‘Diversidad, Complejidad y Fractales’

Eventos catastróficos: Los terremotos causados por las acciones humanas siguen las leyes de los naturales.

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A lo largo de los años, he ido escribiendo varios post, como sobre los seísmos y otros desastres naturales a lo largo de los años. Algunos ejemplos serías: “Terremotos y seísmos causados por las actividades humanas”; Sobre-explotación de Acuíferos, Subsidencia del Terreno y Repercusiones de los Terremotos”; y “¿Desastres Naturales, Catástrofes Ecológicas y Degradación Antrópica?”: En ellos explicaba que, sin la torpe acción humana, muchos de los desastres naturales que sufrimos actualmente serían de menores dimensiones y cuyas consecuencias generarían daños no tan conspicuos como los que actualmente acaecen. A veces la naturaleza trabaja sola, pero muy a menudo la depredación de la biosfera y geosfera inducen mayores consecuencias. Otras veces, resultan ser debidos exclusivamente a nuestro palmario desprecio por el medio ambiente el que las induce, sin más.  Pero hoy nos ceñiremos exclusivamente a los seísmos o terremotos. Eso sí, antes de comenzar la desiderata apuntemos que, implícateme al contenido de esta y la propia noticia, pensar la enorme cantidad de superficie de suelos que es perdida, contaminada o, en su defecto, transmuta a Antrosoles y Tecnosoles.

Algunos meses antes de escribir este post, recibí esta interesante noticia: Los seísmos provocados por humanos aumentan en todo el mundo. La nota de prensa, basada en los resultados de una publicación científica, eran muy alarmantes, tanto más cuando ignoramos las numerosas evidencias que constatan como la avaricia humana causa enormes tragedias, haciendo caso omiso de las mismas: “que se mueran otros”, parece ser el lema de nuestra cultura tecnológica. Como veréis abajo, el estudio especifica los principales impactos antrópicos que causan tales eventos catastróficos, por lo que no abundaré sobre el tema. En ella puede leerse “Tanto la frecuencia de casos, como la mayor fuerza registrada por un terremoto inducido por humanos, han aumentado en los últimos 148 años”. Resulta curioso que tal sentencia nos recuerde a la escala sismológica de Richter, que deriva de la conocida “Ley de Gutenberg-Richter”, concebida para dar cuenta de la magnitud frecuencia de los seísmos exclusivamente naturales. Se trata de una ley potencial que, por cubrir varios órdenes de magnitud, resulta ser fractal, es decir una huella dactilar de los denominados sistemas no lineales y/o complejos, como lo es también el propio sistema climático (ver en Wikipedia los capítulos: Sistemas lineales y no lineales, Sistema no lineal y Sistema complejo). En principio, se me antoja paradójico que nuestra especie que devasta todo lo que encuentra a su paso, al entorpecer el devenir de la dinámica natural sin su presencia, se amolde a las mismas leyes de la naturaleza a la hora de destruirla.  Las causas citadas son las siguientes, como se detalla en la noticia que os exponemos hoy: “construcción de embalses de agua, la extracción de agua subterránea, carbón, minerales, gas, petróleo y fluidos geotérmicos, excavación de túneles, gestión de residuos de industrias extractivas, recuperación asistida de petróleo, fracturación hidráulica, almacenamiento de gas natural y almacenamiento de carbono. Cada año aumentan tales actividades y como corolario los seísmos o terremotos antrópicos. Ahora bien, sin desmerecer el estudio, encuentro una “falla” impropia de una investigación de esta guisa. Me sorprendió su referencia al Terremoto del Nepal que devastó a aquel país en 2015. Busqué por tanto en la bibliografía como en internet  y, efectivamente, el hombre tuvo “algo que ver”. Empero un tema es agravar las consecuencias de un desastre genuinamente natural y otra bien distinta causarla. Por lo tanto, me temo que la aseveración de los autores, deberá ser corroborada cuando separen el grano de la paja. Es decir no podemos incluir en el mismo saco, agravar los resultados que crearlos. ¡Mal muy mal!. Es fantástico advertir de nuestras tropelías en el planeta a los ciudadanos, pero sin hacer trampa. Francamente no es una buena práctica científica, ya que el fin no justifica los medios. Eso sí, los autores nos informan de que aunque: “no se puede estar completamente seguros de la relación de cualquier terremoto con la actividad humana, los datos, las relaciones y coincidencias detectadas en los episodios analizados son suficientemente concluyentes”. Pues sí, estoy completamente de acuerdo, pero en casos como los del Nepal  y otros, que seguramente han contemplado, no debieran haber sido incluidos en el análisis”. ¡Mal hecho!. 

Juan José Ibáñez

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Las biopelículas: Bioestructuras de las comunidades microbianas (la salud del suelo y las plantas: los Biofilms)

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Biopelículas del suelo. Fuente: Colaje imágenes Google

Hasta no hace mucho tiempo, nadie había  prestado atención a este hecho de capital importancia. Ya hablemos del microbioma del suelo, animales o del propio hombre, los microrganismos no viven independientemente, sino que se asocian generando unas estructuras llamadas biopelículas. Estas bioestructuras tridimensionales se encuentran formadas por una matriz extracelular creada en gran parte por ellas, dentro de la cual habitan las comunidades microbianas, relacionando los distintos individuos y especies con vistas a cooperar  en su beneficio mutuo, aunque en algunas ocasiones pueden ser dañinas para los organismos pluricelulares, en los casos que fomenten su patogenicidad. Con vistas a conseguir tal fin, las relaciones/interacciones que desarrollan llegan a alterar la expresión de sus genes, como lo hace el metagenoma con el genoma de un organismo multicelular.

Se trata de un gran paso hacia adelante en la comprensión del mundo microbiano, desconocido hasta no hace mucho tiempo, y que puede cambiar el modo en que percibimos el mundo  y actuamos sobre él para nuestro beneficio.

En otras palabras, esos microbios que hasta hace mucho tiempo considerábamos entes aislados, resultan ser estructuras complejas altamente organizadas cuya comportamiento “sincrónico” las defiende de las agresiones del medio o las permite infectar, en su caso, a otros organismos vivos. Existe pues algo así como una división del trabajo y de diferenciación que las hace asombrosamente parecidas a la diversidad de células que conforman los tejidos humanos y vegetales. Hablamos pues de superorganismos y no de seres microbianos individuales. Aun nos resta conocer, en mayor profundidad, tales estructuras que con toda seguridad, nos depararán enormes sorpresas. Sin embargo, en cualquier caso, transforman nuestra visión del cosmos de la vida, dándonos a entender que esos pequeños bichitos atesoran muchas propiedades que hasta ahora creíamos exclusivas de los organismos superiores. Si los últimos pluricelulares viven cohesionados, estos lo hacen dispersos. Por lo tanto, en muchos sentidos, las biopelículas se asemejan, por su enorme complejidad a las  sociedades de hormigas y termitas que habitan en el suelo y de las que tanto os hemos hablado (ver nuestra categoría biología y ecología del suelo).  En mi opinión se trata de uno de los mayores descubrimientos de la microbiología de las últimas décadas, que nos hará repensar la estructura y dinámica de la biosfera. Abajo os dejo la traducción de un nuevo libro que acaba de aparecer en el mercado (Biofilms in Plant and Soil Health), así como unos fragmentos modificados de Wikipedia.

