Bioma Mediterráneo: El Bosque y Matorral Mediterráneos (El Chaparral)

Juan Pedro Zaballos

El Bosque y Matorral Mediterráneo es un bioma que se extiende por las zonas templadas de la Tierra que presentan un clima de tipo mediterráneo, donde las precipitaciones no son muy abundantes y existe una estación seca muy marcada. La vegetación está formada por matorrales o montes, más o menos densos y altos, en los que los árboles y arbustos predominantes son de tipo perennifolio esclerófilo (con hojas siempreverdes, pequeñas y duras). Mientras en ciertas áreas la vegetación natural está formada por bosques, generalmente de baja altura, en otras zonas son los matorrales, ya sean naturales o favorecidos por la antigua intervención humana, los que caracterizan la vegetación. Por este motivo es un bioma que, dependiendo de los autores y de las clasificaciones, puede recibir distintas denominaciones: el Bosque Mediterráneo, el Bosque y Matorral Mediterráneos,  el Matorral Mediterráneo, el Chaparral…

bioma mditerraneo Mapa del Mundo

Mapa de Bioma Mediterraneo.

Fuente: About the Maditerránean Ecosystem

Se extiende por varias áreas, no muy extensas, tanto del Hemisferio Norte como del Sur, entre los 30 y los 45 º de latitud, generalmente por las costas occidentales de los continentes: gran parte de California, centro de Chile, región del Cabo en Suráfrica, suroeste de Australia y gran parte de la Península Ibérica y de Marruecos. También, y ya lejos de las costas occidentales de los continentes, se extiende por las islas y por las riberas del Mar Mediterráneo hasta alcanzar Siria y Turquía, además de por ciertas áreas del sur de Australia.

Estas áreas mediterráneas son zonas transicionales, tanto entre los climas húmedos y secos, como entre los climas templados y tropicales. El mediterráneo es un clima de tipo templado-cálido con lluvias estacionales, en el que los inviernos son húmedos (dominan los ciclones de las latitudes templadas) y los veranos cálidos y secos (dominan las altas presiones subtropicales). Las lluvias, que se distribuyen desde el otoño hasta la primavera, varían de escasas a moderadas (medias de 300 a 1000mm anuales), por lo que el clima puede variar de mediterráneo seco a húmedo, pero siempre existe una sequía estival, de más de dos meses, con una intensa radiación solar. En verano las lluvias significativas son escasas, normalmente consecuencia de la formación de tormentas convectivas, más frecuentes en las zonas montañosas (aunque en Sudáfrica y Australia, debido a la influencia de la zona de ciclones tropicales, sí se pueden producir algunas lluvias significativas en verano). Es normal que las precipitaciones varíen bastante de unos años a otros (la variabilidad anual de la precipitación es significativamente mayor que en otros biomas) y son relativamente frecuentes las épocas, que pueden durar varios años, con fuertes sequías.

En cuanto a las temperaturas, los veranos pueden ir de moderadamente cálidos a bastante calurosos, y los inviernos de frescos a fríos. La amplitud térmica anual suele ser moderada, sobre todo en las zonas costeras donde los inviernos son más suaves.

En este bioma la principal limitación debida al clima es la larga sequía estival (a veces más de 4 meses) cuando las temperaturas son más altas. La estación de crecimiento está limitada a los meses con suficiente humedad en el suelo, temperaturas adecuadamente cálidas y suficientes horas de luz, principalmente la primavera. También tiene lugar en el otoño, aunque en esta época del año cuando se recuperan las reservas de agua las temperaturas comienzan a bajar y las horas de luz a acortarse. La estación de crecimiento también puede extenderse al invierno, sobre todo en las zonas más cercanas a los trópicos donde las temperaturas son más suaves y los días menos cortos.

Este bioma, a pesar de su relativa pequeña extensión, presenta una gran biodiversidad, tanto de plantas como de animales, además de una gran variedad de formas del terreno y de tipos de suelo. Algunas de las razones que explicarían la gran heterogeneidad de los ecosistemas mediterráneos serían:

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Bosque adehesado (Salamanca España. Foto: J. J. Ibáñez)

- su situación en la zona de transición entre los climas húmedos y los secos, entre las regiones templadas y tropicales.

- la abundancia de relieves montañosos en casi todas sus áreas (con la excepción del sur de Australia) que determina una mayor heterogeneidad espacial: gradientes altitudinales, mayor diversidad de suelos, microclimas locales (efectos de sombra de lluvia a sotavento de las montañas, contrastes entre solanas y umbrías…) y multiplicación de las zonas con diferentes disponibilidades de agua (riberas, vegas, vaguadas, laderas…, de gran importancia en estos ecosistemas con sequía estacional).

- Muy distintos orígenes biogeográficos de sus plantas y animales, tanto de regiones templadas como tropicales.

