Posts etiquetados con ‘filosofía de la ciencia’

Sobre la Tecnociencia, la Filosofía del Conocimiento, el Constructivismo y La Teoría Actor-red

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¿Qué es la verdad Científica? Ya os he expuesto en varias ocasiones nuestra postura, que a la postre fue previamente avalada antaño por las últimas escuelas de la filosofía de la ciencia (como vimos en nuestro Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia, y más concretamente en varios post como este: La Verdad Científica Como Consenso) Si hay una verdad absoluta ahí fuera, se encuentra más allá de nuestro alcance. Eso sí, la ciencia intenta hacer retroceder, paso a paso, el muro de nuestra incalculable ignorancia. Empero muchos científicos profesan un amor incondicional a su objeto de estudio y no terminan de reconocerlo. ¡El amor es ciego! e ¡ignorante!, dicho sea de paso. A menudo, casi textualmente, he sido criticado en varias ocasiones por “ensañarme mucho con la ciencia, demasiado! ¡Se trata de una percepción rotundamente falsa! A título personal  tengo pasión por ella, lo que ocurre es que una cuestión es el interés/ pasión, y otra muy distinta pensar que “ella es perfecta”, como defienden muchos profesionales dedicados a la Filosofía del Conocimiento. Se trata de una escuela a la que denominamos constructivismo, muy importante desde hace tiempo y que sigue ganando adeptos, más aun desde que las ciencias cognitivas comenzarán a dinamitar desde el propio seno de la indagación científica cualquier atisbo de objetividad pura, tanto en nuestras mentes como en los productos que se derivan de ella. Nos estamos refiriendo pues a un constructo social. Abajo os dejo unos párrafos preliminares, extraídos de Wikipedia, acerca de estas ramas del saber. Fijaros que cuando os reproduzco unos escasos fragmentos del texto que expone la enciclopedia libre sobre filosofía del conociendo, lo hago desde su capítulo dedicado a la de la ciencia, para que no alberguéis la menor duda. 

Ruego al lector que se fije en el siguiente hecho: La tecnociencia incorpora parte de las humanidades y en especial las ciencias sociales al núcleo duro de su programa científico de Investigación, desde la perspectiva lakatosiana, sobre la que ya abundamos con varios post en nuestro “Curso Básico de Filosofía de la ciencia”. Se me antoja paradójico que un hecho deseable, lograra por fin entrar en el seno de las discusiones acerca de  la ciencia, usando un vehículo que considero intelectualmente muy obsceno como lo es la propia tecnociencia. Más aun, dado que esta última y los estudios sociales de la ciencia, al contrario que en la filosofía clásica sobre el tema, cambian de dirección al analizar cómo trabaja la ciencia, dejando en un segundo lugar su esencia de la indagación científica (como lo es por antonomasia el método científico en su mismo), la propia filosofía se “socializa” y “desacraliza” bajando también de su pedestal

Será a partir de ahora la praxis y los intereses que la condicionan los que aglutinarán los estudios acerca de que es la ciencia.  Y así el progreso de la ciencia no se cargará a “hombros de gigantes intelectuales”, sino que debatiremos acerca del poder, la avaricia, la codicia, la vanidad y otras cualidades lamentablemente muy humanas

Y estas líneas vienen a colación debido a la propia definición de Tecnociencia, ya que esta diluye lo natural de lo social, lo objetivo de lo subjetivo, etc. Extraje el siguiente fragmento de texto, que ya os comenté y sobre el que sigo abundando abajo, de un artículo, firmado por tres expertos, y entre ellos Xavier Echeverría: Todas las dicotomías (naturaleza/sociedad, sujeto/objeto, humano/no humano) son puestas en tela de juicio en un intento de superación de la ideología de la modernidad (…). Soslayando toda esa desiderata de modernidad, posmodernidad, etc., lo cierto es que las aludidas dicotomías son a menudo las peores de todas ellas, por lo menos cuando abordamos temas científicos:las antonimias”. En este sentido os recomiendo que leáis una interesante obra del pensador francés  de Jean-Marc Lévy-Leblond de la que hablamos en nuestro post: “El Discurso Científico, los Conceptos Contrarios”. Y reitero por enésima vez, no podemos seguir pensando que es posible asirse a alguna verdad absoluta.  Debemos aprender a vivir con la incertidumbre de nuestros progresos, científicos o culturales en general, siempre mejorables (Los Conceptos Científicos y sus Limitaciones: Vivir en la Incertidumbre).  Y si la ciencia es un constructo social, la antaño considerada nítida frontera entre la  filosofía y la sociología, se diluye paulatinamente. De aquí que la Tecnociencia, incluso para aquellos que tienen fe ciega en la misma (que son los poderes fácticos que la sustentan) suelen aceptar tal constructivismo sin más miramientos y reparos, y menos aún ascos en sus discursos.

Y quizás sea este uno de los aspectos de la Tecnociencia que menos dañino se me antoja. Me refiero al reconocimiento  del interés de romper esa invisible pero pertinaz frontera que separa las humanidades de las ciencias. Ya en 1959 C. P. Snow habló del daño generado por tal línea roja, tanto a los estudios transdisciplinares como al conocimiento humano en general. Necesitamos la convergencia de las dos culturas, pero no en la dirección que apuntan los ayatolas de la tecnociencia. 

Por otro lado, y como veréis en los fragmentos de texto que os expongo abajo, las Tesis sobre las que Echeverría se basó para el desarrollo de su propuesta de tecnociencia,  en primera instancia, no parecerían encajar adecuadamente con las que usaron Latour y callón a la hora de exponer la denominada Teoría Actor-Red. Sin embargo a la postre este notable filósofo, junto a González y Casanova (2004), intentaron, más que conciliarlas, demostrar que juntas estimulan mutuamente su potencialidad heurística. Y es por esta razón por lo que hemos preferido escoger este artículo a otros de igual calidad. 

Así pues, en este post intentamos relacionar la Tecnociencia, con la Filosofía del Conocimiento y la denominada Etnometodología.

Juan José Ibáñez

Continúa…….

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La Esperanza de GAIA 2.0: Autoconsciencia Planetaria Asistida

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 Por mucho que desee ser optimista acerca del futuro de la humanidad y nuestro planeta,  día a día me vuelvo más escéptico. Decía un refrán que “El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. Francamente creo que se han quedado cortos. Por ejemplo, durante el Siglo XX dos guerras mundiales fueron fruto de problemas nacionalistas. Pues bien, comenzado el siglo XXI, todo apunta a que tendemos a retornar a las andadas. Y lo lamento, ya que la noticia de hoy merecería una redacción más cándida y crédula. Sin embargo, no puedo, visto lo visto y lectura tras lectura, a lo largo de demasiadas décadas. Todos conocéis ya la hermosa hipótesis Gaia, propuesta por James Lovelock y perfeccionada por Lynn Margulis, de los que soy un gran admirador. Pues bien, otro de mis maestros como lo es Bruno Latour  (ya os hemos hablado de algunas de sus propuestas en sus facetas de filósofo y pensador preocupado por la ciencia), junto al sociólogo británico Tim Lenton (no he tenido el placer de leerle por lo que nada os puedo decir de él) , acaban de dar una vuelta de tuerca más a la metáfora proponiendo una nueva formulación denominada Gaia 2.0, o como explica el rotativo ABC  “Gaia ha muerto. Bienvenidos a «Gaia 2.0” ¡Amén!. ¡A Rey muerto Rey puesto!. Pues bien, Latour y Lenton dicen que el ser humano puede cambiar el ¡sistema operativo! de GAIA, de tal modo que se alcance un “nuevo nivel de autoconciencia”, si se percata de los daños que ha causado en el Planeta y adoptan las medidas oportunas, como abrazar la denominada “Economía circular” y frenar sus frénicos impulsos destructivos o destrozos a escala global. A nivel de especie consciente, generamos sin parar “crímenes de lesa humanidad” Por lo tanto, tal propuesta sería algo así como “cambiar de chip”, aprender de los tropezones previos y ser nosotros los que guiáramos a GAIA mediante una “autorregulación deliberada” Empero para ello necesitamos cambiar nuestro clima colectivo-mental, para a la postre intentarlo seguidamente con el climático. Y así, “nuestro mundo buscaría la forma de adaptarse a la acción de los humanos, igual que lo hizo durante otras situaciones cambiantes y amenazadoras. Pero, por primera vez, lo hará “de acuerdo con los propios humanos”, según la nota reproducida de Europa Press por el Diaio ABC, que no deja de ser una simple traducción de la que os ofrezco debajo en inglés de Terradaily. ¿De quién es el copyright?.   

