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Suelos, especies silvestres y especies ganaderas en las dehesas mediterráneas y bosques sabanoides

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Suelos, dehesas, ganado  y  cigüeña blanca: Fuente: Colaje Google imágenes

Ya hemos hablado acerca de las dehesas mediterráneas en multitud de ocasiones precedentes, por lo que no volveremos  repetirnos acerca de la belleza y bondades de estos sistemas agrosilvopastirles (ganaderos, forestales y agrarios), típicos de la gestión del territorio del Oeste de la península Ibérica. Digamos simplemente que se trata de bosques aclarados con fisionomía sabanoide, y en cuyos claros medra los pastos, que actualmente consumen las especies ganaderas domésticas o el toro bravo Ibérico, y que tradicionalmente también atesoraban parcelas para el cultivo, a menudo cambiantes al objeto de evitar o paliar el embrutecimiento del pasto. Del mismo modo, el árbol ofrece madera y leña, las imprescindibles bellotas para el engorde del ganado porcino, y cuando existen alcornocales, el corcho. Tradicionalmente han disfrutado de varios tipos de pastos muy variados en función de la gestión y carga ganadera y variedad de hábitats edafo-geomorfológicos. La ganadería solía ser variada (rebaños de distintas especies en el mismo predio), cambiando también las especies en función del clima. Como ya os mostramos abajo, la cigüeña ha sido parte de los paisajes mediterráneos campesinos, colocándose en enclaves altos, como los campanarios de las iglesias. En la tradición popular, mentar que viene la cigüeña, era casi sinónimo del alumbramiento de un hijo en la comunidad. Un ave que ha causado casi siempre simpatía entre la población.  Las dehesas son especialmente frecuentes en los bosques de frondosas perennifolias del genero Quercus, ya que en climas más frescos y húmedos, los setos, y estructuras de bocage o campo cerrados, las reemplazan. Sin embargo, en las rampas de las Sierras y en contacto frecuente con las dehesas de Quercus, pueden también moldearse las de las fresnedas, bosques caducifolios que por requerir abundante humedad edáfica,  dan lugar a pastos y forrajes abundantes. Sin embargo se trata de una singularidad, como las de sabina que también he podido visitar.

La noticia que os ofrecemos hoy atesora un cierto interés,  por cuanto tiene muy en cuenta los suelos, en el caso concreto de las fresnedas, demostrando que estas aves migratorias pueden cambiar tanto la composición florística del pasto, como de la denominada calidad de los suelos. Tal nota de Prensa lleva el título de: “Especies silvestres y especies ganaderas ¿compatibles en las dehesas mediterráneas?”. Y resulta, que tal dicotomía se me antoja irritante. Discrepo del contenido de la publicación.

La dicotomía entre animales domesticados y salvajes puede dar lugar a confusiones de gran calado. Las cigüeñas llevan anidando en las dehesas secularmente, ayudando a conformar su estructura. La agricultura industrial y otras prácticas hicieron languidecer sus poblaciones durante décadas, pero el despoblamiento del campo, lo que en este país denominamos la España Vaciada, ha vuelto a reestablecer un hábitat propicio para su retorno, aunque también otras fuerzas menos amigables. Y digo retorno, ya que ellas ya habían buscado un nicho alternativo muy tóxico, aunque nutritivo, siendo especialmente abundantes en los vertederos periurbanos. En estos últimos y hediondos enclaves, ya no se otean esos nidos en lugares aislados, sino que se las detectan agregadas en grupos de varios individuos. Resumiendo la cigüeña también ha hecho, “de algún modo” a la dehesa mediterránea tradicional. En este sentido discrepo abiertamente con las conclusiones de los autores.

Por lo que respecta a los pastos, la heterogeneidad de hábitats y la gestión del ganadera , dan lugar a un mosaico de distintas comunidades vegetales, como los idiosincrásicos vallicares, majadales, etc., cada uno de ellos con propiedades del suelo diferentes. En general, no se puede defender que exista unos pastos canónicos y otros “alterados”. También la carga ganadera es otro factor muy a tener en cuenta. Si el pastoreo es escaso, los pastos se degradan, cambiando su composición otros con plantas herbáceas menos palatables, que a la postre serán sustituidas por matorrales.  Por el contrario, el sobrepastoreo degrada la cobertura vegetal dejando los suelos desnudos y a proclives a ser erosionados. Digamos también que la carga cinegética, ha dado lugar a otro tipo de dehesas, a veces exclusivas como cotos de caza.

Veamos ahora algunos fragmentos de la noticia original que comentaré, dejando la nota de prensa íntegra para el  final del post. Y así los autores (en palabras de los plumillas de la prensa ciudadana) comentan:

(…) ¿es compatible su presencia en ciertas zonas con el uso de las mismas para la ganadería extensiva? la importancia de equilibrar la presencia de la cigüeña blanca en las dehesas para evitar que sus hábitos reduzcan la diversidad florística en ciertas áreas y por tanto limiten que estos terrenos puedan utilizarse para el pastoreo.

Por lo general, las cigüeñas construyen sus nidos en pareja, siendo tradicionalmente inusual fuertes densidades en nuestras latitudes, por lo que en “condiciones normales” no alteran el ecosistema de la dehesa.  Sin embargo, las cigüeñas, como todos los seres vivos,  buscan enclaves con alimento, y  si este se produce en abundancia, la densidad de la cigüeña también.

Las dehesas son hábitats reconocidos internacionalmente por su importancia ecológica, socioeconómica y cultural ya que mantienen niveles de diversidad biológica más elevados que los bosques originales de los que proceden (…) evaluar el impacto causado por la presencia de una colonia de cigüeñas con una elevada densidad de individuos sobre algunos servicios ecosistémicos (…) cantidad y calidad de forraje (…) ciclo de nutrientes, biodiversidad (…. ) (secuestro de carbono, estructura del suelo) generados en una dehesa de fresnos (…) para su conservación, las dehesas ibéricas requieren de la  actividad ganadera, ya que el ganado o los grandes herbívoros silvestres como los ciervos son los que se encargan de mantener y perpetuar la diversidad de especies herbáceas a través del pastoreo. De ahí la importancia que la introducción de especies protegidas, como la cigüeña blanca, no altere el equilibro de vegetación que caracteriza a estos ecosistemas.

Desconozco si en este caso concreto las cigüeñas fueron introducidas, empero por lo general regresaron espontáneamente tras el declive aludido que, también ocurrió en otros lugares de Europa. Actualmente, dado su aumento demográfico, el riesgo de extinción es mínimo, por lo que supongo que también debieran serlo las normas de protección. Han vuelto, a su casa, que no introducidas por primera vez, dando pues  más valor, colaborando en la restauración, del ecosistema tradicional.

(…) en las áreas proyectadas bajo las copas arbóreas que mantenían un nido de cigüeña se produjo una reducción (….) calidad del forraje ciclo de nutrientes y biodiversidad (….), “Encontramos un incremento de los nutrientes del suelo (nitrógeno, fósforo y sodio) y de la producción de gramíneas (….) una reducción de la producción de leguminosas y de la diversidad de plantas, y por tanto una reducción de la calidad del pasto herbáceo en esas áreas. Además, la composición florística estuvo dominada por unas pocas especies altamente demandantes de nutrientes y colonizadoras”.

El objetivo de este estudio fue evaluar el impacto causado por la presencia de una colonia de cigüeñas con una elevada densidad de individuos sobre algunos servicios ecosistémicos.

