‘Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia’

La Importancia de las Clasificaciones en Ciencia. El dramático caso de la psiquiatría

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Taxonomías y psiquiatras Fuente: Colaje imágenes Google

Ya hemos hablado de la capital importancia de las clasificaciones y taxonomías en cualquier ámbito de la ciencia. Y hemos insistido mucho debido tanto a su importancia en la edafología y otras ciencias de los recursos naturales, como para tener que elaborar una “categoría específica” en nuestra bitácora (un constructo de esta naturaleza) denominada simplemente Taxonomía y Clasificaciones. También escribimos varios artículos científicos sobre el tema, siendo este libro una síntesis de mis indagaciones (y posiblemente el mejor estudio que haya realizado en mi vida profesional).  Eso sí, hasta la fecha ha sido acogido con bastante indiferencia, si lo comparo con mis investigaciones sobre edafodiversidad.  Pero a lo que vamos (….).

Las taxonomías pueden entenderse como un lenguaje rigurosamente formalizado que permite la comunicación, lo más inequívocamente posible, entre los profesionales involucrados en un objeto de estudio concreto. ¿Se imaginan como se podría cuantificar la biodiversidad y su pérdida sin una taxonomía universalmente aceptada entre los estudiosos?. ¡Imposible!. Una clasificación también refleja el estado de los conocimientos en el periodo en el cual se aplica. Del mismo modo los taxónomos aceptan que ninguno de estos constructos es perfecto, ya que de ser así, implicaría que nuestro conocimiento sobre el tema de estudio también lo es, por lo que no haría falta continuar indagando. ¡No existen clasificaciones o taxonomías perfectas!. El objetivo de los científicos deviene en seguir mejorándolas y/o hacerlas más coherentes y amigables.  

Sin embargo, y por razones dignas de ser analizadas por los psiquiatras, la comunidad científica suele considerar estos estudios de escasa importancia y a los propios taxónomos como actores secundarios en el contexto de la corriente principal de la ciencia.  Expondré dos ejemplos, que me han sucedido personalmente al intentar publicar dos artículos sobre taxonomías/clasificaciones (sus estructuras matemáticas subyacentes, así como los sesgos cognitivos y utilitaristas que padecen), aunque finalmente fueron aceptados por otras revistas sin excesivos problemas. Todo este material lo podréis encontrar en mi Researchgate. El primer intento fue en Ecology Letters. Menos de un día tardó el editor (que curiosamente era de mi propia institución) en rechazarlo, obviamente sin la denominada revisión por pares (es decir subjetivamente), para lo cual alegó que eran productos obsoletos y que actualmente lo que “vendía” era investigar en materia de “redes”. Cabe mentar aquí que el estudio de las redes ecológicas era su principal tema de investigación ¿¿??. Seguidamente, lo envié a otra importante editorial. Esta vez tardaron unas 48 horas más. De nuevo su editor en jefe, sin revisión por pares, para variar, lo rechazó esgrimiendo el razonamiento de que aunque el documento parecía correcto, recibiría pocas descargas (poca pasta y menos posibilidad con vistas a elevar la audiencia de la revista y su factor de impacto). Como veis los argumentos científicos brillan por su ausencia, en esta era de la tecnociencia. ¡El negocio por delante y el contenido……. según la audiencia! que pudiera interesase por el mismo. ¿Y la calidad?. También cuenta, empero actualmente es una variable más a tener en cuenta, que no la principal.

Pues bien, hoy os hablamos de una nota de prensa cuyo contenido, de ser cierto, sería como para llevarse las manos a la cabeza hacernos “enloquecer”. ¡La psiquiatría  al paredón!. El título de la nota de prensa habla por sí solo: Un estudio descalifica el DSM, la biblia de los psiquiatras“”. Para a renglón seguido puntualizar: “Según esta nueva investigación, los diagnósticos psiquiátricos estandarizados no tienen valor científico para identificar y tratar trastornos de salud mental”. Como podréis leer abajo un DSM es una especie de clasificación que usan los psiquiatras al objeto de ordenar e identificar las enfermedades de los pacientes. Ahora resulta o resultaría, que estamos muchos, o la mayoría, mal diagnosticados, y como corolario, paupérrimamente tratados clínicamente. Debo suponer, espero y deseo, que no sea para tanto. Ahora bien, el asunto resulta ser francamente serio. Y todo por no atender debidamente a elaborar una buena taxonomía o clasificación.  ¿Nos vamos dando cuenta de los derroteros por los que camina la ciencia?. Una clasificación es un lenguaje común entre los expertos. Pero también una herramienta imprescindible para categorizar los objetos de estudio. Y sin ellas…. ¿Qué haríamos?. Algún listillo diría que apelar a la IA.  Empero si alguien defiende algo así es que desconoce absolutamente como se construye y alimenta una IA para que sea eficiente, al menos hasta la fecha.  Y aquí me paro. Abajo os dejo con la definición de DSM y esta, tan desquiciante, como sorprendente noticia. ¿Me voy a un psiquiatra o a un chamán?.  

Juan José Ibáñez

Continua…..

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Softwares Estadísticos y Mentes Perezosas

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GIS  y FRAGSTATS Fuente: Imágenes Google

Cuando tecnologías sencillas de usar generan mentes perezosas

Acabo de remitir a la editorial el informe  de un documento que tenía que revisar para una revista científica indexada y me vuelve e invadir la desesperación. Nadie duda de la utilidad de potentes programas para el análisis estadístico de la información. Ahora bien, una cuestión es acelerar todas las operaciones de cálculo, y otra bien distinta, atesorar unos datos, apretar un par de teclas y obtener simultáneamente o en cascada decenas o cientos  de análisis estadísticos de los primeros, más aun cuando en la mayoría de las ocasiones los usuarios desconocen su racionalidad y como son calculadas. Ante tamaña cantidad de información, resulta fácil caer en la tentación de analizar los resultados y escoger los que consideres “oportunos”, con una actitud “oportunista”.   Y así ocurre. Nuestros  jóvenes investigadores, y otros que no lo son tanto, elaboran documentos, aferrándose a resultados y significaciones estadísticas concretas que no tienen ni pies ni cabeza. Un caso dramático y archirrepetido estriba en observar como los autores se afanan de dar racionalidad a patéticas correlaciones espurias.

La ciencia se basa en la creatividad de sus practicantes, estando la estadística al servicio de la primera.  Sin embargo la segunda no puede, ni no podrá reemplazar a la primera. A menudo estos software son pensados para ofrecer las soluciones que más demandan los usuarios que, con harta frecuencia, no son las más adecuadas en muchos estudios, como seguidamente explicaremos. Tras décadas de trabajo en estos menesteres, es fácil extraer conclusiones. Nos creemos muy modernos por utilizar unos sofisticados hardware y software informáticos. Empero estos no pueden sustituir los conocimientos clave de cada disciplina, el trabajo de campo, la bibliografía adecuada y sobre todo la reflexión. Nuestros jóvenes investigadores, atraídos por estos paquetes de programas, se olvidan de lo fundamental, es decir de casi todo lo previamente mentado.  Y como es tan fácil……. Darle al teclado y ¡¡¡flash!!!…. te aparecen las consabidas riadas de estadísticas. Este modo de proceder modela mentes perezosas y descuidadas de aprender todo lo que realmente necesitan. Reitero que estamos formando mentes perezosas, y lo que es peor, con cierta adición a hablar de lo que desconocen. Pero pongamos un ejemplo, de colegas más maduritos tiempo atrás.

Cuando comenzaron a aparecer los sistemas de información geográfica –SIG- (como también la teledetección), allá por los años 80 del Siglo XX, yo adquirí uno, que por aquel entonces solían ser muy caros, demandando estaciones de trabajo más sofisticadas que un PC normal. Inmediatamente puse a un par de becarios a instruirse y trabajar con ellos. En un congreso, me encontré con un antiguo colega que se acercó a saludarme afablemente. Al preguntarle a que dedicaba sus esfuerzos en los últimos años me comentó textualmente (aun me acuerdo): “Ahora investigo sobre sistemas de información geográfica”. Inmediatamente le pregunté: ¿estas desarrollando un programa? ¿Qué características atesora?. El respondió: “No, ufff eso es muy complicado…. Yo me he comprado uno y lo aplico a lo que me ofrezcan”. ¿Se trata de investigación?. No simplemente era un mero usuario de la tecnología de moda, la cual desconocía casi por completo. Inmediatamente me reuní con mis becarios y les hablé muy claro, es decir le explique lo que aquí os cuento: Si utilizáis un hardware y/o un software comercial, no sois investigadores, sino como máximo técnicos, que es algo muy distinto. 

En mi caso, es habitual, por ejemplo, que los editores me soliciten que revise estudios en los que la información geoespacial resulta ser extremadamente relevante. Pondré un ejemplo.

