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Suelos, especies silvestres y especies ganaderas en las dehesas mediterráneas y bosques sabanoides

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Suelos, dehesas, ganado  y  cigüeña blanca: Fuente: Colaje Google imágenes

Ya hemos hablado acerca de las dehesas mediterráneas en multitud de ocasiones precedentes, por lo que no volveremos  repetirnos acerca de la belleza y bondades de estos sistemas agrosilvopastirles (ganaderos, forestales y agrarios), típicos de la gestión del territorio del Oeste de la península Ibérica. Digamos simplemente que se trata de bosques aclarados con fisionomía sabanoide, y en cuyos claros medra los pastos, que actualmente consumen las especies ganaderas domésticas o el toro bravo Ibérico, y que tradicionalmente también atesoraban parcelas para el cultivo, a menudo cambiantes al objeto de evitar o paliar el embrutecimiento del pasto. Del mismo modo, el árbol ofrece madera y leña, las imprescindibles bellotas para el engorde del ganado porcino, y cuando existen alcornocales, el corcho. Tradicionalmente han disfrutado de varios tipos de pastos muy variados en función de la gestión y carga ganadera y variedad de hábitats edafo-geomorfológicos. La ganadería solía ser variada (rebaños de distintas especies en el mismo predio), cambiando también las especies en función del clima. Como ya os mostramos abajo, la cigüeña ha sido parte de los paisajes mediterráneos campesinos, colocándose en enclaves altos, como los campanarios de las iglesias. En la tradición popular, mentar que viene la cigüeña, era casi sinónimo del alumbramiento de un hijo en la comunidad. Un ave que ha causado casi siempre simpatía entre la población.  Las dehesas son especialmente frecuentes en los bosques de frondosas perennifolias del genero Quercus, ya que en climas más frescos y húmedos, los setos, y estructuras de bocage o campo cerrados, las reemplazan. Sin embargo, en las rampas de las Sierras y en contacto frecuente con las dehesas de Quercus, pueden también moldearse las de las fresnedas, bosques caducifolios que por requerir abundante humedad edáfica,  dan lugar a pastos y forrajes abundantes. Sin embargo se trata de una singularidad, como las de sabina que también he podido visitar.

La noticia que os ofrecemos hoy atesora un cierto interés,  por cuanto tiene muy en cuenta los suelos, en el caso concreto de las fresnedas, demostrando que estas aves migratorias pueden cambiar tanto la composición florística del pasto, como de la denominada calidad de los suelos. Tal nota de Prensa lleva el título de: “Especies silvestres y especies ganaderas ¿compatibles en las dehesas mediterráneas?”. Y resulta, que tal dicotomía se me antoja irritante. Discrepo del contenido de la publicación.

La dicotomía entre animales domesticados y salvajes puede dar lugar a confusiones de gran calado. Las cigüeñas llevan anidando en las dehesas secularmente, ayudando a conformar su estructura. La agricultura industrial y otras prácticas hicieron languidecer sus poblaciones durante décadas, pero el despoblamiento del campo, lo que en este país denominamos la España Vaciada, ha vuelto a reestablecer un hábitat propicio para su retorno, aunque también otras fuerzas menos amigables. Y digo retorno, ya que ellas ya habían buscado un nicho alternativo muy tóxico, aunque nutritivo, siendo especialmente abundantes en los vertederos periurbanos. En estos últimos y hediondos enclaves, ya no se otean esos nidos en lugares aislados, sino que se las detectan agregadas en grupos de varios individuos. Resumiendo la cigüeña también ha hecho, “de algún modo” a la dehesa mediterránea tradicional. En este sentido discrepo abiertamente con las conclusiones de los autores.

Por lo que respecta a los pastos, la heterogeneidad de hábitats y la gestión del ganadera , dan lugar a un mosaico de distintas comunidades vegetales, como los idiosincrásicos vallicares, majadales, etc., cada uno de ellos con propiedades del suelo diferentes. En general, no se puede defender que exista unos pastos canónicos y otros “alterados”. También la carga ganadera es otro factor muy a tener en cuenta. Si el pastoreo es escaso, los pastos se degradan, cambiando su composición otros con plantas herbáceas menos palatables, que a la postre serán sustituidas por matorrales.  Por el contrario, el sobrepastoreo degrada la cobertura vegetal dejando los suelos desnudos y a proclives a ser erosionados. Digamos también que la carga cinegética, ha dado lugar a otro tipo de dehesas, a veces exclusivas como cotos de caza.

