La Corrupción Científica en España: Todo Bajo Control

El rotativo El País ha venido informando acerca de un posible caso de fraude científico en España que, noticia tras noticia, parece más palmario. Como veréis abajo se habla de “Un duro golpe para la ciencia española”. ¿Cierto o falso? Rotundamente falso. Debemos felicitarnos aunque pueda sorprender al ciudadano en primera instancia. Desde septiembre de 2007, os hemos ido informando en nuestra categoría “fraude y mala praxis científica” de que se trata e un cáncer sin fronteras, afectando a todos los países y disciplinas del mundo. Si nos sorprendemos, tan solo es el resultado de que hasta hace poco tiempo preferimos mirar hacia otro lado ante situaciones semejantes. Mientras tanto, en otros muchos países y especialmente en EE.UU., se viene intentando que tal pandemia no se extienda desde hace varios años. En varios post precedentes os recomendaba la lectura de un más que interesante libro titulado “Anatomía del Fraude Científico”.Empero sin conocerlo ya varios colegas lanzaron dentelladas a mí yugular. En los primeros post sobre este espinoso asunto, reclamaba la necesidad de que España, como otros muchos países, se creara el comité de ética que finalmente el CSIC constituyó hace muy pocos años. Y no estaría de más que otras muchas instituciones imitaran este ejemplo, o que se constituya otro de rango nacional (creo que aun no existe, pero…). Por enésima vez reitero que el comportamiento de los investigadores es un reflejo del ciudadano en una sociedad cada vez más competitiva, exigente y en donde el fraude y la mala praxis nadie puede ya esconder y menos aun negar. Llevar al extremo el lema de “publica o perece”, acarrea aquí, como en el resto del orbe, que ciertos individuos, muy presionados, cedan ante la tentación. Luego, cuando no son cazados la primera vez (…) comienzan a engrasar sus deleznables maquinas. Todo esto viene explicado en el libro aludido. Como ya vaticiné, una vez creado tal comité de ética, tan solo era cuestión de tiempo que comenzaran a aparecer casos. Y con toda seguridad surgirán más. Ahora bien, el transgresor comenzará a sospesar los riesgos de atajar por aviesos vericuetos la promoción de su carrera profesional. Todo esto asunto me recuerda al tema del doping deportivo. Nadie ha acusado a España de que nuestros atletas se dopen más que en otros lares. De lo que se lamentan en algunas instancias deriva de que la ley antidopaje y/o nuestras autoridades no se adecuen más las internacionales o redoblen sus esfuerzos como otros, respectivamente. No soy experto en este último tema, pero no debemos confundir churras con merinas.  La prensa española nos hace un flaco favor al entender este caso como una vergüenza nacional, lo cual tan solo muestra su desconocimiento palmario de lo que acaece a nivel internacional.  Eso sí, me sorprende sobremanera las declaraciones de un miembro del comité de ética al alegar que inventarse los datos resulta er un caso muy extraño.  Si uno lee “Anatomía del Fraude Científico”,podrá percatarse de que no es así. Y si alguien lo duda, que lea nuestro post acerca de los jóvenes prodigiosos. Se trata de una regularidad más, entre otras que ya os expusimos.  El CSIC acertó en crear tal comité de ética. Hoy nos encontramos en materia de política científica un poco más cerca de los países que van a la vanguardia del I+D+i.  Ninguna revista o institución científica nos reprochará tal contratiempo, si no todo lo contrario. Y si se diera tal caso, tan solo hace falta tirar de hemeroteca con vistas a entender que “ningún país o institución se encuentra libre de pecado”. Se ha actuado correctamente, por lo que debemos felicitarnos. Una vez más, el tiempo ha dado la razón  a las tesis que defendemos en esta bitácora. En este sentido, la reacción del CSIC debería congratularnos, que no acongojarnos.

