Posts etiquetados con ‘etnoedafología’

Isla de Pascua, Rapa Nui, consumo de aguas salobres, descargas subterráneas,

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Fuente: Colaje imágenes Google

Los Rapa Nui , es decir los moradores de las Islas de Pascua de los que ya os hablamos en otro post, han despertado tanto la atención del público, como de los expertos, debido a sus afamadas estatuas denominadas Moái. Pues bien, en la nota de prensa que os ofrecemos hoy, se postula una conjetura  acerca de cómo con tan escasos recursos hídricos en una isla pequeña, sin ríos, ni casi lagunas (tan solo aguas pluviales y alguna cisternas recolectora excavada en el suelo, pero de escasa capacidad de almacenaje) podía suministrarse agua sustentablemente para el consumo de toda la población que se calcula en varios miles de habitantes. Y he aquí la ¡sorpresa!. Ellos defienden que, el consumo de recursos hídricos se realizaba  exactamente en donde los suelos/rocas de origen volcánico, muy permeables y porosos, confluían con las aguas salinas oceánicas en ciertos enclaves de la línea de costa. Hablamos pues de descarga de aguas subterráneas. Pues bien, sorprendentemente, parece ser allí en donde se ubican  los mundialmente conocidos denominadas Moái. La nota de prensa no aclara si el vocablo suelo, se refiera a las rocas y/o a los suelos, aunque en cualquier caso ambos afectan al ciclo hidrológico insular.  De hecho, conforme a estos colegas, en las primeras narraciones europeas sobre los habitantes de las islas de Pascua, “parece que se les ve o describe, ingiriendo agua del mar ¿¿??. 

Lo que me intriga e interesa, de ser corroborada su conjetura, es sencillamente que se trata de un recurso hídrico que también podría ser aprovechado en otros lugares con las mismas condiciones, es decir, otra fuente de agua dulce por explotar en ciertos territorios.  

Hoy, para variar, me he esmerado bastante más en la traducción del texto en inglés al español-castellano (con algunas licencias personales), como en extenderme en esta entradilla de post. Así podéis seguir la narración mejor, ya que poco más puedo añadir, excepto que me ha sorprendido todo el texto.  Francamente sorprendente y quizás útil.  Por cierto, en la fotografía que da pie a la entradilla, yo observo una laguna en lo que parece un antiguo volcán, pero al parecer el estudio es bastante completo y lo tenéis en acceso abierto (ver final del post).

Juan José Ibáñez

Continua…….

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Los Paisajes y Suelos de Latinoamérica. Debemos redescubrir la Historia (¿Y parte de la Ciencia?)

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Fuente: Colaje Google Imágenes

En un pasado remoto, hace ya tanto tiempo (….) la enorme masa de Tierra que hoy llamamos Latinoamérica era un paisaje prístino, fuera cual fuera su aspecto. Luego llegaron los seres humanos ¿cazadores recolectores?: ¡Posiblemente!. Empero hará más (o mucho más) de 6.000 años, la agricultura comenzó a expandirse “de algún modo”, hasta ocupar vastas extensiones o incluso la mayor parte del territorio. Aquella floreciente Latinoamérica atesoraba una enorme variedad de cultivos y manejos de suelos que, como mínimo, rivalizaron en su tiempo con los de otros continentes. Sin embargo, algo sucedió, o se enfrentaron a demasiados retos “fueran cuales fueran”. Súbitamente, en términos históricos, fueron desapareciendo culturas avanzadas e imperios. La vegetación natural volvió a expandirse sobre los antiguos paisajes agrarios hasta cubrirlos de selvas pluviales frondosas, u otro tipo de ecosistemas, según las características locales de un clima que también fue alterándose.  

Los pueblos y culturas, ¡a saber cuántas!, se unían por complejos entramados viales de caminos en los que transitaban mercancías, se intercambiaban bienes (agrícolas y al algunos animales, por no hablar de ganadería sensu estricto, ya que aún no lo sabemos) y conocimientos. Empero como seres humanos aquellos pueblos también guerreaban, naciendo y decayendo imperios, como en cualquier otro continente. En ecología y etnoagricultura siempre terminan achacando la culpa de la decadencia de los incas, mayas, etc., a la deficiente gestión de sus tierras. Empero conflictos bélicos y epidemias también pudieran ser la causa (….) ¿si la Duquesa Roja tuviera razón?. ¡A saber!.

Cuando llegaron los europeos y comenzaron a escribir sus crónicas, se nos quedó grabada la imagen de que la mayor parte de aquellos paisajes eran prístinos, y/o penas afectados por la acción humana. Y, así,  tal mito se incrustó en nuestros memes, como el narrado por Plinio el Viejo y Estrabón en la Península Ibérica que finalmente se descubrio ue era incierto.  Los científicos partieron de aquella falsa premisa durante décadas y décadas, por lo que los resultados de muchos estudios dieron lugar a conclusiones falsas o banales, ya fuera en historia, ecología, edafología, agricultura etc.

