‘Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia’

El suelo y el Medio Natural: Reflexiones desde la Universidad (Antonio López Lafuente)

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Antonio López Lafuente: Genio y Figura hasta la sepultura cuando llegue que todavía es muy pronto….

Otra vez me ha permitido Juanjo asomarme al balcón, ahora que por desgracia está de moda (Pandemia de Covid-19), de su bitácora para compartir con vosotros algunas reflexiones relacionadas con el suelo y el medio natural. Deseo empezar dándole las gracias por esta nueva incursión que espero sea de algún interés. 

 Los que nos dedicamos a la  actividad docente e investigación en la universidad nos  encontramos pasando momentos de confinamiento, como muchas personas dedicadas a otras profesiones, lo cual nos está permitiendo tener más tiempo libre como para poder plantearnos algunas reflexiones, en este caso, acerca de nuestro trabajo, a la vista de las numerosas dificultades que nos estamos encontrando.

 Los profesores de universidad, como así lo establece la ley, debemos cumplir con dos misiones básicamente: (i) participar en la investigación del país, a través de los proyectos financiados por los distintos organismos oficiales, también de empresas privadas, pero claramente en menor proporción, y (ii) ocuparnos de la docencia de los futuros egresados. Esta ha sido la biga que ha mantenido el fundamento de nuestra universidad a lo largo de la historia. 

 Esta doble función que lógicamente en sus principios no va a cambiar, si bien es posible que se vea modificada con nuevos planteamientos a partir por el surgimiento  de la pandemia del COVID-19. Durante el tiempo de confinamiento estamos aprendiendo a marchas forzadas que no podemos seguir con los modelos tradicionales ni de investigación ni de docencia. La pandemia nos está ayudando a recordar que la investigación o se hace y se financia para potenciar equipos multidisciplinares, o no tendrá sentido de ser, y la docencia, o se hace desde la integración, no solo de los estudiantes, sino también del conocimiento, con una participación expresa de las nuevas tecnologías, ono tendrá garantías de calidad. Estos dos planteamientos no son nuevos, forman parte del frontispicio de nuestra profesión, pero parece momento de recordarlos si queremos tener en el futuro un mejor control de las distintas amenazas a que el planeta, y en especial el ser humano, va a estar sometido.

 Otra de las cosas que ha dejado claro este confinamiento es que no estábamos preparados para asumir tareas que empezaban a ser utilizadas, y de las que se hablaba mucho, aunque se ha demostrado lo lejos que nos encontramos para poder utilizarlas con rigor, me refiero al teletrabajo, o trabajo a distancia. Ni las empresas, ni las instituciones, ni los ciudadanos, ni los medios de que disponíamos estaban preparados para realizar una labor eficaz. Es evidente que algunas empresas, sobre todo en áreas concretas, el mundo de las finanzas, el entrenamiento a través de la red, llevan haciendo un trabajo de implantación desde hace años, lo que les ha permitido avanzar en este momento a un ritmo mayor, y seguramente han cubierto mejor sus objetivos. Pero sectores como la salud, la educación, la cultura, la alimentación, entre otros, necesitan impulsar de forma rápida la digitalización de sus actividades si no quieren encontrarse desfasados en los próximos años.

 Otra cuestión que merece una reflexión profunda estriba en analizar el papel de los ciudadanos en el devenir de la pandemia. Su colaboración está siendo fundamental para superar la catástrofe, si no se hubiera entendido que sin su participación no sería posible salir, los tiempos para superarla hubieran sido muy superiores y con consecuencias los estragos mucho más trágicos. Con ello se ha puesto de manifiesto la importancia de entender que los problemas cuando adquieren carácter global, como es el caso de la pandemia generada por el COVID-19, o del cambio climático, del que se lleva hablando décadas, o lo que fue en su momento la crisis económica producida por la quiebra de Lehman Brothers, afectan a cada una de las personas y es imprescindible la concienciación colectiva para superarlos.

 Ante esta concienciación de los grandes problemas a nivel planetario afecta a todos los ámbitos del conocimiento, es necesario que asumamos cada uno de nosotros muchos de los planteamientos que la ciencia está haciendo sobre diversos campos. Me centrare a partir de aquí en el suelo, que es lo que yo enseño en la universidad, y principal objetivo de esta bitácora.

 La erosión, la desertificación, la contaminación química, el cambio de uso, la perdida de materia orgánica, la permanente disminución de la biodiversidad, los cambios en los ciclos del carbono y el fosforo, en una palabra, la degradación del suelo, está alterando sus servicios ecosistémicos, tanto los que afectan a los sistemas biológicos y relacionados con el agua, como los vinculados con sus aspectos sociales y económicos. Estos hechos se llevan denunciando por parte de la comunidad científica desde hace años, y seguimos predicando en el desierto. Los suelos se siguen degradando, la perdida de superficie cultivable aumenta constantemente, lo que incide en los mercados económicos, en las hambrunas, en la migración, y esto se pone de manifiesto cada año con informes y planes estratégicos para evitarlo, que apenas se cumplen.

 Uno de los últimos intentos es la publicación de La Agenda 2030 que demanda el compromiso de los Estados para cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esta Agenda fue adoptada en 2015 por la Asamblea General de Naciones Unidas y aprobada por los 193 miembros entre los que se encuentra España. El objetivo 15 es el dedicado a “vida de ecosistemas terrestres” donde se advierte de l imperiosa necesidad de: Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.

 En el apartado de DATOS, podemos leer: 2.600 millones de personas dependen directamente de la agricultura, pero el 52% de la tierra utilizada para la agricultura se ve moderada o severamente afectada por la degradación del suelo. La pérdida de tierras cultivables se estima entre el 30-35 veces la tasa histórica.

Debido a la sequía y la desertificación, se pierden 12 millones de hectáreas cada año (23 hectáreas por minuto). En un año, podrían haberse cultivado 20 millones de toneladas de grano. El 74% de los pobres están directamente afectados por la degradación de la tierra a nivel mundial.

 Pero la degradación del suelo no afecta solo a los sistemas productivos, que ya sería suficiente, sino que también  genera la destrucción de los ecosistemas terrestres y tiene una incidencia muy importante en la salud de las personas.

La llegada al suelo de productos químicos procedentes de las actividades antrópicas, ocasiona daños de los que en muchos casos no se conoce cuál es su verdadero alcance, propiciando de paso que nos hagamos preguntas que necesitan una urgente respuesta porque de ellas va a depender la salud de muchas personas:

  1. No conocemos las complejas interacciones que tienen lugar entre las especies químicas del suelo.
  2. No se conocen los nuevos xenobióticos que están apareciendo en el suelo producto de reacciones orgánicas.
  3. No se conoce como afecta el cambio climático a muchas especies de microorganismos del suelo.
  4. No se conoce como afecta a los microorganismos la llegada de medicamentos (contaminantes emergentes).

Son muchos los planteamientos y muchas las incógnitas que surgen cuando hablamos del sistema suelo, pero hoy día, en nuestro planeta la especie humana no pude sobrevivir sin los suelos. La inversión en equipos multidisciplinares, desde la ingeniería a la sociología, pasando por ciencias de la salud, es necesaria si queremos tener respuestas que realmente sirvan a los problemas de la población. En las aulas, cuando explicamos Edafología, deberemos hacerlo desde el concepto de integración, como lo define María Moliner en su diccionario de uso del español, “integrar es hacer un todo o conjunto con partes diversas”, si queremos que nuestros estudiantes entiendan lo que significa “funciones ecosistémicas del suelo”. Y la población debe entender que no podemos aportar soluciones reales y duraderas si no comprende que el suelo es mucho más que el soporte que nos sostiene.

 Quiero concluir diciendo que deberíamos extraer conclusiones positivas de esta pandemia, la catástrofe está siendo tan grande en todos los campos, sobre todo en el número de víctimas, que necesitamos confiar en que no volverá a suceder, y para ello debe ser el conocimiento y la investigación, quien aporte esa confianza, porque es lo único que nos puede salvar. Concluyo con una cita del físico Richard Fyenman, que recoge Olle Häggström, en su libroAquí hay dragones. Ciencia, tecnología y futuro de la humanidad”, que por cierto me recomendó Juanjo, transcribe: “La ciencia es lo que hemos aprendido sobre cómo evitar engañarnos a nosotros mismos

 Comentario del bloguero que espera/teme Antonio: Veamos Antonio López Lafuente. Cuando comenzamos la andadura en esta bitácora entramos a participar cuatro colegas como blogueros responsables. Poco a poco fueron siendo abducidos los restantes, dejando de participar por los motivos más variados y comprensibles.  Uno de ellos resulta ser mi entrañable amigo Antonio, que además de gran investigación y docente, ha resultado ser un magnifico gestor, ocupando cargos de garn relevancia en España. Antonio, no tienes porqué pedir permiso para nada. Esta es tu casa. Siempre serás bienvenido. Obviamente estos asertos no causan ningún temor. Empero y  si digo con más asiduidad por favor….. Ahí … ¿Antonio dónde estás?…. ¿Antonio dónde estás?…. Me temo que salió corriendo. ¡en fin!…… Mi ”gozo en un pozo 

 

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Científicos contra el conocimiento indígena y campesino

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Un aprendiz de etnoedafólogo y su hermana epidemióloga hablando con sus asesoras indígenas. No se entendieron bien ya que el ignorante investigador desconocía el quechua y pensaba que por aquellas tierras  todos sabían la lengua del imperio. ¡Santo Dios!. El imbécil soy yo. Foto atribuible a Juan José Ibáñez