Pues bien es aquí en donde no encontramos, posiblemente, con el meollo de la cuestión. Tradicionalmente el número de cigüeñas era escaso en el centro de la Península Ibérica, esparciéndose a modo territorial en los enclaves adecuados.

Veamos al respecto algunos párrafos de la página Web de Wikipedia sobre la cigüeña blanca: Las zonas de alimentación preferidas de la cigüeña blanca se componen de pastos verdes, tierras de cultivo, y humedales poco profundos. Evita las áreas cubiertas de hierba alta y arbustos (…) También existen informes de cigüeñas blancas buscando alimentos en basureros en el Oriente Medio, África del Norte y África del Sur, fuera de la temporada de cría (La cigüeña blanca se reproduce en zonas agrícolas abiertas con acceso a humedales pantanosas; construye un nido grande en la cima de árboles, edificios, o en plataformas artificiales levantadas específicamente para este propósito.(…)  El nido se construye de ramas y palos, y tiene un diámetro de (… ) las aves que no se reproducen, se reúnen en grupos de 40 o 50 durante la temporada de cría.

El comportamiento, por pareja o grupal, en el lugar de anidamiento, no parece claro y puede depender de las circunstancias. Con la proliferación de vertederos alrededor de los núcleos de población comencé  observar por primera vez las aludidas colonias, no lejos del lugar de este estudio. Cabe pues conjeturar que pudiera ser la mentada cercanía a los vertederos, la que ha dado lugar a una “sobrecarga” de cigüeñas en ciertas dehesas. De cualquier modo, la sobrecarga puede también producirse por el mal manejo del ganado, no habiendo pues diferencias entre especies salvajes y domesticadas.  Confundir sobrecarga con competición entre especies estantes y aves salvajes “introducidas” se me antoja descabellado.

En la nota de prensa, pero especialmente en el resumen del artículo original (ver al final del post) se deja patente que el impacto sobre suelos y vegetación solo ocurre bajo la sombra del arbolado, quedando el resto del ecosistema intacto. Se trata fundamentalmente de las heces de las aves, que al caer al suelo, generan un exceso de nutrientes (eutrofización) y así alteran la composición del pasto. Personalmente he observado “todo tipo” coberturas y zonas desnudas bajo la canopias arbóreas de la dehesa: Desde esplendorosas en herbáceas, hasta totalmente descarnadas, en función del manejo del ganado.

Y es que, aunque la protección de especies favorece la conservación y persistencia de las mismas; la competición por los recursos naturales puede, a veces, causar un conflicto entre los variados intereses humanos, incluyendo la gestión de la fauna silvestre, que origine impactos negativos tanto para el bienestar del ser humano como de la conservación de la fauna silvestre.

Me callo, ya que he vuelvo a sostener que en la nota de prensa se intenta mezclar el agua con el aceite. Especies silvestres y especies ganaderas ¿compatibles en las dehesas mediterráneas?. Me parece un paupérrimo ejemplo con vistas a intentar responder a una pegunta tan importante como la señalada en el título de la nota de prensa.

Siempre he sido un apasionado del mundo de las dehesas. Mi primera publicación, a finales de la década de los 70 del siglo  XX, fue precisamente sobre ellas. He leído muchos libros sobra la gestión “tradicional” de las dehesas en los últimos siglos. Esta resultaba ser muy compleja y muy variada, cambiando también en cada región. Actualmente, la mayor parte de ellas no siguen aquellos cánones, y se encuentran bastante degradadas. Más aun, las dehesas de fresnos son una singularidad, no siendo representativas del acervo campesino tradicional que involucra a las dehesas en general. Y si los enclaves se encuentran cerca de las ciudades, repletas de vertederos ricos en materia orgánica, es decir con abundancia, por no decir exceso de nutrientes…

Juan José Ibáñez

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Emisiones de CO2 de los lechos pedregosos de los Ouadi y Ramblas y cauces efímeros en los ambientes desérticos, Áridos y Semiáridos.

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Lechos pedregosos de los Uadi, Ramblas y cauces efímeros. Fotos Juan José Ibáñez

Si realmente existen lugares en las tierras emergidas del planeta en las que podamos constatar con contundencia la presencia de un Universo Invisible Bajo Nuestros Pies”, son precisamente los suelos desérticos.  En apariencia desoladora en cuanto a la vida, resulta que bajo su superficie medra de forma maravillosa. Sus suelos, tanto como la dinámica hídrica, resulta ser compleja y muy poco conocida. Del mismo modo, la biomasa subterránea tiende a ser ostensiblemente mayor bajo el suelo que la que podemos observar con nuestros pies sobre él. La vida es vida y en condiciones aeróbicas “respira”, aunque creamos que ahí abajo no debe haber nada. Aún tenemos mucho que aprender. Y hoy os lo voy a mostrar, en la medida de lo posible.

La noticia que os ofrecemos en este post da cuenta de un hecho poco conocido, aunque nosotros, y algún colega más, lo habíamos estudiado previamente desde otro punto de vista. Eso sí, podemos aseverar que sus ¿espectaculares? hallazgos son los únicos que cabría esperar. ¡No podía ser de otro modo! Pero como los cazadores de C02 se molestan mucho más en publicar que en documentarse, a mezclar datos de varios y dispares proyectos y elaborar publicaciones tuti fruti o pastiche, con decenas de autores, haciendo parecer que se trata de grandes iniciativas, cuando en realidad son meros cruces de datos, no se suelen enterarse de nada que no sea CO2, y menos aun cuando no tan siquiera suelen participaar edafólogos. En las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado, las revistas científicas, y más aún las de tipo Naure, rechazaban los trabajos con más de unos pocos autores, exigiendo una gran tijera en la autoría para publicar los contenidos de los manuscritos.  Pero hablamos de la era de la ciencia, que no de la desdichada Tecnociencia que padecemos.

Ya hablamos en profundidad a cerca de este asunto en un post presente, sin mentar el CO2: “Los Suelos de los Lechos Fluviales: Las Ramblas y los Uadi y su Biodiversidad de Plantas Vasculares”. Aprovecho para recordar que en esta bitácora se han editado algunos centenares de post, almacenados en la categoría ‘Suelos de Zonas Áridas, Semiáridas y desertificación’.

En el post previamente aludido, explicamos la problemática para un caso concreto, aunque os dará pistas acerca de lo que realmente ocurre. Del mismo modo, durante cuatro años investigué sobre el tema, por lo más adelante os mostraré las publicaciones científicas a la que dieron lugar aquellas indagaciones. Por otro lado os dejo una relación no exhaustiva de aquellos post relacionados con los suelos hídricos y humedales y esta monografía: Flora de los ríos, ramblas y humedales del sureste Ibérico y esta otra. Pero a lo que vamos (…..).

