Inducción, Falsacionismo y la Confirmación de las Teorías Científicas

Hemos visto en post anteriores como la confirmación de las teorías científicas tiene un papel relevante que desempeñar en la ciencia, tal y como la interpreta el falsacionista sofisticado. Sin embargo, de tal afirmación no se deduce que el calificativo de «falsacionismo» esté mal acuñado a la hora de definir la filosofía propuesta por Popper. El falsacionista sofisticado sigue manteniendo que las teorías se pueden falsar y rechazar, aunque niegue que se pueda decir de ellas que sean verdaderas o posiblemente verdaderas. El propósito de la ciencia consiste en falsar las teorías y reemplazarlas por otras mejores, y con mayor robustez a la hora de resistir las pruebas de refutación que se propongan contra ella. Las confirmaciones de las nuevas teorías son importantes, en la medida que constituye la demostración de que un nuevo constructo teórico mejora la teoría a la que reemplaza. Esta última es pues falsada por la evidencia descubierta con ayuda de la nueva, una vez confirmada. Tras este cambio, la teoría recién avalada al  desbancar a su rival, se convierte, como la anterior, en un nuevo blanco contra la que se dirigirán las nuevas pruebas rigurosas, ideadas al amparo de otras teorías audazmente conjeturadas que pretenden refutarla. Recordemos una manera alternativa de denominar al falsacionismo: conjeturas y refutaciones. Pues bien hoy veremos como la filosofía poperiana difiere de la concepción del inductivista.

 

 

 

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Al parecer Popper entendía las teorías como una especie de reo de muerte a la que los restantes presos lanzaban sus flechas. El que le diera en el corazón, pasaba a sustituir al desafortunado cadáver.  ¡Menuda gracia!  No me gusta ese juego. Lo considero un tanto cruel.

 

Debido al hincapié que hacen los falsacionistas en esta perspectiva del desarrollo científico, su concepción de la confirmación es significativamente distinta a la de los inductivistas. La importancia de algunas pruebas confirmadoras de una teoría, según la postura inductivista, está determinada exclusivamente por la relación lógica existente entre los enunciados observacionales que son confirmados y la teoría que los avala. El contexto histórico en el que se obtiene la evidencia carece de interés. Los casos confirmadores lo son, si proporcionan apoyo inductivo a una teoría, y cuanto mayor sea su volumen, tanto o más probable será que tal constructo teórico sea verdadero. Tal concepción ahistórica de la confirmación que defiende el inductivista, soslaya el valor que defiende el falsacionista. Pongamos un ejemplo del pensamiento inductivista, con la ley de la gravedad en mente: innumerables observaciones realizadas de piedras que caen, posiciones planetarias, etc., constituyen una actividad científica valiosa, por cuanto acarrean una mayor confianza (probabilidad) de la verdad que atesora la ley de la gravitación.

 

Como veremos al analizar otras escuelas filosóficas, en contraposición a las concepciones no históricas de la actividad científica, la importancia de las confirmaciones depende en gran medida (por no decir toda) del contexto histórico en las que se inscriben. Una confirmación conferirá un alto grado de valor a una teoría si aquella fue el resultado de la comprobación de una predicción nueva. Esto es, una confirmación será importante si se estima que es improbable que suceda a la luz del conocimiento básico de la época. Las confirmaciones que son previsibles de antemano carecen de prácticamente de valor. Si hoy en día confirmo la teoría de Newton tirando una piedra al suelo, no contribuyo en nada al progreso de ciencia. El marco histórico es el que marca la diferencia (denominado contexto del descubrimiento). Y al introducir tal temporalidad, se quiebra la lógica de las justificaciones atemporales (lo que se denomina lógica de la justificación), ya que a la hora de entablar cualquier debate: ¡mañana será otro día! Por necesidad, reiteramos que las teorías avaladas hoy deben ser desmentidas mañana. De no ser así, la ciencia no progresaría. Empero, ya comenzamos a vislumbrar la relatividad de la ciencia, moleste a quien moleste. En mi opinión, uno de los mayores logros del falsacionismo ha sido desterrar el vocablo “verdad” de la empresa científica. Vemos que también, desde una cierta perspectiva, Popper rompe con el ahistoricismo de la filosofía previa. Empero, tan solo marcó el camino en la que profundizaron escuelas posteriores no popperianas, como veremos en otros post, más adelante

 

¿Conocen ustedes un libro denominado “La Rama Dorada?. Se trata de un libro seminal de la antropología moderna, escrito por el anglosajón George Frazer, que por cierto en este enlace dicen que tal obra es de libre acceso en internet. Pues bien, el autor, que viajo estudiando pueblos indígenas de todo el mundo, se quedaba asombrado al observar comportamientos y creencias que, a la luz de la ciencia de la época, consideraba puras supersticiones de pueblos “salvajes”. Al leer el libro pude comprobar que diversas de las supersticiones descritas por Frazer, hoy podrían ser avaladas por los investigadores como “científicas” (en el sentido de que bajo los conocimientos actuales tenían su razón de ser). El colonialista ilustrado, vapuleado por los pueblos “salvajes” ¿Nos vamos entendiendo? Solo aprende quien desea aprender.

 

Juan José Ibáñez

 

Sumario de los post editados en “Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia hasta este post

¿Qué es esa cosa llamada Ciencia?

El Método Científico

Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia

Reduccionismo Epistemológico

Ciencia e Inducción [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13,]

Filosofía de Karl Poper: El Falsacionismo [14, 15, 16, 19, 20, 21]

Filosofía de la Teoría de la Evolución y Sociedad   [17, 18],

Naturaleza y enseñanza de la Ciencia [22]

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