La multinacional ESRI es famosa por sus sistemas de información geográfica y paquetes estadísticos asociados. Pues bien, se realizan las operaciones oportunas sobre mapas e información georreferenciada en general, para a la postre meterla en la batidora/coctelera de esos softwares. También en mi caso concreto suelo toparme casi siempre con el mismo producto comercial, es decir FRAGSTATS. Personalmente no critico este software en sí mismo, sino a los usuarios que creen que se trata de una especie de barita mágica y que lo que nos ofrece “va a misa” Ahora bien, nada más lejos de la realidad. FRAGSTATS, es un paquete de programas  enfocado a los investigadores de ecología del paisaje. Este ofrece un montón de métricas diferentes incluidas muchas que conciernen a los análisis de diversidad, que también son de interés de los expertos que estudian los patrones espaciales que acaecen en los paisajes preferentemente biológicos. Ahora bien, mi tema central de estudio resulta ser la geodiversidad (aunque no de la manera constreñida y sesgada que nos ofrece Wikipedia) y más específicamente la edafodiversidad o diversidad de suelos. Pues bien, son ya muchos, demasiados, los manuscritos que he tenido que rechazar, o en el mejor de los casos devolver a los autores para una profunda reorganización del trabajo por hacer un uso acrítico e indiscriminado de FRAGSTATS, que iba más allá del rigor científico y lo que es peor aún, del sentido común. No entraremos en detalles.

Buena parte de los trabajos que me veo obligado a rechazar es debido a la aplicación indiscriminada de tales estadísticas a casos y objeto de estudio que carecen de sentido científico. Observar cómo se usan esta tecnología y herramientas estadísticas para extraer conclusiones, ya no criticables, sino incomprensibles y carentes de sentido me hiela la sangre. Y son dignas de reprimenda. por cuanto los autores suelen hacer gala de un palmario desconocimiento del objeto de estudio.

Juan José Ibáñez 

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La Teoría Actor-Red y el Contexto de la Tecnociencia

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Foto: Bruno Latour y Michel Callon Colaje Imágenes Google

Ya o explique en el primer post “De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia” que inició el pistoletazo de salida para nuestro curso básico sobre el tema que, entre los cánones aceptados y racionales de la filosofía de la ciencia en sentido estricto, la praxis actual de la indagación científica no tiene apenas cabida. De aquí que hallamos elaborado una nueva categoría de post con vistas a ir informando de ello. Comentaba al finalizar el núcleo central de nuestro Curso Básico sobre   filosofía y sociología de la ciencia, como al finalizar las clases de la asignatura que impartía en aquel máster universitario, al igual que al clausurar conferencias, me agarrotaba la sensación de que en nuestro quehacer cotidiano los científicos usamos poco y sabemos menos del denominadométodo científico”. Y justamente en ese momento entraba en escena (“que no la ciencia en acción”) nuestro viajo amigo Bruno (Filosofía de la Ciencia versus Filosofía de la Investigación: ¿Quién es Bruno Latour?). En la década de los años 90 del S. XX, cuándo intentaba ir más allá de la filosofía, para penetrar en la sociología de la ciencia (que no la “filosofía del conocimiento”), solía encontrarme con la visión imperante academicista de Robert King Merton, que no me decía mucho y se me antojaba una perspectiva obsoleta. Adelantemos, siguiendo a Wikipedia que: “La sociología de la ciencia considera las influencias y componentes sociales en la ciencia. Diferente de la sociología del conocimiento que investiga los orígenes sociales de las ideas y del efecto que las ideas dominantes tienen sobre las sociedades. Merton impulsa un subcampo de estudio denominado sociología del conocimiento, el cual aborda la ciencia moderna como una institución social y se interesa por el ethos específico que la caracteriza”. Sinceramente el pensamiento mertoniano me aburre, por no entrar en análisis más críticos. Y así tope con Bruno Latour y los denominados inicialmente estudios sociales de la ciencia y posteriormente estudios de la ciencia (aunque por lo que he leído también se han acuñado otras muchas etiquetas, a la hora de denominar el  enfoque aludido) al que dedicamos ya hace años varias entradas, con vistas a explicar sus fundamentos. Aquí os doy cuenta de la mayoría de los mismos: (i) Los Poderes y su Terror al Imperio de las Masas: Bruno Latour y las Enseñanzas de las Ciencias de la Complejidad; (ii) Mente y Realidad: Descartes y Kant desde la Óptica de Bruno Latour; (iii) Percepción Individual, Social y Cultural de la Realidad, Según Bruno Latour; (iv) La Actividad Científica como una Red de Relaciones  ; (v)La Ciencia como Red de Interrelaciones Humanas-No Humanas; (vi)El Realismo De Bruno Latour y la Actitud Sectaria de los Científicos; (vii)¿Una Sociedad Libre o Esclavos del Poder?: El Affair de Wikipedia; (viii)Wikipedia versus Citizendium: En defensa de la Participación Ciudadana o el Temor al Imperio de las Masas; (ix) Los Errores del Periodismo Científico a la luz de los Estudios Sociales de la Ciencia); (x) (Transmisión de la información, Conectividad y Redes Sociales: El Número Mágico 6 o ¿7?); (xi) (El Periodista Científico como Paracientífico y Sociólogo del Entramado Inherente a la Indagación Investigadora); (xii) (El Circo de la Ciencia Contemporánea) ; (xiii) (La Crisis Actual del Periodismo Científico); Aunque por los títulos de algunos post no lo parezca, en todos ellos la teoría Actor Red o ANT, resultan ser el epicentro esencial de los discursos en ellos redactados.

En este post retornaré a un texto sobre el que ya hemos basado varios post anteriores del curso de tecnociencia. Me refiero a la Teoría del actor-red y la tesis de la tecnociencia cuyos autores son Javier Echeverría y Marta I. González, como os indico con más detalle abajo. Omito pues varias entregas personales previas en las que explicaba mis consideraciones acerca de la Tesis de Latour sobre la Teoría Actor Red. Sin embargo, en su magnífico artículo, echo en falta algunos aspectos que no suelen ser contemplados con atención a la hora de analizar esta teoría. A pesar de ello creo que son de vital importancia. ANT enfatiza las relaciones en Red, lo cual debiera implicar hacer uso/contemplar/ explicar a la luz de (…) de las propiedades inherentes a las mismas la Actividad Científica como una Red de Relaciones. Del mismo modo, cuando hablamos de sistemas en los que actúan una plétora de agentes entrelazados mediante sus relaciones/interacciones mutuas nos encontramos, prácticamente siempre con que se trata de sistemas no lineales es decir complejos (Concepto de Complejidad) que también atesoran unas cualidades muy idiosincrasias que la formulación ANT debiera cumplir (Teorías Científicas Como Estructuras Complejas). Ya hablaremos de ello más adelante, en otro post. Finalmente no voy a detallar las críticas que según Wikipedia ANT ha recibido de sus detractores, ya que no merecen mi consideración. Eso sí, una de ellas estriba en el desacuerdo de algunos expertos en la ruptura de dicotomías previamente establecidas, tales como humano-no humano, natural-social. Personalmente discrepo, por cuanto se trata de antónimos muy perjudiciales para el progreso de la ciencia, como defendí en el post:  El Discurso Científico, los Conceptos Contrarios y la Perspectiva de Jean-Marc Lévy-Leblond.

La principal fascinación que ha producido ANT estriba en considerar el mundo de la ciencia, y con mucha mayor razón el entramado de la tecnociencia como un una red de relaciones en la cual los agentes pueden ser humanos, pero también sociales y estrictamente no humanos, atesorando todos a priori (en principio) el mismo peso. Es decir, un elemento de la red podría ser un científico, pero también una institución académica, un instrumental (generalmente de vanguardia, pero…), intereses o lobbies políticos, grupos de presión, agentes financieros, juristas, periodistas, una pandemia, etc. Del mismo modo, las tesis de Latour sobre la ciencia viran de la teoría a la práctica científica y los agentes que la forman o condicionan al interaccionar. Como veremos en otras entregas posteriores, son cosas muy distintas, algo que suele ocurrir en todos los ámbitos de la sociedad y sus conocimientos. Se trata de una hipótesis/¿teoría?. rompedora y valiente. Empero atesora otras virtudes que iremos desgranando. Os dejo ya con los contenidos de Wikipedia y después con los de los propios autores. 

Juan José Ibáñez

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Pandemias y Literatura Científica en Tiempos de Crisis

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Esta es una gran oportunidad o ya sabes (publica o perece). Fuente: Colaje Imágenes Google

 

¿Qué miras en la pantalla?

Una curva exponencial

¿La del crecimiento de la Pandemia?

No, la del número de papers publicados sobre el COVID- 19 desque que comenzó la pandemia.

