Ya hemos comentado varias veces que la inmensa mayoría de las verdades científicas son efímeras y como tal deben entenderse. La ciencia evoluciona desarrollando hipótesis que de ser corroboradas adquieres el estatus de teorías. Con el tiempo comienzan a surgir contraejemplos que parecen refutarlas. Cuando estos se acumulan, la teoría vigente comienza a ser cuestionada, surgiendo nuevas hipótesis y así “ad nausean”. Sin embargo, este esquema teórico no siempre funciona. No estoy hablando hoy de alternativas a este modelo de progreso científico, con un fuerte aroma Kuhniano. Hoy vamos a hablar sobre sociología de la Ciencia. No es infrecuente que los resultados de un cierto estudio, cuando se carece de información previa, se de por bueno sin ser debidamente testado, pasando a engrosar la lista de “verdades científicas efímeras” cuando en realidad no pasa de ser una mera conjetura. La racionalidad científica que se reclama desde la filosofía de la ciencia choca a menudo con la realidad de la ciencia entendida por sus practicantes, en forma de sociedades y grupos de intereses. A veces, resulta que todo parece apuntar a que se trata de algo obvio, pero cuando intenta corroborarse o refutarse nos encontramos que se carecen de las evidencias empíricas por lo que pasa de nuevo a la lista de hipótesis a testar. De este modo, no es inusual aunque si desconcertante, que la comunidad científica tarda mucho tiempo en percatarse de ello. Dado que no encontrado bibliografía sobre el tema, las denominaré, sin ninguna pretensión de acuñar un nuevo térmico (sobran vocablos y faltan ideas), “Falsas Verdades Impregnantes”. Algunos lectores son de la opinión suelo ser demasiado crítico. En consecuencia hoy escogeré tres de mis favoritas (que las creía ciertas hasta hace poco tiempo), en lugar de atizar las hipótesis que no me gustan y que honestamente las doy por falsas, a falta de más evidencias que las corroboren.

 

 

 

Bosque primario en Polonia con algunos de los últimos

bisontes del continente Europeo. Fuente: Lúmins Vitae

Foto de José Luis Cano

 

Efectivamente, no es inusual, al menos para muchas disciplinas científicas, que se de un proceso natural como científicamente probado cuando no es así. Los tres que voy a exponer poseen muchas evidencias indirectas como para tomarlas en serio. Ahora bien, no han podido corroborarse. Y de pronto salta la chispa: “alguien alega que no existen evidencias” y comienza el debate, cuando no una controversia. Veámoslo, sin entrar en disquisiciones excesivamente técnicas. 

 

Los bosques “atraen el agua”   

Desde hace mucho tiempo, casi nadie duda de que los bosques generen o “atraigan” la lluvia.  Generalmente, cuando grandes extensiones son deforestadas la precipitación parece disminuir. Se trata de uno de los procesos frecuentemente asociado a la denominada desertificación. ¿Ocurre siempre? No se sabe y hasta yo diría que no.  ¿Se trata de una Ley probabilística? Tal vez, pero faltan corroboraciones científicas. Pero también es cierto que existen muchas observaciones, descripciones históricas, y una cierta racionalidad científica subyacente que así lo sugiere. Hace ya tres décadas que  comencé a interesarme por el tema, no descubriendo pruebas contundentes si no dudas.  Recuerdo un estudio soviético muy serio sobre este asunto. Se trataba de un libro en el que los investigadores firmantes focalizaban toda su atención en el mencionado proceso que relacionaba los bosques con la lluvia.  Finalmente, tuvieron que reconocer que a pesar de haber consultado muchas bases de datos y fuentes históricas, no podían corroborar tal tesis. Parecía que sí pero (……). Sinceramente prefiero este tipo de análisis frente a los que “venden la piel del oso antes de cazarlo, jugando con las estadísticas de una manera timorata cuando no sospechosa.

