Ramificaciones del Árbol de la Vida y del Árbol de los Suelos

Todos vosotros habéis oído hablar del “Árbol de la Vida”. Mediante él, y desde la emergencia de la Teoría de la Evolución Darviniana (que tanto contestamos desde la atalaya de esta bitácora) se ha intentado ilustrar como el mundo biológico se ha ido diversificando desde su origen. Tal representación gráfica, es también utilizada en otros ámbitos del conocimiento. Quizás por nuestro sistema de categorizar y jerarquizar nuestros conocimientos, sea tan intuitivo. En cualquier caso, cualquier representación de esta naturaleza refleja una taxonomía subyacente. Por estas razones, su contenido cambia de acuerdo lo hacen los mentados constructos clasificatorios.  Sin embargo, tal tipo de ramificaciones, cuando se analizan desde un punto matemático, poseen estructuras matemáticas semejantes. Así aunque cambie el contenido, resulta mucho más difícil cambiar su estructura. Las ramificaciones de esta guisa abundan en la naturaleza, y suelen tender a ajustarse a configuraciones fractales, o es su defecto multifractales. Ahora bien existen otras maneras mucho más sencillas de analizar tales geometrías. Cabe preguntarse ¿Existe un árbol natural para el mundo de los suelos?

 

Desde un punto filogenético, entendido como la representación de los suelos desde que la superficie terrestre fue invadida por la vida, resulta harto difícil por la falta de conocimientos que tenemos sobre los paleosuelos de épocas remotas. Ahora bien, todo parece apuntar a que los edafotaxa también se extinguen, mientras emergen otros nuevos. Ya abordaremos este tema en otra contribución. Sin embargo, si soslayamos las consideraciones filogenéticas y nos centramos en su estructura taxonómica subyacente, podemos decir que sí hay un árbol de los suelos. ¿Pueden compararse fácilmente ambos tipos de árboles?.  La respuesta es afirmativa, y el procedimiento extrañadamente simple.

 

Se trata de hacer uno de las llamadas “relaciones de bifurcación”. Este procedimiento fue elaborado por el geomorfólogo estadounidense Robert E. Horton (el denominado padre da la geomorfología cuantitativa) y retocado posteriormente por otro paisano suyo: Strahler.  Esta aproximación ha sido denominada “relación de bifurcación”, siendo aplicada también en otros campos como la biología, como lo es la morfología de los sistemas vivos. Las relaciones de bifurcación nos informan del grado de ramificación de una estructura arbórea, sea cual sea. Tal como comenzamos a aplicarlo nosotros a las taxonomías, podríamos decir que la relación de bifurcación serían el número de ramas (subtaxa) que crecen a partir de un determinado nodo (taxón). El sistema obliga a determinarlo para cada taxón de cada nivel jerárquico, o a hacer un promedio para esos últimos.

 

Los resultados obtenidos nos muestran que, el árbol de la vida se encuentra más profusamente ramificado que el árbol de los suelos.  En otra palabra, como promedio, cada taxon biológico posee mayor número de subtaxones que en el caso de los suelos, a pesar de que las taxonomías edafológicas parecen ser mejor sistemas de información que las biológicas. Sin embargo, también es cierto que nuestro análisis no incluyó los dos niveles inferiores de la taxonomía americana (familias y series), por cuanto conceptualmente no las podemos considerar taxa sino variantes geográficas o razas. Del mismo modo, salvo contadas excepciones (EE. UU., y quizás algún otro país de su área de influencia), no existen inventarios globales de tales series y familias (es decir no se han catalogado), por la que en este sentido no podemos hablar de una clasificación universal.  En cualquier caso cabe señalar que, los niveles superiores de la jerarquía taxonómica de suelos se encuentran más ramificados que los de las biológicas, situación que se invierte en las biológicas ¿A que se deben estas diferencias?

 

Posiblemente, y como ya abordaremos en otra contribución, a las diferencias sociales en que ambas comunidades científicas desarrollan sus taxonomías. En cualquier caso ahí están los datos. Para terminar, enfatizamos que, a pesar de este hecho, vamos mostrando (y lo seguiremos haciendo) como ambas taxonomías poseen muchas más similitudes que diferencias. 

 

Juan José Ibáñez

 

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