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De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia (Nuevo Curso Básico y Sus Razones)

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Fuente: Colaje de imágenes Google

Entre 2007 y 2012, aproximadamente, abrimos e implementamos los principales contenidos de nuestra categoría “Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia”. Jamás pensé que fuera a tener el éxito que ha alcanzado. Poco después disfruté como profesor de estos temas en un master de posgrado y excelencia de la UPM (ver por ejemplo  la siguiente entradilla “La Convergencia entre Disciplinas Científicas e Ingenierías”). El curso, a pesar de ir dirigido a ingenieros, es decir jóvenes con una mentalidad práctica, gustó a la mayoría de los alumnos. Obviamente, entre la filosofía y sociología “clásicas” de la ciencia y la praxis actual de la actividad investigadora existía un hiato profundo que tan solo en parte era cubierto apelando a la filosofía, por lo que acudí, no a la clásica escuela “sociológica  mertoniama” de la ciencia, insípida y poco adecuada  a la hora de explicar el mundo de la indagación en el que estamos inmersos. En consecuencia, iba inclinándome, sin dudarlo hacia los denominados estudios de la ciencia, o estudios sociales de la ciencia, que pueden considerarse aquí como sinónimos. Estos atesoran una fuerte inspiración en las propuestas que Bruno Latour y Michael Callon desarrollaron esencialmente a finales de la década de los 80 y principios de la de los 90 del siglo pasado. A pesar de todo, presentía que algo/bastante fallaba/faltaba, por cuanto no detectaba bibliografía reciente (novedosa) sobre la filosofía de la ciencia. Practicante no se habían publicado propuestas que marcaran hito alguno desde Feyerabend. Y Arañé la superficie sin lograr profundizar. No me equivocaba, o al menos descarriaba en demasía. Son justamente  Latour y Callon, entre otros, los que ahora han sido  considerados pioneros destacados de la denominada filosofía de la tecnociencia, como nos explica por ejemplo el filósofo Javier Echevarría, uno de sus principales exponentes en habla castellana. La filosofía e incluso la sociología de la ciencia siguen siendo válidas, si bien se nos quedan corta con vistas a explicar el quehacer reciente de la ciencia y su relación con la tecnología y la sociedad. Actualmente, aunque se hable de ciencia, realmente la mayoría de los políticos y medios de comunicación nos informan sobre el “lado bueno” de la denominada tecnociencia. Empero gran parte de los males actuales que hoy nos acechan, procede de la mentada tecnociencia. ¡Si! también esconde un lado oscuro, pero que muy oscuro.

Nunca existió, en mi modesta opinión, una filosofía de la tecnología digna de ser comentada. Sin embargo, ya sabemos que frasecitas billones de veces repetidas y aparentemente inocuas, como las de “ciencia, tecnología e innovación” o ciencia y desarrollo tecnológico, esconden un lado oscuro, pero que muy oscuro para la mayoría de los mortales.  No defiendo que toda tecnología sea perversa, y menos aún inútil, sino que se aplica a fines procelosos, estando en manos no de los científicos, sino de esos lobbies políticos, financieros, militares, empresariales multinacionales, etc., a los que no les importa el verdadero conocimiento, sino los pingues beneficios que, de un modo u otro, puedan acarrearles y arrebatarnos

Menguan rápidamente los investigadores que nos plantemos la ciencia en términos de hacer retroceder el muro de la ignorancia humana sin más; de entender mejor el mundo que nos rodea y a nosotros mismos, sin más propósitos. El objetivo de la tecnociencia no es precisamente ese, sino el control del poder desde todas sus aristas por parte de la oligarquía global.  Algunas tecnologías, como las TICS, las usamos masivamente, siendo útiles para el ciudadano, muchos de los cuales son ya hiper-dependientes, por no decir adictos, a las mismas. Los propios blogs son un ejemplo, como la telefonía móvil y esos smartphones que llevan los más jóvenes, adheridos a sus cuerpos, abstrayéndose del resto del mundo.  Empero volvemos a reiterar que dejar el control en las manos de los que engañan y expolian a los ciudadanos, sin el menos control, nos ha conducido a esta sociedad sórdida insolidaria y a todas luces insustentable. Y así, por ejemplo, el medio  ambiente interesa como modelo de negocio, lo mismo que la salud y el bienestar general de los ciudadanos. El control en manos privadas de casi todo, deviene en un cáncer que ha invadido nuestro cuerpo social casi en su totalidad. Y entre ellas cabría destacar también la precarización del empleo, el paro y la salud laboral, etc., etc.  