 Empero seguimos empeñados en no ser conscientes de las repercusiones de nuestros actos, por lo que, para alcanzar tal estado de “inteligentia planetaria”, algo muy grave debería pasar primero. Los que ostentan el poder no se dejan amedrantar por frases y discursos tan hermosos, como bien intencionados, aunque yo diría que hasta ingenuamente cándidos. Si deliberadamente estamos destruyendo Gaia: ¿Cómo podemos “deliberadamente cambiar nuestra “mala-consciencia”?. Tan solo un gran impacto, una enorme catarsis, una tragedia descomunal, podría dar paso a tal transmutación, por aquellos humanos que hubieran sobrevivido. Yo preguntaría a Latour y Lenton, sino recuerdan que la evolución ha transcurrido a golpe de mamporrazos, es decir esencialmente mediante un jalonamiento de grandes extinciones y radiaciones. Y de ser así, presumo que estamos a la espera de otra de las primeras.  No entiendo como Latour está tan desmemoriado, o las razones de su optimismo. Mientras tanto, sigo dudando de que el depredador se deprede así mismo para dar lugar a un hermoso cisne. Ahora bien, os dejo este encantador cuento de hadas, ya que por bello me gustaría creermelo a “fe ciega”.   En los enlaces previos que aluden a Gaia 2.0, podéis pinchar y ver las noticias aludidas. Yo he traducido, sin miramientos (es decir utilizando el traductor Google a lo bestia) la noticia original en Inglés. Termino pues con el Título de ABC “Gaia ha muerto. Bienvenidos a «Gaia 2.0”, en su adelantado cuento de navidad. ¿Gaia o agujero negro?.

 Juan José Ibáñez

 Continúa………

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Hipótesis Nula e Hipótesis Alternativa en Ecología y Edafología

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Hace años le pregunté a un afamado ecólogo italiano, como reconocían si un patrón determinado  en el ámbito de la macroecología era idiosincrático de las comunidades biológicas. El me respondió que la hipótesis nula era la ausencia del mismo, por lo que si se detectaba era propio a la naturaleza de la organización/distribución o patrón detectado de las especies biológicas. Realmente me sorprendió. Francamente, como pionero de los estudios de edafodiversidad (pedodiversity),  me planteé que la hipótesis nula era que los que yo detectaba en edafodiversidad y la distribución de los suelos en el paisaje era conforme a los que acaecían en el ámbito de la biodiversidad y ecología del paisaje. El primer trabajo a este respecto que publicamos sobre el tema llevaba por título “Nested subset analysis and taxa-range size distributions of pedological assemblages: Implications for biodiversity studies”. En aquél “paper” mostrábamos, en base a estudios previos, que las regularidades detectadas en el ámbito de la biodiversidad y macroecología eran habitualmente los que nosotros encontrábamos en nuestros temas de estudio, es decir la diversidad de los suelos y sus pautas de distribución en el paisaje. Como corolario la asunción de los macro-ecólogos y expertos en diversidad resultaban cuestionables, por no decir refutables. Debido a ello deberían pues replantearse los contenidos de su corpus doctrinal.   

Pero aclaremos primero que podemos entender en términos sencillos por macroecología, para lo cual extraeré unas breves líneas de la Revista Ecosistemas: La macroecología estudia los patrones y procesos de distribución y abundancia de las especies a escalas regionales o incluso globales. Esta definición es muy semejante a la de Biogeografía, que es la ciencia que estudia la distribución de las especies a gran escala…….  y…).

La actividad científica debería consistir esencialmente, o al menor ser parte fundamental, en la proposición de hipótesis y en los estudios pertinentes para refutarlas o corroborarlas, como defendía el filósofo de la ciencia Carl Popper. En otras palabras, se trataba de separar el grano de la paja hasta alcanzar teorías científicas robustas. Lamentablemente, la política del “publica o perece” ha dado lugar a que los investigadores nos preocupemos casi exclusivamente en proponer que no en corroborar, a no ser que algún insensato ataque nuestros constructos teóricos ya publicados. Y así, numerosas ideas, hipótesis y evidencias empíricas interesantes pasan, tras ser lanzadas, al limbo de los autistas en un abrir y cerrar de ojos.  No escribo estas líneas por el caso que me afecta y os he narrado, sino que por desgracia es moneda de uso corriente en la actividad científica contemporánea. Estas disciplinas a las que me refiero ya en el título del post, se basan esencialmente en los análisis estadísticos, por lo que considero conveniente explicar en esta entrega en qué consisten las denominadas Hipótesis nula  e Hipótesis alternativa. De lo dicho anteriormente, yo personalmente desprendería la siguiente hipótesis alternativa: “Una buena parte de los patrones detectados en los estudios de diversidad, ya sea de suelos o de comunidades vivas, son debidas a la dinámica no-lineal y/o compleja de ambos recursos naturales“. Obviamente sigue siendo una hipótesis meramente especulativa (a pesar que se haya demostrado tanto en suelos como en ecosistemas), ya que la literatura científica actual se encuentra repleta de hipótesis que no han sido debidamente corroboradas o refutadas. De aquí que, en ausencia de esta noble y vital tarea para el progreso de la ciencia, me vea obligado a alinearme como podéis constatar abajo, con aquellos que soslayan ofrecer explicaciones pormenorizadas de la razón ¿científica? de sus hallazgos, sustentando los resultados que publico en su robustez/debilidad estadística.    

Comencemos pues por intentar explicar informalmente que son las Hipótesis Nulas y Alternativas, así como las críticas que a veces reciben por parte de los investigadores que analizan sus objetos de estudio con reflexión y sentido común.

Juan José Ibáñez

Continua…………….

