‘Suelos de Zonas Áridas, Semiáridas y desertificación’

Suelos, Incendios Forestales y Cambio Climático (¿reforestación o pastizales?)

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En los ambientes mediterráneos muchas especies de coníferas son extremadamente pirofíticas o pirófilas (amantes del fuego). Obsérvese una plantación de algarrobos intacta entre una masa arbolada de pinos quemada a su alrededor. Incendio forestal (Comarca de los Serranos, Valencia, España) Foto: Juan José Ibáñez

 Todos los veranos, en los biomas y ambientes cuya estación seca coincide con el verano, los incendios forestales son comunes. Hablamos pues de paisajes mediterráneos y semiáridos, en general. En los últimos años este fenómeno parece recrudecerse, al aumentar las temperaturas, posiblemente como resultado del calentamiento climático.  Es usual que la prensa alarme al público sobre “fuegos que se avecinan, con más virulencia y frecuencia”. Con toda sinceridad, yo no tengo tan claro que el cambio climático sea el principal responsable de lo que “actualmente” sucede, ya que ha sido demostrado hasta la saciedad que el viento por un lado, la matorralizaciíon de cultivos abandonados,  la pauperrima gestión por parte de las administraciones, así como la mala planificación urbanística deben ineludiblemente incluirse en la ecuación. Tampoco olvidemos los incendios accidentales e intencionales , ya sean debidos a especulaciones urbanísticas o a insensatos pirómanos.  La falta de limpieza del monte que tradicionalmente era llevada a cabo por los campesinos, ahora depende en muchos casos de los gobiernos, cuya dejadez en tiempos de crisis es palmaria, como se ha demostrado en el sur de Europa, pero también en los países nórdicos (incendios veraniegos de 2018). ¡Más madera a la hoguera! Tampoco se trata de mezclar ese calorcito adicional generado por la alteración del clima, con un fenómeno recurrente en la historia de la Tierra desde que el hombre descubrió el fuego. Pero hay más. Las especies de crecimiento rápido, como las coníferas y eucaliptus, junto a matorrales pirofíticos (amantes del fuego) son fácilmente presa de las llamas, al contrario que los bosques de angiospermas. En 2018, los expertos sospechan que gran parte de los incendios en Europa fueron debidos a  la falta de planificación territorial, y/o  a las “manazas” del hombre y/o a la dejadez de los gestores político-ambientales. Seguimos sin diseñar una silvicultura adaptada a este tipo de ambientes.

 Sin embargo, existe otro aspecto que suele pasarse por alto. Las reforestaciones con fines madereros deben considerarse monocultivos para el aprovechamiento humano. Desde este punto de vista, resulta materia de reflexión el incluir parte de lo que denominamos selvicultura en una genuina agricultura para la obtención de madera o materiales lignocelulósicos. No es lo mismo aprovechar el monte natural que plantar árboles para el consumo humano. A veces las especies replantadas se naturalizan generando una desorganización de los ecosistemas y agrosistemas colindantes quede, este modo, a menudo, son más inflamables y aptos para la propagación del fuego.  

 Con demasiada frecuencia, la reforestación obedece más a la necesidad de madera y celulosa que a la restauración del medio natural, ya que de otro modo, se plantarían especies de crecimiento lento más resistentes al fuego, que las plantas que medran con tal fenómeno natural.  Pero la sociedad necesita madera y más madera. Otra cuestión es que, a la postre nuestras autoridades escondan/omitan este pequeño detalle, cuando son principalmente las áreas cubiertas por especies pirofíticas (o pirófilas) las que terminan siendo pasto de las llamas. De aquí que los resultados del estudio que os presentamos hoy deban entenderse con cautela.

 Ya sabéis que en durante los últimos años los incendios forestales se encuentran causando estragos en California, que disfruta de clima mediterráneo. Y así, ha llegado a mis manos este estudio, cuyos resultados no dejan de ser triviales o, como mínimo, esperables: las áreas cubiertas por pastos pierden menos carbono que las forestales.  La razón es obvia. Gran parte de la biomasa y necromasa de los pastizales se encuentran bajo el suelo, y este las protege, en gran medida, de su combustión. No se debe confundir al ciudadano entre lo natural y lo artificial.

 En consecuencia los autores de este estudio sopesan la posibilidad de implantar pastos en lugar de reforestar, como medida para evitar las emisiones y fomentar las reservas de carbono en el suelo. No es mala cosa que lo recordemos o aprendamos. Sin embargo, mutar de hermosas áreas arboladas en yermos pastizales estivales no creo que sea del agrado de casi nadie, tanto más cuando existen otras soluciones que ya han sido esbozadas en este blog, quizás algo más costosas que mantener un bosque (perdón masa arbolada) tal como lo hacen hoy en día nuestras autoridades, pero enormemente económicas si se tienen en cuenta los efectos sobre las mentadas emisiones, procesos erosivos, económicos y humanos de los incendios forestales: paisajes mosaicistas, repoblar con especies apropiadas y limpiar los cortafuegos mediante la acción de la carga ganadera (ella trabaja por nosotros limpiando el monte, creando pastos, suministrando carne y leche y a veces productos para confeccionar tejidos), al estilo de las propuestas de mi entrañable amigo José Luis González Rebollar. Y como diría este investigador con “mayúsculas”: una cosa es crear o implantar un pasto y otra bien distinta mantenerlo, para lo cual suele ser necesaria la implantación de una carga ganadera adecuada, como también ocurre en la limpieza de los cortafuegos a los que obliga su metodología.  Por lo tanto, transformar bosques o monocultivos en áreas arboladas y/o mantener cortafuegos acarrea mucho más que una mera siembra de especies herbáceas: escoger las especies pascícolas adecuadas, sembrar las plantas comestibles pertinentes y adaptadas al ambiente, escoger el ganado adecuado, incentivar la llegada de los pastores, etc., etc. De no hacerlo, los pastos darán lugar a matorrales y bosques, que serán inflamables o no, en función que de las especies que naturalmente los colonicen sean pirofíticas (amantes del fuego muy frecuentes, como mínimo, en los ambientes mediterráneos) o no. Como veis, la ingenua o ignorante perspectiva de la investigación llevada a cabo en USA adolece de una miopía aguda. Lo que realmente se necesita es una selvicultura preventiva en la que intervenga una ganadería extensiva sustentable.  