Por definición, el propósito de las industrias es vender, vender mucho, cuanto más mejor (ver como botón de muestra nuestro antiguo post Las miserias del capitalismo: La obsolescencia programada, o por qué vivimos en una sociedad anti-sustentable”). ¡Si!. Para vender sus productos estos deben durar poco ya que se trata de comprar, usar, tirar y comprar, usar, tirar y comprar, usar, tirar y comprar “ad nausean”. Luego nos lamentamos, por ejemplo, de la contaminación con microplásticos, o del cambio climático, frutos en gran parte del uso de la tecnociencia, como iremos demostrando ¿Dónde queda pues el conocimiento científico? Sigue siendo la piedra angular de la tecnociencia, no lo dudo, empero empleado para otros fines, generalmente, menos nobles que los de antaño, con salvedades, tanto antes y después. Actualmente la libertad para hacer ciencia, ha ido dando paso a que los investigadores sean un nodo más en la cadena de montaje tecnocientífica. La ciencia, tal como existía hasta mediados del siglo XX, sufrió un golpe mortal bajo la denominada “big Science” primero, y después con la ya asentada tecnociencia.  Tan solo en las ciencias menos sexy, y aun así por la obstinación de algunos de nosotros, se la intenta hacer frente con precariedad y sufriendo todo tipo de críticas y descalificaciones por los ciudadanos (generalmente tendenciosamente informados por los medios de comunicación), políticos y empresarios. No somos libres, sino exclavos.

Entiendo que todo esto os sonará a (i) Juanjo se ha quedado obsoleto y, como viejo en ciernes, defiende que” todo tiempo pasado fue mejor”; o (ii) Juanjo ha vuelto a apretar las tuercas de sus neuronas radicalizándose hasta límites insospechados. ¡Pues va a ser que no!. Lo que os voy a ir narrando no se de cosecha propia, sino de los filósofos y sociólogos actuales. Yo actuaré como correa de transmisión. Eso sí, intentaré añadir algunos granitos de arena que intenten clarificar la situación.  

Reitero que bastante arto del rumbo de la ciencia actual, durante un par de décadas, soslayé lecturas de lo que creí que eran disquisiciones en boga, sin sustancia, puramente retóricas, cuando se mentaba la tecnociencia, innovación, emprendimiento, etc.  Craso error. ¡Enorme!, ¡descomunal!. Fue justamente en el verano de 2016, cuando leía un libro por placer sobre ese hilarante intento de evadir el envejecimiento y alcanzar la inmortalidad (ver el post: Jugando a Ser Inmortales: Transhumanismo y Singularidad Tecnológica; el día en que dejemos de ser humanos), cuando se cayó la venda de mis ojos y topé abruptamente con la filosofía de la Tecnociencia. Ahora entiendo bastante mejor muchas de mis críticas, quejas y lamentos en entregas precedentes a cerca de la estructura, dinámica y evolución de la ciencia actual. Abajo os hago una relación relativamente prolífica, aunque ni mucho menos exhaustiva, de tal material ya editado.

Repito una vez más, para ser lo más transparente posible, que resulta curioso como muchos de mis post previos almacenados durante 14 años en varias de las categorías de nuestra bitácora  (ver el margen derecho de vuestro monitor): “Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia”; “Curso breve sobre Periodismo Científico ”; “Curso Básico de Ciencia para Jóvenes Universitarios y Tecnólogos”; “Filosofía, Historia y Sociología de la Edafología”; “Fraude y Mala Praxis Científica”; “La Crisis de la Edafología”; “Prensa y Política Científica”; “Redes Complejas, Ecológicas, Sociales y el Mundo de Internet”; “Curso breve sobre Periodismo Científico”; “La Convergencia entre Disciplinas Científicas e Ingenierías” adquieren una nueva dimensión ante mis ojos y cortas entendederas. 

A diferencia del curso sobre filosofía y sociología de la ciencia, para el cual había leído bastante y durante muchos años, deberé redactar los post de este nuevo “cursillo acelerado” conforme vaya leyendo libros y material de Internet.  No se trata de improvisar, sino de informaros conforme vaya asimilando lo que encuentro de interés en este mundillo.

En cualquier caso, estoy completamente convencido de que con este material y sus enlaces asociados, no sólo entenderéis mejor como trabaja en gran medida la ciencia actual y con qué propósitos, sino también los sinsentidos del mundo en el que nos ha tocado vivir. ¿Lo dudáis? ¿Sí? Pues os aseguro que quien siga el este nuevo curso terminará por entender lo que no desean que entendamos o lo que no queremos ver. Por las razones aludidas, iré editando post pausadamente, no esperéis un manantial continuo o incesante.

La ciencia comparada con la tecnociencia es puro romanticismo.