Juan José Ibáñez

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El Cambio Climático y sus repercusiones sobre los recursos naturales a nivel regional (la basura de muchísimas publicaciones científicas)

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Solo como ilustración: Fuente imágenesGoogle

Un equipo de investigadores determinado intenta conocer, en una región concreta, el efecto del calentamiento climático sobre algún recurso natural, según predicen los modelos de circulación general (los más usados). Con tal motivo lleva a cabo experimentaciones o utiliza modelos de simulación. Y así obtienen unos resultados, los procesa, redacta un artículo, lo pública y punto final. Cuanto más alarmantes sean los resultados mejor. ¿Acertará?. Con casi total seguridad: ¡No!. Sus conclusiones no sirven para nada. El Sistema climático resulta ser un Sistema no lineal o quizás un Sistema complejo, que para los más ortodoxos no es exactamente lo mismo. Si el clima fuera un sistema lineal personalmente debería retractarme y pedir mil perdones por lo escrito hasta aquí. Empero en la naturaleza existen Sistemas lineales y no lineales. Los sistemas no lineales, al contrario que los lineales son bruscos e impredecibles en gran medida, como podréis observar en los enlaces arriba hipervinculados. Veamos algunos párrafos extraídos de Wikipedia con vistas a entender que no se trata de una idea novedosa.

Sistema no lineal (En matemáticas, los sistemas no lineales representan sistemas cuyo comportamiento no es expresable como la suma de los comportamientos de sus descriptores. Más formalmente, un sistema físico, matemático o de otro tipo es no lineal cuando las ecuaciones de movimiento, evolución o comportamiento que regulan su comportamiento son no lineales. En particular, el comportamiento de sistemas no lineales no está sujeto al principio de superposición, como lo es un sistema lineal. En diversas ramas de las ciencias la no linealidad es la responsable de la comportamientos complejos y, frecuentemente, impredictibles o caóticos. La no linealidad frecuentemente aparece ligada a la autointeracción, el efecto sobre el propio sistema del estado anterior del sistema. En física, biología o economía la no linealidad de diversos subsistemas es una fuente de problemas complejos, en las últimas décadas la aparición de los ordenadores digitales y la simulación numérica ha disparado el interés científico por los sistemas no lineales, ya que por primera vez muchos sistemas han podido ser investigados de manera más o menos sistemática”.

Pues bien, el que la computación ayude en muchos casos a predecir correctamente ya es de por si cuestionable, pero sigamos. En los primeros años de la década de los noventa del siglo pasado, se me invito a formar parte del Grupo de Expertos que elaboraba el primer plan nacional del clima, y posteriormente pasé a ser miembro de la Comisión nacional del Clima (en España). En la redacción del primero ya tuve que mantener ásperas discusiones con la mayoría de los colegas que allí se encontraban. Mis argumentaciones iban encamadas a hacer entender que si el sistema climático no era lineal (hecho que actualmente nadie discute) sería casi imposible predecir que ocurría en el futuro en el seno del territorio Español y menos aún en sus nacionalidades o CC.AA. Por aquel entonces, también se dudaba de que el calentamiento de la atmósfera generara cambios bruscos y/o catastróficos  e incrementara su magnitud y frecuencia. Actualmente ya nadie lo discute. Finalmente, puede incluir algunas líneas sobre tal posibilidad. En la segunda década del siglo XXI todo el mundo reconoce la no linealidad (por ejemplo: cambio climático y no linealidad) del clima. De hecho incluso en páginas web institucionales se pueden leer algunos titulares como éste: El carácter no lineal del sistema climático puede inducir cambios climáticos abruptos. Personalmente he escrito varios post al respecto, tales como:  Cambio Climático: Hacía una Península Más Cálida o Más Fría. La Teoría del Recalentón; Caos, Cambio Climático y el Efecto Mariposa: La Importancia de los Cambios Bruscos y sus Repercusiones sobre los Suelos y El Sistema Climático y sus Cambios Bruscos. ¿Una verdad desvelada?. También he leído en otro enlace redactado por una investigadora de mi institución: Caos, Cambio Climático y el Efecto Mariposa: La Importancia de los Cambios Bruscos y sus repercusiones sobre los Suelos redactado (2009) ¿?. Resulta un poco triste que se hayan utilizado las tesis que yo he ido expresando en este blog, sin citar mi nombre ni el de aquel con tan solo una fuente, que parece anónimo, pero que cuando se pincha abre nuestra bitácora “un universo invisible”. Digamos en este último, que al menos muchos de los párrafos son íntegramente míos aunque el contenido de tal página venga firmado por otra persona, caso que podría quizás ser tipificado como de mala conducta científica, por no hablar de plagio puro y duro, aunque al menos digamos que mis ideas parecen servir para “algo” (no vale con añadir Fuente: www.weblogs.madrimasd.org, ¿qué aporta la presunta autora?). Eso sí entender, que lo mismo ocurre impunemente en diversas páginas Webs y blogs (tan solo hace falta cotejar las fechas de sus publicaciones para darse cuenta de ello). Pero vayamos al grano. Todo lamentable.

Si cualquiera de vosotros tecleáis frases como las siguientes en un buscador de Internet: “sistema climático no lineal cambios abruptos”  o en inglés “abrupt nonlinear climate change, irreversibility” of “climate change abrupt nonlinear” entre otras muchas, detectaréis que, que actualmente la comunidad científica  reconoce inexcusablemente la no linealidad del sistema climático.

Por lo tanto, resulta incomprensible que se publiquen miles de artículos anualmente extrapolando el comportamiento global del clima a situaciones regionales o locales. Si el clima se calienta X grados para el año Y, según ciertas predicciones, lo más improbable es que en una región determinada ocurra tal calentamiento y/o disminución de las precipitaciones (etc.), predichos por los modelos de circulación general. En una región del Planeta concreta, el calentamiento climático producirá conspicuos aumentos o descensos de las temperaturas respecto al promedio, y lo mismo puede decirse de las precipitaciones o cualquier otro rasgo del clima. Más aun en la mayoría de los casos, tales mutaciones tardarán en acaecer y/o pueden ser bruscas e inesperadas, casi nunca graduales.  Tal hecho deviene de las propiedades inherentes a este tipo de sistemas. Ahora bien, como bajo tal “hecho” sería imposible predecir nada y menos aún hablar de escenarios, impactos y estrategias, lo que suele hacer buena parte de la comunidad científica e instituciones es convertir en dogma una falacia: establecer por decreto ley (pero tácitamente) la linealidad climática y gastarse el dinero en elaborar predicciones y estrategias que a la postre no servirán para nada, región por región.  Abajo os dejo algunas noticias en las cuales podréis observar caso por caso la veracidad de mis asertos.