En base a esos datos de tan variadas fuentes (algún día os hablaré de este tipo de publicaciones, “aparentemente muy serias) los autores llegan a la conclusión de que las emisiones de CO2 de las zonas áridas y semiáridas se encuentra muy subestimadas, por lo que deberían ser consideradas en las simulaciones, etc. sobre el cambio climático.  Pobre bagaje para tantos esfuerzo, medios, instrumentación e número de investigadores. Parece ser que no deben dar más de sí a falta de saber (o al menos se esmeran en aparentarlo) lo que realmente es un suelo. En donde detectan grandes emisiones resulta ser los lechos gravosos de cauces secos, y sea durante el estío, ya a lo largo de varios años, como ocurre en los genuinos desiertos antes de que vuelva a diluviar. Empero no son sedimentos, sino suelos genuinos. Un investigador de la UCM dijo ya hace muchos años que se trataba de un hábitat nuevo no explorado, cuyo sustratos o sedimentos contenían fauna edáfica, es decir algún tipo de suelo que no de los representativos de los cauces fluviales típicos. Años después, otros científicos del MNCN y otros organismos llegaron con mejor instrumental a las mismas conclusiones, empero se atribuyeron el mérito sin citar al profesor de la UCM, comenzando una polémica de la que prefiero no hablar. Yo ya había comenzado de modo paralelo, mis indagaciones sobre las relaciones entre suelos y vegetación en zonas áridas, gracias al material que me proporcionó mi entrañable amigo y edafólogo, Cecilio Oyonarte, de la Universidad de Almería. La provincia de Almería (Andalucía, España) alberga la zona más árida de Europa occidental, tratándose desde un punto de vista técnico de un genuino desierto. Entre otras apasionantes conclusiones, no llegaba a entender como justamente en ese “punto supercaliente” (Desierto de tabernas), podían albergarse casi el 50% de las comunidades vegetales ligadas a suelos encharcados (comunidades higrófilas), cuando aquel tórrido, aunque hermoso paisaje, parecía demostrar, sin duda alguna, todo lo contrario. ¡Falsa impresión!. ¿Qué ocurría allí? No tuve más remedio que volver acompañado de otro experto en flora, Juan Pedro Zaballos del Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá de Henares.  En Almería Cecilio y yo nos reunimos con Javier Cabello, botánico también, fitosociólogo, y compañero de la Universidad de Cecilio. Al día siguiente se nos unió el entrañable José Luís González Rebollar bioclimatólogo y botánico. Ya en el campo les expliqué mis tribulaciones. José Luís me llevó a una Rambla o Oadi, muy cerca de donde comenzó a encumbrarse la carrera del actor y director  Clint Eastwood, con los numerosos “sphaguetti Western” que allí e rodaron. Y sí me deslicé hacia una rambla, aparentemente seca, recorriéndola no más de 1 kilómetro. Tras un recodo por el lecho fluvial, topé con una zona densa que albergaba pastos verdes, cuando de pronto, deambulando en el lecho pedregoso” observé que brotaba un manantial, el agua corría, súbitamente se encharcaba para luego volver a correr y ser abducida en el propio lecho. Al seguir mi andadura, tras oro recodo del río, volvía a aparecer el más que árido desierto. Una gran variedad de microambientes daba lugar a pequeños mosaicos de vegetación ricos en especies y muy contratados fisionómica y florísticamente. ¡Era cierto! No explicaré aquí las causas, pero sí que su origen procedía de una tectónicas activa con roturas jalonadas de los freáticos. Empero volví a leer relatos semejantes en otros lares del planeta. La vida bulle allí aunque aún resulta prematuro ni promediar estimas ni generalizar con contundencia. Debemos tener presente que el clima, y por tanto las precipitaciones en los ambientes áridos varían de una forma brutal. No se puede encontrar lo mismo tras lluvias que aparecen en medio de decenios en los que apenas caen unas gotas, al menos en ciertos enclaves de Tabernas y otros desiertos.   Es decir, la variabilidad en el régimen pluvial deviene en que o se toman medidas durante muchos, pero que muchos años, cuando no decenios, o resulta imposible obtener estimas dinas de ser consideradas científicamente.

Sin embargo tampoco debemos olvidar que bajo los suelos desérticos pueden o no existir capas freáticas hasta las que logran penetrar las plantas adaptadas con raíces que superan la decena de metros. Donde hay agua hay vida y por tanto se emite C02, pero a pulsos, no de forma continua, excepto en aquellos puntos en los que afloran los manantiales de la capa litológica que albergaba o enterraba el susodicho nivel freático, también fluctuante.  Empero ya que hablamos de CO2 y los hombres y mujeres de poca fe pensarán que me he desviado del tema, aunque no es así, os narraré una historia que me mentó Cecilio, sobre las emisiones de Co2 en Almería, cerca de Cabo de Gata en donde ubicaron instrumental sofisticado con vistas a cuantificar las emisiones de este gas de invernadero.

Paro hablando de sedimentos, en la nota de prensa puede leerse: “A más sustrato disponible, más materia orgánica en el suelo, y cuanto más favorables sean las condiciones como la temperatura y la humedad del sedimento, más activos estarán, liberando una mayor cantidad de dióxido de carbono (..) los investigadores concluyeron que los factores responsables de la liberación de dióxido de carbono son esencialmente los mismos en todo el mundo. “La interacción de las condiciones locales como la temperatura, la humedad y el contenido de materia orgánica de los sedimentos es crucial, y tiene una mayor influencia que las condiciones climáticas regionales” (…). Por supuesto, cuando más espeso es un suelo, es decir más profundo, tanto más carbono “edáfico” albergará, debido a la actividad biológica de la vegetación, así como del mayor número de organismos que componen la microflora y microfauna edáfica.  Se trata de una conclusión a la que llegaría un estudiante tras cursar su primer curso de edafología. ¿Novedad?. ¡Mejor no digo nada!.  Dado que en estos cauces no curre mucha agua (atrde mal uy nunca), con la salvedad de las riadas e inundaciones tras imponentes tormentas que acecen por horas o pocos días, a menudo, después de muchos años o decenios de sequía, sospecho que los autores del estudio deben contemplarlos, no como redes por donde de vez en cuando corre el agua, sino como tenebrosas redes de emisiones de gases con efecto de invernadero. ¡Jesús!. ¡Solo se ve lo que se sabe!.

La Pedo-flatulencia árida y semiárida.

Meses antes…….

Ya sabéis que edafodiversidad en castellano se traduce al Suajili por pedodiversidad, y al menos en España tal vocablo resulta ser escatológico, generando las carcajadas del personal. Y si hablamos de emisión de gases……

Meses antes de mi encuentro con Cecilio, había asistido a un Congreso de Fractales en donde en una de las conferenciantes se ofrecía resultados justamente de esas parcelas y otras. Hablamos más o menos de Cabo de Gata (Almería, España). Conforme a la cnferenciante aludida, se habían estimado las emisiones de cantidades anormales de Co2. Extrañado le pregunté de donde procedía tanto Co2. A lo que me contestó que ellos sospechaban de los sustratos geológicos profundos (Cabo de Gata resulta ser un antiguo volcán submarino emergido, coronado por una capa o estrato de origen margas de coralino). Debido a que su respuesta me extrañó mucho, le volví a replicar: ¿Por qué no de los carbonatos del suelo?. La respuesta de la interpelada me dejó atónito: “Es que las calizas son muy duras como para alterarse tanto en poco tiempo. Y ahí cerré la boca so pena que se montara un lio mayúsculo. Ella no tenía ni idea de lo que era un suelo, como también me temo que los autores del estudio de la nota de prensa que os muestro abajo. No es el momento de discutir sobre los carbonatos, pero, por ejemplo, ¿sabéis lo que son los pseudomicelios de carbonatos?. Se alteran emitiendo CO2 con extrema facilidad. En fin….

Le comenté este episodio a Cecilio, se río mucho y me espetó algo así “Lo que si hemos observado en esas parcelas  son súbitas, breves pero virulentas emisiones de Co2. Y continuó con una frase más o menos de la siguiente guisa:…..” tras rachas de viento fuertes que parecen expulsar CO2 del suelo al llegar el aire”. Tengo una conjetura sobre este asunto, pero me la reservo por falta de evidencias.