 Y podríamos seguir y seguir……. Es moneda de uso corriente en la ecología del cambio climático este tipo de estudios que, por su ramplonería, omotiré en abundar este texto con más “calificativos descalificativos”. Os dejo pues con la nota de prensa y el significado de pirofítico o pirófilo.

 Juan José Ibáñez

 Continua………

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Nuevo Atlas Mundial de Desertificación: New World Atlas of Desertification (JRC en Acceso Abierto)

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World Atlas of Desertification (2018)

Aleluya!!!!!. ¡Por fin!, aunque aún no se disponga de la versión en español-castellano.  Ha llovido mucho, demasiado. Los contenidos del Atlas antiguo eran totalmente obsoletos. Tengo conocimiento de que se ha trabajado mucho, y durante bastante tiempo, por lo que en esta versión aparecen mapas dignos de llevar tal nombre. Obviamente los contenidos son recientes y más ricos que en las precedentes.  Estas, son algunas conclusiones que se han extraido, pero existen otras muchas, por cuanto ha transcurrido casi un año desde el anuncio oficial. 

Os dejo tan solo con la breve reseña del libro traducida al español. El Atlas puede bajarse entero. Sin embargo, si vuestro acceso a Internet es lento, resulta recomendable ir haciéndolo por partes. Abajo os dejo la información con vistas a que os apropiéis de esta monografía como más os convenga. ¡Que lo disfrutéis!.

Juanjo Ibáñez

 Continua…. ver datos y acceso al Atlas……….

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Buenas notas de prensa sobre suelos y otras pésimas como esta

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Fuente: Colaje Imágenes Google

Una nota de prensa que habla sobre el recurso suelo y resulta ser ininteligible para el ciudadano medio, resulta ser una mala noticia”.

No cabe duda de que debo añadirlo a los post sobre mi “curso breve sobre periodismo científico”, como ejemplo de lo que nunca debe hacer un periodista, ya que me cuesta creer que los expertos consultados aceptaran este texto de haber leído consultados.  Una vez más, se constata la necesidad de ofrecer entrevistas, si y solo sí, uno puede revisar el contenido final, ya que muchos ¿periodistas científicos? no se enteran de lo que redactan. De no hacerlo, el resultado final resulta ser un flaco favor a su disciplina científica.

En principio, que se hable de la importancia del recurso suelo para la biosfera y la humanidad, es una buena nueva. Y algo está cambiando positivamente en la prensa a este respecto, al menos en España. Pero las razones son bastante complejas, por lo que ya comentáramos este asunto en otro momento. No obstante, todos sabemos que entre lo loable y lo lamentable existe toda una gama de matices. Eso sí, la que vamos a comentar muy brevemente hoy, se acerca más a lo lamentable que a lo loable, mal que me pese. Los edafólogos, como cualquier otro científico, no deberíamos participar sin exigir una supervisión previa de textos como el que abajo se exponen, so pena de que terminemos ruborizados. En muchos gabinetes de prensa, los “plumillas” no saben bien de lo que hablan, engarzando textos infumables, como veréis. Un documento tan solo inteligible para los que trabajamos en el tema, si bien, conforme vas leyendo, también atragantando. Del mismo modo, sorprende que, al margen de la ceremonia de la confusión generada, de los cuatro entrevistados, tan solo uno sea miembro de la Sociedad española de la Ciencia del Suelo, mientras que los restantes no. Tampoco esta sociedad aparece, por ningún lado, citándose a la Sociedad Española de Agricultura Ecológica/Agroecología (SEAE), con la que mantengo buenas relaciones. A pesar de todo, la aparición de una, no es excusa  para omitir la otra, a la que más le correspondería lidiar en las materias más estrechamente relacionadas con el recurso suelo. Pues bien, la noticia de marras lleva por Título Proteger el suelo es un factor fundamental ante la sequía”. Obviamente, se trata pues de dos temas “relativamente” relacionados entre sí, lo cual no significa que con una aceptable cobertura de suelos, se almacene más agua,  en primera instancia, aunque habría que matizar mucho, lo reconozco. Empero, si no se describe al lector una clara y didáctica relación entre clima y suelo mejor no mentarla, ya que permanecerán en la inopia.

Tras una larga introducción a la prolongada sequía que ha padecido España en los últimos años, con una sola mención al medio edáfico: “el suelo ha sufrido las consecuencias de un periodo tan prolongado falto de agua, de ahí que varios expertos ven la necesidad de una ley y medidas para compensar los desequilibrios”. “ Qué llueva que llueva la Virgen de la cueva, los pajaritos cantan la luna se levanta, que si que no que caiga un chaparrón…..” ¿Cuatro expertos para qué? Sobraba con uno, o mejor ninguno, visto el producto resultante. Más adelante se menta: “(….) Unión Europea para la elaboración de una directiva para impulsar la conservación del suelo, que finalmente no se ha terminado”. Pues bien, entre los “expertos que participaron” en el primer intento de Directiva me encontraba yo personalmente. El devenir de la directiva, no estribó en que no se terminara, sino en que la UE, soslayó el texto previamente aceptado por el Parlamento Europeo, para su redacción e implementación. No se trató pues de un tema de finalización de la Directiva, sino más bien de la falta de voluntad política para que la tarea pudiera ser finiquitada.

