Funciones de Edafotransferencia (FET)

La primera vez que me topé con el vocablo funciones de transferencia –FET- (tranfer functions en suahili) fue en un libro sobre paleohidrología. La primera vez que leí sobre una de las actualmente denominadas funciones de edafotransferencia (pedotranfer functions en suahili) fue en una tesis doctoral dirigida por Juan Fco. Gallardo Lancho (IRNASA, CSIC, Salamanca), entre 1977 y 1978. En la década de los años 80, Bouma redescubrió la dinamita y ofreció al mundo edafológico como nuevo, algo, de por si, archiconocido. Empero este edafólogo de la Universidad de Wageningen ha pasado a los anales de la edafología como el padre de los susodichos constructos matemáticos, por decir algo. Así se escribe la historia de la ciencia. Hoy en día se siguen considerando  a las FETs como una de las grandes aportaciones de la edafometría (¿?), y si no consultar seriamente los contenidos de esa sospechosa iniciativa denominada GlobalSoilMap.Net. Pero, ¿en que consiste una función de edafotransferencia?, esas que aparecen a menudo acompañadas de un aparataje matemático que obnubila a muchos colegas, cuando en realidad se trata de algo bastante pedestre. Veámoslo hoy bajo la óptica de Jaume Porta, así como por un informe que podéis bajar de la página Web de la Sociedad Española de la ciencia del Suelo y del que hablaremos en otro post sobre el tema que editaremos en breve.

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Pedotranfer Functions: Three-Dimensional Modeling of the Scale- and Flow Rate-Dependency of Dispersion in a Heterogeneous Unsaturated Sandy Monolith; M. Javaux,J. Vanderborght, R. Kasteel and M. Vancloosterb. Fuente: Vadose Zone Journal

Las funciones de edafotranferencia (FET), son una herramienta interesante para ciertos propósitos, cuando se aplican con cordura. Su elaboración está al alcance de casi todos los que atesoren unos mínimos conocimientos de estadística elemental. No obstante el problema no estriba en su uso, sino en su mal uso, lo cual, por desgracia, resulta harto frecuente. Digamos también que si su aplicación se ha extendido se ha  debido más a la crisis de la edafología que a su propio progreso.

Como todos sabéis, en la naturaleza, y por tanto también en los recursos edáficos, muchas variables se encuentran correlacionadas. Por ejemplo, las propiedades físicas de un suelo y en especial las hidrológicas, dependen en gran medida de su textura, contenido en materia orgánica, etc.  Empero si estimar analíticamente las últimas resulta una tarea rutinaria, rápida, sencilla y económica, en un laboratorio, no puede decirse lo mismo de muchas propiedades hidráulicas. Suponer ahora que disponemos, tras realizar un muestreo adecuado, de numerosas muestras. Sobre todas ellas, llevamos a cabo las analíticas más sencillas y elementales. Posteriormente, sobre un subconjunto mucho menor de las mismas realizamos los análisis más costosos. Pues bien, si realizamos análisis estadísticos, como una regresión múltiple, entre todas las variables pertinentes (como las mencionadas) incluidas en este último grupo de muestras, obtendremos una ecuación en la cual el resultado de las variables que son más trabajosas, caras o difíciles de estimar, puede determinarse, con un cierto grado de certidumbre-incertidumble, mediante las que hemos considerado elementales. Seguidamente aplicamos dicha ecuación con los parámetros obtenidos al conjunto del espacio muestral, obteniendo así una predicción de todos los valores que deberían obtener esas variables recalcitrantes (VR), dándolos por buenos. Obviamente todo este proceso puede calibrarse, según nuestro esfuerzo, hasta límites bastante precisos, dentro de nuestra área de trabajo. Ahora bien, si intentamos aplicar tal formulita con sus parámetros a  las muestras recogidas en otro espacio geográfico, sujetas a  cambios en los factores formadores del suelo, los resultados serán muy poco fiables, a menudo tan solo aptos para tirarlos a la papelera, por no decir algo peor, es decir más escatológico.