- Intensa y, muchas veces, antigua influencia del hombre sobre estos ecosistemas, por lo que es común la presencia de formaciones vegetales y ecosistemas con distinto grado de alteración.

Además, y al igual que ocurre con las regiones desérticas del mundo, cada una de las áreas de clima mediterráneo se encuentra aislada de las otras, habiéndose desarrollado comunidades de plantas y animales características en cada una de las zonas. Sin embargo, debido a la convergencia ecológica, muchos de estos matorrales tienen una apariencia similar (el maquis de la cuenca mediterránea,  el chaparral de California  y el matorral de Chile), aunque muchas de sus especies vegetales no estén emparentadas.

Los suelos en este bioma son muy diversos, debido tanto a la diversidad de subclimas (de semiáridos a húmedos) como de sustratos geológicos, además de por la abundancia de relieves montañosos que ya hemos comentado. En general, tienden a ser suelos poco profundos al estar muy extendidos los procesos erosivos. Estos se ven muy favorecidos por el relieve abrupto y la abundancia de rocas sedimentarias blandas, por las lluvias torrenciales posteriores a las épocas de sequía, cuando la cobertura vegetal es menor, por la gran extensión de territorios degradados por la acción humana, en muchos casos milenaria, y por los frecuentes fuegos forestales.

Dentro de esta gran diversidad, se pueden considerar como suelos más característicos (aunque no sean los más extendidos) los conocidos como suelos rojos mediterráneos. Mientras en otros biomas (ya comentados en anteriores posts incluidos en la categoría Geografía de Suelos y Megaedafología) se consideran  procesos edáficos característicos la podsolización (en la taiga) o el empardecimiento (en el bosque caducifolio templado), bajo clima mediterráneo el proceso mas característico es la fersialitización.  Es un proceso que tiene lugar en climas templado-cálidos con estaciones muy contrastadas, en las que alternan precipitaciones abundantes (deben ser suficientes para que se desarrolle el bosque) con largos períodos de sequía. En estos suelos rojos fersialíticos la alteración geoquímica de los minerales del suelo es más acusada, al ser el clima más cálido, que en los suelos empardecidos templados. El horizonte Bt (que se encuentra por encima del horizonte C o material de origen del suelo) presenta acumulación de arcillas y un característico color rojo o pardo rojizo. Este proceso de enrojecimiento (rubificación) se debe a la acumulación de óxidos de hierro deshidratados durante los períodos secos. Cuando se encuentran bajo bosque el horizonte A superior, de acumulación de materia orgánica, es de color oscuro y con un buen humus de tipo mull.

          Paisaje Mediterraneo de Chile

Paisaje Mediterráneo de Chile Viñedos en el Valle. Foto: J. J. Ibáñez

Estos suelos mediterráneos, no erosionados, de colores marronáceos o rojizos y, en general, con un elevado nivel de bases, se suelen clasificar como xeralfs  (de xeros, seco) dentro del orden de los alfisoles (según la Soil Taxonomy) o como luvisoles cálcicos y crómicos (según la FAO). Los calcisoles /FAO) también son representativos. Son suelos con una buena fertilidad y posibilidad de acumular agua cuando no han sido degradados y erosionados en superficie.

Cuando los suelos son lo suficientemente profundos y las precipitaciones son suficientes la vegetación de este bioma está dominada por el bosque perennifolio esclerófilo o bosque mediterráneo. En este bosque la mayoría de los árboles, que no alcanzan gran altura (no suelen sobrepasar los 20 m), tienen hojas perennes, pequeñas, rígidas y duras (hojas esclerófilas). Sus cortezas suelen ser gruesas y sus ramas, que comienzan a baja altura, nudosas y retorcidas. Son bosques densos  y enmarañados con una gran diversidad del estrato arbustivo. Cuando son abiertos (bosques adehesados) es debido a la influencia humana. También se le conoce como bosque planoesclerófilo mediterráneo para diferenciarlo de los bosques de coníferas, que también son perennifolios y esclerófilos, pero con hojas aciculares (bosques aciculifolios).

Las hojas esclerófilas (de sclero, duro)  presentan gruesas cutículas ricas en ceras y estomas pequeños y hundidos en cavidades en el envés de la hoja, para reducir al máximo las pérdidas de agua durante la sequía. Además suelen presentar bajo la cutícula capas de células parcialmente lignificadas o reforzadas por esclerénquima que contribuyen a su dureza, siendo también frecuente la presencia de pelos o escamas que limitan la evaporación y reflejan la luz solar disminuyendo el calentamiento. Estas hojas, fuertemente protegidas y relativamente opacas a la luz, tienen una baja eficiencia fotosintética, a pesar de tener altos niveles de clorofila (similar a lo que ocurre con las hojas de las coníferas). Aunque la rentabilidad fotosintética en estos bosques es la mitad que en los bosques caducifolios templados, son mucho más resistentes a las largas sequías y a la alta luminosidad y temperaturas del verano.

