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Los extensos bosques de las zonas áridas al descubierto por los nuevos satelites

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Arbolado disperso y masas forestales en zonas áridas. Fuente: Colaje Imágenes Google

¿Por qué Tiger Woods no se llama Tiger Bush?

Las tierras secas ocultan un bosque tan grande como la selva amazónica. ¿Verdad o mentira?. Pues esta vez va a ser cierto. Hoy no redactaremos casi nada, ya que la noticia es absolutamente clara y explícita, además de interesante. Del mismo modo, constamos como, con excesiva frecuencia, los científicos llevamos a cabo evaluaciones y juicios de valor, basándonos en conocimientos obsoletos e instrumentaciones deficientes. Y cuando por ejemplo, estas últimas mejoran, nuestra ignorancia queda afortunadamente al descubierto.  La nota de prensa (que abajo os reproduzco abajo) comienza señalando que: “Imágenes de Google y Bing desvelan 467 millones de hectáreas nuevas de árboles en las regiones áridas. (…) Ocultos en un mar de tierra árida hay tantos árboles como en la selva amazónica. Puestos todos juntos ocuparían 467 millones de hectáreas de arbolado. Esto supone aumentar el total de cubierta arbórea de estas regiones hasta 1.327 millones de hectáreas. La cifra, estimada por un grupo de científicos gracias a imágenes aéreas de alta resolución, eleva un 9% la superficie arbolada del planeta. Este inmenso bosque escondido hasta ahora a los ojos de los satélites podría tener grandes implicaciones en el clima y la biodiversidad de la Tierra”. Personalmente considero que habría que añadir también el secuestro de carbono por la biomasa y los suelos. Y todo ello debido a que en este estudio se ha utilizado imágenes satelitales de grano fino, en lugar de los obsoletos Landsat con pixeles de 30 metros. Y ya se sabe, cuando se agudiza la vista, se observan más y más detalles, como los arboles dispersos, aunque hay más que contar.

Toda esta arboleda, en su mayor parte dispersa, aunque no siempre, debe aportar grandes cantidades de biomasa al suelo y secuestrar carbono orgánico de la atmósfera. Dicho de otro modo, al aportarse  restos orgánicos lo suelos también albergarán más vida y más biodiversa de la que se suponía, por lo que sus propiedades también serán mejores. Y así, constatamos que las denominadas zonas áridas, no son en sí mismas secarrales incapaces de albergar arbolado y otras formas de vida.   Las cifras que podéis leer hablan por sí mismas. No se puede concluir que estamos ante simples mejoras de las estimaciones realizadas hasta la fecha, sino de un cambio total de perspectiva. Os dejo también algunos de los post que ya hemos escrito sobre el tema. ¿Por qué Tiger Woods no se llama Tiger Bush?. Posiblemente porque aún no ha perdido la suficiente foresta sobre su cabeza (al parecer bastante árida, en ciertos temas) como para pasar de bosque a sabana y de esta a la vegetación dispersa, tan característica de los ambientes áridos. Esta última se ensambla en unos idiosincrásicos patrones bandeados denominados “Tiger Bush”, como son descritos en la literatura científica. Y sabéis que “Woods” es algo así como bosquete y “Bush” arbustos de talla alta).

Juan José Ibáñez

Continua……..

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Biocarbones como fertilizantes: La Torrefacción de la biomasa

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Fuente: Colaje Google imágenes

 Al alba, en pleno desierto, o al menos en una zona árida de Bostwana (Gaborone), unos investigadores japoneses se afanan en rellanar enormes cafeteras para elaborar un riquísimo café torrefacto, por supuesto. Un corresponsal del Blog “Un Universo Invisible Bajo Nuestros Pies”, abre los ojos y observa atentamente los movimientos de sus colegas nipones. “De pronto, estos últimos cargan aquellos enormes recientes con su aroma exquisitamente humeante en camionetas”, poniéndose en marcha. ¡Qué groseros! Barrunta nuestro corresponsal desplazado hasta aquellos “tórridos lugares”. ¡Ni siquiera me han ofrecido una taza!. Pero apenas tiene tiempo de subirse precipitadamente a uno de aquellos vehículos. La caravana parte. Uno de los japoneses mira en su portátil la ubicación de la zona a la que d debían dirigirse, y tras una hora de tránsito indica por señas a sus compadres que ese es el lugar.   Los vehículos se ponen de nuevo en marcha lentamente hacia allí y apagan los motores. De pronto, ante los ojos atónitos de nuestro enviado especial, comienzan a verter el sabroso cafetito sobre el suelo, con mucho cuidado. Él se pregunta  a si mismo ¿Se tratará de despertar a los suelos de su prolongado letargo nocturno con cafeína?.  ¿Una nueva y revolucionaria manera de gestionar los suelos? Debemos reconocer que nuestro staff es escaso y el dominio del japonés no es nuestro fuerte, empero el enviado “conoce algunas palabras”. Se dirige hacia ellos y pregunta,  ¡Al margen de reprocharles que no le ofrecieran una taza de café y luego lo desparramaran sobre el suelo!, ¿que pretenden? ¿Cuál es el secreto de su experimento?. Responde afablemente uno de los nipones que había estado en España años atrás aprendiendo flamenco en Andalucía: “No cleo que le gustala ete café, no sienta muy bien: ¡malo, malo a uted!. Eta elaborado de resiluos de la biomassa”. El corresponsal que digámoslo ya, se llama Pepe, entre aliviado por no tener que sufrir más rebuscando en su precario vocabulario de la lengua del “país del sol naciente”, desconcertado por el “exquisito español” del asiático, y más aún por lo que se encontraba viendo insiste:  ¿Y que consiguen regando el suelo con ese líquido (ya gesticulando su rostro con un cierto asco)?. “Fácil, fácil, fácil, Así los suelos se humecen meol, absuelven mucha agua, mucha y nutritentrros, pol lo que  la cosecha mejollala; bonio ¿ehhh?, y solo mun eulo”. A su regreso nos narró entre  excitado y obnubilado su experiencia con un español bastante deplorable tras tanta charla en nipoñol….

