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Ciencia, Filosofía e Historia de la Ciencia (y las dos culturas)

Fuente: colaje imagen Google
La revista Science, ha publico una carta editorial del redactor jefe” que llevaba por título: “Enseñar filosofía de la ciencia”. Los lectores asiduos a esta bitácora conocen de sobra nuestro interés acerca de estos temas que se me antojan esenciales, como se puede demostrar leyendo los post almacenados en nuestras categorías: “Curso Básico de la filosofía y Sociología de la ciencia”; “Curso básico de ciencia para jóvenes universitarios y tecnólogos” y «Curso Básico de la Filosofía de la Tecnociencia”. Al perecer el redactor jeje de Science atesora muchos menos conocimientos que nosotros, por lo que puede leerse del texto que os expongo bajo. Tan bajo perfil tiene que personalmente yo prefiero un libro y la conferencia que le precedió de Charles Percy Snow en 1959 (ver resúmenes al final de esta entradilla). También he sido profesor en la universidad sobre estas materias, por lo que me considero el derecho a réplica. Realmente la carta está redactada para “investigadores de alto perfil”, a los cuales los anima que introduzcan tales ramas del conocimiento en sus respetivos ámbitos y cursos que impartan , con vistas a que la naturaleza de la indagación científica sea mejor entendida por alumnos, profesores y ciudadanos. El principal escollo estriba en sorteras la casi absoluta ignorancia de los científicos acerca de en qué consiste la ciencia y el método científico. Tras leerlo (ver al final de esta entradilla) tengo la impresión de que se trata de una carta insustancial firmada por un profano en la materia dado que no pasaría por una revisión por pares seria.
Por ejemplo, enfatiza la “Filosofía de le ciencia”, que no la filosofía, así como la historia de la ciencia. Pues bien, la filosofía de la ciencia posee una carga matemática tan fuerte, al menos en sus inicios, que incluso les costaría digerir a muchos físicos y matemáticos en la actualidad. De hecho, tengo sobradas evidencias de que la mayor parte de nosotros somos absolutamente ignorante en tales menesteres. Yo me salvé por serendipia, aunque a la postre quedé atrapado para siembre. Poco después fue llegando silenciosamente la “Tecnociencia” y el tema se ha enrevesado hasta límites delirantes. Ojalá pudiera tener un debate abierto con él y preguntarle temas tan complejos como ¿Qué es la Ciencia?, y ¿qué diferencia existe entre la indagación científica y otras ramas del conocimiento humano? Seguro que patina, ¡seguro!
En consecuencia, les voy a narrar mi primera clase a los alumnos, las cual les desconcertaba. Entraba en el aula y les espetaba “como estudiantes de posgrado, lleváis seis o siete años en la Universidad, por lo que os debe resultar archiconocido definir la ciencia, a ver sondeemos”.
Iba preguntando a los alumnos y luego desmontando sus definiciones una a una. A continuación volvía a la carga “Muy desconcertante vuestro desconocimiento, ¿no?». ¿Cómo es posible que científicos y tecnólogos no sepan definir la esencia de su actividad? Pero sigamos, ¿al menos sabréis explicarme en que se diferencia la ciencia de otras actividades que no lo son? Repetía el turno de preguntas y más de lo mismo, con la excepción de algún alumno espabilado que recordaba eso “del método científico”. ¡Muy bien, exclamaba yo! ¿Sabéis explicar en qué consiste? De nuevo las respuestas eran deplorables. Seguidamente mostraban cara de asombro y les comentaba, ¿me podéis explicar cómo voy a impartir esta asignatura? ¿Permitirme un momento que salga del aula y aclare mis ideas!
A los cinco o diez minutos regresaba al aula, veía las caras expectantes de los estudiantes. Veamos, os aseguró que, aunque muchos investigadores no lo reconozcan, no existe una definición consensuada de ciencia, y menos aún de en qué consiste el método científico. Sin embargo, si vamos comentando por orden cronológico todas las escuelas de filosofía de la ciencia, veréis como terminareis entendiendo que es la ciencia y al método científico, a pasar de estas gravísimas carencias. No se trata de una filosofía de la medicina, otra de le física, etc. La filosofía de la ciencia fue trabada para todas las disciplinas.
Seguidamente, día a día, comenzaba a enumerar cada escuela, empezando por la más antigua, y terminando por apuntar esbozos de la diferencia entre ciencia y tecnociencia. Tras cada sesión de dos horas muchos sonreían y comentaban esta sí me gusta. Yo negaba con la cabeza y replicaba “esperar a la siguiente”. Y así, en 30 horas, todos terminaron por entender en qué consistía la ciencia y el método científico, sin definiciones precisas. Las valoraciones aleatorias que realizaba la UPM entre los alumnos constató que a la mayoría les había entusiasmado. Y solo en 30 horas. Obviamente mi formación era como se dice ahora estúpidamente “de larga data” ¿Se imaginan ustedes que en lugar de alumnos hubieran sido investigadores? Seguro que me habían arrojado por una ventana del edificio, por cuanto muchos habrían incurrido en los mismos tropiezos que los estudiantes.
