¿El Progreso trae felicidad?. Viajando al jardín del Edén en el Amazonas (el Pueblo Wajãpi)

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Pueblo Wajãpi. Fuente: Colaje Google imágenes

 

¿El Progreso no trae felicidad?. ¡Pues hay que acabar con los afortunados que lo rechazan, que mal ejemplo, trabajan poco, viven felices, se divierten….!. ¡Intolerable!

 Recuerdo con nostalgia como mi amigo y colega Alfred Zinck narraba apasionantes historias de cuando investigaba en las selvas tropicales de Latinoamérica. Alfredo comentaba que, a veces, salían del helicóptero, y los moradores de aquellas tierras les lanzaban flechas y lanzas cuando intentaban bajar de su “pájaro metálico”. Y así podía pasarse horas. Del mismo, rememoro un viaje a un poblado aborigen de las américas tropicales que recordaba el colega Juan Sánchez. Aun vislumbro su cara de asombro al describir a hombres sexagenarios que parecían muchos más jóvenes, vigorosos y saludables que nosotros, con exquisitos dientes blancos como el mármol, y cuya afabilidad y ganas de divertirse eran enormes. En noviembre de 2017, me llegó una noticia que ha dado lugar al post que redactamos hoy. Hablamos del pueblo Wajãpi, que habita en los bosques pluviales de Brasil, apenas ha contactado con el nombre blanco, y se prepara para defender sus últimos reductos. ¿Habéis visto el film titulado  La Selva Esmeralda (The Emerald Forest, 1985)?: ¿No? Os la recomiendo, ya que narra la vida en un poblado “no contactado” de aquellos lares, en donde sus moradores habitaban felizmente, aunque siempre temiendo la amenaza de los “hombres termita” (destruyen la madera de los boques), es decir el “hombre blanco” que dejaba sus masas forestales hechos añicos.  Pues bien, dos de los testimonios que os dejo abajo “parecen salidos de tal película.

Alan Tormaid Campbell, vivió en uno de los poblados Wajãpi durante los años setenta, publicando a la postre en 2002 una monografía antropológica de los indígenas mentados: “Getting to know Waiwai.”. En Internet aparece alguna relación entre el libro y el film, si bien no he profundizado lo suficiente como para corroborar si habla de la misma tribu, aunque desde luego lo parece. La relación entre el libro que viene citado en el texto y la película de la Selva Esmerala es comentada en el primero. Como veréis abajo, trabajan para comer y comen para vivir disfrutando, hasta que comenzaron a ser acosados inmisericorde e incesantemente, cuando no asesinados por los hombres termita. Se encuentran al borde de la desaparición. ¡Obstinados jinetes de la apocalipsis!. Y efectivamente, no se trata de leyendas, la selva les da sus frutos y animales, los ríos sus peces, sus cultivos lo que demandan para alimentarse, jugar y satisfacer sus vicios. Así, en pocas horas, han llevado a cabo sus labores, y tan solo resta divertirse, beber su cerveza ingerir lo que haga falta, bailar y cantar, hasta finalmente reunirse alrededor de una fogata y contar historias. ¿No sienten ustedes envidia?. ¡Qué fácil resulta ser feliz sin tanta tecnología, sin necesidad alguna de apelar al progreso, etc.! Algunos comentarán que si las enfermedades, que si tal, que si cual. Empero, lo mejor que puede ocurrirle a un ser humano es que disfrute de su vida terrenal, feliz, en harmonía con sus gentes y respetando el medio ambiente. Sin embargo, no se lo consentimos, por lo que hartos amenazan por comenzar a guerrear a todo el que amenace más aun su forma de vida.  Survival International, se afana por defender a estos pueblos, muchos de los cuales, no han contactado jamás con la civilización contemporánea, siendo por tanto además fácil presa de nuestros gérmenes, su peor enemigo invisible. 

 En alguna noticia que os reproduzco abajo, redactada en español castellano, se habla de “hombres de la edad de piedra” ¡Qué atrevida es la ignorancia! Otra de las noticias nos informan que su agricultura se basa el más simple de los sistemas de aquellas tierras: chamiceras o “cultivo de tala y quema” . Sin embargo, de “piedra” se quedaron cuando llegó el hombre blanco ya que la Amazonía sería un jardín del edén que no un paisaje prístino, como explicamos en nuestro post: “Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?”. Pues bien, como os explicamos en algunos de los post previos que os mostramos abajo, la agricultura de aquellas culturas perdidas resultaba ser mucho más sofisticada, para nuestra vergonzante e insustentable ineficacia agraria. Al parecer, los expertos actuales argumentan que las chamiceras fueron reemplazando a múltiples manejos agrarios y de suelos más sofisticados, tras la invasión de las américas por los europeos. En ese momento comenzó su diáspora y no hubo más remedio que quemar, cultivar y salir corriendo so pena de ser reos de los hombres termita. Abajo os dejo abundante información sobre los Wajãpi en la Wikipedia portuguesa e inglesa,  ya que lamentablemente la española no atesora capítulo sobre los mismos.

 A estas alturas de mi vida, sigo preguntándome ¿para qué tanta ciencia, tecnología y progreso, si con ellos estamos destrozando la biosfera (nuestro hogar), contaminándonos, enfermando de stress y depresiones, etc. ¿Qué ganamos con ello?: ¡No lo sé!. ¿Qué perdemos?: Nuestro hogar y la felicidad. Algunos alegareis que somos más longevos o que nuestra vida media es más dilatada y confortable. Habría que saber cuánto podían vivir con sus cultivos tradicionales, sus intercambios culturales con otras etnias y sin tanto germen llegado de Europa. ¿Conocemos esos datos?: ¡No!. Prefiero pensar que hemos venido a vivir este mundo para disfrutarlo, mientras podamos y sin injerencias. ¡Viva la fiesta de los Wajãpi!. Pasen lean y reflexionen hacia dónde vamos, comenzando con la primera nota de prensa traducida al castellano y que llevaría el título deCerveza en el Amazonas la tribu que ama la fiesta”. Y sin resaca, ya que disponen de los remedios para evitarla.  Eso si, ya advertimos que haremos otro post acerca de su cosmología, su visión del mundo.¡Viva la fiesta de los Wajãpi!.

 Juan José Ibáñez

 Continúa con abundante información……..

 

Wajãpi en la Wikipedia portuguesa.

La selva esmeralda(The Emerald Forest)(1985) | Cazadores de …

La Selva Esmeralda (1985). La naturaleza salvaje de John Boorman

 

Algunos post previos relacionados con el tema.

Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?

Suelos, Deforestación, Agricultura y Biodiversidad Amazónica

Biodiversidad, Culturas Prehispánicas y Suelos (¿Mito de los Bosques Primigenios en la Amazonía?)

