De la Bigscience a la Tecnociencia (La Macrociencia Tardía)

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Fuente: Colaje Imágenes Google

Como comentamos en el post anterior, la ciencia cede parte de su hegemonía tradicional ante la macrociencia, debido tanto a la  II Guerra Mundial, como a la subsiguiente Guerra Fría de las dos grandes superpotencias que luchaban enconadamente desde la década de 1950 por imponer sus intereses al resto de los mortales. Ahora bien, entre la bigscience militar y la tecnociencia actual existe un hiato difuso y ambiguo que queda por rellenar y denominar. Y es aquí en donde muchos expertos discrepan.  Yo personalmente echo en falta varios elementos en las diferentes ecuaciones o interpretaciones a las que he podido acceder. Por esta razón he acuñado sin más pretensiones la “macrociencia tardía”. La cuestión reside en entender cuales, quiénes y cómo fueron las fuerzas impulsoras  que dieron el salto del consorcio ciencia-política-tecnología militar (o al menos con intereses para la defensa nacional) a una tecnociencia casi totalmente gobernada por  la gran industria y de palmarios finales económicos. Los fragmentos de texto que recojo hoy  explican, en cierta medida el paisaje, aunque dista mucho de ser nítidamente transparente. 

Cierto es que los éxitos que alcanzó la ciencia durante en periodos de guerra (frías o calientes) de mediados del siglo XX, ofrecieron a los ciudadanos una imagen del poder y valor de la ciencia en beneficio de la sociedad. Ahora bien, si la tecnociencia comienza su andadura durante la década de los años 80, es decir hará aproximadamente 40 años, existen esencias que permanecen por descifrar y coincidencias dignas de mentarPermitirme que os avance dos andanadas para saber si estáis de acuerdo conmigo: (i)La tecnociencia nace más o menos cuando emerge la globalización económica comandada por la dictadura financiera y (ii), la actividad comercial e industrial globalizada da lugar al mismo tiempo al denominado cambio global,  y la degradación ambiental que ahora padece el planeta y enferma tanto a la biosfera como a la población mundial.  Y es que una actividad antaño vigilada por los gobiernos (el denominado proteccionismo) dio paso a la endiablada tesis monetarista ultraliberal de ese inmerecido Premio Nobel llamado Milton, ideólogo de la Globalización económica o léase La globalización de Milton Friedman, que reemplaza al keynesianismo, es decir los postulados económicos previos de John Maynard Keynes. Podéis a este respecto leer el contenido de los siguientes documentos: Milton Friedman: Friedman fue asesor para los gobiernos de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido, Tratado de Libre Comercio UE-EEUU: un sueño neoliberal, una pesadilla democrática,La alianza Thatcher-Reagan definió el final del siglo XX. Para más detalles tan solo saber que, al parecer, todo se inició con los Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, liderados por la Organización Mundial del Comercio, así como sus actuales garantes institucionales que resultan ser Banco Mundial y el Fondo Monetario InternacionalDigamos que, para Milton, un Estado debía dejar de intervenir en casi todo, ya que la economía se autorregula sola, solita, sola. Efectivamente, pero para su propio beneficio, que no el de los consumidores. De este modo, van saliendo a la palestra problemas y más problemas que acucian a parte o toda la ciudadanía del planeta, tales como los siguientes entre otros muchos: deslocalización empresarial, fuga de capitales, desigualdad, precarización en el empleo, maltrato a los trabajadores de las empresas deslocalizadas, riesgos para la salud incluyendo morbilidad y mortalidad causadas por las nuevas tecnologías y modos de trabajo, migraciones descomunales y en parte forzadas, pobreza, contaminación, explotación, cambio global, paraísos fiscales. No se trata de conjeturas, las fechas y los hechos están ahí. Y todo desde el nacimiento o como consecuencia de la denominada tecnociencia. A la hora de rapiñar y destruir, el emprendimiento empresarial ¡si! es formidable.