Veamos ahora algunos fragmentos de la noticia original que comentaré, dejando la nota de prensa íntegra para el  final del post. Y así los autores (en palabras de los plumillas de la prensa ciudadana) comentan:

(…) ¿es compatible su presencia en ciertas zonas con el uso de las mismas para la ganadería extensiva? la importancia de equilibrar la presencia de la cigüeña blanca en las dehesas para evitar que sus hábitos reduzcan la diversidad florística en ciertas áreas y por tanto limiten que estos terrenos puedan utilizarse para el pastoreo.

Por lo general, las cigüeñas construyen sus nidos en pareja, siendo tradicionalmente inusual fuertes densidades en nuestras latitudes, por lo que en “condiciones normales” no alteran el ecosistema de la dehesa.  Sin embargo, las cigüeñas, como todos los seres vivos,  buscan enclaves con alimento, y  si este se produce en abundancia, la densidad de la cigüeña también.

Las dehesas son hábitats reconocidos internacionalmente por su importancia ecológica, socioeconómica y cultural ya que mantienen niveles de diversidad biológica más elevados que los bosques originales de los que proceden (…) evaluar el impacto causado por la presencia de una colonia de cigüeñas con una elevada densidad de individuos sobre algunos servicios ecosistémicos (…) cantidad y calidad de forraje (…) ciclo de nutrientes, biodiversidad (…. ) (secuestro de carbono, estructura del suelo) generados en una dehesa de fresnos (…) para su conservación, las dehesas ibéricas requieren de la  actividad ganadera, ya que el ganado o los grandes herbívoros silvestres como los ciervos son los que se encargan de mantener y perpetuar la diversidad de especies herbáceas a través del pastoreo. De ahí la importancia que la introducción de especies protegidas, como la cigüeña blanca, no altere el equilibro de vegetación que caracteriza a estos ecosistemas.

Desconozco si en este caso concreto las cigüeñas fueron introducidas, empero por lo general regresaron espontáneamente tras el declive aludido que, también ocurrió en otros lugares de Europa. Actualmente, dado su aumento demográfico, el riesgo de extinción es mínimo, por lo que supongo que también debieran serlo las normas de protección. Han vuelto, a su casa, que no introducidas por primera vez, dando pues  más valor, colaborando en la restauración, del ecosistema tradicional.

(…) en las áreas proyectadas bajo las copas arbóreas que mantenían un nido de cigüeña se produjo una reducción (….) calidad del forraje ciclo de nutrientes y biodiversidad (….), “Encontramos un incremento de los nutrientes del suelo (nitrógeno, fósforo y sodio) y de la producción de gramíneas (….) una reducción de la producción de leguminosas y de la diversidad de plantas, y por tanto una reducción de la calidad del pasto herbáceo en esas áreas. Además, la composición florística estuvo dominada por unas pocas especies altamente demandantes de nutrientes y colonizadoras”.

El objetivo de este estudio fue evaluar el impacto causado por la presencia de una colonia de cigüeñas con una elevada densidad de individuos sobre algunos servicios ecosistémicos.

Pues bien es aquí en donde no encontramos, posiblemente, con el meollo de la cuestión. Tradicionalmente el número de cigüeñas era escaso en el centro de la Península Ibérica, esparciéndose a modo territorial en los enclaves adecuados.

Veamos al respecto algunos párrafos de la página Web de Wikipedia sobre la cigüeña blanca: Las zonas de alimentación preferidas de la cigüeña blanca se componen de pastos verdes, tierras de cultivo, y humedales poco profundos. Evita las áreas cubiertas de hierba alta y arbustos (…) También existen informes de cigüeñas blancas buscando alimentos en basureros en el Oriente Medio, África del Norte y África del Sur, fuera de la temporada de cría (La cigüeña blanca se reproduce en zonas agrícolas abiertas con acceso a humedales pantanosas; construye un nido grande en la cima de árboles, edificios, o en plataformas artificiales levantadas específicamente para este propósito.(…)  El nido se construye de ramas y palos, y tiene un diámetro de (… ) las aves que no se reproducen, se reúnen en grupos de 40 o 50 durante la temporada de cría.