Juan José Ibáñez

Abajo os dejo el material de partida ya publicado. Iré ofreciendo el nuevo en sucesivos post ya vinculados a esta nueva categoría denominada Filosofía de la Tecnociencia

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Científicos Creativos e Innovadores: El extraño caso de Vladimir Markovich Fridland

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Imagen de un mapa elaborado por V.M. Fridland. Fuente EU Soil Portal. JRC. UE

Vladimir Markovich Fridland (1919-1983) fue en mi modesta opinión una de las últimas grandes figuras de la edafología Rusa, por la que ya le dediqué dos post. (i) Precursor de los Análisis de los Patrones Espaciales de Suelos: Homenajeando a V. M. Fridland y (ii) Las Clasificaciones de Suelos y Nuestro Homenaje Póstumo a V. M. Fridland, por lo que no volveré a alabar su figura.

Sin embargo, el caso de Fridland es uno de esos que resulta muy difícil de explicar tanto desde la perspectiva de la en filosofía como de la sociología de la ciencia. Vladimiro, era enormemente creativo, por su cabeza debían pasar nuevas ideas a la velocidad de la luz. Editó varios libros, como dos que recojo abajo que fueron traducidos al inglés. También escribió algún que otro artículo, que también os añado al final de esta entrega. Más aun, autores norteamericanos intentaron difundir sus ideas en EE.UU. mediante otras monografías narradas por ellos ( F. D. Hole y J. B. Campbell: Soil Landscape Analysis, 1985).  Vladimiro aportó una enorme cantidad de procedimientos para el análisis espacial de las coberturas edafológicas, incluyendo diversos índices, como uno de edafodiversidad. Varias de sus herramientas podían y debían haberse aplicado a la representación de la cartografía de suelos. Tales propuestas matemáticas no resultaban ser nada  difíciles de comprender e implementar, precisamente. Fridland aún sigue siendo una figura relevante citada en numerosas publicaciones, pasando a los anales de la historia de la filosofía. Sin embargo, para su desgracia, y quizás para la de todos, sus alabadas ideas no fueron aplicadas (quizás algunas en lengua rusa, pero que no han trascendido a occidente). No se trata de uno de esos casos que ya explicamos con anterioridad en nuestro post sobre lasbellas durmientes”, ya que nunca estuvo dormido.

Y aquí topamos con un enigma. Si casi todos los edafólogos alaban la figura de Vladimiro, si sus propuestas metodológicas fueron tan sencillas….. ¿Por qué nadie intentó testarlas, corrobóralas/refutarlas y mostrar/desmontar su potencial heurístico?. Resulta difícil de explicar que existan científicos reconocidos, incluso afamados, pero a los que sus colegas soslayaron de facto, que no de palabra. Es decir, al menos en occidente, nadie, que yo sepa, puso en práctica los procedimientos de análisis espacial que nos legó, si bien los avalaron. Vladimiro no formaba parte del establishment de la ciencia del suelo, al encontrarse al otro lado del telón de acero (el mundo comunista) 

Resulta curioso también quese le cite en muchos libros y monografías, pero muchos menos en artículos publicados en revistas indexadas. Dos tipos de publicación dos grandezas distintas?. Cada día entiendo menos la dinámica de las citaciones. Podría ser que los expertos a la hora de publicar nos fijemos más en las propuestas que defiende el poder establecido (y que de facto forma parte de los comités editoriales),  que en otras que aun siendo más ingeniosas pueden no interesar a los editores y revisores. ¡Mal asunto! ¡Materia de reflexión!.

Seguramente existan otros casos como el suyo, en una multitud de disciplinas científicas. Sin embargo, yo no he leído nada sobre investigadores cuyo paso por la ciencia sea de tal guisa. Muchos grandes científicos fueron ignorados en su momento (Fridland no), y por tanto sus obras también (a Fridland no le ocurrió nada parecido). Existen casos de héroes visionarios cuyas ideas no fueron  testadas, o por falta de instrumental o porque sus elucubraciones no fueron entendidas por la comunidad científica de su época, pero tampoco es el caso de la obra que nos legó Fridland.  Podría alegarse que por ser Ruso fue un poco marginado en el mundo anglosajón. Sin embargo tampoco es el caso de Fridland, por cuanto dos influyentes expertos  norteamericanos, como Hole y Campbell alabaron detalladamente sus contribuciones, no mucho tiempo después de su fallecimiento. Realmente, hasta donde yo he alcanzado a leer, a lo largo de más de 40 años, no he conocido un caso parecido.   Sería algo así como un autor de obras de teatro, al que todos los críticos alaban, pero que nadie puso sus creaciones en escena.

Este es el extraño caso de  Vladimir Markovich Fridland. ¿Alguien conoce otro igual?. Supongo que debe haberlos pero…… En mi opinión algunas de sus obras más influyentes son las que abajo os redacto. Me gustaría conocer tener noticia de  casos similares. ¿Alguno de vosotros puede informarme?. Realmente ya no se si muchos científicos logran ser famosos porque nacen de pie, mientras que a otros le ocurre lo contrario.  Tengan por seguro de que, de haber sido escuchado, hoy los mapas de suelos serían diferentes, así como que yo mismo no sería reconocido como el fundador de los estudios de edafodiversidad. ¡Más sincero no puedo ser!.