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Tecnociencia y Ciencia Disruptiva: La paradoja de los Grandes Equipos de Investigación

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Fuente: Colaje Google Imágenes

 Los defensores de las tecnociencias, la política científica de los gobiernos con sus planes nacionales de investigación, y los medios de comunicación de masas, suelen vendernos que los equipos numerosos e interdisciplinares, junto con sus grandes y onerosas instalaciones instrumentales se encuentran mucho más preparados para el progreso de la ciencia, perdón ¡tecnociencia!. que los demás Las noticia que os voy a traducir hoy publicada originalmente en Inglés (Nature Letters)  viene a desmontar la mentada falacia. Tal concepción, entra en la categoría que en un post editado hace ya 11 años denominamos Verdades y Falsas Verdades en Ciencia: “Los Tópicos Impregnantes”. Al final damos como cierto muchos de ellos, de tanto leer tal aserto, sin percatamos que tiene el mismo valor de las fake news. No es que estén equivocados, sino que son mentirosos. Hemos venido defendiendo desde hace 15 años que son las mentes creativas en momentos de “iluminación las que cambian el mundo”. Por lo tanto, yerran nuestras autoridades cuando ponen todas sus esperanzas en este tipo de “gran ciencia”, en lo que respecta al tamaño, aunque este tema sea relativamente independiente de la dudosa grandeza la tecnociencia. Y ellos lo saben, ya que muchas de las empresas actualmente más cotizadas del mundo se iniciaron por una mente maravillosa o por un grupo de ellas. Y la carta a la revista Nature así lo constata con contumacia, ya que los autores que en este caso si debieron hacer uso de las(os) denominadas big data, datamining y meta-análisis. Lo intuyo por la cantidad de escritos que dicen haber revisado.  Más concretamente, como veréis abajo, señalan que “Aquí analizamos más de 65 millones de documentos, patentes y productos de software que abarcan el período 1954-2014, y demostrar que a lo largo de este período, los equipos más pequeños han tendido a alterar la ciencia y la tecnología con nuevas ideas y oportunidades, mientras que los equipos más grandes han tendido a desarrollar los existentes”. La ciencia, la gran ciencia, pero también ocurre en tecnología, es coto casi privado de ideas disruptivas. Abajo os dejo algunas noticias sobre la acepción del término actualmente, ya que con anterioridad, o en otros ámbitos del conocimiento, el palabro “disruptivo” alberga muy variopintos significados. Resumiendo, los grandes equipos e instalaciones “en general” (hay investigaciones que efectivamente sí requieren este tipo de enormes entramados por necesidad) suelen tender a llevar a cabo hacen lo que Kuhn denominaría ciencia normal, mientas que los pequeños generarían algo más cercano a los cambios de paradigma. Se trata de cambios bruscos, rompedores que crean un punto de inflexión, es decir un antes y un después. Por el contrario, la tecnociencia tiende a promover, con sus urgencias y cortoplacismos, productos que tengan una gran aceptación en el mercado inmediatamente. Así pues, los primeros y actualmente despreciados grupos de investigación con tamaño reducido son en realidad el sustento casi indispensable de los segundos. Empero mientras la mayoría de ellos son ignorados (sin negar  que una minúscula élite de estos investigadores han entrado en el ranking de los personajes más ricos del mundo”) los últimos son promocionados y altamente incentivados por los dichosos planes nacionales de I+D+i.  Es decir, que un falso tópico impregnante revolotea en la cabeza de nuestros sesudos gestores, dando lugar a que la financiación y programas estratégicos sean menos eficientes que lo que debieran.

 Cierto es que existen las denominadas starups  e incubadoras de empresas, entre otras herramientas de las tecnociencias que ayudan a que jóvenes emprendedores den los primeros pasos en sus iniciativas pre-tecnológicas o tecnológicas. Algunas de ellas pueden y tienen éxito, mientras que la mayoría no. Es algo lógico, cuando hablamos de ciencia creativa y tecnología disruptiva. Este ha sido el caso de España, por poner el ejemplo que mejor conozco. Sin embargo, una vez patentado un diseño/tecnología/ procedimiento/etc. ingenioso, la mayoría de ellos (sus patentes) son adquiridos por grandes empresas, que pagan por adueñarse de ese valioso botín. Tal hecho significa que los brillantes emprendedores logran una buena ganancia, pero también que la mayor parte del beneficio del producto lo recibirán las grandes empresas multinacionales, en la mayoría de los casos. Y así se llega a la paradoja que los creativos pasan a ser meros suministradores de ideas innovadoras para el gran capital que vende mercancías. Este problema resulta tanto más grave cuando más rácano, conservador y miope sea el empresariado de un país, como ocurre en España. De todos modos, los empresarios latinos de ambos lados del atlántico, no se caracterizan por invertir en innovación y menos aún de capital riesgo, también denominado emprendedor. Finalmente, las ideas y sus beneficios terminarán en manos de los Estados más poderosos y su tejidos empresariales, con independencia de donde nacieron. ¿No salen ganando siempre los mismos?.

 Las autoridades Europeas llevan varias décadas muy preocupadas por el hecho de que sus esfuerzos y recursos en materia de investigación y desarrollo, terminan generando menos beneficios financiaros comparativamente que en EE.EE. Es decir somos menos “tecno-competitivos Este hecho es conocido como la “paradoja europea”. Y en tal contexto, por ejemplo, España sería la paradoja de la paradoja Europea, ya que todo termina siendo más histriónico y decepcionante. Obviamente si la Unión Europea no logra alcanzar los beneficios que en EE.UU. se debe a un problema de la propia “in”-cultura empresarial, que no de la ciencia y la tecnología que atesora. Por lo tanto, cabría devolver la pelota a los empresarios y directivos que exigen que las universidades y centros de investigación que presten atención a las necesidades de sus empresas. Desean que desde el sector público se les haga casi todo el trabajo y financie la mayor parte del mismo, con vistas a que ellos vayan engrosando sus cuentas bancarias. ¿No sajen ganando siempre los mismos? ¡Así sale vencedor cualquiera!. Los dados se encuentran fuertemente cargados.

 Visto lo visto, nada de lo que pretende la tecnociencia parece razonable, sino meramente colonizador y mezquino, al menos en la mayoría de los Estados. Y así la Ley de San Mateo se torna en una Ley bajo el imperio de la economía globalizada que sufrimos.  ¿Qué ocurre en Latinoamérica? ¿Qué piensan por allí los filósofos de la tecnociencia?. No os preocupéis será  también un tema capital de este curso de Filosofía de la tecnociencia.

Juan José Ibáñez

Continuemos y sorprenderos………..

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La Dualidad Onda Partícula: Observación y Teoría en Ecología y Ciencias del Suelo

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Fuente: Juan José Ibáñez

Siempre me ha apasionado la extraña exotiquez de la mecánica cuántica. Ya de joven, en la universidad, estudia con dos amigos que se encontraban cursando la carrera de CC. Físicas y otros dos la de matemáticas. Nos reíamos mucho. Por ejemplo, le preguntábamos a uno de ellos (que terminó haciendo su tesis doctoral bajo la dirección de un Premio Nobel chino que trabajaba en Hamburgo, y luego se marchó al CERN). ¿Nos puedes repetir que es un electrón?, ¡no lo entendemos!. Y respondía algo así como “es un espacio de probabilidades”. Y bromando insistíamos ¿una partícula es un espacio de probabilidades?. Carcajadas. Muchas de las ideas que pueden extraerse de la mecánica cuántica son alucinantes, o como suele describirse en el ámbito de la ciencia “contra-intuitivas”.  Si a un científico de otra disciplina de inicios del siglo XX le hubieran augurado el potencial heurístico de esas “cosas locas” que defendían los fundadores de esta ciencia, se habrían burlado. Si a esos mismos incrédulos se les dijera que a inicios del Siglo XXI una de las grandes aportaciones, directa e indirectamente, al PIB de EE.UU., procedería de aquella locura, nos echarían de sus despachos o llamarían a un centro psiquiátrico.  ¡pero así es!. Y de hecho algunos de aquellos genios tenían que discutir con místicos orientales debido a que los filósofos occidentales se “les cruzaban los cables neuronales” al escuchar sus desideratas. De hecho a la hora de entender sus descubrimientos, ni ellos mismos se po0nían de acuerdo, por lo que al final se adoptó un consenso al que denominaron en su día “Interpretación de Copenhague”.