Pues se parecen mucho

Efectivamente ambas son exponenciales

Tan rápido se investiga?

Bueno pues…… mejor me callo.

Me lamento ahora, pero posiblemente dentro de unos meses, ya no serán tales, sino quejidos desesperados, desgarradores, furiosos, etc., Y de eso estoy seguro. Si en algo se asemeja el crecimiento exponencial de una pandemia en sus fases iniciales resulta ser justamente el número de artículos científicos que se escriben sobre ella ¡científicamente comprobado!, como podréis leer más abajo. Se trata de un nicho vacío, y todo estúpido que se crea Indiana Jones, en busca de fama y gloría, intentará hacerse un hueco en una galería de la fama tan efímera como patética: “ser de los primeros en publicar sobre el tema”. Esperemos que la Pandemia clínica pronto comience a controlarse, empero la que afecta al número de paupérrimos estudios aparecidos en las publicaciones que salen a la luz por los medios que sea, tardará mucho más en alcanzar la meseta para luego declinar, a no ser que algún científico brillante encuentre rápidamente una maravillosa vacuna o un fármaco que corte las ansias coloniales del COVID-19.

Consuelo Ibáñez, epidemióloga, la hermana lamentablemente fallecida de este bloguero, que ocupó durante varios años la máxima autoridad técnica (es decir no elegida políticamente) en materia de emergencias epidemiológicas de la Comunidad de Madrid, terminaba hastiada tras cada brote epidemiológico importante, y especialmente si tenía calado internacional. Ella me comentaba la enorme cantidad de arribistas y artículos basura que aparecían en el escaparate de la ciencia médica. Encontrar una contribución relevante era como buscar una aguja en un pajar. Empero las TICs ¡avanzan que es una barbaridad!, con todo tipo de plataformas digitales y utensilios para alzar tu voz e intentar aparentar que aportas algo a la materia. Y así se ha terminado por generar una Torre de Babel. Tales progresos tecnológicos han dado lugar a convertir un tema concreto de moda en un inmenso vertedero de basura en Internet. Y así los mediocres intentan medrar a toda costa, pase lo que pase, y que no se les ponga nadie de por medio porque (…). Unos artículos no aportarán nada, la mayoría serán considerados inmensamente malos y quizás alguno pueda ser interesante y va y se me escapa. ¡porca miseria! Tan solo en el portal científico Pubmed, si uno de esos que son considerados prestigiosos, aparecen publicados en dos meses más de 8.000 artículos acerca del COVID-19 a 8 de junio de 2020, según JAL (ver abajo). Si Consuelo hubiera podido continuar en su más que popular bitácora  Salud Pública y Algo más, seguro que os ibais a divertir, aunque era mucho más prudente y educada que yo. Siento vergüenza ajena ante tan lamentable espectáculo; hoguera de vanidades que terminarán frustradas, como todas las precedentes.  No obstante cabe recordar que, actualmente y sobre este asunto, se ofrecen ingentes cantidades de dinero, proyectos, becarios e infraestructuras a todos aquellos que ya ostentan algún poder, tengan influencias, y por qué no, quizás alguna idea más que interesante. Otra cuestión es quien se lleva el gato al agua. ¡La batalla ha comenzado!. Codazos, empujones, zancadillas, y lo que sea necesario. Primero la “pasta” y luego ya veremos…..

Abajo os dejo unos cuantos enlaces y breves comentarios al respecto sobre esa tenebrosa mancha negra que sobrevuela nuestras cabezas y penetra en los pulmones. Efectivamente, otros colegas también se lamentan, en esta era de la imagen, de que la calidad de los contenidos científicos sea relegada a un segundo plano. Empero varios de ellos también resultan ser parte del problema, que no de la solución, ya que reprochándole sus respectivos comportamientos socavan una ciénaga aún más profunda a todos aquellos que desean estar ¡bien informados!. Tarea titánica en esos momentos. Algunos sacerdotes de la ciencia, sí esos ultra-ortodoxos a los que les va muy bien con el sistema actual, se desgarran las sotanas alegando que no se han hecho buenas revisiones por pares. Y efectivamente es así, no lo discuto. Sin embargo, las editoriales de reputación y sus responsables, son en gran medida tan culpables como los autores de esos trabajos, por mucho que se achaque a revistas depredadoras, ya que tan depredadoras son unas como otras. Al final lo importante es obtener pingues beneficios, que no otra cosa, es decir que se pague por leer lo que publican sobre un tema que tiene en vilo a la humanidad. Y como los investigadores tienen que estar bien documentados, el dinero lo recaudarán a raudales. Los plumillas, que dicen dedicarse a la divulgación científica, poco versados en estos menesteres, por lo general, se hacen eco de lo que leen y les comentan los afamados sacerdotes El establishment) , metiendo la pata y ¡más madera!. Da igual lo que escriban, si dan con un buen titular (…) el público entra al trapo.

Empero ante crisis de la magnitud del COVID-19, y sus repercusiones sobre la salud de ciudadanía, además de la economía (que es lo que más preocupa a una buena parte de nuestros dirigentes), las televisiones, periódicos, y esos programas llamados de periodistas tertulianos, que en base a su ignorancia, mezclan churras con merinas, dan lugar e interminables y soporíferos debates, de los cuales, lo único que puedes  extraer, es confusión, caos, dolor de cabeza, o un siestecita en los brazos de Morfeo…….. Empero falta un elemento en la ecuación ¿sabéis cual es?. ¡Políticos!: horror, terror y pavor!. Por una vez y sin que sirva de precedente me adhiero a la perspectiva de JAL (ver abajo). Desde luego, si lo que pretenden hacernos creer que sus votantes no les importan nada, dan en el centro de la diana. Ellos al acoso y derribo del adversario político, con vistas a echarles a patadas del poner y para ello, ¡vale todo!. Pero a lo que vemos….. El nivel de los artículos científicos sobre la covid-19 ha sido decepcionante”, “Dos revistas médicas meten la pata”. Fijaros en estos dos titulares, ya que ninguno de ellos aborda el meollo de la cuestión, por cuanto ya han tomado partido, dirimiendo disputas y descalificando a muchos de sus colegas. En tiempos de COVID-19, estudios científicos sin revisar: las prisas están acelerando y viralizando los papers. Y ante tal marasmo de información la: Inteligencia artificial para los ‘papers’ de la COVID-19.

Ya es difícil dormir, e incluso ver la TV. El problema es que el ciudadano entienda si o si, que debe serguir unas normas, así como que en estos momentos, tal deber es la principal línea de defensa que tnemo: ¡está en manos de cada uno de nosotros! .Y debe hacer falta mucha creatividad porque no veo a una parte de mis conciudadanos muy dispuestos, tan solo hace falta que se pongan las mascarillas como piercings, o peor aún de taparrabos. Y es que hastía. No se trata de concienciación, sino e acoso o tortura.

Sin embargo, no se hablamos exclusivamente de la publicidad que observamos, o las peleas callejeras de los políticos. Cada día leo un par de horas la prensa científica (es decir noticias sobre artículos u otro material de interés en medio ambiente o ciencia general). Pues bien, antes me hastiaba ver siempre la la coletilla del cambio climático, se escribiera sobre lo que se escribiera, era la norma. En los últimos meses, obviamente la pandemia lo ha desplazado, aunque como los primeros son muy correosos, han elaborado un puente entre degradación ambiental, pérdida de biodiversidad y pandemias. Y no me parece mal, ya que pienso lo mismo.  No obstante una cuestión  es informar con vistas a hacer comprender  tal vinculación y otra muy distinta repetirla una y mil veces haciendo creer cada redactor a su público que es original.  Sin embargo hablamos de la punta del Iceberg. Si leo sobre investigación y tecnología aeroespacial espacial, etc. me habland de sus bondades  e interés contra la pandemia. Si leo sobre tal o cual tecnología de descontaminación, me hablan e sus bondades contra la pandemia, si leo sobre casi cualquier otra materia me hablan e sus bondades contra la pandemia. Francamente se me antoja un comportamiento decepcionante.

Os dejo con algún material de interés que nos informa,  no sobre el coronavirus, sino por aquello de “publica o perece”, aunque no tengas nada que aportar.  Consuelo, cuánta razón tenías.  Y ahora me voy a tomar una coronitas. ¿Por qué tengo hoy ese antojo si prefiero la cerveza tostada? ¿Vosotros lo sabéis? ¡Estoy hasta la coronilla! A pesar de que me preocupe al tema como al que más. No me extrañaría que el público arto de escuchar más de lo mismo una y mil veces, esté desconectando y…. a la postre este si sería un tema muy preocupante.

Y justamente antes de acabar el post recibo la siguente noticia. …. ¡Más Mdera! Pero atención porque esta es muy, muy interesante, didáctica y esclarecedora. La más informativa de todas. Leerla por favor.