Francamente, no asumáis como cierto nada de lo que se señala en las publicaciones de la naturaleza descrita en las primeras líneas con que encabezo este post. ¡Pura basura!. Pero así la mayoría se publican, mientras que los políticos no desean más que poder elaborar predicciones, escenarios y estrategias de respuesta a nivel regional y local, cuando la ciencia seria no puede proporcionárselas. Me encuentro ya hastiado de tanta soberana estupidez. ¡Mejor jubilarme lo antes posible!.

Os dejo ya pues con los enlaces que conducen a las notas de prensa aludidas y que dejan constancia de lo aquí expuesto.

Juan José Ibáñez

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La diversidad de especies en los bosques y la diversidad de suelos fomentan la resistencia a la sequía

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Diversidad y sequía. Colaje imágenes Google

Las conclusiones que ofrece la noticia que mostramos hoy atesoran bastante lógica. Algunas argumentaciones aludidas en la nota de prensa…. serían discutibles, pero no descartables. Los bosques ricos en especies parecen resistir mejor las sequías que los monoespecíficos (dejemos al margen al cambio climático). Y parece razonable, ya que en un bosque monoespecífico, es decir aquél en donde todos sus árboles pertenecen a la misma especie, los individuos tienen más o menos los mismos requerimientos y los necesitan en casi-idénticas condiciones ambientales y momentos, como, por ejemplo, el periodo en que su crecimiento demanda más agua. Por lo tanto,  cada pie competirá con los demás por los recursos, en sincronía. Por el contrario, en un bosque en el que cohabitan especies distintas, cada una de ellas,  tiene su propia fenología y autoecología, por lo que tal competitividad por los recursos disminuye, en el espacio, pero sobre todo en el tiempo, aprovechando mejor las posibilidades/oportunidades que les proporciona su hábitat. Por lo tanto, es lógico esperar que resistan mejor las sequías que los bosques monoespecíficos. El estudio fue realizado en ambientes tropicales, aunque es lógico deducir que lo mismo debiera ocurrir en otros biomas y ecosistemas. Por otro lado, si las condiciones de sequía son graves para una especie, diezmando su población, no tiene necesariamente que ocurrir lo mismo cuando cohabitan varias, con diferentes grados de exigencia/resistencia y en perdidos temporales que no se solapan necesariamente del todo. En consecuencia existen muchas más probabilidades que los bosques pluriespecíficos resisten mejor las sequías que los constituidos por una sola especie.

A partir de estos resultados, es trivial deducir que las repoblaciones forestales al uso (con una sola especie) se encuentren en desventaja frente a los bosques naturales en donde la diversidad de especies suele ser la norma, si no interviene el hombre talando o erradicando selectivamente unas especies en beneficio de otras, tal como ocurre en la frutalización de los mediterráneos, por citar un ejemplo.  Tal argumento ya ha sido esgrimido por otros científicos respecto a los paisajes agrarios y también dentro de un mismo predio. ¡Nada nuevo bajo el sol!, aunque bien está cerciorarse en todos los espacios geográficos.

Pero vayamos ahora al mundo de la edafología. Cada tipo de suelo atesora unas propiedades idiosincrásicas. Unos almacenan más agua que otros y/o retienen más nutrientes, otros drenan mejor, etc. Ya hablemos de sequía, ya de anegamiento de agua, tal diversidad de suelos o edafodiversidad es decir la variedad de sus propiedades, garantiza un cierto grado de amortiguamiento ante situaciones adversas.  Por lo tanto, las masas forestales que crecen sobre paisajes de una elevada edafodiversidad, favorecen la resistencia a perturbaciones como lo es el estrés hídrico (resiliencia). De hecho, la evolución de la cobertura de suelos, tiende a ser divergente, generando diversos edafotaxa a partir de sustratos/rocas idénticos, como os mostramos en este ejemplo, entre otros muchos. La naturaleza raramente tiende a ser monótona (monoespecífica) y las condiciones ambientales constantes, alternándose periodos de sequía, “normales” y con otros de exceso de agua (periodos hiperhúmedos). Del mismo modo, los bosques y paisajes de suelos tienden a incrementar su diversidad con el tiempo, excepto cuando ocurren perturbaciones muy, muy severas, como es el caso de muchas intervenciones humanas, desastres naturales de envergadura y no solo el manoseado cambio climático. 

De aquí mis dudas sobre la frase final con la que termina la nota de prensa: “Hemos demostrado que existe una retroalimentación por la cual la sequía fomenta la diversidad, al tiempo que los bosques más diversos son más resistentes. Las estrategias de gestión y restauración son, por tanto, clave para mejorar la resistencia de los bosques al cambio climático”. En mi opinión tanto la dinámica intrínseca de los ecosistemas como las perturbaciones periódicas son la regla y la naturaleza se ha adaptado y coevolucionado con ellas. Alegar que la sequía fomenta…. y por lo tanto… la resistencia a la sequía aumenta, no deja de ser un caso bastante “concreto” (y bien conocido desde hace tiempo) que acaece ante casi todo tipo de perturbaciones ambientales que afectan a un espacio geográfico concreto.

Juan José Ibáñez

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Los extensos bosques de las zonas áridas al descubierto por los nuevos satelites

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Arbolado disperso y masas forestales en zonas áridas. Fuente: Colaje Imágenes Google

¿Por qué Tiger Woods no se llama Tiger Bush?

Las tierras secas ocultan un bosque tan grande como la selva amazónica. ¿Verdad o mentira?. Pues esta vez va a ser cierto. Hoy no redactaremos casi nada, ya que la noticia es absolutamente clara y explícita, además de interesante. Del mismo modo, constamos como, con excesiva frecuencia, los científicos llevamos a cabo evaluaciones y juicios de valor, basándonos en conocimientos obsoletos e instrumentaciones deficientes. Y cuando por ejemplo, estas últimas mejoran, nuestra ignorancia queda afortunadamente al descubierto.  La nota de prensa (que abajo os reproduzco abajo) comienza señalando que: “Imágenes de Google y Bing desvelan 467 millones de hectáreas nuevas de árboles en las regiones áridas. (…) Ocultos en un mar de tierra árida hay tantos árboles como en la selva amazónica. Puestos todos juntos ocuparían 467 millones de hectáreas de arbolado. Esto supone aumentar el total de cubierta arbórea de estas regiones hasta 1.327 millones de hectáreas. La cifra, estimada por un grupo de científicos gracias a imágenes aéreas de alta resolución, eleva un 9% la superficie arbolada del planeta. Este inmenso bosque escondido hasta ahora a los ojos de los satélites podría tener grandes implicaciones en el clima y la biodiversidad de la Tierra”. Personalmente considero que habría que añadir también el secuestro de carbono por la biomasa y los suelos. Y todo ello debido a que en este estudio se ha utilizado imágenes satelitales de grano fino, en lugar de los obsoletos Landsat con pixeles de 30 metros. Y ya se sabe, cuando se agudiza la vista, se observan más y más detalles, como los arboles dispersos, aunque hay más que contar.