 Al arqueólogo George Nicholas  público un artículo alabando el interés de aprovechar el conocimiento indígena y campesino en “The Conversation , reprendiéndolo después en Smithsonian Magazine. Sus opiniones, lamentablemente, causaron las iras de muchos lectores, por lo que seguidamente volvió a escribir la siguiente nota  (que abajo os reproduzco) en “The Conversation” (lo traduzco al español-castellano):Una alianza incómoda: el conocimiento tradicional indígena enriquece la ciencia”. Siento vergüenza. Lamento que los investigadores nos comportamos como una casta que cree estar en posesión de una verdad que no puede ser discutida por nadie ajeno a ella. Hablamos de una actitud intolerable, sectaria, mezquina y yo diría que hasta racista.  Y lo peor es que tal integrismo sigue aumentando en esta casta rebosante de arrogancia, intolerancia y ¿Por qué no decirlo?, de ignorancia. La ciencia no es una religión cuyas verdades deban ser consideradas sagradas, y sus practicantes oradores que se suben a un pulpito y arengan a los feligreses. Se trata de un conocimiento cambiante, que debiera ir progresando con el devenir del tiempo. No hay dogmas en ciencia, ya que atentan contra su propia esencia. Por ejemplo, hace poco más de una decaca, parte de nuestro material genético era considerado ADN basura”. Yo me reí en esta bitácora y (….) hubo polémica. ¡Pero yo escribo en un blog!, y no tiene importancia. Finalmente los comprobaron que de basura no tenía nada, sino que era imprescindible. Ahora bien que intenten cerrar la boca y se recrimine a la editorial por permitir ser atrevido, es digno de esa sacrosanta inquisición que ellos mismos dicen desertar y ser garantes de que aquél lamentable episodio de la historia no vuelva a ocurrir.  Pues bien, resulta ahora que parte de la casta se ha convertido en inquisidora. Mientras a algunos de nosotros nos entusiasma la sabiduría de nuestros antepasados, otros lo desprecian sin haberla analizado, ni siquiera leído. Pues bien en nuestro blog es unaPrima donna”, y por ello atesoramos una categoría (Etnoedafología y Conocimiento Campesino’ ) en la que ya hemos incluido algunos centenares de entradas sobre estos temas. Los pueblos que sobreviven durante siglos o miles de años explotando sus recursos naturales, y agropecuarios, no pueden hacerlo de forma insustentable. Su conocimiento es necesariamente empírico, ya que si no lo consiguen perecen. Más aún, nuestra sociedad moderna, con su tecnociencia, si puede dar lecciones de “como no hacer las cosas mal”, ya que hemos devastado gran parte del planeta en unos 30-40 años. Pero no hay mayor ceguera que la de aquellos que no quiere ver, sordera de los que no desean escuchar, y estupidez de los que no practican el pensamiento crítico.  Fijaros las frases que le espetaron por un artículo en la que se defendía el interés de estudiar y evaluar el mentado tipo de conocimientos: (i) Creo que el Smithsonian no debería haber publicado un artículo posmodernista y anticientífico tan extremo“; (ii)Este fue un artículo asombrosamente malo que un buen editor de ciencia debería haber bloqueado. El autor tiene un claro conocimiento de su campo, pero carece de una comprensión clara del método científico … una serie de comentarios en contra de la ciencia y posmodernidad se han transmitido como hecho …; (iii) Sin la innecesaria anti-ciencia hubiera sido un buen artículo” y (iv)El Smithsonian ha pasado la nueva era y la anti-ciencia, la Izquierda regresiva aparentemente está prosperando allí …”

Cabría argumentar que (i) Son ellos los que no conocen “nada” del método científico; (ii) y que la anti-ciencia más peligrosa la lideran aquellos que dicen defender la ortodoxia, por cuanto la filosofía, sociología e historia de la ciencia, han constado que la buena ciencia es en su inmensa mayoría transgresiva. Pero hay más, ya que pretenden censurar las publicaciones de los que no piensan como ellos.  De ciencia solo pueden hablar los científicos, pero además exclusivamente si son ultra-ortodoxos. Más que un colectivo de sabios, como les gusta que les llamen, se comportan como una secta religiosa de la peor calaña. Si un biólogo evolutivo no se adhiere al darvinismo, es calificado de negacioncita. Si un investigador considera que el clima se está calentando, pero duda de la predicciones de los modelos de circulación general… ¿es tachado de…?. ¡Como no!. ¡Negacioncita!. Es decir se comportan como esos políticos que a pesar de observar día a día como   sus recetas políticas y económicas se traducen en un incremento de la pobreza y desigualdades, llaman populistas a todos aquellos que osan hacer propuestas alternativas. ¡Repugnante!. Empero  George Nicholas, sabe defenderse solito. Os animo a que leáis su réplica contra la intolerancia inherente a esos sabios “sabiondos”. ¡la conjura de los necios!. 

Os dejo ya con la nota de prensa de George que no tiene desperdicio, siendo además muy educado.

 

Juan José Ibáñez (la izquierda regresiva anti-científica) según algunos integristas de la tecnociencia

 Continua…….. (más…)

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Restauración de suelos y aborción de miles de millones de toneladas de carbono ¿¿??

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Madrid, Ciudad sitiada, de un Estado cerrado al exterior, casi completamente vacía, como tras un golpe de estado o esperando el bombardeo enemigo en  medio de  una guerra uno como mínimo se siente extraño, inquieto, incómodo. Cuando se está en una crisis sanitaria como la que padecemos en febrero-marzo…. de 2020 y justamente en uno de los epicentros de esta pandemia global que nos azota, nos cuesta a muchos concentrarnos.  Y para mayor calamidad personal, yo que como soltero y sin problemas (“hasta ahora”) monetarios me iba a trabajar, relegando las treas domésticas a una asistenta que limpiaba la casa, lavaba, planchaba la ropa etc., no se casi ni poner una lavadora, me encuentro también perdido en  los 65m2 del cubículo en el que habito…… Y así y he roto el fregadero por lo que estoy obligado a limpiar los utensilios de cocina en la ducha. ¡Suuuuu, sin comentarios! ¿Vale?. Me lio tanto que el teletrabajo obligado que hacemos en estos momentos casi todos los investigadores se resiente.  Friega, plancha, limpia el suelo, desinfecta, trabaja….. Salgo a comprar cada dos o tres días y todo vacío. Una urbe casi fantasma. Busco noticias para redactaros un post de suelos. Tras revisar varias, veo una que se me antoja interesante empero, es mi sino, ya que se encuentra tan vacía de contenidos, como las calles de mi ciudad. ¡Qué hastío!. Y lo que uno puede inferir, resultan ser cometarios que se ensamblan sin ton ni son, contradiciéndose o polvorientos comentarios infinitamente repetidos. Fijaros detenidamente: Partícula + antipartícula = ¡La nada!. Pero a lo que vamos…….

Cansado y aburrido de leer noticias como la que os expongo hoy, la abordada en este post no tiene desperdicio, ya que reitero es un texto vacío, hueco. Y eso que los autores dicen partir de un informe con más de 1.000 páginas auspiciado por el IPCC. Sobre este tema hemos escrito hasta la saciedad en nuestra bitácora y siempre aportando más información, lo cual es sumamente sencillo, ya que es imposible decir menos. ¿Mil páginas con vistas a llegar a las conclusiones que os vamos a mostrar?. En la prestigiosa revista journal Nature Sustainability, Deborah Bossio, un de las autoras, nos expone en una portentosa  lección magistral cómo no decir nada, nada de nada, o lo que es peor en este caso, lo mismo que hace 25 años.

 Los vertiquitos de esos informes y como se elige a los autores o compiladores, es un tema del que se sobradamente, por cuanto he formado parte de numerosas iniciativas de tal guisa. Suelo terminar lamentando mi participación una y otra vez, aunque hay excepciones, por supuesto. Sin embargo con más frecuencia de la deseada vuelvo a recaer. Eso sí, lo de la publicación en Naure Sustainability es digno de denuncia.

Poco puedo añadir o analizar a una nota de prensa digna de…. ¿de qué?. Lean y enséñasela a sus vecinos(as) más ignorantes o semi-analfabetos porque con el título basta, la entenderán, como si fuera un culebrón televisivo. Más aun la autora entrevistada propone, mejorar los mecanismos de compensación para incentivar una agricultura que proporcione más alimentos a la humanidad, frenando la expansión de las tierras agrícolas. ¿Pero cómo?. Obviamente debo suponer que en las mil páginas del informe habrá contenidos más sustanciosos. En caso contrario, en lugar de interrogar a un presunto delincuente, háganle leer en voz alta mil veces esta notica y seguro que cantará hasta la Traviata de Giuseppe Verdi. Cantará cualquier cosa que le pidan, eso sí, peor, mucho peor.

 Cuando tras buscar material para vosotros, releo muchas noticias, topo con titulares esperanzadores, pero que a la postre devienen en basuras. Pero esta última contiene “algo”, y en el caso que analizaremos hoy me ha entrado un deseo casi irresistible de cerrar el blog para siempre. ¿En que se gustan el dinero los organismos internacionales?. Busco en Internet la revista y debo pagar casi 10 euros por leer un texto seguramente más corto que este post, cuando la información ambiental debiera ser en acceso abierto. Observo el número de páginas del artículo, o carta de Naure Sustainability y, como observaréis abajo, a lo sumo son dos. Busco en el repositorio de Researchgate el volumen de 1.000 páginas y me dice que bajo petición. ¿Alto secreto?. Personalmente se me caería la cara de vergüenza firmar algo que no es nada. Que se editen publicaciones sobre los documentos elaborados por el IPCC, la ONU y/o la FAO, o sus resúmenes, en revistas de pago, con tal vacuo contenido, debiera ser sonrojante para los firmantes. A estas instituciones debería exigirse que todo fuera en acceso abierto, lo quieran los autores del informe o no. ¿Y los autores?. Son los únicos beneficiados, ya que añadirán a sus currículos una publicación de campanillas que no es nada, nada de nada. Ya sabemos que las editoriales viven de esto. Empero al menos deberían “aparentar” tener un poco más de dignidad.  Y todo esto en 2019. Cualquier alumno que imparta su primer curso de edafología añadiría más contenido, sin lugar a dudas. Entre los firmantes hay alguna persona conocida, aunque la mayoría ni me suenan (bueno sí: ¡las narices!). ¿Quien elige a estos sabios? Francamente, a mi me suelen invitar, supongo que a ellos también, empero esperaría que de suelos deberían saber, aunque no lo parezca.

 Os dejo con el espacio edafológico vació……

 Aburrido

 Juan José Ibáñez

Continúa…… No tiene desperdicio…… porque como vereís……

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Epidemias, Viralidad, Globalización, Conectividad, Redes Complejas, Mundos Pequeños y Coronavirus (2/2) (Una Sociedad Intrínsecamente insustentable)

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Conecting people”. Se trata de una frase que utilizada desde hace más de una década. Aparecía en los anuncios televisivos de algunas empresas tecnológicas con vistas a vender sus productos, augurándonos un mundo en el que todos estaríamos híper-conectados incesantemente y sin cortapisas. Pronto llegaron las pandemias virales por Internet infectando millones de dispositivos, por oleadas. Tal denominación se me antoja hoy casi profética (Los siete virus informáticos más dañinos de la historia; Ciberataque mundial: El ataque de ‘ransomware’ se extiende, etc. etc.). Lo que se solía ocultar, o al menos soslayar,  estribaba en que tal conectividad masiva atesora sus pros y sus contras).  Un grupo de personas u objetos que no interacción entre si no son un sistema ( en el cual el todo es “más, o al menos diferente, a la suma de las partes”). Tal aislamiento es inimaginable, ya que somos seres sociales. Sin embargo, a mayor conectividad, mayor dependencia, vulnerabilidad y riesgos, como los mentados ciberataques masivos. También solemos olvidar que cuando aumenta la interdependencia entre los elementos de un sistema, se pierdan grados de libertad, como dirían los expertos (aunque no sea necesario entender tal hecho en términos probabilísticos). Deseábamos ser libres a la hora de manifestar nuestras opiniones y hoy nuestros datos privados se encuentran en menos de los vampiros que habitan en el seno del sistema chupándonos la sangre (léase Google, Facebook, etc. etc.), así como de delincuentes sin escrúpulos.  Pues si, hasta las empresas tecnológicas que se han hecho inmensamente ricas con las redes sociales y otros artilugios de Internet venden nuestros datos  personales, y posiblemente al mejor postor. Y así, “viralmente”, han ido sucediéndose con rapidez, pero en fases, como ciberataques, ciberterrorismos y ciberguerras (La ciberguerra: la principal ciberamenaza global). Empero los políticos aprenden rápido, y hoy se acusan entre sí de interferir hasta en las elecciones “democráticas” de sus países y de otros rivales a favor de uno u otro candidato (Caso ciberataques rusos; Estados Unidos intensifica los ciberataques en Rusia ,etc. etc. etc.). Pero retornemos al tema de la viralidad, que no virilidad ¿Qué es un viral?, y ¿la viralidad?. Como podréis observar al buscar en Internet, las principales entradas, es decir las primeras que aparecen en vuestro motor de búsqueda, hacen referencia exclusivamente al ciberespacio. Prácticamente todos nosotros sabemos los estragos que causan los virus informáticos, (agrupo, troyanos, gusanos etc., bajo el mismo vocablo) por lo que disponemos de software antivirus, cortafuegos, etc.,  No deseamos ser infectados, ya que para muchos de nosotros podría llegar a constituir una verdadera tragediaVivimos y sabemos más del mundo virtual que del real, como si estuviéramos en las nubes,  perdón cloud computing). De pronto surge una pandemia mundial, en el mundo natural, es decir el que nos rodea más allá de las pantallas ciberespaciales y no entendemos casi nada ¿Por qué nos ocurre esto? ¿Qué estamos haciendo mal? Francamente, debíamos aprender a extrapolar un poco, eso sí con precaución. ¿No nos preocupa más nuestra salud que los dispositivos informáticos que atesoramos?. Parece ser que no, cuando sin ella enfermamos, cuando no fallecemos.