Cecilio te burlas de la edafodiversidad, pero investigas la pedoflatulencia: jajajaja, reímos con ganas durante algún tiempo. Pues bien,  eso se trata de una investigación sobre pedoflatulencia, aunque los autores lo ignoren. ¿¿??.

En fin…. “solo se ve lo que se sabe”. Y sabemos muy pero que muy poco, para hacer avaluaciones, “espacializarlas” en todas las condiciones y tipos de ambientes de Gaia, incluyendo las aguas freáticas, frecuencia de las lluvias que dan lugar a estos fenómenos,  etc. etc. Hay tantos papers de esta guisa que siento pena, y eso que han intervenido decenas de cabezas pensantes.

Juan José Ibáñez

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Protistas del Suelo y Videojuegos

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Colaje: Fuente: Google Imágenes

 ¿Sabéis lo que es el Pac-Man?…. Y ¿Qué son los Protistas?. Según este estudio los segundos se comportan como los elementos de aquel primitivo videojuego.  Pululan por la matriz del suelo engullendo microbios y organismos más pequeños. Es decir los autores del estudio que os mostramos hoy constatan la manoseada frase darwiniana de que “el pez grande se come al chico?. Francamente no he leído frase más espuria desde hace mucho tiempo. Y así comenzaba la nota de prensa sobre la que versará este post, por lo que pasé a leer por encima el artículo original. Obviamente, ninguna mención al Pac-Man (la mente calenturioanta del púmillas). Veamos cómo funciona este entramado de “publicaciones salami”, haciendo uso de instrumental sofisticado, en este caso relacionado con la secuenciación genómica que, precisamente no aporta mucho a la taxonomía, en mi modesta opinión. Empero no saber de estas últimas ni del objeto de estudio no importa últimamente demasiado en esta lamentable Tecnociencia en la que se ha convertido la indagación investigadora. Pero reitero que leáis por favor en qué consisten esas denominadas publicaciones fragmentadas o Salami. Como investigador sé muy bien de que hablo y lamentablemente es una práctica bastante común. Ahora bien, darle al instrumental oneroso y sofisticado, para publicar varias artículos como este, uno para bacterias, otro para hongos y por ejemplo este: “La piel de la tierra es el hogar de protistas parecidos al Pac-Man”, si bien dicen poco más, se me antoja lamentable. Pero el problema no termina ahí. Entre los escasos comentarios que los autores vierten, se constatan muchas imprecisiones que convierten las conclusiones tanto en confusas como en confundentes. Pongamos algunos ejemplos.

Se dice, traducido al español castellano: “El mejor predictor de qué tipos de protistas existen en una muestra es la precipitación anual en el sitio. Esto puede parecer intuitivo porque los protistas dependen del agua para moverse”…. Y yo de mis pies para andar.  Tanto las bacterias como una inmensa cantidad de invertebrados del tipo de los tardígrados, nematodos, rotíferos, etc., son también taxones acuáticos. También dentro de los nematodos, por ejemplo, los rabditidos deambulan por la matriz del suelo ingiriendo microorganismos, si bien existen muchos más taxones, por supuesto. De hecho, se sabe mucho más de los protistas que lo que los autores desean que el lector considere. En consecuencia sobre la siguiente frase: “Como parte de un proyecto más grande para comprender todos los microbios en el suelo”, desde luego siguiendo esta línea de investigación, defiendo que ¡va a ser que no!, sino todo lo contrario, “vamos para atrás como los cangrejos”. Del mismo modo, discrepo abiertamente de este otra aseveración: “Identificar millones de protistas minúsculos en el suelo solía ser imposible, pero la tecnología desarrollada recientemente para clasificar protistas en función de su código genético permite caracterizarlos a gran escala.. De hecho la imposibilidad estribaba en que la taxonomía, desgraciadamente es otra disciplina actualmente considerada marginal, por lo que el número de expertos desciende en cada grupo taxonómico y especialmente, los que permanecen en activo, son tan escasos que pueden contarse con los dedos de una mano. Y que decir si algún insensato solicita financiación para obtener proyectos subvencionados de tal guisa. Ya podéis imaginaros, ni un centavo, salvo contadas excepciones. Empero estas técnicas de secuenciación masiva s.l., así como la obsesiva creencia que con instrumental sofisticado se soluciona todo, darán a muchos lectores la sensación del poderío tecnológico, de grandes logros y otras sandeces. Sin embargo, nadie puede enumerar rigurosamente cuantas especies biológicas en sentido estricto existen. Una cuestión es la variedad genética que se encuentra en el suelo de un taxa y otra bien distinta su número de especies.  El problema suele complicarse dada la falta de genomas de referencia del material genético (y su variabilidad inter e intra-específica) de tantos grupos taxonómicos casi todos los cuales engloban cientos o miles de especies conocidas. Y podría seguir y seguir……

Lo más pernicioso de este tipo de estudios estriba en que dan la impresión de que se progresa mucho mediante la tecnología, cuando en realidad no pasa de ser como “matar malamente moscas a cañonazos”. Primero el aprendizaje del conocimiento previamente adquirido, seguidamente la reflexión de cómo puede mejorarse  mediante las nuevas tecnologías. Empero da la impresión de que los autores se han saltado el primer e imprescindible requisito “conocimiento”. Dicen también haber muestreado 46 muestras de suelos de seis continentes. ¡Impresiona! ¿Verdad?. Empero tan hecho significa no más de ocho muestras por continentes, mientras la cantidad de hábitats y suelos, en cada uno de ellos es superlativamente mayor.  Como corolario cabe dudar de la densidad del muestreo y de su representatividad. Otra frasecita que me hace temblar “la acidez del suelo, en lugar de la precipitación, es lo que generalmente predice qué bacterias y hongos hay en el suelo”. Eso ya lo sabíamos desde hace decenios y algunos de los autores del presente estudio se aferraban a sus chupetes. En donde la acidez del suelo es mayor la razón hongos/bacterias tiende a crecer ¿vale?. También existen muchos Protistas que soportan el déficit hídrico y, con las más variadas estrategias, por lo que no van haciendo ñam-ñam a su alrededor. Me temo que o estos investigadores saben muy poco de biología del suelo, o intentan aparentarlo a toda costa.

En fin prefiero parar aquí, y ellos que sigan con sus intrascendentes de “publicaciones salami” en la línea de laTecnociencia. ¿Qué Dios nos pille confesados”. Quizás sus aserciones a nivel geográfico tengan algun valor, pero solo si son corroboradas desde distintas perpectivas. ¡así solo no!

 Juen José Ibáñez

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Suelos, Arqueología, Paleontología y Cartografía Predictiva

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Artefactos de valor cultural enterrados bajo el suelo. Fuente: Colaje Google Imágenes

Ya os informamos en algunos post previos (ver relación abajo) como, al preservar los suelos, también lo hacemos con el patrimonio biológico, geológico y cultural. Si bien el primero de ellos es ya motivo de interés por parte de la comunidad científica, no ocurre lo mismo con el segundo y tercero. El estudio de la preservación de los suelos, como parte indisociable del patrimonio geológico, resulta ser lamentable y especialmente, en este caso concreto, las responsabilidades deben recaer sobre la propia comunidad científica.  En años 2019 publiqué dos artículos en revistas importantes (detesto el vocablo “excelencia”) sobre el tema, por lo que actualmente debo ser un tanto odiado por los expertos en geodiversidad. Tan solo mentar que debía hacerlo y lo hice, por el bien de todos de ellos, como también de los edafólogos. Esperemos que alguno aprenda la lección y se recapacite sobre el tema.