El comportamiento, por pareja o grupal, en el lugar de anidamiento, no parece claro y puede depender de las circunstancias. Con la proliferación de vertederos alrededor de los núcleos de población comencé  observar por primera vez las aludidas colonias, no lejos del lugar de este estudio. Cabe pues conjeturar que pudiera ser la mentada cercanía a los vertederos, la que ha dado lugar a una “sobrecarga” de cigüeñas en ciertas dehesas. De cualquier modo, la sobrecarga puede también producirse por el mal manejo del ganado, no habiendo pues diferencias entre especies salvajes y domesticadas.  Confundir sobrecarga con competición entre especies estantes y aves salvajes “introducidas” se me antoja descabellado.

En la nota de prensa, pero especialmente en el resumen del artículo original (ver al final del post) se deja patente que el impacto sobre suelos y vegetación solo ocurre bajo la sombra del arbolado, quedando el resto del ecosistema intacto. Se trata fundamentalmente de las heces de las aves, que al caer al suelo, generan un exceso de nutrientes (eutrofización) y así alteran la composición del pasto. Personalmente he observado “todo tipo” coberturas y zonas desnudas bajo la canopias arbóreas de la dehesa: Desde esplendorosas en herbáceas, hasta totalmente descarnadas, en función del manejo del ganado.

Y es que, aunque la protección de especies favorece la conservación y persistencia de las mismas; la competición por los recursos naturales puede, a veces, causar un conflicto entre los variados intereses humanos, incluyendo la gestión de la fauna silvestre, que origine impactos negativos tanto para el bienestar del ser humano como de la conservación de la fauna silvestre.

Me callo, ya que he vuelvo a sostener que en la nota de prensa se intenta mezclar el agua con el aceite. Especies silvestres y especies ganaderas ¿compatibles en las dehesas mediterráneas?. Me parece un paupérrimo ejemplo con vistas a intentar responder a una pegunta tan importante como la señalada en el título de la nota de prensa.

Siempre he sido un apasionado del mundo de las dehesas. Mi primera publicación, a finales de la década de los 70 del siglo  XX, fue precisamente sobre ellas. He leído muchos libros sobra la gestión “tradicional” de las dehesas en los últimos siglos. Esta resultaba ser muy compleja y muy variada, cambiando también en cada región. Actualmente, la mayor parte de ellas no siguen aquellos cánones, y se encuentran bastante degradadas. Más aun, las dehesas de fresnos son una singularidad, no siendo representativas del acervo campesino tradicional que involucra a las dehesas en general. Y si los enclaves se encuentran cerca de las ciudades, repletas de vertederos ricos en materia orgánica, es decir con abundancia, por no decir exceso de nutrientes…

Juan José Ibáñez

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Diversidad y carga para una ganadería más sustentable: Lecciones del pasado

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El ganado de las dehesas incluido este bloguero. Fotos: Juan José Ibáñez

La presente entradilla debe ser considerada como una continuación del post previamente publicado y que llevaba por título: “Paisajes agrarios y biodiversidad: Retornando al pasado para alcanzar la sostenibilidad perdida”. En este último encontraréis información complementaria. Sin embargo, en ambos casos nos topamos con el mismo problema. Si la prensa da por extraordinariamente novedosas, conclusiones archiconocidas desde hace más de medio siglo: ¿Qué puede uno pensar? Pues vamos allá, aunque dando un pequeño rodeo.

José Luís Gonzales Rebollar, experto en ecología pastoral y estimación de carga ganadera, fue merecedor del Premio de Andalucía de Medio Ambiente a su trayectoria profesional. Al margen de este hecho, es un más que entrañable amigo personal. Sus investigaciones sobre carga ganadera en España han sido un hito, por los caminos que ha abierto, como lo es el caso de demostrar que una de las mejores estrategias con vistas a limpiar el monte y los cortafuegos de maleza estribaría en desbrozarlas con ganado, previa siembra con especies pratenses del lugar. Tales estudios y algunos más, le aportaron galardones como el que podréis leer abajo. Por su parte a Teodoro Lasanta, otro excelente científico, le conocí hace varias décadas  y mantuvimos colaboraciones conjuntas en la de los 90 del siglo pasado. Luego, como consecuencia de caminar por diferentes “vías pecuarias” de investigación, con el tiempo y la distancia perdimos el contacto. ¿Y a qué viene toda esta desiderata ahora? Simplemente me basaré primordialmente en algunos de sus estudios con vistas a replicar el contenido de la nota de prensa, que parece novedosa aunque no lo es, en absoluto, al menos en sus conclusiones: “Más diversidad de ganado para mantener la biodiversidad y el funcionamiento de nuestros ecosistemas”: En principio, la única novedad estribaría en que se abordan de suelos, empero tampoco resulta ser el caso. Como veréis más abajo, también yo personalmente he publicado a cerca de la repercusión sobre el medio edáfico de la ganadería múltiple en sistemas agrosilvopastorales. Sin embargo, no soy el único ni mucho menos. Quizás la indignación que en estos momentos padezco, proceda de la siguiente frase de los autores entrevistados en la aludida nota de prensa: “Nuestros resultados son de vital importancia para mejorarla gestión de zonas de pastoreo en un mundo sobrepoblado”. Pues miren ustedes ¡No, No, y No!, ya que hace ya sesenta años que el pastoralismo, al menos el mediterráneo, dio buena cuenta de ello. Otra cuestión bien distinta estriba en que muchos jóvenes hispanoparlantes tengan alergia a leer estudios publicados en su propia lengua. Llegado a este punto, mejor me callo.