En cualquier caso ya expresé mi opinión hace años, y cuanto más tiempo transcurre y más leo acerca de este transcendental tema más me ratifico en los postulados que presenté en, por ejemplo estos post: Ciencia y Neoliberalismo Económico, ¿Hacia una Nueva Gobernanza Mundial?: La Globalización Cuestionada por el Capitalismo, Las Miserias del Capitalismo: La Obsolescencia Programada (o el porqué vivimos en una Sociedad Anti-sustentable”), Envejecimiento, Futuro de la Humanidad y Obsolescencia Programada en un Mundo Superpoblado, La Creatividad Científica y El Futuro de la Ciencia ,El Imperio de la Dictadura Financiera, los Populismos y el Papa Francisco, Ciencia y Neoliberalismo EconómicoRetrodemocracia ,Comercialización de la Ciencia: Riesgos y ContradiccionesCiencia e Incultura Política: Investigación Traslacional., Tecnologías de Primera y Segunda Generación (Un Riesgo Social en Ciernes) ,Sobre Organizaciones Empresariales y Empleados Públicos , El Colapso del Medio Ambiente: La primavera silenciosa ya está aquí,Las Reservas Extractivas: Una Promesa ecológica al borde del desastre por la economía globalizada ,Los mártires del medio ambiente y la posverdad (el hostigamiento de la dictadura financiera),Cambio Climático: ¿Una Guerra Ecológica o Económica?,  La Gran falacia de los Pesticidas y el Agronegocio de las Multinacionales: La humanidad enferma y la biosfera desolada (Informe de la ONU),Las “Trump”etas del Apocalipsis (Donald Trump, Medio Ambiente y Espacios Protegidos)Sellado del Suelo, Infraestructuras, Ladrillazo, Destruir el Litoral, Empleo y Enriquecimiento de las Empresas Constructoras,Desastres Ecológicos Causados por la Agroenergética y Biocombustibles de Primera Generación: El Gran Incendio de los Histosoles de Indonesia, La Singularidad Tecnológica y su futuro: Cerca o Lejos, África Olvidada: Deforestación, Desertificación, Pobreza y Corrupción, si bien he editado bastantes más post en la categorías sobre Fraude y Mala Praxis Científica, como también y Prensa y Política científica. Este es el sibilinamente denominado resultado del confundente concepto del contrato social de la ciencia.

Y digo yo: Poco o Nada tiene que ver este contrato social por la ciencia con los ideales expresados  por muchos científicos como en este manifuesto denominado “Ciencia y valores humanos” en el que se concretan las obligaciones de los investigadores, como profesionales.  ¿No pensáis lo mismo?: El Colapso del Medio Ambiente: La primavera silenciosa ya está aquí.

Os dejo ya con algunos contenidos de otras páginas Web. En unos os informan sobre ese tal  Milton, en otros del final de la Big Science temprana y como se despliega en Europa o Japón la mentada fase tardía,  inicio de todos los males, por cuanto durante la primera nos encontrábamos bajo el protectorado imperial de EE.EE, con su Big Science temprana. Tenéis pues material para leer sobre los orígenes y rasgos de la Macrociencia tardía y su transición a la tecnociencia.

Post Previos de Nuestro Curso Básico de la Tecnociencia hasta marzo de 2019

Bibliografía de libre Acceso en la Red Para el Curso Básico de Tecnociencias

De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia (Nuevo Curso Básico y Sus Razones)

Tecnociencia Definiciones y Objetivos

Historia de la Tecnociencia: De la Ciencia a La Macrociencia Temprana

Juan José Ibáñez

continúa………

Globalización de la economía

“Algunas veces, la globalización es percibida como la causa de un fenómeno llamado “competencia desenfrenada” esto implica que las compañías multinacionales están constantemente tratando de mantener o incrementar su influencia en países que ya son dependientes de las inversiones extranjeras. Las compañías multinacionales tienden a marcar como objetivo a países dependientes de sus exportaciones. Debido a un incremento en la competencia, los países no desarrollados están subcotizando sus competidores al disminuir sus estándares laborales y por lo tanto, disminuyendo el costo de la mano de obra para las compañías multinacionales que invierten en ellos. Deliberadamente, estas compañías se mudarán a países con leyes y regulaciones acerca de estándares laborales más relajadas para que puedan hacer lo que deseen. Esto resulta en fábricas con severas condiciones laborales, salarios bajos e inseguridad en el trabajo.16”

Pensamiento económico de Milton Friedman conocido como monetarista: “Milton Friedman y de la importancia del mismo en el pensamiento económico. En la actualidad, sus postulados representan la base fundamental de la práctica económica moderna; así es como el Fondo Monetario Internacional y los demás organismos económicos internacionales basan sus estudios y proyectos en el fundamento teórico desarrollado por Friedman”.