Toda esta arboleda, en su mayor parte dispersa, aunque no siempre, debe aportar grandes cantidades de biomasa al suelo y secuestrar carbono orgánico de la atmósfera. Dicho de otro modo, al aportarse  restos orgánicos lo suelos también albergarán más vida y más biodiversa de la que se suponía, por lo que sus propiedades también serán mejores. Y así, constatamos que las denominadas zonas áridas, no son en sí mismas secarrales incapaces de albergar arbolado y otras formas de vida.   Las cifras que podéis leer hablan por sí mismas. No se puede concluir que estamos ante simples mejoras de las estimaciones realizadas hasta la fecha, sino de un cambio total de perspectiva. Os dejo también algunos de los post que ya hemos escrito sobre el tema. ¿Por qué Tiger Woods no se llama Tiger Bush?. Posiblemente porque aún no ha perdido la suficiente foresta sobre su cabeza (al parecer bastante árida, en ciertos temas) como para pasar de bosque a sabana y de esta a la vegetación dispersa, tan característica de los ambientes áridos. Esta última se ensambla en unos idiosincrásicos patrones bandeados denominados “Tiger Bush”, como son descritos en la literatura científica. Y sabéis que “Woods” es algo así como bosquete y “Bush” arbustos de talla alta).

Juan José Ibáñez

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Día Mundial de la Biodiversidad del Suelo (Los Movimientos Ecologistas y el Suelo)

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Fuente: Ecologistas en Acción.

Hace ya unos 40 años que comencé a integrarme en los movimientos ecologistas. Aún no había terminado la carrera universitaria y la sangre hervía  por mis venas. Sin embargo tres años después me desligué de tales iniciativas, bastante decepcionado. Los movimientos ecologistas, al menos en Europa, tan solo han intervenido en asuntos relacionados con los suelos cuando algún tema de moda los mencionaba, mostrando más que todo su interés por aparecer en los medios de comunicación, pero sin atisbo de atesorar una perspectiva propia sobre este recurso natural. Y sí las ciencias del suelo sufrieron una decadencia progresiva hasta prácticamente desaparecer de la denominadabig science” y/o “main stream” de la literatura científica. Desde luego no han sido partícipes, sino más bien todo lo contrario” de la concienciación ciudadana sobre la alarmante degradación de los suelos en todo el mundo. Ahora ya es demasiado tarde, aunque también pudiera alegarse que “más vale tarde que nunca”.  Todo depende del cristal con que se mire, ¿verdad?

Por ejemplo, en España, y más concretamente en mi Institución, no he visto protestar a ninguno de ellos por la  paulatina aunque inexorable extinción/desaparición del más de una decena de los antiguos centros de edafología, uno a uno durante tres décadas. Desde que comenzamos la andadura en esta bitácora, tampoco he logrado alcanzar más que escasísimas noticias de interés en sus comunicados, artículos y notas de prensa. De hecho, para mi consternación les hemos tenido que criticar, más que alabar, en diversos post.

Sin embargo, ante la degradación y pérdida irreversible de este recurso natural, la comunidad internacional fue despertando de su letargo, casi a golpes de realidad, hasta que en los últimos años han comenzado a publicarse artículos de edafología en las revistas más prestigiosas del mundo, mientras que la ONU y la FAO lanzaban el Año Internacional de los Suelos. Eso sí, ha sido tal el desprecio por esta ciencia, como para que las plantillas de expertos fueran languideciendo, por falta de plazas, envejecimiento y jubilación.  Como corolario, el renacimiento de la edafología ha venido lastrado por  los sempiternos científicos oportunistas que publican sobre los temas de moda, mostrando un paupérrimo bagaje del objeto de estudio que tienen entre sus manos, aspecto que hemos denunciado hasta la saciedad en esta bitácora.

Los movimientos ecologistas son imprescindibles con vistas a remover el patio político, y concienciar a los ciudadanos de los males que afectan a la biosfera. Personalmente desearía que tuvieran más personalidad y unos objetivos claros en lugar de buscar aparecer constantemente en la prensa con aquellos temas que despiertan interés mediático en un momento dado. No citaré aquí más que el ejemplo de como muchos de ellos apostaron por la bioenergética/ biocombustibles de primera generación, colaborando indirectamente en la degradación del recurso que ahora desean defender. Y este es tan solo un caso entre otros muchos. No estaría de más que un día propiciaran un evento/congreso de reflexión sobre los múltiples errores que cometieron en el pasado y extrajeran conclusiones al objeto de  evitar recaer en los mismos males de siempre: “el protagonismo en los medios de comunicación de masas”.  No hay que salir tan solo en la foto, sino denunciar aquello que en el futuro nos explotará en las manos aunque actualmente no despierte interés. Se trata de hacer camino, no de transitar por los más trillados.  En cualquier caso, mi amigo Juan Botella, me ha enviado esta nota de prensa: “Suelos vivos para conservar la biodiversidad”. Nosotros llevamos 12 años bastante solos, sin el auxilio y colaboración de aquellos que deben ayudar-concienciar-colaborar a políticos y ciudadanos con vistas a reservar nuestro planeta. Abajo os dejo el contenido de su nota de prensa, con la esperanza de que no vuelvan a olvidarse una vez más, recayendo en sus viejos sesgos y vicios.

Juan José Ibáñez

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¿Qué es la Geodiversidad?: Estimación de la Geodiversidad

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Geodiversidad y Patrimonio Geológico. Fuente: Instituto Geológico y Geominero de España Edición Parques Nacionales, Noviembre 2014. Se recomienda bajar el archivo al que se vincula esta imagen.

En un artículo precedente: ¿Qué es la Geodiversidad?: El Concepto, Definición” ya os explicamos el interés de cuantificar la geodiversidad como parte del patrimonio natural, así como la definición/(es) de la misma. Vimos que aunque se trataba de una definición “aparentemente clara, su operacionalización con vistas a cuantificar la diversidad del patrimonio geológico resultaba ser un campo repleto de minas, sin que se hayan propuesto herramientas matemáticas plenamente aceptadas por la comunidad científica. Un concepto que no puede operacinalizarse o formalizarse con vistas a comparar las estructuras y procesos en distintos territorios impide el progreso de la rama emergente del conocimiento científico que lo presenta, llevando ineludiblemente al caos y la eclosión de neologismos que vuelen a mostrar que en la ciencia actual a menudo priman más las apariencias que los contenidos. Pero permitirme que recoja de nuevo los dos primeros párrafos del mentado post antes de entrar en materia.

Tras la cumbre de Río de Janeiro en 1992, durante la que se popularizó el vocablo biodiversidad, los celosillos de ramas afines comenzaron/comenzamos a acuñar neologismos como geodiversidad y edafodiversidad, aspecto que dice muy poco en materia de creatividad y originalidad. Acuñar un nuevo neologismo científico no aporta nada sino existe un corpus doctrinal sólido detrás que respalde contenidos rigurosamente científicos.

