El Poblamiento precolombino del Amazonas: Agricultura, gestión hídrica y forestal (Un duro golpe a la ecología teórica).

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¿Fue la Amazonía así antes de la colonización europea?. Fuente:  Message to Eagley restos arqueológicos actuales de geoglifos comparado con las ruinas de los británicos de Stonehenge. Fuente: Ancient Origins

 El mito de la Cuenca Amazónica se ha venido abajo, como ya os adelantamos en nuestra bitácora hace años (ver por ejemplo el siguiente post, es decir el más reciente: Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?), antes de que los últimos estudios científicos lo confirmaran. Abajo os añado la información más reciente que, no deja lugar a dudas. Deberemos pues otorgar otro calificativo a esta maravilla de la naturaleza. ¡Que poco sabemos de la población y pasado de las Américas, así como de la transformación de sus paisajes. Ahora se nos informa de que los primeros humanos llegaron allí hace 130.00 años, es decir 100.000  antes de lo que se pensaba hasta 2017.  Se me antoja que estas cifras hay que estimarlas aun con cautela, a la espera de que sea corroborada por nuevas investigaciones. Pero de lo que si no cabe ya duda es que aquella considerada selva amazónica primaria no lo era, sino más bien un jardín del edén.

¿Vegetación prístina? ¿Suelos prístinos? Si el paisaje era en buena medida agrario, no podemos hablar pues en esta región, cubierta de edafotaxa extremadamente pobres, de una cobertura de suelos prístina. Y si eran poco aptos para la producción agraria, ¿cómo los cultivaban? ¿Utilizaban biochar o biocarbón? ( ver relación de post previos al final de esta entrega). Posiblemente, pero tal vez haciendo uso de otras tecnologías agrarias, forestales, hidráulicas aun desconocidas en la actualidad. Todo un enigma. Como veréis la nota de prensa, uno no puede dejar de asombrarse al leer sobre setos de bambú, palmeras, etc. que ahora brillan por su ausencia, etc. Y estos presuntos hechos han sido refrendados al visionar los geoglifos desde el aire, estructuras especialmente abundantes en américa. ¿tanto como para pensar que…? Se puede encontrar mucha información en internet sobre los últimos tipos de glifos. Eso sí, no debería extrañarnos pues, como exclaman los autores del estudio, de que aquellos paisajes agrarios fueran forestados, por cuanto ha sido la norma  de las agriculturas campesinas de todo el planeta hasta hace unas pocas décadas.

Ahora también debemos meditar muy seriamente sobre la desorbitante cantidad de publicaciones científicas que describen la ecología de la región basándose en la premisa de la más que milenaria antigüedad de sus especies y ensamblajes en comunidades, ya que apenas sobrepasan los 700 años. Por lo tanto, muchas de las conjeturas que defendían cientos de investigadores, en la apabullante numerosidad de artículos y libros editados sobre la naturaleza en la Amazonía, deben ser cuestionadas y revisadas. ¿Cómo es posible que en tan escaso tiempo se alcanzara la biodiversidad actual?.  ¿Qué ocurrió?. Son variadas e importantes las preguntas que debemos hacernos, tanto como los mitos científicos que se derrumban. Y aunque la prensa científica aún no ha digerido este tema, los fundamentos de la ecología necesitan ser revisitados.  

La noticia es lo suficientemente clara y más aun tras la lectura de los diversos post relacionados abajo relacionados con esta materia. Seguimos alardeando de conocimientos, cuando en realidad somos aprendices de brujos, y por cierto, bastante ignorantes. Las Américas fueron vislumbradas y usadas por los colonizadores europeos, pero resulta palmario que no las comprendemos. El pasado se encuentra ahí…. En nuestro futuro.  Y mientras tanto nosotros, con toda nuestra tecnología seguimos siendo incapaces de lograr un desarrollo sostenible, al contrario que sus poblamientos precolombinos.