El Expolio a los Pueblos Indígenas en Aras del Progreso: Los dongria kondh, Avatar y James Cameron.

El sistema Quesungual en Mesoamérica y el desarrollo sostenible: redescubriendo el pasado.

La Ordenación Territorial de las Culturas Indígenas y Cartografía Social Mediante las Nuevas Tecnologías.

Beer o’clock in the Amazon: the tribe that loves to party
By Sebastian Smith; Waiapi, Brazil (AFP) Nov 2, 2017

Deep in the Amazon rainforest, it’s that time again — beer o’clock.

Members of the tiny, remote Waiapi tribe in Brazil’s eastern Amazon raise calabash gourds to their painted faces and quaff the homemade brew they call caxiri.

Draining the salad-bowl-sized gourd, usually in one go, they send for a refill, which is scooped from an enormous hollowed-out log resembling a canoe, only brimming with beer.

The tribesmen of Manilha village, dressed in red loincloths, black-and-red body art, and sashes made of bright beads, soon get merrily drunk.

The party, which kicks off after lunch and continues late into the star-filled night, was called in honor of the Waiapi river spirit, a giant anaconda-like serpent called Sucuri who demands constant appeasement.

Cerveza en el Amazonas: la tribu que ama la fiesta

Por Sebastian Smith

Waiapi, Brasil (AFP) 2 de noviembre de 2017

En lo profundo de la selva amazónica, es otra vez – cerveza en punto.

Los miembros de la pequeña y remota en el este amazónico de Brasil llevan calabazas de calabaza a sus rostros pintados y beben el brebaje casero que llaman caxiri. Drenando la calabaza del tamaño de una ensaladera, generalmente de una sola vez, envían un repuesto, que se saca de un enorme tronco vaciado que se asemeja a una canoa, solo rebosante de cerveza. Los miembros de las tribus de la aldea de Manilha, vestidos con taparrabos rojos, arte corporal negro y rojo, y fajines hechos de brillantes cuentas, pronto se emborrachan alegremente.

La fiesta, que comienza después del almuerzo y continúa hasta altas horas de la noche repleta de estrellas, fue convocada en honor al espíritu del río Waiapi, una serpiente anaconda gigante llamada Sucuri que exige un apaciguamiento constante.

Pero los Waiapi necesitan pocas excusas para organizar sesiones de musicales

But the Waiapi need little excuse to organize drinking sessions, preferably with a sing-song.

“When you drink, your vision changes. You lose shame. Happiness comes and your feet start moving,” says Japarupi Waiapi, a 45-year-old chief visiting from a neighboring community.

As the caxiri flows, the music picks up.

Half a dozen men play bamboo flutes, others sing, and everyone takes turns to blow on a giant flute made from an embauba, or trumpet tree, about three yards (meters) long.

“We play the flutes so that Sucuri is happy and doesn’t snatch people when they swim,” Japarupi Waiapi says. “The river is very important. We use it to fish, to wash, to play in.”

Wiping his mouth after a deep drink of caxiri, the Waiapi chief thinks of another, entirely logical reason why the river spirit deserves honoring.

“If there were no river, there’d be no party.”

- Behind the scenes -

The Waiapi are self-sufficient, able to do without electricity, phones, cars, most clothes or even money. But while everything they need for survival can be found in the forest, daily life as hunters and subsistence farmers can be grueling.

Caxiri is their one luxury.

Cuando bebes, tu visión cambia. Pierdes la vergüenza. Llega la felicidad y tus pies comienzan a moverse”, dice Japarupi Waiapi, un jefe de 45 años que visita una comunidad vecina. A medida que fluye el caxiri, la música mejora. Media docena de hombres tocan flautas de bambú, otros cantan y todos se turnan para soplar una flauta gigante hecha de un embauba, o trompeta, de unos tres metros de largo.

“Tocamos las flautas para que Sucuri esté feliz y no arrebata a las personas cuando nadan”, dice Japarupi Waiapi. “El río es muy importante. Lo usamos para pescar, lavar, jugar”. Limpiándose la boca después de una bebida profunda de caxiri, el jefe de Waiapi piensa en otra razón completamente lógica por la cual el espíritu del río merece ser honrado.

“Si no hubiera río, no habría fiesta”.

- Detrás de las escenas -

Los Waiapi son autosuficientes, pueden prescindir de electricidad, teléfonos, automóviles, la mayoría de la ropa o incluso dinero. Pero mientras que todo lo que necesitan para sobrevivir se puede encontrar en el bosque, la vida diaria como cazadores y agricultores de subsistencia puede ser agotadora.

Caxiri es su único lujo.

Sometimes the tribesmen start in the morning for a casual sitdown and couple pints. Sometimes it’s an elaborate affair, a full-blown party, with other villages invited and going on all night.

“These caxiri bouts were mentioned by numerous travellers in French Guiana in the 1800s. There is no doubt that getting drunk was an important Wayapi tradition,” wrote anthropologist Alan Tormaid Campbell, who lived with the Waiapi in the 1970s, learned their language, and wrote a 2002 book “Getting to know Waiwai.”

Behind the scenes, though, it takes back-breaking work to make the tradition happen. And women, who drink caxiri in lesser quantities, are responsible.

Caxiri is brewed from cassava or yams, with beige or purple versions, coming in varying degrees of potency.

A veces, los miembros de la tribu comienzan por la mañana para una reunión casual y un par de pintas. A veces es una fiesta elaborada, una fiesta en toda regla, con otras aldeas invitadas y funcionando toda la noche.

Estos caxiri combates fueron mencionados por numerosos viajeros en la Guayana Francesa en el siglo XIX. No cabe duda de que emborracharse era una importante tradición Wayapi”, escribió el antropólogo Alan Tormaid Campbell, que vivió con los Waiapi en la década de 1970, aprendió su idioma y escribió un libro de 2002 “Conociendo a Waiwai“.

Detrás de las escenas, sin embargo, se necesita trabajo agotador para que la tradición suceda. Y las mujeres, que beben caxiri en cantidades menores, son responsables.

Caxiri se elabora a partir de mandioca o ñame, con versiones de color beige o morado, con distintos grados de potencia.

The cassava, also used to make tapioca, is harvested from a small plantation in a patch of cleared forest outside Manilha, where, lacking tree cover, the sun pounds ferociously.

Women get there by crossing a river, then hiking with tall backpacks woven from palm leaves, which they fill with tubers, before returning under the staggering weight.

Then in the village, the laborious process of grating, boiling, straining, wringing, baking, fermenting and otherwise transforming the cassava begins. The resulting beverage looks closer to soup than beer.

Eriana Waiampi, 48, who like the other women on the expedition was topless and carried a machete, shrugged off the idea that this might not be worth the trouble.