Más adelante en el texto puede leerse “El suelo no es bien tratado” (¿violencia de género?). Nada que alegar, aunque el lector profano se preguntará a que suelo se refiere: ¿el del parqué de nuestras casas, el de las bursátiles, el de la calzada o a saber…..?.  Seguidamente surge otra frase confusa y contundente ¿En España “somos deficitarios en agua, y nuestros suelos no son ricos en disponibilidad de ese elemento natural?. Puedo captar la idea “entrelineas”. Por ejemplo, cuando escribí este post (hace un año aproximadamente) en los últimos meses había llovido bastante en España, lo cual no significa que sigamos siendo deficitarios: en la última década la precipitación ha sido menor de la habitual, por lo que  no se han logrado recargar debidamente una buena parte de los embalses. Los suelos no son ricos en agua (salvo algunos tipos que surgen por su exceso o defecto), a no ser que se encuentren ubicados en zonas con elevadas precipitaciones o en condiciones fisiográficas concretas. Empero de por sí, la cantidad depende de estos últimos factores, tanto como de las propiedades de la cobertura edáfica/pedológica, aunque sí puedan retener el líquido elemento durante más o menos tiempo. Por mucho que un suelo almacene adecuadamente el agua….

También debiera recordarse que una cuestión es que los embalses reduzcan su volumen de almacenaje por la falta de lluvias y otra bien distinta que en gran medida deba su situación se deba al exceso de consumo y al despilfarro, agrario urbano o industrial.  Incluso lloviendo en las mismas cantidades, el aumento de la superficie regada, consumo por el turismo, etc., pueden dejarnos ¡secos!, y más aun teniendo en cuenta de los miles de pozos ilegales que agotan los acuíferos sin control. Se trata de un tema muy serio que no suele ser correctamente descrito en la prensa, cuando no omitido, al mentarse la sequía.

Pero sigamos: Si el cambio climático va hacia mayor aridez, significa, entonces, que nuestros suelos serán cada vez más pobres”. ¿¿??. Más de lo mismo, el lector profano jamás entenderá, si no se le explica en palabras llanas, la “relación entre la aridez y la pobreza”. La falta de materia orgánica y escasa actividad biológica inducen a que el recurso suelo pierda materia orgánica, deteriorándose su estructura y, como corolario,  disminuya el potencial que tienen con vistas a retener agua, “en general”.  Los suelos no son seres humanos y el vocablo pobreza carece de sentido si no se refiere a algo en concreto. No hablamos de economía, ni de pobreza en el mundo, sino de un recurso natural.

Más adelante, y en referencia al cambio climático, sequía y desertización volvemos a leer lo siguiente: “La naturaleza del suelo va a cambiar, pero me preocupa más la contaminación, la erosión, que finalmente dará pie a la desertización“. Las propiedades de los suelos pueden modificarse en función del cambio en sus principales factores formadores (litología, fisiografía, clima, organismos vivos, tiempo y acciones humanas). La erosión actual e incluso eventualmente la contaminación, también modifican la composición de un suelo hasta cambiarlo de clase taxonómica. También en nuestros días, las mayores tasas de erosión son producidas por la acción del hombre, como también la contaminación y el clima (calentamiento climático). En consecuencia esta sentencia también resulta ambigua e ininteligible para los lectores que no entiendan “lo que supongo” que el experto deseaba decir. Repitamos: “”La naturaleza del suelo va a cambiar”: Y yo me pregunto ¿Qué es lo que va a cambiar del recurso en relación con la sequía?. El lector merece saberlo y yo recordarlo ¿?.

Seguidamente, Rubén Ruíz, al que no conozco personalmente, y como corolario, desconozco sus conocimientos de edafología, nos habla de sequías, reciclado del agua, etc., pero nada de suelos. Una nota de prensa que vincula dos fenómenos, en este caso la sequía/cambio climático y los suelos, no puede consistir en añadir perspectivas no solapantes de recursos distintos, espetadas por diferentes “expertos”, sin ningún nexo temático. En este caso sí existe tal vinculación, que no resulta ser precisamente el recurso suelo, sino la recurrencia de las sequías, por lo que el título de la noticia resulta a todas luces inadecuado, en caso de que realmente existiera alguno ya que…..

Más adelante cambia radialmente del discurso entrando en juego la Secretaria del Colegio de Ingenieros de Montes. Y así comienza señalando que “que la sequía está provocando que la vegetación obviamente tenga un “déficit hídrico muy importante, porque las capas más profundas de suelo se van agotando y al final la vegetación sufre ese estrés porque no está adaptada, no le da tiempo a acostumbrarse a la sequía“. “Las capas más profundas del suelo se van agotando”. Obviamente “el plumillas” omitió el vocablo agua. Pero en climas con estaciones contrastadas y carencia eventual o recurrente de agua, como lo son los mediterráneos y otros tipos semiáridos, tal hecho suele acaecer con harta frecuencia, ya que por su naturaleza las sequías son periódicas/recurrentes. Otra cuestión bien distinta estriba en que, con el tiempo, aumenten su intensidad y frecuencia (periodo de retorno) por los supuestos efectos del calentamiento climático.   Resumiendo, para variar, hay que “acostumbrarse” a las incoherencias del plumillas, que parece no enterarse de nada. Seguidamente la entrevistada (o el plumillas) nos informa de la despoblación/despoblamiento, para referirse al éxodo rural que sufren España y otros países, en donde los campesinos abandonan sus tierras y buscan trabajo y una vida ¿mejor? en las urbes. Este tipo de proceso, fue denominado y “aún lo es” “desertización del agro”, En su momento (década de los 90 del siglo XX), se produjo una controversia acerca de cómo usar los vocablos “desertificación y desertización”. En cualquier caso, la nota de prensa cambia de chip, introduciendo otro elemento que, en este contexto de una breve nota de prensa, sobra por ser a todas luces secundario. Lógicamente en un escrito más amplio se podrían explicar las relaciones entre el abandono del agro y sus repercusiones sobre los suelos, ecosistemas, incendios forestales y bla, bla, bla. Empero por el título, tales ítems no debían ser abordados más que como secundarios o marginales por cuanto lo no pueden ser bien tratados en escasas líneas.