Pero la tecnociencia lo ha enturbiado todo, todito todo. Ahora había que adestrarles, que no solo es cuestión de filosofía e historia, sino que deben saber geopolítica, economía, intereses de los lobbies de poder e incluso las políticas e interés de las propias editoriales científicas. Tan solo así se pueden llevar a cabo numerosos tipos de indagaciones científicas que sean relevantes y ayuden a los ciudadanos. Terminaré con dos sencillos ejemplos. Muchas de las publicaciones científicas que intentan ayudar a adaptarnos a las condiciones de sequía en países subdesarrollados, parecen no percatarse que se trata, en gran parte, de zonas de conflictos bélicos, azotadas por guerras cruentas, el hambre, enfermedades, desastres naturales (sequías, inundaciones etc.) falta de logística etc. Obviamente las multinacionales no son ONG, sino que exclusivamente buscan pingues beneficio. Y finalmente como podemos alardear de estudios que intentan perseguir el progreso hacia el desarrollo sostenible, basándose en elementos químicos finitos (es decir no sostenibles, como las tierras raras, y que se teme que den lugar a conflictos bélicos para su acaparamiento por diversas potencias).
No me queda más que alegar al contenido de la carta que podéis leer abajo, por cuanto consiste, ni más ni menos, que un mensaje de cara a la galería científica. Los designios de la tecnociencia son inescrutables, empero vivimos en ese mundo de la tecnociencia, absolutamente impredecible, por la cantidad de agentes implicados y de los cuales somos meros trabajadores, como ¡os explique en el post de la tecnociencia!
Si la idea en si no era mala, el problema estriba en adiestrar a la academia en su conjunto. Para ello son los científicos los que deberían seguir un adestramiento “obligatorio”. Luego, impartir un cuatrimestre/semestre de estos conocimientos a los alumnos en todas las Carreras STEM. Y para ello, este blog, en las categorías mentadas podría ser un inicio. ¿Se entera ya usted redactor jefe de la prestigiosa revista Science?.
Juan José Ibáñez
Continúa…..
Categorías mentadas de este blog
“Curso básico de ciencia para jóvenes universitarios y tecnólogos”
“Básico sobre Filosofía de la Tecnociencia “”
“Básico sobre Filosofía de la Tecnociencia “”
Las dos culturas es el nombre de un estereotipo cultural contemporáneo que se tomó del título de una influyente conferencia de C. P. Snow, pronunciada en 1959. Su tesis radicaba en que la ruptura de comunicación entre las ciencias y las humanidades, y la falta de interdisciplinariedad es uno de los principales inconvenientes para la resolución de los problemas mundiales
El 7 de mayo de 1959 Snow dio una influyente conferencia titulada «Las dos culturas» que provocó amplia difusión y debate.1 Posteriormente publicó Las dos culturas y la revolución científica,8 donde argumenta que la ruptura entre las dos culturas de la sociedad moderna, la ciencia y las humanidades, fue un obstáculo importante para la solución de los problemas mundiales.
Juan José Ibáñez 2011/ 2015 Profesor del Master de Postgrado de la Universidad Politécnica de Madrid. Asignatura: Metodología de la Investigación Científica (tres créditos). ETSI en Topografía, Geodesia y Cartografía. Universidad Politécnica de Madrid, (3 Créditos) (cuatro cursos).
La ciencia necesita filosofía
Para comprender mejor la ciencia hace falta comunicar mejor su naturaleza cambiante.
Esta semana la revista Science publica un editorial en el que su redactor jefe, Holden Thorp, pide que se incluya más formación de filosofía en los currículos de carreras científicas. Para Thorp, existe un problema de comunicación de la ciencia causado por dos elementos.
Por un lado, los medios tienden a simplificar los hallazgos científicos, evitando explicaciones detalladas que reflejan la propia complejidad de la investigación científica. Por el otro, muchos científicos dan por hecho, de manera consciente o inconsciente, que el público general no entiende la manera de cómo funciona la ciencia.
Thorp argumenta que una mejor formación en filosofía en las carreras científicas puede ser un buen punto de partida para cambiar la concepción simplista que muchas personas tienen de la ciencia.
Las dos culturas es el nombre de un estereotipo cultural contemporáneo que se tomó del título de una influyente conferencia de C. P. Snow, pronunciada en 1959. Su tesis radicaba en que la ruptura de comunicación entre las ciencias y las humanidades, y la falta de interdisciplinariedad es uno de los principales inconvenientes para la resolución de los problemas mundiales
El 7 de mayo de 1959 Snow dio una influyente conferencia titulada «Las dos culturas»7 que provocó amplia difusión y debate. Posteriormente publicó Las dos culturas y la revolución científica, donde argumenta que la ruptura entre las dos culturas de la sociedad moderna, la ciencia y las humanidades, fue un obstáculo importante para la solución de los problemas mundiales.