 

El problema estriba en que reforestar unas miles de hectáreas no aumenta la suficiente evaporación como para generar lluvias convectivas. Debe tratarse de extensiones demasiado amplias como para poder realizar análisis experimentales. Pero no se tiene la más remota idea de si tal hecho puede corroborarse en campo. Obviamente, ciertos modelos de simulación numérica, partiendo de determinadas premisas, pueden dar lugar a generar el espejismo de que se trata de un hecho científico. ¿Pero es incuestionable? Jamás los resultados  de un modelo deben equipararse a la realidad de campo. Un modelo siempre debe entenderse como una simplificación muy grosera de la enorme complejidad que atesora el mundo natural. Podemos “en el mejor de los casos alegar” que nos informa de que hay “serias” razones como para pensar que debe ser así.  

 

Resumiendo, todavía no sabemos a “ciencia cierta” si el bosque es “hacedor” de lluvias. Para mi las mejores evidencias provienen de los testimonios de pueblos aborígenes y su memoria oral colectiva. Sin embargo, muchos dirían que se trata de supersticiones (si no les gusta la respuesta) o incluso de sabiduría (si agregan con sus opiniones). Sin embargo, disciplinas como la etnobotánica y etnoedafología han surgido para analizar la sabiduría y supersticiones de las culturas pre-científicas.

 

Los humedales litorales frenan los efectos de tsunamis y huracanes

¿Verdad o mentira? Pues más de lo mismo. Lo dicho en el último párrafo del apartado anterior también es válido aquí. Los viejos campesinos y culturas aborígenes señalan que así es y para mi es la prueba más contundente. Pero no se ha demostrado científicamente. En este caso mi información era mucho menor, dando por bueno lo que se repetía en la prensa, hasta que recientemente en el boletín de noticias Sciencedaily leí que “Wetlands Restoration Not A Panacea For Louisiana Coast”. En otras palabras, que un nutrido grupo de expertos pertenecientes a diversas sociedades científicas dudaba de que la restauración de los humedales de la costa de Louisiana (iniciativa que requeriría mucho esfuerzo, tiempo y dinero) pudiera garantizar que disminuyeran ostensiblemente los impactos de los intensos huracanes que desastan periódicamente la región (ver también la declaración del Coordinador de tal informe).  Aclaremos que los científicos deseaban la restauración de tales humedades, pero también aseguraban desconocer las evidencias científicas necesarias como para asegurar los presuntos beneficios que pudieran ofrecer los humedales frente a los devastadores efectos de los huracanes. Del mismo modo, alertaban de su profunda preocupación por las manifestaciones positivas que a tal respecto habían realizado previamente otros científicos, políticos y grupos ecologistas. En consecuencia, defendían que ciertas poblaciones rurales necesitaban ser relocalizadas en otros lugares más seguros en los próximos años. Obviamente se trata de otro “tópico impgregnante” en el corpus doctrinal de las ciencias medioambientales. Se requieren estudios más serios con vistas a que tal hipótesis pueda ser entendida como una verdad científica. 

 

 

Bosques primarios en Europa, lo más parecido a ellos son algunas

masas forestales de Polonia. Fuente: Bialowieza Primeval Forest in Poland

 

Secuestro de carbono: bosques primigenios frente a repoblaciones forestales

Hasta ahora se ha venido pensando que los bosques jóvenes podían secuestrar más carbono de la atmósfera que los viejos, debido a que su crecimiento era mucho más rápido que el de los bosques maduros, por lo que acumulaban más biomasa. Pero más que precisar científicamente el tema, leamos la que acaba de descubrirse y fue rescatado por el boletín de noticias mi+d  bajo el título de: Los bosques primarios son importantes sumideros de carbono.

 

Los bosques primarios constituyen importantes sumideros de carbono para el planeta y deberían ser reconocidos como tales en el Protocolo de Kyoto, según un nuevo estudio financiado con fondos comunitarios y publicado en la revista Nature.