La formación de estas hojas esclerófilas  supone un alto coste energético para estas plantas, en parte compensado por su larga vida (unos 6 años en Quercus coccifera), mientras que en los bosques caducifolios templados la formación de nuevas hojas, más delgadas y menos lignificadas, tiene un menor coste energético. Además, como las hojas del bosque mediterráneo se mantienen todo el año, también deben ser capaces de soportar los fríos invernales y las, en ocasiones, fuertes heladas. Como los inviernos son cortos, a esta vegetación esclerófila le compensa no perder este tipo de hojas (que además almacenan nutrientes), y así poder realizar la fotosíntesis en cuanto las temperaturas y la disponibilidad de agua vuelven a ser las apropiadas.

No todos los árboles y arbustos son  perennifolios esclerófilos. Dependiendo  de las zonas y del tipo de matorral, pueden abundar los caducifolios de verano (como ocurre en la zona californiana). Estos árboles y arbustos pierden sus hojas en los meses de mayor déficit hídrico para evitar las pérdidas de agua por evapotranspiración. En otros casos se producen enrollamientos de las hojas y una pérdida parcial durante los meses más secos (los Cistus o jaras, matas muy abundantes en los matorrales de la cuenca del Mediterráneo, pueden llegar a perder un 50 % de sus hojas). Así, mientras los esclerófilos perennifolios aguantan la sequía limitando la pérdida de agua gracias a la estructura de sus hojas, los caducifolios de verano la evitan perdiéndolas.

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Bosque Mediterráneo de Montaña. Monte Etna Italia. Foto: J. J. Ibáñez

Actualmente, en este bioma, son mucho más abundantes los matorrales que las masas boscosas. Este matorral esclerófilo mediterráneo, cuando está poco alterado, es un matorral alto (3- 5 m), denso y enmarañado, donde son frecuentes los arbustos espinosos. Dependiendo de las zonas recibe distintas denominaciones: maquia o maquis en las riberas del Mediterráneo (maquis en Francia, macchia en Italia), chaparral en California, matorral en Chile, fynbos en Sudáfrica y mallee en Australia. La dominancia en el paisaje de estos matorrales, más o menos altos y densos, puede deberse a diversas causas: a que los suelos sean poco profundos (pendientes elevadas, suelos erosionados…), a que las precipitaciones sean demasiado escasas para que se desarrolle el bosque, a los fuegos frecuentes tan característicos de este bioma, o a las alteraciones causadas por el hombre en las antiguas masas boscosas (talas, fuegos intencionados, pastoreo excesivo…). Por lo tanto, mientras que algunos de estos matorrales se pueden considerar vegetación natural o climácica otros deben su gran extensión a la influencia humana. Los fuegos, que son un factor muy importante en estos ecosistemas, también debían ser frecuentes antes de la llegada de los humanos a estas regiones.

En muchos de estos matorrales mediterráneos (de los situados en el Hemisferio Norte) pueden llegar a ser muy importantes las coníferas (pinos, cipreses, enebros y sabinas), sobre todo en las zonas montañosas, en las litorales y en las áreas con menores precipitaciones. Su abundancia  se ve favorecida en los terrenos con suelos poco profundos y erosionados, así como por la antigua intervención humana. En las zonas más áridas, de transición a los biomas desérticos y a los esteparios (Baja California, Chile, Surafrica, norte de África, Oriente Medio…), los matorrales mediterráneos tienen una estructura más abierta, con arbustos y matas de menor altura, y se van enriqueciendo en especies más propias de esos biomas como son las plantas crasas (cactáceas, euforbiáceas…) y las matas y gramíneas esteparias. Por el contrario, cuando nos acercamos a climas más húmedos y fríos, de transición con los bosques caducifolios o con los bosques mixtos de coníferas (Europa, California, Chile), la vegetación mediterránea se va enriqueciendo en especies caducifolias (robles, serbales…). En otras regiones (Suráfrica y Australia) los matorrales mediterráneos pueden contactar con ecosistemas de tipo sabana.

En cuanto a la fauna, no existe una fauna típicamente mediterránea. La mayoría de las especies se han originado en las distintas zonas biogeográficas lindantes con el bioma mediterráneo y han ocupado los variados hábitats existentes en este bioma. Así podemos encontrar una fauna muy variada típica de zonas semidesérticas, de praderas, de bosques, sabanas… como: linces, pumas, coyotes, venados, corzos, zorros, conejos, liebres, jabalíes, canguros, lagartos, víboras, serpientes de cascabel… Sus principales adaptaciones están orientadas a sobrevivir a la sequía estacional (escasez de agua y parada vegetativa de muchas plantas en verano), así como a los fuegos periódicos. Se puede destacar la abundancia de las aves migratorias, mientras unas migran en verano hacia otros climas menos cálidos y secos, otras vienen en invierno desde climas más fríos (en California y en el Mediterráneo, por donde pasan importantes rutas migratorias, hay una gran riqueza de aves en invierno). En relación con otros biomas, destacan la abundancia y diversidad de los reptiles y la  gran riqueza de la fauna edáfica.