Estoy seguro, y sé que otros muchos colegas también, de que la nota de prensa da cuenta de una investigación en la que se han obtenido conclusiones semejantes en China. ¡Bien venido!  Tampoco me enoja que se publiquen estos resultados en una revista tan prestigiosa como el PNAS, como si se tratara de conclusiones sorprendentemente novedosas. Empero la modestia, como también conocer adecuadamente los antecedentes bibliográficos, son siempre preferibles a la arrogancia y posverdades. Siento una enorme tristeza de que ya los edafólogos en sentido estricto, y la mayoría de los pastoralistas que antaño abundaron, hayan sido erradicados de mi Institución, para que a la postre otros repiquen campanas ajenas. 

Durante la década de 70 y 80 del Siglo XXI, sistemas, como a los que se refiere la noticia que ha dado lugar a este post, despertaron el interés del Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MaB) patrocinado por la UNESCO. Como os comenté en ese post anterior al que previamente he aludido, el pastoralismo ibérico se encontraba preparado para afrontar el reto gracias principalmente a una Escuela Española de Ecología de los Paisajes Culturales y Agroecología, en la cual destacaron  el IPE del CSIC con Pedro Montserrat Recoder, a la cabeza. “La cultura hace el paisaje”. Empero parece que sus trabajos y muchos más,resultan invisibles para las nuevas generaciones de científicos.  

Por mi parte, ya os comenté, en otra ocasión, que mi primera publicación científica, a finales de los años 70 del siglo pasado, fue acerca de las dehesas: “Propuesta de ordenamiento de los agrosistemas de dehesa en la Península Ibérica”, en la que ya se hablaba, por ejemplo, del uso de estos sistemas agrosilvopastorales para la obtención de “biofuel”, en un periodo en el que los precios de los combustibles fósiles generaron serios problemas económicos. Otras publicaciones posteriores, versaban sobre profundizar en el consabido efecto benéfico del pastoreo, con diversas especies ganaderas, sobre las propiedades del suelo, sus comunidades de invertebrados, etc., así en el propio pasto. Abajo os dejo las referencias y los enlaces para que podáis también analizar aquellos resultados. Pero a lo que vamos…. 

Teodoro Lasanta, del Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC, dice mucho en poco espacio, acerca del papel que debe desempeñar del pastoralismo con múltiples especies ganaderas en el siguiente artículo:Pastoreo en áreas de montaña: Estrategias e impactos en el territorio”. Abajo os dejo, una pequeña porción del texto. Os ruego que la comparéis con el contenido de la nota de prensa y valoréis la novedad de la publicación de marras. Como comprobareis de lo que los autores nos hablan es de la Facilitación, proceso descrito por Lasanta y que hace referencia a otros previos, algunos de la década de ¡1960!. Nadie dudábamos de ello.

En fin…. Os dejo ya con estas noticias y material adicional sobre el tema. Si  bien, con mi secuestro de un fragmento de la publicación de Lasanta bastaría.  