“We are women. We are warriors to carry cassava,” she said.

- No beer, no future -

Within hours, the revellers at Manilha’s party had drunk their way through the entire canoe of beer. Fortunately, a second canoe load awaited at the other end of the village.

La yuca, también utilizada para hacer tapioca, se cosecha en una pequeña plantación en un área de bosque despejado a las afueras de Manilha, donde, al carecer de cobertura de árboles, el sol golpea ferozmente.

Las mujeres llegan allí cruzando un río, luego caminan con mochilas altas tejidas con hojas de palmera, que llenan con tubérculos, antes de regresar bajo el peso asombroso.

Luego, en la aldea, comienza el laborioso proceso de rallar, hervir, colar, retorcer, hornear, fermentar y transformar la yuca. La bebida resultante parece más cercana a la sopa que a la cerveza.

Eriana Waiampi, de 48 años, que al igual que las otras mujeres de la expedición llevaba topless y llevaba un machete, se encogió de hombros ante la idea de que esto no valga la pena.

“Somos mujeres. Somos guerreros para llevar mandioca”, dijo.

- Sin cerveza, sin futuro.  En cuestión de horas, los juerguistas en la fiesta de Manilha habían borracho su camino a través de toda la canoa de cerveza. Afortunadamente, una segunda carga de canoa esperaba en el otro extremo de la aldea.

The increasingly enthusiastic musicians, huddling together and holding on to each other, played the same two notes over and over in a tireless, hypnotic rhythm.

Dancing in a bobbing motion, they shuffled through the village like mad pipers.

First they visited Manilha’s elderly chief who reclined in his hammock, singing along. Next, they visited the women, who drank in a rather less frenzied way.

At sundown, darkness swallowed the entire village, leaving only scattered points of firelight. But the party went on.

The musicians kept dancing and blowing, while men and women laughed and told stories around a central fire. One rather tipsy tribesman, covered in traditional Waiapi ink designs, reenacted a hunting scene, extending his arms to demonstrate the size of some recent prize.

Aka’upotye Waiapi, 43 and eldest son of the chief, looked content.

Los músicos cada vez más entusiastas, acurrucados y aferrados el uno al otro, tocaban las mismas dos notas una y otra vez en un ritmo incansable e hipnótico. Bailando en un movimiento oscilante, arrastraron el pueblo como gaiteros enloquecidos. Primero visitaron al anciano jefe de Manilha, quien se reclinó en su hamaca y cantó. Luego, visitaron a las mujeres, que bebieron de una manera un poco menos frenética.

Al atardecer, la oscuridad se tragó todo el pueblo, dejando solo puntos de luz dispersos. Pero la fiesta continuó. Los músicos seguían bailando y soplando, mientras hombres y mujeres se reían y contaban historias alrededor de una fogata central. Un miembro de la tribu bastante borracho, cubierto con diseños tradicionales de tinta Waiapi, recreó una escena de caza, extendiendo los brazos para demostrar el tamaño de algún premio reciente. Aka’upotye Waiapi, de 43 años e hijo mayor del jefe, parecía satisfecho.

Caxiri isn’t just a way to get drunk, he said. It’s a way to bind Waiapi to their ancient ways and to keep the young from straying to the temptations of Brazilian towns.

“If we don’t keep our culture through caxiri, the young will go there to drink non-Indian drinks,” he said. “Lose caxiri and we lose our culture.”

As the stars thickened over the rainforest and the night frogs chorused, guests began to drift off to their hammocks.

A few risked waking up to headaches, but no worry, Japarupi Waiapi said. The tribe has its own cure, a concoction of cassava, a cassava extract called tucupi and pepper.

“Drink that,” he said, “and no hangover.”

Caxiri no es solo una forma de emborracharse, dijo. Es una forma de obligar a Waiapi a sus antiguas costumbres y evitar que los jóvenes se desvíen a las tentaciones de las ciudades brasileñas.

“Si no mantenemos nuestra cultura a través de caxiri, los jóvenes irán allí para beber bebidas no indias”, dijo. “Pierde caxiri y perdemos nuestra cultura”.

A medida que las estrellas se espesaron sobre la selva y las ranas nocturnas se pusieron a chillar, los invitados comenzaron a deslizarse hasta sus hamacas.

Algunos se arriesgaron a despertarse con dolores de cabeza, pero no se preocupe, dijo Japarupi Waiapi. La tribu tiene su propia cura, una mezcla de mandioca, un extracto de yuca llamado tucupi y pimienta.

“Bebe eso”, dijo, “y sin resaca”

Remote Amazon tribe tries to straddle two worlds
By Sebastian Smith
Wai�pi, Brazil (AFP) Oct 27, 2017

Transfixed, tribal villagers in Brazil’s Amazon rainforest look up, pointing at the sky.

“Airplane!” says one.

The sight of the aircraft, just a silvery dot high above the Waiapi settlement of Manilha, mesmerizes the villagers, who are naked except for bright red loincloths and red-and-black bodypaint made from the seeds of urucum and jenipapo fruits.

“Do you think it came to look at us?” asks Aka’upotye Waiapi, 43, elder son of the chief.

Even after the disappearance of the plane — from which the Amazon must appear as little more than a dark green carpet — a feeling of unease remains.

Los aldeanos tribales transfigurados en la selva amazónica de Brasil miran hacia arriba, apuntando hacia el cielo.

“¡Avión!” dice uno.

La vista de la aeronave, apenas un punto plateado sobre el asentamiento de Manilha en Waiapi, hipnotiza a los aldeanos, que están desnudos a excepción de los taparrabos de color rojo brillante y la pintura corporal roja y negra hecha de las semillas de urucum y jenipapo.

“¿Crees que vino a mirarnos?” pregunta Aka’upotye Waiapi, 43, hijo mayor del jefe.

Incluso después de la desaparición del avión, del cual el Amazonas debe parecer poco más que una alfombra de color verde oscuro, permanece una sensación de inquietud.

The Waiapi only came into contact with the Brazilian government in the 1970s. To this day, they exist much as their ancestors did before Europeans arrived in South America five centuries ago, living in harmony with the planet’s biggest rainforest.

But the outside world is getting ever closer.

At first glance, life in Manilha and dozens of other tiny settlements of thatched, open-sided houses appears to be from another age.

Men hunt and fish, bare-breasted women harvest cassava and tend the fires, and all, from young children up, smear themselves in the natural dyes that the Waiapi believe protect both body and soul.

There are no shops, there’s no need for money. Unlike tribes that have become almost tourist attractions, the Waiapi rarely accept visits by outsiders, even journalists.