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Luvisol Crómio (Suelo Rojo). Fuente: ISRIC

Ya habíamos comentado que las diferentes regiones del mundo, por donde se extiende este bioma, se encuentran muy aisladas unas de otras. Cada una de ellas presenta unas formaciones vegetales características que, aunque suelen presentar una apariencia y estructura similar, tienen distinta composición florística:

CUENCA MEDITERRÁNEA

En el área que rodea al mar Mediterráneo (por donde se extiende la mayoría, un 60%, de este bioma) gran parte de la vegetación natural estaría formada por bosques, aunque hoy en día sus restos bien conservados son escasos. Suelen ser bosques densos, no muy altos (10- 15 m ) y con una mayor diversidad del estrato arbustivo que los bosques templados caducifolios con los que contactan. Las principales especies arbóreas esclerófilas de estos bosques pertenecen al género Quercus: Q. ilex y Q. rotundifolia (encina o carrasca), Q. suber (alcornoque), Q. calliprinos,... Estos bosques suelen presentar un rico estrato de plantas trepadoras (Clematis, Lonicera, Rubia, Aristolochia) y, en las zonas más húmedas y templadas, son ricos en arbustos y arbolillos  con hojas de tipo lauroide, enteras, perennes y coriáceas (Arbutus, Viburnum, Myrtus, Phyllirea, Laurus, Prunus), lo que los relaciona con las laurisilvas subtropicales. Cuando se incrementa la humedad y bajan las temperaturas (ambiente submediterráneo), los bosques  comienzan a ser dominados por robles caducifolios o semicaducifolios (las hojas se secan en invierno pero permanecen en las ramas) como Q. pyrenaica (roble melojo o rebollo),Q. faginea (quejigo), Q. cerris (roble turco), Q. pubescens, Q. frainetto (roble húngaro)…

Estos bosques mediterráneos son muy escasos en las zonas llanas y con suelos más profundos, las cuales han sido tradicionalmente cultivadas por el hombre. Lo que sí se pueden encontrar, sobre todo en la Península Ibérica, son formaciones adehesadas o dehesas. Las dehesas son bosques aclarados donde se mantienen cierto número de árboles adultos (generalmente del género Quercus como las encinas, alcornoques, quejigos y robles melojos) con distintos aprovechamientos (leñas, corcho, bellotas…), entre los que se desarrolla un pastizal que es aprovechado por el ganado. En España y Portugal ocupan grandes extensiones en las regiones mediterráneas con sustrato granítico o pizarroso (con suelos ácidos y más pobres en nutrientes), siendo un tipo de aprovechamiento tradicional del territorio que ha sido sostenible durante cientos de años. La mayoría de los árboles y arbustos se eliminaron mediante tala, fuegos controlados, roturaciones…  y posteriormente se mantuvieron mediante ramoneo y pastoreo (ganado vacuno, ovino, porcino, caza mayor…), que es el que evita que puedan volver a regenerarse el matorral y el bosque.

La dehesa puede ser considerada desde el punto de vista biológico como un ecosistema seminatural con una fisonomía de tipo sabanoide o “de parque” (praderas salpicadas de árboles) en el que coexisten dos estratos, uno de pastos herbáceos y otro de árboles del género Quercus (con una media de unos 50 árboles por hectárea, aunque esta densidad es muy variable). También puede ser considerada, desde el punto de vista de su aprovechamiento, como un sistema agrosilvoforestal, en el que coexisten árboles y matorrales leñosos (aprovechamiento forestal y de las bellotas o montanera), cultivos herbáceos (aprovechamiento agrícola) y pastizales (aprovechamiento ganadero), además de animales en libertad (aprovechamiento cinegético y como reservas naturales).

Matorral mediterráneo de Fynbos en África del Sur blog-copepodo

Blog: Diario de Un copépodo Matorral Fynbos de Suráfrica

En esta región del mar Mediterráneo, mucho más abundantes que los bosques son las formaciones de matorral alto o maquia. Además de encinas (Q. ilex, Q. rotundifolia), muchas veces arbustivas (carrascas o chaparras), son abundantes otras fagáceas esclerófilas como Quercus coccifera (coscoja) o Q. calliprinos. En las zonas más térmicas son también características otras leñosas perennifolias como Olea europaea (acebuche u olivo silvestre), Pistacia lentiscus (lentisco), Ceratonia siliqua (algarrobo) y la palmera arbustiva Chamaerops humilis (palmito). También suelen ser abundantes las cupresáceas (Juniperus, Cupressus, Tetraclinis) y grandes extensiones de estos matorrales pueden estar dominadas por pinos (Pinus halepensis, P. brutia, P. pinea ).

