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Latinoamérica Incendios  sequías 2020 Fuente: Colaje Imágenes Google

La noticia que os voy a mostrar hoy resulta triste, preocupante y desconcertante. Hoy basaré el post en una nota de prensa que, traducida al castellano llevaría el título de “América del Sur devastada por sequías e incendios sin precedentes, aunque seguidamente os muestro otra en español-castellano. Os adelanto que en ambas notas de prensa se ofrecen detalles que afectan a los suelos. Annus horribilis para Iberoamérica aunque también en el caso de EE.UU. Hablamos de sequías e incendios forestales que han generado un gravísimo año a la naturaleza de la región. ¿Cuáles Son las causas?. Sencillamente, no existe una explicación simple, sino más bien todo lo contrario. Preocupados por el cambio climático, son muchos los que se han apresurado  a argumentar que la culpa la tiene ese fenómenos climático al que se denomina La Niña. Empero el asunto resulta ser un bastante más farragoso. Por un lado, ciertos mandatarios como en Brasil o EE.UU, por ejemplo, llevan a cabo una anti-eco-política, de deforestación y puesta en cultivo de todo lo que encuentran a su paso y puede servir para la producción de vegetales que van a parar a la economía de mercado, sin dejar mucho provecho o ninguno a los habitantes afectados. Un puro delito ecológico en aras de la dictadura financiera globalizada. Posiblemente las negligencias campesinas en tiempos de sequía deban tenerse muy en cuenta (al meno así caece también en España). Sin embargo, por otro lado la Pandemia COVID-19, hayan terminado por dejar desatendidos otros territorios de personal y recursos materiales. Recordamos también que el giro que se va a producir para liberarnos del petróleo, genera que los gobiernos de los países más desarrollados firmen acuerdos verdes, mientras sus multinacionales tropelías que acrecientan la expansión de ciertos cultivos. Más aun, la Pandemia en Europa y, así como los confinamientos de la población han afectado a las producciones agropecuarias de muchos países, demandando más importaciones de alimentos foráneos. Resulta curioso que en la Península Ibérica, un región azotada todos los veranos por los fuegos forestales, este año (normal en lo concerniente a las precipitaciones) tenga como resultado un brusco descenso de los bosques quemados respecto a años anteriores (ver noticia abajo). Me siento desconcertado por la agresividad de los incendios en humedales como el Pantanal o la salva amazónica, entre otros.

El clima, no lo dudo ha tenido algo que ver, pero hay más, mucho más. Sin embargo, como podéis leer abajo, las coyunturas socioeconómicas de cada país son lo suficientemente dispares para señalar con el dedo una causa concreta.

Aunque no he leído aun nada sobre el impacto de las sequías e incendios sobre los suelos, no cabe duda que la tala y quema de humedales (con sus suelos hídricos), como también las graves perturbaciones de los horizontes orgánicos superiores acarrearán profundas consecuencias, como también los inventarios de suelos de la región, ya que algunos tipos de suelos pasarán inexorablemente a ser asignados a otros. Los inventarios de suelos son muchos menos estables en el tiempo de lo que algunos piensan.

Finalmente, debido a la disparidad/diversidad de causas potenciales, los interesados en el cambio climático engrosarán sus cifras con los datos que terminen publicando los países afectados y si no (….) “modelito numérico con IA” y a correr. Otros lo harán contra la acción del capitalismo financiero y sus multinacionales, etc., etc. Una manera de que al final no cuadren las cifras como suele ocurrir en estos casos.

Lo que no cabe duda es que, estamos destrozando toda la faz de la Tierra y tras la inmensa mayoría de las causas potenciales subyace la mano del hombre. Para los jóvenes casi todo es nuevo, mientras que cuando alcanzamos edades venerables, lo único que podemos exclamar es que el ser humano se ha vuelto loco, destruyendo su hogar. Y así los vaticinios de la Primavera Silenciosa están dando paso, a la de un invierno interminablemente tenebroso.

 Juan José Ibáñez

Continúa……………

Algunas notas de prensa relacionadas con el tema.

La Niña llegó y amenaza con incendios, tormentas aún más grandes

Buscan a responsables de los incendios presuntamente provocados (Paraguay)

Presentan una denuncia penal para que se investigue a los responsables de los Incendios en el Chaco

Bolivia decreta desastre nacional por incendios y sequías

US firms fund deforestation, abuses in Amazon: report

El 2020 es el tercer año con menos incendios forestales de la última década

Hasta ahora se han registrado 5.400, que han quemado cerca de 30.000 hectáreas, menos de la mitad que el año pasado.

