Primero, a la guerra; después, al paro

Juan Manuel Fernández Fernández-Cuesta

Grupo de Investigación en Historia de las Relaciones Internacionales (GHistRI)

Los soldados de Estados Unidos que vuelven estos días a casa se enfrentan a una difícil reintegración en la vida civil. En medio de una prolongada crisis económica, que ha elevado las tasas de paro por encima del nueve por ciento, cifra insólitas en ese país, los empresarios no les quieren contratar. Les ven como jóvenes inestables y desconectados de la realidad, que en el último año se han adiestrado para la guerra y ahora parecen incapacitados para ganarse la vida alejados de los frentes. Además, muchos han vuelto mutilados o con secuelas psicológicas. La Administración desarrolla programas de colocación para estos jóvenes veteranos, pero unos 220.000 buscan trabajo para empezar a superar su etapa en Irak o Afganistán.

(Estos y otros datos en: http://www.nytimes.com/2011/12/18/business/for-youngest-veterans-the-bleakest-of-job-prospects.html?pagewanted=1&src=recg)

PESADA CARGA. Una soldado americana abandona la base Sader de Bagdad, tras casi nueve años de guerra. En The Washington Post, 15.12.2011

El 15 de diciembre terminó oficialmente la presencia militar de Estados Unidos en Irak. Atrás quedaban ocho años, siete meses y 25 días… y 4.474 soldados muertos en servicio, según datos del departamento de Defensa. Además de unos cien mil civiles iraquíes (la cifra exacta nunca se sabrá). El último caído del Ejército norteamericano fue David Hickman, de 23 años, al que sólo le faltaban dos semanas para licenciarse. Su vehículo fue atacado en Bagdad el 14 de noviembre. El féretro con su cadáver, envuelto en la bandera, llegaba a la  base de Fort Bragg (Carolina del Norte) unos días después y se le recordará por ser el último muerto americano en Irak, donde en 2011 aún murieron otros 54 soldados norteamericanos.

Otros soldados con más suerte vuelan estos días de regreso a casa, haciendo escala en Arabia o los Emiratos. En este último año Estados Unidos tenía desplegados en Irak 47.100 militares. El pico más alto de su presencia militar fue en 2007, con 166.000 soldados. También fue ese el año con más víctimas mortales, 903. En Afganistán todavía combaten hoy unos cien mil militares norteamericanos (Más del doble de los que había cuando Obama llegó a la Casa Blanca. El presidente ha anunciado ya planes de retirada parcial que se culminarían en 2014).

Para los veteranos de Irak la guerra ha terminado. Como reservistas, se disponen a emprender una nueva vida pero no saben cómo abrirse paso en el frente laboral. No hay trabajo para ellos. A los que volvieron de Vietnam en los años setenta se les recibía con desprecio; a estos de ahora, con las puertas del empleo cerradas por la crisis. La tasa de paro entre los antiguos soldados, con 20 a 24 años, es del 30 por ciento, más del doble de la de los jóvenes de la misma edad que no fueron a la guerra.

Inadaptados ante su nueva vida, muchos veteranos no disponen de familias que los acojan y recurren a los refugios o “casas de transición”. En 2010 esos centros acogieron a 144.842  ex soldados, un tres por ciento menos que el año anterior, según datos facilitados por el gobierno (En: http://www.nytimes.com/2011/10/29/us/study-finds-slight-decline-in-veterans-using-shelters.html?ref=opinion

La Administración ha dado empleo a 85.000 antiguos soldados desde 2008 y ha promovido acuerdos con grandes empresas para facilitar su contratación. El presidente Obama firmó el 20 de noviembre la Hire Heroes Act que concede créditos a los empresarios que firmen contratos con los antiguos militares: 2.400 dólares de subvención para contratos de un mes y 5.600 para los de seis meses. Pero los empleadores recelan de ellos y prefieren a jóvenes mejor integrados en la sociedad civil.

La guerra no ha traído la paz para los soldados que vuelven.

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