De la Madre Tierra a Gaia y/o Gea Pasando por la Biofilia

Como ya sabréis muchos de vosotros, hace unas semanas se celebró en “Día Mundial de la Madre Tierra”. Abajo os dejo una de las muchas noticias, esta vez extraída de EcoPortal.net. La civilización occidental con su exagerado antropomorfismo y biofilia, parece soslayar una tradición que acompaña a la mayor parte de las creencias y/o religiones de los aborígenes del mundo, así como también la de varias civilizaciones. De hecho, antaño también se daba en la judeo-cristiana. Los pueblos agradecían a la naturaleza, en su conjunto, los bienes que esta les otorgaba. No se solía discernir entre el mundo vivo y no vivo, por cuanto para ellos toda la naturaleza lo era.  El suelo, como productor de alimentos, fibras, materiales de construcción etc., no era una excepción, sino más bien cabría decir que todo lo contrario. Por ello, no debe extrañarnos que muchas de sus prácticas agrarias sustentables se basaran en un trato respetuoso de los suelos. Cuando el hombre moderno se olvidó de sus orígenes, también lo hizo de este recurso natural. Actualmente la insustentabilidad que ofrecen “a menudo” los modos de producción agroindustriales puede hundir, en parte sus raíces en tal amnesia cultural.

 

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Madre Tierra o Pachamama según Abjini Arraiz. Fuente: PortalTerraLuz.com

 

De hecho, incluso en la propia nota de EcoPortal.Net se omite cualquier mención a los suelos o a la tierra (con minúsculas), hecho que raramente hubiera ocurrido de haber sido escrito por un indígena. Debemos reiterar, por enésima vez, que el Neolítico (y por tanto la agricultura y ganadería) surgen gracias al control de nuestros antepasados del sistema suelo-planta, así como que las civilizaciones surgieron de añadir el agua a la ecuación. Homo procede del latín “humus (capa superficial oscura del suelo, en su sentido más genérico). También os comentamos que la traducción actual de la célebre frase procedente de la religión católica “polvo eres y en polvo te convertirás”, bien pudiera haber sido traducido como “suelo eres y en suelo te convertirás”. El polvo en si mismo, aporta muy poco a la producción agraria, al contrario que “el humus”.

No suelen ser del gusto de las religiones monoteístas (muy alejadas de la naturaleza) el panteísmo de la mayor parte de las creencias indígenas. Sin embargo, también lo es, en muchos aspectos”, que tal visión parece estar ligada a nuestras estructuras cognitivas más profundas, por cuanto ha surgido y lo sigue haciendo alrededor de todo el mundo. La propia ciencia recae en tal cosmovisión una y otra vez, ya sea mediante el uso de metáforas o la propuesta de teorías audaces, como en su momento fue Gaia, que sigue gozando de gran aceptación, tanto científica como popular.

Las investigaciones sobre el posible calentamiento de la atmósfera vienen demostrando, una y otra vez, las inevitables conexiones entre el mundo orgánico e inorgánico, constatando que Gaia incumbe al mismo tiempo al mundo animado e inanimado. Sin embargo, la biofilia permanece, socavando la imperiosa necesidad de introducir en la ecuación el mundo inorgánico.

Así, algunos edafólogos insisten en la necesidad de entender que “el suelo es un ente vivo”. Tal metáfora esconde un trasfondo digno de ser mencionado. Un indígena posiblemente se quedara atónito ante tal distinción, por cuanto en su cosmovisión sería redundante. Si la naturaleza está viva, ¿Qué sentido tiene decir que el suelo es un organismo vivo? Obviamente ninguna.

La hipótesis Gaia nace bajo el mismo prisma subyacente: sí, ese que atesoran una buena parte de las culturas indígenas. En realidad, desde una perspectiva muy genérica, podemos defender que se trata de redescubrir “la memoria perdida”, más que una hipótesis reviolucionaria, como ha sido interpretada mayoritariamente. Hora bien si atendemos a la definición de Gaia que ofrece Wikipedia, pronto comprendemos que la biosfera y la atmósfera ocupan una visión de privilegio, respecto a litología, los suelos y otros recursos naturales. Veámoslo (las palabras subrayadas en negrita obedecen a mi mano, no al texto original):

La hipótesis de Gaia es un conjunto de modelos científicos de la biosfera en el cual se postula que la vida fomenta y mantiene unas condiciones adecuadas para sí misma, afectando al entorno. Según la hipótesis de Gaia, la atmósfera y la parte superficial del planeta Tierra se comportan como un todo coherente donde la vida, su componente característico, se encarga de autorregular sus condiciones esenciales tales como la temperatura, composición química y salinidad en el caso de los océanos. Gaia se comportaría como un sistema auto-regulador (que tiende al equilibrio). La teoría fue ideada por el químico James Lovelock en 1969 (aunque publicada en 1979) siendo apoyada y extendida por la bióloga Lynn Margulis. Lovelock estaba trabajando en ella cuando se lo comentó al escritor William Golding, fue éste quien le sugirió que la denominase “Gaia”, diosa griega de la Tierra (Gaia, Gea o Gaya).              

