Historia de las Especias Invasivas o Invasoras: Dos Caras de la Misma Moneda (las Lombrices de Tierra a la Conquista del Nuevo Mundo)

Permitirme que para comenzar este post os escriba una historia, tal como la recuerdo (aunque no sé quien me la narró, o a donde la leí). Seguidamente pasaremos a los hechos. Érase una vez que los colonos llegados a un nuevo mundo (léase Nueva Zelanda) intentaron generar pastos para el ganado ovino (más concretamente la oveja merina). También aterrizaron con tréboles para mejorar los pastos. Empero el sistema no funcionaba. La materia orgánica no se descomponía bien, por lo que la producción de la pastura era escasa. Aunque aquellas lejanas tierras atesoraban multitud de lombrices de tierra, no eran las mismas que las de su tierra natal. A uno de aquellos intrépidos colonos se le ocurrió introducir sus lombrices patrias y al cabo de algunos años todo cambió para bien, es decir en su beneficio. A la postre, durante siglos se convirtieron en los principales exportadores de lana en el mundo. Aquel insignificante bichito del suelo lo cambió todo y para siempre. Y “colorín colorado, este cuento se ha acabado. Ahora intentemos reconstruir parte de la historia.   

Pastos de nueva Zelanda Fuente John Banagan 

Pastos de Nueva Zelanda con ovejas Merinas Fuente: John Banagan

Una de las modas de la ecología actual se centra en el estudio de las especies invasivas o invasoras, así como de los serios daños que pueden llegar a ocasionar. Unas veces son introducidas intencionalmente y otras no. Y no es para menos tal preocupación. La globalización se encuentra generando un enorme trasiego de especies desde sus lugares de origen a otros en donde, a menudo, causan estragos medioambientales. Sin embargo, no se trata de ninguna novedad. Cuando un pueblo invade nuevas tierras e impone su cultura, no suele llegar con las manos vacías, sino que arrastra consigo parte de su acervo cultural. Dentro de este último, deben incluirse varios animales y  plantas para la gestión agraria y ganadera, al margen de gérmenes patógenos que afectan a las culturas aborígenes, tanto como a su biota.  Siempre ha sido así. Como corolario, las especies invasivas o invasoras has existido desde tiempos inmemoriales. Los humanos adultos, son como niños, lo cambian todo de sitio. Va con nuestra naturaleza. Sea por la razón que sea, en Oceanía, y más concretamente en Australia y Nueva Zelanda existen, muy bien documentadas,  historias de los más variados dislates que el hombre ha generado con el mentado trasigo de especies. Posiblemente la razón estribe en que la mayoría de tales acontecimientos son bastante más recientes que los de otras colonizaciones precedentes, por cuanto hablamos del siglo XIX. Si uno se adentra en esta materia comprobará pronto porque los paisajes actuales de aquellas tierras se asemejan muy poco a los que encontraron sus pioneros occidentales al poner pie a tierra por primera vez.  La civilización actual no ha cambiado nada, de ahí que las fechas que se intentan fijar para ese nuevo periodo geológico al que algunos intentan denominar Antropoceno se me antoje un puro dislate, como ya os he comentado en post precedentes.

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Bosques naturales, Nueva Zelanda. Fuente: Giant Bomb

Como os he comentado, no recordaba el origen de esta historia, a pesar de que deseaba escribir un post sobre ella. Me encontraba escribiendo una serie de post sobre esos fantásticos ingenieros del suelo que resultan ser las lombrices de tierra, cuando en uno de los artículos consultados apareció un comentario al respecto. En consecuencia, me puse rápidamente a rebuscar en Internet. Tras varias horas el lío era descomunal. Eso sí, la base de nuestro cuento parecía estar bien fundada, que no así los detalles. Sin embargo, por mucho que he buscado, no le logrado rehacer la narración original. A pesar de ello, he compilado abundante información adicional.