La Globalización económica, según Wikipedia nos aporta información de interés, aunque se me certera aunque difusa, en lo que concierne a sus orígenes. Eso sí quizás la clave se encuentre en su mención de pasada a los Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio. Podéis también consultar esta otra visión, aunque resulta ser de la misma guisa. A pesar de todo, la susodicha globalización no queda bien parada en nuestra enciclopedia libre. Posiblemente, la fuerza conjuntara se encuentre justamente en el “Tratado de libre comercio”.

Sanz-Merino N. 2008. La apropiación política de la ciencia: origen y evolución de una nueva tecnocracia. Revista CTS, nº10, vol.4, Enero de 2008 (pág. 85-123)

(…) por un lado, se incrementaba un “mercado de investigación postacadémica”, y por otro lado, el sector privado demandaba la desmonopolización gubernamental del proceso de innovación. Las medidas que se tomaron desde Kennedy hasta Nixon (y aún después), con la intención de corregir estos conflictos, se tradujeron -aunque con diferencias en la estrategia- en un incremento de colaboración y apoyo al desarrollo de tecnologías civiles, y una consecuente reducción de apoyo a las universidades y de atención a los científicos (que indudablemente alcanzó su punto más álgido con Nixon). El proceso, iniciado activamente ya con Johnson (1963-1968), consistió en términos generales en un incremento de la facilidad de transferencia de científicos e ingenieros y de conocimientos científico-técnicos desde la investigación gubernamental (incluidas las universidades) al sector industrial, a través de proyectos tecnológicos concretos y contratos mercantiles. Fue con él, por tanto, con quien para 1965 había ya decrecido considerablemente la inversión en I+D militar, lo que afecto a la investigación básica en física, matemáticas y otras ciencias que hasta entonces había recibido toda la atención (lo que, en opinión de autores como Javier Echeverría, supuso el final de la Big Science). Los mismos años en los que la fórmula ‘investigación básica’ empezó a ser paulatinamente sustituida por la de ‘investigación estratégica‘ (Jamison y Elzinga, 1995).

En este periplo la política científica de la Unión Europea ha sufrido su propia evolución. En su origen a mediados del siglo veinte se constituyó igualmente como política intervencionista bajo el modelo lineal de innovación, no en forma de política científica nacional pero sí en la promoción de determinados macroproyectos. Una de las motivaciones europeas para la cooperación internacional fue sin duda la optimización de los grandes recursos necesarios para tales proyectos de investigación. Así es que, en realidad, la política científica europea en estas primeras décadas fue más bien parte de las medidas indirectas llevadas a cabo para reforzar el proyecto económico común. Mientras que en Estados Unidos la Big Science fue impulsada desde la estrategia militar, una vez que Europa empezó a recuperarse económicamente, lo hizo más bien desde la preocupación energética (Spaey, 1970). A pesar de las colaboraciones tempranas de la CCE con programas internacionales sobre alimentación y salud (dentro de la OMS y la FAO, por ejemplo) -ya visibles en la década de los sesenta- la política nuclear es el antecedente histórico de una política científica consciente y planificada europea. Así es como el EURATOM (cuyo origen está vinculado a la actividad de CERN creado en 1954), uno de los programas europeos que aún está presente en la agenda comunitaria, pasó de ser un instrumento industrial a uno de política energética, consolidándose finalmente como una organización de investigación en el ámbito nuclear.

