencia emitida el 12 Junio de 2018, establece que la evaluación de la actividad investigadora del personal universitario docente e investigador no debe ceñirse únicamente a la revista o medio en el que se publiquen los trabajos.

El Tribunal establece que las características de la investigación, sus aportaciones y relevancia, son otros aspectos que deberían tenerse en cuenta.

La denegación de reconocimiento de un sexenio investigador a una profesora titular de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Extremadura, ha planteado la cuestión acerca de qué criterios deben emplearse a la hora de evaluar la actividad investigadora de los profesores universitarios. Hasta ahora, la importancia del medio en el que se publica el trabajo ha sido el criterio principal del comité asesor que elabora los informes de evaluación para la Comisión Nacional de Evaluación de la Actividad Investigadora (CNEAI), el organismo que decide en última instancia si la solicitud es favorable o no.

El Supremo considera que el medio en el que se publique el trabajo a evaluar no debería ser el único criterio para valorarla positivamente. Por el contrario, lo que plantea es que debería valorarse su aportación al avance del conocimiento, si es innovador, si tiene aplicaciones o es divulgativo. La adición de estos criterios al proceso de evaluación contribuiría a la toma de decisiones, sin alterar el objeto ni los principales parámetros empleados para la misma.

Por lo tanto, dado que lo importante de las investigaciones es su contenido, los expertos del comité de evaluación deben basarse en ello a la hora de emitir los informes sobre los que decidirá la CNEAI. Así, no deberían descartarse investigaciones, sin llegar a examinarlas, por el mero hecho de que no se publiquen en las revistas o medios indicados en la Resolución del 26 de Noviembre de 2014. En la evaluación debe tenerse en cuenta tanto el medio de publicación como las características del trabajo sin que un criterio excluya al otro.

Con este planteamiento, el Supremo ha decidido anular las resoluciones de la CNEAI y del Secretario de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, ordenando la retroacción de las actuaciones para que la actividad investigadora sea evaluada según los criterios previstos en la Orden del 2 de diciembre de 1994 (LA LEY 4208/1994) y de la resolución del 26 de noviembre de 2014 (LA LEY 18197/2014).

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