Pero expliquémosla ahora porque esta iniciativa nipona tiene mucha enjundia. ¿Saben ustedes lo que es la biomasa torrefactada?. Se trata del producto obtenido  mediante el procesamiento de la materia orgánica de los residuos de cosechas, lodos residuales etc., que se utilizan para obtener energía al entrar en combustión. ¿Si pinchan en ese enlace, y leen atentamente, observarán que se trata de un procedimiento que produce unos materiales que luego troceados se utilizan para los fines aludidos. Son enormemente ricos en carbono requemado y repelentes al agua, por lo que se pueden almacenar al aire libre. ¿Pero cómo pueden mejorar la fertilidad del suelo y más aún incrementar su capacidad de retención de humedad y desprender nutrientes, o al menos incrementar su disponibilidad para las plantas de los ya existentes en el medio edáfico natural?. Tras escuchar atentamente tal cantidad de sandeces y deliberar si debíamos darle una oportunidad al reportero o despedirle del trabajo por payaso,  decidí previamente reunir a nuestro sanedrín de expertos, invitando de paso al afamado Profesor de Investigación Gonzalo Almendros, compañero desde hace 35 años  y prestigioso bioquímico del suelo, por lo que le apelamos cariñosamente Dr. Humus (entramos como becarios pre-doctorales simultáneamente en el CSIC y publicamos varios artículos conjuntamente en aquellos años de ¿eterna? Juventud). Pues bien, ni el propio Dr. Humus logró sacarnos de dudas, ya que también se quedó torrefactactado, es decir estupefacto.

 Veamos, como existe una gran confusión en la bibliografía entre lo que se denomina biochar, biocarbones y carbones (charcoal en la lengua del otro Imperio menguante, es decir el del Tio Sam). Ya hemos hablado “las mil y una noches” acerca del biochar, cuyos post los encontraréis tanto en nuestra categoría “fertilidad de suelos y nutrición vegetal”, así como en el que denominamos “etnoedafología y conocimiento campesino”. Allá podréis encontrar valiosa información.

También éramos conocedores de la producción de esas pellets de biomasa torrefactada, aunque ignorábamos el término. En principio, conforme a la literatura, el biochar se produce mediante una combustión en un ambiente bajo en oxígeno, mientras que la torrefacción en su total ausencia. ¡Eso creemos!, ya que en la nota de prensa, procedente de USA, en la que los nipones explican su tan inexplicable como apabullante hallazgo, haciendo uso simultáneamente de los vocablos torrefacción, biocarbón y biochar. El Dr. Humus también anda desconcertado a pesar de su gran talento, capacidad de trabajo y memoria descomunal. Y si eso ocurre mal asunto, ya que la confusión se encuentra en la literatura y notas de prensa, aun reconociendo nuestra ignorancia. Dividiremos pues nuestro farragoso análisis acerca de lo que dicen haber descubierto los investigadores descafeinados del sol naciente, antes de tomarse un té, pero también sobre el lugar elegido para el ensayo de campo, ya que los Aridisoles (suelos que se forman en ambientes áridos y desérticos) de Bostwana, y más aun con un carbón torrefacto de Jatropha curcas, que dicho sea de paso atesora algunas propiedades medicinales (¿será por eso?; ¿sanará los suelos?).

 El artículo original clarifica “algo” la diferencia entre el torrefactado y el proceso del biochar, empero toda la literatura existente resulta tan ambigua como para dudar si se acuñó el vocablo torrefacto a la hora de denominar tal enmienda con el fin exclusivo de causar la confusión en las filas del enemigo: colegas y lectores. Si el torrefactado y el corte en pellets dan lugar a productos hidrofóbicos, es decir repelentes al agua, al menos en primera instancia, resulta extraño que tras añadir la enmienda el medio edáfico este último retenga más agua. Obviamente la cantidad añadida 5% es bastante considerable y al mezclarse con los materiales del suelo puede alterar su estructura y quizás favorablemente, si bien por definición lo añadido no debería ser fácilmente descompuesto, por cuanto las mayor parte de las reacciones biogeoquímicas que acaecen en el medio edáfico demandan un medio acuoso. Pero ¡a saber!. Reiteremos que el ambiente es árido y tórrido, por lo que no es extraña la presencia de los Aridisoles. Sin embargo, la mayor parte de los tipos de suelos incluidos este orden de la USDA ST, poseen excesos de sales y nutrientes, ya que la escasa lluvia y la elevada evaporación no permiten lavarlos en profundidad, por lo que se acumulan así en su superficie. Sin embargo, leyendo el artículo original que no nos informa del tipo exacto de Aridisol, se nos informa de suelos oligotrofos, es decir pobres en nutrientes, los cuales no resulta ser lo más representativo de esta clase de suelos, dicho sea de paso.  En cualquier caso una lectura rápida del paper no informa de si el terreno se encuentre regado, lo cual resulta intrigante, ya que si apenas llueve, incrementar un 5% el contenido de humedad no serviría de mucho “la mayoría de los años”.  Más aun, la enmienda con los reiduos procesados de Jatropha curcas, debiera significar que en el territorio, al menos deben existir predios bajo riego para su producción y medios tecnológicos idóneos en su torrefacto procesamiento. Miren en Wikipedia la descripción del lugar (Bostwana, Gaborone), y detectarán que precisamente no se trata de un enclave excesivamente representativo, ya que parece encontrarse cerca de una gran ciudad, con pantanos, etc.