Realmente existen bastantes paralelismos entre la viralidad informática y la que concierne a nuestra salubridad. No obstante, los profanos en epidemias y pandemias que afectan a nuestra salud(legión), pero que se sienten expertos delante de un PC y son amantes de las redes sociales, apliquen sus conocimientos con vistas a entender la viralidad real, la que amenaza nuestra salud y nuestras vidas. Hablamos del el coronavirus COVID-19, que hoy aterra al mundo. Sin embargo la información que recibimos y a la par la que suele interesar a los ciudadanos se me antoja recalcitrantemente ilustrativa, Lo ciberespacial se encuentra interesa mucho más a la mayor parte de la ciudadanía que lo terrenal, hasta que la última nos amenaza seriamente. Por ejemplo, aun siendo un caso simplón, si bien no carente de significado, pueden entenderse varios aspectos esenciales de las pandemias que vuelven a acecharnos, ya que lo han hecho siempre causando estragos de enorme magnitud, como explicamos en nuestro post precedente. Hablamos acerca de un ejemplo “viral” que se propagó por Internet, ya en los albores de la explosión, que no eclosión de las redes sociales en Internet. Apelemos pues, más concretamente, al juego/estudio  denominado los “seis grados de separación de Kevin Bacon o número de Bacon”. Wikipedia al respecto se me antoja un tanto ambigua y puedo extraer exclusivamente la siguiente sentencia: “El número de Bacon no deja de ser un desarrollo sobre una base de datos verificable de la Teoría de los seis grados de separación o del “Mundo pequeño“. También tiene como antecedente el Número de Erdős, que señala la distancia colaborativa, en lo relativo a trabajos matemáticos entre un autor y Paul Erdős, matemático húngaro”. Veamos si lo explico de una forma más sencilla, extraída de Internet (i):  Inspirado en “ seis grados de separación” ” la teoría de que nadie está a más de seis relaciones de distancia de cualquier otra persona en el mundo, el juego fue ideado en 1994 por Brian Turtle y dos compañeros en el Colegio Albright en Filadelfia, Estados Unidos”; o (ii) partiendo de un pequeño número de contactos se puede ir construyendo una cadena de crecimiento exponencial que puede llegar a conectar a la humanidad entera. ¿Cuántos?. Pues lo dicho una cadena de seis veces en termino reiterativos, es decir secuencialmente. Imaginaros que comentáis algo, como un chisme, en un grupo de seis personas con mentalidad de correveidiles, el cual deviene en el primer eslabón de la cadena. Seguidamente cada uno de ellos traslada tal cuestión o chisme a otros seis, y alcanzamos el segundo eslabón. Pues bien con cuatro pasos más todo el mundo de este desnortado planeta sabría la noticia. Se trata de un simple contagio. Con independencia de que se trata de cuatro, cinco,  siete, o siete eslabones (conforme avanza la tecnología de las redes sociales tantos menos eslabones parecen ser necesarios, según he estado visionando en la Web), sustituyendo el vocablo chisme por el de virus como, el de la pandemia aludida, suponiendo que se tratase de un virus totalmente letal, la humanidad se extinguiría. ¡Extinción en masa! ¡todos muertos!: Se llama seis grados de separación a la idea que intenta probar que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios (conectando a ambas personas con sólo seis enlaces), algo que se ve representado en la popular frase «el mundo es un pañuelo». ¡Sí, lleno de virus!. Afortunadamente se trata de una conjetura que en el mundo de la epidemiologia sería “creo” quiméricamente terrorífica. No existen virus tan eficientes, aunque si lo suficiente como para poner en jaque a la humanidad o al menos a nuestra sociedad. Y a las pruebas me remito los (días) que  redacto este post, ciudadanos, colectivo sanitario, y agentes económicos se encuentran aterrados, y por tal razón tarde. Dabíamos haber roto antes tal escadena de eslabones. Mal y nunca nos enfrentamos angustiados al reto que tenemos delante.   ¿Se entiende ya la racionalidad de cómo se propagan las epidemias y los números de afectados crecen, al principio, exponencialmente?.  Tal hecho no puede interrumpirse instantáneamente, por cuanto se trata de una dinámica natural de los brotes epidémicos. Cuando estos últimos no son atajados prematuramente, el número de afectados crece vertiginosamente, al menos durante algún tiempo, a pesar de que diéremos con algún remedio para atajarlo días antes.   Y aquí está el quid de la cuestión. Si al ciudadano se le menta que tal tema ha sido viral en Internet lo entiende, empero si lo seamos epidemiológicamente queda aterrado ipso factoSe trata de la diferencia entre un crecimiento lineal y otro exponencial. Tal hecho no significa que no se pueda combatir, como las autoridades sanitarias de todo el mundo se encuentran haciendo.

En nuestro post precedente: “Epidemias, Coronavirus, Ruta de la Seda y Globalización  (Lecciones de la Historia)” ya os pusimos en antecedentes sobre la recalcitrante estulticia de nuestra sociedad contemporánea. En esta entrega, intentaremos convenceros que es otra muestra de que vivimos en una sociedad insustentable, repleta de contradicciones y de riesgos que nosotros mismos propiciamos.

En el siguiente enlace de la BBC se pretende explicar este asunto usando como caso la epidemia de la peste negra, que ya comentamos en el post precedente: Cuán pequeño se ha vuelto el mundo, comentando por ejemplo, “Así que si el mundo seguía siendo “grande” en el siglo XIV, ¿cuándo se volvió “pequeño”?. Newman y sus colegas esperan que otros datos epidemiológicos puedan revelarlo. Sospechan que sucedió con la llegada del transporte a larga distancia en el siglo XIX, que parece también haber sido el momento en el que las epidemias de rápida propagación aparecieron. Siempre hay un precio que pagar por el progreso. La disrupción provocada por las nuevas formas de comunicación nos ha permitido convertir en un pañuelo un mundo que crece a velocidad de vértigo. Por lo tanto, existen relaciones claras entre la viralidad matemática de internet y la propagación de epidemias en el mundo real. Cuando se husmea en la “Red de Redes” por los reiterados grados de separación, es frecuente encontrarse con otro tema relacionado del que os hablamos en está bitácora hace ya más de un decenio: Hablamos de los  Mundos pequeños (Los Mundos Pequeños y los Seis Grados de Separación: Una Conjetura Corroborada ¿Y la Regla de Miller?). En el enlace aludido de la BBC se nos muestra ya una de las claves del aumento en la velocidad de propagación de las epidemias, como en el caso de las facilidades para el transporte a largas distancias y más aun sin tocar tierra (es decir por aire y en menor medida navegando en el mar). Antaño las epidemias se propagaban más lentamente tardando años, por ejemplo, en el caso de la susodicha Peste Negra. Actualmente, en unas horas esos minúsculos trúhanes virales pueden aterrizar casi simultáneamente por la mayor parte lado del mundo en diversos focos. Y esto es lo que está sucediendo con la Pandemia Global que nos atemoriza en la actualidad.

¿Qué son los Mundos pequeños?. Al margen de nuestro post mentado, Wikipedia nos informa de que: “En matemática y física una red de mundo pequeño es un tipo de grafo para el que la mayoría de los nodos no son vecinos entre sí, y sin embargo la mayoría de los nodos pueden ser alcanzados desde cualquier nodo origen a través de un número relativamente corto de saltos entre ellos. Una red social, donde los nodos son personas y los enlaces son el conocimiento/relación entre ellos, captura muchos de los fenómenos de las redes de mundo pequeño. Pronto se empezaría a ver que las redes de mundo pequeño son más frecuentes de lo que se presupone y pronto aparecieron otras redes bajo esta categoría: un ejemplo muy claro es la topología de Internet. Este fenómeno ha dado la posibilidad de aplicación de este tipo de redes en diferentes áreas de la ciencia como puede ser el modelado de las redes sociales, físicas, biológicas, nuestro propio cerebro,  la propagación de epidemias, etc. (….) Otros ejemplos encontrados en la teoría de redes complejas serían las  redes de transporte tales como pueden ser las  carreteras, estaciones de autobuses, etc.”.. y, léase por ejemplo Internet.

Empero al entrar en el tema de las redes complejas ineludiblemente a la vez lo hacemos en la de los sistemas no lineales y/o sistemas complejos. En Wikipedia puede leerse respecto a las redes: “En el contexto de la ciencia de redes, una red compleja se refiere a una red (modelada como grafo) que posee ciertas propiedades estadísticas y topológicas no triviales que no ocurren en redes simples; p.ej., distribuciones de grado que siguen leyes de potencia, estructuras jerárquicas, estructuras comunitarias, longitud entre cualesquiera dos entes del sistema corto, o alta cohesividad local (medida a través del coeficiente de agrupamiento). Ejemplo de redes con tales características en la naturaleza son las redes sociales, las redes neuronales, las redes de tráfico aéreo y las redes tróficas, entre muchas otras”. Y ¡cómo no! aparecen las leyes potenciales que nos conducirán a las estructuras y procesos fractales (de los que os hemos hablado en diversos post, ver algunos abajo). Las epidemias y pandemias  posen intrínsecamente tienen una dinámica no lineal, como reconocen los expertos en un artículo publicado en el  rotativo El País, por ejemplo.