Resulta sorprendente e ilustrativo analizar lo acaecido tras acuñar los vocablos de marras y más aún cuando “en teoría y solo en teoría”, la definición de geodiversidad acedada incluye también la edafodiversidad. La realidad ha sido muy distinta, como veremos, aunque hoy tan solo hablaremos del concepto y sus ramificaciones, dejando los métodos de cuantificación y otros asuntos para algunos post que seguirán a este. Por hoy nos bastará exponer la definición y llevar a cabo un análisis crítico e histórico de la misma.

Pues bien, la cuantificación de la diversidad de cualquier recurso natural demanda la existencia de una clasificación previa de los objetos de estudio. Si estas son universales (como ocurre en el caso de los suelos), el proceso puede ser “relativamente” sencillo, por cuanto durante más de sesenta años cuales cientos de ecólogos han trabajado sobre el tema, publicando, testando, corroborando y refutando  abundantes herramientas matemáticas propuestas con vistas a alcanzar tales objetivos. Al fin y al cabo, una taxonomía universal, en un momento dado de la historia, da cuenta de lo que en los estudios de diversidad biológica se denomina “biodiversidad de inventario”, o lo que es lo mismo nos informa del inventario de la biodiversidadAquí nos encontramos pues con el primer obstáculo y solo teniendo en cuenta, como señalamos arriba, “geología, geomorfología y suelos”. Por un lado no existe ninguna clasificación universalmente aceptada en geomorfología, o en su defecto de modelados del terreno, que incluyan aspectos que den cuenta de su génesis. En consecuencia, cada país y aun distintas escuelas geomorfológicas propondrán clasificaciones que otros investigadores o Estados no aceptarán. Unos nos dirán que existen 100 unidades taxonómicas, otras 1.000, otras 100.000, etc. Por lo tanto según hagamos uso de  un constructo clasificatorio u otro obtendremos resultados muy dispares al intentar cuantificar la geodiversidad.

Del mismo modo, la geología es una ciencia que intenta estudiar una multitud de objetos distintos, que van desde la diversidad de minerales, rocas, estructuras tectónicas,  fósiles, etc. En este caso, hablamos de subdisciplinas distintas: mineralogía, petrología, tectónica, paleontología, etc. imposibles de ubicar en una única taxonomía.  Como corolario cada objeto de estudio requiere una clasificación específica. Dicho de otro modo, bajo el concepto de diversidad geológica (excluyendo la diversidad geomorfológica y la edafodiversidad) para cuantificar lo que denominamos geodiversidad necesitaríamos unas taxonomías universales que a menudo no existen, aun acotando mucho los ítems/subdisciplinas que los expertos consideren, por “consenso” que deben ser incluidos”. Debe concluirse pues que a día de hoy resulta totalmente inviable cuantificar la geodiversidad de una forma científica y rigurosa, lo cual resulta ser un impedimento insoslayable con vistas al progreso de esta rama emergente del conocimiento. Sin embargo, no es el único obstáculo con el que nos vamos a encontrar.   Y para demostrarlo, supongamos que si existieran tales constructos taxonómicos aceptados por sus respectivas comunidades de expertos.

En el ámbito que hoy conocemos como biodiversidad, también surgieron (y siguen haciéndolo aunque muy esporádicamente) propuestas para valorar cuantitativamente la diversidad de diferentes objetos de estudio: diversidad genética, diversidad de especies, diversidad de ecosistemas, diversidad funcional, diversidad de hábitats, diversidad filogenética, etc. Sin embargo, la mayor parte de los estudios versan sobre las especies biológicas, sustituyéndose el vocablo biodiversidad, por los respectivos, diversidad de hábitats, diversidad de ecosistemas, etc., etc., cuando los estudios no versan sobre ellas, de tal modo que cuando un ciudadano mínimamente informado escucha o lee el término biodiversidad  ya sabe a lo que nos referimos (“especies biológicas). De hecho, tampoco existe en ecología, biología de la conservación y  biogeografía, taxonomías universales de hábitats, ecosistemas etc., lo cual no ha resultado ser impedimento insalvable para el progreso de esta rama del conocimiento. La razón estriba en que, con el tiempo, se fueron destilando/tamizando los objetos de estudio y alcanzado consensos que aunque a menudo tácitos, no dejan de ser aceptados por la mayor parte de los expertos. Se pueden publicar, por ejemplo, trabajos sobre diversidad de ecosistemas o diversidad de hábitats, empero su valor se limita a comparar unos pocos espacios geográficos de los que se dispone la información adecuada a la hora de establecer clasificaciones “ad hoc” y extraer consecuencias del  porqué unos son más diversos que otros, cuales son patrones espacio-temporales detectados, etc. Obviamente si las tendencias observadas coinciden con las obtenidas por otros expertos haciendo uso de constructos taxonómicos alternativos, algo hemos avanzado. No obstante, no podemos usar los valores numéricos obtenidos en estos estudios para alegar con cifras hasta qué punto unos son más diversos que otros, conformándonos con  conclusiones generales de carácter cualitativo o semi-cuantitivo. Sin embargo cuando un científico informa de la pérdida de biodiversidad y ofrece cifras,  suelen concernir a las especies, géneros, o familias, etc., del árbol de la vida, que albergan las taxonomías biológicas con sus respectivos “códigos internacionales de nomenclatura”. Estos productos sumamente importantes no han despertado el interés de los estudiosos de la geodiversidad, cuando, de usarse, permitirían correlacionar hasta cierto punto los taxones de clasificaciones distintas. Hasta la fecha en materia de geodiversidad no se ha alcanzado tal grado de madurez, intentando comenzar la casa por el tejado. Mucho más se habría  avanzado si los geólogos y  geomorfólogos  se hubieran nutrido de la lectura de los diferentes problemas que han debido ir sorteando los estudiosos de la biodiversidad a lo largo de los años, en lugar de amarrar al vuelo neologismo y poco más. No existen diferencias a la hora de aplicar muchos algoritmos, desarrollados en el ámbito de la biodiversidad a las indagaciones sobre edafodiversidad, cuando se parte de clasificaciones universales y se tienen medios para obtener abundancias o frecuencias de los objetos de estudio en un espacio geográfico concreto. Pero aún hay más.

Diversos investigadores sobre biodiversidad abordaron matemáticamente como proponer índices que no solo tuvieran en cuenta el número de especies biológicas, sino también la distancia taxonómica entre ellas. Por ejemplo, reflexionemos sobre el siguiente caso.  Analizamos dos áreas que atesorarán el mismo número de litotipos (litologías) digamos “X”. Si una de ellas posee tan solo rocas plutónicas, mientras que la otra atesora también sedimentarias y volcánicas, sería deseable que la última fuera considerada más diversa que la primera ¿Cómo cuantificarlo? Pues bien tras años y años analizando el problema no se ha encontrado una solución satisfactoria. ¡Me explico!. Los ecólogos matemáticos dedicados a la biodiversidad intentan respetar unos determinados y razonables axiomas que deben cumplir tales índices. Pues bien, todas las propuestas realizadas con vistas a incluir tal distancia taxonómica en los índices de diversidad, terminan por incumplir varios de ellos.  Nadie ha encontrado forma alguna de solventar tal problema, tras décadas de denodados esfuerzos, por lo que son denominados “blandos” y menos valorados que los “duros” que si los cumplen, pero que se desentienden de la distancia taxonómica. En vista de ellos, la mejor solución estriba en analizar la diversidad de cada una de los niveles jerárquicos que componen una taxonomía (por ejemplo, y por no ser exhaustivo: ….órdenes, familias, géneros, especies) para a la postre realizar algún tipo de valoración cualitativa o semi-cuantitativa.