Ahora bien, vemos que Gaia o Gea apelan a diosa de la Tierra, no tan solo a su componente vivo. En un sistema autoorganizado, lo vivo y lo inerte son igualmente importantes, ya que “el todo” es más que la suma de las partes. Pero permitirme, que con vistas a demostrar la biofilia de nuestra civilización, veamos lo que nos ofrece la Wikipedia sobre el sinónimo Gea (según la definición anterior).  

Gea o Gaya (en griego antiguo (….) ‘suelo’ o ‘tierra’ (…) es la diosa que personifica la Tierra en la mitología griega. Es una deidad primordial y ctónica en el antiguo panteón griego y se la consideraba una Diosa Madre o Gran Diosa. Su equivalente en el panteón romano era Terra.

¿Sinónimos? No nos detendremos a analizar la etimología concreta de ambos vocablos, por cuanto lo que realmente nos interesa es lo que actualmente entendemos por tales, tanto para la sabiduría popular, como desde la perspectiva de muchos científicos. Según se desprende de Wikipedia, los suelos o la tierra (con minúsculas) son un componente “más o menos menor” de Gaia, pero el núcleo central de Gea. Mutatis mutandi, Gaia no parece ser entendida como sinónimo de Gea, tal como la entendemos.

Sin embargo y si me encuentro lo suficientemente informado, tal distinción no suele acaecer en la mayor parte de las culturas que ofrecían su culto a “la madre tierra”, ya que para ellos (en general) Gaia = Gea. Y al hacerlo así, convierten al suelo en un bien tan respetable y respetado como el agua, la atmósfera, la vida, etc.  E. O Wilson, científico que acuño el vocablo biodiversidad, también lo hizo con el de biofilia.  Veamos, una vez más lo que nos dice Wikipedia sobre el vocablo de marras:

La biofilia es la necesidad de los humanos de interactuar con una cierta cantidad de otras especies en favor del propio bienestar y de la salud mental.

El término fue creado por Edward O. Wilson. Wilson, biólogo estadounidense nacido en 1929, profesor emérito de la Universidad de Harvard, es también co-autor del concepto de biodiversidad. De acuerdo a Erich Fromm (…) define Biofilia como la pasión por todo lo que esta vivo, es una pasión y no un producto lógico, no está en el “Yo” sino es parte de la Personalidad.

El lector avispado ya se habrá percatado de que se trata de una pasión “y no de un producto lógico”. Las creencias, como las pasiones, no tienen cabida en la ciencia contemporánea, al contrario que la lógica. Una cuestión es que en las culturas pre-científicas la cosmovisión incumba muchas formas de conocimiento implícita y simultáneamente y otra bien distinta que el Señor Wilson se quede tan orondo y orgulloso en lo concerniente a nuestra biofilia, a la cual dedico todo un libro, para mayor lustre y esplendor.

Muchos investigadores (entre los que me encuentro personalmente) sostienen que la vida es una consecuencia inevitable de la auto-organización de la materia en sistemas alegados del equilibrio termodinámico y abierto a los flujos de la energía y materia (denominados también estructuras disipativas). Hasta el momento, las ciencias de la complejidad avalan tal visión del mundo vivo, pero también de una buena parte del inerte. En consecuencia, resultaría lógico atesorar la misma “filia” “o fobia” por lo inanimado que por lo animado, ya que sin la primera no puede existir la segunda. Se me antoja que sería algo así como la equivalencia entre materia y energía en la famosa ecuación de Einstein. Sin energía no hay materia ¿o sí?

Sea como sea, las filias y las fobias, en decir, los “sesgos”, son perniciosos para el conocimiento científico. Desde un punto de vista sistémico, reiteramos que sus piezas trabajan en armonía (o mejor dicho cooperación)  por lo que tal tipo de discernimientos, resultan bastante vacuos. Privilegiar el estudio de unas sobre otras deviene pues en una decisión un tanto estúpida.