Para terminar entra en acción Víctor Gonzálvez por la Sociedad Española de Agricultura Ecológica. Víctor nos habla de la iniciativa People4Soil. Se trata de una propuesta con la intención de aumentar el carbono orgánico de los suelos del mundo. Yo también firmé. Sin embargo,  seamos realistas. Se trata de una propuesta muy llamativa mediáticamente y poco o nada viable, como puede leerse en el siguiente análisis de esta propuesta: “Soil cannot halt climate change”. Al parecer se le “escurrió” a un político/a, aunque lo que extraña es la falta de análisis críticos serios por parte de la comunidad científica. ¡Primero la pasta y la publicidad, luego ya si es imprescindible…. la ciencia).  Víctor, finaliza “el espacio de texto” que le ha concedido “el plumillas” defendiendo que “deberíamos pensar en verde, como lo están haciendo en África con la construcción de la mayor muralla de árboles para contener la desertificación”. Pues bien, como en el caso anterior,  tal megaproyecto resulta ser de dudosa viabilidad (económica, logística) y eficacia (frenar los procesos de erosión/deposición de partículas del suelo o de naturaleza sedimentaria), lo cual ha sido señalado por diversos científicos, habiéndose redactado en este blog un post  que editaremos en breve y que llevará por título:Vergeles Agrícolas en Desiertos: El Papel de la Tecnología”.

Víctor, obviamente atesora una perspectiva agronómica de los suelos por lo que debe entenderse su discurso teniendo tal interés presente.  Una sola objeción a este experto. Esta estriba en mi absoluto desacuerdo a esta sentencia: “España no es un territorio forestal” ¿En que se basa? ¿Por qué actualmente las zonas llanas no suelen atesorarlos? España es un territorio eminentemente forestal o en condiciones naturales (sin las manazas del hombre) tiene vocación para “volver a serlo”.

Francamente se trata de una nota de prensa paupérrima, confundente más que clarificadora. Si lo que pretendía alegarse es que España debiera atesorar una ley para la protección de suelos y aguas, estoy completamente de acuerdo, con la salvedad de que los periodos de sequía no entran en  tal ecuación, aunque todo es matizable.  Ahora bien, si la UE no ha aceptado aun la directiva (más de 10-15 años han transcurrido desde que se la propuso a las Instituciones europeas), ¿como creen estos expertos que “los políticos valedores del solar hispano” (para la construcción) van a doblegarse a tal digna y necesaria súplica?. ¡Ya los conocemos!.  Jajaja.

Resumiendo, una noticia que habla sobre el recurso suelo y es ininteligible para el ciudadano medio, resulta ser una mala noticia.

Ya os dejo esta prodigiosa nota convertida por la gracia del plumillas en un rompe cabezas, ya que aquél no se entera de nada: caos puro y duro.

Juan José Ibáñez

Continua…….

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Suelos, rocas, sequías y resiliencia de la vegetación

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Fuente del Grafico del Perfil. Gobierno de  Aragón. Fotos Google imágenes

La Humedad de la Roca oculta podría ser clave para entender la respuesta de los bosques a la sequía. Así más o menos comienza la nota de prensa que os mostramos abajo, traducida al español y que analizamos hoy. Pero sigamos: “Investigaciones realizadas por la Universidad de Austin en Tejas y la Universidad Berkeley en California descubrieron que una capa de roca subterránea poco estudiada puede contener cantidades importantes de agua que puede considerarse como un reservorio vital para los árboles, especialmente en tiempos de sequía. El estudio, publicado en la revista PNAS, analizó el agua almacenada dentro de la capa de roca alterada que comúnmente se encuentra debajo de los suelos en ambientes montañosos”.

La noticia me pareció muy interesante y de hecho lo es. ¿Pueden almacenar las rocas que subyacen a los suelos mucha agua? ¿Puede este líquido ser utilizado por la vegetación y ayudar a paliar los efectos del estrés hídrico ocasionados por sequías persistentes?.  De ser así, se trata de un hallazgo muy interesante. Ahora bien maticemos. En primer lugar, al seguir leyendo la noticia que os he traducido abajo,  la novedad se esfuma y en su lugar surge la lógica. No se trata de la roca en sí misma, sino, del material de la misma que se va alterando hasta formar el regolito que subyace al suelo en la zona vadosa y más allá. Las capacidades de almacenamiento dependerán pues de la razón entre la cantidad de granos/partículas ya dispersados, del grado de alteración de los bloques, y piedras, así como de la textura de la tierra fina resultante. Muchas de estas propiedades dependerán, de la naturaleza del material litológico, clima, fisiografía, así como de las repercusiones de las raíces y vida subterránea, etc. Es decir no resulta posible extrapolar los resultados obtenidos a otros ambientes de los  aquí analizados.

Y así, lo que llaman rocas, son en realidad los materiales que conforman el regolito del que tanto os hemos hablado en nuestra categoríaZona Crítica Terrestre: el Futuro de la edafología”.  Al final del presente post os muestro muchas de las entregas previas en las que podréis comprobar, por ejemplo que: (i) hemos defendidos que los regolitos deben ser considerados como parte del suelo; (ii) que debiera clasificarse el conjunto del sistema suelo regolito y el porqué; (iii) que este administrador realizó tales proposiciones años antes de que surgiera la iniciativa de la zona crítica terrestre, etc.

Debe tenerse encuentra que durante más de un siglo, no se disponía de medios logísticos para sondear hasta varios metros de profundidad en el continuum suelo-regolito. Tampoco habían sido ideadas las instrumentaciones pertinentes para conseguir tal fin. De hecho la denominada zona vadosa y la hidropedología abordan el tema desde hace bastantes décadas, sin llegar a tenerla ambición de la zona critica terrestre.

Cuando se viaja por carretera y se observan cortes/trincheras, etc., en donde afloran los regolitos y las rocas sin alterar, podréis observar en muchos casos, depósitos deleznables de sedimentos (a veces alternando con otros impermeables) que también almacenan agua, no siendo estrictamente regolitos, sino litologías sedimentarias o litologías duras sometidas antaño, por ejemplo, a alteraciones hidrotermales.

En consecuencia, cuando una sequía prolongada afecta a un espacio geográfico, no es extraño observar islas en donde los ecosistemas vegetales permanecen vigorosamente verdes en una matriz repleta de árboles muertos o seriamente afectados por el estrés hídrico. En la mayor parte de los casos se debe a las razones aludidas, empero a cortas distancias, también se constata que las profundidades a las que afloran regolitos y sedimentos son enormemente variables, tomando como línea basa la superficie.