Por lo que respecta al patrimonio cultural/arqueológico/paleontológico que se esconde en el suelo y regolito, el tema es más complejo, ya que previamente los arqueólogos deben interesarse por los conocimientos de los edafólogos e incorporarlos a su equipo. También pudiera ser que expertos en las ciencias del suelo avezados las materias mentadas, descubran en sus trabajos de campo algún resto del pasado en los suelos e informen oportunamente a los arqueólogos. Empero este último caso debe ocurrir en un menor número de ocasiones, ya que muchos de nosotros o (i) no tenemos estudios sobre arqueología y paleología y (ii) nos podemos topar con tales tesoros al excavar zanjas y calicatas, es decir justamente cuando estamos alterando/destruyendo ese antiguo y potencial preciado material en la secuencia. Hablamos de restos culturales y paleontológicos de toda índole, desde artefactos culturales hasta restos funerarios y orgánicos de la más variada naturaleza. Es de esperar que en un futuro todos los edafólogos de campo dispongan de sensores sobre el terreno que nos informan antes de excavar si podemos encontrarnos materiales inesperados, debiendo de realizar la tarea con sumo cuidado. Hoy por hoy su precio es prohibitivo para la mayoría de los colegas.

En lo concerniente al patrimonio cultural, personalmente si he sido testigo de campo de varios estudios interesantes (al margen de alguna que otra publicación teórica), si bien, hoy por hoy es prácticamente terra incognita. La razón estriba en la falta de formación de los edafólogos para participar en estudios transdisciplinares, así como por el desconocimiento de lo que podemos aportar a las materias mentadas. Sin embargo, hoy os presento un caso un tanto idiosincrático.   En esta ocasión no hablamos de nota de prensa sino de un artículo científico original realizado por colegas que yo conozco: “Predecir la preservación de artefactos culturales y materiales enterrados en el suelo. La aportación se encuentra redactada en inglés, permitiéndome traducir al español-castellano el resumen, así como los ¡¡reflejos!!. También cabe señalar que el documento original se encuentra en acceso abierto y podéis adquirirlo sin costo alguno. Por ejemplo, los autores mentan: ““Este estudio identifica las propiedades del material y del suelo que afectan a la preservación, relacionándolas con los tipos de suelo; evaluando sus capacidades de conservar huesos, dientes y conchas, materiales orgánicos, metales (Au, Ag, Cu, Fe, Pb y bronce), cerámica, vidrio y evidencias estratigráficas. La preservación de Au, Pb, así como la de cerámica, vidrio y fitolitos es buena en la mayoría de los suelos, pero las tasas de degradación de otros materiales (por ejemplo, Fe y materiales orgánicos) se encuentran fuertemente influenciadas por el tipo de suelo.

Conozco bien al primero de los autores, Mark Kibblewhite, y francamente no confraternizamos precisamente, sino que más bien guerreamos y mucho, pero hace años.  Todos los investigadores firmantes, o son edafólogos, o se encuentran más cerca de tal actividad que de las que conciernen a los restos del pasado. Pero Mark, en su momento, demostró ser muy astuto, aprovechando la ocasión de participar en el Buró Europeo de Suelos para poder “empoderarse” de la cartografía digital y bases de datos de suelos de toda Europa, aun no publicadas por aquél entonces. Por tal razón, puede entenderse el término “predictivo” de la frase que ya he reproducido. Debido a que diferentes los tipos de suelos preservan mejor o peor ciertos restos arqueológicos que otros, el mapa que habíamos hecho centenares de edafólogos le permitió realizar este ensayo metodológico. Más aun, como apenas existe bibliografía al respecto….. Hubiera sido deseable la participación de paleontólogos y arqueólogos pero, por la razón que fuera, no sucedió.

Con independencia de mis dudas sobre el poder predictivo de la metodología que relatan los autores, existen sentencias muy generales y de interés que pueden ser de interés para muchos de vosotros. Sería deseable que comenzáramos a formar expertos en el tema, para lo cual habría que contar con los de las otras disciplinas mentadas.

Juan José Ibáñez

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La Biodiversidad Oscura que nos rodea

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Fuente: Colaje Imágenes Google

¿Materia oscura?, ¿Energía oscura?. ¿Sabéis lo que son? ¡Supongo que sí!. Los cosmólogos y otros expertos que vagabundean por ese interminable universo tienen sobradas sospechas acerca de que la mayor parte de la materia y energía que son visibles a nuestros instrumentos y observaciones tan solo nos ofrecen una pequeña muestra de la que allí se alberga. Es decir, debe existir mucho más de lo oscuro o invisible que de lo visible, de lo no observable que de lo observable. Ya emplee el término biodiversidad oscura, pero desde otra perspectiva, y el vocablo no quedaba bien parado. Empero esta vez lo usamos para otros fines bien distintos. Bien podíamos ampliar la expresión y hablar de una biodiversidad oscura hacia las profundidades de la Tierra, parafraseando a Julio Verne.  ¿O por qué no? apelar a la marca de esta bitácora. Un universo Invisible bajo nuestros pies.

La noticia que vamos a mostraros hoy, nos habla de un estudio que dice constatar justamente de lo que vamos a hablar hoy. Es decir nos informa que existe, al menos, tanta diversidad microbiana (bacterias y arqueas) bajo los fondos oceánicos que en la superficie terrestre, aunque de hecho se ha detectado, en algunas muestras, que sigue persistiendo hasta al menos varios kilómetros de profundidad, por lo que no cabe despreciar la posibilidad de que de hecho sea mayor la oscura que la visible. Jugando, sin más pretensiones, con los vocablos, también se nos “escurre” apelar a los pomposos términos de microbiomas globales, unos oscuros, otros visibles, empero los cuerpos de los animales pluricelulares se encuentran repletos de otra biodiversidad oscura. En fin…. Es una lástima que no se proporcionen datos de biomasa, ya que podrían hacerse comparaciones con la materia y energías oscuras del universo.

Los físicos teóricos saben que hasta no se comprendan estas materias y energías oscuras, padeceremos de serias limitaciones con vistas a una mejor comprensión del cosmos. ¿No nos ocurrirá lo mismo a nosotros con la biodiversidad?. Justamente acabo de publicar un “paper” en el que analizo una ley propuesta en el ámbito de la geografía y análisis geoespacial según la cual los objetos pequeños son mucho más abundante que los de mayor tamaño siguiendo una ley potencial, quizás fractal, o al menos de las denominadasdistribuciones de colas largas”. También ocurre lo mismo, con las partículas del suelo, el tamaño de poros, agregados edáficos, los organismos edáficos etc. Sería discutible/debatible aquello de que “lo pequeño e hermoso”, pero no que es abrumadoramente abundante.

Resumiendo  hablamos de preservar la biodiversidad cuando ni tan siquiera conocemos la mayor parte de la misma. Y si recogemos de nuevo el reto al que se enfrentan los físicos teóricos “padeceremos de serias limitaciones con vistas a una mayor comprensión del sistema biogeosférico”, llamados por algunos Gaia.

Hemos defendido en esta bitácora que los sedimentos/suelos oceánicos (sin limitaciones de profundidad) deberían considerarse suelos (ver relación de post abajo). Si algún día es aceptada esta propuesta, no cabría duda de que la biodiversidad del suelo sería más abundante que la aérea o de la que deambula en la hidrosfera. Leer la noticia y que a mucho de vosotros os resultará sorprendente.

