Posts etiquetados con ‘agricultura sustentable’

No hay agricultura sustentable basada en el riego, con sobreexplotación de los acuíferos

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Fuente: Colaje Google imágenes

 El título por si solo ya resume el contenido de toda la noticia, la cual se me antoja trivial, aunque a muchos expertos al parecer no. Cuando hablamos de agricultura sustentable deben tenerse en cuenta todos los factores, no solo que el manejo del suelo sea el adecuado bajo las condiciones actuales. Son muchos los espacios geográficos en los que una agricultura “aparentemente sostenible”, resulta no serlo, al no considerar otras circunstancias que actualmente ignoran numerosos colegas, con ramplonas premisas y sus modelitos numéricos “ad hoc”.

 Hoy por hoy, el cultivo bajo riego es imprescindible con vistas a garantizar la soberanía alimentaria. Ahora bien, al margen de los quebraderos de cabeza que suponen para los técnicos, evitar que los suelos no se deterioren ni salinicen, debemos añadir que muchos  son irrigados con aguas procedentes del subsuelo.  Empero en grandes extensiones de los mismos, tal práctica se hace con aguas subterráneas, cuya recargas son ostensiblemente menores de las necesarias, con vistas a no incurrir en su sobreexplotación.

Del mismo modo, en territorios dispersos por todo el mundo, el uso de tal agua, procedente de los acuíferos con objetivos de irrigación, compite con otras demandas, como pueden ser, por ejemplo, el abastecimiento a una población creciente y/o urbanización en expansión. En consecuencia, incluso si la gestión de este recurso pudiera ser en sustentable en sí misma, también lo es que  dejar de serlo bajo una demanda en constante aumento que exigen o reclaman otras actividades socioeconómicas. Y así, como señala uno de los autores del estudio que os mostramos hoy, abajo traducido del suajili al español castellano: “Nuestros resultados sugieren que, para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, lo que se necesita son políticas que aborden simultáneamente los elementos socioeconómicos y ecológicos del problema..

Dicho de otro modo, cuando se llevan a cabo políticas agrarias que buscan la sustentabilidad, deben tenerse en cuenta tanto la productividad vegetal, la no degradación del suelo, el mantenimiento de la cantidad/calidad de las aguas subterráneas, incluida su potencial contaminación con pesticidas/herbicidas, así como otros usos y proyecciones de futuro del recurso explotado, es decir los acuíferos. Pero aquí no termina el problema.

En muchos países, incluso con una adecuada planificación y legislación, lamentablemente se incrementa ilegalmente el número de pozos de extracción por campesinos poco honestos, echando al traste todas las buenas intenciones precedentes. Este es el caso, por ejemplo, de España. Con harta frecuencia los políticos y legisladores vuelven la vista hacia otro lado, ante estas ilegalidades, por lo que también debieran entrar en el grupo de los responsables.  Así pues, se necesita también mejorar la cultura ciudadana (evitar tal fraude ambiental), así como sostener una férrea monitorización por los técnicos a los que les corresponde velar de tal competencia, y las propias comunidades de regantes, que si cumplen la ley, a la hora de evitar este tipo de atropellos, que a la postre  generará daño al conjunto de toda la comunidad.

Por estas razones, se publican muchos artículos que proclaman la bondad de ciertos modelos cuyos escenarios son desmentidos por la cruda realidad… Luego se publican otros, abundando en la ceremonia de la confusión: muchas propuestas, aunque ninguna óptima.

En algún país, como Israel, se propicia la recarga artificial de acuíferos, cuando los embalses o caudales fluviales rebosan tras lluvias torrenciales, realizando las obras de ingeniería oportunas.  Estas iniciativas, ayudan a mitigar, en mayor o menor medida, la sobreexplotación de los acuíferos. Se trata de un procedimiento poco explorado y quizás (lo desconozco) excesivamente oneroso para ponerlo en práctica en numerosos por otros Estados. Finalmente, os dejo otra noticia relacionada que he leído en la página Web NOSoloSIG de José Ignacio Sánchez, y que lleva por título: WaterCloud, Teledetección e IA para racionalizar el uso del agua en regiones áridas.

ver también el post:  La escasez de agua subterránea en las regiones semi áridas del norte de Chile: el conflicto por la demanda de agua afecta a los ecosistemas de aguas subterráneas

Juan José Ibáñez

Continúa…….