Cuando se llevaron a cabo muchos inventarios y mapas de suelos, en la década de los sesenta y setenta, no era habitual llevar a cabo la analítica de muchas propiedades físicas que, a la postre, resultaban ser de suma importancia con vistas a predecir el comportamiento hidrológico de los suelos (generalmente requeridas en ciertas iniciativas de modelización y simulación numérica). En vista que tal información comenzó a ser demandada con asiduidad, surgió un problema oferta-demanda. Mientras que no se libraban fondos para mejorar tales inventarios o cartografías, los edafólogos de algunos países decidieron tomar algunas muestras adicionales de suelos en áreas bien inventariadas, para luego analizar en ellas las variables que hemos denominado recalcitrantes (VR), por apelar al uso de un vocablo, sin mayores pretensiones. Seguidamente, haciendo uso de las mencionadas FET, extrapolaron los valores indirectamente obtenidos al conjunto de las abundantes muestras de que ya disponían hasta cubrir el conjunto de sus inventarios de suelos. Se trata pues de una solución de compromiso, que nunca jamás podrá reemplazar a la estima real de las VR. Sin embargo, no se podía hacer otra cosa, por falta de financiación. Hasta aquí, todo correcto, con la salvedad de atribuir a Bouma un gran descubrimiento. ¡Por favor!, hablemos mejor de una mezcla entre oportunidad y vanidad.

Sin embargo, reiteremos que su utilización correcta depende de que las predicciones de la formulita o procedimiento empleado se circunscriba al ámbito en donde se testó el procedimiento, ya que de nos ser así, los resultados inferidos a través de esa FET, generarán una falta imagen de atesorar mucha información, cuando en realidad tan solo son portadores de incertidumbres y confusión. No debemos soslayar que tal modo de proceder no concierne tal solo a la física de suelos, sino que es aplicable a la química, etc.

Veamos pues la sencilla e ilustrativa descripción que hace Jaume porta en uno de sus didácticos libros a cerca de las FET. Seguidamente escribir en el motor de búsqueda (por ejemplo Google) “funciones de edafotransferencia”, o si domináis el lenguaje del imperio (es decir el suahili) “pedotransfer functions”, inmediatamente os encontraréis con tropecientos artículos (muchos de ellos en acceso abierto) sobre como hacerlas en ámbitos concretos. Aunque quizás, tal vez, se os escapen algunas novedades concernientes a las últimas herramientas matemáticas salidas al mercado con vistas a estimar las FET (que en mi opinión resulta ser el menor de los problemas), tendréis información acerca de como elaborar y utilizar estos juguetitos. En el peor de los casos, cualquier estadístico podrá ayudaros sin mayores problemas. Pero por enésima vez, su valor siempre será mucho menor  que el de los datos obtenidos en el campo y analizados debidamente en un laboratorio.

En el próximo post abundaremos sobre las limitaciones de las FET y en especial de su mal uso por parte de muchos investigadores. Os dejo ahora con los comentarios de Jaume Porta, cuyos libros y Manuales son siempre recomendables (el usado aquí aparece al pinchar sobre el enlace).

De acuerdo a Jaume Porta las Funciones de Edafotransferencia (FET) son:

“funciones predictivas de ciertas propiedades del suelo, a partir de otras medidas más fácilmente, rutinariamente o de forma más económica. (…)”

“(…) cabe destacar, que la utilización correcta de una FET requiere su validación con datos de campo. (….) Por otro lado, no debe olvidarse que una FET, por su carácter empírico, solo será de aplicación para los suelos para los que haya sido establecida. Las FET establecidas para los suelos de una clase de suelos resultarán más precisas, que si se trabaja con el conjunto de una base de datos, pero no serán más fiables (Woesten et al., 2001; Pachepsky y Rawls 1999)”.

Continuará (….)

Juan José Ibáñez

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Comentarios

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