América del Sur devastada por sequías e incendios sin precedentes

Por Jordane BERTRAND

Montevideo (AFP) 24 de octubre de 2020

Bajo el estrés de una sequía histórica, grandes extensiones de bosques y humedales en el centro de América del Sur, conocidos por su excepcional biodiversidad, han sido devastados por incendios devastadores.

Los expertos dicen que los incendios forestales en una región que se extiende por Argentina, Brasil, Bolivia y Paraguay, especialmente la región entre los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay, se han vuelto críticos en 2020.

Ha habido un aumento dramático de los incendios. En Argentina ha habido un aumento de alrededor del 170 por ciento, es muy grave“, dijo Elisabeth Mohle, investigadora de política ambiental de la Universidad Nacional San Martín (UNSM) de Argentina.

Ella dice que es parte de un problema más amplio que afecta a múltiples regiones del mundo este año, incluido el estado brasileño de Amazonas, Australia, California y el Gran Chaco, el segundo bosque más grande de América del Sur después del Amazonas.

El Pantanal, los humedales más grandes del mundo que se extienden por Brasil, Bolivia y Paraguay, está experimentando su peor sequía en 47 años.

El río Paraná, uno de los más poderosos del planeta que se origina en Brasil y desemboca en el estuario del Río de la Plata, se encuentra en su nivel más bajo desde 1970. En agosto bajó a 80 centímetros en Rosario, este de Argentina, en lugar de los habituales 3-4 metros para esa época del año. Es lo mismo con el río Paraguay que está en su nivel más bajo “en medio siglo”, según el centro meteorológico nacional de Paraguay en Asunción.

– ‘Desierto de cenizas’ –

Los incendios están siendo avivados por condiciones ideales, que incluyen fuertes vientos, temperaturas superiores a 40 grados Celsius (104 Fahrenheit) y la estación seca en la que los agricultores utilizan técnicas de roza y quema para tratar de regenerar el suelo.

En Paraguay, “los incendios … de finales de septiembre y la primera semana de octubre batieron todos los récords“, dijo a la AFP Eduardo Mingo, alto funcionario del centro meteorológico nacional. La cantidad de incendios aumentó un 46 por ciento en 2020, según las autoridades. La capital de Paraguay, Asunción, y varias localidades del noreste de Argentina y el sur de Brasil pasaron días e incluso semanas sumergidas bajo una espesa niebla debido a los intensos incendios.

Y sin las lluvias habituales que humedecen el suelo, los humedales se han visto especialmente afectados.

Las imágenes del Pantanal brasileño de los cadáveres carbonizados de aves, serpientes, caimanes y árboles han conmocionado al mundo. Una cuarta parte del área quedó devastada entre enero y septiembre, mientras que el Pantanal paraguayo ya se había visto gravemente afectado por los incendios de 2019.

El delta del Paraná, que alberga especies como el jaguar, el gato de la pampa y varios roedores, ha sido azotado por incendios de una intensidad sin precedentes desde enero, dejando un “desierto de cenizas” sobre decenas de miles de hectáreas de humedales.

“Han muerto reptiles, aves migratorias, pequeños mamíferos y tortugas”, dijo a la AFP César Massi, naturalista de la provincia argentina de Santa Fe. “Recuerdo que durante la última sequía de 2008 hubo incendios. Pero este año han sido más fuertes, más intensos y duraron más”.

– Presupuestos de protección reducidos –

La agricultura es una enorme fuente de ingresos para los países de esta región, pero las técnicas de tala y quema utilizadas agravan la situación.

En el norte de Argentina “a pesar de las restricciones del Covid-19, entre el 15 de marzo y el 30 de septiembre … se deforestó el doble del área de Buenos Aires“, según Greenpeace.

La ONG Mighty Earth dice que los bosques secos de Paraguay son “uno de los principales sitios de deforestación en el mundo, principalmente debido a la expansión de los pastizales y más recientemente a las plantaciones de soja“.

El gobierno argentino ha acusado a los ganaderos de provocar incendios para “aumentar el área de pastizalesen el delta del Paraná. Un problema es que las ONG no cuentan con la financiación necesaria de los gobiernos para hacer cumplir las normas e impulsar grandes proyectos de restauración o protección.