Podemos comenzar la historia por el final, para que tanto los que desconocen el idioma del imperio (el suahili o neozelandés¿?), como los más jóvenes, no se impacienten. Los pastizales y prados de Australia y Nueva Zelanda, no hubieren sido rentables de no haberse incluido en la ecuación la lombriz de tierra. Las ovejas y el trébol, por si solos, no eran capaces de convertir aquellas tierras desconocidas en inmejorables paisajes pastorales. Tuvimos que llevar también ingenieros del suelo, pero no de los que cultivamos en nuestras universidades, sino los que habitan desde hace millones de años en Europa, bajo nuestros pies. Por tanto esta historia termina bien para el ser humano, como algunas otras, aunque la mayoría deninieron en puros desastres ecológicos.

Vayamos por partes. Al leer el artículo de Yolmar Ríos que os incluyo abajo, observaréis que su experta narración concuerda a la perfección con la esencia del cuento. Ahora bien, no he logrado averiguar si introdujimos las lombrices europeas intencionada u accidentalmente. En el ciberespacio no he logrado encontrar documentación interesante en español-castellano, a excepción del magnífico trabajo iniciático de Yolmar. Por tanto, me vi obligado a buscar en inglés. Al fin y al cabo, resulta ser la lengua de los colonos anglosajones en nueva Zelanda. Ya os narré la historia del pueblo Maorí y sus paisajes ¿semiprítinos?  (por cuanto tampoco eran almas ambientalmente piadosas que vivieran allí desde siempre, sino que también introdujeron especies y transformaron el paisaje prístino de aquellos lares poco antes de que arribaran los colonos occidentales). Pero ni aun así.

Sin embargo, cabe señalar, que de una u otra forma, lo mismo ocurrió en América. Las lombrices europeas mejoraron los pastos del nuevo mundo, ya fuera intencional o accidentalmente. Dicho de otro modo, una buena parte de las tierras con pastos del mundo sufrieron tal invasión de gusanos benefactores. Ya era hora que al menos algo procedente de Europa ayudara también a los pueblos aborígenes de los nuevos mundos, para variar. Abajo os ofrezco todo tipo de detalles concatenados. Cada uno de ellos comienza con títulos o palabras enlazadas a los documentos de los que extraje algunos párrafos.

Eso sí, ya en tiempos más recientes, las arrinconadas lombrices de Oceanía (por cuanto también muchas especies desaparecieron o fueron relegadas por las europeas a unos pocos hábitats, como también les ocurrió a los Maoríes) lograron fraguar su venganza. Ya sabemos lo que dice el refrán: “la venganza debe servirse en plato frió”. Pues bien, resulta que, ciertos países, del hemisferio norte (fundamentalmente) ahora se encuentran preocupados, a causa de que las provenientes de las antípodas han invadido ciertos ecosistemas generando “al parecer” daños ambientales. Pero ese es otro tema. Os dejo pues con todo lo que he considerado que podría ser de alguna relevancia a los interesados en aprender un poco más, eso sí con conocimientos de inglés. No os indigestéis, el núcleo de la historia ya lo he narrado. Del mismo modo, ya hemos editado cinco post sobre las extraordinarias virtudes y algún que otro defecto (para los intereses del hombre) de esos extraordinarios gusanos del suelo a los que denominamos lombrices de tierra. El anexo que abajo expongo, ha sido obtenido esa “novedosa técnica informática, que se ha convenido en denominar minería de datos (data mining). La única diferencia estriba en que, personalmente, he utilizado redes neuronales de carbono (las de mi cerebro) en lugar de las de silicio (de los PC), mucho más pedestres.    

Juan José Ibáñez

Importancia de las lombrices en la agricultura por Yolmar Ríos S.; Universidad Centroccidental “Lisandro Alvarado”. Decanato de Agronomía. Cátedra de Zoología Agrícola. E-mail: yrios@ucla.edu.ve.

En Nueva Zelanda, la introducción de lombrices en pastizales logró un incremento considerable en la calidad y cantidad del forraje cosechado (…).

La introducción de especies apropiadas de lombrices o el estimulo de las poblaciones naturales a través de la adición de enmiendas convenientes pueden incrementar la tasa de mejoramiento y formación de estructura del suelo.

