Hombre y Naturaleza: La Unión Hace la Fuerza: Geo-Biotecnología Indígena y Sostenibilidad

Cuando la ecología incorpora a la edafología en sus estudios se obtienen resultados sorprendentes e inesperados. Lástima que tales investigaciones sean “habas contadas”. La noticia de hoy, nos muestra un sorprendente caso emparentado con las estructuras y procesos que escribimos en un post previo (Las Sabanas y su Fertilidad: La Biotecnología Natural de los Ingenieros del Suelo). La novedad estriba en que hoy mostraremos como una etnia de la cultura de los Arahuacos, en la Guayana Francesa, logró generar suelos artificiales de buen potencial productivo que han persistido e incluso mejorado sus propiedades tras su abandono hace siglos. Y es que se pueden desarrollar sistemas de agricultura ecológica en los cuales la intervención del hombre estimula a las fuerzas de la naturaleza. Una vez más queda demostrado el papel crucial de los denominados ingenieros del suelo a la hora de organizar y dirigir la estructura y dinámica de los ecosistemas. Del mismo modo, este pueblo aborigen consiguió, con tal éxito, que las biocenosis del suelo, trabajaran en su lugar para restaurar y/o mejorar la fertilidad ecológica del medio edáfico, abriendo un nuevo camino que no requiere insumos de ningún tipo con vista a lograr una agricultura sustentable. Si atendiéramos debidamente las investigaciones etnoedafológicas, nos percataríamos de que la agricultura actual se cimienta sobre pies de barro. Lo que narraremos hoy atesora un interés y belleza inusuales. No os lo perdáis, tanto más cuanto el artículo original se encuentra en acceso abierto.  Abajo os ofrecemos el enlace.

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Estructura reticulada de los campos de montículos. Fuente: PNAS

La cultura de los Arahuacos habitaba en la Guayana francesa, Surinam, etc., antes de la llegada de los españoles. Se piensa que sus territorios llegaron a extenderse desde la actual Florida, Antillas, y la zona costera de Sudamérica hasta el sur de Brasil. La estructura social era hereditaria y jerárquica, incluso sus deidades. Las prácticas  agroecológicas de los poblados a los que hoy hacemos referencia acaecían próximas al mar. Al parecer, los Arahuacos vivían (y posiblemente también hicieran uso agrario) en las terrazas marinas vecinas.

En las costas de la Guayana francesa se encontraron con un sistema de sabana que se inundaba estacionalmente, siendo prácticamente improductivo. En vista de ello, comenzaron a construir suelos artificiales. Estos consistían en una red casi regular de montículos (muy parecida en su estructura ya os describimos en el mencionado post de la sabana, con la salvedad de que en el caso que nos ocupa hoy fueron los humanos y no la naturaleza los ingenieros “iniciadores). ¿Cómo construían esas pequeñas elevaciones? Sencillo.

Transportaban los materiales de los horizontes órgano-minerales de la cobertura de suelos de las áreas vecinas, sobreponiéndolas a los edafotaxa naturales típicos de la llanura sabanoide.  De este modo, elevaban el relieve dando lugar a la red de montículos emergidos sobre los terrenos aledaños, como parches dentro de una matriz estacionalmente inundada. Estos montículos poseían escasas dimensiones, aunque variables. Si bien no hablaremos de ello, también los diseñaban de forma precisa haciendo uso de pequeñas obras hidráulicas en algunos casos, con vistas a facilitar el drenaje del suelo. El resultado eran un micro-relieve cuyas cimas se encontraban culminadas por los mencionados suelos artificiales. ¿Y ahora?

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Mapa de los cambios de montículos agrarios. Fuente: PNAS

Una vez construidos estos paisajes, cultivaban sobre ellos mandioca, curcubita (una especie de calabazas) y maíz. La productividad de sus cultivos induce a pensar que lograban alimentar a una población relativamente densa, a pasar de la necesidad de mantener algunos años los suelos en barbechos (sin cultivas con vistas a que recuperaran su fertilidad). Sin embargo, tal modo de proceder topaba con un serio problema.

Con el tiempo, las precipitaciones abundantes y muy erosivas, durante el periodo de lluvias (enero a julio), debían erosionar las pendientes de los pequeños montículos cultivados. Por tanto era de separar su desaparición, ya a corto plazo, a no ser que estos agricultores los mantuvieran permanentemente. Y en cierta medida así fue, aunque mucho menos de lo que cabría esperar.

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Los montículos recubiertos de pelotas fecales de lombrices. Fuente: PNAS

Al acarrear materiales edáficos de zonas aledañas también lo hicieron con sus moradores, como los mencionados ingenieros. Estos son organismos de la fauna del suelo de gran tamaño, como termitas, hormigas, lombrices, así como las propias raíces de las plantas que tienden a mezclar los horizontes edáficos en un proceso conocido por haploidización. Y al hacerlo, reciclan los nutrientes que tienden a lavarse del perfil con el tiempo, mejoran su estructura favoreciendo la infiltración del agua, entre otros procesos.  Pues he te aquí que estos animalitos se encontraron muy a gusto en su nuevo hábitat artificial y comenzaron a colaborar con los agricultores de una forma desaforada. Así al margen de las actividades mentadas importaban de zonas vecinas suelo y, en espacial materia orgánica que compensara la perdida por los procesos erosivos. Veamos con un mayor detalle lo ocurrido, especialmente cuando los agricultores desaparecieron o emigraron y los campos fueron abandonados a su suerte.