Hoy en día nadie duda de las enormes aportaciones de la mecánica cuántica al progreso de la ciencia, aunque su racionalidad nos sigue pareciendo bastante irracional. ¡Pero funciona!, y gran parte de sus predicciones han ido siendo corroboradas con pruebas empíricas o indirectamente. Siguen existiendo aspectos que van tan lejos como la película más esotérica de ciencia ficción que pueda imaginarse. ¿Por qué los mundos paralelos y los multiversos  siguen surgiendo como posibilidades plausibles en sus indagaciones teóricas?. Y no se trata de un  estudio concreto, sino que emergen como por arte de magia en las indagaciones de numerosos físicos teóricos,  una y otra vez, cuando abordan la Teoría del Todo y/o la de Supercuerdas?. Y podríamos seguir……. Pero centrémonos en uno de sus constructos modelo-teóricos más antiguos y conocidos, es decir en la Dualidad Onda-Partícula. Digamos que es de obligado cumplimiento que al hablar de este tema se haga también de la relación de indeterminación de Heisenberg o Principio de incertidumbre de Heisenberg. Abajo os ofrezco información sobre este tema, pero intentemos extraer la esencia epistemológica o gnoseológica, abstrayéndonos de si el objeto de estudio es de naturaleza cuántica o por el contrario, por así decirlo de la física clásica. Se que a muchos no les gustará tal libertad, pero tengo argumentos para permitirme tal modo de proceder.

La esencia de la “Dualidad Onda Partícula” no resulta ser tan extraña como parece. Conforme a este constructo modelo-teórico, un “objeto” puede comportarse como una onda (un continuo) o una partícula (objeto discreto) en función del tipo de observación que conlleva inherentemente teoría e instrumentación. Ya publiqué mi tesis sobre este tema (la dualidad onda-partícula y continuo-discreto) en edafología  en un capítulo de libro que llevaba por título The search for a new Paradigm in Pedology, y al que podéis acceder los que sepáis un poco de inglés. Básicamente, el tema ya se ha tratado en este blog. Pero sigamos de manera algo más ortodoxa: la Dualidad Onda-Partícula nos viene a decir que ciertas partículas elementales pueden exhibir comportamientos típicos de ondas en unos experimentos mientras aparecen como partículas compactas y localizadas en otros experimentos. Dado ese comportamiento dual, es típico de los objetos. En principio parecen conceptos antagónicos (El Discurso Científico, Conceptos Contrarios) como defendería Jean-Marc Lévy-Leblond. Sin embargo este descomunal intelectual ya aclara que proponer racionalmente que dos conceptos son genuinamente contrarios puede llevarle a uno al borde del precipicio. Y es que el tema soslayado de los conceptos es un pilar fundamental en la filosofía de la ciencia y el método científico, que asombrosamente ha recibido muy poca atención (ver relación de post previos sobre estos temas abajo).

En la mayoría de los casos, que califiquemos algo de la naturaleza como discreto o como continuo, depende de la teoría, observación, instrumentación y experimentación. Ese algo natural puede ser continuo y/o discreto en función de las últimas.  En el capítulo The search for a new Paradigm in Pedology defendí, ante una escuela muy poderosa de la ciencia del suelo, que considerar que los tipos de suelos (objeto) eran entes artificiales ya que este recurso natural varía en continúo, no deja de ser más que una aberración de mentes incultas y que desde luego carecen del más mínimo conocimiento de en qué consiste el método científico.   Lévy-Leblond estaría totalmente de acuerdo conmigo. En consecuencia, la antinomia continuo-discreto se diluye como un azucarillo en un café caliente ya que depende del corpus doctrinal defendido por distintas escuelas científicas rivales. El gran filósofo Ludwig Wittgenstein, en sus brillantes investigaciones filosóficas, al hablar  acerca del Juego del lenguaje, venía más o menos a decirnos que definir que es un juego le resultaba prácticamente imposible, ya que algo que palmariamente no lo era entraba en las definiciones, mientras que actividades que casi todos defenderían que son un juego no. ¡Los juegos de lenguaje.!. Pero encaminémonos  al ámbito de la ecología, donde vamos a toparnos con más de lo mismo, como también en numerosísimas disciplinas científicas. Existen realmente tipos de ecosistemas, ¿o los ecosistemas son un continuo sin fronteras reales?. Pues bien, como en el ámbito de la edafología los ecólogos no se ponen de acuerdo. Para una escuela los ecosistemas pueden y deben distinguirse en tipos o clases, mientras otra defiende que no. Estos últimos piensan que la edafosfera es un continuo. Los primeros utilizan, al margen del debate sobre las bondades de sus modelos teóricos, unas herramientas matemáticas concretas de las que puede obtenerse una buena descripción de estos entes, aptas para múltiples propósitos, ya sean de naturaleza básica o aplicada. Lo mismo  ocurre con los segundos. Finalmente otros expertos son más pragmáticos aplicando ambas aproximaciones simultáneamente, o según los objetivos que persiguen, en una indagación concreta. En geomorfología, por ejemplo, ocurriría lo mismo.

Y es que como se decía en la famosa serie televisiva Expediente X o Expedientes Secretos: “La realidad está ahí fuera”, y nuestra mente tan solo puede captar un idea distorsionada a partir de nuestros limitados aparatos sensoriales y los escasos conocimientos e instrumentaciones que hemos ido acumulando durante tres siglos. La realidad pura es algo que “ontológicamente” está fuera de nuestro alcance. Y es que nos enfrentamos a un problema cognitivo más que real, como ya expliqué en mi libroLos Números Mágicos” (The Magic Numbers). Desde que nacemos, nuestra mente se desarrolla entendiendo y clasificando las cosas y seres del mundo que nos rodean. Hablamos del concepto de cosificación o de reificación (esta descripción es un tanto esotérica, pero no he tenido tiempo de encontrar un texto más decente en la Web). Según la RAE cosificar podría definirse como: (1): Convertir algo abstracto en una cosa concreta; (2) Reducir a la condición de cosa a una persona (la que parece más popular actualmente). Como se defiende en uno de los fragmentos reproducidos abajo: “la dualidad onda partícula no se resuelve hasta que el observador lo decide”. Entendemos pues la preocupación de filósofo Ludwig Wittgenstein anteriormente aludida en sus investigaciones sobre el lenguaje (ver abajo material acerca de este asunto).  Como se defiende en la página Web el Juego del lenguaje,“ acerca de las elucubraciones de Wittgenstein: (…) Wittgenstein insiste en que no hay una esencia “juego”, como algo en común de lo que participasen los diversos juegos y con ayuda del cual los pudiésemos “definir”. Entre los diversos y variadísimos  “juegos”, sólo puede discernirse cierta similitud o “familiaridad” (…). Dicho de otro modo, no se puede discernir con rotundidad que es un juego de lo que no lo es.