 Si partimos de un suelo yermo, y pobre en nutrientes, resulta fácil elevar “algo” su producción al añadir “algo” que no tenga propiedades perniciosas. Empero un incremento de agua del 5% y un ligero aumento de la disponibilidad de nutrientes no puede calificarse de experimento exitoso, ya que las producciones apenas mejorarían, sin un suplemento de agua adicional. Más aún, si la  Jatropha curcas, debe cosecharse en la zona ¿Cómo crece?: ¿en secano o regadío? Si lo hace sin agua suplementaria, ¿no daría lugar a escasas producciones?. Y una enmienda del 5% parece demasiada cantidad para tan escaso rendimiento. ¿Es rentable? Digamos, ya que resulta ser un detalle nada baladí, que el experimento fuera testado frente a parcelas control, que no recibían ningún tipo de enmienda, por lo que, añadir las pelles torrefactadas podría resultar en una fertilización más onerosa que otras muchas prácticas agrarias. El artículo tampoco dice nada al respecto.

 Resumiendo, se publica casi cualquier cosa, con independencia de su calidad, acerca de las bondades de quemar la biomasa y añadirla al suelo: biochar, biocarbones torrefactados, pasteurizados, vitaminados, liofilizados, ¿¿??.

Sin embargo, casi todas las culturas aborígenes neolíticas de los distintos continentes y ambientes (desde el gélido Nepal en la alta montaña, hasta los desiertos y bosques tropicales, a nivel del mar), convergieron en estas prácticas con muy buenos resultados al objeto de alcanzar prácticas agrarias sustentables. Actualmente parece que volvemos a redescubrir la pólvora, pero sin alcanzar el mismo éxito que nuestros ancestros. Materia de reflexión.

 Juan José Ibáñez

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Calentamiento climático: ¿más agua en los desiertos?

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Desierto de Tabernas y sus ramblas (Almería, España). Foto: Juan José Ibáñez

 Todo lo relacionado con el calentamiento climático, despierta interés en el público y decepción en mí ya “atiborrada mente”. Y es que no dejo de asombrarme de leer tanta tontería. A menudo, no se trata de los estudios en sí mismos, sino de las conclusiones que extraen los autores, que no dejan de asombrarme.  La noticia que os ofrecemos hoy me ha vuelto a dejar atónito, por no decir noqueado. Busqué en Internet, por si  el “plumillas” español había hecho una parodia de traducción de la la nota original de prensa en inglés. ¡Pues no fue así!. La mentada crónica publicada por Terradaily, que también os adjunto abajo, nos cuenta más o menos lo mismo, si bien adicionalmente  añade algo más interesante que os narro al final del post. Veamos la historia ya que, la primera parte, puede entenderla un niño lactante.

 Cuanto más sube la temperatura mayor cantidad de agua se evapora. Este ¿inexplicable? hecho puede demostrarse realizando un “esotérico” ¿¿?? experimento casero siguiendo este complicado protocolo: Ponga usted en dos recipientes iguales la misma cantidad del líquido elemento. Uno déjelo a temperatura ambiente y otro caliéntese unos 5 o 10 grados más (todo depende de la paciencia que usted tenga). Al cabo de unas horas comprobara, para su “sorpresa” ¿¿??, que el “contenedor calentado” pierde agua a mayor velocidad. ¿Alguien no se ha enterado?  ¡Pues que no vuelva por este blog y retorne al parvulario! Sorprende que en muchas noticias que se omita un proceso tan trivial como esencial.  A algunos científicos, también “parece” que se les olvida.

 De lo dicho anteriormente se desprende, tras sesudos cálculos matemáticos ¿¿??, que, conforme aumente la temperatura más agua se evaporará de la hidrosfera a la atmosfera. UFFFF, lo que me ha costado llegar a esta sorprendente conclusión: miles de horas ¡¡!!.

 Como ya hemos comentado en tantas ocasiones ,que no puedo enumerarlas (pero pronto leeréis más  en un post  más técnico que editaremos al respecto:Un sistema climático fractal frente al pensamiento lineal), el calentamiento climático no se producirá uniformemente en todo el planeta, sino que pueden surgir patrones regionales muy distintos a los actuales debido a que el sistema climático es de naturaleza no-lineal. Corto aquí la narración con vistas a proporcionaros más información sobre tal asunto. Luego seguimos……

 Leyes potenciales, Sistemas no lineales, Sistemas complejos, Multifractales, Fractales, Efecto mariposa, Diversidad, Complejidad y Fractales, Caos, Cambio Climático y el Efecto Mariposa, Cambio climático y la Teoría del Recalentón, El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y Modelos de Clima Global. ¿Ya lo habéis leído todo?. Pues bien, tengo el placer de anunciaros que no era necesario, aunque sí conveniente. Pero sigamos…..