FUENTE | CORDIS: Servicio de Información en I+D Comunitario

 

Los autores del estudio, un equipo internacional de científicos, concluyeron que los bosques primarios del hemisferio norte retienen hasta el 10% del total de dióxido de carbono (CO2) absorbido a escala mundial. Este descubrimiento pone en duda la creencia generalizada de que estos bosques viejos tienen un balance neutro de carbono.


Tal creencia se fundamenta en un estudio del científico estadounidense Eugene Odum que data de los años sesenta, que aparentemente demostraba que los bosques de más de ciento cincuenta años de antigüedad emiten tanto CO2 a la atmósfera como el que absorben, de forma que su balance global de carbono sería neutro. Pese a que aquel estudio se fundamentaba solamente en diez años de datos de una única plantación, sus conclusiones pronto se aceptaron como axioma en este campo.


«Esto es lo que llevan décadas enseñando en las clases de ecología. Pero no estaba basado más que en observaciones de un único estudio sobre un tipo concreto de bosque. Sencillamente, lo que afirmaba no se cumple en todos los casos», señaló Beverly Law, catedrática de la Universidad Estatal de Oregón (Estados Unidos) y una de las autoras del estudio.


Para este estudio, científicos de Bélgica, Francia, Alemania, Reino Unido, Suiza y Estados Unidos examinaron datos procedentes de 519 bosques primarios. Lo que descubrieron fue que, al contrario de tener un balance neutro de carbono, la mayoría de los bosques de entre 15 y 800 años de antigüedad constituían sumideros de carbono, puesto que absorbían más carbono del que emitían.


Los bosques primarios del hemisferio norte representan el 15% de la superficie boscosa total en el mundo. Los científicos calculan que estos bosques antiguos absorben por sí solos alrededor de 1,3 gigatoneladas de carbono al año, lo que equivale al 10% del CO2 neto absorbido en todo el mundo.


Al calcular los presupuestos de carbono, el Protocolo de Kyoto abarca las actividades de forestación, reforestación y deforestación, y no considera como actividad humana el hecho de dejar intactos los bosques. Sin embargo, los datos de este nuevo estudio indican a las claras que los bosques primarios son, en realidad, importantes sumideros de carbono. Si estos bosques sufrieran algún daño, liberarían sus ingentes reservas de carbono a la atmósfera.


«Los bosques primarios contienen cantidades colosales de carbono, que han acumulado constantemente con el paso de los siglos», afirman los investigadores. «Si sufrieran algún daño verterían a la atmósfera gran parte de su carbono. Así pues, las reglas de contabilidad del carbono establecidas para los bosques deberían premiar el hecho de respetar la naturaleza virgen de los bosques primarios.»


Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para aquellos países que poseen grandes masas boscosas antiguas, ya que la tarea de compensar las emisiones de gases de efecto invernadero podría resultar más sencilla si dejaran sus bosques intactos.

 

«Si en determinado país hay preocupación por el modo de compensar las emisiones de gases de efecto invernadero y consideran sus bosques viejos únicamente desde la perspectiva del carbono, lo más acertado sería dejarlos en paz», indicó la Sra. Law.


Además, a la vista de estos resultados, habrá que modificar las simulaciones computacionales del cambio climático para que reflejen esta función recién descubierta de los bosques primarios en el ciclo global del carbono. (…..)

 

 

 

Bosque primario con algunos de los últimos

bisontes del continente Europeo. Fuente: Lúmins Vitae

bosque con muchas especies distintas árboles centenarios

Bialowieza (Polonia)

Foto de José Luis Cano

 

Al margen de la estúpida forma de entender de los bosques primarios, ya que en Europa no existen (algo parecido peranecen en Polonia reflejado en las maravillosas fotos de José Luis Cano que me atrevido a incluir aquí) y una masa de 15 años jamás debe considerarse como tal, lo que esta claro es que un simple estudio, no corroborado dio lugar a un dogma que nadie ha cuestionado durante décadas. Y ahora surge el problema, que afecta tanto a los modelos de simulación numérica de circulación general de la atmósfera, como a ciertas iniciativas que, aprovechando este error, incluso pretendían hacernos creer que talar parte de los bosques primarios y reemplazarlos por monocultivos arbóreos podía paliar en alguna medida el calentamiento de la atmósfera. En realidad se trataba de interesas madereros y especulativos que iban en contra de la conservación de la naturaleza.