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Fraude Científico. Fuente: lookfordiagnosis

Reiteremos por enésima vez que el “fraude científico”, existe desde que la ciencia es ciencia. Debemos agradecer al rotativo “El País” el seguimiento otorgado a la noticia, si bien no coincidimos con la gravedad que otorga a la misma. Eso sí, antes de finalizar señalemos que: (i) hasta que el tribunal no evalúe y dictamine este caso, no debe prejuzgarse a nadie, es decir todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario; (ii) Cuando las acusaciones no se encuentren bien fundadas e intente desacreditarse a alguien, los denunciantes deben ser penalizados por pretender arruinar ilegítimamente la carrara de un compañero; (iii) existen fraudes y fraudes, como diferentes grados de mala praxis, por lo que no podemos ramplonamente valorar todos los casos por el mismo rasero y con la misma pena, y (iv) que no se escondan los casos que incumban a científicos reputados, por cuanto ya ha ocurrido no hace mucho tiempo en este país. Eso sí, tal como se narra la noticia parece una tragedia para la ciencia española, cuando no lo es.

Juan José Ibáñez

PD. Me cuesta mucho pensar que Delibes se encuentre acusado de algo parecido. Espero y deseo que se demuestre su inocencia. Ahora bien, entramos en el último ítem que denuncio en el párrafo anterior, es decir el (iv). A menudo uno puede equivocarse y no citar algún dato, y otro bien distinto lo que El País saca a colación. Todos cometemos errores (tener en cuenta que en muchos casos entre el borrador enviado a una revista y el producto final, hay que relaborar el texto tropecientas veces), si bien unos son intencionados y otros no. Y quien diga que no es el caso que tire la primera piedra. Delibes ha sido acusado de un delito no comparable con el aquí tratado. El hecho de que pida amparo al comité de ética en lugar de“perder un paper” y callar, induce a pensar que no obró con mala intención. Si personalmente tuviera que acusar un suceso semejante, el Comité de Ética del CSIC trabajaría a destajo durante meses. Finalmente, el susodicho comité dictará sentencia. Espero y deseo que una de las mejores personas que he conocido en mi institución salga intacto de tal lamentable affaire, restableciendose su honorabilidad.

El CSIC investiga si un científico de Doñana alteró estudios

Fuente El País

Jefes y colegas denuncian a un veterinario al sospechar de miles de datos de virus en aves. El experto en patógenos defiende su trabajo, pero admite un problema de “falta de confianza”

Rafael Méndez Madrid 26 FEB 2012 – 11:40 CET40

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha abierto una investigación por lo que podría ser uno de los mayores fraudes científicos de España. El CSIC investiga si Jesús Ángel Lemus, veterinario contratado en la Estación Biológica de Doñana (Sevilla), alteró o inventó datos en decenas de estudios durante años. Lemus fue denunciado por jefes y compañeros el pasado 23 de diciembre. El investigador trabajó antes en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos y ha firmado una veintena de estudios en revistas prestigiosas como Science o Plos, por lo que la retirada de estos artículos sería un duro golpe para la ciencia española. Lemus defiende sus resultados, aunque afirma que desconoce la investigación en marcha.

El 23 de diciembre pasado, el subdirector de la Estación Biológica de Doñana, Juan José Negro, envió una carta de tres folios denunciando el caso al presidente del Comité de Ética del CSIC, Pere Puigdomènech. La carta, a la que ha tenido acceso este diario, la firman también el director de la estación, Fernando Hiraldo; el tutor de Lemus, José Luis Tella; Guillermo Blanco y otros cuatro científicos que han firmado trabajos con él. Afirman que dudan “de la calidad y veracidad de los ensayos analíticos encomendados a Lemus, y que ya han sido publicados en varias revistas científicas”. Reclaman al CSIC que les asesore sobre qué hacer “con las publicaciones que ya han visto la luz”. Todos ellos han firmado trabajos con Lemus y dicen sentirse engañados, ya que una posible retirada de los artículos científicos afectaría negativamente a sus carreras.