El escándalo del #LancetGate y la hidroxicloroquina: una llamada de atención sobre las publicaciones científicas

Las dos revistas más prestigiosas en investigación médica del mundo han caído de forma simultánea en el mismo error y hecho mella en la reputación de la ciencia cuando más necesaria es

Juan José Ibáñez

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¡Qué nos parta un rayo!: De cuatro Patas a Dos (El día que una supernova nos hizo humanos)

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Fuente: Colaje Imágenes Google

¿Qué opino yo de la noticia que os ofrezco hoy?. Jajajajajaja. ¡Pero ahí está!. La evolución humana fue generada por una “vieja supernova que explotó de orgullo”, tras la hazaña de hacernos andar a dos patas, con lo agusto que lo hacíamos con cuatro. Ella sí que sabía, era ¿SuperSuper?…. Igual era divina. ¡Que nos parta un rayo!

El estudio que describe la nota de prensa de os mostramos hoy versaba sobre un posible evento cósmico que, según los autores, pudo causar la transición del plioceno al pleistoceno (cuaternario), es decir congeló un tanto el ambiente terráqueo (periodos glaciares). Empero estos sesudos investigadores debieron reflexionar muchísimo sobre el título. ¿Cómo hacer que los lectores lean nuestra noticia, ante tantas conjeturas propuestas sobre el mentado evento geológico (perdón celestial)?. Y en sus obnubiladas mentes, ante tanta electricidad latente, les partió un rayo y vieron la luz ¡por fin!. Se hizo la luz, que iluminó a esos miserables humanos terrestres, que ante tal milagro salieron corriendo de los infernales incendios forestales de este mundo, sí: un verdadero paño de lágrimas. Más aun, como había tanta madera muerta, y observaron atónitos aquella plaga de incendios forestales, a la que siguió el aumento desorbitante del número de rebaños de herbívoros, se aficionaron al fuego divino y la transformación celestialmente  inspirada de los infernales infiernos terrenales.  

¿Cuántas conjeturas se pueden hacer de esta índole?. Yo diría que innumerables. ¿Es tal aseveración realmente científica? ¡No!. Todo ello me recuerda a algunos colegas que, para explicar los resultados de sus indagaciones (no muy claras debían pensar), ante el público espetan con demasiada frecuencia frases de la siguiente guisa: “esto podría ser debido”; “entre las posibles causas nos inclinamos por pensar”, etc., etc. pero todo tiene un límite. Y yo llego hasta aquí. Es decir, hasta aquí hemos llegado (cuarta temporada).  

Simplemente, he puesto el texto en ese ingenio llamado Traductor Google, que otros dirían mejorado con “deep learning”, porque profunda, lo que se dice profunda, si es la noticia de hoy, ya que procede del espacio profundo, profundísimo. ¿Nos acercamos ya mucho al creacionismo?. No sé qué decir. Eso sí tal inferencia se parece basarse en el dicho español: “Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”. Al fin y al cabo algunos expertos defienden que la bipedestación nos hizo humanos!, o casi, casi.

Os dejo con este celestial notición, sin más demora, ya que estaréis ansiosos tras mi larga desiderata. Mil perdones:  ¡Que me parta un rayo!

Juan José Ibáñez

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Geofagia del consumo, a la gastronomía y finalmente a la adicción

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Colaje imágenes Google buscando por “Geophagy”

 Disculpe usted, ¿es este el famoso “Restaurante “Solum”.

Sí señor, este es.

¿Tienen mesa?

Si señor, y sillas también

Perdone, le preguntaba si podemos comer ahora

Por supuesto, pero tendrán que esperar 15 minutos.

Ya veo que su establecimiento se encuentra muy concurrido

Puedo ya ofrecerles la carta y así tendrán que esperar menos tiempo

¿Qué nos recomienda?

Depende de qué tipo de suelos prefieran

Perdón, no le entendemos

Tenemos suelos de varias clases según su sabor, olor, textura, etc., cocinando en crudo, estofados, marinados, fritos….

Somos nuevos, no los hemos consumido antes tales manjares,  según dicen

Si es así les recomiendo un menú de degustación para dos.

¡Perfecto!

 Si podéis visionar este mapa mundial en el que se  ubican todos los lugares del mundo donde se ha detectado la geofagia observarán que tal práctica ancestral se distribuye por todo el globo terráqueo, si bien en algunos lares  han perdido la costumbre. Ya hemos abordado el enigmático tema de la geofagia en post anteriores, como podréis observar más abajo. Sin embargo, el día que redacto este post me he inmiscuido un poco más en la materia, tras leer la siguiente noticia: Geophagy: “soil-eating” as an addictive behaviour”, nota divulgativa del artículo que lleva por título: “Geophagy in Northern Uganda: Perspectives from Consumers and Clinicians.”. Es decir tan solo se trata del caso de Uganda. Sin embargo, existen regularidades sorprendentes en todas las sociedades, etnias y culturas que practican esta “delicatesen. Las principales consumidoras son las mujeres embarazas y los niñ@s, si bien también, a menudo disfrutan de estos riquísimos suelos otras personas, aunque en menor medida.  Podría pensarse en que se trata de un antojo de las féminas preñadas, pero (…) ¿y los niños?. Y algunos varones adultos. Generalmente los hombres abandonan la ingesta de suelos en la adolescencia. Empero algunos se aficionan y manifiestan que pueden llegar a ser tan adictivos como el alcohol y tabaco.

Reitero que, como podréis leer más abajo, existen preferencias por ciertos “tipos de suelos” en función de sus propiedades, tales como el sabor (dulces, salados, amargos), olores, texturas, consistencias etc. Del mismo modo y aunque se consumen suelos en sentido estricto, todos parecen ser ricos en arcillas, no siendo el caso de Uganda una excepción. En entregas anteriores comentaba la posibilidad de que, cuando se ingieren suelos, los polifenoles producidos por la descomposición de la materia orgánica pudieran estar asociados a sus potenciales efectos benéficos, junto a la arcilla. Sin embargo, para mi sorpresa, algunas campesinas ugandesas, prefieren comprar la arcilla en “supermercados. ¡Jesús!, hasta donde llegan los hábitos modernos. Empero a falta del recurso suelo o ingresos monetarios pueden ingerirtse ¡ladrillos!.

Resulta sorprendente que se estén publicando numerosos artículos sobre este tipo de etno-gastronomía, aunque los médicos y nutricionistas sean escépticos. Sin embargo, nadie hasta la fecha parece interesado en conocer, “a ciencia cierta”, cuáles son los beneficios y sus razones. Muchos investigadores y galenos ortodoxos, denuncian supersticiones, tradiciones, etc. Empero que la geofagia salpique todo el globo terráqueo,  e incumba a una enorme variedad de culturas y etnias que jamás estuvieron en contacto, a mí personalmente,  me sugiere todo lo contrario.

Y no diré más, por cuanto abajo os ofrezco traducida la nota de prensa, pero también varias páginas, ¡demasiadas!, del artículo original. En consecuencia, del manuscrito científico, traduje al suajili las primeras páginas, dejando el también el texto anglosajón, en la primera parte. Empero al percatarme que llevaba varias páginas y tenía que parar, so pena de hacerlo con todo el texto, decidí después mostraros tan solo la traducción a nuestra lengua de las primeras páginas. Obviamente no os reproduzco todo el texto. La traducción es pésima, a golpe del traductor Google. Ahora bien, basta para sorprenderos. El artículo original se encuentra en acceso abierto, y podéis bajároslo en pdf o leerlo en línea.

Me ha impelido a extenderme el hecho de que una parte considerable del contenido fueran las traducciones literales, de los indígenas consultados. Confío más en sus experiencias, sensaciones y tradiciones que en aquellas filtradas por los científicos ultraortodoxos vestidos con sus arrogantes batas blancas.

Podéis animaros y probar, empero vivimos en una sociedad en donde los suelos de muchos lugares los hemos contaminado debido a nuestra  impenitente adición (casi adicción) por enmendarlos mediante el vertido de ingentes cantidades de contaminantes químicos y superbacterias, por lo que (….): todo dependerá del territorio en el que viva cada uno de vosotros. En mi caso particular, lo que ingiriera equivaldría a “comida basura” Pero si estáis seguros que deseáis probar, ya os advertimos que, como dicen los gourmets consultados, pueden ocasionaros adición y transformaros  en suelo-adictos. Y ahí no puedo ayudaros. Desconozco clínicas especializadas en desintoxicar a este tipo de drogadictos o suelo-dependientes.

Y os dejo ya con tan abundante como alucinante y sabrosona información. ¡Buen provecho!.

Juan José Ibáñez

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El suelo y el Medio Natural: Reflexiones desde la Universidad (Antonio López Lafuente)

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Antonio López Lafuente: Genio y Figura hasta la sepultura cuando llegue que todavía es muy pronto….