Empero la ciencia nos informa hoy de que el lenguaje determina el pensamiento (incluso a nivel de idiomas o lenguas), y para hablar nos vemos obligados a “cosificar”. Por tanto, tendemos cognitivamente a dividir esa ambigua naturaleza de las cosas “continuo-discreto, en objetos, y como corolario pensar de modo discreto, que no continuo, con independencia de la naturaleza ontológica de las “cosas”.

A pesar de la opinión de muchos físicos teóricos, yo sostengo que  seguramente, como defiende Jean-Marc Lévy-Leblond (ver nuestro post: El Discurso Científico, Conceptos Contrarios), no podamos concluir si “algo es “realmente” “discreto o continuo” (abajo os dejo una relación de post previos que abundan sobre estos temas con numerosos ejemplos), ya que depende de nuestra mente, teorías e instrumentaciones. Como dice la mal denominada Ley de Campo Amor:   Nada es verdad o es mentira, todo depende del cristal con que se mira. Sustituyamos cristal por aparato cognitivo, lenguaje, teoría e instrumentación (…) y posiblemente tal ¿Ley?, sea acertada, al menos en este contexto.

Sobran pues los ataques entre escuelas rivales sobre la realidad de la antonimia continuo-discreto, muy abundantes en la bibliografía. Este tipo de controversias lo único que constata es nuestro analfabetismo por otros ámbitos del conocimiento humano, que solemos soslayar como científicos, y que, de hecho, nos ayudarían a erradicar las telarañas de nuestros confusos e ignorantes pensamientos.

Posiblemente ni en el mundo de la mecánica cuántica ni en cualquier otro, existan hondas puras o partículas puras. Siendo nuestras humanas limitaciones las que nos hacen divagar por laberintos sin salida¿Qué serian pues?: “otro ente” (ya no podemos utilizar cosa… por lo  de“cosificar”) que no sabemos/podemos imaginar y, como corolario menos aún, describir y comprender en toda su plenitud

Juan José Ibáñez

Os dejo abundante información sobre el tema…….

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De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia (Nuevo Curso Básico y Sus Razones)

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Entre 2007 y 2012, aproximadamente, abrimos e implementamos los principales contenidos de nuestra categoría “Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia”. Jamás pensé que fuera a tener el éxito que ha alcanzado. Poco después disfruté como profesor de estos temas en un master de posgrado y excelencia de la UPM (ver por ejemplo  la siguiente entradilla “La Convergencia entre Disciplinas Científicas e Ingenierías”). El curso, a pesar de ir dirigido a ingenieros, es decir jóvenes con una mentalidad práctica, gustó a la mayoría de los alumnos. Obviamente, entre la filosofía y sociología “clásicas” de la ciencia y la praxis actual de la actividad investigadora existía un hiato profundo que tan solo en parte era cubierto apelando a la filosofía, por lo que acudí, no a la clásica escuela “sociológica  mertoniama” de la ciencia, insípida y poco adecuada  a la hora de explicar el mundo de la indagación en el que estamos inmersos. En consecuencia, iba inclinándome, sin dudarlo hacia los denominados estudios de la ciencia, o estudios sociales de la ciencia, que pueden considerarse aquí como sinónimos. Estos atesoran una fuerte inspiración en las propuestas que Bruno Latour y Michael Callon desarrollaron esencialmente a finales de la década de los 80 y principios de la de los 90 del siglo pasado. A pesar de todo, presentía que algo/bastante fallaba/faltaba, por cuanto no detectaba bibliografía reciente (novedosa) sobre la filosofía de la ciencia. Practicante no se habían publicado propuestas que marcaran hito alguno desde Feyerabend. Y Arañé la superficie sin lograr profundizar. No me equivocaba, o al menos descarriaba en demasía. Son justamente  Latour y Callon, entre otros, los que ahora han sido  considerados pioneros destacados de la denominada filosofía de la tecnociencia, como nos explica por ejemplo el filósofo Javier Echevarría, uno de sus principales exponentes en habla castellana. La filosofía e incluso la sociología de la ciencia siguen siendo válidas, si bien se nos quedan corta con vistas a explicar el quehacer reciente de la ciencia y su relación con la tecnología y la sociedad. Actualmente, aunque se hable de ciencia, realmente la mayoría de los políticos y medios de comunicación nos informan sobre el “lado bueno” de la denominada tecnociencia. Empero gran parte de los males actuales que hoy nos acechan, procede de la mentada tecnociencia. ¡Si! también esconde un lado oscuro, pero que muy oscuro.

Nunca existió, en mi modesta opinión, una filosofía de la tecnología digna de ser comentada. Sin embargo, ya sabemos que frasecitas billones de veces repetidas y aparentemente inocuas, como las de “ciencia, tecnología e innovación” o ciencia y desarrollo tecnológico, esconden un lado oscuro, pero que muy oscuro para la mayoría de los mortales.  No defiendo que toda tecnología sea perversa, y menos aún inútil, sino que se aplica a fines procelosos, estando en manos no de los científicos, sino de esos lobbies políticos, financieros, militares, empresariales multinacionales, etc., a los que no les importa el verdadero conocimiento, sino los pingues beneficios que, de un modo u otro, puedan acarrearles y arrebatarnos

Menguan rápidamente los investigadores que nos plantemos la ciencia en términos de hacer retroceder el muro de la ignorancia humana sin más; de entender mejor el mundo que nos rodea y a nosotros mismos, sin más propósitos. El objetivo de la tecnociencia no es precisamente ese, sino el control del poder desde todas sus aristas por parte de la oligarquía global.  Algunas tecnologías, como las TICS, las usamos masivamente, siendo útiles para el ciudadano, muchos de los cuales son ya hiper-dependientes, por no decir adictos, a las mismas. Los propios blogs son un ejemplo, como la telefonía móvil y esos smartphones que llevan los más jóvenes, adheridos a sus cuerpos, abstrayéndose del resto del mundo.  Empero volvemos a reiterar que dejar el control en las manos de los que engañan y expolian a los ciudadanos, sin el menos control, nos ha conducido a esta sociedad sórdida insolidaria y a todas luces insustentable. Y así, por ejemplo, el medio  ambiente interesa como modelo de negocio, lo mismo que la salud y el bienestar general de los ciudadanos. El control en manos privadas de casi todo, deviene en un cáncer que ha invadido nuestro cuerpo social casi en su totalidad. Y entre ellas cabría destacar también la precarización del empleo, el paro y la salud laboral, etc., etc.  

Por definición, el propósito de las industrias es vender, vender mucho, cuanto más mejor (ver como botón de muestra nuestro antiguo post Las miserias del capitalismo: La obsolescencia programada, o por qué vivimos en una sociedad anti-sustentable”). ¡Si!. Para vender sus productos estos deben durar poco ya que se trata de comprar, usar, tirar y comprar, usar, tirar y comprar, usar, tirar y comprar “ad nausean”. Luego nos lamentamos, por ejemplo, de la contaminación con microplásticos, o del cambio climático, frutos en gran parte del uso de la tecnociencia, como iremos demostrando ¿Dónde queda pues el conocimiento científico? Sigue siendo la piedra angular de la tecnociencia, no lo dudo, empero empleado para otros fines, generalmente, menos nobles que los de antaño, con salvedades, tanto antes y después. Actualmente la libertad para hacer ciencia, ha ido dando paso a que los investigadores sean un nodo más en la cadena de montaje tecnocientífica. La ciencia, tal como existía hasta mediados del siglo XX, sufrió un golpe mortal bajo la denominada “big Science” primero, y después con la ya asentada tecnociencia.  Tan solo en las ciencias menos sexy, y aun así por la obstinación de algunos de nosotros, se la intenta hacer frente con precariedad y sufriendo todo tipo de críticas y descalificaciones por los ciudadanos (generalmente tendenciosamente informados por los medios de comunicación), políticos y empresarios. No somos libres, sino exclavos.