 

Hace algún tiempo, la emergente y ya prestigiosa revista de acceso abierto Plos Medicine encargo un estudio en el que se demostraba que un buen número de nuestras “actuales” verdades científicas, no habían sido jamás corroboradas por estudios posteriores, contaminando el corpus doctrinal de la ciencia. Los autores consideraban que este tipo de mala ciencia podía ser más dañino, dada su extensión en la literatura, que el propio fraude científico. Como se trata de una revista abierta, podéis bajároslo de Internet pinchando aquí. 

 

Como podéis observar, los científicos, por mucho que defendamos lo contrario, somos humanos (para lo bueno y lo malo), infringiendo en numerosas ocasiones la tan cacareada objetividad que se desprende del método o métodos científicos. 

 

 

Juan José Ibáñez

Sumario de los post editados en “Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia hasta este post (pinchar en los números para desplegar los post)

 

¿Qué es esa cosa llamada Ciencia?

El Método Científico

Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia

Reduccionismo Epistemológico

Ciencia e Inducción [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13,]

El Círculo de Viena y el Positivismo Lógico [41]

Filosofía de Karl Poper: El Falsacionismo [14, 15, 16, 19, 20, 21, 23, 24, 25, 26]

Filosofía de la Teoría de la Evolución y Sociedad   [17, 18],

Naturaleza y enseñanza de la Ciencia [22]

Las Teorías Científicas Como Estructuras Complejas

La Filosofía de Imre Lakatos  [28, 29, 30, 31, 32]

La Filosofía de Thomás Kuhn [33, 34, 35, 36, 37]

Filosofías Radicales de la Ciencia: Feyerabend y más  [38]

Filosofía de la Ciencia versus filosofías científicas [39]

¿Es la mente fractal? [40]

¿Filosofía Cuántica? [42]

Seredipidad o Serendipia y la Lógica de los Descubrimientos Científicos [43]

El Dudoso Estatus de los Ciencia Modelos de Simulación Predicativos [44]

Filosofía de la Tecnología y Ortega y Gasset [45]

Los Conceptos y Sus Limitaciones: Vivir en la Incertidumbre [46]

Nominalismo, Realismo y Conceptualismo: Sobre el significado de concepto [47]

Pensamiento Analógico y Pensamiento Digital: Acerca de lo Continuo y lo Discreto [48]

El Discurso Científico, Conceptos Contrarios y Jean-Marc Lévy-Leblond [49]

Sobre Ciencia, Filosofía de la ciencia y religión : [50]

Clasificaciones, la Percepción del Mundo y el Progreso Acumulativo de la Ciencia [51]

El Concepto de Especie, Tipos de Suelo y la Filosofía de la Ciencia: Realismo Promiscuo [52]

Números mágicos [53]

Bruno Latour y los Estudios Sociales de la Ciencia [54, 55, 58, 59, 60]

Reduccionismo epistemológico y ontológico (las teorías del todo) [56]

Sobre lo continuo y lo contiguo  [57]

Tipos de Conceptos Científicos: [61, 62, 63]

Leyes, teorías, conjeturas e hipótesis en Ciencia [64]

Concepto y tipos de Modelos Científicos [65]

La Crisis de las Ciencias Taxonómicas  [66]

Las Incertidumbres de la Ciencia: Ajustes a los Modelos de Regresión Estadística  [67]

Los Fracasos Experimentales y Su Valor en Ciencia  [68]

Relaciones Causa-Efecto en la Práctica Científica  [69]

La Mente Humana Como Reflejo del Mundo Natural (y Viceversa)  [70]

El Pensamiento cualitativo y cuantitativo en la práctica científica   [70]

Sociología de la Ciencia: Verdades y Falsas Verdades en Ciencia: Los Tópicos Impregnantes  [71]

 

 

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