 La investigación que abordamos hoy nos informa de que ciertos investigadores, dicen haber constatado que el incremento de las precipitaciones será mayor en las zonas áridas del mundo que en otros ambientes del planeta. Y tal predicción, de cumplirse, debería ser considerada como muy positiva para cientos de millones de personas, muchas de las cuales no tienen nada que llevarse a la boca, como tampoco agua potable para beber. Empero, según los autores del estudio que analizamos hoy, en la línea de otros muchos, parecen considerar que se trata de una mala nueva catastrófica. La razón esgrimida resulta ser que los modelos utilizados predicen que en gran parte, en lugar de llover diluviará, generando inundaciones y otros males de gran calado. Todo lo relacionado con el calentamiento de la atmósfera se vende ineludiblemente como dramas colosales. Al perecer es un decreto ley cuyo texto oficial no encuentro por ningún lado.  Empero en los desiertos suele llover así. Lo contrario sería lo excepcional. 

 Yo no discuto que pudiera ser que ocurriera como defienden los autores, aunque creo que se trata del conocido problema de ver la botella medio llena o medio vacía. Personalmente, intento evadirme de los extremos. Es obvio que los investigadores que han llevado a cabo el estudio ven la botella medio vacía. ¡Yo no!. Pero la “cultura del catastrofo” genera más beneficios a la prensa. ¿Alguien lo duda? Ya os explicaré algún día como la naturaleza es muy veleidosa en las zonas áridas de Almería y el desierto de Tabernas, aquí en España. Y se trata de un mero ejemplo de lo que parece lógico que acaezca en otros lares. Llueve muy poco, pero de vez en cuando diluvia de lo lindo, al surgir breves episodios denominados de gota fría”. Efectivamente, el agua desborda los cauces de las Ramblas o Uadis, generando inundaciones.  Ahora bien, del mismo modo, se recargan los acuíferos, hecho que ya aprovechaban mediante ingeniosas y simples obras hidráulicas sus moradores, mediante el sabio conocimiento campesino, no secular, sino milenario. Y así extraían agua para regar algunas áreas desiertas, obteniendo buenos rendimientos agrarios. Del mismo modo, muchas lagunas actualmente secas se rellenarán de agua, creciendo la vegetación en los valles que las cobijan. Comenzó a dudar si los autores del estudio atesoran conocimientos de la geomorfología de los desiertos. Más aun, abundante agua caída durante tales eventos en loa ambientes desérticos en los que suelen abundar los suelos salinos, el exceso eventual, pero más frecuente de agua ayudará a disminuir el exceso de sales, dando lugar a suelos potencialmente algo más productivos, así como agua para regarlos por la recarga de los acuíferos, etc., ¡Lo dicho!. ¡La botella medio llena frente a la botella medio vacía!.

 Alegar que todo el agua que no causara estragos se evaporaría a la atmósfera, no deja de ser más que  una prosaica y a menudo errónea interpretación. Parte de ella se infiltraría rápidamente, como mínimo en los desiertos arenosos. Más aún, existen otras regiones del globo en donde el acervo cultural que nos proporcionan las prácticas campesinas demuestra que los paisanos saben aprovechar este oro azul de estos biomas de forma brillante, en la medida de lo posible. Seguramente, en los primeros momentos tales inundaciones produzcan  daños (si las predicciones de estos autores son acertadas), aspecto que tampoco lo pongo en duda. Sin embargo con las debidas obras hidráulicas, que no tienen necesariamente que ser onerosas y faraónicas, llegaría un periodo de bonanza del que gozaría una ingente cantidad de la población mundial que hoy vive en la más absoluta miseria. Recordemos que unos dos tercios de la superficie emergida del planeta resultan ser zonas áridas, semiáridas y desérticas. Por todo ello, personalmente prefiero y considero que es mejor ver la botella de agua medio llena que medio vacía.

 Vayamos finalmente al texto en suajili del final del post de Terradaily, para explicar la importancia de los párrafos omitidos por las plumillas español. Este. más o menos vienen a decir:

 Los modelos y las observaciones climáticas de precipitación no siempre cuentan la misma historia con respecto a los cambios regionales, por lo que nos quedamos muy sorprendidos al encontrar que nuestras conclusiones resultaron ser muy robustas en ambos casos” dijo el Dr. Donato.

 Parece que las incertidumbres en los modelos climáticos fueron mayores en donde las incertidumbres de observación eran superiores (es decir la falta de datos, o datos de mala calidad). Esto sugiere que debemos mejorar las observaciones (es decir el número de estaciones meteorológicas u otro tipo de iniciativas que mejoren los datos actuales) que serían vitales si deseamos determinar con mayor precisión los efectos del cambio climático en todas las regiones del mundo.

 Ya hemos comentado en otros post, como este, que sin buenos inventarios y monitorizaciones los modelos climáticos, como casi todos, no pueden dar lugar a predicciones fiables. Lo que no resulta razonable estriba en que se inviertan enormes sumas de dinero en predecir, y prácticamente nada en alimentar saludablemente a los modelos climáticos (los susodichos inventarios y programas de monitorización). Los modelos de simulación numérica son como los cuerpos humanos. ¡Uno es lo que come!, y si se come poco y mal……….

 Os dejo pues la noticia en ambas lenguas suajili y español-castellano.

