Historiadores y politólogos ante el estudio de las relaciones internacionales

La reflexión acerca de qué une y qué separa a los historiadores y a los politólogos, específicamente a los especialistas en relaciones internacionales, cuando ambos afrontan su objeto de estudio común -la sociedad internacional-, es desde hace décadas un motivo de apasionados debates entre los representantes de uno y otro campo. La penúltima vuelta de tuerca a la discusión interdisciplinaria nos llega ahora de la mano del catedrático de relaciones internacionales de la Universidad de Columbia Robert Jervis, quien abrió la primera conferencia de la lista H-Diplo sobre relaciones internacionales de los Estados Unidos (Williams College, Massachusetts, 17-18 de abril de 2009) con una intervención titulada “International Politics and Diplomatic History: Fruitful Differences”, ahora accesible en la web de H-Diplo.

Robert Jervis (Columbia University)
Robert Jervis (Columbia University)

Jervis se pregunta si sería exagerado afirmar que las relaciones entre historiadores y politólogos son simbióticas, o incluso que ambos grupos están abocados al matrimonio. “Aunque tenemos diferencias significativas y reñimos a menudo, no solo debemos permanecer juntos por el bien de los niños (es decir, de nuestros estudiantes), sino que a pesar de que a veces no queramos reconocerlo, obtenemos unos de otros una buena dosis de sostenimiento e incluso de placer. Me de la impresión de hay una cierta asimetría en cuanto a inversiones y afectos desde el lado de la ciencia política, desde el momento en que la mayoría de nosotros ve la gran importancia que tiene la historia internacional, mientras que los historiadores sacan menos partido de la ciencia política y a veces tienen la temeridad de dudar del valor de esta disciplina. En mi último año como estudiante de grado en Berkeley participé en un buen curso sobre historia internacional de Europa a cargo del renombrado Raymond Sontag. Por supuesto que disfruté y aprendí mucho con el curso, pero cuando le hablé sobre la posibilidad de recurrir a la historia para mi tesis, aunque me trató con gran amabilidad personal, dejó claro que no veía la necesidad de la ciencia política y que esperaba que yo no viniera a enlodar su campo. Por otro lado, muchos historiadores no solo han tolerado e incluso alentado nuestras intrusiones, sino que han recurrido a nuestras teorías. Con todas nuestras diferencias, compartimos una fascinación por las pautas, idiosincrasias y cambios en las relaciones en las relaciones transfronterizas.

Ambos grupos queremos explicar la historia internacional. Cuando dije esto en la Conferencia de H-Diplo en Williams College la primavera pasada, Randy Schweller objetó que los politólogos buscan desarrollar y verificar teorías más que explicar acontecimientos. No estoy totalmente en desacuerdo, pero replicaría que aunque nos diferenciamos en nuestra postura hacia los hechos y las generalizaciones, los politólogos tratamos de desarrollar teorías que no solamente se rijan por el principio de economía y que se enraícen en la ciencia social general, sino que también arrojen luz (es decir, que expliquen al menos en parte) acontecimientos y pautas en la historia internacional.

Hay importantes diferencias de estilo, estética y enfoque, pero mis breves observaciones apenas pueden hacer justicia a todas ellas. Sin embargo, puede merecer la pena comenzar por un aspecto menor. A muchos de los que venimos de la ciencia política nos parece que los historiadores son unos masoquistas [glutton for punishment] y nos maravillamos de su capacidad lingüística y de su aptitud para sumergirse en enormes cantidades de material y sintetizarlo. Hace años, estaba hablando con mi buen amigo Bob Dallek sobre si iba a tomarse un descanso ahora que había culminado el enorme esfuerzo de producir su biografía en dos volúmenes sobre Lyndon Johnson. Me dijo que al principio lo había planeado, ‘pero acabo de enterarme de que están haciendo accesibles un millón de páginas de material nuevo sobre Kennedy, y simplemente no puedo resistirme’. La reacción de la mayoría de los politólogos sería bastante diferente, pero nos alegramos mucho de que Bob y sus colegas escriban esa clase de libros”.

Jervis pasa a continuación revista a los puntos en que historiadores y politólogos especialistas en relaciones internacionales suelen discrepar de forma más notoria: la actitud ante los hechos y las teorías; la importancia relativa que cada grupo asigna a la cronología, a los puntos de inflexión, a la irreversibilidad y al momento concreto [timing]; el recurso a las generalizaciones y comparaciones; y de forma algo sorprendente, al papel de la moralidad en el trabajo científico de cada uno, en el sentido que él mismo delimita en la siguiente afirmación: “Pienso que los historiadores, por lo general, están más preocupados por, y predispuestos a formular juicios de valor y morales acerca de la conducta de aquellos a quienes estudian, que los politólogos”.

En conclusión, para Jervis “[e]stas diferencias producen entre los politólogos y los historiadores de las relaciones internacionales tensiones que no deberíamos esperar que se resuelvan. De hecho no deberían resolverse, porque la diversidad de perspectivas nos beneficia a todos. No se trata de convertir a los demás a nuestro punto de vista, sino de comprender el de los demás”.

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La intervención revisada de Jervis se publicó el 12 de marzo pasado en la lista H-Diplo (texto completo aquí) y está siendo desde entonces objeto de comentarios y matizaciones por parte de otros especialistas, cuyo hilo puede seguirse en la propia lista (pueden leerse aquí las intervenciones realizadas en el mes de marzo, y aquí las del mes de abril).

Referencia:

International Politics and Diplomatic History: Fruitful Diffences

Author: Robert Jervis, Columbia University

Published by H-Diplo/ISSF on 12 March 2010

http://www.h-net.org/~diplo/ISSF/essays/1-Jervis.html

http://www.h-net.org/~diplo/roundtables/PDF/Williams-Jervis-Keynote.pdf

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