Os hemos advertido hasta la saciedad que una nuestra globalización cuya economía se sustenta en dinámicas no lineales y caóticas como es el caso de los mercados financieros, ineludiblemente nos conduce por senderos impredecibles en donde una pequeña cause (léase en este caso un virus más que nos azota, como otros antes que este) puede conducirnos abruptamente a alteraciones abruptas e impredecibles de todo el sistema. No debe extrañarnos tal que este canijo coronavirus pueda causar un colapso económico y social que nadie podía prever. Esperemos salir de este jaque, empero aun sí si no nos concienciamos de esta extrema fragilidad y vulnerabilidad, estaremos perdidos, y que pueden surgir otros mucho más letales y terroríficos.Las pandemias se expanden igual que las noticias falsas en Internet.

Justamente, mientras me eternizaba escribiendo este post, en otro blog de este sistema de bitácoras “Las matemática y su fronteras” (21 marzo, 2020) ha dedicado un post para explicar lo que ya hice hace una década, pero en el contexto del coronavirus que nos castiga. es decir La teoría del mundo pequeño y las distancias sociales del coronavirus.

Algunos de mis colegas me han comentado que peco de alarmista y antisistema. Pues bien, sobre las alarmas, ver la enorme cantidad de post en los que vaticiné, por “Pura lógica”, las consecuencias de muchas de nuestras tropelías. ¿Antisistema?. Se trata de un palabro que se espeta actualmente  como advertencia contra un ser antisocial o al hablar de personajes peligrosos, Pero ¿para quién?.  El verdadero peligro es el sistema y este caso, como el del calentamiento climático, y la contaminación masiva, corroboran que el peligro que nos acecha a los ciudadanos es justamente el sistema dictatorial financiero, al que las personas no les importa nada, al contrario que el poder y el dinero. Gaia se venga de ese capitalismo usurero que hemos creado atentando contra su integridad. No es necesario que pensemos en la consciencia de Gaia, sino en que quien juega con fuego termina quemándose. ¿Aprenderemos?. Permítanme que lo dude pensando lo que la historia narra acerca de nuestros actos y sus nefatas consecuencias. Os dejo con un par de noticias más y una relación de post previos.

Un José Ibáñez

Continúa……

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Epidemias, Coronavirus, Ruta de la Seda y Globalización (1/2) (Lecciones de la Historia)

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Ruta de la seda y Coronavirus SARS-CoV-2. Fuente Colaje Imágenes Google

Echo en falta a mi querida hermana, Consuelo Ibáñez, sí aquella epidemióloga fallecida el 31 de diciembre de 2017 y que era la administradora del blog “Salud Pública y Algo Más”. Hoy le dedico este post. Ahora estaría trabajando desenfrenadamente desde su puesto como tal en la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid y en la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica. Personalmente, mi problema no estriba tanto en el temor al efecto corporal del mentado coronavirus como en contraerlo, dado que soy “virulentamente” alérgico a diversos fármacos, y entre ellos antibióticos. Ella cuidaba mucho para que no me inyectaran retrovirales, ya que el remedio podía ser trágicamente peor que la enfermedad. De hecho me salvó la vida en dos ocasiones. Así pues, escribir sobre un tema de esta guisa que, además aterrar a todo el mundo me genera más que pánico, no me ha resultado nada fácil……  Eso sí es el primero de una serie de dos. ¡Va por ti, hermanita del alma!.

El diez de febrero de este año (2020) impartí una charla en el Ateneo de Madrid, es decir no hará aún un mes (a la hora de redactar este post) de la alarma vírica SARS-CoV-2, sobre” “Cambio climático y erosión del suelo”. Durante la tertulia posterior, derivé mis comentarios hacia los males de esta dictadura financiera que padecemos, comentando algo así comocuando la humanidad tropieza una y otra vez en este tipo de tesituras, suelen ser las guerras, y más aún las epidemias las que vuelven a ponernos en nuestro sitio: toquemos madera” . ¡Válgame Dios, con el profeta de las narices!. Y es que no aprendemos ni de los errores previos, ni de los ajenos, ni de aquellos que ocurrieron hace unos pocos años (ver los comentarios debajo de Adolfo García Sastre, uno de los virólogos más reconocidos del mundo), y menos aún de los de tiempos más remotos, a pesar de que hoy nos muestran “una verdad incómoda”, más aún  que la del cambio climático. Obviamente, este post no versará sobre el SARS-CoV-2, ya que soy profano en la materia. Simplemente los datos históricos que ofrecemos deben ser motivo de una profunda reflexión. Estos darán paso a otra entrega, en que relacionaremos pandemias, globalización, viralidad, complejidad, y otros aspectos que constatan la enorme fragilidad y vulnerabilidad de la sociedad actual y su cacareada conectividad.

Tras ir observando la exponencial expansión del SARS-CoV-2 alrededor de todo el mundo en mapas, recordé algunos episodios del pasado que, por sorprendentes que parezcan, son historias pertinentes, hoy más que nunca. ¿Saben ustedes que fue/es la Ruta de la seda?. ¿Recuerdan la legendaria figura mitológica de Marco Polo?. Desde hace milenios han existido relaciones comerciales entre China y occidente. Sin embargo, con el tiempo se acrecentaron gracias a la intensa actividad comercial de las pequeñas “Ciudades-estado italianas” en el medievo. De oriente trajimos a Europa la pólvora, la imprenta y otras tecnologías que ayudaron al progreso del “viejo continente”. Empero  también otros “sujetos” no tan deseados, como vamos a recordar. Los trayectos entre ambos espacios geográficos son hoy conocidos por la Ruta de la seda. De hecho, en junio de 2014, la Unesco eligió un tramo de la Ruta de la Seda como Patrimonio de la Humanidad. ¿Para bien o para mal? En aquella ruta que transcurría entre otros países por  China, Persia (Irán y más), Turquía e Italia, tocando otros del norte de áfrica, como Egipto, para ramificarse después  hacia el oeste y el norte de Europa. El Imperio mongol también resultó ser una cultura clave, hoy bajo el ¿protectorado? Chino.

Pueden comprobar los lectores que han sido precisamente varios de estos  países  y territorios (exceptuando a los turcos, a falta de datos fehacientes) en donde comenzaron a aflorar por primer vez los brotes más intensos  del nuevo coronavirus, SARS-CoV-2. En aquellos tiempos medievales,  la “Ruta”  resultó ser a la postre, tamién otra de la muerte y desolación, que no un sendero “nada luminoso” por el que transitaron numerosas enfermedades zoonoticas o zoonosis.

La historia puede contarse de maneras dispares, que a veces se antojan contrapuestas. Veamos lo que dice Wikipedia acerca del legendario explorador y comerciante previamente mencionado, es decir: Marco Polo (Venecia, 1254-ib.,1324) “La Ruta de la Seda representa un temprano fenómeno de integración política y cultural debido al comercio interregional. En su apogeo, sostuvo una cultura internacional que enlazaba a grupos tan diversos como los magiares, armenios y chinos. La ruta experimentó períodos principales de popularidad y actividad en diferentes épocas y en diferentes puntos a lo largo de su longitud hacia el oeste:…”. Y así la peste negra y/o peste bubónica, y otras delicatesen para nuestra salud diezmaron la población Europea en decenas de millones de personas, que traducidas a la densidad demográfica actual vendrían a equivaler a cientos, de millones de seres humnos, en esos territorios. Lean por ejemplo la siguiente noticia: “La peste bubónica y su relación con la ruta de la seda”, o esta que nos habla de otras infecciones: El misterio genético de la enfermedad de la Ruta de la Seda…. Se trata de otro punto de vista histórico. ¿Verdad?. De hecho aquellas pandemias “en el contexto del mundo clásico conocido, cambiaron temporalmente tanto la historia como la economía y el paisaje. Tras ellas, la revegetación natural roía muchos espacios geográficos antiguamente cultivados, y los bosques volvieron a invadir parte del terreno perdido frente a los cultivos. La calidad de vida de los supervivientes mejoraba sustancialmente, hasta la próxima pandemia.  Obviamente Latinoamérica quedó al margen (hasta donde sabemos, ya que existen expertos que defienden que el Imperio Chino ya…).

Trágicamente, la colonización de América por parte de los europeos poco después, generó estragos, ya que muchos de aquellos viajantes, sin saberlo, lo hicieron inadvertidamente con esos pequeños asesinos en sus entrañas.  El Biólogo, biólogo Jared Diamond, experto en biodiversidad, publicó un fascinante libro titulado “Armas, Gérmenes y Acero” que se me antoja hoy de obligada lectura. Si bien la narración de Wikipedia, acerca de esta obra no repara demasiado a cerca del papel de los patógenos, al contrario que el autor, permitirme que rescate los siguientes fragmentos: “La convivencia estrecha con el ganado dio lugar, en las sociedades ganaderas, a la exposición a gérmenes de origen animal por parte del ser humano, y la mayor densidad demográfica produjo que estos gérmenes pudieran atacar a poblaciones humanas ocasionalmente, incluso adquiriendo el carácter de epidemias. Con el tiempo, las sociedades euroasiáticas llegaron a inmunizarse relativamente contra esos gérmenes. De hecho, fueron epidemias como la viruela, el sarampión, la tuberculosis, la gripe y otras, un factor decisivo en el dominio de los occidentales sobre poblaciones no expuestas con anterioridad a estos gérmenes y por tanto no inmunes, como los indígenas americanos antes de 1492”. Jared mantiene a lo largo del libro que las epidemias importadas han modelado la historia de la humanidad. Pero sigamos, por cuanto el pasado nos ofrece lecciones magistrales acerca de la estupidez humana. Debemos recordar que durante medievo se desconocía la existencia de los microbios, hablándose en el mejor de los casos de miasmas….. Las enfermedades viajaron por la Ruta de la Seda.

Recientemente podía leer en la prensa española titulares como el siguiente: “ Irán y China impulsan la Ruta de la Seda del siglo XXI”. ¡Vaya por Dios!, otra vez dos de los países más afectados a 10 de febrero de 2020 por ese virus que bloquea el mundo. Ahora bien, este título de otra nota de prensa nos puede dejarnos boquiabiertos: “ Wuhan la nueva ruta de la seda”, ya que fue redactado poco antes de la pandemia actual. Sí, Wuhan en donde comenzó a fraguarse la actual, epidemia de SARS-CoV-2. ¿Vaya coincidencia no? ¿Que abordan estos titulares sin saberlo?: pues ni más ni menos que, efectivamente, una ruta de la seda en ferrocarril, a la que algunos denominanPuente Terrestre Euroasiático”.

 He buscado en Internet algún escrito reciente sobre la relación casual del actual coronavirus y el mencionado trayecto de la cultura y muerte “euroasiática”. La citada conexión tan solo aparece mentada en escasísimos medios de comunicación de masas, como el New York Times, si bien no he logrado tener acceso a su contenido.