Algunos post previos relacionados con el tema

¿Deben Considerarse como Suelos los Sedimentos de los Fondos Oceánicos?

Biodiversidad de los Fondos Oceánicos y Diversidad de Hábitats (Xavier Ábalo)

La Vida: ¿Cáncer de la Geosfera?

La Vida en las Profundidades de la Tierra: Organismos llovidos del Suelo

Juan José Ibáñez

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Mapa de Secuestro Potencial de Carbono de los Suelos del Mundo (Comienza el proyecto)

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Mapa de secuestro Real  del carbono de suelo, el potencial es el objeto de este post como señala la figura Fuente: FAO, GPS.

En 2018, la FAO y GPS lanzaron el primer mapa mundial de secuestro de carbono por los suelos. Fue un primer paso hacia adelante. Sin embargo, padecía de numerosas incertidumbres debido a la diversidad de las fuentes, protocolos analíticos, disparidades en densidad de muestreo, lagunas geográficas sin datos, etc.  Siempre he defendido que el contenido de carbono en los suelos varía rápidamente, ya sea por su manejo, ya por ciertos desastres naturales, etc. En consecuencia, lo que realmente interesa no es una foto fija de lo que en realidad es una película (acción en movimiento). Por lo tanto, este tipo de cartografías, como la de los usos del suelo, por ejemplo, son ilustrativas, pero su validez es efímeras a la hora de hacer uso de ellas tras varios años de su publicación. Del mismo modo, una cuestión es evaluar lo que hay actualmente y otra bien distinta la capacidad de los suelos del mundo para secuestrar carbono bajo diferentes escenarios de usos agrarios, cambios climáticos, nuevos procedimientos de gestión, y la preservación de la naturaleza. Un mapa potencial nos puede informar de cómo, donde y cuando, se puede aumentar el almacenamiento de carbono, en distintos escenarios. En Consecuencia la Alianza mundial del recurso suelo, o GPS, acaba de lanzar un proyecto mucho más ambicioso en todos los sentidos. La Frase que he recogido abajo lo explica casi perfectamente: “Con la publicación de las especificaciones técnicas y las directrices del país, ha comenzado el desarrollo del Mapa de potencial de secuestro de carbono orgánico del suelo global. El GSOCseq simula las existencias de COS durante un período de 20 años en tierras agrícolas y cuantifica el potencial de secuestro. Se trataría de un producto valiosísimo que acabaría con la disparidad de cifras ¿reales?, así como con las predicciones más que dudosas que se extraen, a partir de ellas con modelitos numéricos, muy abundantes en la literatura científica. Reiteramos que se trata de productos de simulación en base a bases de datos deficientes para estos menesteres. Hablamos pues de verdaderos cimientos con vistas a la planificación futura de los usos de suelos sostenibles y el almacenamiento que podría obtenerse a escasa mundial en lo que a la materia orgánica del suelo respecta. Va a llevar su tiempo. Pero está vez merecería la pena. Como decimos en España,  ¡No por mucho madrugar amanece más temprano!. No he encontrado apenas información, por lo que me veo obligado solo comentar esta iniciativa que acaba de comenzar. En la paginas Web que os proporciono abajo podéis seguir su elaboración y posiblemente participar. A fecha de hoy no puedo decir más. Empero como critico más que alabo, esta vez es de rigor aplaudir la iniciativa si se lleva a cabo correctamente. Ya veremos…. El problema,  para los expertos estribará en entender  y elegir protocolos y variables estandarizadas con gran poder predictivo, partiendo de un muestreo sea muy completo y no solo en número de muestras por unidad de área, sino también que incluya todo el perfil del suelo y no exclusivamente ¡los centímetros superficiales! del mismo (problema lamentable que tradicionalmente  arrastramos desde hace decenios y difícil de erradicar). Por ejemplo, la textura del suelo, la naturaleza del material a descomponer/humificar condicionan también fuertemente la capacidad de secuestro de carbono. Y tan solo cito dos variables entre otras. Un muestreo bien hecho pero deficiente en las variables seleccionas nos retrotraería a los modelitos numéricos que solo atinan si la información suministrada es pertinente y suficientemente completa. De no ser así, nuestro gozo en un pozo. Veamos que deciden lo expertos, tanto más cuando su elección se encuentra fuertemente politizada en este tipo de Instituciones Internacionales.

Ver: Boletín de la Alianza Mundial por el Suelo No. 29, 30 de septiembre de 2020.

Juan José Ibáñez

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Bacterias de la rizosfera ofrecen biopesticidas naturales

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Fuente: Colaje Google imágenes

 Buscar biopesticidas que erradiquen el uso de plaguicidas sintéticos y sus dañinos efectos en el medio ambiente es una actividad científica digna de encomio. Hay que seguir avanzando en esa dirección. Utilizar mutantes de algunos microrganismos (mediante la ingeniería genética) que han demostrado a menudo ser riesgo para la salud humana, como mínimo se me antoja peligroso.  Ya conocemos el flujo horizontal de genes y la “promiscuidad” de estos organismos para intercambiarse material genético. Si el bichito mutante se cruza con otros naturales, tarde o temprano, se corre el peligro de que vuelvan a adquirir la patogenicidad. Vuelvo a recalcar que temo a los “tocagenes” y más aún cuando las industrias se encuentran involucradas en las indagaciones, como parece ocurrir en la noticia que os mostramos hoy.  Ambos casos se conjugan en Burkholderia ambifaria una proteobacteria que habita en la rizosfera de muchos suelos, ya sean naturales, ya cultivados. De ella, primero se obtuvieron antibióticos, no hace mucho tiempo. Ahora, esos mismos investigadores nos venden su aplicación como biopesticidas “sin riesgos” que nos ayudarán a alcanzar mayores cosechas a la par que preservar el medio ambiente y avanzar hacia una agricultura sostenible. Hablamos pues de biopesticidas, cuya definición os ofrezco más abajo.  Pero hay más.

Redactar notas de prensa tramposas, o como se dice actualmente “fake news” más que recriminable debería ser sancionable “de alguna forma”. Puede ser que los periodistas que redactaron la noticia, fueran más ignorantes que los políticos que sufrimos en casi todos los países del mundo. Ahora bien, son los investigadores los que debemos exigir revisar tales notas de prensa antes de ser publicada, dada la incompetencia de muchos de ellos. ¡Me da igual!. Sabiendo el color de la orina del enfermo, yo exijo siempre revisarlas y si no se comprometen a ello, no hablo con periodistas de ninguna clase, ya sean radiofónicos, televisivos, de la prensa en formato papel o de Internet. Quien no lo haga, que luego no eche la culpa a esos ignorantes, sino a su desidia, o lo que es peor aún, a su adictivo ego que tan solo se retroalimenta si tu nombre y foto aparece en los medios, con independencia de la veracidad de la noticia. ¡La vanidad y egolatría tienen precios!.  Abajo os muestro una noticia que adolece de todos estos males. Aunque nosotros hemos traducido el escrito por nuestros medios, también lo ha sido al español-castellano por el rotativo El Independiente, bajo el título de: Bacterias mutantes como pesticidas naturales. La nota de prensa, del que os ofrezco las versiones en inglés y suajili, resulta ser una patraña de primera categoría, por cuanto hace creer al ciudadano que estos sesudos científicos han inventado los biopesticidas, cuando en realidad la literatura es extensísima y muchos productos están siendo ya comercializados. 