Debido a la gran y antigua degradación sufrida, muchos de estos matorrales se han transformado en matorrales más abiertos y con especies de menor altura (Cistus, Salvia, Rosmarinus, Lavanda, Genista, Linum, Thymus…). Dependiendo de la zona geográfica reciben una denominación genérica distinta: garriga (sur de Francia, Cataluña), frigana (Grecia), bathá (Palestina)… Localmente pueden recibir denominaciones más específicas dependiendo de la especie dominante: jarales (Cistus), romerales (Rosmarinus), esplegueras (Lavanda), tomillares (Thymus)…

CALIFORNIA

En California y Baja California  la vegetación de matorral esclerófilo mediterráneo recibe el nombre de chaparral (chaparra es una de las denominaciones que reciben las encinas y coscojas de porte arbustivo en España). Son matorrales altos (2-4m de altura), densos y enmarañados, equiparables a la maquía mediterránea, con una alta diversidad de arbustos (más de 100 especies distintas). También hay una mayor diversidad de especies de Quercus esclerófilos (llamados aquí encinos) de la que existe en el Mediterráneo. Muchas de ellas son arbóreas: Q. agrifolia (encino de costa), Q. chrysolepis (encino de las barrancas), Q. wislizenii (encino de interior), Q. douglasii (encino azul)…; y otras arbustivas, conocidas como encinillos: Q. berberifolia, Q. durata,...

La composición de los matorrales del chaparral varía dependiendo de la altitud y de que se encuentren  en umbrías o solanas. La especie más ampliamente distribuida es Adenostoma fasciculatum (chamizo), muy abundante en zonas periódicamente incendiadas. En el chaparral seco es ella la que domina junto a  varias especies de los géneros  Arctostaphylos (manzanita) y Ceanothus (lila salvaje), abundando otras como Rhamnus crocea, Cercocarpus betuloides (caoba de montaña), Quercus berberifolia… Este tipo de matorral presenta claras adaptaciones a los incendios (gruesas cortezas, capacidad de rebrote, semillas durmientes que germinan después del fuego…), pues en este clima, de inviernos lluviosos y suaves y veranos con largas sequías, se produce una gran acumulación de material vegetal fácilmente combustible. Los incendios pueden ser bastante extensos y su frecuencia es muy variable. Mientras en unas zonas se producen cada 20-30 años en otras el periodo de retorno del fuego supera los 70 años. Aunque actualmente los fuegos son más frecuentes debido a la actividad humana,  en el pasado los incendios alcanzaban mayores dimensiones, al no ser apagados por el hombre y ser las manchas de matorral más continuas, produciéndose, con relativa frecuencia, fuegos masivos a gran escala.

En los ambientes más húmedos el chaparral es más alto y con mayor diversidad de especies, alcanzando varias de ellas porte arbóreo (Prunus ilicifolia, Malosma laurina, Heteromeles arbutifolia, Quercus wislizenii…), y van apareciendo ocasionalmente algunas especies caducifolias de invierno (Sambucus, Fraxinus…). Por el contrario en el contacto con las zonas desérticas, el chaparral se va enriqueciendo en plantas crasas (Agave, Yucca, Echinocereus, Opuntia, Euphorbia…) y caducifolios de verano (Aesculus parryi, Fraxinus trifoliata…) como ocurre en Baja California. En las zonas más rocosas y en las montañas el chaparral se enriquece con especies de coníferas (Pinus, Juniperus…). En los valles del interior existen formaciones sabanoides parecidas a las dehesas ibéricas, en las que el arbolado está dominado por Quercus douglasii (encino azul), una especie que en estas zonas secas se comporta como caducifolio de verano.

   Bosque de Encinos en México

Bosque de “encinos” en México. Foto: J. J. Ibáñez

Otro tipo de matorral de la zona mediterránea californiana es el denominado matorral costero de salvias propio de las zonas litorales del sur de California y de la Baja California. Son matorrales más abiertos y de menor altura (0.5- 1.5 m) que el chaparral, dominados por matas  como Salvia mellifera, S. apiana, Artemisia californica, Eriogonum fasciculatum,.., muchas de las cuales pierden las hojas en verano, y donde son frecuentes las plantas crasas.

Lejos de estas zonas costeras californianas, por ciertas áreas del interior del continente norteamericano, como Arizona, la Sierra Madre Occidental y otras montañas de los desiertos del norte de México (Sonora, Chihuahua), aparecen encinares y matorrales esclerófilos (Quercus turbinella, Q. emoryi…)., relacionados con el chaparral mediterráneo californiano y conocidos como chaparral de interior.