Resumiendo, no se trata de ninguna sorpresa, excepto para mentes cortas de vista. El trabajo resulta interesante, justamente porque por fin se reconoce y constata experimentalmente lo que cabía inferir conforme a nuestros conocimientos actuales.

Os dejo con la noticia y la relación de post previos un donde se da fe, de que en esta bitácora se defienden perspectivas racionales. El tiempo da y quita razones. Ahora bien, en muchas de estas entregas nos adelantamos a lo que actualmente se consideran novedades en la literatura científica. Fue justamente al inicio de la andadura de este blog, en donde aclaramos nuestros puntos de vista, hará ya casi quince años.

Juan José Ibáñez

Continua………  

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El Desierto de Atacama: En donde la vida se esconde en el suelo

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Biodiversidad del suelo, Atacama

El Desierto de Atacama: Un Lugar:, dos paisajes. Fuente: colaje de imágenes Google.

Algunas noticias me recuerdan otras previas encontrándome a menudo con la duda de saber “a ciencia cierta” cuáles son sus novedades. Este es el caso de las notas de prensa en español  (En el lugar más seco del mundo también hay vida) e inglés (Life under extreme drought conditions) que os reproduzco hoy. Cuando tales circunstancias acaecen, me veo a sondear en Internet, lo cual acarrea  que para la elaboración de un post, emplee demasiado tiempo. Y este es precisamente el caso que nos ocupa hoy. Abajo os dejo las notas de prensa que daban lugar a que dudara, en primera instancia, de la novedad de los contenidos expuestos. Pero a menudo, algunos amigos, más que colegas, me sacan del atolladero.  Y así a Marco Pfeiffer (Universidad de Berkeley y Universidad Nacional de Chile) le pregunté mis tribulaciones y abajo expongo su contestación. Marco es un joven y gran amigo, al que conocí en México, que acaba de terminar su tesis doctoral en Berkeley, retornando a impartir clases e investigar en la Universidad Nacional de Chile. Pronto oiréis hablar mucho de él, por cuanto es uno de los jóvenes expertos en ciencias del suelo mejor formados que conozco en América Latina y con un futuro más que prometedor. Él ha investigado durante años en el desierto de Atacama, al igual que lo hizo anteriormente en los prácticamente inexplorados y gélidos Campos de Hielo Norte y Sur de la Patagonia Chilena. Seguramente pronto comencemos a colaborar en el ámbito de la edafodiversidad de las Américas.

Hoy seré muy breve, ya que Marco nos explica brevemente así:

Hola Juanjo,

¡¡Que interesante!! No la había visto, gracias por compartir. La verdad es que el estudio es bastante novedoso. Porque si bien se habían logrado identificar trazas de ADN de suelos del Atacama, no se habían visto comunidades activas hasta ahora, y menos en esas cantidades. Lo fabuloso de este estudio es que toma muestras después del evento de lluvia único de Marzo de 2015, confirmando lo que muchos científicos pensaban pero que nadie había podido comprobar (ya que llueve solo cada 50 años en esas cantidades), y es que después de un evento de lluvia, muestra como este el desierto revive (aunque no lo veamos porque son bacterias). Yo tengo un artículo en revisión en el GSA Bulletin sobre este evento de lluvia, enfocado a las propiedades hidráulicas del desierto. El evento es ínfimo para cualquier ecosistema, pero para el Atacama es tan significativo que ya debe llevar 8 artículos publicados (y quien sabe cuántos más por venir). La información que estamos obteniendo de aquel evento es impresionante.

Un abrazo,

Marco

Continua………o comienza la noticia……

Todos sabéis que no existe lugar más desértico y árido que el Desierto de Atacama.

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Estimación de la Virosfera y sus Recorridos Planetarios: ¿cuantos virus llueven en un metro cuadrado del suelo diariamente?

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Fuente: Colaje Imágenes Google

 En las navidades de 1988 o 1989, me encontraba en Edimburgo (Escocia). Había temporal y corría mucho el viento, la lluvia arreciaba. Junto a dos colegas visitábamos la ciudad tras viajar previamente a un centro de investigación de agricultura, un poco más al norte, en Dundee. De pronto el paraguas se me escapó de las manos y subió vertiginosamente en la vertical hasta perderse en el cielo. No, nos encontrábamos en el ojo de un huracán. No me pregunten porqué, pero pasó. ¿Resultado?. El agua gélida nos caló hasta los huesos.

La Nota de Prensa que abordaremos hoy (en su versión inglesa y española) nos informa de algo que ya era conocido, siendo las cifras las que sorprenden y mucho. Por ejemplo, os dejamos abajo algunos de los post previos que editamos en su día sobre el tema. Sin embargo, tales entregas hablan de esas grandotas bacterias, si las comparamos con los diminutos virus. En esta ocasión se han estimado las deposiciones de ambos sobre el suelo encontrándose sorpresas como esta que apuntan los autores: “De media, encontraron hasta 800 millones de virus y unos 20 millones de bacterias caídas del cielo cada día sobre la superficie que ocupa un metro cuadrado. Más aun, parecían viajeros que provenían de lugares diferentes, así como haciendo uso de medios de transporte distintos. Las bacterias  arribaban de África adheridas a finos materiales o polvos “terrestres” procedentes del Sahara, mientras que los virus, viajaban acomodados en aerosoles “marinos” de materia orgánica procedentes del atlántico.  El aeropuerto-suelo, sito en Sierra Nevada (Cadena Montañosa de la Península Ibérica ya cercana al continente africano) los recibía con la misma alegría, ya fueran los minúsculos norteños, o los grandotes sureños. ¡No se trata de inmigrantes ilegales, sino desapercibidos!. ¡Trump no saques el arsenal!, que eso sí consistiría en matar “virus a cañonazos”.