Posiblemente el mayor problema estribe en que conforme se realiza un imaginario viaje por aquellas maravillosas tierras, las fechas atribuidas a los enclaves en los que aparecen y desaparecen tales paisajes agrarios y culturas no coinciden con precisión. Quizás falten asentamientos y restos por descubrir para obtener una visión más nítida, que tan solo emerge ahora entre la neblina del desconocimiento, o como también se dice es “la punta del iceberg”. Quizás las técnicas actuales de datación aún no sean lo suficientemente fiables, pero también pudiera ocurrir que  la Duquesa Roja, tuviera razón (al menos en parte) aunque nadie de la academia ha deseado escucharla. Como veremos luego, Luisa Isabel Álvarez defendía:” Es que ha habido una confusión histórica. Había viajes a América desde los fenicios: los relatos que tomamos por viajes a África ¡eran, en realidad, viajes a América!”.

Los suelos prístinos de Latinoamérica, probablemente no existan ya, o tan solo permanezcan reductos en los hábitats más hostiles y recónditos lugares, siendo por tanto, poco representativos de los que les precedieron en aquella gran masa de Tierra. La cobertura de suelos fue transformada por la agricultura dando lugar a lo que hoy denominamos Antrosoles, Tecnosoles, etc. Estos suelos modificados por el hombre de las más ingeniosas maneras, atesoraban tantas propiedades inducidas que hoy sería imposible clasificarlos en los dos mentados grupos de suelos. Tampoco valen pues aquí los suelos prístinos como referentes del mundo natural antes del advenimiento del impacto humano.

Cuando intentamos buscar referentes prístinos de suelos y vegetación con vistas a observar como los hombres los hemos ido modificando, resulta que, posiblemente, no existan  sensu stricto. Desde hace pocos años tal descubrimiento (porque este sí lo es), ha comenzado a aflorar en la literatura científica. Sin embargo una gran parte de mis colegas aun insisten  “erre que erre” en no hablar de ello. Un bobo llamado Juan José Ibáñez que, para nada es experto en el tema” se interesó por lo que iba cayendo es sus manos, escribiendo numerosos post en su espeluznante bitácora acerca de la etnoedafología y etnoedafología latinoamericana “Un Universo Invisible bajo Nuestros Pies”, almacenándolos en la categoría que denominó “Etnoedafología y Conocimiento Campesino”.

Pues bien, en esta nueva entrega de la saga, os proporcionamos varias noticias, nuevas, y más o menos recientes (hasta octubre de 2018). Algunas han sido escritas en Español-castellano mientras otras en Suajili, ya que según Luisa Isabel Álvarez, a América se la denominaba África, como veremos posteriormente. Puedo entender a Luisa Isabel Álvarez, ¡grande de España!, y “roja de corazón”, cuando se lamentaba debido a que sus estudios e ingentes archivos históricos no eran considerados por los historiadores y otros eruditos, al no ser ella una experta académica con acreditación. Desconozco si lleva razón o no. Sin embargo su impresionante legado merece la pena ser examinado y estudiado con vistas a separar el grano y la paja. Quizás allí se encuentren esperando testimonios que arrojen mucha más luz sobre el tema. ¿Caballeros Templarios en la Patagonia?. ¿Tartessos, la primera civilización occidental en alcanzar América? Quizás, ¡A saber!. Aunque de ser cierto las asincronías temporales que mentamos con anterioridad pudieran así ser  explicables.

Os dejo con todo este abundante material nuevo.

Juan José Ibáñez

Continúa……..

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Los biocarbones o carbones pirogenéticos en los suelos del mundo. Una sorpresa inesperada

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Biocarbones  como práctica campesina: Fuente: Mother Earth News

La noticia que os vamos a comentar hoy (Taking stock of charcoal in the world’s soil) me ha causado una gran sorpresa, aunque tras meditar los contenidos parece lógica. En mi modesta opinión, esta es la mayor virtud del estudio. Los autores nos informan que, conforme a sus cálculos (aun con grandes incertidumbres), el 16% del carbono de los suelos del mundo posee origen pirogenético (PyC), lo cual resulta ser una cantidad ingente. Este tipo de materia orgánica del suelo (MOS) se puede generar por incendios naturales, la quema de rastrojos o la producción del ya mentado biochar (en sus diversas modalidades para mejorar las propiedades del suelo, o secuestrar carbono de la atmósfera), de los cuales hemos hablado con profusión en numerosos post de la bitácora. Por tanto, una mirada retrospectiva al papel de la MOS en los suelos y la biosfera adquiere una nueva dimensión, en la cual el fuego se alza como un protagonista de primer orden.

 Los incendios naturales se han producido siempre y ellos dan lugar al carbono pirogenético, como también la quema de residuos agrícolas desde tiempos inmemoriales. Ya hemos comentado estos carbones pirogenéticos se descomponen muy lentamente, actuando como secuestradores de carbono atmosférico.  Más aun, en algunas regiones “el PyC representa hasta el 60% de la materia orgánica edáfica”. ¡Tremendo!. Su mayor abundancia acaece en las regiones tropicales y decrece hacia los Polos. Lo mismo ocurre en los paisajes agrarios respecto a los que atesoran vida salvaje, lo que denuncia el importantísimo papel del ser humano en el secuestro de carbono que atesoran los suelos desde hace miles de años. Eso sí, los autores no nos informan, de lo que ya conocemos sobradamente, es decir que existen PyC capaces de retener agua y nutrientes mientras otros no. Esperemos que su iniciativa nos aclare en los próximos años que porcentaje almacenan los suelos de cada una de restas formas.