Entiendo que todo esto os sonará a (i) Juanjo se ha quedado obsoleto y, como viejo en ciernes, defiende que” todo tiempo pasado fue mejor”; o (ii) Juanjo ha vuelto a apretar las tuercas de sus neuronas radicalizándose hasta límites insospechados. ¡Pues va a ser que no!. Lo que os voy a ir narrando no se de cosecha propia, sino de los filósofos y sociólogos actuales. Yo actuaré como correa de transmisión. Eso sí, intentaré añadir algunos granitos de arena que intenten clarificar la situación.  

Reitero que bastante arto del rumbo de la ciencia actual, durante un par de décadas, soslayé lecturas de lo que creí que eran disquisiciones en boga, sin sustancia, puramente retóricas, cuando se mentaba la tecnociencia, innovación, emprendimiento, etc.  Craso error. ¡Enorme!, ¡descomunal!. Fue justamente en el verano de 2016, cuando leía un libro por placer sobre ese hilarante intento de evadir el envejecimiento y alcanzar la inmortalidad (ver el post: Jugando a Ser Inmortales: Transhumanismo y Singularidad Tecnológica; el día en que dejemos de ser humanos), cuando se cayó la venda de mis ojos y topé abruptamente con la filosofía de la Tecnociencia. Ahora entiendo bastante mejor muchas de mis críticas, quejas y lamentos en entregas precedentes a cerca de la estructura, dinámica y evolución de la ciencia actual. Abajo os hago una relación relativamente prolífica, aunque ni mucho menos exhaustiva, de tal material ya editado.

Repito una vez más, para ser lo más transparente posible, que resulta curioso como muchos de mis post previos almacenados durante 14 años en varias de las categorías de nuestra bitácora  (ver el margen derecho de vuestro monitor): “Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia”; “Curso breve sobre Periodismo Científico ”; “Curso Básico de Ciencia para Jóvenes Universitarios y Tecnólogos”; “Filosofía, Historia y Sociología de la Edafología”; “Fraude y Mala Praxis Científica”; “La Crisis de la Edafología”; “Prensa y Política Científica”; “Redes Complejas, Ecológicas, Sociales y el Mundo de Internet”; “Curso breve sobre Periodismo Científico”; “La Convergencia entre Disciplinas Científicas e Ingenierías” adquieren una nueva dimensión ante mis ojos y cortas entendederas. 

A diferencia del curso sobre filosofía y sociología de la ciencia, para el cual había leído bastante y durante muchos años, deberé redactar los post de este nuevo “cursillo acelerado” conforme vaya leyendo libros y material de Internet.  No se trata de improvisar, sino de informaros conforme vaya asimilando lo que encuentro de interés en este mundillo.

En cualquier caso, estoy completamente convencido de que con este material y sus enlaces asociados, no sólo entenderéis mejor como trabaja en gran medida la ciencia actual y con qué propósitos, sino también los sinsentidos del mundo en el que nos ha tocado vivir. ¿Lo dudáis? ¿Sí? Pues os aseguro que quien siga el este nuevo curso terminará por entender lo que no desean que entendamos o lo que no queremos ver. Por las razones aludidas, iré editando post pausadamente, no esperéis un manantial continuo o incesante.

La ciencia comparada con la tecnociencia es puro romanticismo.

Juan José Ibáñez

Abajo os dejo el material de partida ya publicado. Iré ofreciendo el nuevo en sucesivos post ya vinculados a esta nueva categoría denominada Filosofía de la Tecnociencia

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Las Mentes creativas ante el desprecio del Establishment Conservador (frases celebres recopiladas por José Luis Rubio)

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Juicio a Galileo. Fuente: Polymath

Ya hemos hablado en otras ocasiones y especialmente en los post almacenados en nuestra categoría “Curso Básico de Filosofía y Sociología de le Ciencia”, que a menudo la creatividad se ve recompensada “tarde, mal, o nunca”. Y así, mientras los mediocres y famosos, que son los que mayoritariamente alcanzan el poder, hablan grandilocuentemente de sus proezas y descubrimientos, muchos de los cerebros más geniales de la ciencia sufrieron lo indecible por proponer ideas que desmontaban el pensamiento  defendido por los próceres de su época. No hay duda de que, en esta ocasión, tal insano y irracional modo de proceder no resulta ser exclusivo de la ciencia, afectando a casi  (si no todos) los ámbitos del saber y cultura humana en general.  Todo ello me recuerda al título de la gran novela escrita en su corta carrera por John Kennedy Toole: “La Conjura de Los Necios”, que por cierto se suicidó muy joven (a los 31 años) tras no conseguir publicarla, siendo a la postre galardonada un año después de su fallecimiento. Que cruel y sátiro resulta ser el destino.

No se trata de una idea que se le haya ocurrido al impresentable administrador de esta bitácora, sino que la historia de la ciencia la confirma una y otra vez, como estoy seguro que algo parecido ocurrirá en los mundillos del are, la literatura, la música, etc. De hecho, con toda seguridad no conocemos la obra de grandes talentos (que paso al limbo de los injustos) ya que la mediocridad es tan poderosa, como el poder de las grandes multinacionales y la dictadura financiera que padecemos. ¿Y los famosos que salen en la Televisión, y los medios de comunicación en general?. Pues… ¡De todo hay en la viña del señor!.

Sin embargo no vamos hoy a filosofar, sino a mostrar algunas frases/ocurrencias  de mentes geniales a cerca de este mal que padece la sociedad en su seno. Todo ello viene a cuento de un comentario que José Luis Rubio, realizó a este post. Personalmente, había escuchado la primera de las frases que él ya me envió por mail, pero no recordaba su autor. En consecuencia le envié un nuevo mail a José Luis Rubio preguntándole por su autor. Él no se acordaba, tampoco, pero tuvo la paciencia de buscar y/o encontrar otras dos que también os expongo. No nos engañemos, es mucho más frecuente que las mentes creativas sean vilipendiadas por sus “iguales” que alcancen un gran prestigio tras sus aportaciones.  Por lo tanto, aquellos jóvenes que pretendan tocar el cielo por sus ideas, deben tener muy presente que, posiblemente, terminen por bajar al infierno y padezcan enormes sufrimientos.  ¿El cielo?. Si existe, posiblemente después de muertos. Materia de reflexión.

Os dejo con las frases que me envió José Luis Rubio (Premio Rey Jaime I), al que agradezco su inestimable ayuda, ya que en buena medida es autor de esta entrega, aunque sea involuntariamente. Eso sí, como el post aludido en primer lugar se basaba en una idea personal que no ha sido bien recibida por mis colegas…..y hay mucho mal pensante andante,  quede bien claro que Juan José Ibáñez es tan mediocre como el que más ¿vale?. Os recomiendo también que leáis estas otras quince frases célebres de Schopenhauer

 Juan José Ibáñez

Sobre la oposición a las nuevas ideas en ciencia conforme transcurre el tiempo

-No es cierto……

-Bien, quizás sea cierto, pero no es importante…..

-Siempre lo hemos sabido”……

 

-Se la ridiculiza…….