Y lo dicho, hay razones científicas que la razón pura no entiende.

Juan José Ibáñez

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El Circo de la Ciencia Contemporánea

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Matías Zaldarriaga Fuente: Prospects in theoretical Physics

Una de las maravillosas conclusiones que puedes extraer un ciudadano como científico consiste en percatarte en la gran complejidad del universo, de la vida, de lo poco que sabemos y de la enorme inmensidad de estructuras y procesos que permanecen por descubrirse. Un gran número de jóvenes fuimos atraídos también por la idea de que la ciencia era objetiva, que no había lugar para las mentiras que aquejan a otros ámbitos de la sociedad. Tampoco es cuestión de engañarse, pero pensábamos que la honestidad y la humildad debían regir el quehacer de los investigadores a pesar de que no existe rincón humano en donde los arribistas, fabuladores y mentirosos intenten medrar. No obstante, la comunidad científica daría cuenta de ellos, tarde o temprano. Personalmente tras 35 años de actividad indagadora lo único que puedo aseverar es que también este mundo adolece de todos males que aquejan a las sociedades modernas. La historia de la ciencia la escriben los vencedores, muchos de los cuales, con el tiempo, hemos descubierto que eran unos soberanos tramposos sin escrúpulos.

En las sociedades actuales la imagen lo es todo, a la que someten las esencias de las cosas. No importa lo que contenga una botella, sino que esta impresione a la vista, que sean atractivas, que seduzcan al consumidor y las compre, que al menos proporcionen un momento de gloria. La comunidad científica, constituida por humanos, y por lo tanto entes sociales, se han contagiado de tal afección que atenta contra la genuina esencia de nuestra tarea. Pero el problema no termina aquí:

Como explico a mis alumnos de la Universidad Politécnica de Madrid, intentar defender en estos tiempos que la ciencia se encuentra acarreada a hombros de gigantes, resulta ser tan ingenuo como pensar que todos los niños nacen en Paris y los lleva al hogar de papá y mamá una cigüeña. Bruno Latour y Michel Callon fueron los principales proponentes de la Teoría-Actor Red (analizar seriamente las estúpidas e insustanciales críticas lanzadas contra este constructo teórico en Wikipedia). Según Latour y Callón, el entramado de la ciencia resulta ser una red constituida por agentes humanos y no humanos que interaccionan entre sí. Dentro de los segundos se encuentra la instrumentación científica, los intereses empresariales, las prioridades nacionales, las Instituciones Científicas y como no, sus gabinetes de prensa, muchos de los cuales hacen cualquier cosa con vistas a publicitar y atraer a los potencialmente e incautos clientes.  Según Latour y Callón, o analizamos la red es su conjunto, dando el mismo valor a todos sus actores y sus relaciones, o la actividad indagadora nos parecerá incomprensible. Empero entre tantos intereses, es fácil entender que la coherencia que debiera atesorar la ciencia termine diluyéndose como un azucarillo en un café caliente. Los investigadores, individualmente parecemos meras marionetas que bailan al son de esos hilos ¿invisibles? para otros que resultan ser la política, la economía de mercado, las multinacionales, los intereses de sus instituciones, etc. Ellos proporcionan los medios y la financiación, por lo que mutatis mutandis ellos mandan. ¡Danzad, danzas malditos!, y nosotros a mover el esqueleto siguiendo sus ¡sabios consejos!.  Y en este contexto en el que la sustancia se diluye y la imagen lo es todo, puede entenderse la siguiente frase:

La frase del año, dicha por el premio nobel de medicina, el  el oncólogo brasileño Drauzio Varella (Mar 13 Abr 2010)

“En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer. De aquí a algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven”.

Matias Zaldarriaga es un afamado cosmólogo argentino que ha realizado la mayor parte de su carrera en EE.UU. Matías piensa, como yo y otros muchos colegas que estamos mermando, por no decir decapitando los valores que debería atesorar la comunidad científica en su conjunto y la de cada uno de sus miembros individualmente.  Muchos de nosotros estamos hartos de este reality show, en el que resulta fácil medrar siendo un muñeco de guiñol,  que defendiendo el genuino interés que nos llevarían a la búsqueda de la verdad, sea lo que sea. Abajo os dejo una entrevista llevada a cabo por el rotativo El País., a Matías, un científico que parece ser bastante sincero y honesto. Dado que se le entrevista simultáneamente sobre cosmología y el deplorable espectáculo ético de la ciencia contemporánea, tan solo he subrayado lo concerniente a este último aspecto.  ¿Cuál será el futuro de la ciencia bajo el escenario actual?. Me temo que, aunque ya abundan los payasos sin escrúpulos, o cambia la sociedad o… los investigadores horrados comenzarán a ubicarse en esa línea roja que nos demarca el riesgo de extinción. No hemos entrado en el mundo de la ciencia para publicitarnos, no hemos llegado aquí a bailar al son de los que llevan a los ciudadanos hacia la pobreza, no somos vendedores, pero, así están las cosas. Publica o  perece y si quieres saber quién es un personajillo, dale un carguillo, que es lo que ansían ya demasiados colegas.  Y sin darse cuenta luego viene la mala praxis, el fraude científico, etc.  