 Los investigadores que han publicado el artículo también comentan que: “Los pH elevados, y los suelos ricos en arcilla parecían retener el carbono orgánico pirógeno mejor que cualquier otro tipo de suelo”. Este resultado era de esperar, para todos aquellos que hayan trabajado mínimamente sobre el tema.  De aquí que debamos inferir que la actividad humana ya ha secuestrado de la atmósfera ingentes cantidades de CO2, miles de años antes de que este tema se pusiera de moda, algo así como si estuviéramos descubriendo la dinamita. Como siempre, nos creemos innovadores, cuando en realidad imitamos a nuestros ancestros y su conocimiento campesino (ver los numerosos post al respecto que alberga nuestra categoría: etnoedafología y conocimiento campesino), y con mucha dificultad.

 El estudio ha sido llevado a cabo haciendo uso de minería de datos de investigaciones precedentes publicadas en la literatura, lo cual conlleva ineludiblemente incertidumbres. Ahora bien, como veréis en la noticia original que os muestro abajo (como también en el artículo científico que se encuentra en acceso abierto), se ha liberado una base de datos en acceso abierto que permite obtener tal información, pero también enriquecerla con nuevas contribuciones. Es decir hablamos de una investigación participativa de gran interés. He traducido todo el texto del suajili al español-castellano,  por lo que os dejo sin más con sus contenidos. Buen trabajo. ¡si señor!.

Juan José Ibáñez

veamos pues la noticia……..

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El asombroso misterio del carbón pirogenético (un nuevo biochar detectado entre los pueblos aborígenes de África)

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Carbón pirogenético. Fuente: colaje google imágenes

El título con el que pretendía presentar este post era el siguiente: “El Carbón pirogenético: Los pueblos aborígenes de África lograban mejorar la fertilidad de suelos pobres en nutrientes, alcanzando así una agricultura plenamente sustentable.” Pero realmente, el tema, deprimente en manos de la ciencia actual, resulta asombroso a la luz de la etnoagricultura y etnoedafología. Por esta razón, abajo os he traducido buena parte de la nota de prensa original en inglés, dejando material adicional sobre lo que ahora algunos denominan “pirogenético”. Pero vayamos al meollo del contenido. Ya os hemos hablado en numerosas ocasiones del biochar. En la foto podréis observar cómo ha ido creciendo vertiginosamente el número de artículos que las revistas de prestigio han publicado sobre el tema. Sin embargo, sus propiedades no logran emular las que atesoraban las Terras Pretas (Propiedades y Fertilidad del Biochar). Reitero que abajo tenéis una relación de todo lo publicado en esta bitácora desde que Francisco de Orellana habló por primera vez de ellas, tras su descubrimiento en la desembocadura del “Gran Rio”. El biochar fue desarrollado por los pueblos aborígenes de la Amazonia. Básicamente se trata de un tipo de transformación de la materia orgánica mediante el fuego, y “algo más” (a saber qué), de tal modo que tras añadirse al suelo le otorgaba de una fertilidad enormemente superior a la de los pobres suelos naturales de la región. Y tal enmienda, al parecer, lograba persistir durante cientos y/o miles de años. De este modo, territorios infértiles adquirían una fertilidad pasmosa. La ciencia moderna intenta descubrir el secreto, con vistas a poder obtener con nuestra portentosa tecnología lo que los indígenas hacían sin prácticamente ninguna. Años después, unos investigadores japoneses mostraron al mundo el biochar natural a baja temperatura de las culturas del Nepal. Pues bien, en la noticia de hoy se nos informa que algo parecido ha sido hallado en pueblos aborígenes del oeste de África. ¡Sí1, ellos también transformaban suelos improductivos en altamente productivos sin necesidad de tecnológica, enormes insumos de agroquímicos contaminantes y otras prácticas que a la postre han resultado insustentables. Si logramos esclarecer el secreto de aquellos que han venido denominándose “salvajes” en occidente, alcanzar la sustentabilidad y la soberanía alimentaria a nivel mundial podría considerarse como un objetivo viable y próximo en el tiempo. Varios aspectos resultan asombrosos cuando hablamos de este tema.

¿Cómo es posible que tras casi quince años de intentos para desentrañar tal enigma la ciencia actual sea impotente, con todo nuestro instrumental y bagaje científico?

¿Cómo es posible que se lograra tal hazaña en tres continentes distintos (América, Asia y África) por pueblos que todo indica que jamás mantuvieron comunicación alguna?. Empero un manejo y enmienda semejante dicen que fue practicado en lo denominados Jardines Preuropeos Maoríes de Nueva Zelanda, es decir en Oceanía. De ser así, tan solo en Europa (por lo menos hasta la fecha, según los estudios realizados), sus culturas ancestrales fueron incapaces de fabricar tal piedra filosofal. ¿Quién defiende pues la supremacía aria?