El Waiapi solo entró en contacto con el gobierno brasileño en la década de 1970. Hasta el día de hoy, existen mucho más que sus antepasados antes de que los europeos llegaran a América del Sur hace cinco siglos, viviendo en armonía con la selva tropical más grande del planeta.

Pero el mundo exterior se está acercando cada vez más.

A primera vista, la vida en Manilha y docenas de otros pequeños asentamientos de casas con techo de paja parecen ser de otra época.

Los hombres cazan y pescan, las mujeres con los pechos desnudos cosechan yuca y cuidan los fuegos, y todos, desde los más pequeños, se untan con los tintes naturales que los Waiapi creen que protegen tanto el cuerpo como el alma.

No hay tiendas, no hay necesidad de dinero. A diferencia de las tribus que se han convertido casi en atracciones turísticas, los Waiapi rara vez aceptan visitas de personas de afuera, incluso periodistas.

Yet you don’t have to look as far as the sky for signs of change.

One tribesman has a cellphone stuck in his loincloth that he uses to take pictures, even if there is never a signal here, while another owns Manilha’s only car, despite currently lacking gasoline. From under a thatched roof comes the blaring of a solar-powered VHF radio, used to connect Waiapi villages scattered through the forest.

And while Manilha gives the appearance of being lost in the throbbing heart of the rainforest, everyone knows that really the industrialized 21st century is no more than two hours of rough driving south in the sleepy town of Pedra Branca.

- Time traveler -

Many of the approximately 1,200 Waiapi almost never visit Pedra Branca, but Jawaruwa Waiapi travels there every week, switching between two worlds like a time traveler.

Sin embargo, no tiene que mirar hacia el cielo en busca de signos de cambio.

Un miembro de la tribu tiene un teléfono celular atrapado en su taparrabos que usa para tomar fotos, incluso si nunca hay una señal aquí, mientras que otro posee el único automóvil de Manilha, a pesar de que actualmente no tiene gasolina. Desde debajo de un techo de paja llega el estruendo de una radio VHF con energía solar, que se utiliza para conectar las aldeas de Waiapi esparcidas por el bosque.

Y mientras que Manilha da la impresión de estar perdida en el corazón palpitante de la selva, todos saben que realmente el siglo XXI industrializado no está a más de dos horas de rudo viaje hacia el sur en la adormecida ciudad de Pedra Branca.

- Viajero del tiempo -

Muchos de los aproximadamente 1.200 waiapi casi nunca visitan Pedra Branca, pero Jawaruwa Waiapi viaja allí cada semana, cambiando entre dos mundos como un viajero del tiempo.

The 31-year-old, who lives up a steep hill of dense jungle, made history last year by becoming a city councilor. He is the first of his tribe to win an elected post — a rare example of a Waiapi plunging fully into what they call the “white man’s” territory.

In Pedra Branca, Jawaruwa Waiapi wears jeans and a neat checked shirt, and sits behind a desk.

“You have to follow the rules of the city. Here you need money to live, you need to pay for everything,” he says. “Back in the village you don’t pay for anything: water is free, the firewood is free.”

Returning to Waiapi lands later that day, he strips down to the traditional loincloth. His wife Monin, dressed similarly, smears him in urucum and he returns the favor.

El hombre de 31 años, que vive en una empinada colina de la densa jungla, hizo historia el año pasado al convertirse en concejal de la ciudad. Él es el primero de su tribu en ganar un puesto electo, un raro ejemplo de un Waiapi que se sumerge completamente en lo que llaman el territorio del “hombre blanco”.

En Pedra Branca, Jawaruwa Waiapi viste jeans y una camisa a cuadros, y se sienta detrás de un escritorio.

“Tienes que seguir las reglas de la ciudad. Aquí necesitas dinero para vivir, tienes que pagar por todo”, dice. “De vuelta en la aldea no pagas nada: el agua es gratis, la leña es gratis”.

Al regresar a las tierras de Waiapi más tarde ese día, se quita el taparrabos tradicional. Su esposa Monin, vestida de manera similar, lo embadurna en urucum y le devuelve el favor.

Jawaruwa Waiapi says he ran for office because there was not one indigenous person on the council, just as there are no indigenous lawmakers in the national Congress. “Who else will fight for our people?” he asks.

Marina Sa, who owns a restaurant in Pedra Branca and has helped the councilor integrate, says Jawaruwa Waiapi’s presence is just as novel for the Brazilian locals. “Few people have gone (to the Waiapi territory). It’s a separate world.”

Jawaruwa Waiapi dice que se postuló para el cargo porque no había un solo indígena en el consejo, así como no hay legisladores indígenas en el Congreso nacional. “¿Quién más luchará por nuestra gente?” él pide.

Marina Sa, propietaria de un restaurante en Pedra Branca y ha ayudado a la concejala a integrarse, dice que la presencia de Jawaruwa Waiapi es igual de novedosa para los lugareños brasileños. “Pocas personas se han ido (al territorio de Waiapi). Es un mundo separado”.

- Always a Waiapi inside -

A burden seems to fall from Jawaruwa Waiapi and his family when they return to their tribe, where the loudest sounds are bird calls and the sun governs daily routines.

“The children don’t like it in town,” says his wife Monin, 24. “They have to wear clothes and take showers (rather than bathe in the river).”

But, looking down at his four-year-old son — one of four children — Jawaruwa Waiapi worries.

Many young are sent to study and usually they come back, but what if they don’t?

“If he goes out beyond the village and ends up liking cities, he’ll never want to have the Waiapi people’s culture,” Jawaruwa Waiapi says.

- Siempre dentro de Waiapi -

Una carga parece que cae de Jawaruwa Waiapi y su familia cuando regresan a su tribu, donde los sonidos más fuertes son las llamadas de aves y el sol rige las rutinas diarias.

“A los niños no les gusta en la ciudad”, dice su esposa Monin, de 24 años. “Tienen que usar ropa y ducharse (en lugar de bañarse en el río)”.

Pero, mirando a su hijo de cuatro años, uno de cuatro hijos, a Jawaruwa Waiapi le preocupa.

Muchos jóvenes son enviados a estudiar y generalmente vuelven, pero ¿y si no lo hacen?

Si sale más allá del pueblo y termina gustando las ciudades, nunca querrá tener la cultura del pueblo Waiapi”, dice Jawaruwa Waiapi.

One tribesman who left for 20 years and returned says it took him four years to become “a full Waiapi again.”

“There’s a lot of evil in the world,” Calbi Waiapi, 57, said.

But for Kamon Waiapi, who travels regularly to Pedra Branca as an assistant to Jawaruwa, the key to survival is remembering who you really are.

Joining AFP journalists on a ride into town, Kamon Waiapi exited the car at the outskirts and removed his red loincloth, slipping on a pair of jeans, leather shoes and a polo shirt.