CHILE

En la zona central de Chile la vegetación mediterránea recibe el nombre genérico de matorral y tiende a mostrar una mayor estratificación (árboles, arbustos, hierbas) y a ser más abierto que el chaparral. En esta región son escasas las masas de vegetación natural bien conservadas, pues, como la mayoría de las zonas mediterráneas, está muy poblada y transformada por el hombre. De la antigua vegetación boscosa solo quedan escasas manchas, sobre todo en las quebradas húmedas. Son bosques esclerófilos siempreverdes (10-15 m de altura), dominados por árboles como Criptocarya alba (peumo), Beilschmiedia miersii (belloto),  Peumus boldus (boldo), Jubaea chilensis (palma chilena),… Más frecuentes son las formaciones de matorrales altos, similares a la maquía y al chaparral, en los que van predominando otros arbolillos y arbustos como Lithraea caustica (litre) y Quillaja saponaria (quillay, palo jabón), cactus de gran altura como Echinopsis chiloensis (quisco) y bromeliáceas arbustivas del género Puya (chaguales). Suelen ser matorrales bastante espinosos y con una gran proporción de cactáceas y de caducifolios de verano. En las zonas más degradadas se han transformado en espinales con Acacia caven (espino), Trevea trinervis (tevo), Prosopis chilensis (algarrobo)…

Cuando se va subiendo en altitud por las laderas de los Andes, el matorral mediterráneo puede entrar en contacto con vegetación de tipo templado caducifolio, como los bosques de Nothofagus (género de fagáceas, que se conocen como robles  o hayas meridionales y dominan los bosques andino-patagónicos). En estos casos encontramos matorrales esclerófilos  dominados por caducifolias de invierno como Nothofagus obliqua (pellín) y N. glauca (hualo o roble maulino), de manera similar a lo que ocurre en los ambientes submediterráneos europeos con los Quercus caducifolios (robles). Otro roble meridional, pero en este caso siempreverde, el Nothofagus dambeyi (cohiué), entra a formar parte de algunos  bosques mediterráneos en las quebradas más húmedas (ya que es una especie característica de los bosques templados y oceánicos situados más al sur). Lo que no existen en esta región  son especies de  fagáceas adaptadas a la sequía, similares a los Quercus perennifolios esclerófilos (encinas) y tan características de los matorrales mediterráneos del Hemisferio Norte.

En cuanto a las coníferas, que pueden llegar a caracterizar en gran medida el paisaje en amplias zonas del Mediterráneo y de California , sólo llegan a formar parte del matorral mediterráneo chileno cuando éste entra en contacto con los bosques de Austrocedrus chilensis (ciprés de cordillera), en las  laderas de los Andes.

SURÁFRICA

En Suráfrica, en la región del Cabo, el matorral mediterráneo recibe el nombre de fynbos. Es un matorral  con una flora muy característica y diferente a la del resto del mundo, estando incluido en el reino florístico Capense o del Cabo, el más pequeño de los seis en los que está dividida la Tierra (sólo tiene 90.000 km2, el tamaño de Portugal). En el fynbos, que ocupa la mitad de esta zona florística, es donde se concentran la mayoría de las especies (la diversidad de este matorral es una de las más altas del mundo, con 7000 especies, 5000 de ellas endémicas).

Es un matorral que no alcanza gran altura (1-3 m altura) en el que se mezclan distintos tipos de plantas con diferentes formas crecimiento. En el matorral más típico (fynbos de proteas) son dominantes las especies de la familia de las proteáceas (una de las familias de plantas más importantes del Hemisferio Sur), con hojas anchas y una floración espectacular, con flores agrupadas en densas inflorescencias. Destacan los  géneros Protea (aquí viven 69 especies de las 112 que hay en todo el mundo) con P. laurifolia, P. eximia, P. cynaroides (la protea rey, es la flor nacional de Suráfrica); Leucadendron, con L. saligna, L. argenteum (árbol de plata, la única especie de porte arbóreo del fynbos) y Leucospermun. Junto a ellas, son abundantes y muy diversas las  ericáceas de hojas pequeñas, estrechas y enrolladas (brezos).   El género Erica (con 526 especies de las 740 de todo el mundo) es el que presenta mayor diversidad en estos matorrales, llegando a ser el dominante en grandes áreas (fynbos de ericáceas), generalmente en las zonas montañosas. Dentro de los arbustos también encontramos rosáceas como Cliffortia y una gran diversidad de géneros de asteráceas. Dentro de las herbáceas son muy características las restionáceas, hierbas perennes junciformes (tallos fotosintéticos con hojas muy reducidas) con una gran diversidad (310 especies de Elegia, Restio…); y muchas bulbosas (esta es la flora más rica del mundo en geófitos, con 1400 especies) como las liliáceas (Lachenalia…), las iridáceas (Gladiolus, con 96 especies de gladiolos de las 160 que hay en el mundo) o las orquidáceas  (Disa…).