Resulta complicado asumir todo este entramado de hechos y desechos carbonizados.  Aquellos amantes del misterio, siempre podrán apelar a que unos extraterrestres, al ver tanta miseria humana en el pasado, nos ofrecieron este regalito. ¿O realmente  nuestros ancestros lograron de alguna forma, aun por descifrar comunicarse globalmente? De ser cierto todo lo publicado en las revistas científicas,  ¿cómo es posible que este tema no se haya convertido en una prioridad de primer orden mundial? ¿Por qué no se nos despide a todos los agrónomos y edafólogos en vista de nuestra incompetencia?  Un misterio detrás de otro. Una de tres; ¿O somos incompetentes, o somos imbéciles, o la ciencia agronómica actual demuestra ser sumamente ineficiente?.

Os dejo pues con el material nuevo y una relación de los post previos (que no todos) relacionados con el tema……

Juan José Ibáñez 

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El sistema Quesungual en Mesoamérica y el desarrollo sostenible: redescubriendo el pasado

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El sistema Quesungual. Video. Fuente FAO

Hoy hablaremos del denominado sistema Quesungual que ha venido a aportar algo de luz a la agricultura mesoamericana. El sistema Quesungual que no deja de ser una práctica de manejo agroforestal, entre otras muchas.

A lo largo de siglos, la gestión tradicional de los paisajes agrarios solía incluir la presencia del arbolado, o de este último junto al ganado y las principales plantas de cultivo en la zona, cuando no eran de por si policultivos. Ya hemos ido repasando en nuestra categoría “etnoedafología y conocimiento campesinocomo los pueblos Latinoamericanos desarrollaron una impresionante plétora de sistemas de manejo sustentables, entre los cuales la práctica de tala y quema eran uno más, y quizás el peor. Las evidencias constatan que la extensión de este último modo de producir alimentos se expandió, justamente en los últimos siglos, cuando las culturas primigenias dejaron de ser dueñas de su propio destino.   Hace unas décadas, con el apoyo de la FAO, volvieron a introducirse prácticas más sustentables, que no dejan de ser espectros de las que ellos habían utilizado en el pasado.  Aunque debe alabarse la participación de la FAO, también resulta necesario reconocer que se trata del redescubrimiento de la dinamita, una vez más. Viejo vino que se vende en nuevas botellas. Reiteremos por enésima vez que de elaborarse un inventario (libro rojo) de las prácticas tradicionales sustentables de las culturas aborígenes, nos percataríamos que nuestras propuestas “presuntamente originales, dejarían de serlo en la mayoría de los casos. Los europeos destruimos y ahora decimos que redescubrimos y ayudamos a que los pueblos desarraigados. ¡Sin comentarios!  

 El sistema Quesungual que comienza a ofrecer exitosos resultados en Mesoamérica, no deja de ser más que una vuelta hacia el pasado, es decir a los tradicionales sistemas agroforestales y agrosilvopastorales que se usaban en una buena parte de todos los continentes del mundo.

 El sistema Quesungual, parece ir sustituyendo en parte a una práctica actualmente muy extendida, como como los cultivos de tala y quema (chamiceras) que no ofrecen los frutos deseados, pero sí degradan, empobrecen y erosionan los suelos, generando de paso una pérdida de fertilidad. Durante muchos años se nos ha vendido que los aborígenes de Latinoamérica utilizaban sistemáticamente las aludidas chamiceras, cuando en realidad, no fue cierto hasta la llegada de los europeos y el desarraigo y destrozo de sus culturas, y como corolario, de sus sistemas de manejo tradicionales.  Abajo os explicamos, haciendo uso de contenidos de ciertos documentos y páginas Web,  en que consiste el sistema Quesungual así como sus palmarias ventajas sobre los de tala y quema. “nada nuevo bajo el sol”, aunque un método de paliar la pobreza que nosotros mismos, los europeos, indujimos en las américas.  

 Juan José Ibáñez

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Investigación participativa y mapeo de suelos

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Investigación participativa en la Ciencia del Suelo: Fuente: CGIAR