“Now I’m a white man,” he said.

Did the clothes make him feel less Waiapi too?

“No,” the 25-year-old answered without hesitation. “Inside, I never change.”

Un miembro de una tribu que se fue por 20 años y regresó dice que tardó cuatro años en volverse “un Waiapi completo otra vez”.

“Hay mucho mal en el mundo”, dijo Calbi Waiapi, de 57 años.

Pero para Kamon Waiapi, quien viaja regularmente a Pedra Branca como asistente de Jawaruwa, la clave para sobrevivir es recordar quién eres en realidad.

Se unió a los periodistas de la AFP en un viaje a la ciudad, Kamon Waiapi salió del automóvil en las afueras y se quitó su taparrabos rojo, poniéndose unos jeans, zapatos de cuero y una camisa polo.

“Ahora soy un hombre blanco”, dijo.

¿La ropa también lo hacía sentir menos Waiapi?

“No”, respondió el joven de 25 años sin dudarlo. “En el interior, nunca cambio”.

Wikipedia anglosajona.

Los primeros documentos occidentales sobre Wayampi son fuentes portuguesas de principios del siglo XVIII que mencionan los grupos de migración del río Xingu inferior al río Jari, y luego hacia el norte a lo largo de los ríos Jari y Amapari. Bajo la influencia de los jesuitas, los Wayampi lucharon con los colonialistas franceses hasta 1780, cuando se aislaron por completo. Los informes de principios del siglo XIX muestran una población total de 6.000, en comparación con 850 en 1990. Desde 1820, algunos grupos del norte comenzaron a establecer contacto con funcionarios franceses, pero la mayoría de los Wayampi continuaron su aislamiento en la selva amazónica durante todo el siglo XIX. siglo. Recién en la década de 1940, los geógrafos contactaron las aldeas de la Guayana Francesa; se construyeron dos escuelas aquí en 1956 y 1971. [3] En Brasil, hasta 1973, la FUNAI estableció contacto con los Wayampi. Incluso hoy, las diversas comunidades de Wayampi están moderadamente aculturadas en el mejor de los casos, y a fines de la década de 1990 había evidencia de dos grupos, localizados en las cabeceras de los ríos Eureupousine (Guayana Francesa) y Tangararé (Brasil), respectivamente, que no hicieron contacto en absoluto, ya sea con el grupo principal de Wayampi o con no indios.

Economía [editar]

Los Wayampi practican la agricultura de tala y quema y subsisten principalmente con mandioca, batatas, ñames y plátanos. Entre los grupos de los ríos Amapari y Oyapok superior, la caza es la más importante, mientras que la pesca con arco y flecha es predominante para el grupo más septentrional. Con la excepción de la comunidad Mariry, que lleva a cabo una explotación limitada de las solicitudes de oro, hay poca participación en la economía de efectivo. Los Wayampis que trabajan como funcionarios en las administraciones locales se pagan a través de regalos.

Los Wayampi formaban parte del gran vínculo comercial de los indios Wayana que se extendía desde el río Amapari en Brasil hasta el río Tapanahoni en Surinam. Cambiaron hilos de algodón, perros de caza y coronas de plumas principalmente por herramientas. Hoy en día, esta red ha sido interrumpida por el mayor control de las fronteras nacionales, aunque sigue vivo entre varios grupos de Wayampi. Desde finales de los años setenta, los productos occidentales reemplazaron a las manufacturas locales, con la excepción de las cestas y las hamacas tejidas con algodón. Productos tales como municiones, anzuelos, sartenes y perlas de vidrio se comercializan cada vez más.

TresB

Yahoo Noticias7 de noviembre de 2017 Yahoo!

En medio de la selva tropical dentro de una zona de conservación llamada Renca, sobrevive una antigua tribu amazónica, los Waiapi. Sus miembros llevan un estilo de vida más propio de la Edad de Piedra que del siglo XXI, pero sus costumbres están en peligro. Y es que el gobierno brasileño, liderado por Michel Temer, planea permitir a las grandes compañías mineras internacionales que operen en esta zona para encontrar los depósitos de oro y de otros metales que se encuentran allí.

Sin embargo, los Waiabi, que estuvieron a punto de desaparecer por varias enfermedades tras su descubrimiento en la década de los 70, están dispuestos a luchar para defender su territorio y su estilo de vida frente a los planes del gobierno de Brasil y de las compañías mineras.

Wajãpi: Origem: Wikipédia, una enciclopédia livre. https://pt.wikipedia.org/wiki/Waj%C3%A3pi

 

Wajãpi, Wayãpi, Waiãpi, Oiampi o Guarampis son un pueblo indígena del norte de América del Sur cuya lengua pertenece a la familia lingüística tupi-guaraní.

En Brasil, están distribuidos en trece pequeñas aldeas situadas en áreas protegidas del centro-oeste del estado de Amapá, en la región delimitada por los ríos Oiapoque, Jari y Araguari – más precisamente en la Tierra Indígena Waiãpi, [3] junto a los límites del Pará con el, Surinam y la Guayana Francesa, entre los municipios de Mazagón, Laranjal del Jari y Piedra Blanca del Amapari – y también en Macapá. Hay otro grupo, aislado, en el Alto Ipitinga. Una otra familia habita el Parque Indígena del Tumucumaque (que es parte del Parque Nacional Montañas del Tumucumaque [4]), en el estado de Pará. Otro grupo está ubicado en la Guayana Francesa. [5].

Los Waiãpi son los mismos Guaiapi, frente en la región del bajo río Xingu – área de orígenes desde el siglo XVII. [6] Mantiene contacto con los indios desde los mediados del siglo XVIII.

Demografía

En los últimos 25 años, los Wajãpi han tenido un crecimiento poblacional constante, siendo que, después de 1973, cuando se dio el contacto con la Funai, la tasa de natalidad aumentó significativamente. En la época del contacto, había, en Brasil, 151 individuos. Quince años después, sumaban 310 personas. A principios de los años 1990, eran 498 individuos en Brasil (censo de 1994) y 412 en la Guayana Francesa (censo de 1992), totalizando una población de aproximadamente 910 personas. En 2009, eran cerca de 956 personas, según la Funasa.

Cultura

Los Wajãpi se destacan por la belleza de sus fiestas: la fiesta del maíz (en invierno), la fiesta de la miel, las danzas de los peces y, principalmente, las fiestas colectivas que se hacen para agradar al héroe civilizador Ianejar, que, según sus propias creencias, amenaza con destruir a la humanidad. [8] [9] [10]

El arte gráfico de los oasispis [11] fue declarada obra maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco: los indios desarrollaron el arte kusiwa, “que sintetiza su modo particular de conocer y actuar sobre el mundo“. Ellos la utilizan como adorno para el cuerpo y decoración de artefactos. [12] [13] [14]

 El ministro de Cultura, Gilberto Gil, entrega certificado de la Unesco de protección del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad a los Wajãpi (2003).