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El asombroso misterio del carbón pirogenético (un nuevo biochar detectado entre los pueblos aborígenes de África)

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Carbón pirogenético. Fuente: colaje google imágenes

El título con el que pretendía presentar este post era el siguiente: “El Carbón pirogenético: Los pueblos aborígenes de África lograban mejorar la fertilidad de suelos pobres en nutrientes, alcanzando así una agricultura plenamente sustentable.” Pero realmente, el tema, deprimente en manos de la ciencia actual, resulta asombroso a la luz de la etnoagricultura y etnoedafología. Por esta razón, abajo os he traducido buena parte de la nota de prensa original en inglés, dejando material adicional sobre lo que ahora algunos denominan “pirogenético”. Pero vayamos al meollo del contenido. Ya os hemos hablado en numerosas ocasiones del biochar. En la foto podréis observar cómo ha ido creciendo vertiginosamente el número de artículos que las revistas de prestigio han publicado sobre el tema. Sin embargo, sus propiedades no logran emular las que atesoraban las Terras Pretas (Propiedades y Fertilidad del Biochar). Reitero que abajo tenéis una relación de todo lo publicado en esta bitácora desde que Francisco de Orellana habló por primera vez de ellas, tras su descubrimiento en la desembocadura del “Gran Rio”. El biochar fue desarrollado por los pueblos aborígenes de la Amazonia. Básicamente se trata de un tipo de transformación de la materia orgánica mediante el fuego, y “algo más” (a saber qué), de tal modo que tras añadirse al suelo le otorgaba de una fertilidad enormemente superior a la de los pobres suelos naturales de la región. Y tal enmienda, al parecer, lograba persistir durante cientos y/o miles de años. De este modo, territorios infértiles adquirían una fertilidad pasmosa. La ciencia moderna intenta descubrir el secreto, con vistas a poder obtener con nuestra portentosa tecnología lo que los indígenas hacían sin prácticamente ninguna. Años después, unos investigadores japoneses mostraron al mundo el biochar natural a baja temperatura de las culturas del Nepal. Pues bien, en la noticia de hoy se nos informa que algo parecido ha sido hallado en pueblos aborígenes del oeste de África. ¡Sí1, ellos también transformaban suelos improductivos en altamente productivos sin necesidad de tecnológica, enormes insumos de agroquímicos contaminantes y otras prácticas que a la postre han resultado insustentables. Si logramos esclarecer el secreto de aquellos que han venido denominándose “salvajes” en occidente, alcanzar la sustentabilidad y la soberanía alimentaria a nivel mundial podría considerarse como un objetivo viable y próximo en el tiempo. Varios aspectos resultan asombrosos cuando hablamos de este tema.

¿Cómo es posible que tras casi quince años de intentos para desentrañar tal enigma la ciencia actual sea impotente, con todo nuestro instrumental y bagaje científico?

¿Cómo es posible que se lograra tal hazaña en tres continentes distintos (América, Asia y África) por pueblos que todo indica que jamás mantuvieron comunicación alguna?. Empero un manejo y enmienda semejante dicen que fue practicado en lo denominados Jardines Preuropeos Maoríes de Nueva Zelanda, es decir en Oceanía. De ser así, tan solo en Europa (por lo menos hasta la fecha, según los estudios realizados), sus culturas ancestrales fueron incapaces de fabricar tal piedra filosofal. ¿Quién defiende pues la supremacía aria?

Resulta complicado asumir todo este entramado de hechos y desechos carbonizados.  Aquellos amantes del misterio, siempre podrán apelar a que unos extraterrestres, al ver tanta miseria humana en el pasado, nos ofrecieron este regalito. ¿O realmente  nuestros ancestros lograron de alguna forma, aun por descifrar comunicarse globalmente? De ser cierto todo lo publicado en las revistas científicas,  ¿cómo es posible que este tema no se haya convertido en una prioridad de primer orden mundial? ¿Por qué no se nos despide a todos los agrónomos y edafólogos en vista de nuestra incompetencia?  Un misterio detrás de otro. Una de tres; ¿O somos incompetentes, o somos imbéciles, o la ciencia agronómica actual demuestra ser sumamente ineficiente?.

Os dejo pues con el material nuevo y una relación de los post previos (que no todos) relacionados con el tema……

Juan José Ibáñez 

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Cultivos ecológicos en ambientes semiáridos y subhúmedos: Lo que la ciencia olvidó

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La noticia que os ofrecemos hoy me genera satisfacción a la par que una suma tristeza. Por un lado, veremos que se ha vuelto a descubrir la dinamita, es decir que la rotación de cultivos con leguminosas en agricultura de secano y ambientes semiáridos ofrece mejor balance energético que la agricultura industrial que nos intentan vender las compañías agroquímicas. La rotación de cultivos cereal/leguminosa o manejos similares, ha sido práctica tradicional en España y avalada en numerosas ocasiones por la FAO. Luego arribaron los vendémonos, es decir esa combinación peligrosa de tocagenes + empresas multinacionales, y arrasaron con sus fatuas promesas buena parte de la gestión agraria tradicional. Y así no ha ido: más erosión, contaminación por doquier, empobrecimiento de la calidad del suelo etc., etc. Para sorpresa de los más veteranos ahora aparecen como  prácticas novedosas aquellas que hasta hace muy pocas décadas eran la norma, como ya os explicamos en el siguiente post: El cultivo de leguminosas y la rotación de cultivos: ¿un mundo perdido?. Abajo se analiza el tema con la sencillez y precisión de que suele hacer gala mi entrañable amigo Carlos Lacasta, responsable de la Finca Experimental de la Higueruela, perteneciente a centros del CSIC ya extintos, y a los que Carlos y yo estuvimos siempre ligados. Tal instalación fue asignada hace pocos años al MNCN del CSIC, en el que  no saben qué hacer con ella, mientras la crisis económica, y por consiguiente la falta de financiación científica, arruina experimentos que se han dilatado durante décadas, terminando con un súbito coitus interruptus, para la desesperación de otros colegas como el tambiénd el entrañable Saturnino de Alba (experto en erosión por laboreo, cuyas indagaciones han sido vapuleadas por tales circunstancias).