El fynbos es un ecosistema caracterizado por la gran importancia que tienen los fuegos periódicos en su mantenimiento, incluso mayor que en otras zonas mediterráneas. La mayoría de las especies necesitan los incendios para su propagación (pirófitos), y muchas semillas sólo pueden germinar si se exponen al fuego. Entre las proteáceas es muy común la retención de las semillas en los frutos esperando los incendios (por este motivo las cabezuelas florales perduran mucho tiempo sin marchitarse y se utilizan para hacer arreglos florales). Por lo tanto, una gran parte del banco de semillas se encuentra almacenado en las copas de los arbustos esperando al momento adecuado para la germinación. Esta característica de perdurar las semillas en los frutos más de un año y que estos se abran con el fuego se denomina serotinia (también es muy común en las piñas de los pinos mediterráneos). Otras muchas plantas de estos matorrales (se calcula que hasta el 30%, entre ellas muchas de las restionáceas) producen semillas que son almacenadas por las hormigas en los hormigueros y así se protegen del fuego (la dispersión de las semillas por las hormigas se conoce como mirmecocoria, y está favorecida por la existencia en las semillas de unos apéndices carnosos denominados eleosomas, generalmente ricos en aceites, que son consumidos por las hormigas mientras que la semilla queda oculta y dispuesta a germinar).

Los terrenos sobre los que se desarrolla el fynbos son arenosos y muy pobres en nutrientes. Cuando los suelos de esta región son más arcillosos y fértiles, en las zonas donde se conserva la vegetación natural (pues estos suelos han sido tradicionalmente cultivados) se desarrolla un matorral distinto a los anteriores y que se conoce como renosterveld. Este matorral, de poca altura y con hojas pequeñas, está dominado por las asteráceas (margaritas), especialmente por una especie, el Elytropappus rhinocerotis (renosterbos) que es la que da nombre a la vegetación. Es también muy rico en geófitos y hierbas, mientras que las plantas más características del fynbos (proteáceas, ericáceas y restionáceas) son escasas. Es un ecosistema donde antiguamente eran más extensos los pastizales, un tipo de matorral-sabana de clima mediterráneo, donde vivían muchos de los grandes mamíferos africanos (búfalos, elefantes, rinocerontes, leones, hienas, guepardos,..), de los que hoy sólo quedan unos pocos representantes (cebras, leopardos). Esta fauna de grandes mamíferos sólo se encontraba en el renosterveld y no en el fynbos.

El fynbos es uno de los más importantes centros de biodiversidad del planeta. Se calcula que hay unas 1700 especies vegetales en peligro de extinción debido, sobre todo, a que muchas de ellas tienen una distribución extremadamente localizada y cualquier problema o afección en  su territorio (cultivos, urbanismo…) puede ser irrecuperable. Hoy en día el mayor peligro proviene de la extensión de especies de plantas invasoras (acacias australianas).

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Mallee: Vegetación Mediterránea de Australia.

Foto Mallee. Fuente: Trevor’s Birding

AUSTRALIA

En Australia la vegetación bajo clima mediterráneo aparece en dos pequeñas regiones litorales, una en el suroeste (zona de Perth) y otra en el sur (zona de Adelaida), separadas por una extensa zona de sabanas y semidesiertos subtropicales. Esta vegetación recibe el nombre genérico de mallee (que procede de la denominación dada por los aborígenes australianos a la vegetación leñosa muy ramificada desde el suelo) y está formada por bosques bajos (menos de 10m de altura) y matorrales altos, dominados generalmente por los eucaliptos (Eucaliptus es un género con centenares de especies muy característico de los bosques australianos) y, a veces, también por las acacias (Acacia) o las melaleucas (Melaleuca). El mallee es un matorral más o menos abierto y luminoso, pues muchos eucaliptos tienen las hojas adultas lanceoladas y en disposición vertical. Suele presentar una apariencia muy uniforme y de color verde grisáceo debido al predominio de los eucaliptos, aunque en el matorral se encuentran representadas  docenas de familias y miles de especies. El mallee del suroeste de Australia es el que presenta mayor diversidad (5500 especies) con una alta proporción de endemismos (70%).