Los Wajãpi desarrollaron un lenguaje único, que une la forma verbal al arte gráfico ya la pintura ya través de la cual transmiten conocimientos y significados culturales, estéticos y religiosos. Sus adornos, designados por el término Kusiwa, se aplican con tinturas vegetales en cuya composición están presentes semillas de urucum, grasa de mono, jugo de jenipapo verde y resinas perfumadas.

El arte Kusiwa comprende un repertorio de códigos que tienen como motivos más frecuentes los animales – pájaros, peces, mariposas, serpientes, cocodrilos, jabutis, etc. Según la tradición oral de los Wajãpi, el origen de los colores y los patrones gráficos se remonta a los tiempos tempranos cuando surgieron los antepasados de la humanidad. Antes de eso, no había colores ni formas distintas entre los habitantes del mundo: todos eran físicamente igual, sin diferencias en sus lenguajes. Pero tenían cantos y danzas diferentes. Fue durante una gran fiesta que le tocó al demiurgo Janejar promover la separación entre hombres y animales, destinando a cada uno su espacio, organizándose así la vida en sociedad. Los futuros hombres y animales exhibieron sus cantos y sus danzas. Una parte de esos primeros seres, que bailaban al borde del primer río, cayeron en el agua y se transformaron en peces. Desde entonces, pasaron a servir de alimento para los humanos. En el fondo de las aguas, sin embargo, los peces y las serpientes acuáticas continúan viviendo y festejando. Sólo los chamanes pueden penetrar en ese dominio sin peligro. [15]

Las expresiones orales y gráficas de los Wajãpi fueron registradas por el IPHAN como patrimonio cultural inmaterial de Brasil e incluidas por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

Los Wajãpi sólo lograron demarcar sus tierras legalmente en 1996, durante el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Actualmente, se distribuyen por un área de 607.017 ha (cerca de 6.000 km²), dentro del Estado de Amapá. A pesar de la demarcación de las tierras, los Wajãpi son constantemente acosados por madereros y garimpeiros ilegales. Ante ello, decidieron descentralizar sus aldeas, como estrategia de defensa de sus fronteras. “Decidimos desde hace mucho tiempo ocupar los límites de la Tierra Indígena Wajãpi porque así podemos proteger nuestra tierra de las invasiones de los no indios, es fácil hacer la vigilancia si vivimos junto a los límites, y allí tenemos mucha caza y lugares buenos para abrir nuestras rozas. Sabemos desde hace mucho tiempo que el cambio de aldeas mejora nuestra salud, porque los nuevos lugares tienen mucha abundancia y nuestras familias van a alimentarse bien. [16]

Pero recientemente el gobierno brasileño extinguió la Reserva Nacional del Cobre y Asociados (Renca), [17] un área de aproximadamente 46.450 km² [18] donde está incluida la mitad de la reserva Wajãpi. Esto dejó a los indios furiosos. El decreto gubernamental acabó teniendo sus efectos suspendidos, al menos hasta el final de 2017, pero el Gobierno todavía espera que la medida sea acatada, de modo que pueda franquear a las mineras el acceso al bosque. Los Wajãpi no quieren ni oír hablar del asunto, aun con la promesa de que sus tierras serán preservadas. [19]

La Reserva Nacional del Cobre fue creada en 1984, al final del gobierno militar, dentro de una estrategia nacionalista de proteger el área contra incursiones de extranjeros – sin que se pretendiera realmente desarrollar la minería en la región. Dentro de Renca existen actualmente cerca de diez reservas ambientales y tierras indígenas, como la de los Wajãpi y la comunidad de San Francisco de Iraitapuru, que vive de la extracción de castaña. De hecho, ninguna minería tuvo acceso al área desde entonces, aunque hay cerca de mil mineros ilegales actuando allí, además de pistas de aterrizaje clandestinas. Según Imazon, sólo una pequeña parte (10%) del área de Renca, que no está constituida por unidades de conservación y uso sostenible, podría eventualmente ser explotada.

Los waiapi, la tribu que afila flechas contra los invasores del Amazonas

En ecodiario: Indígenas americanos, los olvidados del continente

Notimerica

15/07/2014 – 2:14

Firman convenio turístico para impulsar comunidades indígenas en Chiapas (1/07)

Los pueblos indígenas forman algunos de los grupos más desfavorecidos del mundo. Se calcula que hay en torno a 5,000 grupos indígenas compuestos de unos 370 millones de personas que viven en más de 70 países de cinco continentes, aunque la zona más poblada es América, según el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU.

La mayoría de poblaciones indígenas han sido excluidas de los procesos de toma de decisiones. Muchos han sido marginados, explotados y sometidos a la fuerza, lo que ha provocado que se conviertan en refugiados por miedo a la persecución, abandonando sus lugares de origen, su identidad y su idioma como informa Notimérica.

La cuenca del río Amazonas es el lugar con más pueblos indígenas no contactados del mundo, con al menos 77 grupos de indígenas aislados, según la Fundación Nacional de Indio (FUNAI).

Estos pueblos han visto cómo sus terrenos eran amenazados por fuerzas estatales y transnacionales. Hay muchos grupos interesados en el Amazonas, como los gobiernos de Ecuador, Brasil y Perú, que utilizan la tierra para aumentar los ingresos de sus países.

Además de empresas dedicadas a la extracción de materias como el oro, estaño o acero, la tala de árboles o la explotación petrolífera. Estas exigencias económicas entran en conflicto con el hogar natural de estas personas, un terreno ancestral y sagrado.

Algunos de estos pueblos son:

LOS ‘KAWAHIVA’ DE RÍO PARDO

La tribu de los ‘Kawahiva’ en Río Pardo, Mato Grosso (Brasil), es un ejemplo de pueblo indígena que quiere permanecer aislado por los abusos que se han cometido con ellos. La FUNAI ha estimado que son unos 50 miembros, aunque actualmente pueden ser incluso menos.

Nunca permanecen en un lugar durante mucho tiempo, porque huyen de madereros y otros intrusos interesados en sus tierras. Por eso, han dejado de tener hijos y viven sólo de la caza y pesca, porque no pueden cultivar al no tener un lugar de residencia fijo, según ha explicado el movimiento ‘Survival International’.

Su tierra aún no ha sido protegida y su supervivencia como pueblo corre un serio peligro. Su selva está siendo invadida por madereros, muchos de los cuales operan desde Colniza, una de las ciudades fronterizas de Brasil más violentas en una de las regiones más deforestadas de la Amazonía.