Les ruego que lean atentamente ahora la siguiente narración extraída de RTVE de un hecho del medievo que acabo de mentar: La peste negra afectó a las ciudades medievales en función de su importancia comercial (Las urbes centrales en la red de comunicaciones sufrieron más los efectos…… Hemos descubierto que las ciudades con una posición más central dentro de la red y las más conectadas eran más vulnerables a las enfermedades y sufrieron la plaga con mayor severidad. Además, también eran más propensas a que los brotes se repitiesen por causas externas”, explica el investigador del CSIC José María Gómez, de la Estación Experimental de Zonas Áridas……. La pandemia conocida como peste negra arrasó Europa entre 1346 y 1353 y acabó con entre el 30% y el 50% de la población. Su expansión ha estado históricamente asociada a las rutas comerciales. Originada en Asia Central, la enfermedad viajó hasta Occidente a través de la Ruta de la Seda y en 1343 llegó a la antigua ciudad de Caffa (actual Feodosia), en la península de Crimea. Desde ahí se propagó por Europa a través de las principales rutas comerciales y llegó a casi todas las poblaciones.  “Es una pandemia que tuvo lugar en un momento de la historia donde las comunicaciones eran frecuentes, lo que permite el análisis de redes, pero no tan intensa como en la actualidad, lo que permite desvelar los patrones con más claridad. Esta ventaja tiene asociada, sin embargo, la desventaja de no disponer de fuentes rigurosas sobre mortalidad”, añade el investigador del CSIC Miguel Verdú, del Centro de Investigaciones sobre Desertificación, centro mixto del CSIC y la Universidad de Valencia. )… Asimismo, el análisis señala que las ciudades situadas en regiones con mayor densidad de población dentro de la red se vieron más afectadas por la enfermedad que aquellas que se encontraban en zonas menos pobladas )”…. Pues bien, Wuham, Milán, Madrid, etc., son ciudades muy, pero que muy conectadas, por citar tan solo algunas de las Metrópolis más afectadas a día de hoy por el SARS-CoV-2.  No soy experto, y tampoco he sacado mucho provecho de la bibliografía (he leído varias conjeturas rivales pero a saber…) por lo que desconozco si se sabe a “ciencia cierta” si la peste bubónica y la peste negra fueron causadas por el mismo patógeno (sinónimas), originadas por agentes infecciosos distintos, o diferentes cepas de un mismo agente infeccioso,  que se sucedieron en el tiempo a modo de oleadas. En cualquier caso,  resultaron ser igualmente calamitosas: La peste septicémica, en la cual el contagio pasaba a la sangre, lo que se manifestaba en forma de visibles manchas oscuras en la piel –de ahí el nombre de «muerte negra»”. En la siguiente noticia se muestran como sinónimos, empero en otras páginas Web no: El origen de la peste en Europa: ¿el cambio climático?. He escogido esta última, con vistas a dejar constancia de que en la actualidad todo lo humano y divino es atribuido al cambio climático, cuando en realidad ….. la culpa fue del cha, cha, cha. Pero veamos esta otra narración: La Peste de Justiniano pudo haber sido peste bubónica: “Un estudio científico de la Universidad de Tubinga revela la existencia de un gran brote de peste bubónica anterior a la Peste Negra….. tras comparar más de 300 cepas actuales de Yersinia pestis, la bacteria que causa la peste bubónica, con antiguo ADN bacteriano aislado de víctimas de la Peste Negra (la devastadora pandemia de peste que afectó a Europa entre 1347 y 1351), un equipo dirigido por investigadores de la Universidad de Tubinga (Tübingen, en alemán) ha obtenido pruebas que sugieren que se produjo un brote de peste bubónica entre los siglos VIII y X d.C. Del estudio, publicado el pasado 28 de noviembre en la revista científica digital PLOS ONE, se desprenden serios indicios de que la Peste de Justiniano, una pandemia masiva a la que se considera en parte responsable del colapso del Imperio romano de Occidente, podría haber sido causada por la misma bacteria implicada en la Peste Negra

¿Es la Ruta de la Seda un ejemplo de globalización?También se propagaron en las rutas comerciales otras enfermedades, como el sarampión y la viruela”. Desde luego en el mundo clásico puede decirse que sí (…) Se ha venido creyendo que la viruela, una de las enfermedades víricas más devastadoras que han golpeado a la humanidad, apareció en poblaciones humanas hace miles de años, en el antiguo Egipto, la India y China” y algunos también señalan con el dedo a la Ruta de la seda, aunque otros expertos la descartan.

Vienen ahora a colación los fragmentos de algunos comentarios del virólogo Adolfo García Sastre, en la noticia titulada: El español que busca la vacuna del Covid-19 en EEUU: “No vamos a poder parar el virus” Se tratada de una entrevista.

El catedrático Adolfo García Sastre, uno de los virólogos españoles más reconocidos del mundo, cree que es inevitable que el coronavirus se convierta en endémico.

Pregunta: Saltarán otros virus de los murciélagos a los humanos?

Respuesta: Lo más triste de este episodio es que ya sabíamos que virus como el del SARS pueden ocasionar problemas, que hay una gran cantidad de virus parecidos en murciélagos y que las condiciones que fomentaron que SARS saltara a humanos no han cambiado. Con eso no quiero decir que se cierren los mercados de animales vivos, pero nadie controla si esos animales están infectados por algún virus parecido a SARS, que es lo que se debería hacer. Sabiendo que esto puede volver a ocurrir y que los virus que hay son muy parecidos a los del SARS, no se siguió trabajando en elaborar antivirales o vacunas, porque el SARS se acabó.

Incluso podríamos haber tenido una vacuna basada en SARS que funcionase ahora contra este nuevo coronavirus, porque son muy similares. Lo mismo pasa con los antivirales. Podíamos haber estado más preparados, sabíamos que esto podía pasar y lo que teníamos que hacer para mitigarlo.

En fin hasta aquí algunos comentarios sobre las lecciones de la historia que no hemos tenido en cuenta. En el siguiente post sobre el tema entraremos de lleno a explicitar las enseñanzas que el  SARS-CoV-2 nos ofrece sobre la fragilidad y vulnerabilidad de este mundo globalizado, con la  esperanza de que esta vez no genere un drama planetario, dado lo que sabemos de este coronavirus. ¿Se imaginan si hubiera sido otro aún más transmisible y patogénico?. En cualquier caso, ya podemos constatar numerosos puntos débiles, que demuestran como que el comercio y el tráfico de personas y mercancías a largas distancias acarrea, con el tiempo, tanto bienestar como miseria (léase globalización). La historia no puede ni debe olvidarse jamás.

Pido perdón por los posibles errores y ambigüedades, si bien reitero que no soy experto en epidemiologia. Sin embargo, también considero que los puntos centrales de esta entrega nos ofrecen pistas interesantes, pero especialmente motivos de reflexión acerca de una comunidad global, completamente conectada, bajo las directrices de la sociedad que nos ha tocado parecer.

Y añado estas dos noticias como botón de muestra de que cuando la ciudadanía deviene en una turba presa del pánico, los ciudadanos comenzamos en buena parte a ser responsables de su propagación: “300 presos fugados y seis muertos en motines en las cárceles italianas por las medidas contra el coronavirus” y “Coronavirus: El desabastecimiento llega a los supermercados británicos y españoles por supuesto, vaciados hoy mismo por una plebe histérica. Continuaremos con el tema en el siguiente post.

 Continuará.

Juan José Ibáñez

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COP 25 ¿Qué cabe esperar?. ¡Nada!, ¡Nada de Nada!

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COP 25 2019

 La Prensa augura estos días que si el COP 25 no llega a buen puerto se avecina una gran catástrofe climática. ¿Catástrofe Climática? Se nos advierte de tantas catástrofes que los ciudadanos se encuentran cansados y hastiados, cuando no indiferentes. ¿Y qué decir de los políticos y las gobernanzas nacionales e internacionales? ¡Más de lo mismo!  Al fin y al cabo han sido estos últimos los que aplaudieron en su momento la globalización económica, y mutatis mutandis dieron alas a la dictadura financiera neoliberal que padecemos hoy. Se trata de la verdadera razón que nos ha conducido hasta el vigente estado de degradación planetaria, haciendo uso masivo de la posverdad y la tecnociencia. Sin embargo,  ¿Porque decimos cambio climático en lugar de  hablar de degradación ambiental?. Muy sencillo, fragmentando el coloso reto que tenemos ante nuestras narices, dividir el meollo de la cuestión permite difuminar responsabilidades: “los árboles no nos permiten dejar ver el bosque”.

Nos esperan dos semanas interminables de discusiones, reproches, buenas palabras, ausencias notables, decepciones, esperanzas, etc. ¡Me da igual que me da lo mismo!. Abajo os dejo el material de los interminables COP que se han venido sucediendo desde 1992 (La Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) establecida en mayo de 1992, en la Primera Cumbre de la Tierra, Río de Janeiro). En unos buenas palabras y con el tiempo decepción, en otros fiasco ya desde el principio. ¿Ha mejorado algo?: ¡No!. ¿Qué ha empeorado?: ¡Todo lo demás! Es decir que mientras se realizan una vez de tras de otra, todos estos faustos desde 1992, las emisiones de gases de invernadero, no han parado de aumentar ininterrumpidamente, como veréis abajo (y en la foto que encabeza esta entradilla). Dos semanas de palabras, verborrea, hipocresía, ignorancia, mala fe, oportunismo, posibilidades de hacer otros negocios, etc. Al fin y al cabo si EE.UU., China Rusia, etc., no ratifican el acuerdo, este será papel mojado. ¿Pero y si por milagro lo firmaran?. Más de lo mismo, a la vista de la historia de los COP que os muestro abajo.

¿Los ciudadanos que piensan? En principio, pero solo en principio: ¡basta ya!. Empero también somos nosotros muy sibilinos. Se defiende que la Unión Europea resulta ser el bloque más concienciado en la lucha contra el calentamiento climático. Pues bien, conforme algunos países toman medidas ambientales para comenzar a paliar la degradación ambiental, los sectores más afectados se echan a la calle protestando airadamente, alegando que tales decisiones pueden llevarles a la ruina. En aproximadamente un mes, los tractores han invadido, como mínimo, las ciudades de Berlín, París y Ámsterdam.  Somos pues también parte del problema.

Por lo tanto, y con vistas a ser políticamente correctos, les regalaremos a los asistentes los maravillosos versos de un inmenso poeta, es decir de Rubén Dario. Esta será nuestra bienvenida. No obstante, os comentaré que cuando era niño se celebraba el centenario del nacimiento de este gran escritor nicaragüense (por cierto pobre Nicaragua, sufriendo el despotismo de su antiguo líder revolucionario).  El profesor de literatura me obligó a aprender y recitar La Marcha Triunfal de memoria. Se me antoja insufriblemente grandilocuente y recargado: ¡no la soporto!. Y por eso mismo, presumo que es lo que desean los asistentes a este gran evento en el que se dice jugarse el destino de la humanidad. La añadiré abajo, para finalizar con el resto del material. Los demás no os preocupéis. Como suele ser norma en la historia humana, las grandes decisiones se toman, tarde, mal y nunca, para nuestro escarnio.  Es decir que como la catástrofe aun no es monumental, habrá que esperar a que sea irremediablemente tarde con vistas a sentarnos de verdad a la mesa, dialogar e intentar ponernos de acuerdo y actuar, si no entramos en guerras y otras menudencias antes.   ¿Y si fracaso como pitoniso?. ¡Ni me lo imagino!, pero de suceder sería inmensamente feliz al comerme mis propias palabras. Ahora bien, no bastaría con un acuerdo. Si no se cumple, como suele ser ley, más papel mojado.