Como veis, aun no hemos terminado de vislumbrar, ni tan siquiera, el significado de Madre Tierra que atesoran muchas culturas ancestrales. Y en ellas el suelo, es una parte esencial de la naturaleza, un fragmento de su cuerpo tan importante como cualquier otro.

No discutimos que a pesar de que Gaia sea igual a Gea, la vida a transformado los restantes recursos inanimados. Así por ejemplo, la mayor parte de las rocas calizas y calcáreas actuales son el mero producto de una actividad biológica pretérita. Del mismo modo los suelos de las praderas (Chernozems) difícilmente pudieron acaecer antes de la extensión de las gramíneas en el globo, en el Paleoceno. Que decir de la atmósfera y el modelado. Obviamente lo mismo.

Sin embargo, como bien saben los astrobiólogos, otros planetas atesoran otras “Geas” por lo que la vida, de existir, seguramente sea muy distinta a la que ha ido evolucionando sobre la Tierra.

Algunas ideas biofílicas sobre el suelo atesoran un gran interés, no lo dudo. Ya sea el “manto vivo”, o entender el sistema edáfico como un fenotipo multifacético expandido de la diversidad de la vida (ya analizaremos esta idea en otro post) da lugar a perspectivas francamente interesantes y dignas de ser consideradas. Empero también lo es que los denominados desastres geológicos, que no dejan de ser más que poderosas manifestaciones de lo que denominamos mundo inanimado, han marcado la evolución de la biodiversidad a lo largo de la historia de la Tierra, constando casi a diario nuestra vulnerabilidad, y la de la propia biosfera,  ante las fuerzas de Gea.

No veo ninguna ventaja en la mencionada biofilia, sino más bien todo lo contrario. Tal modo de proceder, fragmenta la unicidad de Gaia—Gea, proporcionando un desmesurado protagonismo a una en detrimento de la otra. Y tal actitud no se encuentra avalada por la ciencia, por mucho que se insista en ello.  Por tanto, a título personal me parece más consistente el concepto de Madre Tierra, tal como lo empleaban las culturas indígenas. De haber salido triunfante tal percepción, el progreso de la humanidad hubiera sido más respetuoso con la naturaleza.

Juan José Ibáñez          

 

From: Equipo de Redacción EcoPortal.net [mailto:info@ecoportal.net]

April 22, 2010 10:30 PM; Ambiente y Sociedad, Año 10 Nº 431Publicación gratuita de EcoPortal.net; AMBIENTE Y SOCIEDAD ISSN 1668-3145. Publicación Semanal y Gratuita de EcoPortal.net.AÑO 10 Nº 431, ABRIL 22 de 2010.  ¡¡¡ DIA DE LA MADRE TIERRA !!!;www.ecoportal.net;

Estimad@s Amig@s

En el 40º Día de la Madre Tierra, en Cochabamba se reconocerán sus Derechos.

El concepto de Madre Tierra o Madre Naturaleza tiene sus raíces en la gran mayoría de pueblos indígenas de todo el mundo. El calificativo de “madre” tiene precisamente el objetivo de connotar una relación de respeto y de reconocimiento de nuestro origen. La Madre Tierra es la fuente de la vida de todo lo que existe, incluidos los seres humanos. En la visión indígena la naturaleza no es un objeto inerte, una fuente de recursos, sino, nuestro hogar con el cuál los seres humanos estamos emparentados. De ahí las diferentes practicas de agradecimiento a la Madre Tierra de los pueblos indígenas que tienden a crear una relación de hermandad con las aves, las montañas, los ríos, el viento y todos los seres que nos rodean. La Madre Tierra es sabia, está viva y es sagrada. Los pueblos son parte de ella y deben vivir en armonía con ella.

Si todos somos parte de un solo sistema interdependiente ¿por qué sólo los seres humanos hemos de tener derechos y la naturaleza ha de ser tratada como un simple objeto funcional a los intereses de los hombres? Para garantizar los derechos humanos en el siglo XXI es fundamental reconocer que nuestra madre tierra también tiene derechos. Solo reconociendo y defendiendo los derechos de la naturaleza será posible restablecer el equilibrio en el planeta Tierra. Mientras la especie humana trate a la madre tierra como a un esclavo carente de derechos, la humanidad no recuperará su humanidad.

¿Cuales son los derechos de la Madre Tierra? ¿Qué podemos hacer para promoverlos y defenderlos en el plano nacional, regional e internacional?