En la  IUSS Alert 30 de agosto de 2015 se comentaba como, en una breve reseña de Nature, un edafólogo defendía en un artículo de Geoderma el valor de la denominada investigación participativa (léase aquella que se elabora con la participación ciudadana) en materia de cartografía de suelos. Y nadie lo duda. Lo que extraña en este caso es que se mencione como una idea novedosa, cuando ya se ha demostrado desde hace décadas, tanto por expertos de la FAO (por ejemplos, algunas disertaciones que escuche personalmente a Seppe Deckers), como por los estudiosos de la etnoedafología de los que ya he hablado en diferentes ocasiones. Ya os lo hemos informado en numerosas ocasiones, por lo que no incidiremos en el tema. Lamentablemente, los amigos del establishment logran publicar lo obvio y consabido como novedad, ya que los editores así se lo permiten, por cuanto un documento así  a la mayoría de nosotros nos los rechazarían, alegando “cualquier argumento que esgriman los adláteres que hacen de revisores”. Y este es el caso que os mostramos hoy. Nature cita un estudio publicado en Geoderma  por Rossiter, (ITC, Holanda), que no es precisamente un experto en el tema, ni mucho menos. Ya tuvimos una agria controversia con este colega en algunos post hace años, cuyos enlaces os dejo al final de este. Se ha demostrado que, con la ayuda de los campesinos, los expertos logran mejorar, no algo, sino mucho, la calidad de los mapas de suelos que actualmente realizamos los expertos. También vimos como la clasificación Maya de los suelos en zonas de Karst era considerada más apropiada y precisa que las taxonomías modernas de la FAO. Por lo tanto, Rossiter no dijo nada nuevo (de hecho aquí hemos defendido la participación ciudadana en la materia antes que él, como otros colegas), nada digno de resaltar que no fuera archiconocido. En ciencias del suelo la investigación participativa se lleva realizando décadas antes de que se acuñara el término. Un ejemplo paradigmático nos lo ofreció Antonio Bello en sus estudios agroecológicos. La novedad en este caso deviene que una revista como Nature, escoja un tema tan poco valorado por esa editorial como lo es el de la cartografía de suelos con vistas a ensalzar el valor de este tipo de ciencia con la participación de los usuarios/ciudadanos/aficionados. Quizás la razón resida en que durante ese años nos encontrábamos en el Año Internacional de los Suelos. Sea como sea, se trata de una referencia bienvenida, aunque me temo que se olvide fugazmente, o que despierte alguna atención. En cualquier caso avala la tesis ampliamente defendida en este blog y por otros colegas que con toda seguridad abundaron en este asunto mucho antes de que al Dr. Rossiter se le pasara por la cabeza. No utilizo la figura del investigador mentado para atizarle personalmente, ya que este tipo de papers, en la actualidad, son de moneda común en todos los ámbitos de la ciencia. Simplemente es lo que hay. Cuando alguien lanza un vocablo con gancho mediático,  la prensa y muchos investigadores parecen tomarlo como el punto cero de una nueva disciplina o línea de investigación. Empero la realidad es muy distinta (el oportunismo mediático distorsiona pues la historia de la ciencia). Sin embargo, si sirve de algo para concienciar a la ciudadanía sobre la vital importancia del recurso suelo. Mirémoslo pues por su lado positivo, ya que el negativo ahí queda. Os dejo abajo el material para que podéis abundar en esta noticia.

Juan José Ibáñez  

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Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?

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Bosque de Lluvia amazónico. Fuente: World for Travel y Descubriendo el pasado de los paisajes y pueblos amazónicos. Fuente: Mail Online

El ser humano ha modelado prácticamente toda la biosfera. Difícilmente podemos hablar de paisajes prístinos, sino culturales, incluso en los bosques tropicales lluviosos de la cuenca amazónica.

La perturbación por la acción del hombre de los ecosistemas forestales ha sido menormente diversa, desde su total erradicación, hasta el incremento de la biodiversidad de los mismos. Así por ejemplo, en la Europa mediterránea, la denominada por Paco González Bernáldez “frutalización” del bosque viene a recordarnos que, a lo largo de la historia las culturas que habitaron en estos ambientes, eliminaron las especies arbóreas que menos les interesaban, preservando las que les ofrecían mayores beneficios, fomentando en los espacios sabanoides resultantes, la creación de pastos y/o policultivos. En consecuencia las masas forestales perdían biodiversidad de las especies leñosas, pero dando lugar a sistemas agrosilvopastorales, que no agroforestales, muy diversificados. En este post mostraremos la asombrosa historia de los paisajes amazónicos en un pasado no muy lejano.

Ya hemos explicado en numerosos post, como conforme a la geoarqueología, etnoagricultura y etnoedafología progresaban, iba poniéndose en duda el mito de la Amazonía pristina, como fue el caso, entre otros, de nuestra entrega dedicada al explorador Francisco de Orellana y la enmienda actualmente conocida como biochar

Willian Baleé (año 2000) explicaba en un interesantísimo artículo publicado en la Revista Mundo Científico, como a la hora de comprender la biodiversidad del Amazonía se ha soslayado el factor humano, es decir el papel de sus pueblos indígenas con vistas a fomentar la biodiversidad que hoy observamos, y que incluso podría ser mayor de la acaecida hace siglos tras la desaparición/desorganización de muchas de aquellas culturas. Los pueblos aborígenes amazónicos cultivaron extensas superficies de la cuenca amazónica, desde hace al menos 6.000 años, siendo la domesticación de especies, la formación de campos elevados y la creación de suelos antrópicos sobre ellos, prácticas muy comunes que terminaron por aumentar la biodiversidad. Como mínimo,  muchos de los puntos calientes o hotspots de biodiversidad de esta región aparecen sobre antiguos suelos antrópicos, sitos en campos elevados. Hablamos de lo que se ha denominado agricultura forestal, y que tiene que ver con el concepto de reservas extractivas, puesto de moda durante la última década del siglo XX. Se supone que durante los recorridos y cambios de asentamientos, aquellos pueblos indígenas llevaban consigo ciertas especies de cultivo (u otras con distintos fines, como para la obtención de ciertos medicamentos, fibras, etc.). Tales semillas debían ser sembradas tras desbrozar parte de la vegetación natural, aunque dejando intacta en su mayoría. Del mismo modo, o en combinación, los campos elevados resultaban ser nuevos hábitats originados por el hombre, con vistas a mantenerse fuera de los estragos de las inundaciones estacionales de los caudalosos ríos, típicos de la región. Ahora bien, posiblemente también tuvieran cabida algunos manejos que erradicaran toda la cubierta arbórea. Lo mismo puede decirse de las chamiceras, si bien su extensión parecía ser mucho menor que la que se produjo tras la denominada colonización.