Os dejo pues con la entrevista (…)

Juan José Ibáñez

¿a hombros de gigantes?. Jajajaja.

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La Filosofía y Sociología de La Ciencia en la Docencia Universitaria: la Reacción de los Alumnos

Ya os comentamos en el post titulado “La filosofía de la Ciencia en la Docencia Universitaria” cómo, aunque sorprendidos por la contenidos de la signatura, los alumnos piensan que (i) no han perdido el tiempo y (ii) que de acuerdo a muchos de ellos debería impartirse como asignatura obligatoria en cualquier carrera universitaria. Ya os expliqué los contenidos que imparto en aquella entrega. Ahora deseo que los lectores interesados en estos temas lean sus respuestas a una de las tres preguntas que tenían que responder en su examen final. Obviamente “en principio” era la más fácil. Ahora bien, es fácil detectar quien adula al profesor y quien responde por mera estrategia. Se inscribieron y asistieron 16 alumnos, de los cuales dos no se presentaron al examen final. No he añadido nada, ni cambiado una coma de sus narraciones. No busco con estos exámenes que comprendan todo lo que escuchan, y menos aún que lo memoricen. Se trata de que entiendan en que consiste la empresa científica, para bien y para mal, con sus virtudes y defectos, así como los sesgos humanos que atesora, ya que se trata de un constructo social.  Reitero que se trataba de una asignatura de un máster destinado principalmente para Ingenieros, por lo que su vocación por aplicar la ciencia en el mundo de la tecnología, no debía inducir a que fueran muy proclives a interesarse por desideratas teóricas y menos aún humanistas, como ellos consideran la asignatura, mal que me pese. Entiendo que mi discurso pudiera estar más sesgado que los suyos. Como podréis observar, a ninguno le ha perecido que perdían el tiempo, sino todo lo contrario. El examen consistía de tres preguntas, siendo las dos restantes sobre filosofía de la ciencia y sociología del conocimiento científico respectivamente. Mi conclusión es clara, nuestros futuros científicos y tecnólogos son mucho más receptivos a abrirse al pensamiento crítico que los propios investigadores y docentes actuales. Tan solo necesitamos abrirles el camino (…) Debiéramos reflexionar muy seriamente las razones por las que estas materias no son actualmente impartidas en las facultades de Ciencia y Escuelas de Ingeniería. ¿Buscamos generaciones de borregos doctrinalmente instruidos u otras que aprendan a pensar críticamente sobre la actividad que realizarán en un futuro?. Lo que abajo leeréis no deja lugar a dudas. Os puedo asegurar que no he excluido ningún examen y si pensáis lo contrario, el Director del Máster dará fe aquí de que lo que asevero es cierto. Reitero que debiéramos reflexionar sobre este asunto son suma seriedad. Eso si no entremos si redactan mejor o peor, por cuento se trata de temas colaterales al objetivo del post. ¡de todo hay en la viña del Señor!. Termino señalando que aunque más de un alumno insiste en que les enseñe como se escribe un “paper”, lo rehúyo, ya que los que se dediquen a la investigación tendrán que leer muchos antes de ponerse a redactar el primero de su propia cosecha, mientras que no ocurrirá lo mismo con los contenidos impartidos en el curso. Comenzamos pues a ver sus narraciones. (…)

Juan José Ibáñez

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1. ¿Que es lo que se ha aprendido del curso?

¿Por dónde empezar?. Partiré por decir ¿Por qué no me enseñaron antes esto? (…)

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 Fuente: Blog Vedanta y Yoga

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La Filosofía de la Ciencia en la Docencia Universitaria

Tanto la filosofía como la sociología de la ciencia debieran ser materias de  enseñanza obligatoria en todas las carreras universitarias, sin excepción.