El gobierno provincial tiene cada vez menos presupuesto para la prevención, no hay puestos de vigilancia, la policía ambiental ha sido desarmada“, dijo a la AFP Alfredo Leytes, miembro del colectivo ambiental Ambiente en Lucha con sede en Córdoba, Argentina.

En Brasil “ha habido una disminución del 58 por ciento en los contratos de ‘brigadistas’“, dijo Alica Thuault del instituto Centro de Vida, refiriéndose a los voluntarios que se movilizaron para hacer frente a los incendios. Ella atribuye la culpa firmemente a los pies del presidente Jair Bolsonaro, un escéptico del cambio climático.

Mohle quiere que diferentes actores, incluidos agricultores y ecologistas, trabajen juntos “para regular el uso de la tierra para garantizar un desarrollo más sostenible que el que existe actualmente”.

00000 South America ravaged by unprecedented drought and fires
By Jordane BERTRAND; Montevideo (AFP) Oct 24, 2020

Under stress from a historic drought, large swathes of forest and wetlands in central South America known for their exceptional biodiversity have been ravaged by devastating fires.

Experts say the wildfires in a region that spans Argentina, Brazil, Bolivia and Paraguay — especially the region between the Paraguay, Parana and Uruguay rivers — have become critical in 2020.

“There has been a dramatic increase in fires. In Argentina there has been an increase of around 170 percent, it’s very serious,” said Elisabeth Mohle, an environmental politics researcher at Argentina’s San Martin National University (UNSM).

She says it’s part of a wider problem affecting multiple regions around the world this year, including in Brazil’s Amazonas state, Australia, California, and the Gran Chaco, South America’s second largest forest after the Amazon.

The Pantanal — the world’s largest wetlands that span Brazil, Bolivia and Paraguay — is experiencing its worst drought in 47 years.

The Parana river — one of the most powerful on the planet that originates in Brazil and empties into the River Plate estuary — is at its lowest level since 1970.

In August it was down to 80-centimeters in Rosario, eastern Argentina, rather than the usual 3-4 meters for that time of year.

It’s the same thing with the Paraguay river that is at its lowest level “in half a century,” according to Paraguay’s national weather center in Asuncion.

– ‘Desert of ashes’ –

The fires are being fanned by ideal conditions, including strong winds, temperatures over 40 degrees Celsius (104 Fahrenheit) and the dry season in which farmers use slash-and-burn techniques to try to regenerate the soil.

In Paraguay, “the fires … at the end of September and first week of October, broke all records,” Eduardo Mingo, a top official at the national weather center, told AFP.

The number of fires were up 46 percent in 2020, according to authorities.

Paraguay’s capital Asuncion and several towns in northeastern Argentina and southern Brazil spent days and even weeks submerged under a thick fog due to the intense fires.

And without the usual rainfall that moistens the soil, the wetlands have been particularly badly affected.

Images from the Brazilian Pantanal of the charred carcases of birds, snakes, caimans and trees have shocked the world.

A quarter of the area was devastated between January and September, while the Paraguayan Pantanal had already been badly affected by fires in 2019.

The Parana Delta that is home to species such as the jaguar, Pampas cat and several rodents, has been hit by fires of an unprecedented intensity since January, leaving a “desert of ashes” over tens of thousands of hectares of wetlands.

“Reptiles, migratory birds, small mammals and tortoises have died,” Cesar Massi, a naturalist in Argentina’s Santa Fe province, told AFP.

“I remember that during the last drought in 2008, there were fires. But this year they’ve been stronger, more intense and lasted longer.”

– Reduced protection budgets –

Agriculture is a massive source of income for the countries in this region but the slash-and-burn techniques used aggravate the situation.

In the north of Argentina “despite Covid-19 restrictions, between March 15 and September 30… twice the area of Buenos Aires was deforested,” according to Greenpeace.

The Mighty Earth NGO says that Paraguay’s dry forests are “one of the main sites of deforestation in the world, mostly due to the expansion of pastureland and more recently soyabean plantations.”

Argentina’s government has accused cattle farmers of setting fires to “increase pastureland area” in the Parana Delta.

One problem is that NGOs don’t have the necessary funding from governments to enforce rules and instigate large restoration or protection projects.

“The provincial government has less and less of a budget for prevention, there are no surveillance posts, the environmental police have been disassembled,” Alfredo Leytes, a member of the Ambiente en Lucha environmental collective based in Cordoba, Argentina, told AFP.