 Juan José Ibáñez

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Biocostras de los suelos en ambientes áridos y desérticos

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Biocostras, Afloramientos yesíferos, Desierto de Tabernas, Almería: Blog de Miguel Varona

Si pasea usted por el desierto y observa costras blanquecinas o de otro color sobre la superficie del suelo, por favor, no las pise ni destroce. Se trata de micro-ecosistemas que desempeñan un papel esencial en los ecosistemas desérticos, ciclo hidrológico, fertilidad, etc. Abajo os dejo dos noticias y un fragmento de texto de los estudios que llevan a cabo desde hace años en la Estación de Zonas Áridas del CSIC. Se trata de esos escasos excepcionales en los que las notas de prensa y el  fragmento de texto son lo suficientemente esclarecedores como para no verme obligado a  explicar nada, ya que incluso lo puedo estropear. ¡Inaudito!. En la naturaleza hasta lo más minúsculo a nuestra vista pueden desempeñar una función de valor incalculable. Y este caso es uno de ellos. Felicitar a los colegas de la EEZA y.. ¡Qué gozada!, no escribir ni una palabra más. Pero no se lo pierdan, ya que se trata de unas estructuras de suma importancia. Y si por casualidad, o maldad las deteriora, tenga en cuenta que dará lugar a que aparezcan otras costras físicas, pero esta vez perjudiciales para los ecosistemas que las alberga. Por favor no sea ¡maloso!. Os dejo esta vez sin más retórica un material que os haré entender que son las biocostras.  Cuando a una costra buena la pateamos, aparece otra mala ¿le suena esta cantinela eliminando el palabro costroso y añadiendo otro? ¿No? Pues entonces usted no es un habitual lector de nuestro blog.

 Juan José Ibáñez

 Pasen y lean señoras y señores en un santiamén sabrán lo que son las biocostras……

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Los Suelos de los Lechos Fluviales: Las Ramblas y los Uadi y su Biodiversidad de Plantas Vasculares

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En algunos post precedentes hablamos de los paisajes de suelos de Almería, mostrando que son representativos de ambientes áridos y también, en algunos casos, desérticos. Nos referimos más concretamente a los siguientes: (i) Impacto Humano sobre Ecosistemas Frágiles: Desiertos, Desertificación y Algo Más (Un Ejemplo del SE Español) y (ii) Paisajes con Suelos Desérticos en Europa (El Sureste Español). Recientemente hemos publicado un artículo científico en el que se constatan empíricamente tales aseveraciones (Are there Arid Land Soilscapes in Southwestern Europe?). Sin embargo, la investigación que realizamos va mucho más allá, ya que comparamos las cartografías digitalizadas de suelos y vegetación, cuyas bases de datos pertenecen a la Junta de Andalucía, encontrándose la segunda en acceso abierto, al contrario que la primera, por desgracia. Al analizar los datos de ambos recursos naturales, inicialmente quedamos un poco desconcertados. Los mapas de vegetación de esta Comunidad Autónoma fueron llevados a cabo mediante el método sinfitosociológico a escala 1:10.000, mientras que para la cartografía de suelos  se hizo uso de la WRB de 1998 a  la escala 1.100.000, lo que motivó que requiriéramos sofisticados análisis matemáticos con vistas a detectar los patrones espaciales de ambos recursos. Pero a lo que vamos….

Con independencia de las diferencias de escala, nos sorprendió que entre el 50% y el 60% de las vegetaciones potenciales de esta región árida (Incluyendo el genuino desierto de Tabernas) son, lo que los geobotánicos que se adhieren a esta escuela,  denominan comunidades edafófilas. La Página Web Biogeografía las define así, con alguna modificación:    

Las series edafófilas: que se desarrollan en suelos o medios excepcionales, normalmente azonales, es decir en los que las características del medio edáfico determina su ausencia o presencia. Suelen estar determinados por el exceso (series edafohigrófilas) o el defecto (series edafoxerófilas) de agua en el suelo, aunque también pueden intervenir otros factores, como la salinidad, acidez, etc., a la hora de dar cuenta de su nomenclatura y clasificación. Las series edafoxerófilas o xeroseries: son series propias de medios funcionalmente secos, aun estando situadas en climas húmedos. Es el ejemplo de la vegetación de laderas abruptas, cantiles, crestas, arenales. Por el contrario, las series edafohigrófilas demandan exceso de agua en el medio edáfico, respecto a la “normal” en la cobertura de suelos típica del territorio.

Pues bien, para nuestra sorpresa la gran mayoría de los tipos de vegetación edafófilas de la Provincia de Almería resultaban ser edafohigrófilas, que no edafoxerófilas, a pesar de la aridez  del ambiente de estos territorios. Al cotejar el mapa de suelos, encontramos escasísimas correspondencias lógicas entre los tipos de suelos y esta vegetación amante del agua. Por tal motivo Juan Pedro Zaballos  (Real Jardín Botánico Juan Carlos I de la Universidad de Alcalá de Henares) y yo mismo viajamos a Almería para visitar la zona con la inestimable colaboración de algunos amigos y expertos de aquellos territorios: Cecilio Oyonarte (edafólogo y coautor del mentado mapa de suelos), Javier Cabello (geobotánico fitosociólogo) y José Luís González Rebollar (geobotánico y bioclimatólogo). Los dos primeros pertenecen a la Universidad de Almería, mientras que el segundo resulta ser investigador de la EEZ-CSIC en Granada. Fue justamente el tercer día de viaje en donde al atravesar unas ramblas en el desierto de Tabernas nos llevamos la gran sorpresa. Se trata de cauces, que permanecen secos la mayor parte del año e incluso durante muchos, muchos, años enteros, por lo que pueden catalogarse como los Uadi, típicos de los desiertos africanos. Para nuestra fortuna, en diciembre de 2014, cuando realizamos el viaje, había llovido  algo más de lo normal (nada o casi nada) por lo que las bien adaptadas comunidades vegetales a la mentada aridez, se encontraban bastante exuberantes, como puede verse en la foto de cabecera. Y en esta misma imagen se revela el misterio….