En vísperas de mi tercer año como profesor de filosofía y sociología de la ciencia en una Escuela Técnica Superior de Ingeniería, perteneciente a la Universidad Politécnica de Madrid, considero que he alcanzado un bagaje, corto aunque suficiente, como para extraer algunas conclusiones. Fui invitado para impartir una asignatura en el segundo curso de un máster y elegí este reto en lugar de explicar una materia más afín a las indagaciones científicas que llevo a cabo. La dificultad era todavía superior para mí, por cuanto jamás había realizado tal actividad, siendo un profano en cuestiones docentes. Más aun, en general, los aspirantes a ingenieros tienden tender a ser más pragmáticos y menos propensos a que les interese la teoría que los que estudian física, matemáticas u otras carreras de ciencias experimentales. Me enfrentaba pues ante un reto que, en mi opinión, era de gran calado. Eso sí, si fracasaba, tampoco se iba a hundir el mundo a mi alrededor ya que pertenezco a una institución científica en donde la docencia no ocupa a penas lugar en los curriculum vitae de sus investigadores. En este primer post os explicaré brevemente la experiencia vivida así como el contenido de las materias impartidas. Empero en otro que le seguirá a este, serán los propios alumnos los que os narren con sus escritos la impresión que extrajeron de la asignatura, a la que consideran de “humanidades”. Prácticamente todo el material del curso se encuentra aquí, en los post de nuestra bitácora, almacenado en las siguientes categorías: Curso básico sobre filosofía y sociología de la ciencia, curso breve sobre periodismo científico y curso básico de ciencia para jóvenes universitarios y tecnólogos. Este año, para mi júbilo, al ofrecerles las calificaciones finales a los alumnos (que son primero personalizadas, y  que las conocen vía correo electrónico en menos de 24 horas, por si quieren mejorar la nota final lo antes posible) y exponerlas en el tablón de anuncios de la Escuela les he tenido que felicitar a todos, ya que en su inmensa mayoría han entendido el mensaje y conocen los principios básicos que deseaba inculcarles, por cuanto no se trata de memorizar o de sesgarles hacia ciertas escuelas concretas, sino de estimular su pensamiento crítico y que conozcan esas “verdades de la ciencia” que jamás son explicadas en los manuales de texto. Como observaréis, en el próximo post, la receptividad y asombro que mostraron, así como su agradecimiento, no me ofrecen lugar a dudas. Esta materia debía ser de enseñanza obligatoria en todas las carreras universitarias, sin excepción. No lo digo yo, sino que os lo explicarán ellos en breve.

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Imagen extraída  de la página web:   Filosofía, Ciencia, Religión y Fe (Norberto Herrera Zúñiga). El Nuevo Diario.com.ni

Nunca entendí la razón por la cual la filosofía y sociología de la ciencia tan solo se impartían (salvo alguna rara excepción) en las carreras universitarias de humanidades, pero no en las que van a hacer uso del método científico.  Dicho de otro modo, a los científicos se nos adiestra en ciencias sin tan siquiera explicar en que consisten cuestiones tan básicas como en que consiste la propia ciencia, cuál es su definición, que es el método científico, como discernir entre una teoría científica de la que no lo es, y por lo tanto menos aun cuales son los principios, si existen, del “mentado método”. Comienzo las clases provocando a los estudiantes al exclamar que no tienen ni idea de que es la ciencia y que se lo voy a demostrar ya en la primera clase. A la media hora se disipa cualquier duda.  Sin embargo, también les advierto que los propios investigadores suelen desconocerlo tales asuntos, al igual que ellos. Y así tras ese primer contacto narro cómo se desarrollará el curso en varios módulos (concretamente cuatro).

En el módulo 1, trato de explicarles que es la ciencia, el método, un concepto, una modelo, una clasificación, o discernir una idea de una conjetura esta de una hipótesis y finalmente. en que consiste una buena teoría. ¡Cosas de este estilo!. Tras cuatro horas inicio el módulo 2 que versa en detallar el susodicho método científico. Debido a que siempre he pensado que casi todas las materias se explican mejor narrando sus progresos paulatinamente, desde un punto de vista histórico, así como que existen diversas escuelas rivales a la hora de interpretar y aplicar el “método”, comienzo por los primeros intentos llevados a cabo en el siglo XVIII. Así, por orden cronológico, inicio esta parte del curso por la inducción o Inductivismo, sigo por el positivismo lógico y el Circulo de  Viena, continuo con el Falsacionismo de Karl Popper, los PIC de Irme Lakatos, para adentrarme después en la propuesta de los cambios de paradigma de Thomas Kuhn, la teoría anarquista del conocimiento de Paul Feyerabend, finalizando por las escuelas actuales más radicales. Una vez terminadoo todo esto, les (me) pregunto: ¡A la luz de lo que hemos aprendido, deberíamos saber cuándo y cómo una hipótesis llega a alcanzar el estatus de teoría científica  aceptada por la comunidad científica y porque son refutadas y abandonadas otras!: ¿No?. Pues va a ser que no. La ciencia es un constructo social, y por lo tanto está sujeta a las veleidades de las relaciones y decisiones humanas, por lo que no puede entenderse sin apelar a la sociología y estudios sociales de la ciencia.

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El Olvido de la Ciencia: El Efecto Internet

“Nos falta una referencia y hay que buscar estos dos artículos”. ¡Baja a la biblioteca!” “¡No esta vez te toca a ti, que siempre te escabulles!”