Y volvemos a reiterar que los microrganismos de los suelos ofrecen unos enormes servicios ecosistémicos. De allí siguen extrayéndose numerosos productos de interés al margen de un inmenso arsenal de antibióticos. Y como hasta los más pequeños saben sobradamente que son los “antibióticos” lo enlazo aquí por si alguno de esos plumillas ignorantes, o algo peor, lee por casualidad estas páginas. 

Vi la noticia, me gustó por el mero hecho de que el biopesticidas procediera de un organismo de la rizosfera y me lancé sin pestañear sobre ella para informaros. Empero conforme iba documentándome… Y así lo que pensaba que iba a ser una buena nueva para todos los amantes del universo invisible de los suelos,  se ha transformado en una crítica agria. ¿Sabéis cuantos post comienzan y terminan así? ¡No, no os lo podéis imaginar!. 

En fin… os dejo con las noticias, el concepto de biopesticidas y otro material extraído de Internet que os ayude a entender algo más a cerca de todo este embrollo, producto de la tecnociencia que padecemos que no de la ciencia con mayúsculas (la verdad convertida en posverdad). 

Juan José Ibáñez

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El suelo y el Medio Natural: Reflexiones desde la Universidad (Antonio López Lafuente)

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Antonio López Lafuente: Genio y Figura hasta la sepultura cuando llegue que todavía es muy pronto….

Otra vez me ha permitido Juanjo asomarme al balcón, ahora que por desgracia está de moda (Pandemia de Covid-19), de su bitácora para compartir con vosotros algunas reflexiones relacionadas con el suelo y el medio natural. Deseo empezar dándole las gracias por esta nueva incursión que espero sea de algún interés. 

 Los que nos dedicamos a la  actividad docente e investigación en la universidad nos  encontramos pasando momentos de confinamiento, como muchas personas dedicadas a otras profesiones, lo cual nos está permitiendo tener más tiempo libre como para poder plantearnos algunas reflexiones, en este caso, acerca de nuestro trabajo, a la vista de las numerosas dificultades que nos estamos encontrando.

 Los profesores de universidad, como así lo establece la ley, debemos cumplir con dos misiones básicamente: (i) participar en la investigación del país, a través de los proyectos financiados por los distintos organismos oficiales, también de empresas privadas, pero claramente en menor proporción, y (ii) ocuparnos de la docencia de los futuros egresados. Esta ha sido la biga que ha mantenido el fundamento de nuestra universidad a lo largo de la historia. 

 Esta doble función que lógicamente en sus principios no va a cambiar, si bien es posible que se vea modificada con nuevos planteamientos a partir por el surgimiento  de la pandemia del COVID-19. Durante el tiempo de confinamiento estamos aprendiendo a marchas forzadas que no podemos seguir con los modelos tradicionales ni de investigación ni de docencia. La pandemia nos está ayudando a recordar que la investigación o se hace y se financia para potenciar equipos multidisciplinares, o no tendrá sentido de ser, y la docencia, o se hace desde la integración, no solo de los estudiantes, sino también del conocimiento, con una participación expresa de las nuevas tecnologías, ono tendrá garantías de calidad. Estos dos planteamientos no son nuevos, forman parte del frontispicio de nuestra profesión, pero parece momento de recordarlos si queremos tener en el futuro un mejor control de las distintas amenazas a que el planeta, y en especial el ser humano, va a estar sometido.

 Otra de las cosas que ha dejado claro este confinamiento es que no estábamos preparados para asumir tareas que empezaban a ser utilizadas, y de las que se hablaba mucho, aunque se ha demostrado lo lejos que nos encontramos para poder utilizarlas con rigor, me refiero al teletrabajo, o trabajo a distancia. Ni las empresas, ni las instituciones, ni los ciudadanos, ni los medios de que disponíamos estaban preparados para realizar una labor eficaz. Es evidente que algunas empresas, sobre todo en áreas concretas, el mundo de las finanzas, el entrenamiento a través de la red, llevan haciendo un trabajo de implantación desde hace años, lo que les ha permitido avanzar en este momento a un ritmo mayor, y seguramente han cubierto mejor sus objetivos. Pero sectores como la salud, la educación, la cultura, la alimentación, entre otros, necesitan impulsar de forma rápida la digitalización de sus actividades si no quieren encontrarse desfasados en los próximos años.

 Otra cuestión que merece una reflexión profunda estriba en analizar el papel de los ciudadanos en el devenir de la pandemia. Su colaboración está siendo fundamental para superar la catástrofe, si no se hubiera entendido que sin su participación no sería posible salir, los tiempos para superarla hubieran sido muy superiores y con consecuencias los estragos mucho más trágicos. Con ello se ha puesto de manifiesto la importancia de entender que los problemas cuando adquieren carácter global, como es el caso de la pandemia generada por el COVID-19, o del cambio climático, del que se lleva hablando décadas, o lo que fue en su momento la crisis económica producida por la quiebra de Lehman Brothers, afectan a cada una de las personas y es imprescindible la concienciación colectiva para superarlos.

 Ante esta concienciación de los grandes problemas a nivel planetario afecta a todos los ámbitos del conocimiento, es necesario que asumamos cada uno de nosotros muchos de los planteamientos que la ciencia está haciendo sobre diversos campos. Me centrare a partir de aquí en el suelo, que es lo que yo enseño en la universidad, y principal objetivo de esta bitácora.

 La erosión, la desertificación, la contaminación química, el cambio de uso, la perdida de materia orgánica, la permanente disminución de la biodiversidad, los cambios en los ciclos del carbono y el fosforo, en una palabra, la degradación del suelo, está alterando sus servicios ecosistémicos, tanto los que afectan a los sistemas biológicos y relacionados con el agua, como los vinculados con sus aspectos sociales y económicos. Estos hechos se llevan denunciando por parte de la comunidad científica desde hace años, y seguimos predicando en el desierto. Los suelos se siguen degradando, la perdida de superficie cultivable aumenta constantemente, lo que incide en los mercados económicos, en las hambrunas, en la migración, y esto se pone de manifiesto cada año con informes y planes estratégicos para evitarlo, que apenas se cumplen.

 Uno de los últimos intentos es la publicación de La Agenda 2030 que demanda el compromiso de los Estados para cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esta Agenda fue adoptada en 2015 por la Asamblea General de Naciones Unidas y aprobada por los 193 miembros entre los que se encuentra España. El objetivo 15 es el dedicado a “vida de ecosistemas terrestres” donde se advierte de l imperiosa necesidad de: Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.

 En el apartado de DATOS, podemos leer: 2.600 millones de personas dependen directamente de la agricultura, pero el 52% de la tierra utilizada para la agricultura se ve moderada o severamente afectada por la degradación del suelo. La pérdida de tierras cultivables se estima entre el 30-35 veces la tasa histórica.

Debido a la sequía y la desertificación, se pierden 12 millones de hectáreas cada año (23 hectáreas por minuto). En un año, podrían haberse cultivado 20 millones de toneladas de grano. El 74% de los pobres están directamente afectados por la degradación de la tierra a nivel mundial.

 Pero la degradación del suelo no afecta solo a los sistemas productivos, que ya sería suficiente, sino que también  genera la destrucción de los ecosistemas terrestres y tiene una incidencia muy importante en la salud de las personas.

La llegada al suelo de productos químicos procedentes de las actividades antrópicas, ocasiona daños de los que en muchos casos no se conoce cuál es su verdadero alcance, propiciando de paso que nos hagamos preguntas que necesitan una urgente respuesta porque de ellas va a depender la salud de muchas personas:

  1. No conocemos las complejas interacciones que tienen lugar entre las especies químicas del suelo.
  2. No se conocen los nuevos xenobióticos que están apareciendo en el suelo producto de reacciones orgánicas.
  3. No se conoce como afecta el cambio climático a muchas especies de microorganismos del suelo.
  4. No se conoce como afecta a los microorganismos la llegada de medicamentos (contaminantes emergentes).