Virus lejanos, bacterias próximas….. Todo esto me recuerda a los archiconocidos procesos de deposición de las partículas arrancadas por el viento de los desiertos. Los cantos y las gravas son desplazados unos pocos metros, generalmente rodando por el suelo, o dando algún saltito si son “peques”. Las arenas viajan a mayores distancias, pero no excesivamente, formando los campos de dunas a distancias variables, aunque usualmente en el mismo continente. Los limos llegan a mayores distancias, pero las arcillas diminutas pueden elevarse mucho más allá de los 3.000 metros, logrando  proyectarse en viajes transoceánicos (de hecho son los vehículos de las bacterias). Por lo tanto, no veo mayores misterios. Lo mismo podría decir de la diferencia de individuos entre estos dos grupos taxonómicos. Como señalamos en nuestro post acerca de la Virosfera, y como es ley en ecología, la cantidad de individuos aumenta según desciende su tamaño en órdenes de magnitud.

Eso sí, una advertencia a los autores de esta interesante cuantificación del trasiego de los individuos pertenecientes a este mundo microscópico globalizado desde tiempos inmemoriales. Me refiero a la zona de recolección que se eleva a 2.900 metros de altitud. Estudios recientes muestran como las cantidades de plomo depositadas en los lagos glaciares procedentes de antiguas extracciones mineras de las áridas y desérticas zonas próximas (por ejemplo Almería), aumentaron y disminuyeron en el pasado, según tal práctica decaía y renacía de nuevo, en función de las demandas de las poblaciones locales. Tal hecho constata lque sí debe existir la contaminación local, ineludiblemente. No mezclemos nacionales con extranjeros. Más aun, parte de los cm superficiales de los suelos en estos últimos ambientes ineludiblemente deben atesorar deposiciones de polvo sahariano y sus viajeros bacterianos, por lo que no debe descartarse que se trate, en este caso, de un vuelo con escalas o paradas intermedias.

De cualquier manara se trata de datos muy interesantes, de ser corroborados en otros estudios. ¡Mis felicitaciones!.

Y ahora la pregunta del millón. A la luz de todo lo explicado: ¿alguien de ustedes se atreve a inferir donde fue a parar mi paraguas abducido por las corrientes atmosféricas escocesas?. ¿No?. Pues yo tampoco. ¡Algo se pierde en el alma cuando un paraguas se va… tutua!.

Juan José Ibáñez

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Hundimientos del Terreno y sobreexplotación de acuíferos

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Subsidencias del terreno y sus diversas causas; Fuente. Colaje imágenes Google

Los hundimientos de la superficie terrestre pueden ser generados por diversos procesos, naturales u antrópicos. No obstante, la sobreexplotación de las aguas subterráneas crece exponencialmente en todos los continentes y en especial en donde escasean las aguas superficiales, es decir en climas áridos, semiáridos y mediterráneos. Ya comentamos en un post anterior que “No existe agricultura sustentable alguna basada en el riego, con sobreexplotación de los acuíferos”. Un ejemplo palmario de tal uso insostenible de las valiosas aguas que atesoramos bajo nuestros pies, puede encontrarse en este interesante post de otro blog pertenecientes a nuestro sistema de bitácoras; “ La escasez de agua subterránea en las regiones semi-áridas del norte de Chile: el conflicto por la demanda de agua afecta a los ecosistemas de aguas subterráneas”. Recomiendo vívidamente que lo leáis, resume sintéticamente casi todos los problemas relacionados con este proceso y que se concentran en el mismo espacio geográfico. Prácticamente, en pocas horas, leí otra noticia de la misma guisa, aunque menos dramática, pero en la que se estimaban las tasas de subsidencia del terreno, es decir más concretamente esta: “El terreno de la Vega de Granada se hunde hasta un centímetro por año a consecuencia de la sequía”. En ella, se aplicaban metodologías con vistas a su cuantificación anual a nivel de centímetros, por la que os la reproduzco abajo. Seguidamente realicé una búsqueda en Internet, en inglés, por cuanto siempre aparecen un mayor número de noticias científicas. Tecleando ““groundwater exploitation ground subsidence”, aparecieron más de 234,000 relacionadas con el tema “Y así, por ejemplo, entre las más leídas, por su carácter general, detecté las siguientes entre otras muchas: “Land subsidence and ground failure associated to groundwater ”; “Groundwater exploitation management under land subsidence … – NCBI”;  “Land subsidence and ground failure associated to groundwater”,  entre otras muchas. Seguidamente realicé otra búsqueda rápida de artículos científicos en los que se cuantificara la tasa de subsidencia o hundimiento del terreno. Existía también abundante documentación disponible para los lectores interesados. Por ejemplo, en la llanura de Hebei, ya hace varias décadas (entre 1983 a 1993) se alcanzó una subsidencia anual de ¡42 cm/año! (“Groundwater exploitation and its impact on the….”). ¡Una barbaridad!. Si se añade a la búsqueda desastres (“disasters”) que pueden producir, topé, por ejemplo con este caso de “AguasCalientes” (México) en donde se produjeron serios daños económicos, asociados, al parecer, a una zona de falla. Usualmente, las subsidencias no inducen desastres naturales de un día para otro. Sin embargo en condiciones concretas, y bajo el habitual desinterés de nuestros gestores, pueden devenir en tragedias locales. En varios estudios se constaba como la disposición y naturaleza de rocas y regolitos entre el suelo y el acuífero son de capital importancia a la hora de generar mayores o menores problemas.

Parece pues, que nuestra insustentable in-cultura ecológica no para de crear problemas ambientales en cascada, incesantemente, con prisas y sin pausas. Abajo, antes de la noticia de Granada,  os muestro,  las principales causas de los hundimientos del terreno, según la USGS.

El problema estriba en que, con harta frecuencia, la demanda creciente de recursos hídricos con diversos fines, en un mismo territorio, actúan simultáneamente agravando el problema y vinculándolo de paso con otros procesos de degradación ambiental como lo es la contaminación ambiental, que afecta perniciosamente a la vida silvestre y las poblaciones rurales locales. Al paso que vamos deberemos ir cambiando con celeridad los mapas topográficos de muchas regiones del mundo, ya que estamos convirtiendo su superficie en un tobogán de finasondulaciones subsistenciales” ¿¿??.