Tras el mencionado abandono por las culturas aborígenes de estos agroecosistemas, sorprendentemente, no se consumó la erosión de los montículos, gracias a que la acción de los susodichos ingenieros del suelo. Más aun, actualmente, siguen realizando la tarea de acarreo de materiales de suelos vecinos, en buena parte orgánicos (con el auxilio de sus simbiontes asociados), que antaño comenzaron los aborígenes. Como os anunciábamos, tales importaciones son mezcladas con los horizontes del suelo por la acción de los insectos sociales y lombrices al excavar sus grandes ciudades subterráneas (termiteros, hormigueros), de tal forma que las pérdidas de erosión son compensadas por esta sorprendente ingeniería natural. Del mismo modo, las heces de las lombrices, recubren, como un alfombra, prácticamente toda la superficie del montículo. Recordemos que uno de los principales productos de la vermicultura actual son justamente tales pelotitas fecales, por devienen en uno de los mejores agregados del suelo que se conocen, y ampliamente usados como abonos orgánicos de alta calidad. Dicho de otro modo, desde zonas aledañas los ingenieros del suelo mantienen con sus acarreos y obras una inmejorable estructura edáfica, elevados contenidos en materia orgánica y nutrientes para el desarrollo de una densa cobertura vegetal (incluida la fijación biológica del nitrógeno por parte de los simbiontes de algunos de los insectos sociales que allí habitan).

Aunque la fertilidad alcanzada por esta vía no supera a la de las Terras pretas, resulta suficiente para la obtención de buenas cosechas. Nada de esto ocurre en la matriz estacionalmente inundada que rodea a los montículos. La buena estructura constituida por los agregados y las raíces de las plantas, favorecen el drenaje del agua, frenando en gran medida la pérdida de suelo hacia la matriz que debería acaecer en otras condiciones, como consecuencia de las intensas precipitaciones que sufren estos territorios. El proceso de autoorganización así generado se perpetua en el tiempo aumentando la resiliencia de tales arquitecturas inicialmente antrópicas y finalmente naturales. Por si solos, los ingenieros edáficos no son capaces de crear tales montículos, aunque si logran mantenerlos. Se trata de una muestra inequívoca de que todos los montículos fueron creados por las culturas aborígenes, hace siglos, con anterioridad a la Llegada de Cristóbal Colon.   

De acuerdo a los autores del estudio este tipo de patrones regulares son comunes a muchos tipos de estructuras regulares, desde los de las turberas de la tundra hasta los ambientes áridos. Ya vimos un ejemplo palmario de cómo las termitas determinan la productividad y estructura de los ecosistemas de sabana vía la construcción de estructuras cuasi-cristalinas que optimizan la fertilidad del suelo. La diferencia estriba en que las culturas aborígenes que lo crearon debieron basarse en algún “biomimetismo”, mientras que las fuerzas naturales, es decir los bioingenieros del suelo, lo hacen de forma espontánea. ¡Fascinante!. Tales procesos estructurados se basan en un mecanismo de retroalimentación positiva a corta distancia (incremento de fertilidad e importación de recursos) y negativa a otra mayor (pérdida de materiales de ecosistemas colindantes, mayor erosión en la matriz temporalmente inundada, etc.).

Si bien parece que en algunas localidades estudiadas por estos científicos, los paisajes de montículos se han degradado, en cierta medida, también los autores del estudio también comprobaron que en otros los han mejorado, haciendo coalescer los mismos mediante puentes que a la postre también se extendían, no solo en longitud, sino también en amplitud. Es decir ellos solos no solo han mantenido sino también ampliado el previo ecosistema agrario aborigen.

Los autores del artículo también se preguntan si el análisis de este tipo de estructuras podría ser útil en biología de la conservación y en el desarrollo de nuevos tipos de agriculturas agroecológicas. No hay duda que reemplazar agroquímicos, maquinaria pesada y otras fuentes de degradación ambiental por el trabajo realmente “verde” de los ingenieros del suelo sería dar un gran paso adelante en el mantenimiento de la biosfera y el desarrollo sostenible.

 

A la luz de estos hechos, los expertos implicados dudan de que gran parte del Amazonía sea realmente pristina, así como de la dudosa línea de pensamiento que se deriva de enfrentar en estos debates las fuerzas regeneradoras de la naturaleza ante las estructuras de origen humano. Efectivamente, en el artículo se constata como ambas pueden proceder sinérgicamente generando configuraciones estables y sustentables que ofrecen frutos positivos para la especie humana.

