Suelos Zonales, Azonales e Intrazonales

La idea de agrupar los suelos en tres categorías: zonales, intrazonales y azonales viene de lejos y durante mucho tiempo ha formado parte de la teoría edafológica. De hecho a nivel de enseñanza tal clasificación sigue siendo útil.  Ya en la década de los 80, tal conceptualización, inicialmente usada como una categoría en los niveles más altos de algunas clasificaciones de suelos, comenzó a ser desacreditada. En mi opinión, tal conceptualización sigue teniendo aspectos muy positivos, pero más en geografía (edafogeografía) que en la propia clasificación de los edafotaxa.

 

Lo que ocurrió, como en otros muchos casos (tal como el ciclo de denudación continental de Davis en geomorfología), es que se abusó en demasía de este esquema con vistas a explicar la distribución de los recursos edáficos en el mundo. Sin embargo, dado su interés, exponemos aquí que significa zonalidad, azonalidad e intrazonalidad. Se trata de una nota sencilla expresamente redactada para los estudiantes que siguen asiduamente nuestra weblog. En otro post que seguirá a este, describiremos una versión moderna y cuantitativa que este administrador y otro autor americano han venido elaborando independientemente en los últimos años.

 

Como mentamos en la introducción, considero que la aproximación es válida, a pesar de su antigüedad. La crítica mayor que ha recibido por parte de varios expertos concierne al excesivo énfasis que da al clima, cuando otros factores también son de gran importancia en geografía de suelos. Os reproduzco aquí unas definiciones sencillas que aparecen en la siguiente página web. En este enlace también aparecen tablas muy didácticas, como la descripción de los diferentes tipos de suelos según las clasificaciones de la FAO y de la USDA Soil Taxonomy. Estos son agrupados, de acuerdo al criterio mencionado en las clases zonales, azonales e intrazonales. Sin embargo, advertimos que tales tablas son cuestionables, o como mínimo anticuadas. Por ejemplo la USDA ST actualmente incluye 14 Órdenes de suelos, mientras que en la tabla tan solo aparecen 10. A pesar de todo los criterios y las tablas son ilustrativos para los que pretenden iniciarse en el conocimiento de las ciencias del suelo. Así, pues, en enlace mencionado puede leerse:

 

Es frecuente realizar una primera agrupación en función del factor o factores predominantes en su desarrollo. Así, se distingue entre:

 

1.        Suelos azonales: corresponden a suelos inmaduros, que se encuentran en las primeras etapas de su desarrollo por no haber actuado los factores edafogenticos durante el tiempo suficiente (aclimácicos), en los que los caracteres predominantes son los debidos al tipo de roca madre. Son los presentes por ejemplo sobre sedimentos recientes (alóctonos), desiertos, suelos helados. Escaso o nulo desarrollo y diferenciación de horizontes.

2.       Suelos intrazonales: son los desarrollados bajo condiciones en que predominan los factores edafogenéticos pasivos, como roca madre, pendiente, acción humana,… Son suelos aclimáticos, ya que el factor clima no es determinante en su formación, y ( climácicos).

3.       Suelos zonales: desarrollados bajo la acción de los factores activos de formación del suelo, en especial el clima, durante el tiempo suficiente. Son, por tanto, climácicos y climáticos. Se trata de suelos Existen numerosos sistemas de clasificación, entre los que hay que destacar:

 

Thorp, Baldwin y Kellog (1938,1949). Distingue tres órdenes: suelos zonales, intrazonales y azonales, y, en cada uno de ellos, subórdenes y grupos. En esta clasificación se basan las más utilizadas tradicionalmente, como la tabla, muy resumida siguiente:

 

El autor se refiere a versiones antiguas de la USDA-Soil Taxonomy

 

Como veis se habla de clasificación de suelos del susodicho enlace, antiguamente las clasificaciones de suelos se basaban mucho en los denominados factores formadores del suelo propuestos por Jenny. Desde hace décadas, las taxonomías de suelos se basan en las propiedades intrínsecas de los pediones o perfiles analizados, y no en la impronta que sobre ellos tienen los mentados factores formadores, por mucho que ambos criterios se encuentren estrechamente vinculados.

 

En otra contribución, veremos como tal caracterización puede ser válida, con ciertas modificaciones. Más aun, hemos desarrollado una metodología cuantitativa que permite analizar el grado de zonalidad. De hecho, solo consideramos tal grado de zonalidad como amplitud de distribución geográfica, con independencia del clima y otros criterios. Podría hablarse así de (i) suelos genuinamente zonales, (ii) de distribución geográfica restringida (que a su vez puede subdivididse tanto como se quiera), y (iii) de suelos endémicos (también susceptible de clasificados en subcategorías), La ventaja de nuestra aproximación estriba en que puede utilizarse para áreas geográficas restringidas, con independencia de su extensión, cosa que no ocurre con la clasificación previamente mostrada y que se utilizaba, por ejemplo, en la antigua clasificación americana de suelos. De hecho el concepto de zonalidad es tan antiguo como la propia edafología y procede de sus fundadores rusos.

 

Juan José Ibáñez

 

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