Así como los seres humanos tienen derechos humanos, otros seres también pueden tener derechos adicionales, libertades y deberes que son específicos para su especie y apropiados para su rol y función dentro de las comunidades en las que existen.

En la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra que se realiza en estos días en Cochabamba, Bolivia, uno de los Grupos de Trabajo tiene como único e importantísimo objetivo reflexionar sobre estos temas, construir un Proyecto de Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra y discutir propuestas para impulsar los Derechos de la Madre Tierra a nivel nacional, regional e internacional.

La Madre Tierra tiene derecho a existir, persistir y continuar los ciclos, estructuras y procesos vitales para sustentar a todos los seres.

Los seres humanos tienen la responsabilidad especial de evitar actuar en violación de los derechos de la Madre Tierra, deben garantizar que los daños causados por violaciones humanas de estos derechos se rectificarán cuando sea posible y que los responsables rendirán cuentas para restaurar la integridad y el funcionamiento saludable de las comunidades y ecosistemas afectados.

Una Declaración Universal de los derechos de la Madre Tierra es un paso muy importante para detener la voracidad con la que trasnacionales y países industrializados están degradando el planeta. El rechazo al reconocimiento de estos derechos, dejará en evidencia a quienes pretenden continuar con esta irracional destrucción de nuestra casa a costa de la supervivencia de todos los seres que la habitamos y que la habitaran en el futuro.

Ricardo Natalichio, Director,rdnatali@ecoportal.net .www.ecoportal.net

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Comentarios

me gusto mucho los comentarios sobre la madre tierra,quisiera que me mandaran información a mi email de lo que transcurre con la madre tierra.gracias sandry

Algunos hombres y sus descendientes al convertirse en reyes y no producir sus propios alimentos comenzaron a separarse de la naturaleza. Y cuando no estaban participando en la producción de sus alimentos ese tiempo se dedicaron a pensar, dando inicio a la capacidad de raciocinio o la actividad cognitiva. Bastaría recordar las palabras de Sócrates que mencionaba que el no tenía nada que aprender de los árboles del campo si no de los hombres de la ciudad. De esta manera los hombres que ya no tenían contacto con la naturaleza comenzaron gradualmente no sentirla a la naturaleza. Si revisan las bibliografías de los filósofos la mayoría de ellos ya no son hijos de agricultores y menos son agricultores. Por lo tanto, la separación la vida en reino animal y reino vegetal (separación mental o racional nada mas por que en la realidad nunca se han separado pese a los intentos del hombre) por Aristóteles nos indican que sobre la priorización del desarrollo de la actividad cognitiva, netamente mental, sobre la actividad emocional. Este proceso induce a que el hombre se desapegue emocionalmente de la naturaleza. Fue en el pasaje de Boyle la que se deslindo entre ciencia racional lógica y “ciencia emocional”, para no ser quemado tuvo indicar que para dilucidar la verdad no interviene la fe, religión menos los sentimientos o emociones hecho permitiría a la ciencia a negar los conocimientos intuitivos y dar paso a la generación de una nueva religión “La ciencia” como único camino para llegar a la verdad. Por lo tanto, como dice Juan José Ibañez las creencias, como las pasiones, no tienen cabida en la ciencia contemporánea y fue así como se dio paso solo al desarrollo de la ciencia racional instrumental y quedando relegado otros sistemas de conocimientos.
Coincido con las apreciaciones de Juan Ibañez se trata de redescubrir “la memoria perdida” y para ello tenemos que incorporar en la generación de los conocimientos lo que históricamente la ciencia los separo o los negó, es decir que la ciencia tiene que dar cabida a la creencias, emociones y pasiones. Se trata de reformular la ciencia desde sus raíces, es decir en nuestro sistema de conocimiento debe generarse con las actividades racionales y las inteligencias emocionales propuesta por Coleman.
Esta propuesta ayudaría a Ricardo Natalichio a formular cuales sería los derechos de la tierra. Esta formulación no debe ser fruto de la racionalidad del hombre, se tendría que escuchar a la misma tierra, es ella la que tiene que formular sus derechos. Si lo logramos ello podemos esta metodología serviría para escuchar los derechos de los demás habitantes. Entonces nuestro camino en esta isla sería del producto de la conversación de todos. Esta locura no entendida por muchos puede ser camino a la salvación de la raza humana como especie.
Saludos
Hugo Huamaní

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[...] En Latinoamérica habría que relanzar y popularizad aquella deidad  a la que algunos pueblos indígenas denominaban Pachamama. Eso sí desde un punto de vista edafólogo mejor leer mi versión de Pachamama. [...]

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