Otra vez me ha permitido Juanjo asomarme al balcón, ahora que por desgracia está de moda (Pandemia de Covid-19), de su bitácora para compartir con vosotros algunas reflexiones relacionadas con el suelo y el medio natural. Deseo empezar dándole las gracias por esta nueva incursión que espero sea de algún interés. 

 Los que nos dedicamos a la  actividad docente e investigación en la universidad nos  encontramos pasando momentos de confinamiento, como muchas personas dedicadas a otras profesiones, lo cual nos está permitiendo tener más tiempo libre como para poder plantearnos algunas reflexiones, en este caso, acerca de nuestro trabajo, a la vista de las numerosas dificultades que nos estamos encontrando.

 Los profesores de universidad, como así lo establece la ley, debemos cumplir con dos misiones básicamente: (i) participar en la investigación del país, a través de los proyectos financiados por los distintos organismos oficiales, también de empresas privadas, pero claramente en menor proporción, y (ii) ocuparnos de la docencia de los futuros egresados. Esta ha sido la biga que ha mantenido el fundamento de nuestra universidad a lo largo de la historia. 

 Esta doble función que lógicamente en sus principios no va a cambiar, si bien es posible que se vea modificada con nuevos planteamientos a partir por el surgimiento  de la pandemia del COVID-19. Durante el tiempo de confinamiento estamos aprendiendo a marchas forzadas que no podemos seguir con los modelos tradicionales ni de investigación ni de docencia. La pandemia nos está ayudando a recordar que la investigación o se hace y se financia para potenciar equipos multidisciplinares, o no tendrá sentido de ser, y la docencia, o se hace desde la integración, no solo de los estudiantes, sino también del conocimiento, con una participación expresa de las nuevas tecnologías, ono tendrá garantías de calidad. Estos dos planteamientos no son nuevos, forman parte del frontispicio de nuestra profesión, pero parece momento de recordarlos si queremos tener en el futuro un mejor control de las distintas amenazas a que el planeta, y en especial el ser humano, va a estar sometido.

 Otra de las cosas que ha dejado claro este confinamiento es que no estábamos preparados para asumir tareas que empezaban a ser utilizadas, y de las que se hablaba mucho, aunque se ha demostrado lo lejos que nos encontramos para poder utilizarlas con rigor, me refiero al teletrabajo, o trabajo a distancia. Ni las empresas, ni las instituciones, ni los ciudadanos, ni los medios de que disponíamos estaban preparados para realizar una labor eficaz. Es evidente que algunas empresas, sobre todo en áreas concretas, el mundo de las finanzas, el entrenamiento a través de la red, llevan haciendo un trabajo de implantación desde hace años, lo que les ha permitido avanzar en este momento a un ritmo mayor, y seguramente han cubierto mejor sus objetivos. Pero sectores como la salud, la educación, la cultura, la alimentación, entre otros, necesitan impulsar de forma rápida la digitalización de sus actividades si no quieren encontrarse desfasados en los próximos años.

 Otra cuestión que merece una reflexión profunda estriba en analizar el papel de los ciudadanos en el devenir de la pandemia. Su colaboración está siendo fundamental para superar la catástrofe, si no se hubiera entendido que sin su participación no sería posible salir, los tiempos para superarla hubieran sido muy superiores y con consecuencias los estragos mucho más trágicos. Con ello se ha puesto de manifiesto la importancia de entender que los problemas cuando adquieren carácter global, como es el caso de la pandemia generada por el COVID-19, o del cambio climático, del que se lleva hablando décadas, o lo que fue en su momento la crisis económica producida por la quiebra de Lehman Brothers, afectan a cada una de las personas y es imprescindible la concienciación colectiva para superarlos.

 Ante esta concienciación de los grandes problemas a nivel planetario afecta a todos los ámbitos del conocimiento, es necesario que asumamos cada uno de nosotros muchos de los planteamientos que la ciencia está haciendo sobre diversos campos. Me centrare a partir de aquí en el suelo, que es lo que yo enseño en la universidad, y principal objetivo de esta bitácora.

 La erosión, la desertificación, la contaminación química, el cambio de uso, la perdida de materia orgánica, la permanente disminución de la biodiversidad, los cambios en los ciclos del carbono y el fosforo, en una palabra, la degradación del suelo, está alterando sus servicios ecosistémicos, tanto los que afectan a los sistemas biológicos y relacionados con el agua, como los vinculados con sus aspectos sociales y económicos. Estos hechos se llevan denunciando por parte de la comunidad científica desde hace años, y seguimos predicando en el desierto. Los suelos se siguen degradando, la perdida de superficie cultivable aumenta constantemente, lo que incide en los mercados económicos, en las hambrunas, en la migración, y esto se pone de manifiesto cada año con informes y planes estratégicos para evitarlo, que apenas se cumplen.

 Uno de los últimos intentos es la publicación de La Agenda 2030 que demanda el compromiso de los Estados para cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esta Agenda fue adoptada en 2015 por la Asamblea General de Naciones Unidas y aprobada por los 193 miembros entre los que se encuentra España. El objetivo 15 es el dedicado a “vida de ecosistemas terrestres” donde se advierte de l imperiosa necesidad de: Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.

 En el apartado de DATOS, podemos leer: 2.600 millones de personas dependen directamente de la agricultura, pero el 52% de la tierra utilizada para la agricultura se ve moderada o severamente afectada por la degradación del suelo. La pérdida de tierras cultivables se estima entre el 30-35 veces la tasa histórica.

Debido a la sequía y la desertificación, se pierden 12 millones de hectáreas cada año (23 hectáreas por minuto). En un año, podrían haberse cultivado 20 millones de toneladas de grano. El 74% de los pobres están directamente afectados por la degradación de la tierra a nivel mundial.

 Pero la degradación del suelo no afecta solo a los sistemas productivos, que ya sería suficiente, sino que también  genera la destrucción de los ecosistemas terrestres y tiene una incidencia muy importante en la salud de las personas.

La llegada al suelo de productos químicos procedentes de las actividades antrópicas, ocasiona daños de los que en muchos casos no se conoce cuál es su verdadero alcance, propiciando de paso que nos hagamos preguntas que necesitan una urgente respuesta porque de ellas va a depender la salud de muchas personas:

  1. No conocemos las complejas interacciones que tienen lugar entre las especies químicas del suelo.
  2. No se conocen los nuevos xenobióticos que están apareciendo en el suelo producto de reacciones orgánicas.
  3. No se conoce como afecta el cambio climático a muchas especies de microorganismos del suelo.
  4. No se conoce como afecta a los microorganismos la llegada de medicamentos (contaminantes emergentes).

Son muchos los planteamientos y muchas las incógnitas que surgen cuando hablamos del sistema suelo, pero hoy día, en nuestro planeta la especie humana no pude sobrevivir sin los suelos. La inversión en equipos multidisciplinares, desde la ingeniería a la sociología, pasando por ciencias de la salud, es necesaria si queremos tener respuestas que realmente sirvan a los problemas de la población. En las aulas, cuando explicamos Edafología, deberemos hacerlo desde el concepto de integración, como lo define María Moliner en su diccionario de uso del español, “integrar es hacer un todo o conjunto con partes diversas”, si queremos que nuestros estudiantes entiendan lo que significa “funciones ecosistémicas del suelo”. Y la población debe entender que no podemos aportar soluciones reales y duraderas si no comprende que el suelo es mucho más que el soporte que nos sostiene.