Y en este sentido, debido a la imprescindible inclusión e intrínseca necesidad de valorar de geodiversidad mediante diversos sistemas taxonómicos, muchos de los cuales no son universales, la tarea se vuelve más y más compleja, por no decir irresoluble, a día de hoy. Sin embargo tal hecho no significa  que no pueda progresarse en el análisis cuantitativo de la geodiversidad, si analizamos sus componentes parte por parte; diversidad mineral, diversidad geomorfológica, diversidad de fósiles, edafodiversidad, etc., reconociendo de antemano que, por muchos decimales que añadamos a una cifra, esta debe siempre ser valorada con mucha cautela y entendida como una aproximación. Las prioridades de las administraciones e investigadores (que siempre tendemos a valorar más el recurso que estudiamos que los restantes), tarde o temprano, tendrán que asumir la necesidad de acudir al denominado “juicio experto por algunos” y “juicio subjetivo” por otros.

En el ámbito de la biodiversidad no existe ningún solo lugar de la Tierra en la que se hallan determinado y clasificado todos los seres vivos, desde virus a mamíferos, por lo que a fin de cuentas las cifras que pueden leerse son, como hemos mentado aproximaciones llevadas a cabo, en el mejor de los casos, aplicando modelos numéricos que jamás han sido corroborados. Por lo tanto, no debiera despilfarrarse financiación y esfuerzos en la búsqueda del Santo Grial, un índice de diversidad universal que de cuenta de todos los objetos estudiados.

Terminamos por hoy, no sin antes amenazaros con que redactaremos dos post más sobre geodiversidad, uno relacionado con el diseño de reservas bajo el principio de subsidiariedad y otro en el que retornaremos a profundizar en la otra cara de la moneda de la diversidad, soslayada hasta la fecha en la cuantificación del patrimonio geológico. Como veremos, este “lado oscuro, por desconocido, atesora un gran  valor intrínseco, posibilitándola capacidad de utilizar los resultados obtenidos en los estudios de geodiversidad, como “hipótesis nula” con vistas a testar los patrones ya detectados en los de biodiversidad, lo cual ayudaría a que los estudiosos de esta última vuelvan su vista hacia el insoslayable valor de la geodiversidad. Por lo tanto esta saga de entregas …..

Continuará…………. 

Juan José Ibáñez

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Adiós Humedales Adiós (… y suelos hídricos)

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Al paso que vamos, un día no muy lejano, aquellos humedales que alegraban la vista y refrescaban el ambiente serán un recuerdo y/o charcas atiborradas de residuos malolientes.

 Como me alegraría poderos ofrecer noticias que nos alegraran a todos sobre la naturaleza y el hombre. Sin embargo, la prensa se encuentra repleta de notas de prensa preocupantes cuando no dramáticas, aparentes descubrimientos científicos que nos narran hallazgos intrascendentes, ¡Cuánto viejo vino en nuevas botellas!. Y si hablamos de tecnología, nos narran novedades que sirven de poco, u ocultando sus lados oscuros por ser dañinas para el medio ambiente, la salud humana o el control del procomún ciudadano diezmado por la avaricia de multinacionales y gobiernos sin escrúpulos. A menudo me entran ganas de cerrar la bitácora porque termino malhumorado.   Pero vayamos ya al tema que hoy nos preocupa y mucho. Abajo os dejaré los enlaces sobre varios post precedentes relacionados con el tema y más de 20 páginas de noticias que tan solo tienen el propósito de serviros de ejemplo entre otras miles.

 La superficie de España, como la de casi todos los países del mundo, se encontraba antaño salpicada de hermosos humedales, lagunas y charcas que embellecían el paisaje y enriquecían su biodiversidad. Sin embargo, actualmente han desaparecido en su inmensa mayoría. Hoy incluso nuestras zonas húmedas más emblemáticas, como Doñana, la Albufera y el Delta del Ebro, todas ellas mundialmente reconocidas y “en teoría protegidas”, corren graves riesgos de desaparecer, siendo muchos son los que piensan que tal proceso es ya irreversible, como nos informa SEO/BirdLife. De acuerdo a esta organización: el 64% de los humedales del mundo ha desaparecido del planeta desde 1900. Tal cifra ascendería al 87% si calculamos su extinción desde 1700. Más aun, según las mismas fuentes, en España, el 80% de los ecosistemas húmedos dulceacuícolas restantes padecen severos síntomas de degradación. “Adiós humedales adiós”. El Homo sapiens, piensa ya poco de por sí, y al parecer nada en la biosfera, así como la enorme belleza, valor y riqueza del mundo natural. Empero necesitamos sus enormes servicios ecosistémicos, les guste a algunos o no. Por lo que todo este drama del teatro ecológico ya nos pasa una dramática factura.  

 Las causas de tal pérdida son tan numerosas como para no poder enumerarlas aquí. Millones de maneras de infringir daños o extinguir la riqueza y variedad de la biosfera. Digamos que su aprovechamiento agrícola, y en el pasado también el riesgo de paludismo que padecían los hombres y mujeres que vivían en sus proximidades, dio lugar a la destrucción de parte de los mismos. Sin embargo,  hoy en día la sobreexplotación de las aguas subterráneas, junto a los trasvases de aguas corrientes inter-cuencas (como amenazan constantemente a las Tablas de Daimiel), ha dado cuenta de otros tantos  ecosistemas de la misma índole. Por su parte, en el litoral, primero la agricultura y luego el sellado urbano generado por la litoralización de la población (expansión de ciudades, polígonos industriales, residencias turísticas, cultivos bajo plástico, etc.) también han generado estragos devastadores, en el seno o cerca de los ambientes costeros. En países como España, pero también en otros muchos, la presencia de agua se encontraba correlacionada con la de los suelos más fértiles, hoy sepultados bajo asfalto y cemento, de tal modo que hemos descapitalizado la edafosfera más valiosa, perdiendo gran parte la soberanía alimentaria. En otros países, las perdidas en vidas humanas y los miles de millones de euros que cuestan los “denominados desastres naturales” causados por huracanes, tifones, etc., alcanzan cifras escandalosamente escalofriantes. De haber respetado aquellos ecosistemas, casi nada de lo ocurrido hubiera tenido lugar.   ¿Desastres naturales?. No tanto, sino que tales desgracias han sido más bien causadas  por la codiciosa sociedad que padecemos.