Lemus, de unos 38 años, trabajaba con una beca posdoctoral de la Junta de Andalucía de Ampliación de Estudios del CSIC. Como veterinario, se encargaba del análisis molecular de las muestras que los investigadores tomaban en el campo. Así, ha firmado artículos sobre la presencia de patógenos (virus, bacterias y hongos) en multitud de aves: quebrantahuesos, águilas imperiales, buitres, cuervos…

Los trabajos han sido publicados en varias revistas internacionales

El caso estalló definitivamente en abril de 2011, cuando en un estudio realizado en cotorras de Barcelona, Lemus halló que más de la mitad de las muestras estaban contaminadas con la bacteria Chlamydophila psitacci. Este microorganismo produce la psitacosis en las aves, una enfermedad transmisible al hombre. Esto, que de ser cierto supondría una amenaza para la salud pública en la ciudad, puso en alerta a investigadores del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona.

Cuando intentaron reproducir los resultados, sus compañeros y superiores tendieron una especie de trampa a Lemus. Ya en verano le enviaron muestras de plasma sanguíneo de aves con el etiquetado cambiado. Las que aparecían como procedentes de zonas contaminadas eran animales que no tenían ningún problema de salud y viceversa. En paralelo, otros investigadores mandaron una copia de todas las muestras al laboratorio de referencia que el Gobierno tiene en el municipio de Algete, en Madrid.

“El resultado de la comparación de ambos análisis fue una gran falta de congruencia”, según la denuncia al Comité de Ética del CSIC que enviaron más tarde sus superiores y compañeros. Los resultados no solo no eran reproducibles, sino que eran radicalmente distintos a los del laboratorio de referencia, que dio una presencia del patógeno muy baja, como es habitual.

La denuncia reconstruye en orden cronológico el caso. Allí cuenta cómo el 5 de octubre pasado, en una reunión en el Museo Nacional de Ciencias Naturales en Madrid, su tutor y la cúpula de la Estación Biológica de Doñana comunicaron a Lemus sus dudas sobre los resultados de sus investigaciones.

Lemus les pidió unos días para aclararlo todo y la reunión quedó fijada para el 10 de octubre. Ese día, según la denuncia, “acudió al museo, pero, sin siquiera llegar a sentarse para dialogar, se ausentó del centro sin dar más explicaciones”. Desde el 24 de octubre, el investigador no contesta al teléfono ni responde al correo de sus colegas ni los de la comisión que le investiga, según Hiraldo.

Uno de sus análisis planteaba una amenaza parala salud pública

Lemus asegura por teléfono que desconoce buena parte de lo que está ocurriendo: “Me han dicho que no se creen los resultados. Es un tema de falta de confianza, pero no tengo mucho que decir”. Y defiende sus trabajos: “He publicado todo bien. Nadie ha dudado de la veracidad de los resultados ni de la metodología”.

Los miembros de la Estación Biológica de Doñana siguieron la investigación y rastrearon los centros con los que Lemus decía colaborar. Contactaron con la Universidad de Utrecht (Holanda) y con la empresa Ingenasa de Madrid, que supuestamente “habrían realizado los análisis de patógenos con técnicas moleculares”. El centro de Utrecht —siempre según la denuncia— negó la existencia del científico que supuestamente ayudaba a Lemus y en la empresa de Madrid, aunque conocían al investigador, afirmaron que no habían trabajado para él.

Puigdomènech admite que es un caso sin precedentes, ya que lo normal son plagios o casos de malas prácticas aisladas. “Puede haber 10 o 12 artículos afectados, pero aún no lo sabemos. Si hay que retirarlos, lo haremos. Iremos hasta el final”. El problema es que los análisis afectan a miles de muestras recogidas durante años.

El CSIC aún no ha comunicado a las revistas científicas sus dudas sobre los trabajos. Afirma que antes de llegar hasta ese punto necesita concluir la investigación para no dar pasos en falso. Hiraldo, el director de la estación, pide prudencia: “Puede que usara un marcador erróneo en la muestra de cotorras. Queremos aclararlo, pero no podemos dar con él”.

El caso deja la duda de si realmente nadie pudo detectar antes los resultados anómalos.