Además de los numerosos eucaliptos, como Eucaliptus diversifolia, E. lehmannii, E. ficifolia, E. marginata (jarrah)…, son abundantes otros arbolillos y arbustos también pertenecientes a la familia de las  mirtáceas como las melaleucas (Melaleuca lanceolata, M. alternifolia…) y los callistemos (Callistemum citrinus…) caracterizados por una floración muy llamativa y por presentar frutos que persisten varios años en las ramas. También presentan floración espectacular y frutos persistentes adaptados a los incendios (serotinia) muchas especies de proteáceas (abundantes en los suelos arenosos y pobres),  que aquí están representadas por otros géneros distintos a los surafricanos, como  Banksia, Hockea, Driandra…  

Juan Pedro Zaballos

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Comentarios

Juan Pedro, creo también puedes incluir a los encinares localizados en la costa del Golfo de México. Con QQ. sororia, oleoides y glaucesens. Sobre suelos rojos y amarillentos pseudogley con abundancia de gravosas cuarzosas, con gneis y esuiqstoa. Parecen ser relictos de la última glaciación. Que he observado en Tamaulipas, Veracruz y Tabasco. Contrastan en Veracruz y Tabasco con la cercanía con la casi extinta selva alta perenifolia (Hernandez y Miranda) de Terminalia amazonica.
juanjo incluyó una fotografía de un paisaje común en la serranias de la mesa central mexicana. En ocasiones, la dominancia de encinos de origen antropogénico, debido a la extracción de Pinus, originalmente asociados al encino. Que por cierto en una reunión con un representrante del Banco Mundial,un rebusnante Ingeniero Forestal, calificó a estos útlimos y otras no pinaceas como malezas. Lamentablemente por estos lares es casi un credo para muchos.

Régulo, como se aprecia que reconoces bien los paisajes. :) . Pudiera ser que exista un bosque más monoespecífico de lo que debiera ser sin intervención humana. Empero lo mismo pasa en la mayor parte de los bosques de encinas en la Cuenca Mediterránea, como mínimo. Hablamos de paisajes, no de bosques pristinos.

De hecho la zona no estaba descrita como mediterránea, empero viendo los datos meteorológicos, a mi personalmente, no me cabe la menor duda. Todos los ambientes mediterráneos que yo he llegado a conocer se encuentran en mayor o menor medida modificados por el hombre.

Por otro lado, yo “no me creo” en las especies de encinas actuales, más que como consenso entre botánicos. En el género Querus, todas las especies hibridan con otras próximas. Las barreras géneticas a la especiación son francamente endebles. De hecho, algunos botánicos como Van Lanen, en los “años 70″ defendía que debería haber taxa sin especies (léase aquí solo géneros. La experiencia española es muy similar.

saludos Cordiales

Juanjo

Junajo eso ya pasó entre los platanos y bananos, del genero Musa y posteriormente entre los aguacates o paltas del genero Persea. Que en lugar de especie le ponen unas X (equis) que para los no iniciados es un quebradero de cabeza, porque solo lo conocen los especialistas. Tengo idea de que hay muchas familias con problemas similares. Una de ella es labiatae. Menudo problema nos espera a los que tenemos que identificarlas en el campo y a veces no tenemos acceso a los herbarios especializados.

Gracias Juan Pedro por escribir un artículo tan interesante. Al vivir en España siempre me han llamado mucho la atención todas las plantas mediterráneas procedentes de lugares alejados de “Nuestro Mar”. Ahora tengo una visión de conjunto de la vegetación mediterránea de la que antes carecía. ¡Bravo!

me gusto

Esto es demasiado largo y cansa leerlo, podrian directamente poner la flota y la fauna, así no cansa tanto.
Besitos gracias……..

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- Andre

holaa te queria agradecer todo este aportee me salvaste el pellejo ya q tengo q entregar un tp sobre biomas y ya tengo la informancion sobre el mediterraneo sos una masa loco valoro mucho tu laburoo..
graciassss

muchas gracias!!
muy bien explicado..

saludos desde chile!

hola necesito saber como influye la lluvia en la perdida de retoño de las hojas de los arboles caducifoleos no lo encuentro en ningún lado porfa ayúdenme

ola me puedes decir algo sobre BOSQUE SABANOIDE, caracteristicas puede ser.

Qué bien explicado está!! Me parece una recopilación bastante sintética con las carácterísticas ecológicas y las especies clave. Enhorabuena y gracias.

Es agradable encontrar profesionales tan internacionales

muy buena info, pero no encontre la temperatura, pero muy bien explicado.

super bueno

muchas gracias por ayudarme con mi trabajo de los biomas

Juan J.

Muy clara, descriptiva, y amena es tu descripción de los ambientes mediterráneos actuales modificados antrópicamente de la amplia geografía que conoces, incluido mi bello país, CHILE.

Atte.
Jorge

[...] Bioma Mediterráneo: El Bosque y Matorral Mediterráneos (El Chaparral) [...]

ayudaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa quiero saber cual es la importancia en los matorrales espinosos en los ser humanos…
Diganme siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

esta re pero re bueno

el medioterrano esta impresionante y muy verdadero gracias

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