Como podréis observar, la vegetación variaba rápidamente con tramos secos, húmedos, hilillos de agua que desaparecían súbitamente y algunas charcas dispersas. Generalmente estos cauces y sus lechos suelen aparecer “aparentemente secos”. Empero, a menudo, bajo ellos, las capas freáticas suben y bajan a lo largo de varios metros de profundidad, aunque frecuentemente alcancen las raíces de las plantas.  

Quizás con la salvedad de la clasificación WRB en su versión de 2006/2007, en la cual hasta los sedimentos de calzadas y aceras de las ciudades son considerados como edafotaxa, los lechos fluviales, a menudo pedregosos y repletos de cantos rodados no son considerados suelos en la mayoría de las clasificaciones edafológicas, lo cual daba cuenta de la aludida falta de correspondencia entre tipos de suelos y tipos de vegetación. Por esta razón, estos enclaves no son muestreados en los reconocimientos de suelos.  En otras palabras, no podíamos testar, con nuestros datos, la relación entre edafotaxa  y las numerosas series de vegetación edafohigrófila presentes en el área de estudio.

Por lo tanto, una buena parte de la biodiversidad de Almería y más aun de sus comunidades vegetales dependen de la estructura y dinámica de esos cauces, casi-permanentemente secos, a los que se denominan Ramblas o Uadis. Como corolario, el impacto ambiental e incluso las obras de corrección hidráulica con vistas a evitar sus impredecibles avenidas/inundaciones, podrían poner en riesgo una buena parte de la excepcional biodiversidad (rica en endemismos iberoafricanos) de estos enclaves.

Y de aquí nace la pregunta que insinúa el título del post. ¿Deben considerarse suelos estos lechos fluviales, en los cuales el agua tan solo corre muy de vez en cuando?.  Es decir, las aguas corrientes resultan ser, en estos casos, muy poco corrientes, al contrario que los procesos de edificación. ¿Cuál es nuestra opinión?: ¡Sí!. Obviamente, si apelamos al concepto de la zona critica terrestre la afirmación sería incontestablemente rotunda: ¡Si!. Pero hay más….

Como veremos a continuación, otros investigadores han detectado abundantes especies de organismos del suelo, entre otros, bajo tales lechos, proponiendo a la comunidad científica  que “Descubren un nuevo hábitat subterráneo para fauna terrestre”. Ahora bien este artículo dio lugar a una dura polémica por la paternidad de tal descubrimiento, en los comentarios al video que aparece en el siguiente enlace: mi+dtv: Hábitat subterráneo para fauna terrestre. Preferimos soslayar aquí nuestra opinión al respecto, ya que tan agria discusión se nos antoja más como un problema de terminología que de fondo. Sin embargo os recomiendo que leáis todo este material (pinchando en el enlace), con vistas a que entendamos como, en las fronteras disciplinarias, a menudo discernir lo que es un suelo, de lo que no lo es resulta confuso y confundente para muchos investigadores, aunque a unos más que a otros.  Quizás algún día intentemos aclarar tal polémica.

Resumiendo, en los ambientes muy áridos y desérticos buena parte de la diversidad de comunidades vegetales pueden esconderse en estos oasis o islas de bio-geo-diversidad.  Sin embargo el tema no acaba aquí, ya que tras las raras pero intensas inundaciones, la localización e los lechos, en principio, podrían cambiar de disposición espacial, dando “posiblemente lugar” a habitats en parte móviles. ¿Cambian los suelos de emplazamiento?. Pues desde varios puntos de vista sí, como ya comentamos al hablar de esos suelos flotantes (o ecosistemas flotantes) presentes en parte de Latinoamérica y a los que se denominan embalsados.

No obstante, posiblemente, tal “movilidad”, debido a la erosión, arrastre y deposición de los sedimentos en el cauce, conforme a la intensidad y caudal de las avenidas no se produzca. La razón estriba en que las aguas subterráneas que recargan los acuíferos se producen fundamentalmente dentro de las cuencas durante fenómenos meteorológicos extremos, denominados “gota fría”. Una vez allí la capa freática subirá para posteriormente ir descendiendo hasta la llegada de otro evento. Ahora bien, la urgencia del agua en los lechos fluviales obedece a puntos en donde la estratigrafía subyacente (con sedimentos que atesoran una gran variabilidad en lo que respecta a su permeabilidad/impermeabilidad y que además debido a la elevada actividad tectónica no parecen ser muy continuos espacialmente) permite que tales aguas profundas afloren. Y las circunstancias mentadas solo pueden generarse en sitios estratigráficamente concretos, sin que seguramente los avatares de las aguas superficiales y su carga de sedimentos no los afecten en demasía.  

Abajo os dejo unas líneas de Wikipedia para todos aquellos que no estéis familiarizados con la geomorfología, hidrología, etc. de los Uadi y Ramblas. También os proporcionamos el enlace y el resumen del artículo que versa sobre el mentado nuevo tipo de hábitat, no sin antes recomendaros, una vez más que leáis la polémica que suscitó.