Antaño, el trasiego entre la biblioteca y el laboratorio resultaba ser una actividad imprescindiblemente tediosa. Luego fotocopias, si es que el número de la revista o el libro no se encontraba ya solicitado por otro colega, en cuyo caso no había más remedio que ¡esperar! Actualmente, las inscripciones de las Instituciones a las editoriales de las revistas y/o monografías, así como el poder descargar el material bibliográfico electrónicamente desde el PC de tu propio despacho, ha reducido el tiempo destinado a tales menesteres. De este modo, tal ajetreo entre ambos lugares ha descendido sobre manera, ahorrando un valioso tiempo a los científicos. Las bibliotecas comienzan a ser lugares lúgubremente vacíos y solitarios. Empero tal apoyo tecnológico encubre un grave problema que él mismo ha generado. La mayor parte de las editoriales tan solo disponen de los documentos en formatos electrónicos a partir de una fecha determinada, soslayando los precedentes a la misma. Mientras tanto, las urgencias y falta de tiempo para soslayar tal vicisitud decrecen entre los practicantes de la indagación científica. Como corolario, vamos olvidando las ideas, información y teorías de las publicaciones anteriores a las dos o tres últimas décadas, centrándonos en las más recientes. El resultado resulta ser demoledor. No es extraño que se redescubra la dinamita, vendiendo vino viejo en nuevas botellas. En otras palabras, comenzamos a soslayar la historia de la ciencia, suplantando en muchos casos, a los colegas que en realidad fueron autores de muchos e importantes descubrimientos. Y así las bibliotecas de muchos centros de investigación se encuentran hoy en día prácticamente vacías.

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El Silencio de las Bibliotecas Científicas. Fuente: Conecta@blog

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Metodología de la Ciencia. Contenidos Para un Curso de Postgrado (II. Sociología de la Ciencia y algo Más)

Ya os comentamos en el post precedente, la racionalidad de esta micro-serie de entregas, destinada a los alumnos de un curso de postgrado en el que se impartirá en el contexto de una asignatura sobre metodología de la investigación. Por desgracia para ellos, yo formaré parte del profesorado. Obviamente, esta material puede ser utilizado por cualquier profesor o docente que desee embarcarse en una iniciativa parecida. Eso sí, como los post enlazados llevan títulos un tanto esotéricos, los aventureros que lo intenten, tendrán que etiquetarlos según sus criterios y objetivos. Prácticamente todos los contenidos abajo desglosados se encuentran incluidos en nuestra categoría  “curso básico sobre filosofía y sociología de la ciencia”. Iremos de paso añadiendo información que consideramos útil, en una nueva categoría “ex profeso” que lleva el título de “curso básico de ciencia para jóvenes universitarios y tecnólogos”. Ambas las tenéis a la derecha del monitor. Tan solo hace falta que pinchéis en ella e irán desplegándose las entregas en lotes de diez en diez, en orden casi inverso al que exponemos aquí abajo (las limitaciones de la racionalidad de la estructura de los blogs para estos menesteres). Observar que bajo cada página con los títulos de los post, aparece una indicación que reza: “pagina siguiente” (aunque debía haberse escrito “anterior”). Hay que pinchar en ella para que aparezcan los grupos de post escritos con anterioridad, uno detrás de otro. Si en el desglosamos las entregas que versaban sobre que es la ciencia, el método científico y la filosofía de la ciencia, en el presente detallaremos los relacionados con su sociología, buena y mala praxis, etc. Pretendemos pues informaros que, como en otros ámbitos del conocimiento, los científicos y sus colectivos pueden comportarse de muchas maneras, algunas de las cuales son más que reprochables. Tal hecho no debe extrañar a nadie, por cuanto somos ciudadanos corrientes y molientes. Si a algunos de nosotros (que no es mi caso, por supuesto) nos gusta que nos denominen “sacerdotes de la ciencia”, no es porque sean mejores que la mayoría de sus colegas, si no por la simple razón de que se afanan como Indiana Jones idiotizados en buscar fama y gloria, intentando ser foco de la cobertura mediática de cualquier forma asequible a su alcance. Muy por el contrario, otros preferimos trabajar tranquilamente al margen de los paparazzi de la ciencia, como resultan ser, por desgracia, buena parte de los periodistas que se embarcan en este tipo de noticias. Obviamente existen excepciones encomiables pero (…):

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El Pensador (2006). Obra de Pablo Di Masso (Argentina). Fuente: Arte Al día Online

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Los Escrúpulos de la Ciencia: En los Brazos de Morfeo