El MNCN tiene, por su naturaleza, otros objetivos bien distintos, por lo que tampoco cabe atribuirles responsabilidad alguna. Eso si, la PAC (Política Agraria Común de la Unión Europea) ha sido cómplice de tanto dislate en el mundo agrario, por lo que más valdría que sus consejos de sabios fueran urgentemente reemplazados por los de los paisanos ligados a sus tierras. Y así lo ha reconocido en varios textos la recientemente creada Alianza Mundial por el Suelo (FAO). En otras palabras, mientras el valor de estas experiencias en parcelas experimentales llevadas a cabo por expertos que no se venden al mejor postor son literalmente arrasadas, cabe preguntarse ¿qué ha hecho la Unión Europea con sus devastadores PAC y las ingentes financiaciones recibidas/dispendiadas? ¿Y qué decir de esa denominada “investigación de vanguardia y excelencia” con sus transgénicos, ingentes cantidades de fertilizantes y pesticidas? Pues bien, al margen de contaminar, han colaborado esmeradamente en una dramática la pérdida de biodiversidad, como el dramático caso de los anfibios y el más grave aún de muchos insectos polinizadores, cuyo declive pone en riesgo la producción alimentaria mundial, y como corolario la soberanía alimentaria. Es decir la agricultura industrial lleva a cabo una encomiable tarea de degradación de la biosfera y agrosfera. Personalmente uno comienza a pensar que si les hubieran financiado para estos últimos fines no lo hubieran logrado hacer mejor. Carlos, como yo, y como todos los que comenzamos a trabajar en la Institución casi al mismo tiempo, no podemos más que llevarnos las manos a la cabeza e intentar terminar nuestra vida laboral no mirando hacia atrás, ya que de hacerlo la depresión mental que sufriríamos sería para llevarnos directamente al psiquiátrico.

Se sigue insistiendo en que la ciencia es neutra. No lo dudo, pero a los que han destinado tanto dinero para llegar a este punto, quizás de no retorno, habría pues que darles el Premio Nobel de la Destrucción. ¿Cambiarán las cosas tras tanta, apabullante y palmaria evidencia? Francamente lo dudo, ya que bajo la dictadura financiera mundial que sufrimos siguen gobernando los que nos han conducido hasta aquí. Un abrazo enorme para Carlos, Saturnino, etc. y ya os dejo con la nota de prensa dedicada a una de sus últimas publicaciones, reiterando que casi todo esto era moneda común en la agricultura campesina hasta los años 60 del siglo XX.  Luego vino la hecatombe acompañada de palabrería zafia: “publica o perece”, “investigación de vanguardia”, excelencia, investigación traslacional, derrame tecnológico, emprendimiento, etc. Ellos publicarán más, pero el valor de los experimentos de campo durante décadas es irreemplazable por mucho que otros trapas con sus modelitos numéricos digan que ellos pueden reemplazarlos (jajaja). ¿Desde cuándo la simulación es más válida que la experimentación in situ?. Mentes dementes, memes demenciales.  

Juan José Ibáñez

El cultivo ecológico de cereal en regiones semiáridas es más eficiente

Noticias; 04.08.2015

Han analizado experimentalmente el balance energético de varias formas de cultivo durante más de 15 años.

 Tras más de 15 años de análisis, investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) han demostrado en ambientes semiáridos que, en términos de eficiencia energética, la agricultura ecológica es más productiva que los sistemas en los que se utilizan productos agroquímicos. Asimismo han comprobado que la rotación del cultivo de cereales con plantas leguminosas es, frente al monocultivo, la forma más eficiente de cultivar en estas regiones.

 El equipo de investigadores se propuso averiguar la eficiencia energética de tres maneras de trabajar la tierra y cuatro tipos de rotación de cultivos en zonas semiáridas. Para ello analizaron la cantidad de energía que era necesario aportar al sistema (maquinaria, fertilizantes, herbicidas, etc) por hectárea y año frente a la energía obtenida, es decir, la cantidad de cosecha. “Se trata de regiones en las que urge hacer una agricultura diferente de la que se hace en lugares más húmedos porque las condiciones ambientales de estos lugares hace que los productos agroquímicos sean poco eficientes“, explica Carlos Lacasta, investigador del MNCN.

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