Son muchos los planteamientos y muchas las incógnitas que surgen cuando hablamos del sistema suelo, pero hoy día, en nuestro planeta la especie humana no pude sobrevivir sin los suelos. La inversión en equipos multidisciplinares, desde la ingeniería a la sociología, pasando por ciencias de la salud, es necesaria si queremos tener respuestas que realmente sirvan a los problemas de la población. En las aulas, cuando explicamos Edafología, deberemos hacerlo desde el concepto de integración, como lo define María Moliner en su diccionario de uso del español, “integrar es hacer un todo o conjunto con partes diversas”, si queremos que nuestros estudiantes entiendan lo que significa “funciones ecosistémicas del suelo”. Y la población debe entender que no podemos aportar soluciones reales y duraderas si no comprende que el suelo es mucho más que el soporte que nos sostiene.

 Quiero concluir diciendo que deberíamos extraer conclusiones positivas de esta pandemia, la catástrofe está siendo tan grande en todos los campos, sobre todo en el número de víctimas, que necesitamos confiar en que no volverá a suceder, y para ello debe ser el conocimiento y la investigación, quien aporte esa confianza, porque es lo único que nos puede salvar. Concluyo con una cita del físico Richard Fyenman, que recoge Olle Häggström, en su libroAquí hay dragones. Ciencia, tecnología y futuro de la humanidad”, que por cierto me recomendó Juanjo, transcribe: “La ciencia es lo que hemos aprendido sobre cómo evitar engañarnos a nosotros mismos

 Comentario del bloguero que espera/teme Antonio: Veamos Antonio López Lafuente. Cuando comenzamos la andadura en esta bitácora entramos a participar cuatro colegas como blogueros responsables. Poco a poco fueron siendo abducidos los restantes, dejando de participar por los motivos más variados y comprensibles.  Uno de ellos resulta ser mi entrañable amigo Antonio, que además de gran investigación y docente, ha resultado ser un magnifico gestor, ocupando cargos de garn relevancia en España. Antonio, no tienes porqué pedir permiso para nada. Esta es tu casa. Siempre serás bienvenido. Obviamente estos asertos no causan ningún temor. Empero y  si digo con más asiduidad por favor….. Ahí … ¿Antonio dónde estás?…. ¿Antonio dónde estás?…. Me temo que salió corriendo. ¡en fin!…… Mi ”gozo en un pozo 

 

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Necrobioma (¿Necesita el mundo muerte y destrucción?)

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¡Qué bárbaro!. La ciencia de las ocurrencias: fenómeno emergente desde el advenimiento de las tecnociencias. El termino bioma era claro, conciso y usado ampliamente en la literatura científica. Sin embargo, a alguien se le “escurrió” acuñar el palabro microbioma y, así comenzó la conjura de los necios, creciendo el número de vocablos que finalizaban así…. Ya os hablamos de este asunto en nuestro post: “La Acrónimofilia o Como Hacerse Famoso en Ciencia sin Despeinarse”. Por poner otro ejemplo, también va poniéndose de moda el vocablo viroma. Y hoy por culpa del cerebro de “un  nuevo “iluminati” sufrimos el advenimiento del “Necrobioma”. Bien podría yo acuñar otro tan estúpido como el de bio-bioma, por cuanto los seres vivos… En fin me callo, ya que el biobio, tiene una clara acepción geográfica como bien saben en Chile. La nota de prensa que os ofrecemos hoy ha sido redactada por el mismo joven que acuñó el que da título a este post. Veamos que nos dicen en la enciclopedia libre: Necrobioma es  “la comunidad de organismos asociados con un cadáver en descomposición, según lo descrito en 2013 por Benbow et al.” Desde luego este joven no se si será talentoso, pero “no tiene abuela”, como decimos en España. Y por si quedara duda leer lo que comenta en la nota de prensa.  Para más inri: el título de la noticia en español resulta ser: “El mundo necesita muerte y destrucción”. Ni que él fuera el líder de los cuatro jinetes de la apocalipsis. Parece estar liándola y debe haber sido el el que ha soltado el coronavirus Covid-19 para dar fuerza a suss asertos. Habrá que perdonarle porque es un microbiólogo forense, y como todo el mundo ama su profesión (….), muchos terminan obsesionados. 

Todo ser vivo muere y sus restos vía la cadena trófica, pasan a ser ingredientes de nueva vida.  Hablamos de la cadena trófica o de la cadena alimentaria, en donde, le guste a nuestro joven o no, están los descomponedores. Según el precursor del vocablo se trata de “unir diferentes aspectos de la teoría ecológica y también promover la importancia de la muerte en los ecosistemas”. ¡Amén!. ¡Requiescat in pace! ¡Ora pro nobis! Esto es ser audaz en la lucha contra la superpoblación. ¿No estará preparando la tecnociencia para algo que prefiero no pensar?.  Creí que podía tratarse de algún tema interesante, ya que nosotros mismos tenemos en la bitácora multitud de post incluidos en la galería: “Biomasa y Necromasa en los Suelos”. Empero no, ¡nada nuevo bajo el sol, ni bajo el suelo!. Otro nuevo ejemplo de aquellos que quieren hacerse famosos con ocurrencias insustanciales.  Obviamente he entrado en su Recheargate y en varios de sus trabajos aparecen los suelos. 

Los suelos son el lugar en donde se produce principalmente el proceso de descomposición de la materia orgánica, es decir la necromasa, aunque por supuesto no el único en los ecosistemas terrestres Ahora bien, nos referimos a la sucesión ecológica de comunidades de descomponedores que desempeñan tal esencial misión. Se trata de un tema sobre el que comencé a leer hace ya más de 40 años y, posiblemente, con anterioridad. Dicho de otro modo, no propone nada nuevo, sino decimonónico. Eso si, no puedo negar que posiblemente comience a utilizarse en ciencias del suelo. Ya se sabe: ¡que todo cambie para que todo siga igual!. 

Os dejo ya con el notición del día y en las modestas palabras del autor.

Juan José Ibáñez

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Secuestro de carbono y sostenibilidad en Latinoamérica: Carbono Neutro (Revista en acceso abierto)

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Fuente: Página Web de donde se puede obtener los números de la revista y mucha más información

Con frecuencia, debo ofreceros informaciones que sean útiles para vuestros intereses, a pesar de que personalmente no tenga mucha fe en las mismas. Hoy es uno de esos días. No se trata en esta ocasión de llevar a cabo un análisis crítico, sino de que este tipo de iniciativas no suelen conducirnos a ninguna parte, y en el caso del cambio climático y del secuestro de carbono resultan ser prácticamente todas. Ojalá me equivoque y esta vez no se repita tal regularidad, por el bien de todos.  En este post no deseo hacer juicio de valor alguno, simplemente, pongo en vuestro conocimiento, para los que lo desconozcáis,  que se denomina  Carbono Neutral y una revista para Latinoamérica que os informará sobre esta iniciativa internacional en la región:  Planeta carbono Neutro.

Os dejo pues con la definición de neutralidad del carbono (según Wikipedia) y la información que ofrece la página Web de donde podréis adquirir en acceso abierto los boletines, videos, abundante documentación de eta iniciativa, etc.

Juan José Ibáñez

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