Muy lamentable todo. Nuestro Blog pasará olímpicamente del tema, ya que parafraseando a Gabriel García Márquez, sería algo así como realizar “la Crónica de una Muerte Anunciada”.

Vayan mis más entrañables recuerdos para todo Chile. No ha podido celebrarse el COP25 allí, porque salisteis a la calle en busca de un mundo más justo, y “algo parece que habréis conseguido”.  Ojalá sea así. Esto es política travestida de reality show, o viceversa, ¡no estoy muy seguro!.

La Marcha Triunfal del Poeta Nicaragüense  Rubén Darío

¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines,
la espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.

Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes,
los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas
la gloria solemne de los estandartes,
llevados por manos robustas de heroicos atletas.
Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros,
los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,
los cascos que hieren la tierra
y los timbaleros,
que el paso acompasan con ritmos marciales.
¡Tal pasan los fieros guerreros
debajo los arcos triunfales!

Los claros clarines de pronto levantan sus sones,
su canto sonoro,
su cálido coro,
que envuelve en su trueno de oro
la augusta soberbia de los pabellones.
Él dice la lucha, la herida venganza,
las ásperas crines,
los rudos penachos, la pica, la lanza,
la sangre que riega de heroicos carmines
la tierra;
de negros mastines
que azuza la muerte, que rige la guerra.

Los áureos sonidos
anuncian el advenimiento
triunfal de la Gloria;
dejando el picacho que guarda sus nidos,
tendiendo sus alas enormes al viento,
los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!

Ya pasa el cortejo.
Señala el abuelo los héroes al niño.
Ved cómo la barba del viejo
los bucles de oro circunda de armiño.
Las bellas mujeres aprestan coronas de flores,
y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa;
y la más hermosa
sonríe al más fiero de los vencedores.
¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera
honor al herido y honor a los fieles
soldados que muerte encontraron por mano extranjera!

¡Clarines! ¡Laureles!

Los nobles espadas de tiempos gloriosos,
desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros
?las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos,
hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros?.
Las trompas guerreras resuenan:
de voces los aires se llenan…

?A aquellas antiguas espadas,
a aquellos ilustres aceros,
que encaman las glorias pasadas…
Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas,
y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros,
al que ama la insignia del suelo materno,
al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano,
los soles del rojo verano,
las nieves y vientos del gélido invierno,
la noche, la escarcha
y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal,
¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!…

Juan José Ibáñez

Continúa con material sobre los COP y su historia.

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Cambio Climático: Los Cambios de Paradigma que Demanda la ONU

catastrofe-climatica-2018 

Fuente: Imágenes Google

 El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) sacó a la luz, aproximadamente hace un año, un informe pocos días antes de que yo redactara este post (Octubre de 2018). Y según este documento, el calentamiento climático a escala global, sigue su imparable progreso que resulta ser aun peor de lo previsto con anterioridad por los miembros del IPCC. Tras numerosas cumbres de esta índole y de las firmas de tratados, convenios y convenciones por casi todos los gobiernos del mundo, resulta que 2017 fue el peor año en lo que respecta a la quema de combustibles fósiles y emisiones de CO2. Es decir, que tales reuniones y firmas, mil veces publicitadas  no sirven para absolutamente nada. ¡Nada de nada!. Ya os hemos advertido numerosas veces, acerca de la vacuidad de este timo de mega-eventos publicitarios/panfletarios. Periódicamente nos alertan de las grandes catástrofes que se avecinan si la “aldea global” no gira bruscamente de comportamiento. Seguidamente, acusan a los gobiernos de inacción ante tanta calamidad, luego afloran las más disparatadas “ocurrencias”, ya que no se puede hablar de “ideas”, con vistas a paliar tamaños desmanes. Por su parte, los científicos de diversas disciplinas publican alocadas y poco meditadas ideas, bajo las perspectivas de sus constreñidos ámbitos del conocimiento, es decir esas en los que los árboles no dejan ver el bosque. Empero la ONU y sus instituciones e iniciativas, como el IPCC, no dejan de ser un aglomerado arbitrario de representantes de los mentados Estados, esos mismos que airean sus bravatas e incoherencias. Por lo tanto la ONU no es un ente soberano, ni lo será, mientras tan solo haga falta un gobierno  como para que “ Poder de veto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas paralice una decisión de transcendental importancia en muchos temas de gran calado. Antaño los gobiernos tenían un “cierto” nivel de soberanía. ¿Es hoy así?. ¡Pues va ser que no!. En año despues (noviembre de 2019), aproximándose las fechas de otro mega-evento, ni EE.UU., ni China, ni Rusia, están por la labor de cambiar sus politicas, depredadoras y contaminantes. No pasa nada, firmaran o no firmarán nunca cumplen lo firmado, ¿verdad?.  

 ¿Quién dirige los destinos de la “Aldea Global”?. La economía neoliberal. Y aquellos acuerdos de libre comercio que dieron lugar a la actual dictadura financiera que padecemos, han demostrado su potencial con vistas a enredar la madeja hasta límites inimaginables. Una empresa aloja su sede en un determinado lugar, produce sus componentes en los países cuya masa laboral y materias primas permiten obtener parte de sus productos a precios competitivos, aunque generalmente en contra del medio ambiente y la salud laboral de los trabajadores y de la población en general. A la postre, vende sus mercancías en otros lares, avaden pagar impuestos mediante todo tipo de triquiñuelas (paraísos fiscales de otros Estados, por ejemplo), etc. Del mismo modo, dado el poder y volumen de negocio de las multinacionales, su presión a los gobiernos se traduce en que estos no puedan llevar a cabo las políticas que prometieron a su electorado, etc.: “podríamos seguir ad nausean”. Es evidente que la microeconomía y la macroeconomía no van de la mano, y menos aún si sacamos a colación la economía familiar. Esta última, a fin de cuentas, es menospreciada por la gobernanza mundial. Empero como son los grandes emporios económicos los que manejan una buena parte del PIB mundial, serán sus grandes accionistas los que muevan las cuerdas entre bambalinas.  ¿Y quién  son estos últimos?. Los mismos que ostenten el poder, de uno u otro modo, en esta larga cadena de sombras que abduce nuestros destinos. Más aún, si alguien (algún país) se desmadra e intenta hacer frente a tal dictadura, surgirán el “Banco Mundial” así como elFondo Monetario Internacional para infringirles un severo correctivo disciplinario. Estas instituciones, son las garantes de la salud de esa economía global, para reconducir a los descarriados por el único camino posible que permita la ideología económica neoliberal. Pues bien, tras el último informe del IPCC (octubre de 2018), vuelve una nueva  andanada de desesperadas manifestaciones que claman que nos encontramos al borde del precipicio. Y parece ser cierto, aunque de la estructura y dinámica del comportamiento del sistema climático aun conozcamos muy poco, por mucha importancia que se le otorgue a las conclusiones de tal Panel de Expertos.

2018 y 2019, lamentablemente, ha sido muy prolijos en desastres naturales,  y en consecuencia buena parte de tales tragedias tienden a ser asumidas como resultado del calentamiento de la atmósfera, aunque diversos expertos también reconozcan que, en muchos casos, tal vinculación no deja de ser más que una mera “sospecha”, una “posibilidad”. Sin embargo, todo debe parecer que cambia para que todo siga igual”. Llevamos ya decenios en los que la inmensa mayoría de las “partes firmantes”  de esos acuerdos, convenios y convenciones, son los primeros en incumplirlas

 Abajo os dejo tres notas de prensa, dos de ellas traducidas al español-castellano, en las que diversos agentes implicados reclaman un cambio de paradigma en lo que respecta al medio ambiente y la economía global. Sin embargo: ¿a quién representan y que conocimientos atesoran?. ¿Se lo imaginan? Más aun, son soluciones, timoratas cuando no maquiavélicas, por lo que no tienen desperdicio. Veamos el siguiente pasaje que podéis leer también más abajo (i) Un escenario de “pagar en el futuro” para compensar los estilos de vida actuales de alto consumo y persistir en el  uso continuado de combustibles fósiles, supondría sobrepasar muy pronto la línea roja del elevamiento en 1.5 Cº del calentamiento de la atmósfera; (ii) No superar tal límite dependerá en gran medida del uso de biocombustibles de primera generación. Sin embargo, tal opción requeriría sembrar un área dos veces superior a la superficie de la India con los  cultivos destinados a obtener los susodichos biocombustibles, lo que suponen que equivaldría unos 1,200 billones de toneladas de CO2 (30 años de emisiones a las tasas actuales) y/o secuestrarlo de manera segura bajo tierra; (iii) “¿Es justo que la próxima generación pague para eliminar el CO2 de la atmósfera que ahora estamos introduciendo?” (iv). “Tenemos que empezar a mantener ese debate”.

 Veamos, todos creen injusto lo declarado en el ítem (i), empero si seguimos con la misma cantinela narradas en (iii) y (iv) constata que  nada hemos avanzado en treinta o más años. Se trata de un “clásico” repetido ad nauseam que no da lugar a ningún debate que supere tanta palabrería. “Obras son amores, que no buenas razones”, pero brillan por su ausencia. Sin embargo fijémonos  en lo manifestado en (ii). Si aún no ha quedado palmariamente aclarado que una economía basada en los combustibles de primera generación tan solo puede dar lugar a poner en riesgo la soberanía alimentaria de miles de millones de personas, degradar aún más el medio ambiente (contaminación, pérdida de biodiversidad, etc.), empeorar la salud pública de la ciudadanía global, etc., etc., parece reafirmar que nuestros líderes están descerebrados. En nuestro post “Cambio Climático, Degradación Ambiental, Demografía y Envejecimiento” ya os mostramos nuestra opinión.

 En realidad tan solo hace falta atajar un único problema, que no deja de ser ni más ni menos, que el modelo socioeconómico que vivimos. El cambio climático no es ninguna enfermedad, sino uno más de la plétora de síntomas a la que nos ha conducido una sociedad enferma y enfermiza, caótica o comandada por los poderes ya aludidos a los que este Planeta no les importa nada que no sea el dinero y el poder para ellos, no para todos, como sobradamente sabéis. Y no lo duden, primero vendrá el desastre, y a la postre, sobre las ruinas y cenizas de esta civilización suicida y ecocida renacerá otra  que….. “ya veremos cuanto tiempo tarda en incurrir en los mismos o parecidos errores”. Al fin y al cabo, se trata del ciclo tradicional de la emergencia y declive de civilizaciones e imperios, como la historia avala. Tampoco les quepa la menor duda de que hasta alcanzar ese vital “punto de no retorno”, seguiremos escuchando a los mismos alegar “más de lo mismo”. Nuestra culpa como ciudadanos es seguir tragándonos tanta demagogia tendenciosa y fraudulenta. Durante ese camino, que llegará en un futuro no muy lejano, ya que la cordura de la gobernanza mundial brilla por su ausencia, seguiremos padeciendo la Ley de san Mateo, pero a ritmo acelerado.