Juan José Ibáñez

Pero sigamos…….

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Secuestro Orgánico de Carbono en Zonas Áridas y Cambio Climático

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Desierto de Mojave. Fuente: Park Vision

 La noticia científica que os ofrecemos hoy me ha sorprendido. Francamente albergo serias dudas acerca de si los resultados obtenidos por los autores en el desierto de Mojave (USA) pueden ser extrapolables a otros ambientes áridos y semiáridos. Más concretamente la nota de prensa nos informa de que:las tierras áridas pueden aumentar su absorción del dióxido de carbono lo suficiente en el futuro hasta representar de un 15 a un 28 % de la cantidad actualmente absorbida por las superficies terrestres” (…) “a medida que aumentan las emisiones de CO2 a la atmósfera, también se incrementa la absorción de este gas por parte de las tierras áridas. Se estima que esta absorción podría incrementarse hasta representar de un 4% a un 8% de las actuales emisiones” (…) “No obstante, advierte Nature, el experimento, en el que colaboraron expertos de varias universidades, no tuvo en cuenta otros posibles cambios derivados del cambio climático, como una variación de las precipitaciones o un aumento de la temperatura”. Como el diablo se encuentra en los detalles, digamos que la última advertencia es suficiente como para poner en solfa el resto de las conclusiones. Eso sí, suele pasarse por alto, como apunta el investigador, que  las zonas áridas y semiáridas constituyen 2/3 de la superficie terrestre emergida, por lo que, aunque almacenaran menos carbono por unidad de área que las subhúmedas y húmedas, tal descompensación, al menos en parte, podría ser compensada  apelando a su enorme superficie.

Cabrían añadir otros dos aspectos que se omiten en la redacción de este breve texto: (i) conforme aumenta la aridez, la razón biomasa aérea/subterránea decrece de tal modo que bajo el suelo puede acumularse mucha más materia viva que la que observamos sobre su superficie y (ii) los ambientes áridos y semiáridos acumulan ingentes cantidades de carbono en forma inorgánica (carbonatos), sin que la comunidad científica muestre interés, tanto por las cantidades almacenadas, como por la tasa temporal a la que esta se realizan. Ambas razones, por si solas, resultan suficientes como para prestar más atención al reservorio de carbono y su dinámica en ecosistemas áridos. Bien pudiera ser que, por omitir tales hechos, nuestra comprensión del secuestro de carbono se encuentre totalmente distorsionada.

Tras leer la nota de prensa en español-castellano observé que, no se explicitaba dónde y cómo, en el seno del sistema edáfico se producción tales ganancias de carbono, por lo que busqué la nota de prensa original que ofreció en suajili la Universidad Estatal de Washington (ver ambas al final del post). Como suponía el estudio del almacenamiento del carbono inorgánico había sido totalmente soslayado. Según Evans, el secuestro de carbono que detectaba se ubicaba en la rizosfera artificialmente enriquecida en anhídrido carbónico. Reitero que los resultados obtenidos mediante procedimientos de esta guisa deben ser debidamente testados en otros lares y cambiando unos protocolos bastante artificiales por otros que se ajusten más a la realidad de campo. Sin embargo, se cumulan evidencias, de un modo u otro, como para que los expertos comiencen a prestar la debida atención a los suelos de los ecosistemas áridos y semiáridos. En este punto concreto estoy plenamente de acuerdo con los investigadores que llevaron a cabo el estudio.

Juan José Ibáñez       

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La Vida y Formación del Suelo en los Desiertos: Las Costras Biológicas del Suelo

Hoy os hablaremos de una interesantísima aportación a la génesis de los suelos desérticos (cálidos y frios) publicada recientemente en la Revista SSSA. Se trata del papel que desempeñan las costras biológicas del suelo propiciadas por la acción de las cianobacterias (bacterias fotosintéticas) que habitan en su superficie. Ellas comienzan a generar las estructuras edáficas, atrapan las partículas finas atmosféricas que arrastra el viento desértico y finalmente ayudan a retener el ansiada e indispensable agua que se precipita muy ocasionalmente, poniendo a disposición de las comunidades microbianas edáficas y las plantas. Empero estas costras son muy susceptibles a las perturbaciones físicas, tardando años en recuperarse, tanto tras el pisoteo humano o del ganado como del tráfico de vehículos. De este modo el ecosistema se degrada o tarda años en recuperarse. Entendemos, que los ciudadanos piensen que al pisar un suelo yermo en el desierto no generen perjuicio alguno, al contrario de lo que pudiera ocurrir en un vergel repleto de vida. Sin embargo, la ciencia nos muestra que ocurre todo lo contrario. La nota de prensa se me antoja tan interesante y didáctica que, en lugar de elucubrar más de la cuenta, me remito a traducirla. Merece la pena leerla os lo aseguro. Vamos allá (…)

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Paisaje fundamentalmente constutuido por costras biológicas en ambientes desérticos. Fuente: Revista “Environmental Research Letters”. Walker et al. 2012

Juan José Ibáñez

Key to Life in the Desert: What New Research Reveals About the Importance of Soil Crusts

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Carreteras de Sal para Desiertos y Zonas Áridas