Juan José Ibáñez

Continua……..

Un estudio con geoglifos indica que la Amazonia tuvo un uso sostenible

El desmonte en el este del estado brasileño de Acre para la expansión de la ganadería ha revelado en los últimos 30 años centenas de grandes estructuras geométricas de tierra construidas por pueblos precolombinos.


FUENTE | Noticias de la Ciencia ; 05/04/2017

Dichas estructuras reciben el nombre de geoglifos. El hecho de haber sido construidas por el hombre implica la existencia de un gran poblamiento en la región hace miles de años, como así también sugiere que, en el pasado, la selva había sido parcialmente derribada para el uso de la tierra en la agricultura. La arqueóloga inglesa Jennifer Watling, actualmente becaria de posdoctorado de la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo (FAPESP), estudió durante su doctorado -defendido en la University of Exeter, en el Reino Unido- cuál habría sido el impacto ambiental provocado por las poblaciones prehistóricas debido a la construcción de esos geoglifos. Watling estudió dos zonas con geoglifos: el sitio arqueológico Jacó Sá y la hacienda Colorada. Su trabajo fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Al salir de Rio Branco, la capital del estado de Acre, se avanza por la carretera BR 317 en dirección a Boca do Acre (en el estado de Amazonas). Se tarda alrededor de una hora en coche para recorrer los 50 kilómetros hasta que se llega al sitio Jacó Sá. A lo largo del trayecto se pasa por pasturas con ganado de la raza nelore donde antes había selva amazónica primaria, cuyas franjas aún son visibles de ambos lados de la pista en la línea del horizonte. Toda aquella parte del extremo occidental de Acre estaba cubierta por selva primaria hasta la década de 1980, pero viene siendo desforestada para la cría de ganado. La mitad de la cobertura forestal de la zona se ha perdido.

Irónicamente, si no fuera por el aumento de la ocupación humana en Acre, los más de 450 geoglifos prehistóricos actualmente catalogados seguirían ocultos en el monte. La selva evidentemente esconde muchos otros. Los geoglifos se propagan por los valles de los ríos Acre, Iquiri y Abunã, entre Rio Branco y Xapuri, y también al norte de Rio Branco en dirección al estado de Amazonas.

Desde el suelo no es posible visualizar sus formas ni tampoco sus dimensiones. Pero en un avión, volando a 500 metros del suelo, los geoglifos se vuelven visibles. Tienen formas de círculos, cuadrados, rectángulos, círculos concéntricos o también círculos circunscritos en el interior de grandes cuadrados. Sus dimensiones son colosales: varían de 50 a 350 metros de diámetro. En suelo, los geoglifos son como grandes fosas de hasta 11 metros de ancho por 4 metros de profundidad. Es impresionante el inmenso volumen de tierra que debió removerse para su construcción, lo cual implica la existencia de un gran contingente poblacional.

En el sitio de Jacó Sá hay dos geoglifos, ambos con forma de cuadrados de alrededor de 100 metros de lado, y uno de ellos tiene un círculo perfecto circunscrito en su interior. Quien lo desee puede usar Google Maps e ingresar las coordenadas 9°57’38″S 67°29’51″W para apreciar ambos geoglifos desde las alturas.

Watling pretendía entender cómo habría sido vegetación de aquella zona en la época en que se construyeron los geoglifos. El lugar, antes del desmonte, estaba dominado por bosques de bambúes. Watling se propuso responder una serie de preguntas: “¿Los bosques de bambúes habrían predominado antes de que se construyeran los geoglifos? ¿Cuál fue la extensión del impacto ambiental asociado a la construcción de los geoglifos?”, se pregunta la arqueóloga.

“¿La región habrá estado cubierta de bosques antes de la llegada de los pueblos que construyeron los geoglifos, o sería originariamente una zona de sabana? Y si era selvática, ¿durante cuánto tiempo las áreas deforestadas quedaron abiertas? ¿Qué sucedió con la vegetación cuando los geoglifos fueron abandonados? ¿Cómo fue el proceso de regeneración de la selva?“, son otras cuestiones que se planteó.