Les dejo abajo las noticias. Y ¡Qué Dios Reparte Suerte!.

Juan José Ibáñez

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Científicos: Las generaciones malditas (Ciencias del Suelo y Muchas Más)

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Generaciones malditas Fuente: Juan José Ibáñez

No hay mayor satisfacción que dedicarse vocacionalmente a la ciencia, ni peor castigo de lograrlo en un aguda crisis de credibilidad. Hablamos de las generaciones malditas

Hoy dejaremos de hablar de LA actualidad, pseudo-actualidades y falsas actualidades para comentaros algunas reflexiones personales, tras 41 años de trabajar como profesional (incluyendo periodos de becario). Me permitiré ese lujo. Y quizás, desde el punto de vista de la sociología de la ciencia aportemos un granito de arena, por cuanto jamás he leído nada parecido y son décadas de lecturas. Por supuesto, muchos colegas edafólogos ya entrados en años, pero también de otras variopintas disciplinas, con toda seguridad han recapacitado acerca de este asunto, por ser igualmente afectados.  Pero ¿qué es una generación maldita?.

Sin intentar sentar cátedra alguna, acuño el término en referencia a los investigadores que habiéndose de jóvenes inclinado vocacionalmente por dedicarse al estudio de una disciplina, esta cae en descredito, o simplemente comienza a ser ignorada por nuestros gestores, investigadores de otras mmaterias y la propia sociedad. Es decir, la rama de la ciencia afectada deja de ser considerada como integrante de las principales prioridades (“mainstream”) a las que “dicen” que debemos dedicarnos en un momento dado de la historia. Y como corolario, apenas se ofertan proyectos de investigación, becas, y por supuesto, los inocentes afectados serán soslayados de cualquier tipo de promoción científica. El gran pecado de estos profesionales reside en haber tenido el atrevimiento, descaro o inocencia de apasionarse por un tema que no interesa en un periodo concreto de la historia de la ciencia. Resumiendo, sin comerlo ni beberlo, eres considerado un paria que “pierde el tiempo” dedicándose a temas intrascendentes. Suele ocurrir que a la larga, tal crisis disciplinaria transmute en prestigio incondicional, pero para muchos de esos  pobres desgraciados resulta ser demasiado tarde. ¡Ya son viejitos!.

Este post, aunque basado en mi experiencia personal como edafólogo, es igualmente aplicable a científicos de otras muchas disciplinas. Fitosociólogos, geomorfólogos, taxónomos, etc. etc. sufren el mismo ostracismo y desconsideración por parte de otros investigadores.

Personalmente, soy de los pocos colegas que conozco que se interesó por la morfología, génesis y clasificación de suelos en el primer curso de la carrera universitaria, tanto cuando comencé a cursar CC. Geológicas como cuando finalmente acabé en la de CC. Biológicas. ¡Qué tipo tan raro!. En 1978 ingrese en mi centro de investigación de toda la vida, y al que aún me siento ligado sentimentalmente, como el integrante de un matrimonio muy bien avenido al que se le muere la pareja. Fíjense si la fecha era antigua que por aquel entonces se denominaba “Instituto de Edafología y Biología Vegetal”. Pues bien, cuando me incorporé algún año después al equipo de mi Director de Tesis (Francisco Monturiol), que trabajaba sobre morfología, génesis, clasificación y cartografía de suelos, pululaban varios investigadores senior y un abundante personal técnico. Empero llego la gran crisis edafológica a nivel internacional. A día de hoy tan solo permanezco yo investigando esos temas y me queda aproximadamente un año para alcanzar la edad mínima de jubilación. Pero las cosas han ido cambiando “un poco” desde 2014. Demasiado tarde para hacer carrera. ¡La suerte está echada!. Como científico cometí ese pecado original (ser vocacional), y he pagado las consecuencias. ¿Me arrepiento?. Pues va a ser que no, ya que he indagado sobre el tema que escogí, el que me gustaba, y sabía las consecuencias. Los más vocacionales seguimos trabajando como guerrilleros o partisanos, otros prefirieron cambiar de línea de investigación con vistas a promocionar sus carreras, obtener proyectos y becarios. ¡Ni una sola plaza ha ofertado mi institución que incumbe a miles de investigadores de las más variadas tareas científicas, desde que yo obtuve la mía en 1986.  Podemos pues hablar de la gran extinción. Cuando mis autoridades decidieron que me incorporara al Museo Nacional de Ciencias Naturales, yo me preguntaba ¿A dónde?: ¿Un despacho para pasar los últimos años sentado y calladito, o una vitrina de exposición en el Museo, con una etiqueta que señalara mi verdadero status “el último edafólogo del CSIC”. Obviamente, en temas más aplicados, como por ejemplo, la contaminación y erosión de suelos, a sus expertos no se les infligió tal severo castigo.  Eso sí, el denominado cambio climático, les terminó relegando una década después a posiciones menos honrosas de los rankings de moda, si bien se escudan en relacionar sí o sí (venga a cuento o no) la desertización con el cambio climático. En cualquier caso, reitero que, al menos en Europa, la catarsis fue general. En las Universidades al menos, la docencia, permitió que algunos de sus profesores persistieran en esos temas concretos, aunque bajo las mismas condiciones de miseria y desprecio, compaginándolos pues con otros asuntos más sexy.

Cuando en septiembre de 2005 comencé la andadura en esta bitácora, ya entre los primeros post editados podían leerse títulos como los siguientes: (i) ¿Se Extingue la Edafología? (1: Introducción); (ii) ¿Se Extingue la Edafología?. 2. Sobre la Falta de Cultura de los Investigadores Experimentales; (iii) ¿Se Extingue la Edafología?: 3. El Significado de Reduccionismo Epistemológico; (iv) El Día de Todos los Santos o las Últimas Actividades de los Edafólogos. Más aún, creé una categoría para almacenar todos los post dedicados al tema y que lleva el título de: “la Crisis de la Edafología”. Así pues este blog nació con plena crisis, creció con la crisis y seguramente se extinguirá con renacimiento de la edafología en sentido estricto (no me refiero a las ciencias del suelo en general). ¡Porca miseria!

Posiblemente la mayoría de los jóvenes universitarios eligen sus carreras en función de la publicidad que emiten los medios de comunicación de masas, y que no deja de ser orquestada por los políticos, las necesidades económicas del momento, y los científicos famosos de ciencias sexy, desconociendo la inmensa mayoría hasta en el significado del vocablo edafología. Empero devino la pandemia degradación ambiental y el cambio climático volteó todo.

El análisis del sistema climático, por pura necesidad, se tradujo  en la obligación de conocer las emisiones de gases de invernadero, el secuestro de carbono por los suelos, etc., así como influyen en tales procesos los componentes bióticos y abióticos del ecosistema edáfico. Al mismo tiempo la mega-contaminación planetaria que sufrimos causada esencialmente por los agroquímicos, ha envenenado suelos y aguas, puesto en riesgo la soberanía alimentaria y causado una traumática pérdida de biodiversidad. Y así los suelos subieron paulatinamente en el ranking de interés de las agencias gubernamentales. Demostrado pues el fracaso en el manejo de suelos llevado a cabo por la agricultura industrial, la FAO, ONU; EU, etc., retornaron su vista hacia modos de producción más ecológicos y sustentables que demandan una gestión de loe recursos edáficos muy cuidadosa.  Y así surgieron el Año Internacional de los Suelos, el Día Mundial de los Suelos y otras macabras celebraciones.

Sin embargo parte de nuestros acervo edafológico se ha perdido, al menos por el momento aunque quizás para siempre, como mostramos en los post: (i) El Olvido de la Ciencia: El Efecto Internet; (ii) Ciencia Olvidada: “El Efecto Internet”; (iii) Los Colonialismos y el Olvido de la Ciencia: El Efecto de la Lengua del Imperio; (iv) Prostituyendo la Historia de la Ciencia (Ciencia Amnésica e Imperio Anglosajón) etc. Por un lado, con tanto modelos, algoritmos, simulaciones, IA, etc., actualmente los jóvenes se encuentran mejor formados que nosotros ante un PC. Sin embargo en el estudio de campo de los suelos, su génesis, clasificación etc.,  su adiestramiento en numerosos países es más que precario, doloso. Por supuesto siempre acaecen excepciones. Otros detalles relacionados podéis leerlos en los post aludidos.

Cuando vuelvo la vista atrás, recuerdo tanta precariedad y desdén que solo podía gritar desde mi interior: ¡que he hecho yo para merecer esto!. Obviamente muchos colegas clamaron en balde expresiones parecidas, “pública y privadamente”. Resistí, adquirí cierto reconocimiento internacional, ¡cierto!, empero, ¿hasta dónde podríamos haber llegado tanto yo como otros muchos edafólogos, si la ceguera social y política no hubiera campado a sus anchas?. Las modas son un cáncer en la ciencia, pero marcan las agendas en materia de política científica (ver por ejemplo post como estos: Las Modas en Ciencia y el Sufrimiento de los Científicos Creativos; ¿Hacer Buena Ciencia o Publicar?: Entre la Espada y la Pared)

Puede entenderse que en un momento determinado, las urgencias sociales, que no comerciales, determinen los planes de investigación de países e instituciones. Resulta inexplicable que por tal motivo, se ignore que debemos seguir conociendo el mundo que nos rodea desde todas las perspectivas. Lo que hoy se antoja irrelevante, mañana puede ser determinante. Este es el caso de la edafología a partir de 2015, pero también lo es y lo será de otras, como, por citar tan solo un par de ejemplos, las antiguas escuelas de ecología de los paisajes culturales no anglosajonas, o la agroecología paisajística que tanto necesitaríamos ¡ya!.

Mi tristeza no reside tanto en lo que podía haber logrado alcanzar yo personalmente, sino, sino en vista de todo el conocimiento sepultado o perdido, el cual es evidente cuando uno repasa la literatura científica reciente y detecta sin cesar “viejo vino en nuevas botellas, o los re-descubrimientos incesantes de la dinamita. Actualmente se publican en revistas de gran prestigio estudios sobre suelos llevados a cabo por analfabetos que, si se les pone delante de un perfil y le dices que saquen una foto, en el mejor de los casos se hacen un selfy.

Juan José Ibáñez

De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia (Nuevo Curso Básico y Sus Razones)

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Los Paisajes y Suelos de Latinoamérica. Debemos redescubrir la Historia (¿Y parte de la Ciencia?)

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Fuente: Colaje Google Imágenes

En un pasado remoto, hace ya tanto tiempo (….) la enorme masa de Tierra que hoy llamamos Latinoamérica era un paisaje prístino, fuera cual fuera su aspecto. Luego llegaron los seres humanos ¿cazadores recolectores?: ¡Posiblemente!. Empero hará más (o mucho más) de 6.000 años, la agricultura comenzó a expandirse “de algún modo”, hasta ocupar vastas extensiones o incluso la mayor parte del territorio. Aquella floreciente Latinoamérica atesoraba una enorme variedad de cultivos y manejos de suelos que, como mínimo, rivalizaron en su tiempo con los de otros continentes. Sin embargo, algo sucedió, o se enfrentaron a demasiados retos “fueran cuales fueran”. Súbitamente, en términos históricos, fueron desapareciendo culturas avanzadas e imperios. La vegetación natural volvió a expandirse sobre los antiguos paisajes agrarios hasta cubrirlos de selvas pluviales frondosas, u otro tipo de ecosistemas, según las características locales de un clima que también fue alterándose.  