 -Se le plantea una oposición violenta………

-Se la acepta como evidente en sí misma…….

Arthur Schopenhauer.

Las nuevas ideas siempre son puestas en tela de juicio y encuentran oposición, generalmente sin ninguna otra razón que la de ser nuevas

John Hocke

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Disciplinas Maduras e Inmaduras: ¿Hay disciplinas maduras?

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Salvador Dalí. Fuente: Arte y Diseño

El primer día de clase que imparto la asignatura de “La Metodología de la Investigación Científica”  en un Master de postgrado de la UPM, comienzo afirmando. ¡Todos lleváis ya siete años en la universidad, en una carrera de ingeniería, por lo que sabéis sobradamente que es la ciencia o la tecnología. ¿No?. Todos asienten sonriendo y asintiendo con la cabeza. Supongo que deben pensar este profesor es idiota.  Y continuo: ¿Si?. A ver tú: ¿qué es la ciencia?. Y ahí comienzan sus tribulaciones, dudas, titubeos e incoherencias.  Seguidamente, y una vez han comprendido que el asunto dista mucho de ser trivial, espeto: ¿pero al menos sabréis que distingue la ciencia de otros tipos de conocimiento humano?. ¿No?. Y vuelvo al turno de preguntas, aunque esta vez ya ni sonríen ni asienten. Comienzan a ponerse nerviosos. Cuando la clase va dando a su fin les provoco con otra pregunta: ¡Resumiendo!: ¿Tras siete años aquí, se supone que estudiandono sabéis ni en que consiste vuestra actividad?. ¡Silencio sepulcral!. Sonrío y termino señalando ¡tranquilos la mayor parte de los científicos tampoco!. Por eso estáis aquí. Yo os explicaré estas cosas, aunque no hay respuestas sencillas y sí mucha confusión al respecto.

Hará aproximadamente dos años un colega del CSIC en la “Semana de la Ciencia”, me invito a que impartiera en su Instituto una charla sobre filosofía de la Ciencia. Sinceramente dude mucho, ya que comenzar preguntando  a mis colegas ¿qué es la ciencia?, ¿Qué es el método científico? , podía dar lugar a que me lincharan por sentirse ofendidos. Siendo menos provocativo, seguí el mismo discurso. Y según mi amigo, a buena parte de los investigadores que asistieron les gusto la disertación.

No soy un listillo, que martirizo al personal pretendiendo demostrar que atesoro unos conocimientos enciclopédicos, sino más bien todo lo contrario. Si un día me propuse indagar sobre esos temas, fue el producto de un infortunio, de una enfermedad, que según los galenos, me impediría seguir investigando en el campo los suelos. Me iba, según ellos, a quedar inválido. Dicen que cuando “Dios cierra una puerta, abre una ventana”. A mí me abrió un ventanal, si bien los galenos se equivocaron, afortunadamente.

No existe contestación inequívoca a las preguntas que les hice a los alumnos. Pero hagamos otras, ¿Qué es la vida? ¿Qué es una especie biológica? ¿Qué es un suelo? Y así ad nauseam.  En este sistema de bitácoras un catedrático de física intento abordar el asunto haciendo gala de una ignorancia supina. Su post me soliviantó, por cuanto discernir que lo que no es ciencia es superstición, deviene en juzgado de guardia y una posterior y larga condena en una mazmorra. Y así comencé a impartir en esta bitácora el  “Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia”, que dicho sea de paso ha tenido una gran aceptación.

Y es que realmente, en casi en ninguna facultad del mundo se enseña a los alumnos en que consiste la filosofía de la ciencia, y cuando ocurre suele ser en las facultades de humanidades.  ¿Curioso no?. La mayor parte de los filósofos de la ciencia fueron matemáticos y físicos que aportaron grandes hallazgos a sus respectivas disciplinas científicas. ¡No, no eran profesores de humanidades precisamente!, algo que la gente ignora por completo.

Pero si retomamos las preguntas implícitas en el título del post. Resulta que un biólogo no puede definir la vida inequívocamente, un taxónomo que es una especie biológica (se han propuesto más de 24 conceptos), y la definición más aceptada resulta ser la que genera mayor confusión. ¿Y qué decir de un suelo o del propio universo?. ¡Peor aún!.

Para ofrecer un concepto o definición de vida, no digamos perfecto, pero al menos cerca de serlo, haría falta entender realmente que es la vida en toda su plenitud y esplendor. Y para comprenderla en su enorme complejidad resulta imperativo conocer todos los vértices de un poliedro de miles de caras o facetas. Pero hablemos de física: ¿Qué es la materia: cuales son los elementos constitutivos de la materia?. ¿Lo sabemos?. Conocemos algo, pero queda mucho por indagar.  

Si entendemos como ciencia madura una que puede definir en toda su plenitud su objeto de estudio, pronto deberemos aceptar que no existen ciencias dignas de llevar tal calificativo, ya que de lograrlo, prácticamente  habría cumplido todo su cometido. Entender la vida o la materia plenamente nos conduciría ineludiblemente a poder hacer casi cualquier casa con ellas. Pero no es el caso. Utilizamos los vocablos de “ciencia madura” con una candidez que raya con la estupidez. Como se dice en España que atrevida es la ignorancia”. Empero son muchos los científicos que creen trabajar en disciplinas maduras. Y si se les lleva la contraria se enfurecen. Reitero: “que atrevida es la ignorancia”. No necesitamos una pequeña dosis de humildad, sino cantidades ingentes.

Algunos afamados científicos (bastantes premios nobeles entre ellos) suelen vaticinar que “en X años entenderemos ”perfectamente la materia”, la vida o lo que sea”. Ser un gran experto en na especialidad concreta, dista mucho de poder considerase a uno mismo o a los demás personas sabias. Son eruditos en lo suyo pero nada más.  Sus profecías no proceden de la sabiduría, sino justamente manifiestan lo que a posteriori dicen detestar en nombre de la c¡ciencia: “la magia” y una “bola de cristal”.  Y como suelen ser nefastos para esas lides, no dan una en el clavo ni una vez. Nunca se cumplen sus predicciones.

La historia de las ciencias nos narra que, “en ocasiones”, la comunidad científica cree haber dado en el clavo. Empero pronto surgen refutaciones contundentes y hay que volver a empezar (“begin to begining”). Nos vendría muy bien a todos que nos impartieran  un buen  “Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia”, ya que personalmente soy un aficionado, aunque apasionado por este tipo de conocimiento.

A algunos colegas les aterra ese desconocimiento, no queriendo reconocerlo. Hay que aprender a vivir en la incertidumbre. Pero mientras tanto, y a la hora de llevar a cabo esa maravillosa aventura que resulta ser la indagación científica, debemos clamar esa fantástica frase: “ser realistas y pedir lo imposible”.

Juan José Ibáñez

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Científicos Creativos e Innovadores: El extraño caso de Vladimir Markovich Fridland

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Imagen de un mapa elaborado por V.M. Fridland. Fuente EU Soil Portal. JRC. UE

Vladimir Markovich Fridland (1919-1983) fue en mi modesta opinión una de las últimas grandes figuras de la edafología Rusa, por la que ya le dediqué dos post. (i) Precursor de los Análisis de los Patrones Espaciales de Suelos: Homenajeando a V. M. Fridland y (ii) Las Clasificaciones de Suelos y Nuestro Homenaje Póstumo a V. M. Fridland, por lo que no volveré a alabar su figura.