 Quiero concluir diciendo que deberíamos extraer conclusiones positivas de esta pandemia, la catástrofe está siendo tan grande en todos los campos, sobre todo en el número de víctimas, que necesitamos confiar en que no volverá a suceder, y para ello debe ser el conocimiento y la investigación, quien aporte esa confianza, porque es lo único que nos puede salvar. Concluyo con una cita del físico Richard Fyenman, que recoge Olle Häggström, en su libroAquí hay dragones. Ciencia, tecnología y futuro de la humanidad”, que por cierto me recomendó Juanjo, transcribe: “La ciencia es lo que hemos aprendido sobre cómo evitar engañarnos a nosotros mismos

 Comentario del bloguero que espera/teme Antonio: Veamos Antonio López Lafuente. Cuando comenzamos la andadura en esta bitácora entramos a participar cuatro colegas como blogueros responsables. Poco a poco fueron siendo abducidos los restantes, dejando de participar por los motivos más variados y comprensibles.  Uno de ellos resulta ser mi entrañable amigo Antonio, que además de gran investigación y docente, ha resultado ser un magnifico gestor, ocupando cargos de garn relevancia en España. Antonio, no tienes porqué pedir permiso para nada. Esta es tu casa. Siempre serás bienvenido. Obviamente estos asertos no causan ningún temor. Empero y  si digo con más asiduidad por favor….. Ahí … ¿Antonio dónde estás?…. ¿Antonio dónde estás?…. Me temo que salió corriendo. ¡en fin!…… Mi ”gozo en un pozo 

 

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Científicos contra el conocimiento indígena y campesino

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Un aprendiz de etnoedafólogo y su hermana epidemióloga hablando con sus asesoras indígenas. No se entendieron bien ya que el ignorante investigador desconocía el quechua y pensaba que por aquellas tierras  todos sabían la lengua del imperio. ¡Santo Dios!. El imbécil soy yo. Foto atribuible a Juan José Ibáñez

 Al arqueólogo George Nicholas  público un artículo alabando el interés de aprovechar el conocimiento indígena y campesino en “The Conversation , reprendiéndolo después en Smithsonian Magazine. Sus opiniones, lamentablemente, causaron las iras de muchos lectores, por lo que seguidamente volvió a escribir la siguiente nota  (que abajo os reproduzco) en “The Conversation” (lo traduzco al español-castellano):Una alianza incómoda: el conocimiento tradicional indígena enriquece la ciencia”. Siento vergüenza. Lamento que los investigadores nos comportamos como una casta que cree estar en posesión de una verdad que no puede ser discutida por nadie ajeno a ella. Hablamos de una actitud intolerable, sectaria, mezquina y yo diría que hasta racista.  Y lo peor es que tal integrismo sigue aumentando en esta casta rebosante de arrogancia, intolerancia y ¿Por qué no decirlo?, de ignorancia. La ciencia no es una religión cuyas verdades deban ser consideradas sagradas, y sus practicantes oradores que se suben a un pulpito y arengan a los feligreses. Se trata de un conocimiento cambiante, que debiera ir progresando con el devenir del tiempo. No hay dogmas en ciencia, ya que atentan contra su propia esencia. Por ejemplo, hace poco más de una decaca, parte de nuestro material genético era considerado ADN basura”. Yo me reí en esta bitácora y (….) hubo polémica. ¡Pero yo escribo en un blog!, y no tiene importancia. Finalmente los comprobaron que de basura no tenía nada, sino que era imprescindible. Ahora bien que intenten cerrar la boca y se recrimine a la editorial por permitir ser atrevido, es digno de esa sacrosanta inquisición que ellos mismos dicen desertar y ser garantes de que aquél lamentable episodio de la historia no vuelva a ocurrir.  Pues bien, resulta ahora que parte de la casta se ha convertido en inquisidora. Mientras a algunos de nosotros nos entusiasma la sabiduría de nuestros antepasados, otros lo desprecian sin haberla analizado, ni siquiera leído. Pues bien en nuestro blog es unaPrima donna”, y por ello atesoramos una categoría (Etnoedafología y Conocimiento Campesino’ ) en la que ya hemos incluido algunos centenares de entradas sobre estos temas. Los pueblos que sobreviven durante siglos o miles de años explotando sus recursos naturales, y agropecuarios, no pueden hacerlo de forma insustentable. Su conocimiento es necesariamente empírico, ya que si no lo consiguen perecen. Más aún, nuestra sociedad moderna, con su tecnociencia, si puede dar lecciones de “como no hacer las cosas mal”, ya que hemos devastado gran parte del planeta en unos 30-40 años. Pero no hay mayor ceguera que la de aquellos que no quiere ver, sordera de los que no desean escuchar, y estupidez de los que no practican el pensamiento crítico.  Fijaros las frases que le espetaron por un artículo en la que se defendía el interés de estudiar y evaluar el mentado tipo de conocimientos: (i) Creo que el Smithsonian no debería haber publicado un artículo posmodernista y anticientífico tan extremo“; (ii)Este fue un artículo asombrosamente malo que un buen editor de ciencia debería haber bloqueado. El autor tiene un claro conocimiento de su campo, pero carece de una comprensión clara del método científico … una serie de comentarios en contra de la ciencia y posmodernidad se han transmitido como hecho …; (iii) Sin la innecesaria anti-ciencia hubiera sido un buen artículo” y (iv)El Smithsonian ha pasado la nueva era y la anti-ciencia, la Izquierda regresiva aparentemente está prosperando allí …”

Cabría argumentar que (i) Son ellos los que no conocen “nada” del método científico; (ii) y que la anti-ciencia más peligrosa la lideran aquellos que dicen defender la ortodoxia, por cuanto la filosofía, sociología e historia de la ciencia, han constado que la buena ciencia es en su inmensa mayoría transgresiva. Pero hay más, ya que pretenden censurar las publicaciones de los que no piensan como ellos.  De ciencia solo pueden hablar los científicos, pero además exclusivamente si son ultra-ortodoxos. Más que un colectivo de sabios, como les gusta que les llamen, se comportan como una secta religiosa de la peor calaña. Si un biólogo evolutivo no se adhiere al darvinismo, es calificado de negacioncita. Si un investigador considera que el clima se está calentando, pero duda de la predicciones de los modelos de circulación general… ¿es tachado de…?. ¡Como no!. ¡Negacioncita!. Es decir se comportan como esos políticos que a pesar de observar día a día como   sus recetas políticas y económicas se traducen en un incremento de la pobreza y desigualdades, llaman populistas a todos aquellos que osan hacer propuestas alternativas. ¡Repugnante!. Empero  George Nicholas, sabe defenderse solito. Os animo a que leáis su réplica contra la intolerancia inherente a esos sabios “sabiondos”. ¡la conjura de los necios!. 

Os dejo ya con la nota de prensa de George que no tiene desperdicio, siendo además muy educado.

 

Juan José Ibáñez (la izquierda regresiva anti-científica) según algunos integristas de la tecnociencia

 Continua…….. (más…)

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Restauración de suelos y aborción de miles de millones de toneladas de carbono ¿¿??

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Madrid, Ciudad sitiada, de un Estado cerrado al exterior, casi completamente vacía, como tras un golpe de estado o esperando el bombardeo enemigo en  medio de  una guerra uno como mínimo se siente extraño, inquieto, incómodo. Cuando se está en una crisis sanitaria como la que padecemos en febrero-marzo…. de 2020 y justamente en uno de los epicentros de esta pandemia global que nos azota, nos cuesta a muchos concentrarnos.  Y para mayor calamidad personal, yo que como soltero y sin problemas (“hasta ahora”) monetarios me iba a trabajar, relegando las treas domésticas a una asistenta que limpiaba la casa, lavaba, planchaba la ropa etc., no se casi ni poner una lavadora, me encuentro también perdido en  los 65m2 del cubículo en el que habito…… Y así y he roto el fregadero por lo que estoy obligado a limpiar los utensilios de cocina en la ducha. ¡Suuuuu, sin comentarios! ¿Vale?. Me lio tanto que el teletrabajo obligado que hacemos en estos momentos casi todos los investigadores se resiente.  Friega, plancha, limpia el suelo, desinfecta, trabaja….. Salgo a comprar cada dos o tres días y todo vacío. Una urbe casi fantasma. Busco noticias para redactaros un post de suelos. Tras revisar varias, veo una que se me antoja interesante empero, es mi sino, ya que se encuentra tan vacía de contenidos, como las calles de mi ciudad. ¡Qué hastío!. Y lo que uno puede inferir, resultan ser cometarios que se ensamblan sin ton ni son, contradiciéndose o polvorientos comentarios infinitamente repetidos. Fijaros detenidamente: Partícula + antipartícula = ¡La nada!. Pero a lo que vamos…….

Cansado y aburrido de leer noticias como la que os expongo hoy, la abordada en este post no tiene desperdicio, ya que reitero es un texto vacío, hueco. Y eso que los autores dicen partir de un informe con más de 1.000 páginas auspiciado por el IPCC. Sobre este tema hemos escrito hasta la saciedad en nuestra bitácora y siempre aportando más información, lo cual es sumamente sencillo, ya que es imposible decir menos. ¿Mil páginas con vistas a llegar a las conclusiones que os vamos a mostrar?. En la prestigiosa revista journal Nature Sustainability, Deborah Bossio, un de las autoras, nos expone en una portentosa  lección magistral cómo no decir nada, nada de nada, o lo que es peor en este caso, lo mismo que hace 25 años.

 Los vertiquitos de esos informes y como se elige a los autores o compiladores, es un tema del que se sobradamente, por cuanto he formado parte de numerosas iniciativas de tal guisa. Suelo terminar lamentando mi participación una y otra vez, aunque hay excepciones, por supuesto. Sin embargo con más frecuencia de la deseada vuelvo a recaer. Eso sí, lo de la publicación en Naure Sustainability es digno de denuncia.

