Pastoreo, Carga Ganadera y Calidad del Suelo

No cabe duda que un pastoreo adecuado puede mejorar la calidad del suelo y transformarlo de fuente en sumidero de carbono. Las tradicionales dehesas de la Península Ibérica, entre otras muchas prácticas tradicionales, son una muestra palmaria de tal aserto. En consecuencia, nos vuelve a sorprender la noticia que hoy reproducimos del Noticiero ARS, por cuanto las investigaciones pascícolas han demostrado que una adecuada gestión ganado-pasto es garantes de suelos de buena calidad, a la par que evitan su erosión.  La cuestión estriba en averiguar cual el ganado adecuado, así como la densidad de cabezas idóneas a la hora de evitar el sobrepastoreo que induce la compactación, erosión y pérdida de cobertura herbácea. Del mismo modo, si el número de individuos de los rebaños resulta ser insuficiente, el pasto se embrutece con especies escasamente palatables e incluso indigestas (que el ganado desestima), por lo que a demás el terreno puede llegar a ser invadido por matorrales. Se trata de investigaciones que deben adecuarse a las condiciones locales de cada lugar; no valen las generalizaciones. Hablamos de lo que se denomina carga ganadera (CG). Así, por ejemplo, en muchos espacios protegidos del territorio español, se vienen realizando estudios sobre las mentadas CG óptimas que garanticen la protección del suelo y la sustentabilidad mediante las prácticas del pastoralismo tradicional. ¿Acaba “once again” de redescribirse la dinamita en USA?.

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Pastoreo con ganado vacuno en EE.UU. Fuente: Merced Sun-Star

Cuando un terreno agrícola tras ser sobreexplotado se degrada, son muchos los que consideran que abandonarlo con vistas a que se restaure la vegetación natural redundará en un incremento de su fertilidad. La Política Agraria Común de la UE (CAP) de hace un decenio insistió en tal práctica con consecuencias bastante discutibles. Sin bien es cierto que en algunos casos el abandono de tierras dio los resultados apetecibles, en otros muchos indujo un mayor deterioro y erosión del suelo, mostrando una vez más que no se puede generalizar lo detectado en unos ambientes a otros. Cada enclave debe ser sometido a estudios científicos rigurosos que garanticen, en la medida de lo posible, los resultados deseables. El problema en EE.UU. reside en la ausencia de una tradición pastoralista autoctona, por cuanto la colonización de una buena parte de las tierras por los occidentales se llevó a cabo recientemente (siglo XIX) con  agricultores y rancheros que procedían de otros ambientes. De hecho, durante mucho tiempo, los pastores ibéricos han sido profesionales muy cotizados en aquél país.

 No dudo de los resultados. Lo que me asombra es que se trate de una genuina novedad. En la Cuenca Mediterránea, ha sido práctica tradicional sobre suelos de mala calidad, o en condiciones fisiográficas propicias para que se instauraran procesos erosivos, apelar a los barbechos (el abandono de tierras por periodos más o menos prolongados) plurianuales. Es decir cultivar durante unos años y dejar el terreno para su revegetación natural y/o pastorearlo hasta que la fertilidad del suelo fuera restaurada. Obviamente, en función del clima, fisiografía y tipos de suelos, tales prácticas, en cada territorio, variaban con vistas a acomodarlas a las condiciones locales. Como podréis observar omito el aquí hacer uso de nuevo de la palabra barbecho, por cuanto en mis viajes por Latinoamérica me he percatado que, a menudo, tal vocablo tenía un significado muy distinto al que entendemos en la Península Ibérica.

 Tan solo dos recomendaciones a los colegas norteamericanos. Es comprensible utilizar variedades pratenses foráneas, cuando el área a restaurar no ha sido tradicionalmente pastoreada. Ahora bien, resulta ecológicamente conveniente hacer uso de varias especies simultáneamente y no de unas pocas comerciales. Si proceden de territorios con ambientes similares tanto mejor. La diversidad suele generar una mayor resiliencia. Del mismo modo, la siembra de leguminosas junto a gramíneas da lugar a pastos generalmente más palatables y nutritivos. Así mismo, ayudan a mejorar la calidad del suelo. De tratarse de terrenos ácidos, el encalado y la incorporación de lombrices de tierra “pertinentes” (como analizaremos en otros post, no todas las especies de lumbrícidos desempeñan las funciones buscadas) puede ayudar al asentamiento de un buen pasto.         