Reiteramos que en el mentado artículo se menciona como muchos puntos calientes de biodiversidad se ubicaban en enclaves elevados (frecuentemente con obras para favorecer el drenaje) cuyos suelos se habrían formado por la progresiva acumulación intencional de materiales ricos en carbono orgánico (Antrosoles). Por tanto, las remociones de suelo para formar hábitats no inundables permitían que los asentamientos y los cultivos más importantes no terminaran por ser sumergidos o dañados. Se trata de un tema que aún sigue siendo motivo de debate, aunque, como veremos a continuación, se acumulan numerosas evidencias a favor de que la cuenca amazónica resultaría ser un paisaje cultural y no un paraíso prístino.

Más allá del Jardín del Edén    

Recientemente, nuestro colaborador Régulo León Arteta, me envió un trabajo recientemente aparecido en una revista de las denominadas de prestigio, publicado por investigadores brasileños que ponía cabeza abajo y patas arriba hasta las perspectivas más osadas sobre la naturaleza prístina/cultural de la región amazónica en su sentido más extenso (incluyendo desde el Orinoco hasta la  parte norte de la América Austral, etc.). Tal material se encuentra en acceso abierto, por lo que al final de este post os dejo el enlace con vistas a que lo podáis leer con detenimiento. Clement y colaboradores, el año de gracia/o desgracia de 2015, parecen demostrar, haciendo uso de una bibliografía extensísima, una perspectiva diametralmente opuesta a la que sostenía la naturaleza prístina del paisaje amazónico. Según estos autores, desde el Holoceno medio, los pueblos indígenas de esta maravillosa región comenzaron a desarrollar una agricultura que, a la postre, culminó en una insospechada hasta ahora revolución agraria y cultural, que dista mucho del panorama que han venido ofreciendo, tanto  la prensa científica como la divulgativa. Y así se culminó con una estructuración político-social de gran alcance que vinculaba a diversos pueblos aborígenes de etnias distintas. En consecuencia, el Amazonía debiera entenderse como un paisaje cultural y centro de domesticación de diversas plantas y animales, en cuya transformación intervinieron numerosos pueblos (pertenecientes, entre otras, a las familias lingüísticas Arahuaca, Pano, Tupi-Guaraní, Caribeñas y Tipití). De nuevo, según estos autores, aquellos paisajes culturales debían/podían alimentar a bastantes millones de personas, estando repletos de los más diversos tipos de gestión del suelo y el vuelo. La extensión de las terras pretas llegó a alcanzar el 3,2% del territorio, aunque  también crearon otros suelos antrópicos con menor contenido de materia orgánica, obras hidráulicas, canales, lagunas con fines piscícolas, extensas redes viarias que facilitaban los intercambios comerciales y un largo etc. Si bien los asentamientos más sofisticados bordeaban las grandes arterias fluviales, no es menos cierto que otros de menores dimensiones alcanzaron los interfluvios de las cuencas de drenaje. La gestión del territorio, como también acaeció y aun lo hace en otras muchas culturas y regiones del mundo, era de naturaleza centrípeta, es decir cerca de las aldeas se ubicaban los cultivos más productivos (sobre los suelos antrópicos más oscuros por su enriquecimiento en carbono), siendo la gestión más laxa (y menores las enmiendas de materia orgánica aplicadas al medio edáfico), conforme se alejaban del poblamiento.  De hecho, la Península Ibérica y otros paisajes los paisajes culturales atesoran estas mismas y lógicas características.

Continúa……..

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Sostenibilidad y Conocimiento Campesino en África (El Papel de las Creencias Religiosas)

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Liberia paisaje Rural. Fuente: TRIP DOWN MEMORY LANE