La introducción de una especie europea en pastizales en Nueva Zelanda y Australia, incrementaron en gran medida la estructura del suelo y la productividad de las plantas.

Algunas experiencias exitosas en la introducción de lombrices en zonas mineras en recuperación han tenido efectos positivos sobre el desarrollo estructural del suelo, ciclo de nutrientes y productividad (Hoogerkamb etal. 1983). A nivel nacional se viene trabajando con la introducción de lombrices en la recuperación de suelos contaminados con hidrocarburos.

De acuerdo a Wikipedia: La clase Oligochaeta agrupa a muchas familias de gusanos acuáticos, pero sólo a dos terrestres: los Enchytraeidae y los Megascolecidae. Esta última incluye a la mayor lombriz de tierra existente, Megascolides australis, típico de Gippsland, Victoria, que posee una media de 80 cm de longitud, pero algunos ejemplares alcanzan los 3,7 m. 

 

ROL DE LAS LOMBRICES (OLIGOQUETOS) EN EL ECOSISTEMA PRATENSE. PRIMERA CLASIFICACIÓN DE LA POBLACIÓN DE LA DÉCIMA REGIÓN

Marta Alfaro V., Juan C. Dumont L.,  Mónica Santelices S.,

“Nueva Zelanda encontró poblaciones de entre 683 y 1067 individuos/m2”.

Allolobophora caliginosa

Esta especie se encuentra prácticamente en toda clase de hábitats, particularmente en suelos cultivados, parques, jardines, pastizales, también en ríos embancados y limos, arena y grava. A menudo, es numéricamente dominante en pastizales. Se le puede encontrar en localidades muy secas así como también en zonas húmedas. Generalmente no está presente en suelos ácidos, ya que es ácido intolerante. Es una especie muy “productora de humus” y juega un pequeño rol en la transformación de las hojas.

Distribución

Dispersa en muchas partes del mundo donde generalmente reemplaza a las especies nativas especialmente en pastizales, siembras de cereales y jardines pero raramente bajo vegetación nativa. Ej.: India, Australia, Nueva Zelanda. Esta especie deposita sus deyecciones en la superficie del suelo.

Lumbricus terrestris

Habitat

Casi puramente terrestre. Se encuentra en jardines, suelos arables y pastizales

y bosques. Especialmente abundante en suelos arcillosos. Junto con Allolobophora longa, esta especie forma los agregados de mayor tamaño. Toma los alimentos desde la superficie y los arrastra hasta sus largas galerías

en donde sufren un proceso de descomposición bacteriano, antes de ser ingeridos. Deposita sus desechos en la superficie del suelo.

Distribución

Es una especie que se encuentra en toda Europa, Madeira, Azores, Norte América, Islas Falkland y Nueva Zelanda. Es una especie introducida y de amplia distribución en Chile.

Lumbricus rubellus

Habitat

En lugares húmedos y ricos en materia orgánica. A menudo abundante en parques, jardines, pastizales, bajo piedras, musgos, hojas caídas y cúmulos de guano. Esta especie forma pequeños agregados en el interior del suelo, siendo difícil encontrarla aislada. Muy activa.

Distribución

Especie introducida en Chile, de amplia distribución. Ej.: esparcida en toda Europa, Siberia, Turquestán, India, Norte América, Nueva Zelanda y Australia.

Allolobophora chlorotica

Habitat

Se encuentra en diferentes hábitats. Por lo general es numéricamente dominante en tierras arables y pastizales, común entre o cerca de las raíces de las plantas. Se las encuentra en hábitats con amplio rango de humedad: en suelos húmedos, en pozas y lagos.

Distribución

Presenta una amplia distribución natural, pero también ha sido introducida en distintas partes del mundo como Chile. Es conocida en toda Europa, Siria, Azores, Canarias, Bermudas, América del Norte, América del Sur y Nueva Zelanda.Una particularidad de la especie es el hecho de que cuando se las perturba reacciona enrrollándose, pero no escapa. Su coloración muchas veces es verdosa debido a un pigmento de la musculatura estriada.