In Brazil “there has been a 58 percent decrease in ‘Brigadistas’ contracts,” said Alica Thuault from the Centro de Vida institute, referring to the volunteers that mobilized to tackle fires. She attributes blame firmly at the feet of President Jair Bolsonaro, a climate change skeptic.

Mohle wants different players, including farmers and ecologists, to work together “to regulate the use of land to ensure a more sustainable development than currently exists.”

Wildfires can cause dangerous debris flows
by Staff Writers; Riverside CA (SPX) Oct 23, 2020

Wildfires don’t stop being dangerous after the flames go out. Even one modest rainfall after a fire can cause a deadly landslide, according to new UC Riverside research.

“When fire moves through a watershed, it creates waxy seals that don’t allow water to penetrate the soil anymore,” explained environmental science doctoral student and study author James Guilinger.

Instead, the rainwater runs off the soil surface causing debris flows, which are fast-moving landslides that usually start on steep hills and accelerate as they move.

“The water doesn’t behave like water anymore, it’s more like wet cement,” Guilinger said. “It can pick up objects as big as boulders that can destroy infrastructure and hurt or even kill people, which is what happened after the 2018 Thomas fire in Montecito.”

Guilinger and his team of mentors and collaborators wanted to understand in detail how multiple storm cycles affect an area that’s been burned by wildfire, since Southern California tends to have much of its rain in the same season.

The team headed to the burn scar caused by the 23,000-acre Holy Fire near Lake Elsinore to observe this phenomenon, and their results have recently been published in the Journal of Geophysical Research: Earth Surface.

“It’s only recently that technology has advanced to the point that we can directly monitor soil erosion at extremely small scales,” said Andrew Gray, assistant professor of watershed hydrology and Guilinger’s advisor. Gray’s laboratory works to understand how wildfire impacts the movement of water and sediment through landscapes after wildfire.

Even with the latest technology, the data was not easy to obtain. To deploy their ground-based laser scanner, which uses visible and infrared waves to reconstruct surfaces down to millimeter accuracy, the scientists had to climb steep hill slopes. They also deployed drones in collaboration with Nicolas Barth, assistant professor of geomorphology, in order to zoom out and see up to 10 hectares of land after the storms.

What they found is that most of the soil in channels at the bottom of valleys between hill slopes eroded during the first few rains, even though the rains were relatively modest. The channels fill with material during the years between fires as well as in response to fire, with rain then causing rapid erosion resulting in the debris flows.

“This proves the first storm events that strike an area are the most critical,” Guilinger said. “You can’t really mitigate them at the source. Instead, people downstream need to be aware of the dangers, and land managers need hazard modeling tools to help them respond effectively and create a plan to catch the sediment as it flows.”

U.S. Geological Survey models incorporate widely available 10-meter data for watershed slopes and information about burn severity from satellite images to estimate the probability and magnitude of debris flow that would occur under a given amount of rainfall.

However, elevation data at the 1-meter scale is becoming more widely available in fire-prone areas like California. This more refined data could allow the researchers to extract finer-scale information, such as variations in hill slope gradient and the shape of water channels that may play a large role in controlling debris flows.

“We can use data like these and the results of studies like ours to inform dynamically updating hazard models in the future,” Guilinger said. “Rather than have a single set of predictions for the entire wet season, we may be able to update these models after each storm.”

Guilinger plans to use funding from the federal Joint Fire Science Program to improve upon existing hazard models.

“This could prove very useful to land managers either immediately affected by or planning to mitigate the dangerous aftermath of wildfires,” he said.

Research paper

Incendios en América Latina: la catástrofe que afecta al continente

Por Víctor Resco De Dios*

Los humedales de Sudamérica están sufriendo los estragos de la sequía y los incendios. Países como Colombia, Venezuela, Brasil y Argentina están especialmente afectados.

La contemplación de un fuego, ya sea en la chimenea o al calor de una hoguera, suele conducir a lo que Octavio Paz llamaba un sentimiento de fraternidad con el universo.

Una fraternidad que nos invade al dejarnos absorber por el baile de las llamas o al escuchar los chasquidos de la leña ardiendo -consecuencia de las burbujas de agua que explotan y se convierten en vapor-.

Estamos vivos gracias al fuego. Nos enseñó a cultivar la tierra y a cazar. Gracias a él pudimos cocinar, calentarnos cuando teníamos frío y secarnos tras la lluvia. Y gracias a todo esto el cerebro humano pudo evolucionar como lo hizo.