Cada vez disfruto más al leer artículos sobre etnoedafología y etnoagricultura. Y siempre extraigo la misma conclusión. Los pueblos aborígenes sabían sobradamente como desarrollar una agricultura sustentable de bajos insumos en los más dispares biomas y ambientes. En contrapartida, la agricultura industrial moderna, va en la dirección opuesta, contaminando, degradando y ofreciendo pan para hoy a costa de perderlo mañana. Hoy nos vamos a Liberia, con vistas a examinar las la agricultura tradicional de los Loma. Cuando ya había traducido la nota de prensa de ScienceDaily que os muestro abajo, he topado con que en la página Web Tendencias 21, la escritora, poeta y editora Yaiza Martínez había llevado a cabo tal labor. Más aun, también amplió la noticia, desde una perspectiva muy interesante. Debemos agradecer a la canaria Yaiza, un trabajo bien hecho, en el cual clarifica como las creencias de los pueblos aborígenes, sus religiones/tradiciones, resultaban muy útiles con vistas a mantener la mentada sostenibilidad, no tan solo entre los Loma sino también en otras etnias repartidas por el mundo. No debemos extrañarlos que tales aspectos religiosos transmitidos durante generaciones tuvieran un origen ancestral, en el cual lo religioso, incluidos mitos y tabúes, esconden contundentes razones ecológicas y agrarias, entre otras. Tal hecho también ocurre en nuestra traducción Judeo-cristiana.  Yaiza no menta las múltiples prácticas semejantes que acaecen en las culturas latinoamericanas precolombinas, que ya os he expuesto en numerosos post, aunque da cuenta de otras que personalmente desconocía. Seguidamente he ojeado por encima las investigaciones que lleva a cabo el primer autor del estudio que analizamos hoy, el Dr. James Fraser.

James va muy bien encaminado, al relacionar los descubrimientos en Liberia con las terras pretas do indio, cuyo misterio sigue oculto en la cuenca amazónica. Del mismo modo, este investigador se asombra como yo, de la enorme cantidad de culturas aborígenes que descubrieron la bondad de gestionar el suelo con biocarbones, llagando a conjeturar si puede considerarse un descubrimiento inevitable para la mayoría de los pueblos neolíticos del mundo. Os he mostrado ya evidencias de ello, como cuando hablé de las culturas campesinas del Nepal. También los mayas preservaban bosques vírgenes por sus creencias, al igual que los Loma liberianos. Podemos seguir detallando coincidencias pero no es el momento.  

Los Loma también crearon suelos antropogénicos mucho más fértiles que los naturales de la región.  Como en otros casos, apelaron a sus rituales y creencias con vistas a no devastar el paisaje, ya que los bienes materiales no pueden anteponerse a la sostenibilidad de sus prácticas y cultura.

Resulta inevitable, comparar muchas de estas prácticas de gestión del suelo con la moda del biochar, como James también hace. Ahora bien. repetimos que las investigaciones sobre estos últimos biocarbones, debidas a la maldita moda de la investigación translacional, no están llegando a buen puerto. Fíjense en los materiales que añadían “los loma” cotidianamente para “fabricar” sus antrosoles: materia orgánica fresca y carbonizada, incluyendo el estiércol, huesos, cenizas, carbón y cerámica. Es decir los biocarbones por si solos no son suficientes, sino un elemento que ayuda a mejorar la estructura del suelo, que no su fertilidad química directamente.  Esta última era promovida mediante otro tipo de enmiendas.

Finalmente me ha llegado a intrigar que, con biocarbones o no, la extendida costumbre de añadir restos de cerámica a los suelos de cultivo, por una enorme cantidad de pueblos aborígenes. No he detectado ningún estudio que analice el papel de estos artefactos culturales, pero tanta ubicuidad no pare ser fruto de la mera casualidad.

Os dejo seguidamente y por este orden, mi traducción personal de la nota de prensa de ScienceDaily, esta última y finalmente algunos de los fragmentos publicados por Yaiza Martínez para Tendencias 21. Y lo dicho, tecnológicamente el ser humano a logrado grandes proezas pero en materia de sostenibilidad, pero al parecer vamos para atrás como los cangrejos.

 Juan José Ibáñez

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El pueblo Quilmes y su herencia Incaica: Gestión de suelos y cultivos

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Ruinas Quilmes. Fuente: Tucumán Una Provincia Argentina Llena de Cultura

 Dedicado a nuestra amiga Rosa De Lima Holzmann

Hace unas semanas, Rosa De Lima Holzmann, una buena amiga del blog y ahora mía, nos envió un texto que explicaba sucintamente las prácticas y manejos de suelos del pueblo Quilmes (sí, ese que nos es muy conocido por una marca de cerveza argentina). Más concretamente me refiero a este documento: Los indígenas quilmes redactado por Carlos Eduardo Solivérez. Hasta el norte de Argentina alcanzó, como veréis, el  Imperio incaico, poco antes de la llegada de los europeos a las Américas. El sencillo texto redactado por Carlos Eduardo Solivérez, merece la pena leerse en su totalidad. Se encuentra en acceso abierto, pinchando en el primer enlace. Abajo os sintetizo un poco el contenido más relacionado con la agricultura y los suelos, y obviamente con sabor de las prácticas tradicionales Incas. Gracias a Carlos por ello.

Sin embargo, antes de comenzar, me gustaría compartir dos reflexiones con vosotros. La primera estriba en la cruel práctica de los imperios, incluyendo a los Incas, de doblegar y someter a los pueblos conquistados desarraigándoles de sus tierras y  llevándoselos a otros lares. Está práctica, desgraciadamente muy común,  se ha realizado hasta el siglo XX. La reciente guerra de los Balcanes fue fruto, en buena parte, de tal deplorable modo de proceder.