Sin embargo, el caso de Fridland es uno de esos que resulta muy difícil de explicar tanto desde la perspectiva de la en filosofía como de la sociología de la ciencia. Vladimiro, era enormemente creativo, por su cabeza debían pasar nuevas ideas a la velocidad de la luz. Editó varios libros, como dos que recojo abajo que fueron traducidos al inglés. También escribió algún que otro artículo, que también os añado al final de esta entrega. Más aun, autores norteamericanos intentaron difundir sus ideas en EE.UU. mediante otras monografías narradas por ellos ( F. D. Hole y J. B. Campbell: Soil Landscape Analysis, 1985).  Vladimiro aportó una enorme cantidad de procedimientos para el análisis espacial de las coberturas edafológicas, incluyendo diversos índices, como uno de edafodiversidad. Varias de sus herramientas podían y debían haberse aplicado a la representación de la cartografía de suelos. Tales propuestas matemáticas no resultaban ser nada  difíciles de comprender e implementar, precisamente. Fridland aún sigue siendo una figura relevante citada en numerosas publicaciones, pasando a los anales de la historia de la filosofía. Sin embargo, para su desgracia, y quizás para la de todos, sus alabadas ideas no fueron aplicadas (quizás algunas en lengua rusa, pero que no han trascendido a occidente). No se trata de uno de esos casos que ya explicamos con anterioridad en nuestro post sobre lasbellas durmientes”, ya que nunca estuvo dormido.

Y aquí topamos con un enigma. Si casi todos los edafólogos alaban la figura de Vladimiro, si sus propuestas metodológicas fueron tan sencillas….. ¿Por qué nadie intentó testarlas, corrobóralas/refutarlas y mostrar/desmontar su potencial heurístico?. Resulta difícil de explicar que existan científicos reconocidos, incluso afamados, pero a los que sus colegas soslayaron de facto, que no de palabra. Es decir, al menos en occidente, nadie, que yo sepa, puso en práctica los procedimientos de análisis espacial que nos legó, si bien los avalaron. Vladimiro no formaba parte del establishment de la ciencia del suelo, al encontrarse al otro lado del telón de acero (el mundo comunista) 

Resulta curioso también quese le cite en muchos libros y monografías, pero muchos menos en artículos publicados en revistas indexadas. Dos tipos de publicación dos grandezas distintas?. Cada día entiendo menos la dinámica de las citaciones. Podría ser que los expertos a la hora de publicar nos fijemos más en las propuestas que defiende el poder establecido (y que de facto forma parte de los comités editoriales),  que en otras que aun siendo más ingeniosas pueden no interesar a los editores y revisores. ¡Mal asunto! ¡Materia de reflexión!.

Seguramente existan otros casos como el suyo, en una multitud de disciplinas científicas. Sin embargo, yo no he leído nada sobre investigadores cuyo paso por la ciencia sea de tal guisa. Muchos grandes científicos fueron ignorados en su momento (Fridland no), y por tanto sus obras también (a Fridland no le ocurrió nada parecido). Existen casos de héroes visionarios cuyas ideas no fueron  testadas, o por falta de instrumental o porque sus elucubraciones no fueron entendidas por la comunidad científica de su época, pero tampoco es el caso de la obra que nos legó Fridland.  Podría alegarse que por ser Ruso fue un poco marginado en el mundo anglosajón. Sin embargo tampoco es el caso de Fridland, por cuanto dos influyentes expertos  norteamericanos, como Hole y Campbell alabaron detalladamente sus contribuciones, no mucho tiempo después de su fallecimiento. Realmente, hasta donde yo he alcanzado a leer, a lo largo de más de 40 años, no he conocido un caso parecido.   Sería algo así como un autor de obras de teatro, al que todos los críticos alaban, pero que nadie puso sus creaciones en escena.

Este es el extraño caso de  Vladimir Markovich Fridland. ¿Alguien conoce otro igual?. Supongo que debe haberlos pero…… En mi opinión algunas de sus obras más influyentes son las que abajo os redacto. Me gustaría conocer tener noticia de  casos similares. ¿Alguno de vosotros puede informarme?. Realmente ya no se si muchos científicos logran ser famosos porque nacen de pie, mientras que a otros le ocurre lo contrario.  Tengan por seguro de que, de haber sido escuchado, hoy los mapas de suelos serían diferentes, así como que yo mismo no sería reconocido como el fundador de los estudios de edafodiversidad. ¡Más sincero no puedo ser!.

Y lo dicho, hay razones científicas que la razón pura no entiende.

Juan José Ibáñez

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¿Qué es la Ciencia?: ¿Lo Sabemos los Científicos?

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Hospedería del Monasterio de Guadalupe. Sierra de Guadalupe, Cáceres, España

Una historia sobre la que reflexionar muy seriamente. Una Respuesta desconcertante a una pregunta inquietante. Comienzo este post partiendo de una de mis columnas habitual en la revista Biólogos, ampliándola.

Entro en el aula de la Universidad o en la sala de disertaciones de un congreso, según proceda. Me pongo delante del público o colegas y espeto: ¡todos ustedes sabrán sobradamente que es la ciencia ya que llevan años aprendiendo, enseñando o investigando! ¡Por favor que levante la mano quien aún dude en que consiste la actividad científica! ¿No tienen dudas? ¡Veamos!, señalo con el dedo a uno de los asistentes y pregunto: ¿Qué es la ciencia? El interrogado suele comenzar a sentirse incómodo balbuceando antes de responder a tan “aparente” trivial pregunta. Seguidamente se escuchan palabras sobre ¡búsqueda de verdad!, ¡objetividad!, ¡realidad!, ¡cocimiento realmente probado! Rápidamente voy desmontando sus propuestas apuntando sus debilidades y sin sentidos.

¡Vaya!, ¿con que aún no sabemos lo que es la ciencia tras varios años estudiando una carrera de ciencias o ingeniería? ¿Cómo es posible?, les digo si estoy delante de universitarios. Sin son profesionales más vale no provocar más. Volvamos a las aulas universitarias, ya que este tema lo presento el primer día de clase. ¿Pero al menos sabrán que diferencia a la ciencia de otras ramas del conocimiento humano, no? Desarbolados por la primera pregunta comienzan sus tribulaciones. ¡Silencio! Tras volver a interpelar a los asistentes individualmente afloran reflexiones vagas, titubeos y respuestas del tipo: ¡discernir la verdad de la superstición!, etc. Obviamente entre los profesionales este escenario es altamente improbable, soliendo pronunciar rápidamente “el método. Raramente algún estudiante respondería así, en la asignatura que imparto sobre “metodología de la investigación científica”.  Sin embargo, ya se trate de un colectivo u de otro, prácticamente nadie sabe responder cuando les vuelvo a preguntar: ¡Por tanto!: ¿Qué es el método científico? Y vuelta a las andadas.

Y seguidamente continuo: ¿saben lo que es la filosofía de la ciencia? El vocablo “humanidades” surge rápidamente entre el público. ¡Pues ni sí, ni no!, respondo. ¿Sabían que la mayor parte de los filósofos de la ciencia son/eran matemáticos y físicos? ¡Silencio!. Y de este modo entro de lleno en la materia, con independencia del colectivo que tenga delante.

Aunque parezca sorprendente, esta es la situación habitual, aquí, y en la Conchinchina.  ¿Cómo es posible? Simplemente porque…..

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