Muchos investigadores defienden que la ciencia es una empresa objetiva. Personalmente considero que “mucho menos de lo que a la mayoría de ellos les gustaría”. Tal actividad se encuentra claramente sesgada por la cosmología “occidental”. A lo largo de la historia, los científicos han desdeñado, cuando no “ridiculizado”, los remedios curativos (entre una multitud de conocmientosmuy dispares) y otras prácticas tradicionales procedentes, ya sea de diferentes civilizaciones, ya de culturas aborígenes aun más ancestrales. Un ejemplo palmario se muestra en una de las obras seminales de la antropología. Hablamos de “La Rama Dorada”. Lo que el autor denosta a menudo como superchería, se ha constatado con el paso del tiempo que no era así. Lo mismo ha ocurrido con la medicina oriental (ver nuestro post: “Ciencia y Civilizaciones: El ejemplo de la Medicina China”). La ciencia contemporánea la tildaba de arcaica hasta que los países en donde imperaba se sumaron a las hordas del capitalismo globalizante. Así, al incorporarse parte los jóvenes investigadores procedentes de aquellos lares a los laboratorios del mundo occidental, fueron demostrando que muchos de sus principios curativos no resultaban ser supercherías, aumentando el arsenal de los productos naturales que hoy atesoramos con vistas a combatir ciertas enfermedades. Lo mismo comienza a ocurrir con los “remedios ancestrales” de ciertos pueblos aborígenes Latinoamericanos de los que también comienzan a verificarse sus bondades (ver diversos post incluidos en nuestras categorías “etnoedafología y conocimiento campesino” y “los suelos y la salud”). Cuando era joven, muchos nutricionistas renegaban de la dieta mediterránea, mientras que hoy la consideran laquita maravilla del mundo. Pero resulta que con la modernidad, los pueblos mediterráneos hemos perdido, casi irremediablemente, aquellos “buenos hábitos alimentarios”. El Nóbel de literatura Camilo José Cela, amante de las tradiciones y costumbres de su país, disfrutaba con la siesta, a la que denominada el yoga ibérico”, mientras que desde el mundo sajón tal “placer” ha sido tradicionalmente tildado  como una muestra más de la vagancia latina. Y ahora resulta que hasta NASA, entre otras instituciones comienza a alabar tal “fiestorro” de placer  (ver abajo la noticia que hoy os ofrecemos: La NASA se apunta a la siesta). No hay más necio que el que no quiere entender todo lo que le es ajeno (algo muy anglosajón y centroeuropeo), más ciego que el que no desea ver, más sordo que él que ni se molesta en escuchar, ni más estúpido que un sabelotodo. Empero justamente los investigadores,  debiéramos estar desnudos de tales prejuicios, como demanda el método científico. La historia de la Ciencia ha dejado abundantes rastros de tal racismo impenitente. ¿Por qué?

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En Brazos de Morfeo. YB en mi casa por las tardes. Fuente: Foro InfoSpyware

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La Paternidad de las Teorías Científicas (Ídolos con Pies de Barro)

Me encontraba buscando información relacionada con la La Teoría de la Biogeografía Insular, con vistas a cumplir los requerimientos que me enviaron los referees sobre un trabajo que remití a una de esas revistas denominadas de impacto, cuando exclamé: “Hay que fastidiarse, ¡otra vez!”. Y es que resulta que la atribución de un gran descubrimiento a su verdadero autor es un tema más que espinoso, escabroso. Por mucho que hablemos de objetividad científica, la literatura en esta materia, deja mucho que desear. Por tanto, os narraré exclusivamente este caso en concreto, aunque existen muchísimos más. La mencionada teoría fue atribuida a MacArthur y Wilson por sus publicaciones realizadas en los años sesenta. Empero la realidad es que su primer proponente resultó ser  un tal Eugene G. Munroe en 1948 (Tesis Doctoral), y posteriormente vuelta a proponer por escrito en un acta de congreso (1953). Ni tan siquiera yo, que trabajo en estos temas, tenía noticia de ello. Sin embargo, los reconocidos biogeografos norteamericanos Brown y Lomolino descubrieron tal confusión en un artículo publicado en 1989. Se trataba de una revista importante, por lo que todos los expertos en la materia han tenido tiempo suficiente para leerla ¿No? Pues bien, si uno busca en el ciberespacio, puede constatar que casi nadie se acuerda de la proposición de Don Eugenio, mientras que siguen rindiendo tributo a MacArthur y Wilson. ¿Qué hace la comunidad científica en estos casos? La mayoría de las veces, nada de nada. En esta ocasión, al menos, el tema salió a la luz. Y así el profesor Munroe, recientemente fallecido, pudo ver parcialmente recompensada su genialidad, es decir, la paternidad de esa criatura conceptual que se la otorgaron a otros que la redescubrieron 15 años después. Lamentable. Si se tratara de casos aislados…., pero no es así. Ya he leído demasiados.    

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Kayangel Atoll, Belau, Palau Islands

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