Earthworms in New Zealand
New Zealand has at least 171 species of native earthworms and 23 non-native species. Scientific knowledge is continually improving; the current known species are:

  • 123 species of Acanthodrilidae, two introduced (non-native)
  • 53 species of Megascolecidae (three introduced)
  • 17 species of Lumbricidae (all introduced)
  • one species of Glossoscolecidae (introduced).

Several native species grow to 30 centimetres or more. The longest, Spenceriella gigantea, grows to 1.3 metres.

Distribution

Although once widespread, today New Zealand’s native earthworms are mostly confined to areas where the soil is disturbed less often – forests, old gardens, hills and mountains. There are 36 known native species that live in forest litter. Seven species have been recorded from Stewart Island.

Lumbricids: introduced earthworms.

 Earthworms known as lumbricids arrived with European settlers in the 19th century. They were generally brought by accident, among plants, or in the soil used as ships’ ballast. This was offloaded at the ports, and the worms gradually spread outwards. Some farmers, after seeing the benefits, introduced earthworms to their land.

Aporrectodea caliginosa, probably New Zealand’s most common lumbricid, also dwells in topsoil. During summer it aestivates (the equivalent of hibernating in winter) – often about 30 centimetres below ground.

As native forest has been replaced by exotic plants and farmland, introduced species have come to dominate. Some are widespread, probably through deliberate introduction from overseas or locally, or from being carried on machinery or produce.

 Weight and number of earthworms

In native forests the weight of earthworms has been found to be greater than that of all other animal groups in the area, including birds and mammals.

 In grazed, fertile pastures the earthworm weight may also exceed that of the grazing animals. The mean weight of earthworms in some of New Zealand’s best agricultural soils ranges from about 640 to 3,000 kilograms per hectare. Compare this with 15 sheep per hectare, weighing about 800 kilograms in total.

There may be up to 1,000 earthworms per square metre, or 10 million per hectare. Numbers are at a maximum in spring, and are usually lowest after summer droughts.

 In less intensively farmed and less productive hill country, there may be only a few hundred worms per square metre, including a few native species such as the large Octochaetus multiporus. Of course, the number and weight of grazing animals on hill-country pasture is also less.

EARTHWORMS AND THE DECAY OF PLANT LITTER AND DUNG-A REVIEW

K. P. BARLEY*

 Where exotic herbage plants are grown in southern Australia and New Zealand, European lumbricid worms are often numerous. They tend to replace the indigenous earthworm species (Miller, Stout, and Lee 1955), as well as other litter feeders such as the Termitidae that are adapted to the natural grasslands.

 Earthworms are abundant not only in moist localities, but also under annual pastures in areas where they have to survive dry summers. Although some species tunnel into the subsoil to avoid drought, the more commonly found lumbricids remain in the dry top soil where they survive the loss of three quarters of their water content. At the other extreme, prolonged flooding causes death, but earthworms tolerate short periods of flooding, and very large numbers are found under pastures irrigated by flood methods. (…)

 (…) At Hindon, New Zealand, the introduction of the lumbricid, A. caliginosa, into sown pastures has led to the mixing of lime and litter lying on or near the surface with the top 6 in. of soil (Stockdill 1959). On the Riverine Plain in Australia it has been found that a mat of leaf litter and dung accumulates when dry grasslands are first irrigated and sown with exotic pasture plants. The endemic fauna that incorporates litter does not appear to be effective on the irrigated pastures, and it has recently been shown (Barley and Kleinig 1964) that the establishment of a dense population of A. caliginosa leads to the disappearance of the mat. As the mat contains as much as 130 lb/acre (147kg/hectare) of nitrogen in organic forms, there will be much interest in measuring any change in mineralization rate that may accompany earthworm activity.

 Bornemissza ( 1960) drew attention to the long period-six months or more-during which dung pads remained on top of the ground at Boolarra, Victoria. He suggested that the endemic coprophagous insect fauna was not well adapted to the dung of introduced livestock, and that the introduction of new scarab species might lead to more rapid incorporation of the dung. In the present stage of knowledge a broad view of any possible deficiencies in the Australian invertebrate soil fauna is desirable, and observations should not be confined to one or two families of soil animals.