A nivel planetario, el fuego reguló las concentraciones de oxígeno, que serían demasiado altas, reactivas y peligrosas sin él. Y muchas plantas y animales no podrían sobrevivir sin los incendios.

Le recomendamos: ¿Qué es Pantanal y cuál es su importancia para el planeta?

Pero de un tiempo a esta parte, nuestra relación con el fuego se ha torcido. A principios de este año, veíamos, consternados, como ardía más del 20 % de los bosques australianos.

Luego vinieron los incendios zombi siberianos, que sobrevivieron el invierno quemando la materia orgánica del suelo ártico y que volvieron a la superficie en primavera. Ahora el terror está en California. Pero hay algo que tal vez no conozca todavía: los incendios que este año abrasan Sudamérica.

Incendios en Sudamérica

Los incendios de este año están afectado, particularmente, a los humedales de Sudamérica. Las llamas están quemando gran parte de Pantanal, por ejemplo, el humedal más grande del mundo.

Pantanal es un humedal tropical a caballo entre Brasil, Bolivia y Paraguay y tiene una extensión parecida a la de Rumanía. Es un santuario para la biodiversidad: el hogar de la nutria gigante, de los tapires y el área con mayor densidad de jaguares del mundo.

Fuera de los trópicos, los incendios en los humedales argentinos del delta del Paraná, en Argentina, llevan meses batiendo récords. Ciudades como Rosario han quedado envueltas en cortinas de humo irrespirable durante semanas.

Más allá de humedales, otras zonas de Sudamérica están también sufriendo más incendios de lo habitual.

En Venezuela, por ejemplo, se han detectado hasta la fecha unos 13.000 fuegos. Un nuevo récord para un país en el que la media está en 7.000 incendios anuales. En Colombia también se han detectado el doble de los incendios que cabría esperar en un año normal.

Las causas de los incendios

El registro geológico nos indica la ausencia de incendios en los bosques tropicales y en los humedales. Es decir, a diferencia de lo que pasa en ambientes mediterráneos, los incendios no son un elemento natural de esos ecosistemas.

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En algunos casos, los incendios resultan de quemas agrícolas que, bajo condiciones de sequía, se escapan y se convierten en incendios descontrolados. Es lo que ha ocurrido en muchos de los incendios en Pantanal. En esta llanura aluvial, la práctica tradicional agrícola consiste en quemar el terreno en barbecho para fertilizarlo y así poder cultivarlo de nuevo.

Este año, en el que parece que La Niña está ganando fuerza, la sequía ha llegado a esa parte del continente austral. Con la sequía, las quemas se escapan al resto del humedal con gran facilidad.

Sin embargo, no todos los incendios están relacionados con la agricultura de subsistencia.

En Pantanal, las quemas también se usan para deforestar: se queman los restos de los árboles que han sido talados para abrir paso a los nuevos cultivos. Estos cultivos, generalmente, sirven para suplir al mercado global de soja o de alimentos para el ganado.

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Cabe destacar la gran complejidad del problema de los incendios en SudaméricaLa realidad es diferente en cada país. No trataré aquí todas sus singularidades, pero sí merece la pena resaltar el caso colombiano, ya que es particularmente paradójico.

En Colombia, la degradación forestal ha sido una consecuencia de la paz en este país. Tras el desmantelamiento de las FARC, el número de incendios en la selva colombiana se disparó. Ello se debe a que mineros, traficantes de drogas, especuladores, y quienquiera que lo quisiera, pudo acceder a nuevos sitios hasta entonces inaccesibles.

¿Una nueva época para los incendios forestales?

Mientras escribo estas líneas, parte del mercurio que estaba fijado en los suelos de las cuencas del Amazonas y del Orinoco se está infiltrando en los ríos debido a la erosión que sigue al incendio.

Los sensores de la calidad del aire de São Paulo, Bogotá y de muchas otras ciudades están registrando aumentos en la contaminación procedentes de los humos. Podría ser que dentro de poco hablemos de exiliados por el fuego.

A través de los incendios estamos perjudicando a la biodiversidad, el ciclo hidrológico, los balances de CO2, el clima e incluso la salud de la humanidad.

En muchas ocasiones, estos incendios son creados para suplir nuestras necesidades: de soja, de pienso, de minerales… Pero esto no debería ser así. Hay herramientas, como el tratado de Mercosur, para tratar de revertir el problema.

Somos hijos del fuego. Pero hemos perdido la relación de fraternidad que teníamos con él. Lo estamos convirtiendo en un arma de destrucción masiva.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo originaen este enlace.

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