Watling actualmente se dedica a su posdoctorado, bajo la supervisión del arqueólogo Eduardo Góes Neves, del Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de São Paulo (MAE-USP). La investigadora estuvo seis meses excavando en los sitios de Acre, entre 2011 y 2012. Empleó técnicas de paleobotánica para obtener respuestas. Sus excavaciones en Jacó Sá y en la hacienda Colorada demostraron que el ecosistema de bambúes existe en la zona hace al menos 6.000 años, lo cual sugiere que esta especie vegetal no fue introducida por los indios, sino que formaba parte de la composición paisajística original.

La presencia del hombre en la zona data de hace al menos 4.400 años. En tanto, la presencia de partículas de carbón, fundamentalmente a partir de 4.000 años antes del presente, implica la intensificación del desmonte y/o del manejo forestal por parte de los indios. La mayor acumulación de carbón coincide con la época de construcción de los geoglifos, hace entre 2.100 y 2.200 años. Pese a la relativa facilidad con que se remueven los bambúes (cuando se los compara con las caobas y los castaños, por ejemplo), Watling no halló evidencias de desmontes significativos en ningún período. Según la investigadora, esto quiere decir que los geoglifos no estaban dentro de un área totalmente deforestada. “Al contrario, estaban rodeados por las copas de las árboles. La vegetación local nunca se mantuvo completamente abierta durante todo el período precolombino. Esta deducción coincide con evidencias arqueológicas que indican que los geoglifos se utilizaban como bases esporádicas y no estaban habitados continuamente“, dijo Watling. “Las excavaciones arqueológicas no revelaron una gran cantidad de artefactos, lo que indica que los geoglifos no eran lugares de residencia permanente. Los indios no vivían allí“, dijo.

Otra constatación indica que los geoglifos no fueron construidos sobre la selva virgen que fue derribada. Los datos paleobotánicos que Watling recabó sugieren que esas estructuras se erigieron en terrenos previamente ocupados, es decir, en selvas antropogénicas, que fueron taladas o que su composición se vio alterada por la acción humana en el transcurso de miles de años. Esto tiene su sentido, pues ahora se sabe que esa región estaba ocupada desde hace 4.000 años. En otras palabras, sus habitantes llevaron a cabo 2.000 años de manejo de la selva antes de la construcción de los geoglifos. Merced a las investigaciones realizadas en otros geoglifos se sabe que el pueblo que construía esas enormes estructuras cultivaba el maíz y el zapallo.

Los datos recabados por Watling indican que la deforestación mediante la quema realizada hace entre 4.000 y 3.500 años estuvo seguida por un aumento significativo de la cantidad de palmeras en la composición de la selva. No existe ninguna explicación natural para el aumento de la cantidad de palmeras, ya que el clima en la región era (y sigue siéndolo) húmedo y, por lo tanto, favorable a la colonización por árboles de gran porte y la consiguiente densificación del monte. La proliferación de las palmeras está relacionada, según Watling, con el aumento del uso de la tierra por el hombre, lo cual se ve corroborado por los depósitos de partículas de carbón. Las palmeras tienen diversos usos. Sus cocos sirven de alimento, sus troncos sirven para construir chozas y sus hojas para cubrirlas. Según Watling, esto sugiere que luego de la limpieza del monte a cargo de los primeros habitantes de la región, éstos habrían empezado a permitir la proliferación únicamente de las especies vegetales de las cuales hacían uso. En otras palabras, los antiguos habitantes de la zona hicieron uso de técnicas primitivas de manejo forestal durante miles de años.

La ausencia de carbón a 500 metros de distancia de los geoglifos significa que su entorno no fue deforestado. “Esto sugiere que los geoglifos no se proyectaron para ser visibles a distancia, sino para quedar escondidos de su vista, lo cual no deja de ser una conclusión inesperada”, dijo.