El hombre que imaginaba la ciencia

Un investigador pone en entredicho al CSIC tras presentar artículos con un científico fantasma

Lemus dice que en el consejo hay mucha presión publicar

El investigador investigado inventó seis estudios en su currículo académico

El CSIC sospecha que un científico falso firmó en seis de sus estudios

Rafael Méndez Madrid17 MAR 2012 – 21:00 CET39. El País, 19 de Marzo 2012

Los compañeros de Jesús Ángel Lemus Loarte decían de él que si se le caía la mochila se extinguían tres especies. Tal era su afición por los animales, a menudo exóticos, con los que a veces comerciaba. Era en los tiempos de estudiante en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. Allí se licenció alrededor de 2004, con más de 30 años. Aún estaba lejos de ser el investigador situado en el epicentro del que puede ser el mayor fraude científico en España. El caso deja varias dudas ¿Cómo llegó Lemus a protagonizar el escándalo? Y, sobre todo, ¿cómo pudo hacerlo durante tanto tiempo?

Lemus, un tipo desgarbado y con notables problemas de vista, era muy conocido en la facultad.“Era muy inteligente, pero le gustaban el campo y los animales más que estudiar”, cuenta una antigua compañera que le aprecia y que explica así que tardara tanto en licenciarse. En la facultad pasó años y años, colaborando con departamentos y dando ocasionalmente clases prácticas. También colaboró con el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (Grefa) e hizo prácticas en alguna clínica veterinaria.

Su historial no es sencillo de reconstruir. Entre otras cosas porque el que él colgó en la web del Museo Nacional de Ciencias Naturales incluía estudios inexistentes con nombres tan sugerentes como Distocia y cesárea paradorsal en un caimán de anteojos. “Era listo y tenía mucha labia, pero nunca era claro. Siempre escondía algo”, explica otra persona que hace años tuvo mucho contacto con él y que pide el anonimato.

En 2006 publica su primer artículo científico junto a Guillermo Blanco y Javier Grande, que aparece como investigador del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), también del CSIC. El problema es que Javier Grande es, hasta hoy, un fantasma. Nadie lo conoce. No consta en ninguna base de datos del CSIC, ni siquiera como investigador temporal. Ahí comienza la serie de publicaciones científicas de Lemus, junto a conocidos investigadores como Fernando Hiraldo o José Antonio Donázar.

La Estación Biológica de Doñana denuncio el caso al Comité de Ética

Trabaja en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) como becario predoctoral y en 2010 lee la tesis sobre Enfermedades emergentes y residuos de fármacos en aves salvajes. Tras la gripe aviar, Lemus estaba en el campo correcto: virus y bacterias en aves eran un foco creciente de preocupación para la salud pública. Había dinero e interés.

En junio de ese año recibe una de las 259 becas de la Junta de Ampliación de Estudios del CSIC: tres años con un sueldo de 28.902 euros brutos anuales, según la convocatoria. Lemus se traslada a la Estación Biológica de Doñana (EBD), donde consigue la mejor puntuación de las cuatro plazas. “Yo he trabajado con él en un proyecto en Argentina y Lemus trabajaba como el que más”, declaró el director de la EBD, Fernando Hiraldo, cuando estalló el caso.

Lemus sigue publicando y crece su currículo. Publica en PLoS One y hasta en Science, nada que ver con las revistas de segunda fila en las que imaginaba publicar años antes. “Lemus era muy eficaz. Si les dabas muestras de aves para analizar patógenos o antibióticos siempre estaban a tiempo y lo mejor es que siempre había un resultado publicable”, cuenta un científico del sector.

Tanto, que encontró restos del virus del Nilo occidental en un 40% de las aves analizadas en Marruecos. Lo sorprendente es que el Instituto de Salud Carlos III, que coordinaba un estudio europeo sobre la enfermedad, nunca había conseguido encontrar más que anticuerpos, según explicó a este diario Antonio Tenorio, coordinador del centro de referencia. Tenorio pidió las muestras para cotejar los resultados y para ello argumentó que “el tema no es de gran interés para una publicación científica, pero si lo es para la salud publica”. Tenorio señalaba que los resultados “o eran errores de secuenciación o seria una cepa muy extraña”.

El asunto puede provocar la retirada de una decena de estudios

Aunque gente del grupo de investigación propuso ceder muestras, Lemus y Blanco se negaron. El primero argumentó que en su día había ido al Carlos III a pedir colaboración y recibió un trato “muy poco amable”.