Más aun, suele resultar conveniente diversificar la carga ganadera, apelando el uso a distintas especies, por cuanto sus gustos no son los mismos, ayudando algunas a consumir herbáceas que desestiman otras, lo cual genera una mayor diversidad pastoral y un equilibrio más estable entre las especies que conforman el ecosistema herbáceo. Y si quieren más consejos, no estaría de más que se instruyeran en las tradicionales zonas pastorales de la Cuenca Mediterránea, en donde al contrario que allí, sus moradores mediante ensayo y error, han ido creando sistemas de gestión de lo más variopinto, en función de las condiciones de cada hábitat.

 Finalmente, no olvidemos que si en ciertas regiones el pastoreo ha causado históricamente estragos en el suelo,  la culpa no siempre ha e atribuirse a las culturas locales. Epidemias, guerras, hambrunas, etc. han obligado, en numerosas ocasiones, a un sobrepastoreo o subpastoreo degradante, en contra de la sabiduría campesina. Empero se trataba de sobrevivir o sucumbir.  Os dejo pues con una noticia que tan solo me ha llamado la atención por ser digna de un curso básico de pastoralismo, no por tratarse de un descubrimiento relevante, en modo alguno. 

 Juan José Ibáñez

Pastorear puede mejorar la calidad del suelo (Noticiero ARS)

Por Dennis O’Brien; 3 de marzo de 2011

 Un grupo de científicos del Servicio de Investigación Agrícola (ARS) ha provisto información importante a los agricultores de la región de Piedmont en EE.UU. sobre maneras de restaurar los suelos degradados y aumentar la productividad de la tierra.

 Los investigadores descubrieron que el manejo del ganado vacuno con el pastoreo moderado puede restaurar la calidad del suelo y reducir las emisiones del dióxido de carbono, el cual es un gas de efecto invernadero.

 ARS es la agencia principal de investigaciones científicos del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA por sus siglas en inglés). Esta investigación, con resultados publicados en ‘Soil Science Society of America Journal‘ (Revista de la Sociedad Americana de la Ciencia del Suelo), apoya la prioridad del USDA de responder al cambio climático.

 Los agricultores de la región de Piedmont, la cual se extiende de Alabama a Virginia, producen algodón, soja, sorgo y trigo. Pero décadas de la labranza han degradado el suelo, y con el tiempo los agricultores han permitido la reversión de mucho de la tierra a los bosques y las praderas, según Alan Franzluebbers, quien es ecolólogo en el Centro J. Phil Campbell Sr. de Conservación de Recursos Naturales mantenido por el ARS en Watkinsville, Georgia.

 Franzluebbers dirigió un proyecto en el cual los céspedes se sembraron en terreno erosionado en el noreste de Georgia, y los pastizales fueron pastoreados por el ganado vacuno para evaluar los efectos del pastoreo en la calidad del suelo. Los investigadores primero sembraron el zacate bermuda. Después de cinco años, ellos sembraron la festuca alta entre la zacate bermuda para prolongar la temporada de pastoreo desde cinco meses hasta 10 meses. El grupo de investigación incluyó los científicos retirados John Stuedemann y Stan Wilkinson con el ARS.

 Los investigadores variaron el número de ganado vacuno por acre y evaluaron cómo los suelos reaccionaron a las diferentes estrategias de pastoreo. Con cada situación, los científicos evaluaron la cantidad de compresión del suelo, las cantidades de nitrógeno y carbono orgánico en el suelo, y las cantidades de residuos vegetales en el suelo, los cuales ayudan a prevenir la erosión. También evaluaron cómo el suelo reaccionó a tres diferentes tratamientos de fertilizantes: con el fertilizante inorgánico; con una mezcla de desperdicios avícolas orgánicos y no orgánicos; y con los desperdicios avícolas orgánicos.

 Desde un punto de vista ambiental, tradicionalmente se considera el mejor manejo de las praderas es dejarlas no usadas. Pero el grupo descubrió que aunque el tipo de fertilizante usado no tiene ninguno efecto significativo, las diferentes estrategias de pastoreo produjeron efectos diferentes, y el terreno pastoreado produjo más forraje que el terreno no pastoreado y tuvo la cantidad más grande de carbono y nitrógeno secuestrado en el suelo. Secuestrar el carbono y el nitrógeno en el suelo ha llegado a ser un objetivo principal de la agricultura porque esa secuestración reduce las emisiones de los gases de efecto invernadero.

 Lea más sobre esta investigación en la revista ‘Agricultural Research’ de marzo del 2011.

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