Juan José Ibáñez

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Los Paisajes Culturales: Ecología del Paisaje y Geografía Regional

La noticia que vamos a exponer hoy rememora en mi mente varios hechos acaecidos al inicio de mi carrera científica y que la marcaron para siempre. Por un lado, los autores del estudio pertenecen al departamento en el que actualmente presto mis servicios con consentimiento del CSIC. Más aun estamos a la espera de poder colaborar en futuros proyectos. Debo agradecer a Mari Fe Smith y a Paco que me acogieran en su equipo. Paco también fue el tutor (que no director) de mi Tesis Doctoral y presidente del tribunal que la juzgó. Por aquél entonces comenzaba a calar en España la novedosa ciencia de la ecología del paisaje, procedente de EE. UU., de la mano de Fernando González Bernáldez (UAM). Sin embargo, no debemos olvidar una línea de investigación Española cuyos máximos exponentes procedían del Instituto Pirenaico de Ecología en Jaca, y especialmente la figura de Pedro Monserrat Recoder Sin embargo, yo defendí mi Tesis partiendo de los estudios  y metodologías desarrolladas por la Escuela Alemana del Este y la Francesa de Estrasburgo. El debate tras mi defensa fue un tanto “calentito”.  A la postre, Antonio Gómez Sal (UAH), procedente de mi antiguo Instituto del CSIC, y que había comenzado su formación en la Escuela de Jaca se unió al equipo de González Bernáldez, comenzando un mestizaje muy fructífero. Empero mentiría si no os narrara las siguientes líneas. El área de estudio que había escogido (por aquellos tiempos aun era frecuente que un doctorando aun pudiera elegir) resultaba ser el Macizo de Ayllón (aunque no quede constancia en Wikipedia; peor para ellos). Cuando comencé tales estudios  no lograba entender lo que veía en el campo. Hablando con mi entrañable amigo José Luis González Rebollar, también del CSIC, me recomendó que leyera un libro sobre “la España Atlántica” (yo trabajaba en ambientes mediterráneos). Sin embargo, él me ofreció la llave para abrir un tesoro que no había explorado. Se trataba de un libro de geografía regional en el cual, como en todos los demás de esta rama de la geografía, casi extinguida actualmente en nuestro país, se analizaba la historia de un territorio, a partir del momento en el que se tuviera notica del mismo en los archivos históricos. Posteriormente, comencé a visitar bibliotecas y a recopilar información sobre los libros escritos a cerca de mi área de estudio y otras aledañas. A partir de aquél momento todo fue mucho más interesante, a la par que liviano.  Ya abundare sobre este tema. Pero hablamos de los paisajes culturales (…)

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La diversidad de las dehesas Mediterráneas. Fuente: José Luis GonzálezRebollar

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Paisajes Otoñales Mediterráneos (Dehesas y Encinares)

En los dos post anteriores sobre los paisajes tradicionales mediterráneos durante el otoño nos adentramos en la Sierra de Gredos, así como el Mazizo de las Villuercas (Sierras De Guadalupe, San Vicente y la Jara). En esta última entrega descenderemos en altitud desde las montañas a las llanuras o mesetas (aunque también aparecen ubicadas en las fisografías más suaves de las primeras), por cuanto aun perviven los sistemas agro-silvo-pastorales mediterráneos sustentables, tales como las Dehesas (ver otros post en donde describimos ciertos aspectos de las mismas, al final de este). En el oeste de España, estas alternan con escasos bosques de perennifolios en los que dominan las especies del género Quercus (tales como encinas, alcornoques y quejigos) con un cortejo minoritario de otros árboles acompañantes. A ellos obviamente hay que añadir los campos de cultivo monoespecíficos, ya sean desarbolados (herbáneas), o basados en especies leñosas (olivares, viñedos, etc.). Si las  lluvias son abundantes a finales de verano y otoño, el paisaje casi retorna al verdor de una primavera húmeda, adquiriendo enorme vistosidad. Este ha sido el caso de 2012. Hablamos de la denominada “otoñada” por los lugareños. La mentada situación climática resultaba ser muy importante, especialmente en los agrosistemas ganaderos. Bajo estas circunstancias, el pasto volvía a reverdecer con vigor favoreciendo la alimentación de los ganados y evitando el uso de otros recursos alimentarios más onerosos. Del mismo modo, las bellotas de las encinas (sus frutos) que caían al suelo, naturalmente o vareadas por los lugareños, resultan ser indispensables para el engorde del ganado porcino destinado a la producción de los embutidos Ibéricos de alta calidad y fama mundial. Más aun, durante esta estación, y especialmente tras abundantes lluvias, deviene la recolección de diversas especies de setas y hongos comestibles. En cualquier caso, como ya os mentamos, esta serie de post es fundamentalmente de naturaleza visual, ya que la otoñada de 2012 ha sido magnífica, como vamos a mostrar. También os ofreceremos alguna imagen de como el hombre con sus repoblaciones forestales, o el éxodo de los campesinos del campo a la ciudad, han degradado una buena parte de estos hermosos paisajes, por cuanto el abandono, en sistemas agro-silvo-pastorales milenariamente antropizados deviene en pérdida de biodiversidad adquiriendo el territorio una fisonomía más árida y descuidada, a la par que susceptible a ser presa de incendios forestales. Esperamos que tal contraste de fe del valor incalculable de esta gestión tradicional campesina, sustentada en el policultivo y usos múltiples de los espacios agrarios.  Debemos reseñar del mismo modo, el todavía debatido origen de las dehesas, que se retrotrae a los albores de los tiempos cuaternarios. Algunos expertos sostienen que durante el neolítico los campesinos aclararon los bosques dando lugar a este tipo de gestión. Por el contario, otros defendemos que posiblemente tales bosques no acaecían de forma natural en las llanuras y mesetas, sino que en su lugar se presentaba un tipo Sabanas Mediterráneas, no muy distintas de las actuales africanas, ricas en manadas de herbívoros y carnívoros salvajes. Las razones para apoyar esta última tesis se sustentan en (i) la enorme biodiversidad de especies y comunidades de pastos de las dehesas (casi equiparable a la de los ambientes subtropicales prístinos) no se puede generar en unos pocos miles de años, y (ii) la geo-arqueología del paisaje y análisis de yacimientos paleontológicos inducen a pensar que, efectivamente, en el Mediterráneo existían las susodichas sabanas. En consecuencia, el ser humado habría llevado a cabo un tránsito gradual de la caza de las manadas de herbívoros salvajes a la ganadería, añadiendo después la agricultura, a la hora de generar los complejos y hermosos sistemas adehesados. Obviamente, por desgracia, tal proceso supuso le extinción de otras especies precedentes, ya fueran herbívoras o carnívoras. Os mostraremos detalles de algunas especies arbóreas acompañantes de los aludidos Quercus. Este es el caso del madroño, cuya singularidad estriba en que durante la otoñada ofrecen sus flores y comestibles frutos simultáneamente.