Poco puedo añadir o analizar a una nota de prensa digna de…. ¿de qué?. Lean y enséñasela a sus vecinos(as) más ignorantes o semi-analfabetos porque con el título basta, la entenderán, como si fuera un culebrón televisivo. Más aun la autora entrevistada propone, mejorar los mecanismos de compensación para incentivar una agricultura que proporcione más alimentos a la humanidad, frenando la expansión de las tierras agrícolas. ¿Pero cómo?. Obviamente debo suponer que en las mil páginas del informe habrá contenidos más sustanciosos. En caso contrario, en lugar de interrogar a un presunto delincuente, háganle leer en voz alta mil veces esta notica y seguro que cantará hasta la Traviata de Giuseppe Verdi. Cantará cualquier cosa que le pidan, eso sí, peor, mucho peor.

 Cuando tras buscar material para vosotros, releo muchas noticias, topo con titulares esperanzadores, pero que a la postre devienen en basuras. Pero esta última contiene “algo”, y en el caso que analizaremos hoy me ha entrado un deseo casi irresistible de cerrar el blog para siempre. ¿En que se gustan el dinero los organismos internacionales?. Busco en Internet la revista y debo pagar casi 10 euros por leer un texto seguramente más corto que este post, cuando la información ambiental debiera ser en acceso abierto. Observo el número de páginas del artículo, o carta de Naure Sustainability y, como observaréis abajo, a lo sumo son dos. Busco en el repositorio de Researchgate el volumen de 1.000 páginas y me dice que bajo petición. ¿Alto secreto?. Personalmente se me caería la cara de vergüenza firmar algo que no es nada. Que se editen publicaciones sobre los documentos elaborados por el IPCC, la ONU y/o la FAO, o sus resúmenes, en revistas de pago, con tal vacuo contenido, debiera ser sonrojante para los firmantes. A estas instituciones debería exigirse que todo fuera en acceso abierto, lo quieran los autores del informe o no. ¿Y los autores?. Son los únicos beneficiados, ya que añadirán a sus currículos una publicación de campanillas que no es nada, nada de nada. Ya sabemos que las editoriales viven de esto. Empero al menos deberían “aparentar” tener un poco más de dignidad.  Y todo esto en 2019. Cualquier alumno que imparta su primer curso de edafología añadiría más contenido, sin lugar a dudas. Entre los firmantes hay alguna persona conocida, aunque la mayoría ni me suenan (bueno sí: ¡las narices!). ¿Quien elige a estos sabios? Francamente, a mi me suelen invitar, supongo que a ellos también, empero esperaría que de suelos deberían saber, aunque no lo parezca.

 Os dejo con el espacio edafológico vació……

 Aburrido

 Juan José Ibáñez

Continúa…… No tiene desperdicio…… porque como vereís……

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Epidemias, Viralidad, Globalización, Conectividad, Redes Complejas, Mundos Pequeños y Coronavirus (2/2) (Una Sociedad Intrínsecamente insustentable)

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Conecting people”. Se trata de una frase que utilizada desde hace más de una década. Aparecía en los anuncios televisivos de algunas empresas tecnológicas con vistas a vender sus productos, augurándonos un mundo en el que todos estaríamos híper-conectados incesantemente y sin cortapisas. Pronto llegaron las pandemias virales por Internet infectando millones de dispositivos, por oleadas. Tal denominación se me antoja hoy casi profética (Los siete virus informáticos más dañinos de la historia; Ciberataque mundial: El ataque de ‘ransomware’ se extiende, etc. etc.). Lo que se solía ocultar, o al menos soslayar,  estribaba en que tal conectividad masiva atesora sus pros y sus contras).  Un grupo de personas u objetos que no interacción entre si no son un sistema ( en el cual el todo es “más, o al menos diferente, a la suma de las partes”). Tal aislamiento es inimaginable, ya que somos seres sociales. Sin embargo, a mayor conectividad, mayor dependencia, vulnerabilidad y riesgos, como los mentados ciberataques masivos. También solemos olvidar que cuando aumenta la interdependencia entre los elementos de un sistema, se pierdan grados de libertad, como dirían los expertos (aunque no sea necesario entender tal hecho en términos probabilísticos). Deseábamos ser libres a la hora de manifestar nuestras opiniones y hoy nuestros datos privados se encuentran en menos de los vampiros que habitan en el seno del sistema chupándonos la sangre (léase Google, Facebook, etc. etc.), así como de delincuentes sin escrúpulos.  Pues si, hasta las empresas tecnológicas que se han hecho inmensamente ricas con las redes sociales y otros artilugios de Internet venden nuestros datos  personales, y posiblemente al mejor postor. Y así, “viralmente”, han ido sucediéndose con rapidez, pero en fases, como ciberataques, ciberterrorismos y ciberguerras (La ciberguerra: la principal ciberamenaza global). Empero los políticos aprenden rápido, y hoy se acusan entre sí de interferir hasta en las elecciones “democráticas” de sus países y de otros rivales a favor de uno u otro candidato (Caso ciberataques rusos; Estados Unidos intensifica los ciberataques en Rusia ,etc. etc. etc.). Pero retornemos al tema de la viralidad, que no virilidad ¿Qué es un viral?, y ¿la viralidad?. Como podréis observar al buscar en Internet, las principales entradas, es decir las primeras que aparecen en vuestro motor de búsqueda, hacen referencia exclusivamente al ciberespacio. Prácticamente todos nosotros sabemos los estragos que causan los virus informáticos, (agrupo, troyanos, gusanos etc., bajo el mismo vocablo) por lo que disponemos de software antivirus, cortafuegos, etc.,  No deseamos ser infectados, ya que para muchos de nosotros podría llegar a constituir una verdadera tragediaVivimos y sabemos más del mundo virtual que del real, como si estuviéramos en las nubes,  perdón cloud computing). De pronto surge una pandemia mundial, en el mundo natural, es decir el que nos rodea más allá de las pantallas ciberespaciales y no entendemos casi nada ¿Por qué nos ocurre esto? ¿Qué estamos haciendo mal? Francamente, debíamos aprender a extrapolar un poco, eso sí con precaución. ¿No nos preocupa más nuestra salud que los dispositivos informáticos que atesoramos?. Parece ser que no, cuando sin ella enfermamos, cuando no fallecemos.

Realmente existen bastantes paralelismos entre la viralidad informática y la que concierne a nuestra salubridad. No obstante, los profanos en epidemias y pandemias que afectan a nuestra salud(legión), pero que se sienten expertos delante de un PC y son amantes de las redes sociales, apliquen sus conocimientos con vistas a entender la viralidad real, la que amenaza nuestra salud y nuestras vidas. Hablamos del el coronavirus COVID-19, que hoy aterra al mundo. Sin embargo la información que recibimos y a la par la que suele interesar a los ciudadanos se me antoja recalcitrantemente ilustrativa, Lo ciberespacial se encuentra interesa mucho más a la mayor parte de la ciudadanía que lo terrenal, hasta que la última nos amenaza seriamente. Por ejemplo, aun siendo un caso simplón, si bien no carente de significado, pueden entenderse varios aspectos esenciales de las pandemias que vuelven a acecharnos, ya que lo han hecho siempre causando estragos de enorme magnitud, como explicamos en nuestro post precedente. Hablamos acerca de un ejemplo “viral” que se propagó por Internet, ya en los albores de la explosión, que no eclosión de las redes sociales en Internet. Apelemos pues, más concretamente, al juego/estudio  denominado los “seis grados de separación de Kevin Bacon o número de Bacon”. Wikipedia al respecto se me antoja un tanto ambigua y puedo extraer exclusivamente la siguiente sentencia: “El número de Bacon no deja de ser un desarrollo sobre una base de datos verificable de la Teoría de los seis grados de separación o del “Mundo pequeño“. También tiene como antecedente el Número de Erdős, que señala la distancia colaborativa, en lo relativo a trabajos matemáticos entre un autor y Paul Erdős, matemático húngaro”. Veamos si lo explico de una forma más sencilla, extraída de Internet (i):  Inspirado en “ seis grados de separación” ” la teoría de que nadie está a más de seis relaciones de distancia de cualquier otra persona en el mundo, el juego fue ideado en 1994 por Brian Turtle y dos compañeros en el Colegio Albright en Filadelfia, Estados Unidos”; o (ii) partiendo de un pequeño número de contactos se puede ir construyendo una cadena de crecimiento exponencial que puede llegar a conectar a la humanidad entera. ¿Cuántos?. Pues lo dicho una cadena de seis veces en termino reiterativos, es decir secuencialmente. Imaginaros que comentáis algo, como un chisme, en un grupo de seis personas con mentalidad de correveidiles, el cual deviene en el primer eslabón de la cadena. Seguidamente cada uno de ellos traslada tal cuestión o chisme a otros seis, y alcanzamos el segundo eslabón. Pues bien con cuatro pasos más todo el mundo de este desnortado planeta sabría la noticia. Se trata de un simple contagio. Con independencia de que se trata de cuatro, cinco,  siete, o siete eslabones (conforme avanza la tecnología de las redes sociales tantos menos eslabones parecen ser necesarios, según he estado visionando en la Web), sustituyendo el vocablo chisme por el de virus como, el de la pandemia aludida, suponiendo que se tratase de un virus totalmente letal, la humanidad se extinguiría. ¡Extinción en masa! ¡todos muertos!: Se llama seis grados de separación a la idea que intenta probar que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios (conectando a ambas personas con sólo seis enlaces), algo que se ve representado en la popular frase «el mundo es un pañuelo». ¡Sí, lleno de virus!. Afortunadamente se trata de una conjetura que en el mundo de la epidemiologia sería “creo” quiméricamente terrorífica. No existen virus tan eficientes, aunque si lo suficiente como para poner en jaque a la humanidad o al menos a nuestra sociedad. Y a las pruebas me remito los (días) que  redacto este post, ciudadanos, colectivo sanitario, y agentes económicos se encuentran aterrados, y por tal razón tarde. Dabíamos haber roto antes tal escadena de eslabones. Mal y nunca nos enfrentamos angustiados al reto que tenemos delante.   ¿Se entiende ya la racionalidad de cómo se propagan las epidemias y los números de afectados crecen, al principio, exponencialmente?.  Tal hecho no puede interrumpirse instantáneamente, por cuanto se trata de una dinámica natural de los brotes epidémicos. Cuando estos últimos no son atajados prematuramente, el número de afectados crece vertiginosamente, al menos durante algún tiempo, a pesar de que diéremos con algún remedio para atajarlo días antes.   Y aquí está el quid de la cuestión. Si al ciudadano se le menta que tal tema ha sido viral en Internet lo entiende, empero si lo seamos epidemiológicamente queda aterrado ipso factoSe trata de la diferencia entre un crecimiento lineal y otro exponencial. Tal hecho no significa que no se pueda combatir, como las autoridades sanitarias de todo el mundo se encuentran haciendo.