 Nuestros políticos no parecen percatarse de que aunque los humedales ocupan exiguas extensiones en comparación con la tierra firme que les rodea, albergan una biodiversidad impresionante. Por ejemplo, en las zonas áridas del SE Español, y más concretamente en Almería, acabo de publicar un trabajo en el que constata que el 50% de las comunidades vegetales, surgen de los lechos fluviales pedregosos de las ramblas, ocupando estos últimos menos del 1,5% de sus superficie. En este tipo de cauces,  generalmente secos, surgen afloramientos de las aguas subterráneas, dando lugar a maravillosas islas de biodiversidad y edafodiversidad.

 La pérdida de las comunidades dulceacuícolas de tal índole, no solo amenazan las plantas y pequeños invertebrados que allí habitan, al margen de crear una insufrible monotonía del paisaje, sino que lo mismo ocurre con peces, anfibios, reptiles y algunos mamíferos, así como de otras formas de vida. Más aún, muchas especies biológicas que no habitan directamente sobre las mentadas zonas húmedas, dependen a menudo de ellas con vistas a cubrir sus necesidades de agua. Por lo tanto, al desaparecer las primeras, no es infrecuente que se corra el riesgo de terminar dañando gran parte de la cadena trófica de los paisajes circundantes, siendo pues afectados espacios geográficos mucho más extensos. A menudo, la prensa general tan solo nos informa de la gravedad que sufren las enormes y diversas bandadas de aves migratorias que necesitan ineludiblemente de estos ambientes en sus recorridos anuales, siendo tan solo la punta del iceberg.

 Reiteremos una vez más que, en los litorales de diversas zonas del mundo, la desaparición de estas barreras naturales termina pasando factura, en forma de ingentes pérdidas en términos de vidas humanas, económicas y ecológicas, al dejar de frenar la violencia de huracanes, tifones y tsunamis que antaño proporcionaban las zonas húmedas a los lugareños ante tales desastres naturales, que de este modo no lo eran tanto como en la actualidad.       

 Aunque no se trata de pérdidas en sentido estricto, la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas también ha asolado, estos ecosistemas acuáticos, por cuanto  sus aguas se han visto transformadas de elixir en veneno. Empero también los humedales atesoran otros servicios ecosistémicos como dulcificar los mesoclimas locales y secuestrar ingentes cantidades de carbono atmosférico a escala global. Algunos científicos sostienen que tal hecho ya ha repercutido en los climas regionales a gran escala.

Muchas regiones del globo, e incluso civilizaciones enteras crecieron sobre la fertilidad de los deltas que tapizan la desembocadura de los grandes cauces fluviales. Hoy, la cadena de embalses que los jalonan interrumpe el aporte de sedimentos, impidiendo contrarrestar el delicado balance que los mantenía en equilibrio meta-estable frente a la erosión marina. Decenas, por no hablar de millones de personas corren el riesgo de padecer hambrunas.

 Tarde y mal, algunos despiertan de su letargo, decidiendo crear humedales artificiales. Empero los contados casos en los que tal hecho ocurre, no compensan las perdidas de los naturales. Veamos por ejemplo el panorama en EE.UU.

 Según “ActionBioscience”: entre los años de 1780 y 1980, los 48 Estados inferiores perdieron el 53% de los humedales originales, equivalentes  a 42 millones de hectáreas. Por su parte, veintidós Estados han perdido el 50% o más de sus zonas húmedas naturales, siendo California la que encabeza el ranking al desaparecer el 91%, mientras que Florida ha sufrido la mayor reducción en términos de extensión (3.76 millones de hectáreas). Las causas principales han resultado ser la agricultura y el desarrollo urbano, como en la mayor parte del Planeta. Más recientemente, las pérdidas de los humedales dulceacuícolas han alcanzado la espeluznante cifras del 98%.  Un fenómeno tan alarmante ha acaecido también en Nueva Zelanda, ya que solo persiste el 8% de los humedales originales.

 Debemos recordar que no existen cifras contrastadas para la mayor parte de los países del mundo. Pues bien, retornando al caso de EE.UU., durante la administración Obama, el Departamento de Agricultura (USDA), parece haber realizado un gran esfuerzo con vistas a sanear su más que depauperado medio ambiente rural, fomentado la conservación de las enclaves de agua dulce e induciendo la creación de otros artificiales en las granjas, sustituyendo los abonos químicos por una agricultura orgánica, a la par que animando a que sus agricultores construyeran charcas al objeto de mantener la vida salvaje y obtener otros productos con valor en el mercado, como la cría de cangrejos. Pero con el cambio de reemplazo de su Presidente, comienzan a sonar lasTrumpetas del Apocalipsis”.  Los Boletines electrónicos de la USDA se encuentran, hoy por hoy, casi fuera de servicio desde un punto de vista ambiental.  Más económico. ¿verdad?.

 Reitero que abajo os he incluido abundante información sobre las millones de maneras de destruir, asolar y devastar, pero hay muchas más.

 La cuestión ya no estriba pues, en que podemos hacer con los humedales, sino con la propia especie humana. Adiós, humedales adiós.

 Juan José Ibáñez

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La Virosfera, Los Suelos y la Biosfera

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Virosfera. Fuente: Colaje Google imágenes

La virosfera, o el conjunto de todos los virus que alberga la Tierra es aun terra incognita para la ciencia. Y como veremos hoy, resultará prácticamente imposible entender el funcionamiento de la vida hasta que comprendamos el papel que estos diminutos organismos desempeñan, tanto en la evolución como en la dinámica de la biosfera. El ciudadano tan solo es informado de los virus cuando estos generan enfermedades y pandemias, demonizándolos por ser extremadamente peligrosos, como también solía hacerse antaño con las bacterias. Empero desde estas últimas hasta (y sin excepción) los animales superiores se encuentren preñadas de numerosas especies víricas, la mayoría de las cuales no causan daño alguno, y tal vez desempeñan un papel de vital importancia. ¿Y en los suelos?. Más de lo mismo. Todos los organismos del suelo, desde las más minúsculas arqueas y bacterias albergan estas formas de ¿vida? en su interior, por lo que si extendemos a las mismas el concepto de especie, la virosfera podría ser considerada la reina de la biodiversidad edáfica. Si un gramo de suelo posee 40 millones de bacterias, tenga la total seguridad que también atesorará cientos de millones de virus.

 Debemos, adicionalmente tener en cuenta que parte de su material genético se incorpora a los genomas de sus huéspedes generando un flujo horizontal de genes que, tal vez, conecte “de alguna forma”, todo el árbol filogenético a modo de gigantesca red, corroborando entonces nuestra visión previa de la vida reticulada y su evolución a lo largo de la historia de la Tierra.   Nosotros mismos, nuestros genomas, son también en parte víricos, es decir algo tenemos de virus, mucho más de lo que pensáis como podréis observar hoy. Y no solo su diversidad, sino que a pesar de su tamaño, también se especula que la biomasa que suponen en el seno de la biosfera puede llegar a ser enorme, increíble, aunque por falta de información todos los datos que leáis no dejen de ser más que meras especulaciones: la punta del iceberg.  Según se señala más abajo, alguna be las hipótesis más audaces defiende que “La masa acumulada de su biomasa excedería todas las plantas y animales en la tierra“. ¿Sera verdad?.