Nos dirigíamos mi hermana y yo, acompañados de nuestro entrañable amigo Mario y un guía del parque, por una carretera del desierto de Paracas (Perú), cuando este último nos espetó: ¿La carretera tiene buen firme verdad? ¿A que no saben de que esta hecha?. ¿Pues supongo que de asfalto no? ¡Se equivoca!. El camino es de sal. ¿De sal? ¡Si señor!. ¡Paramos y lo comprueba! Bajamos todos del auto, piqué un poco en su margen y me quedé boquiabierto. Efectivamente era una carretera de sal. Un material que en los márgenes aparecería con enorme abundancia deforma natural. Sin embargo, ¡ciertamente, parecía asfalto!. Tal tonalidad era natural, tras pasar por ella los vehículos. Resulta trivial señalar que en los desiertos llueve raramente. Empero si lo hace, parte de la sal de disuelve, cristalizando de nuevo cerrando las grietas aparecidas desde el evento pluvial anterior. ¿Autoreparación? ¡Algo parecido! Quizás sea también costumbre realizar infraestructuras de sal en otros lares, aunque personalmente lo desconozco. Desde luego se evita el uso y transporte del asfalto, resultando pues económicas de construir y con un firme mucho mejor y más liso que los de tierra. ¡No distinguía la diferencia! Eso si, cuando hablamos de ambientes áridos no salinos, probablemente reemplazar el asfalto por la sal sea una actividad menos viable. Del mismo modo, también resulta espurio señalar que bajo climas húmedos no sería una iniciativa recomendable, por cuanto la sal disuelta salinizaría los suelos aledaños.  ¡Un momento!, ¿y que hacer con las salmueras de las plantas desalinizadoras?.

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Carreteras de Sal, Desierto de Paracas, Perú. Foto: Juan José Ibáñez

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La Humedad del Suelo y la Lluvia en Zonas Áridas: Sobre Canículas y Tormentas Veraniegas

Todos somos notablemente ignorantes. Ya lo dijo Sócrates que era muy listo: Yo sólo sé que no se nada. Y haciendo gala de mi estulticia, me sorprendió la noticia que os ofrezco hoy. Obviamente si conocía el proceso que da lugar a las lluvias de convección. Sí, me refiero a esas veraniegas y vespertinas que afectan a muchos lugares del Planeta en los días en los que la canícula nos induce a darnos un baño y no desea salir del agua para nada (excepto para tomarse un helado). Ahora bien, desconocía la gran influencia que en la formación de tales tormentas atesora la humedad del suelo y en especial su irregular distribución en el espacio. En consecuencia, la nota de prensa que os ofrecemos hoy se me antojo más que interesante. En consecuencia, comencé a escribir un post. Eso sí, al contrario del periodista (y el científico que azuzó su ignorancia), me sumergí en el ciberespacio (que no en la bañera que era lo que más me apetecía; ya que paradójicamente escribo estas notas a más de 40ºC en la calle y casi adherido al aire acondicionado de mi habitación) con vistas a repasar mis conocimientos sobre las mentadas lluvias de convección. Y para mi sorpresa, la Wikipedia española daba cuenta de casi todo lo que este notición veraniego salpicaba los rotativos de prensa ese mismo día. Las únicas novedades que aporta el trabajo de investigación que hoy analizamos estriban en que (i) con series temporales de imágenes satelitales de alta resolución se puede ¿prevenir?, con muy poca antelación, tales chaparrones y (ii) que tal tipo de precipitaciones pueden generase cuando las diferencias de humedad del suelo ocurren también en distancias relativamente cortas de los territorios afectados. No se trata de aspectos triviales. Ahora bien, tampoco puede considerarse una aportación sorprende, como pudiera desprenderse de la noticia. ¡Vaya par el periodista y el científico! Tan solo me asalta una duda: si los procesos son tan rápidos, ¿con cuanto tiempo de antelación pueden predecirse? ¿Sirve de algo este hallazgo con vistas a ayudar a los agricultores del Sahel a planificar sus cosechas?. Si alguien tiene una respuesta inteligente (personalmente ni la atisbo), ¿nos lo podría explicar?. En cualquier caso, ya que ahora se “un poquito más”  ¿? posiblemente este post pueda ayudar a otros a la hora de entender este singular proceso del que es responsable la humedad del suelo en el Sahel (y en otros muchos espacios geográficos). Debo suponer que los ambientes en donde la vegetación es muy abundante, la transpiración de las plantas  debe complicar la predicción que a la que apuntan estos sagaces investigadores.

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Nubes Convectivas. Fuente: Cliff Mass Weather Blog

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La Agricultura Ecológica en los Desiertos y Zonas Áridas

Ya os hablamos en otros post sobre las múltiples posibilidades que ofrecen los desiertos para la agricultura y ganadería. Si bien es cierto que, a menudo, su productividad puede ser menor que la de otros ambientes, también lo es que tal hecho no impide que den fruto, como mínimo, a las comunidades locales que habitan en estas regiones. Los estudios de etnoagricultura han mostrado como numerosos pueblos indígenas lograron crear en ellos sistemas agropecuarios sustentables, en base a principios agro-ecológicos. Actualmente, existen varias posibilidades con vistas a extraer rentabilidad de los desiertos y zonas áridas, siendo unas más sustentables que otras. La tecnología moderna, obviamente puede ayudar en tal misión, empero muchas veces lo hace de forma no sustentable. No obstante, como hoy veremos, existen otras alternativas.

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Agricultura Ecológica y Desiertos. Fuente Treehugger

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