LOS ‘KORUBOS’ DEL VALLE DEL JAVARÍ

En la frontera entre Brasil y Perú, el valle del Javarí es el hogar de siete pueblos indígenas contactados y de unos siete grupos no contactados, una de las mayores concentraciones de pueblos indígenas aislados en Brasil.

Las enfermedades mortales contraídas a través de los extranjeros están afectando a los grupos contactados en su territorio y se teme que puedan transmitirse a otros grupos no contactados con consecuencias trágicas.

LA RESERVA DE SALITRE

La reserva de Salitre está situada en el sur de Costa Rica y es lugar de conflicto entre indígenas y terratenientes, los conocidos como ‘finqueros blancos’, que suelen atacar a los indígenas para conseguir sus terrenos.

La semana pasada se produjo un nuevo enfrentamiento, cuando un grupo de ‘finqueros blancos’ llegaron a Buenos Aires de Puntarenas con focos, piedras y armas para sacar a los indígenas por la fuerza de sus casas e incendiar los ranchos.

El Gobierno de Costa Rica ha asegurado que intentará garantizar la integridad física de estos indígenas y proteger sus terrenos.

Actualmente, en el Amazonas tanto los Kayapo y Waiapi de Brasil, los Yanomami de Brasil y de Venezuela, los Quichua y Shuar de Ecuador, los Ashaninka de Perú y los Aymara de Bolivia se enfrentan a luchas similares por la defensa de sus tierras.

Según la ONU, el crimen de genocidio se define como “infligir deliberadamente en un grupo condiciones de vida con la intención de destruirlo, total o parcialmente”. Muchos de los pueblos indígenas de América Latina se encuentran en una situación de genocidio.

Indígenas aislados de Brasil – Survival International

Indígenas aislados de Brasil

En riesgo de extinción por enfermedad y pérdida de tierra

En las profundidades de la selva amazónica viven pueblos indígenas que no tienen contacto con el mundo exterior.

Madereros ilegales y terratenientes ganaderos están invadiendo su tierra y trayendo enfermedades. No sobrevivirán a menos que esto se detenga.

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La imagen muestra a una comunidad próspera y saludable con cestas llenas de mandioca y papaya frescas de sus huertos.

La Amazonia brasileña es el hogar de más pueblos indígenas no contactados que ningún otro lugar del mundo. Según la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) se piensa que hay al menos 100 grupos de indígenas aislados en la selva.

Su decisión de no mantener contacto con otros pueblos indígenas o con foráneos se debe, casi con certeza, a los desastrosos encuentros previos y a la invasión y destrucción continua de la selva, su hogar.

Un extraño en la selva

Primer contacto en la Amazonia: pueblos indígenas de Brasil hablan de sus experiencias de contacto y de los peligros que vinieron a continuación.

Por ejemplo, los grupos no contactados que viven en el estado de Acre son probablemente los supervivientes de la fiebre del caucho, que supuso la esclavización de muchos indígenas.

Es probable que los que sobrevivieron huyeran remontando los cursos de los ríos. Los recuerdos de las atrocidades cometidas contra sus ancestros aún pueden estar muy vivos.

Se sabe muy poco de estos pueblos. Lo que sí sabemos es que desean permanecer sin contactar: han disparado sus flechas tanto a foráneos como a aviones o, simplemente, han evitado el contacto adentrándose aún más en la selva.

Algunos, como los awás no contactados, son cazadores-recolectores nómadas que continuamente se desplazan por la selva, pueden construir una casa en unas horas y abandonarla unos días después.

Otros pueblos más asentados viven en casas comunales y plantan mandioca y otros cultivos en claros de la selva, además de cazar y pescar.

En Acre podrían vivir hasta 600 indígenas en cuatro grupos diferentes. Aquí viven en relativa tranquilidad en varios territorios que han sido demarcados y que, en su mayor parte, han permanecido intactos.

Quizás unos 300 indígenas no contactados vivan en Massacó (Rondônia).

Usan arcos y flechas enormes —se ha encontrado un arco que medía más de 4 metros— muy similares en tamaño y en diseño a los del pueblo indígena sirionó, de la vecina Bolivia.

Está claro que les gusta comer tortuga: se han encontrado montones de caparazones en campamentos abandonados.

Sin embargo, otros grupos no contactados están tambaleándose al borde de la extinción con tan solo un puñado de individuos.

Estos grupos tan pequeños y fragmentados viven sobre todo en los estados de Rondônia, Mato Grosso y Maranhão y son los supervivientes de brutales robos de tierras, cuando eran el blanco de madereros, terratenientes y otros por los que fueron asesinados.

Hoy día aún son deliberadamente perseguidos y cazados y las selvas donde viven están siendo rápidamente destruidas.

Los proyectos para construir enormes presas y carreteras, que son parte del programa gubernamental de “crecimiento acelerado”, suponen grandes amenazas.

Las presas de Jirau y San Antonio, construidas sobre el río Madeira, están muy próximas a varios grupos de indígenas no contactados.

Un informe reciente afirma que algunos de ellos están abandonando su tierra debido al ruido y la contaminación generadas por dichas construcciones.

Todos ellos son extremadamente vulnerables ante enfermedades como la gripe o un resfriado común, transmitidas por los foráneos y para las que no tienen inmunidad: buenas razones para evitar el contacto.

Pero incluso en este escenario tan desalentador, hay historias excepcionales. Karapiru, un hombre awá, sobrevivió al ataque de un asesino a sueldo y durante diez años vivió solo, escondiéndose en la selva, hasta que finalmente estableció contacto con unos colonos y ahora vive con otros awás.

Los pueblos indígenas aislados de Brasil deben ser protegidos y sus tierras reconocidas antes de que ellos, y las selvas de las que dependen, desaparezcan.

No son desconocidos

En todo el mundo existen pueblos indígenas que viven sin contacto con la sociedad nacional ni con otros pueblos indígenas.

Esto no significa que sigan siendo “desconocidos” o que no hayan cambiado a lo largo de los años. Se conoce a la mayoría y, aunque están aislados, todos se adaptan de forma constante a sus circunstancias cambiantes.

Muchos mantienen contacto ocasional, a veces hostil, con pueblos indígenas vecinos. Son muy conscientes de otras sociedades que hay a su alrededor.

Los grupos indígenas vecinos y la FUNAI (el departamento de asuntos indígenas del Gobierno) a menudo conocen dónde se encuentran estos grupos aproximadamente.

Desde 1987, la FUNAI dispone de un departamento dedicado a los indígenas aislados. Su política es entrar en contacto solo en los casos en los que la supervivencia de dichos indígenas está en peligro inminente.

Si no es así, no se intenta el contacto. En su lugar, la FUNAI trata demarcar y proteger sus tierras de los invasores con puestos de protección.