Los pueblos y culturas, ¡a saber cuántas!, se unían por complejos entramados viales de caminos en los que transitaban mercancías, se intercambiaban bienes (agrícolas y al algunos animales, por no hablar de ganadería sensu estricto, ya que aún no lo sabemos) y conocimientos. Empero como seres humanos aquellos pueblos también guerreaban, naciendo y decayendo imperios, como en cualquier otro continente. En ecología y etnoagricultura siempre terminan achacando la culpa de la decadencia de los incas, mayas, etc., a la deficiente gestión de sus tierras. Empero conflictos bélicos y epidemias también pudieran ser la causa (….) ¿si la Duquesa Roja tuviera razón?. ¡A saber!.

Cuando llegaron los europeos y comenzaron a escribir sus crónicas, se nos quedó grabada la imagen de que la mayor parte de aquellos paisajes eran prístinos, y/o penas afectados por la acción humana. Y, así,  tal mito se incrustó en nuestros memes, como el narrado por Plinio el Viejo y Estrabón en la Península Ibérica que finalmente se descubrio ue era incierto.  Los científicos partieron de aquella falsa premisa durante décadas y décadas, por lo que los resultados de muchos estudios dieron lugar a conclusiones falsas o banales, ya fuera en historia, ecología, edafología, agricultura etc.

Posiblemente el mayor problema estribe en que conforme se realiza un imaginario viaje por aquellas maravillosas tierras, las fechas atribuidas a los enclaves en los que aparecen y desaparecen tales paisajes agrarios y culturas no coinciden con precisión. Quizás falten asentamientos y restos por descubrir para obtener una visión más nítida, que tan solo emerge ahora entre la neblina del desconocimiento, o como también se dice es “la punta del iceberg”. Quizás las técnicas actuales de datación aún no sean lo suficientemente fiables, pero también pudiera ocurrir que  la Duquesa Roja, tuviera razón (al menos en parte) aunque nadie de la academia ha deseado escucharla. Como veremos luego, Luisa Isabel Álvarez defendía:” Es que ha habido una confusión histórica. Había viajes a América desde los fenicios: los relatos que tomamos por viajes a África ¡eran, en realidad, viajes a América!”.

Los suelos prístinos de Latinoamérica, probablemente no existan ya, o tan solo permanezcan reductos en los hábitats más hostiles y recónditos lugares, siendo por tanto, poco representativos de los que les precedieron en aquella gran masa de Tierra. La cobertura de suelos fue transformada por la agricultura dando lugar a lo que hoy denominamos Antrosoles, Tecnosoles, etc. Estos suelos modificados por el hombre de las más ingeniosas maneras, atesoraban tantas propiedades inducidas que hoy sería imposible clasificarlos en los dos mentados grupos de suelos. Tampoco valen pues aquí los suelos prístinos como referentes del mundo natural antes del advenimiento del impacto humano.

Cuando intentamos buscar referentes prístinos de suelos y vegetación con vistas a observar como los hombres los hemos ido modificando, resulta que, posiblemente, no existan  sensu stricto. Desde hace pocos años tal descubrimiento (porque este sí lo es), ha comenzado a aflorar en la literatura científica. Sin embargo una gran parte de mis colegas aun insisten  “erre que erre” en no hablar de ello. Un bobo llamado Juan José Ibáñez que, para nada es experto en el tema” se interesó por lo que iba cayendo es sus manos, escribiendo numerosos post en su espeluznante bitácora acerca de la etnoedafología y etnoedafología latinoamericana “Un Universo Invisible bajo Nuestros Pies”, almacenándolos en la categoría que denominó “Etnoedafología y Conocimiento Campesino”.

Pues bien, en esta nueva entrega de la saga, os proporcionamos varias noticias, nuevas, y más o menos recientes (hasta octubre de 2018). Algunas han sido escritas en Español-castellano mientras otras en Suajili, ya que según Luisa Isabel Álvarez, a América se la denominaba África, como veremos posteriormente. Puedo entender a Luisa Isabel Álvarez, ¡grande de España!, y “roja de corazón”, cuando se lamentaba debido a que sus estudios e ingentes archivos históricos no eran considerados por los historiadores y otros eruditos, al no ser ella una experta académica con acreditación. Desconozco si lleva razón o no. Sin embargo su impresionante legado merece la pena ser examinado y estudiado con vistas a separar el grano y la paja. Quizás allí se encuentren esperando testimonios que arrojen mucha más luz sobre el tema. ¿Caballeros Templarios en la Patagonia?. ¿Tartessos, la primera civilización occidental en alcanzar América? Quizás, ¡A saber!. Aunque de ser cierto las asincronías temporales que mentamos con anterioridad pudieran así ser  explicables.

Os dejo con todo este abundante material nuevo.

Juan José Ibáñez

Continúa……..

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Sobre la Tecnociencia, la Filosofía del Conocimiento, el Constructivismo y La Teoría Actor-red

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Fuente: Colaje Google Imágenes

¿Qué es la verdad Científica? Ya os he expuesto en varias ocasiones nuestra postura, que a la postre fue previamente avalada antaño por las últimas escuelas de la filosofía de la ciencia (como vimos en nuestro Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia, y más concretamente en varios post como este: La Verdad Científica Como Consenso) Si hay una verdad absoluta ahí fuera, se encuentra más allá de nuestro alcance. Eso sí, la ciencia intenta hacer retroceder, paso a paso, el muro de nuestra incalculable ignorancia. Empero muchos científicos profesan un amor incondicional a su objeto de estudio y no terminan de reconocerlo. ¡El amor es ciego! e ¡ignorante!, dicho sea de paso. A menudo, casi textualmente, he sido criticado en varias ocasiones por “ensañarme mucho con la ciencia, demasiado! ¡Se trata de una percepción rotundamente falsa! A título personal  tengo pasión por ella, lo que ocurre es que una cuestión es el interés/ pasión, y otra muy distinta pensar que “ella es perfecta”, como defienden muchos profesionales dedicados a la Filosofía del Conocimiento. Se trata de una escuela a la que denominamos constructivismo, muy importante desde hace tiempo y que sigue ganando adeptos, más aun desde que las ciencias cognitivas comenzarán a dinamitar desde el propio seno de la indagación científica cualquier atisbo de objetividad pura, tanto en nuestras mentes como en los productos que se derivan de ella. Nos estamos refiriendo pues a un constructo social. Abajo os dejo unos párrafos preliminares, extraídos de Wikipedia, acerca de estas ramas del saber. Fijaros que cuando os reproduzco unos escasos fragmentos del texto que expone la enciclopedia libre sobre filosofía del conociendo, lo hago desde su capítulo dedicado a la de la ciencia, para que no alberguéis la menor duda. 

Ruego al lector que se fije en el siguiente hecho: La tecnociencia incorpora parte de las humanidades y en especial las ciencias sociales al núcleo duro de su programa científico de Investigación, desde la perspectiva lakatosiana, sobre la que ya abundamos con varios post en nuestro “Curso Básico de Filosofía de la ciencia”. Se me antoja paradójico que un hecho deseable, lograra por fin entrar en el seno de las discusiones acerca de  la ciencia, usando un vehículo que considero intelectualmente muy obsceno como lo es la propia tecnociencia. Más aun, dado que esta última y los estudios sociales de la ciencia, al contrario que en la filosofía clásica sobre el tema, cambian de dirección al analizar cómo trabaja la ciencia, dejando en un segundo lugar su esencia de la indagación científica (como lo es por antonomasia el método científico en su mismo), la propia filosofía se “socializa” y “desacraliza” bajando también de su pedestal

Será a partir de ahora la praxis y los intereses que la condicionan los que aglutinarán los estudios acerca de que es la ciencia.  Y así el progreso de la ciencia no se cargará a “hombros de gigantes intelectuales”, sino que debatiremos acerca del poder, la avaricia, la codicia, la vanidad y otras cualidades lamentablemente muy humanas

Y estas líneas vienen a colación debido a la propia definición de Tecnociencia, ya que esta diluye lo natural de lo social, lo objetivo de lo subjetivo, etc. Extraje el siguiente fragmento de texto, que ya os comenté y sobre el que sigo abundando abajo, de un artículo, firmado por tres expertos, y entre ellos Xavier Echeverría: Todas las dicotomías (naturaleza/sociedad, sujeto/objeto, humano/no humano) son puestas en tela de juicio en un intento de superación de la ideología de la modernidad (…). Soslayando toda esa desiderata de modernidad, posmodernidad, etc., lo cierto es que las aludidas dicotomías son a menudo las peores de todas ellas, por lo menos cuando abordamos temas científicos:las antonimias”. En este sentido os recomiendo que leáis una interesante obra del pensador francés  de Jean-Marc Lévy-Leblond de la que hablamos en nuestro post: “El Discurso Científico, los Conceptos Contrarios”. Y reitero por enésima vez, no podemos seguir pensando que es posible asirse a alguna verdad absoluta.  Debemos aprender a vivir con la incertidumbre de nuestros progresos, científicos o culturales en general, siempre mejorables (Los Conceptos Científicos y sus Limitaciones: Vivir en la Incertidumbre).  Y si la ciencia es un constructo social, la antaño considerada nítida frontera entre la  filosofía y la sociología, se diluye paulatinamente. De aquí que la Tecnociencia, incluso para aquellos que tienen fe ciega en la misma (que son los poderes fácticos que la sustentan) suelen aceptar tal constructivismo sin más miramientos y reparos, y menos aún ascos en sus discursos.

Y quizás sea este uno de los aspectos de la Tecnociencia que menos dañino se me antoja. Me refiero al reconocimiento  del interés de romper esa invisible pero pertinaz frontera que separa las humanidades de las ciencias. Ya en 1959 C. P. Snow habló del daño generado por tal línea roja, tanto a los estudios transdisciplinares como al conocimiento humano en general. Necesitamos la convergencia de las dos culturas, pero no en la dirección que apuntan los ayatolas de la tecnociencia. 

Por otro lado, y como veréis en los fragmentos de texto que os expongo abajo, las Tesis sobre las que Echeverría se basó para el desarrollo de su propuesta de tecnociencia,  en primera instancia, no parecerían encajar adecuadamente con las que usaron Latour y callón a la hora de exponer la denominada Teoría Actor-Red. Sin embargo a la postre este notable filósofo, junto a González y Casanova (2004), intentaron, más que conciliarlas, demostrar que juntas estimulan mutuamente su potencialidad heurística. Y es por esta razón por lo que hemos preferido escoger este artículo a otros de igual calidad. 

Así pues, en este post intentamos relacionar la Tecnociencia, con la Filosofía del Conocimiento y la denominada Etnometodología.

Juan José Ibáñez

Continúa…….

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