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La Dehesa da lugar al monte cerrado al incrementar la pendiente. Trujillo camino a la Sierra de Guadalupe, Las Villuercas (Cáceres, España). Foto: Juan José Ibáñez

Del mismo modo, fijaros en los troncos de los alcornoques, tras serle extraída hábil y rápidamente la corteza con la que se fabrica el corcho. Más al sur de esta zona de Extremadura, los alcornoques (de ¡fruto menos apreciado por el ganado que la bellota de la encina!) se pueden observar en masas forestales más densas y puras que en las dehesas, ya que el principal objetivo de las explotaciones se redirige esencialmente a la obtención del corcho (nos encontramos ante la región con mayor producción de este material a nivel mundial). En las siguientes imágenes observaréis principalmente dehesas de encinas y de estas con alcornoques. No sabemos a ciencia cierta la biodiversidad de especies arbóreas que podrán albergar estos espacios geográficos, ya que el hombre, en función de sus necesidades, eliminaba ciertos árboles que les eran menos útiles, para favorecer el crecimiento de otros de los que extraía un mayor provecho. Hablamos de lo que se ha denominado la frutalización del bosque mediterráneo. Finalmente, mentar que en una dehesa bien gestionada, la densidad del arbolado incrementa en las laderas muy inclinadas (evitando la erosión del suelo), aclarándose la espesura de los doseles arbóreos (y como corolario aumentando la del pasto) al dulcificarse las pendientes. En las depresiones dominan los pastos húmedos (vallicares), cambiando la composición arbórea, al aparecer fresnos y otras especies caducifolias. En función de la situación fisiográfica, en las dehesas pueden aparecer suelos del tipo de los Cambisoles, Acrisoles (y una clase no bien caracterizada de Plintosoles, estos últimos sobre las superficies de tipo Raña), Luvisoles (Leptosoles: Rankers), junto a afloramientos rocosos. En las hondonadas más húmedas pueden aparecer subtipos gleycos y Gleysoles.

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La Dehesa con ganado, en este caso bovino, en este caso autóctono. Pto. De San Vicente, Las Villuercas (Cáceres, España). Foto: Juan José Ibáñez.

Pues bien comenzamos a mostraros una serie de doce fotografías en las que podréis comprobar la belleza de estos sistemas con la llegada de las primeras lluvias y fríos, junto a la sordidez de los ecosistemas mal gestionados en enclaves similares.

Juan José Ibáñez

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