Los geoglifos que estudiaron Watling y sus colegas de Brasil y del Reino Unido fueron abandonados hace alrededor de 650 años, por ende, antes de la llegada de los europeos a América. En concomitancia con el abandono de los geoglifos, se observa la declinación de la participación de las palmeras en el medio ambiente. Los geoglifos impresionan por su belleza y por la precisión de sus líneas. ¿Cuál fue el pueblo que construyó esas estructuras? ¿Qué técnicas se utilizaron para erigir formas tan perfectas? La primera imagen que viene a la mente es la de los animales esculpidos en el suelo del desierto de Nazca, en Perú. Descubiertos en 1927, habrían sido realizados hace 3.000 años. Vistas desde el suelo, las figuras peruanas parecen líneas sin fin que se pierden en el horizonte.

Sólo desde lo alto, a unos 1.500 metros de altura, sus formas comienzan a cobrar sentido. Componen un colibrí, una abeja y un mono. Tales figuras se hicieron famosas en los años 70, cuando el escritor suizo Erich von Daniken publicó el libro -que vendió millones de ejemplares y que derivó en una película- Recuerdos del futuro. Von Daniken postulaba la teoría de que ciertas civilizaciones, como la de los aztecas, habrían sido visitadas por alguna forma de vida extraterrestre inteligente. De allí la justificación de figuras que sólo tienen sentido cuando se las ve desde grandes alturas.

Sin embargo, según cuentan los antropólogos, la intención de los indios autores de aquellas obras de arte milenarias era enternecer a los dioses, convenciéndolos a hacer llover. Los geoglifos de Acre están situados a mil kilómetros al nordeste del desértico valle de Nazca. Y en Acre, como es sabido, la falta de lluvia no constituye precisamente un problema. En su posdoctorado, Watling también estudia el impacto que ejerció sobre la selva un poblamiento indígena del sitio arqueológico de Teotônio, en la zona del alto río Madeira, en el estado de Rondônia. “Teotônio posee algunas de las dataciones más antiguas de la prehistoria amazónica. Fue ocupado durante al menos cinco mil años”, dijo.

 Artículo Original

Impact of pre-Columbian “geoglyph” builders on Amazonian forests

 Abstract

Over 450 pre-Columbian (pre-AD 1492) geometric ditched enclosures (“geoglyphs”) occupy ∼13,000 km2 of Acre state, Brazil, representing a key discovery of Amazonian archaeology. These huge earthworks were concealed for centuries under terra firme (upland interfluvial) rainforest, directly challenging the “pristine” status of this ecosystem and its perceived vulnerability to human impacts. We reconstruct the environmental context of geoglyph construction and the nature, extent, and legacy of associated human impacts. We show that bamboo forest dominated the region for ≥6,000 y and that only small, temporary clearings were made to build the geoglyphs; however, construction occurred within anthropogenic forest that had been actively managed for millennia. In the absence of widespread deforestation, exploitation of forest products shaped a largely forested landscape that survived intact until the late 20th century.

Amazonian archaeology

Amazonian rainforest

pre-Columbian land use

 Relevancia (Significance)

Amazonian rainforests once thought to be pristine wildernesses are increasingly known to have been inhabited by large populations before European contact. How and to what extent these societies impacted their landscape through deforestation and forest management is still controversial, particularly in the vast interfluvial uplands that have been little studied. In Brazil, the groundbreaking discovery of hundreds of geometric earthworks by modern deforestation would seem to imply that this region was also deforested to a large extent in the past, challenging the apparent vulnerability of Amazonian forests to human land use. We reconstructed environmental evidence from the geoglyph region and found that earthworks were built within man-made forests that had been previously managed for millennia. In contrast, long-term, regional-scale deforestation is strictly a modern phenomenon.

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