We have seen that the direct effects of earthworms on decay are small, but the indirect effects may sometimes be large. We should also consider the amount of nutrients that may be incorporated in or released from body tissue when the animals increase or decrease in weight. As the total nitrogen content of the soil fauna in temperate grasslands is of the order of 50 lb/acre (57kg/hectare), such changes may not be entirely negligible in relation to amounts of nitrogen available for pasture growth.

 V. EFFECTS ON PASTURE PRODUCTION

Where earthworms are absent or few in number, it will usually be found that the soil is not suitable or that there is insufficient food to support larger numbers. The mere addition of more worms will not lead to any permanent increase in the population. In what circumstances, if any, is the deliberate introduction of earthworms likely to lead to a permanent increase in worm numbers, and perhaps to an increase in productivity? There may be some possibilities, particularly where previously unsuitable areas have been changed in ways that make them suitable for ‘earthworms. As the rate of spread of earthworms is slow, a long period may elapse before worms fully occupy new areas.

 For example, when previously arid lands are developed for the production of irrigated pastures, conditions suitable for dense earthworm populations are likely to be created. However, if the area is isolated, more than 10 years may elapse before suitable species are accidentally introduced, and a further period of 10 years may be required before populations build up to high levels (Barley and Kleinig 1959). There may be other situations where there is a lag between the establishment of favourable conditions and the arrival of adapted earthworm species: for example, after the drainage of previously swampy lands, after the liming of acid soils, or after the change-over from scrub lands to productive pastures.

 There is evidence from field trials in New Zealand to show that the introduction of earthworms of southern European origin can increase the yield of sown pastures (Hamblyn and Dingwall 1945; Richards 1955; Stockdill 1959).

In the New Zealand experiments, begun in 1926, earthworms were introduced into areas that were isolated, or where the soils were naturally acid and had recently been limed. The populations spread from inoculated sites at the rate of lOm./year, and after four to eight years the areas populated by the worms were producing an additional 2,000 lb/acre (22OOkg/hectare) of the dry matter in the winter-spring period.

 The accidental introduction of earthworms to North America may have been the best outcome of contact between the early settlers and native peoples. While the Indians suffered from lack of exposure and immunity to European diseases, the fertility of many North American soils was greatly enhanced through the recycling of organic matter by earthworms (…)

 Earthworms have been successfully introduced into areas where they are absent and have been found to increase the yield of crops. The long-term benefits of encouraging earthworms can be translated into dollars. Researchers have estimated that for every dollar invested in earthworms on New Zealand sheep farms, the farmer can expect a return of $3.34 and an increase in carrying capacity of 2.5 stock units/hectare or an increase in productivity of 25-30 per cent (Crump 1969).

 Introduction of earthworms to areas not previously populated has led to improvement of soil quality and productivity in New Zealand grassland (Martin, 1977), on drained Dutch polders (Van Rhee, 1977), in heathland in Ireland (Curry and Bolger 1984), and in mining spoils in the U.S. (Vimmerstedt and Finney, 1973).

 The importance of earthworms in pasture soils

Earthworms are an essential factor in productive soils in New Zealand. They improve the fertility of pasture soil by burying and decomposing dead plant material, making nutrients available, and by improving the drainage and aeration of the soil. Farmers should be able to recognise useful worm species, and should consider introducing them into pastures if they are absent.