González, M. I. Casanova, P., Echeverría, J. 2004. Las nuevas ciencias y las humanidades: de la academia a la política. Anthropos Editorial, Barcelona. La teoría del actor-red y la tesis de la tecnociencia. Fundación Ikerbasque-Universidad del País Vasco. ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura CLXXXV 738 julio-agosto (2009) 705-720 ISSN: 0210-1963; doi: 10.3989/arbor.2009.738n1047

LA TEORÍA DEL ACTOR-RED Y LA TESIS DE LA TECNOCIENCIA (Javier Echeverría y Marta I. González)

En la década de los ochenta emergió la tecnociencia propiamente dicha. El término “tecnociencia” fue propuesto en 1983 por Bruno Latour, con el fin de “evitar la interminable expresión ciencia y tecnología”. Latour planteó la pregunta “¿quién hace ciencia realmente?” e intentó mostrar que la ciencia no sólo la hacen los científicos, criticando la distinción interno/externo. Otro autor que utilizó sistemáticamente el término “tecnociencia” en los años ochenta fue Gilbert Hottois (1991), partiendo de contribuciones previas de Stork, Barret, Salomon, Gros, Ladrière, etc. La convergencia progresiva entre ciencia y tecnología se vio agudizada en los años ochenta por la emergencia, desarrollo y progresiva expansión de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El sistema tecnológico TIC fue mediatizando cada vez más la investigación científica, y no sólo en el ámbito de la física o la matemática, sino también en biología, medicina y ciencias sociales. Particular importancia tuvo la convergencia entre biología e informática, porque supuso un profundo cambio de paradigma en las ciencias de la vida, que dio lugar a la aparición de la tecnobiología, o biotecnología, como habitualmente suele denominarse. La tecnobiología se ha convertido en el canon de una nueva modalidad de práctica científica. Puesto que también en el sector TIC se habían producido cambios similares, surgiendo a partir de los ochenta diversas empresas tecnocientíficas que se convirtieron rápidamente en líderes del sector (Apple, Microsoft, Intel, etc.), cabe afirmar que junto a los proyectos  macrocientíficos de financiación pública comenzaron a surgir diversas empresas privadas dedicadas a la investigación tecnocientífica, cuyos objetivos, además de producir conocimiento y desarrollos tecnológicos, incluían la prioridad de generar innovaciones competitivas en los mercados. En suma, durante las décadas de los ochenta y los noventa emergió la tecnociencia propiamente dicha, cuyas características básicas son las siguientes:

Nota del Bloguero. Como ya describiremos en Otro post

LA TEORÍA DEL ACTOR-RED Y LA TESIS DE LA TECNOCIENCIA

Javier Echeverría y Marta I. González

Este contrato social de la ciencia, como dicha convergencia entre disciplinas y profesiones fue denominada, se consolidó y se amplió con la emergencia de la tecnociencia en los años ochenta.  (…)

A principios de la década de los setenta era patente la preocupación desde las instituciones europeas de fomentar una investigación en colaboración y de definir una política europea de Investigación y Desarrollo Tecnológico (IDT). En los años ochenta se había hecho patente que, a pesar de la aplicación del modelo americano, no se obtenían los mismos resultados (Escorsa Catells y Balls Pasola, 2003). La menor inversión en IDT de la Unión respecto de Estados Unidos y sobre todo la patente “brecha tecnológica” llevó a estructurar un nuevo marco de la política europea en materia de ciencia y tecnología. Además, como decía Herrera, los beneficios dependerían también de que las políticas públicas no perdieran de vista las necesidades y circunstancias regionales, pues la ciencia y la tecnología obedecen a las condiciones materiales de las mismas. Era necesaria una reorientación de la política tecnológico-industrial.

Por un lado, el liderazgo económico y científico de Estados Unidos parecía ser producto del dinero invertido en los centros de investigación y formación ya antes de la guerra, lo que hizo que las universidades, por ejemplo, se adaptaran muy rápidamente a los cambios económicos y las nuevas demandas del mercado y la investigación. Con las europeas no parecía ocurrir lo mismo. Por otro lado y como vimos, desde los años setenta se empezaba a poner en duda que, en todo caso, el cambio científicotecnológico y económico fuera el resultado inevitable de una mayor inversión el I+D. Así, en los años ochenta se buscó un modelo más acorde con las necesidades de Europa, se acentúo la competencia con Estados Unidos y surgió el programa EUREKA como primer esfuerzo planificado de cooperación intereuropeo en materia de investigación (Jamison y Elzinga, 1995).