Enseñar filosofía de la ciencia HOLDEN THORPInformación de los autores y afiliaciones
Scince IA; 11 abr 2024; Vol 384, Número 6692. pág. 141; DOI: 10.1126/science.adp7153
Mucho se está hablando de la erosión de la confianza pública en la ciencia. Las encuestas muestran una modesta disminución en los Estados Unidos desde un nivel muy alto de confianza, pero eso también se observa en otras instituciones. Lo que se desprende de las encuestas es que una mejor explicación de la naturaleza de la ciencia —que se revise a medida que surjan nuevos datos— tendría un fuerte efecto positivo en la confianza pública. Debido a que los científicos son tan conscientes de esta característica, a menudo se da por sentado que el público también lo entiende. Un paso para abordar este problema sería revisar los planes de estudio de pregrado y posgrado para enseñar no solo teorías y técnicas, sino también la filosofía subyacente de la ciencia.
Como han demostrado los estudios de Pew, la confianza en los científicos y científicos médicos en los EE.UU. es mayor que en todas las demás instituciones encuestadas, excepto en el ejército. Hubo una disminución modesta en los últimos 4 años, pero se observó una disminución similar para otras profesiones. En términos absolutos, la confianza en los científicos es del 73%, mientras que la confianza en la mayoría de las demás instituciones es mucho menor, con los líderes empresariales en el 35% y los funcionarios electos en el 24%. A pesar de este nivel relativamente alto de confianza, Lupia et al. encontró formas de mejorarlo. Lo más destacado es que el estudio mostró que el 92% de los encuestados consideró importante que los científicos mostraran que están «abiertos a cambiar de opinión en función de nuevas pruebas», que es, por supuesto, lo que deben hacer.
Muchos científicos se sorprenderían al descubrir que esta idea necesita ser reforzada. La ciencia es, después de todo, un trabajo en progreso que cambia a medida que los nuevos hallazgos provocan la revisión y el refinamiento de las interpretaciones sostenidas. La historia de la ciencia es una poderosa narrativa de esta cultura de autocorrección, y es la esencia de la ciencia intentar hacer descubrimientos que cambien la forma de pensar de los científicos. Pero cada vez que la ciencia se vuelve importante a la vista del público, como ocurre con el cambio climático y la pandemia, la revisión continua puede convertirse en un objetivo para aquellos que desean socavar el conocimiento científico.
El sociólogo francés Pierre Bourdieu acuñó el término «falacia escolástica» para describir la tendencia de los académicos a asumir que todo el mundo piensa en los problemas de la misma manera que lo hacen los científicos. Como señala Bourdieu, la mayoría de las personas no tienen el tiempo y el esfuerzo para dedicar a pensar en estos temas de la misma manera que aquellos para quienes este es un trabajo de tiempo completo. Los académicos a menudo no reconocen esto y se sienten desconcertados cuando el público no entiende que las interpretaciones se revisan continuamente a la luz de nuevos datos, como ha sucedido a lo largo de la historia.
Tales revisiones son la forma más confiable para que un científico publique en revistas de alto perfil y obtenga reconocimiento científico, como cuando se encuentran huellas que cambian nuestra idea sobre cuándo los humanos estaban presentes en los EE. UU. o cuando se descubre que un medicamento para la diabetes tiene muchos otros usos.
En general, la comunidad científica ha hecho un mal trabajo explicando al público que la ciencia es lo que se sabe hasta ahora. Hay muchas razones que hacen que esto sea difícil. La forma en que se informan los hallazgos científicos en los medios de comunicación, particularmente en los medios que no se especializan en periodismo científico, a menudo se simplifica en gran medida sin las advertencias que darían una imagen más realista y harían que las historias parecieran menos convincentes para algunos lectores. Otro obstáculo es que, debido a la falacia escolástica, los científicos tienden a dar por sentado que sus hallazgos podrían actualizarse y se olvidan de explicarlo al público. Y cuando los científicos hablan entre sí, tienden a ser apasionados por sus ideas y desacuerdos. Cuando esas conversaciones son procesadas por el público, pueden ser fácilmente malinterpretadas.
Restablecer la comprensión del público sobre cómo funciona la ciencia será un gran trabajo, pero un buen lugar para comenzar es con los estudiantes que obtienen títulos en ciencias. Desafortunadamente, la mayoría de los programas están llenos de clases didácticas sobre principios científicos, con pocos o ningún requisito sobre la historia y la filosofía de la ciencia. Debido a que muchos estudiantes universitarios de ciencias siguen carreras fuera de la ciencia, incluida la medicina, un cambio en los planes de estudio produciría en última instancia un público más alfabetizado en la forma en que funciona la ciencia. Esto significa tomar decisiones difíciles sobre cómo encajar una perspectiva más amplia y profunda en los planes de estudio que ya están repletos de los conceptos básicos necesarios. Sin embargo, es urgente que los científicos hagan concesiones en la forma en que enseñan por el bien común.