 Earthworm species

There are at least 200 species of earthworms in New Zealand, but only a small number of introduced species are beneficial in pastures. The most useful species is Allolobophora caliginosa. Soils lacking this worm will probably benefit from its introduction. Other useful species include Allolobophora rosea, Allolobophora trapezoids, Allolobophora longa, Allolobophora chlorotica, and Lumbricus terrestris

 Introducing earthworms to pasture

Earthworms can be introduced simply by lifting turfs from a highly populated area and placing them on the deficient pasture with a liberal dressing of lime around each. As the turfs dry out the worms move from them to the moister soil beneath. Turfs are spaced 10m apart in 10m rows; each hectare requires 100 turfs and 50 kg lime. Turfs should be placed with the grass side down. This prevents them from taking root, and provides good contact with the ground and a food supply of rotting pasture for the worms. Earthworms should be introduced when the soil is moist. At that time, the maximum number of worms will be in the surface soil in the source area, and they will have the best chance of moving into the deficient pasture

 Inciso de Un Universo Invisible

La introducción del trébol blanco (Trifolim repens) también ha sido muy importante con vias a potenciar la productividad y palatabilidad de los pastos de Nueva Zelanda y sus  Merino sheeps.

 Y sobre la introducción en Oceanía de las Ovejas Wikipedia nos informa de que:

 In Australia and New Zealand

Main articles: Agriculture in Australia and Agriculture in New Zealand

Further information: 1891 Australian shearers’ strike

Australia and New Zealand are crucial players in the contemporary sheep industry, and sheep are an iconic part of both countries’ culture and economy. New Zealand has the highest density of sheep per capita (sheep outnumber the human population 12 to 1), and Australia is the world’s indisputably largest exporter of sheep and cattle.[95] In 2007, New Zealand even declared 15 February their official National Lamb Day to celebrate the country’s history of sheep production.[96]

 The First Fleet brought the initial population of 70 sheep from the Cape of Good Hope to Australia in 1788.[97] The next shipment was of 30 sheep from Calcutta and Ireland in 1793.[97] All of the early sheep brought to Australia were exclusively used for the dietary needs of the penal colonies. The beginnings of the Australian wool industry were due to the efforts of Captain John Macarthur.[97] At Macarthur’s urging 16 Spanish merinos were imported in 1797, effectively beginning the Australian sheep industry.[97] By 1801 Macarthur had 1,000 head of sheep, and in 1803 he exported 111 kilograms (245 lb) of wool to England.[97] Today, Macarthur is generally thought of as the father of the Australian sheep industry.[97]

 Inciso de Un Universo Invisible

El artículo científico más citado en la bibliografía es este y se encuentra en acceso abierto. Tan solo os muestro el resumen. Pinchando en el enlace podéis bajaros el trabajo original, es decir el siguiente:

 

GRASSLAND MANAGEMENT AND CONVERSION INTO GRASSLAND: EFFECTS ON SOIL CARBON

RICHARD T. CONANT, KEITH PAUSTIAN, AND EDWARD T. ELLIOTT

 Abstract. Grasslands are heavily relied upon for food and forage production. A key component for sustaining production in grassland ecosystems is the maintenance of soil organic matter (SOM), which can be strongly influenced by management. Many management techniques intended to increase forage production may potentially increase SOM, thus sequestering atmospheric carbon (C). Further, conversion from either cultivation or native vegetation into grassland could also sequester atmospheric carbon. We reviewed studies examining the influence of improved grassland management practices and conversion into grasslands on soil C worldwide to assess the potential for C sequestration. Results from 115 studies containing over 300 data points were analyzed. Management improvements included fertilization (39%), improved grazing management (24%), conversion from cultivation (15%) and native vegetation (15%), sowing of legumes (4%) and grasses (2%), earthworm introduction (1%), and irrigation (1%). Soil C content and concentration increased with improved management in 74% of the studies, and mean soil C increased with all types of improvement. Carbon sequestration rates were highest during the first 40 yr after treatments began and tended to be greatest in the top 10 cm of soil. Impacts were greater in woodland and grassland biomes than in forest, desert, rain forest, or shrubland biomes. Conversion from cultivation, the introduction of earthworms, and irrigation resulted in the largest increases. Rates of C sequestration by type of improvement ranged from 0.11 to 3.04 Mg C·ha21 yr21, with a mean of 0.54 Mg C·ha21·yr21, and were highly influenced by biome type and climate. We conclude that grasslands can act as a significant carbon sink with the implementation of improved management.

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