Resulta intrigante, y algún día la ciencia dará buena cuenta de este enigma, que ni en el caso de las civilizaciones Incas, y Mayas, se hayan encontrado restos de algún tipo de representación espacial, es decir de mapas en su sentido más amplio.  No se pueden controlar las vastas extensiones imperiales sin un profundo conocimiento del espacio y ubicación de los terrenos bajo sus dominios.   Francamente se me antoja inconcebible. Si leéis detenidamente el texto Carlos Eduardo Solivérez, posiblemente comencéis a entender el dilema y vislumbrar algo más allá. Fijaros bien cuando habla de caminos y postas o tambos. Personalmente he leído muchos textos en donde se habla de petroglifos, a menudo esparcidos por los bosques de LA (al margen por supuesto de las inscripciones que abundan en grandes urbes de aquellos pueblos). Estos, suelen atribuirse a enterramientos y otras prácticas culturales. ¿No podrían ser, algunos de ellos mapas o croquis para ir de un tambo a otro?. Una idea, que no alcanza ni el estatus de conjetura, pero ahí la dejo, ya que el significado de la mayor parte de los petroglifos de las civilizaciones mentadas sigue siendo desconocido.

Vamos pues a informarnos brevemente acerca estás prácticas Quilmes/Incaicas de la mano de Carlos Eduardo Solivérez

Juan José Ibáñez

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Los Jardines Preuropeos Maoríes de Nueva Zelanda, sus Antrosoles, manejo y biocarbones (Biochar)

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Paisaje Agrario Maorí. Fuente:Ministry for Culture and Heritage

Ya os comentamos en un post anterior como la llegada de los Maoríes a Nueva Zelanda transformó sus paisajes prístinos, si bien, poco añadimos acerca de su agricultura (“Culturas Aborígenes, Paisajes, Incendios y Suelos. El Pueblo Maorí en Nueva Zelanda“). Recientemente El European Journal of Soil Science ha publicado un monográfico sobre el biochar o biocarbón, que como muchos de vosotros sabéis, comenzó a investigarse fanáticamente a partir de su descubrimiento en las Terras Pretas do Indio amazónicas, de las que tanto os hemos hablado. Los contenidos de este número especial son sorprendentes reveladores, por lo que merecen abordarse en un post aparte, con tintes que no se si calificar como sociológicos o psicológicos. A pesar de todo, existen algunos artículos que como el que da lugar a este entrega, atesoraban un contenido interesante. Se trata del manejo de suelos en los denominados Jardines Maoríes Preuropeos. Hablamos de la gestión que la cultura maorí hacía de sus suelos agrarios con vistas a la producción de cultivos. Abajo os muestro un material relativamente abundante escrito a toda velocidad, por lo que contendrá algunos errores, especialmente dada la premura en su traducción/redacción. Pido disculpas por ello. Tan solo exponeros antes unas breves líneas centradas principalmente en los aspectos etnoedafológicos que considero más relevantes, entre el material leído.  

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Recreación de los Jardines Maoríes: Fuente: Chris Gregory’s Alphathreads

Al parecer, El Pueblo Maorí atesoraba sorprendentes conocimientos de los suelos que aún perviven en su lengua. Del mismo modo, discernían entre diferentes tipos de suelos. La gestión de sus cultivos incluía principalmente el trasporte de arena y gravas a sus parcelas, pero también las enmendaban con limo, arcillas, conchas (carbonatos) materia orgánica carbonizada (es decir utilizaban biocarbones), etc. Por lo que se sabe. su sistema de manejo incluía sutilezas como la de cubrir el suelo con una especie de mulching, con vistas a que la cobertura superficial no fuera presa de la erosión eólica. De este modo modificaban sus suelos antropogenéticamante hasta el punto de que algunos autores los han clasificado en dos tipos diferentes de Antrosoles  Plágicos (plagen, plácico). También construían montículos en donde depositaban las semillas de las especies a cultivar, principalmente batata. En una de las fuentes consultadas se menta que, por sus tradiciones y tabúes, no podía añadirse abono orgánico sin tratar . Así pues, la gestión de los jardines Maoríes, al parecer contemplaban procedimientos que hoy se consideran modernos ya que las gravas, el mulching y las enmiendas precocinadas (como los biocarbones), (…) Jardines Maoríes resultan ser otro ejemplo, del ingenio de los primeros agricultores o cazadores/recolectores/agricultores que muestran como la agricultura nació ya con su vista puesta en el suelo.

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Recreación de algunas prácticas Maoríes del Manejo del Suelo. Fuente:  Mike Burtenshaw The Open Polytechnic of New Zealand

Tan solo señalar adicionalmente que (i) los análisis realizados sobre aquellos biochar constatan su recalcitrante composición y dificultad para  biodegradarse (algo bastante natural cuando la materia orgánica es carbonizada, como ocurre tras un fuego natural); y (ii) que ya se han detectado la adición de biochar indígena en tres continentes, como lo son: América del Sur (la Amazonía), Asía (Nepal), y ahora vemos que también en Oceanía. Seguro que con el tiempo irán saliendo a la luz otros muchos ejemplos. Os dejo con el material recopilado y traducido apresuradamente (so pena de eternizarme), pidiendo de antemano disculpas.

Juan José Ibáñez

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Antrosoles de los jardines Maoríes. Fuente Nelson Mail

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