Los indígenas aislados deben tener el derecho a decidir si viven en aislamiento o no. Pero para ejercer su derecho, necesitan tiempo y espacio.

Solo sobrevivirán si su tierra, a la que tienen derecho según el derecho nacional e internacional, es protegida. Se les debería permitir vivir en paz, libres del miedo a ser exterminados o a contactos desastrosos.

El contacto solo debería ocurrir cuando y donde los indígenas aislados decidan que están preparados para ello.

Amenazas

Una y otra vez, el contacto ha resultado desastroso para los pueblos indígenas no contactados de Brasil.

Estos pueblos tan aislados no han desarrollado inmunidad ante las enfermedades que son comunes en otros lugares y por eso son tan vulnerables.

No es extraño que el 50% de un pueblo indígena haya sido aniquilado durante el primer año de contacto, por enfermedades como el sarampión o la gripe.

La población de los matis se vio reducida a la mitad tras el contacto, cuando jóvenes y ancianos, incluidos la mayoría de los chamanes, murieron por enfermedades introducidas.

“Todos enfermamos de neumonía”

Los matis de Brasil recuerdan el impacto devastador de su primer contacto con foráneos.

El conflicto y los enfrentamientos violentos son los resultados más comunes de la actividad económica en áreas donde viven los pueblos indígenas aislados.

Dichos conflictos han provocado la muerte de algunos foráneos y de muchos más indígenas.

Los “últimos cuatro supervivientes akuntsus “:/indigenas/akuntsu sufrieron ataques brutales, fueron testigos de la masacre de sus parientes y vieron sus hogares destruidos con excavadoras (topadoras) por los terratenientes.

Los últimos

La población de algunos pueblos indígenas aislados se ha visto reducida drásticamente a unos pocos supervivientes. Estos son algunos de los más amenazados.

El “último de su tribu”

Casa y jardín del “hombre del agujero” : Donde cultiva mandioca y otros vegetales (Foto).

Se cree que este hombre solitario es el último superviviente de su tribu, probablemente masacrado por los terratenientes ganaderos que ocuparon la región de Tanaru, en el estado de Rondonia.

Vive solo en una huida constante.

No sabemos cómo se llama, a qué pueblo indígena pertenece o qué idioma habla.

También se le conoce como “el hombre del agujero” por los grandes agujeros que cava para atrapar animales o para esconderse en ellos. Rechaza totalmente cualquier tipo de contacto.

La FUNAI ha delimitado un pedazo de selva para su protección, que está totalmente rodeado por terratenientes ganaderos.

A finales de 2009, fue perseguido sin piedad alguna por un asesino a sueldo. En el pasado, muchos terratenientes utilizaban asesinos a sueldo para matar indígenas no contactados en Rondônia.

Los piripkura, Mato Grosso

No sabemos cómo se llaman a sí mismos, pero sus vecinos, los indígenas gaviaos, les llaman los piripkuras o “el pueblo mariposa”, lo que describe la forma en que de manera continua se mueven por la selva. Hablan tupi-kawahib, una familia de idiomas que comparten con varios pueblos indígenas en Brasil.

Los piripkuras eran unos veinte individuos cuando la FUNAI los contactó por primera vez la década de 1980. Después del contacto, volvieron a la selva. Desde entonces, se ha vuelto a contactar con tres miembros de este pueblo indígena.

En 1998, dos hombres piripkuras, Mande-í y Tucan, salieron de la selva por propia voluntad. Uno de ellos estaba enfermo y fue hospitalizado.

Durante el breve tiempo que permaneció en el hospital habló de cómo en el pasado reciente su tribu era más numerosa y describió cómo habían sido masacrados por los blancos, y cómo él y su único compañero anduvieron por la selva cazando, pescando y recolectando.

 “Hay un verdadero riesgo de genocidio” .FUNCIONARIO BRASILEÑO HABLANDO SOBRE LA SITUACIÓN APREMIANTE DE LOS PIRIPKURA

No sabemos si hay otros supervivientes piripkuras, pero Mande-í y Tucan están en grave peligro y sus tierras son continuamente invadidas por madereros ilegales que bloquean sus senderos de la selva para evitar que puedan cazar.

La FUNAI ha firmado una orden temporal que prohíbe el desarrollo de actividades económicas y la entrada en la tierra de los piripkura sin permiso. Pero, salvo que el Gobierno actúe de modo urgente para cartografiar y ratificar legalmente sus tierras, los últimos supervivientes piripkuras conocidos puede que desaparezcan para siempre.

Los kawahiva del río Pardo, Mato Grosso

Se sabe poco de este pueblo indígena, pero se cree que pertenece al grupo de los kawahivas. La FUNAI estimaba que eran unos 50 individuos hace unos años, pero hoy día puede que sean incluso menos.

Se piensa que dejaron de tener hijos porque siempre están huyendo de madereros y otros intrusos.

Como siempre están escapando, no pueden cultivar y se ven obligados a depender solo de la caza y la pesca.

Su tierra aún no ha sido protegida y, por lo tanto, su supervivencia como pueblo corre un serio peligro. Su selva está siendo invadida por madereros, muchos de los cuales operan desde Colniza, una de las ciudades fronterizas de Brasil más violentas en una de las regiones más deforestadas de la Amazonia.

En un giro inesperado, un fiscal federal ha iniciado una investigación sobre el genocidio de estos kawahivas. Según Naciones Unidas, el crimen de genocidio se define como “infligir deliberadamente en un grupo condiciones de vida con la intención de destruirlo, total o parcialmente”.

Las evidencias sugieren que los madereros han perseguido de modo deliberado a los kawahivas y les han forzado a abandonar sus hogares y vivir a la carrera.

Los korubos del valle del Javarí

En la frontera entre Brasil y Perú, el valle del Javarí es el hogar de siete pueblos indígenas contactados y de unos siete grupos no contactados, una de las mayores concentraciones de pueblos indígenas aislados en Brasil.

Uno de ellos, el de los korubos, es conocido en la zona como el de los “caceteiros” o “los hombres de los palos” por los largos palos que usan para protegerse.

En 1996, la FUNAI contactó con un grupo de treinta korubos que se habían separado del grupo principal, que continúa sin ser contactado y que reiteradamente evita el contacto con los pueblos de los alrededores.

Las enfermedades mortales contraídas a través de los foráneos están afectando a los grupos contactados en su territorio y se teme que puedan transmitirse a otros grupos no contactados con consecuencias trágicas.

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Comentarios

[...] Wajãpi, escondido en pequeños y recónditos pedazos de selva amazónica. En un post anterior  (¿El Progreso trae felicidad?. Viajando al jardín del Edén en el Amazonas), ya os comentamos [...]

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