Primero se optó por el modelo japonés que, como vimos, consistía en un conjunto de medidas integrales que incluían educación, investigación, industria y comercio exterior planificadas a largo plazo. Poco a poco la Unión Europea desarrolló sus propias estrategias, como la financiación mediante la subsidiariedad o la ejecución de las actividades de investigación de manera indirecta. Se continuó, además, con la insistencia en la colaboración y la visión de la investigación como medio fundamental en el proceso de integración de la Unión -objetivos explícitos y recurrentes aún hoy en los textos oficiales. Desde entonces cada vez más la meta de la política IDT europea ha sido convertirse en una política para la innovación y en tal camino ha conseguido consolidarse como un modelo genuino de política científica, aunque siga las líneas generales de las políticas I+D+i: es decir,  intentando favorecer -no sin problemas- el cambio de énfasis desde las políticas de oferta a políticas de innovación basadas en la difusión y la demanda. Es en este sentido en el que las directrices de la política científica comunitaria han contribuido de forma determinante y fundamental al reconocimiento por parte de los distintos gobiernos de la importancia estratégica de los procesos de producción del conocimiento para cumplir los objetivos de competitividad (Muñoz et al., 2005: 43), sea cual fuere el estado de su industrialización. Aunque para ello se haya tenido que poner en marcha, también, un auténtico “plan Marshall” para Europa, como destacan Elzinga y Jamison. Medidas explícitas e implícitas que a lo largo de más de dos décadas han hecho que la Unión Europea haya dejado de ser un bloque comercial para pasar a ser una economía unificada primero y una nueva forma de Estado después, un ‘Estado red’ (Castells, 1996).

La política explícita científica de la Unión Europea recoge la idea de que la financiación I+D es esencial para los Estados miembros a la vez que hace explícita la necesidad de fomento de la competitividad en las empresas -las basadas en la IDT- por ser aquello que, según los textos oficiales, genera más empleo. De nuevo este proceso de desarrollo tecnoeconómico será, según la retórica de su discurso político, la solución a otros problemas sociales y económicos comunes. Es por esto que, por ejemplo, el primer Tratado de la Unión (Consejo Europeo, 1992) impuso finalmente a sus miembros la obligación jurídica y política de apoyar el desarrollo de una política de investigación europea mediante la ejecución de programas de investigación. Así, la Comisión Europea, los Estados miembros, el Parlamento Europeo, la comunidad científica y la industria se comprometían a crear un Espacio Europeo de la Investigación (EEI).

Los Programas Marco (el primero de 1984) fueron consagrados en ese mismo Tratado como el medio para apoyar la movilidad y la coordinación requerida para hacer real el EEI. En ellos se inscriben el conjunto de medidas de financiación y promoción de la investigación mediante el cual la Europa comunitaria intenta fomentar las prioridades de su política científico-tecnológica. Los objetivos de su política científica explícita son, de forma genérica: el fortalecimiento de las bases científico-tecnológicas de la industria europea -de tal manera que puedan competir a nivel internacional-, y el promover la investigación -con la intención de que ésta sirva también de apoyo al resto de las políticas de la UE.

Para cumplir estos objetivos a corto y largo plazo la política científica establece unas líneas de interés muy concretas que se perfilan en el conjunto de prioridades temáticas puntuales de cada Programa Marco, cerrándose a financiar aquellos proyectos que no se enmarquen directamente en tal perfil. Los entes jurídicos que pueden disfrutar de la financiación se han ido incrementando con el tiempo. En la actualidad son: grupos de investigación de universidades o centros de investigación; empresas que quieran llevar a cabo un trabajo de innovación, pequeñas o medianas empresas (PYMEs) y asociaciones de éstas, administraciones públicas, estudiantes (extraordinariamente), investigadores en la primera fase de su carrera (posgraduados); instituciones que gestionen una instalación de investigación de interés transnacional, y organizaciones y personas de terceros países. Finalmente, según el proceso diseñado, las propuestas a financiar por los Programas Marco son evaluadas por la Comisión Europea con la asistencia de expertos independientes, bajo el sistema de revisión “inter-pares”. Según lo visto hasta aquí, podríamos hablar de la política europea (y de las políticas I+D+i en general) como un nuevo tipo de política científica y tecnológica. Algo así como una política ‘tecnocientífica’.