Para finalizar, sigo sin entender porque no se aplican estás técnicas con vistas a estimar también las tases de erosión/deposición del suelo alrededor del mundo.

Os dejo ya con el material comentado.

Juan José Ibáñez

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No hay agricultura sustentable basada en el riego, con sobreexplotación de los acuíferos

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Fuente: Colaje Google imágenes

 El título por si solo ya resume el contenido de toda la noticia, la cual se me antoja trivial, aunque a muchos expertos al parecer no. Cuando hablamos de agricultura sustentable deben tenerse en cuenta todos los factores, no solo que el manejo del suelo sea el adecuado bajo las condiciones actuales. Son muchos los espacios geográficos en los que una agricultura “aparentemente sostenible”, resulta no serlo, al no considerar otras circunstancias que actualmente ignoran numerosos colegas, con ramplonas premisas y sus modelitos numéricos “ad hoc”.

 Hoy por hoy, el cultivo bajo riego es imprescindible con vistas a garantizar la soberanía alimentaria. Ahora bien, al margen de los quebraderos de cabeza que suponen para los técnicos, evitar que los suelos no se deterioren ni salinicen, debemos añadir que muchos  son irrigados con aguas procedentes del subsuelo.  Empero en grandes extensiones de los mismos, tal práctica se hace con aguas subterráneas, cuya recargas son ostensiblemente menores de las necesarias, con vistas a no incurrir en su sobreexplotación.

Del mismo modo, en territorios dispersos por todo el mundo, el uso de tal agua, procedente de los acuíferos con objetivos de irrigación, compite con otras demandas, como pueden ser, por ejemplo, el abastecimiento a una población creciente y/o urbanización en expansión. En consecuencia, incluso si la gestión de este recurso pudiera ser en sustentable en sí misma, también lo es que  dejar de serlo bajo una demanda en constante aumento que exigen o reclaman otras actividades socioeconómicas. Y así, como señala uno de los autores del estudio que os mostramos hoy, abajo traducido del suajili al español castellano: “Nuestros resultados sugieren que, para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, lo que se necesita son políticas que aborden simultáneamente los elementos socioeconómicos y ecológicos del problema..

Dicho de otro modo, cuando se llevan a cabo políticas agrarias que buscan la sustentabilidad, deben tenerse en cuenta tanto la productividad vegetal, la no degradación del suelo, el mantenimiento de la cantidad/calidad de las aguas subterráneas, incluida su potencial contaminación con pesticidas/herbicidas, así como otros usos y proyecciones de futuro del recurso explotado, es decir los acuíferos. Pero aquí no termina el problema.

En muchos países, incluso con una adecuada planificación y legislación, lamentablemente se incrementa ilegalmente el número de pozos de extracción por campesinos poco honestos, echando al traste todas las buenas intenciones precedentes. Este es el caso, por ejemplo, de España. Con harta frecuencia los políticos y legisladores vuelven la vista hacia otro lado, ante estas ilegalidades, por lo que también debieran entrar en el grupo de los responsables.  Así pues, se necesita también mejorar la cultura ciudadana (evitar tal fraude ambiental), así como sostener una férrea monitorización por los técnicos a los que les corresponde velar de tal competencia, y las propias comunidades de regantes, que si cumplen la ley, a la hora de evitar este tipo de atropellos, que a la postre  generará daño al conjunto de toda la comunidad.

Por estas razones, se publican muchos artículos que proclaman la bondad de ciertos modelos cuyos escenarios son desmentidos por la cruda realidad… Luego se publican otros, abundando en la ceremonia de la confusión: muchas propuestas, aunque ninguna óptima.

En algún país, como Israel, se propicia la recarga artificial de acuíferos, cuando los embalses o caudales fluviales rebosan tras lluvias torrenciales, realizando las obras de ingeniería oportunas.  Estas iniciativas, ayudan a mitigar, en mayor o menor medida, la sobreexplotación de los acuíferos. Se trata de un procedimiento poco explorado y quizás (lo desconozco) excesivamente oneroso para ponerlo en práctica en numerosos por otros Estados. Finalmente, os dejo otra noticia relacionada que he leído en la página Web NOSoloSIG de José Ignacio Sánchez, y que lleva por título: WaterCloud, Teledetección e IA para racionalizar el uso del agua en regiones áridas.

ver también el post:  La escasez de agua subterránea en las regiones semi áridas del norte de Chile: el conflicto por la demanda de agua afecta a los ecosistemas de aguas subterráneas

Juan José Ibáñez

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La diversidad de especies en los bosques y la diversidad de suelos fomentan la resistencia a la sequía

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Diversidad y sequía. Colaje imágenes Google

Las conclusiones que ofrece la noticia que mostramos hoy atesoran bastante lógica. Algunas argumentaciones aludidas en la nota de prensa…. serían discutibles, pero no descartables. Los bosques ricos en especies parecen resistir mejor las sequías que los monoespecíficos (dejemos al margen al cambio climático). Y parece razonable, ya que en un bosque monoespecífico, es decir aquél en donde todos sus árboles pertenecen a la misma especie, los individuos tienen más o menos los mismos requerimientos y los necesitan en casi-idénticas condiciones ambientales y momentos, como, por ejemplo, el periodo en que su crecimiento demanda más agua. Por lo tanto,  cada pie competirá con los demás por los recursos, en sincronía. Por el contrario, en un bosque en el que cohabitan especies distintas, cada una de ellas,  tiene su propia fenología y autoecología, por lo que tal competitividad por los recursos disminuye, en el espacio, pero sobre todo en el tiempo, aprovechando mejor las posibilidades/oportunidades que les proporciona su hábitat. Por lo tanto, es lógico esperar que resistan mejor las sequías que los bosques monoespecíficos. El estudio fue realizado en ambientes tropicales, aunque es lógico deducir que lo mismo debiera ocurrir en otros biomas y ecosistemas. Por otro lado, si las condiciones de sequía son graves para una especie, diezmando su población, no tiene necesariamente que ocurrir lo mismo cuando cohabitan varias, con diferentes grados de exigencia/resistencia y en perdidos temporales que no se solapan necesariamente del todo. En consecuencia existen muchas más probabilidades que los bosques pluriespecíficos resisten mejor las sequías que los constituidos por una sola especie.