En nuestro post precedente: “Epidemias, Coronavirus, Ruta de la Seda y Globalización  (Lecciones de la Historia)” ya os pusimos en antecedentes sobre la recalcitrante estulticia de nuestra sociedad contemporánea. En esta entrega, intentaremos convenceros que es otra muestra de que vivimos en una sociedad insustentable, repleta de contradicciones y de riesgos que nosotros mismos propiciamos.

En el siguiente enlace de la BBC se pretende explicar este asunto usando como caso la epidemia de la peste negra, que ya comentamos en el post precedente: Cuán pequeño se ha vuelto el mundo, comentando por ejemplo, “Así que si el mundo seguía siendo “grande” en el siglo XIV, ¿cuándo se volvió “pequeño”?. Newman y sus colegas esperan que otros datos epidemiológicos puedan revelarlo. Sospechan que sucedió con la llegada del transporte a larga distancia en el siglo XIX, que parece también haber sido el momento en el que las epidemias de rápida propagación aparecieron. Siempre hay un precio que pagar por el progreso. La disrupción provocada por las nuevas formas de comunicación nos ha permitido convertir en un pañuelo un mundo que crece a velocidad de vértigo. Por lo tanto, existen relaciones claras entre la viralidad matemática de internet y la propagación de epidemias en el mundo real. Cuando se husmea en la “Red de Redes” por los reiterados grados de separación, es frecuente encontrarse con otro tema relacionado del que os hablamos en está bitácora hace ya más de un decenio: Hablamos de los  Mundos pequeños (Los Mundos Pequeños y los Seis Grados de Separación: Una Conjetura Corroborada ¿Y la Regla de Miller?). En el enlace aludido de la BBC se nos muestra ya una de las claves del aumento en la velocidad de propagación de las epidemias, como en el caso de las facilidades para el transporte a largas distancias y más aun sin tocar tierra (es decir por aire y en menor medida navegando en el mar). Antaño las epidemias se propagaban más lentamente tardando años, por ejemplo, en el caso de la susodicha Peste Negra. Actualmente, en unas horas esos minúsculos trúhanes virales pueden aterrizar casi simultáneamente por la mayor parte lado del mundo en diversos focos. Y esto es lo que está sucediendo con la Pandemia Global que nos atemoriza en la actualidad.

¿Qué son los Mundos pequeños?. Al margen de nuestro post mentado, Wikipedia nos informa de que: “En matemática y física una red de mundo pequeño es un tipo de grafo para el que la mayoría de los nodos no son vecinos entre sí, y sin embargo la mayoría de los nodos pueden ser alcanzados desde cualquier nodo origen a través de un número relativamente corto de saltos entre ellos. Una red social, donde los nodos son personas y los enlaces son el conocimiento/relación entre ellos, captura muchos de los fenómenos de las redes de mundo pequeño. Pronto se empezaría a ver que las redes de mundo pequeño son más frecuentes de lo que se presupone y pronto aparecieron otras redes bajo esta categoría: un ejemplo muy claro es la topología de Internet. Este fenómeno ha dado la posibilidad de aplicación de este tipo de redes en diferentes áreas de la ciencia como puede ser el modelado de las redes sociales, físicas, biológicas, nuestro propio cerebro,  la propagación de epidemias, etc. (….) Otros ejemplos encontrados en la teoría de redes complejas serían las  redes de transporte tales como pueden ser las  carreteras, estaciones de autobuses, etc.”.. y, léase por ejemplo Internet.

Empero al entrar en el tema de las redes complejas ineludiblemente a la vez lo hacemos en la de los sistemas no lineales y/o sistemas complejos. En Wikipedia puede leerse respecto a las redes: “En el contexto de la ciencia de redes, una red compleja se refiere a una red (modelada como grafo) que posee ciertas propiedades estadísticas y topológicas no triviales que no ocurren en redes simples; p.ej., distribuciones de grado que siguen leyes de potencia, estructuras jerárquicas, estructuras comunitarias, longitud entre cualesquiera dos entes del sistema corto, o alta cohesividad local (medida a través del coeficiente de agrupamiento). Ejemplo de redes con tales características en la naturaleza son las redes sociales, las redes neuronales, las redes de tráfico aéreo y las redes tróficas, entre muchas otras”. Y ¡cómo no! aparecen las leyes potenciales que nos conducirán a las estructuras y procesos fractales (de los que os hemos hablado en diversos post, ver algunos abajo). Las epidemias y pandemias  posen intrínsecamente tienen una dinámica no lineal, como reconocen los expertos en un artículo publicado en el  rotativo El País, por ejemplo.

Os hemos advertido hasta la saciedad que una nuestra globalización cuya economía se sustenta en dinámicas no lineales y caóticas como es el caso de los mercados financieros, ineludiblemente nos conduce por senderos impredecibles en donde una pequeña cause (léase en este caso un virus más que nos azota, como otros antes que este) puede conducirnos abruptamente a alteraciones abruptas e impredecibles de todo el sistema. No debe extrañarnos tal que este canijo coronavirus pueda causar un colapso económico y social que nadie podía prever. Esperemos salir de este jaque, empero aun sí si no nos concienciamos de esta extrema fragilidad y vulnerabilidad, estaremos perdidos, y que pueden surgir otros mucho más letales y terroríficos.Las pandemias se expanden igual que las noticias falsas en Internet.

Justamente, mientras me eternizaba escribiendo este post, en otro blog de este sistema de bitácoras “Las matemática y su fronteras” (21 marzo, 2020) ha dedicado un post para explicar lo que ya hice hace una década, pero en el contexto del coronavirus que nos castiga. es decir La teoría del mundo pequeño y las distancias sociales del coronavirus.

Algunos de mis colegas me han comentado que peco de alarmista y antisistema. Pues bien, sobre las alarmas, ver la enorme cantidad de post en los que vaticiné, por “Pura lógica”, las consecuencias de muchas de nuestras tropelías. ¿Antisistema?. Se trata de un palabro que se espeta actualmente  como advertencia contra un ser antisocial o al hablar de personajes peligrosos, Pero ¿para quién?.  El verdadero peligro es el sistema y este caso, como el del calentamiento climático, y la contaminación masiva, corroboran que el peligro que nos acecha a los ciudadanos es justamente el sistema dictatorial financiero, al que las personas no les importa nada, al contrario que el poder y el dinero. Gaia se venga de ese capitalismo usurero que hemos creado atentando contra su integridad. No es necesario que pensemos en la consciencia de Gaia, sino en que quien juega con fuego termina quemándose. ¿Aprenderemos?. Permítanme que lo dude pensando lo que la historia narra acerca de nuestros actos y sus nefatas consecuencias. Os dejo con un par de noticias más y una relación de post previos.

Un José Ibáñez

Continúa……

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