 El contenido que os vamos a ofrecer hoy, ser basa en los fragmentos de dos post redactados en español, así como en una noticia recientemente ofrecida por terraDaily en suajili. Podemos considerar que  el material extraído del post titulado virosfera, perteneciente al magnífico blog de Miguel Ángel Jiménez Clavero que lleva por título Virus Emergentes y Cambio Global, nos ofrece la visión más ortodoxa y conservadora, mientras el siguiente, secuestrado del Blog: Disiciencia, la perspectiva más  atrevida/provocativa. En cualquier caso, como podréis observar, las cifras sobre su abundancia, diversidad y biomasa son enormes, por no decir asombrosas. A pesar de todo, el verdadero enigma subyace en el papel que “podrían desempeñar” en los avatares de la vida sobre la tierra, cuyo conocimiento podría modificar radicalmente nuestra concepción de la evolución biológica, así como poner en tela de juicio la filosofía subyacente al neo-darvinista actualmente imperante, aunque en paulatino desmoronamiento.

 ¿Se puede conocer la vida y la biosfera sin entender la Virosfera?. Todo apunta a  que la respuesta, en esa enorme red biológica que recubre y penetra la Tierra, resulta ser necesariamente negativa. Pero habrá que esperar para vislumbrar el paisaje mental adecuado. El reto de entender la Virosfera es enorme, pero quizás, cuando lo logremos, nuestra visión de la vida y de nosotros mismos cambie radicalmente. En este post más que en la mayoría de los redactados en este blog hasta la fecha, resulta imperativo que leáis al menos el contenido en español extraído de los dos blogs mentados, el cual os resultará asombroso. Que lo disfrutéis.

 Juan José Ibáñez

Continua………

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El Microbioma del Suelo (un ejemplo de las praderas norteamericanas)

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Las extensas paraderas de Kansas. Fuente: Colaje Google imágenes

 La nota de prensa de la que vamos a hablar hoy nos informa de la enorme diversidad de especies bacterianas  en las extensas praderas de Kansas. Para ilústralo escojamos tres breves fragmentos: “el suelo es testigo de la increíble diversidad y el caos de la vida dentro de incluso el puñadito más pequeño de tierra. Sólo una cucharadita de suelo de Kansas contiene decenas de miles de especies microbianas” (…) “Jansson considera que la labor de desentrañar las comunidades microbianas del suelo resulta ser una tarea especialmente difícil ya que existe una diversidad enorme. Los científicos estiman de 50 a 100 veces más especies microbianas las que habitan una muestra de suelo típico que  en el intestino humano. Además, la mayoría de los microbios del suelo nunca han sido cultivados en un laboratorio en el que se podrían estudiar a fondo” (…).  “El suelo es uno de los ecosistemas más complejos y diversos del planeta. Es un sustrato tridimensional complejo; No hay nada que se le parezca. Ya os hemos ido informando acerca de la extraordinaria diversidad de los organismos del suelo. Empero hablar de especies bacterianas resulta ser un tema más que espinoso, yo diría que es como andar por arenas movedizas, o navegar por aguas turbulentas, como podréis por ejemplo ver aquí: genómica bacteriana”. Por lo tanto la pregunta/respuesta  del millón de euros sería pues: ¿cómo se puede cuantificar la diversidad de bacterias de un volumen dado del suelo, si no disponemos de un concepto aceptado de las mismas, como ocurre con todos o casi todos los procariotas?. Empero cuando la maquinaria de la secuenciación masiva de los “toca genes” se pone en marcha, no hay falta de conceptos que les frene. Ellos estiman la variedad genética, es decir el microbioma del suelo en su conjunto, para a la postre señalar que existen tropecientas mil especies. Punto y final.  ¿Y qué ocurre con la  de la enorme promiscuidad que implica el flujo horizontal de genes entre bacterias que no se encuentran estrechamente vinculadas desde el punto de vista filogenético?. Al parecer ¡les da igual! (La Extraordinaria Genética de los Microorganismos del Suelo).

Personalmente me interesa, como a casi todos los lectores el microbioma del suelo. Ahora bien este es un problema y la diversidad de especies otro distinto, hasta que alguien desenrede la enmarañada madeja, o acierte milagrosamente a regalarnos con un concepto de especie apto para todo al árbol de la vida.  Y hoy por hoy no se atisban respuestas en el horizonte.

 En cualquier caso, debido al perfeccionamiento de los progresos realizados para las secuenciaciones masivas del genoma de las muestras, así como de su velocidad de procesamiento, los “toca genes” se asombran de todo.  Y así conforme mejoran estas técnicas instrumentales y se exploran más hábitats y muestras, más cara de bobos se les pone y más tonterías redactan en la literatura científica (ver por ejemplo el post El Microbioma del Suelo en Central Park (Nueva York).  Por lo tanto, y por citar un caso cualquiera, si un día, a un equipo de investigadores se le “escurre” la hedionda idea de estudiar los virus que contienen  las aguas residuales, no debe extrañarnos en absoluto que nos vengan a decir algo así como: Hallado el Mayor Punto Caliente de biodiversidad Vírica del Planeta: Las Aguas Residuales”. Un paper más en una revista de campanillas, una muesca a añadir al revolver del pistolero. Entre toda esta la retórica que podréis leer en la nota de prensa original que se esconde una única novedad que resulta ser: “(…) incluyen la primera reconstrucción del genoma completo de un solo microbio en un muestra de suelo complejo. Otros grupos han reconstruido los genomas completos de los microbios de ambientes menos complejos, incluidas las minas, tapetes microbianos, y el microbioma humano”. Es decir aislaron un microrganismo, según ellos “entre miles”, para a la postre secuenciar su genoma. Punto y final. El resto de las cifras son tan poco creíbles que no merece la pena discutirlas. Mucho peor son otros papers que, a partir de datos de la misma naturaleza, intentan vendernos una cuantificación de la diversidad funcional de las comunidades microbianas. Quien conozca bien los temas relacionados con la biología edáfica sabrá, sin lugar a dudas, que esta última es enorme, aunque su cuantificación rigurosa no deje de ser más que una quimera.

 Realmente estas cifras son improcedentes e irracionales. Sin embargo, los análisis comparativos de los microbiomas del suelo, que se basen en las mismas técnicas e intensidad de muestreos, si deben aportar información valiosa. No hablemos pues de diversidad de especies sino de la variabilidad o variedad del microbioma. Empero en la ciencia actual, los investigadores priman impresionar al público en lugar de ofrecerle contenidos honestos, sinceros. Y así lo que podría ser importante y relevante, por efecto del “publica o perece”, se transforma en información irrelevante, confusa y confundente. Abajo os dejo con la nota de prensa, traducida rápidamente (por lo que padece de defectos), pero que os mostrará cuanta morralla puede leerse en la prensa científica actual.

Juan José Ibáñez

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