A partir de estos resultados, es trivial deducir que las repoblaciones forestales al uso (con una sola especie) se encuentren en desventaja frente a los bosques naturales en donde la diversidad de especies suele ser la norma, si no interviene el hombre talando o erradicando selectivamente unas especies en beneficio de otras, tal como ocurre en la frutalización de los mediterráneos, por citar un ejemplo.  Tal argumento ya ha sido esgrimido por otros científicos respecto a los paisajes agrarios y también dentro de un mismo predio. ¡Nada nuevo bajo el sol!, aunque bien está cerciorarse en todos los espacios geográficos.

Pero vayamos ahora al mundo de la edafología. Cada tipo de suelo atesora unas propiedades idiosincrásicas. Unos almacenan más agua que otros y/o retienen más nutrientes, otros drenan mejor, etc. Ya hablemos de sequía, ya de anegamiento de agua, tal diversidad de suelos o edafodiversidad es decir la variedad de sus propiedades, garantiza un cierto grado de amortiguamiento ante situaciones adversas.  Por lo tanto, las masas forestales que crecen sobre paisajes de una elevada edafodiversidad, favorecen la resistencia a perturbaciones como lo es el estrés hídrico (resiliencia). De hecho, la evolución de la cobertura de suelos, tiende a ser divergente, generando diversos edafotaxa a partir de sustratos/rocas idénticos, como os mostramos en este ejemplo, entre otros muchos. La naturaleza raramente tiende a ser monótona (monoespecífica) y las condiciones ambientales constantes, alternándose periodos de sequía, “normales” y con otros de exceso de agua (periodos hiperhúmedos). Del mismo modo, los bosques y paisajes de suelos tienden a incrementar su diversidad con el tiempo, excepto cuando ocurren perturbaciones muy, muy severas, como es el caso de muchas intervenciones humanas, desastres naturales de envergadura y no solo el manoseado cambio climático. 

De aquí mis dudas sobre la frase final con la que termina la nota de prensa: “Hemos demostrado que existe una retroalimentación por la cual la sequía fomenta la diversidad, al tiempo que los bosques más diversos son más resistentes. Las estrategias de gestión y restauración son, por tanto, clave para mejorar la resistencia de los bosques al cambio climático”. En mi opinión tanto la dinámica intrínseca de los ecosistemas como las perturbaciones periódicas son la regla y la naturaleza se ha adaptado y coevolucionado con ellas. Alegar que la sequía fomenta…. y por lo tanto… la resistencia a la sequía aumenta, no deja de ser un caso bastante “concreto” (y bien conocido desde hace tiempo) que acaece ante casi todo tipo de perturbaciones ambientales que afectan a un espacio geográfico concreto.

Juan José Ibáñez

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Los extensos bosques de las zonas áridas al descubierto por los nuevos satelites

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Arbolado disperso y masas forestales en zonas áridas. Fuente: Colaje Imágenes Google

¿Por qué Tiger Woods no se llama Tiger Bush?

Las tierras secas ocultan un bosque tan grande como la selva amazónica. ¿Verdad o mentira?. Pues esta vez va a ser cierto. Hoy no redactaremos casi nada, ya que la noticia es absolutamente clara y explícita, además de interesante. Del mismo modo, constamos como, con excesiva frecuencia, los científicos llevamos a cabo evaluaciones y juicios de valor, basándonos en conocimientos obsoletos e instrumentaciones deficientes. Y cuando por ejemplo, estas últimas mejoran, nuestra ignorancia queda afortunadamente al descubierto.  La nota de prensa (que abajo os reproduzco abajo) comienza señalando que: “Imágenes de Google y Bing desvelan 467 millones de hectáreas nuevas de árboles en las regiones áridas. (…) Ocultos en un mar de tierra árida hay tantos árboles como en la selva amazónica. Puestos todos juntos ocuparían 467 millones de hectáreas de arbolado. Esto supone aumentar el total de cubierta arbórea de estas regiones hasta 1.327 millones de hectáreas. La cifra, estimada por un grupo de científicos gracias a imágenes aéreas de alta resolución, eleva un 9% la superficie arbolada del planeta. Este inmenso bosque escondido hasta ahora a los ojos de los satélites podría tener grandes implicaciones en el clima y la biodiversidad de la Tierra”. Personalmente considero que habría que añadir también el secuestro de carbono por la biomasa y los suelos. Y todo ello debido a que en este estudio se ha utilizado imágenes satelitales de grano fino, en lugar de los obsoletos Landsat con pixeles de 30 metros. Y ya se sabe, cuando se agudiza la vista, se observan más y más detalles, como los arboles dispersos, aunque hay más que contar.

Toda esta arboleda, en su mayor parte dispersa, aunque no siempre, debe aportar grandes cantidades de biomasa al suelo y secuestrar carbono orgánico de la atmósfera. Dicho de otro modo, al aportarse  restos orgánicos lo suelos también albergarán más vida y más biodiversa de la que se suponía, por lo que sus propiedades también serán mejores. Y así, constatamos que las denominadas zonas áridas, no son en sí mismas secarrales incapaces de albergar arbolado y otras formas de vida.   Las cifras que podéis leer hablan por sí mismas. No se puede concluir que estamos ante simples mejoras de las estimaciones realizadas hasta la fecha, sino de un cambio total de perspectiva. Os dejo también algunos de los post que ya hemos escrito sobre el tema. ¿Por qué Tiger Woods no se llama Tiger Bush?. Posiblemente porque aún no ha perdido la suficiente foresta sobre su cabeza (al parecer bastante árida, en ciertos temas) como para pasar de bosque a sabana y de esta a la vegetación dispersa, tan característica de los ambientes áridos. Esta última se ensambla en unos idiosincrásicos patrones bandeados denominados “Tiger Bush”, como son descritos en la literatura científica. Y sabéis que “Woods” es algo así como bosquete y “Bush” arbustos de talla alta).

Juan José Ibáñez

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