Las alarmas saltaron definitivamente en 2011, cuando unas muestras analizadas por Lemus mostraron que casi la mitad de las cotorras de Barcelona estaban infectadas con la bacteria de la psitacosis, una enfermedad trasmisible al hombre.

Hasta que sus compañeros de Doñana ya no pudieron disimular sus sospechas y le tendieron una trampa. Le mandaron muestras de plasma duplicadas. Las que procedían de zonas infectadas iban etiquetadas como limpias y viceversa. Lemus cayó en la emboscada. Además, otros investigadores enviaron muestras de las cotorras al laboratorio de referencia del Gobierno y los resultados no aparecían.

Juan José Negro, subdirector de la EBD, y otros comenzaron a preguntar a Lemus por sus resultados. Acudieron a la empresa Ingenasa, de Madrid, en la que supuestamente le hacían análisis. El resultado es que conocían a Lemus pero no habían analizado muestras para él. “En Ingenasa utilizamos muestras suyas hace tiempo para poner a prueba métodos diagnósticos, pero no para publicar”, explica una fuente.

Contactaron con la Universidad de Utrecht (Holanda), donde “su director aseguró desconocer la existencia del investigador apuntado por Lemus como trabajador del centro”, según la denuncia que luego presentaron al comité de ética.

La tercera fuente de los análisis —así figura en uno de los artículos de PLoS One—es el tal Javier Grande, pero no aparece. Una persona que figura en uno de los estudios explica que, supuestamente, “Grande era un tipo del IREC que analizaba las muestras. Yo tuve intercambios de correos con él”.

Así que el 23 de diciembre, la cúpula de la Estación Biológica de Doñana, su mentor, la persona que tutelaba su estancia y varios compañeros denunciaron el caso al Comité de Ética del CSIC, que aún sigue la investigación.

El pasado miércoles, Lemus mantuvo una breve conversación con este diario. Él mantiene que todo es “una cacería” contra su persona. Lemus, que niega todo y amenaza con demandar a este diario, sí admitió que en el CSIC “hay mucha presión por publicar”.

¿Quién es Javier Grande?

—“¿Y a mí me lo pregunta? Pregúnteselo a Guillermo Blanco”, fue su única respuesta.

Blanco fue su director de tesis, el investigador del CSIC que más ha firmado con Lemus (y el desconocido Grande) y aparece como autor principal en un estudio que solo firman los tres. Este diario ha intentado sin éxito durante una semana, contactar con Blanco, que inicialmente sí declaró que el caso solo afectaba a Lemus. Lemus apenas contesta al teléfono de sus compañeros y tardó mucho en entrevistarse con el comité de ética.

Miguel Delibes, investigador de la EBD, sigue el caso con tristeza y reflexiona sobre cómo puede llegar a ocurrir algo así: “La ciencia ha dejado de ser lo que era. Antes todos los autores eran responsables de un artículo, pero ahora se publican artículos con 30 autores que no se conocen más que por correo electrónico”. Explica que hay engaños muy difíciles de detectar. “A mí me mandan de Argentina unas imágenes de satélite, o del laboratorio unos alelos de nutrias. Yo sé analizar esos datos, pero si lo que me mandan está mal no me doy cuenta”.

Delibes pertenece al Comité de Ética del CSIC pero desde hace un año no acude a las reuniones porque una revista retiró un artículo científico suyo por no citar la fuente de uno de los datos. Él ha pedido amparo a dicho comité de y confía en terminar ganando el caso (aunque el artículo sigue retirado).

El caso ha sembrado la inquietud en muchos científicos, que consideran que en plena ola de recortes lo último que necesita la ciencia en España es retirar una serie de estudios científicos.

La cúpula del CSIC tiene una buena idea de lo que ha ocurrido. El presidente del consejo, Emilio Lora-Tamayo, al poco de llegar al cargo encargó un informe preliminar a tres personas de su confianza. En el texto ya se señala la existencia del investigador fantasma, entre otras cosas, según fuentes del caso. El reto que tiene ahora es zanjar el asunto y, como ha prometido, llegar hasta el final. Fuentes del caso dan por descontado que fácilmente el caso puede acabar con una decena de estudios en revistas internacionales retirados y cambios en el consejo.

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