Un poco de Edafología

 La morfología del perfil resulta seguir la siguiente secuencia de horizontes en profundidad desde la superficie del suelo A (muy grueso) /Bgv/Agvb/Bvg (este último A enterrado se encuentra al mismo nivel que la matriz que circunda a los montículos, lo que demuestra que los aborígenes tan solo añadieron suelo foráneo encima del natural. Los calificativos de la secuencia de horizontes dan cuenta de propiedades estagnicas y plintíticas.

Seguidamente os dejo los enlaces para que os podáis descargar tanto el artículo original como el anexo. Este último atesora una mayor información sobre suelos.

Juan José Ibáñez

 

Pre-Columbian agricultural landscapes, ecosystem engineers, and self-organized patchiness in Amazonia

 

Abstract

The scale and nature of pre-Columbian human impacts in Amazonia are currently hotly debated. Whereas pre-Columbian people dramatically changed the distribution and abundance of species and habitats in some parts of Amazonia, their impact in other parts is less clear. Pioneer research asked whether their effects reached even further, changing how ecosystems function, but few in-depth studies have examined mechanisms underpinning the resilience of these modifications. Combining archeology, archeobotany, paleoecology, soil science, ecology, and aerial imagery, we show that pre-Columbian farmers of the Guianas coast constructed large raised-field complexes, growing on them crops including maize, manioc, and squash. Farmers created physical and biogeochemical heterogeneity in flat, marshy environments by constructing raised fields. When these fields were later abandoned, the mosaic of well-drained islands in the flooded matrix set in motion self-organizing processes driven by ecosystem engineers (ants, termites, earthworms, and woody plants) that occur preferentially on abandoned raised fields. Today, feedbacks generated by these ecosystem engineers maintain the human-initiated concentration of resources in these structures. Engineer organisms transport materials to abandoned raised fields and modify the structure and composition of their soils, reducing erodibility. The profound alteration of ecosystem functioning in these landscapes coconstructed by humans and nature has important implications for understanding Amazonian history and biodiversity. Furthermore, these landscapes show how sustainability of food-production systems can be enhanced by engineering into them fallows that maintain ecosystem services and biodiversity. Like anthropogenic dark earths in forested Amazonia, these self-organizing ecosystems illustrate the ecological complexity of the legacy of pre-Columbian land use.

 

Información adicional sobre edafología del estudio precedente

Buried A Horizons at Bases of Abandoned Raised Fields. Profiles of two large round raised fields from the Bois Diable and K-VIII sites showed in each case a buried A horizon. From top to bottom, the profile illustrated in Fig. 2 (Bois Diable Mound 1; profile of the K-VIII mound was similar in structure) shows the following sequence: Beneath the mound’s thick A horizon, rich in organic matter, is a transitional horizon (A/Bgv), with the part corresponding to the B horizon lighter in color and less rich in organic matter (see main text). Beneath the transitional horizon is the organic matter-rich buried A horizon (Agvb). This buried A horizon is at roughly the same elevation as the surrounding matrix. See Table S1 for radiocarbon dates of soil organic matter from the buried A horizons. The material poorer in organic matter (A/Bgv) between the buried and the actual A horizons apparently was transported from elsewhere and placed on top of the old soil surface to form the base of the mound. All horizons from A/Bgv downward show characteristics of stagnic conditions (denoted by “g”) and the occurrence of plinthite (denoted by “v”).

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Comentarios

Excelente blog y muy buen post, realmente llegué a tú blog por coincidencia, pero he leído un par de artículos y me han parecido muy interesantes, espero sigas así.

Un saludo.

al buscar en internet sobre la asociacion de cultivos en contre este blog que me parece demasiado interesante, ya que yo curse mi bachillerato con la especialidad de suelos y fertilizantes, en ahorabuena por esta página! saludos desde México.

Realmente es fascinante lo que hicieron los antiguos pobladores de esa época lo que han hecho en estos úkltimos tiempos es retomar lo que hacian con anterioridad y eso es muy importante .saludos desde Lima Perú

[...] Hombre y Naturaleza: La Unión Hace la Fuerza: Geo-Biotecnología Indígena y Sostenibilidad [...]

[...] que no estamos hablando de mera fertilidad química,  sino de la que cabría denominar de ecológica (física, química y biológica al mismo tiempo). Del mismo modo, tal desinfección tan solo parece [...]

[...] y des-a-culturizadas. Ya os comenté un tipo especial de estos sistemas en nuestro post “Hombre y Naturaleza: La Unión Hace la Fuerza: Geo-Biotecnología Indígena y Sostenibilidad”. Empero la nota de prensa que os mostraremos hoy, así como el artículo original (en acceso [...]

[...] hemos dedicado al tema: Las Difusas Fronteras entre las Tierras Agrarias y la Naturaleza Virgen, Hombre y Naturaleza: La Unión Hace la Fuerza y Las Sabanas y su Fertilidad. Enraremos otro día a profundizar con más detalle la relevancia [...]

[...] os hemos hablado en numerosas ocasiones de estas fascinantes civilizaciones bajo el suelo y su papel en la descomposición de la materia orgánica, el reciclado de  nutrientes y su [...]

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