Medina, M. Tecnografía de la Ciencia, 1995. Manuel Medina , “Tecnografia de la ciencia”, historia crítica , 10 (january 1995): 15-28.

Las complejas interacciones conocidas como Ciencia, Tecnología y Sociedad forman una unidad de hecho inseparable y un complejo entramado que sólo pueden abordarse en el marco de estudios interdisciplinares. Por razón de su misma complejidad, se puede destacar, analíticamente, algún sub-conjunto de dichas interacciones en particular como centro de gravedad para un tipo de estudios determinado.

Así la sociología de la ciencia se centra especialmente en el entramado de ciencia y sociedad. De manera análoga, el presente trabajo quiere contribuir a una nueva modalidad dentro de los estudios de ciencia y tecnología centrada especialmente en el entramado de ciencia y tecnología, que podemos llamar tecnografía de la ciencia. Se podría pensar que el actual entramado de ciencia y tecnología, que constituye el núcleo de lo que se llama tecnociencia, es exclusivo de nuestra época, pero lo cierto es que ha existido con diferentes formas a lo largo de toda la  tradición científica. Su configuración actual es el resultado de una evolución que hay que reconstruir históricamente si se quiere comprender y evaluar efectivamente la tecnociencia característica de nuestro tiempo.

Contrato Social por la Ciencia (página Web Universidad de Venezuela)

CIENCIA Y SOCIEDAD: DEBATE 2.0 #RSECiencias20

La ciencia, el arte, y la innovación tienen un punto en común, la creatividad del ser humano. Jacob Bronowski, en su libro, ‘Ciencia y los Valores Humanos’, afirma que, “sólo existe una actividad de creación, actividad que se lleva a cabo por igual en las artes y en las ciencias. Sería erróneo pensar que la ciencia no es más que un modo de registrar mecánicamente los hechos, y sería erróneo imaginar que las artes no son sino el resultado de remotas e íntimas fantasías. Lo que da humanidad y universalidad a una y a otras es la impronta de la mente creadora.”

Las distinciones que a veces se hacen, y que tienden a poner divisiones o fronteras poco permeables, entre ciencia y arte, ciencia e innovación, o lo que es más común entre ciencias básicas y aplicadas, tienen hoy muy poco sentido. Necesitamos de arte, ciencia, tecnología e innovación para salir adelante en el siglo XXI y para ello necesitamos implementar políticas que fomenten su desarrollo (….). Las políticas científicas implementan un contrato social con la sociedad y este contrato social de la ciencia con la sociedad se encuentra en crisis tanto en Venezuela como en el mundo (….)  vamos a empezar haciendo un recuento de la crisis del contrato social de la ciencia en los Estados Unidos, para luego, comentar brevemente el caso venezolano, y finalizar, con (…) Lo expuesto en este artículo es un resumen de un ensayo nuestro más extenso titulado, Ciencia y Sociedad: El Contrato Social (en dos partes, esta y esta) , en donde encontrarán más detalles (….)

El CONTRATO SOCIAL DE LA CIENCIA: ESTADOS UNIDOS

Antes de la II Guerra Mundial, las universidades recibían muy poco financiamiento del estado para hacer investigación básica. Las investigaciones se hacían con recursos propios, financiamiento privado de la industria o fundaciones privadas, o incluso, y con frecuencia, con fondos provenientes de los bolsillos de los propios investigadores. Terminada la guerra, y vistas las ventajas que obtuvieron los aliados mediante la aplicación de la ciencia para el desarrollo de tecnologías defensivas (radar), operacionales (investigación de operaciones), y ofensivas (bomba atómica), y reconociendo los éxitos médicos de un descubrimiento como la penicilina, quedo refrendado un contrato social tácito entre la ciencia y la sociedad, el cual reconocía las bondades generales de la inversión en ciencias básicas. Pero, esto no era suficiente, se necesitaba de un buen argumento, o un modelo, que le permitiera a los políticos financiar las investigaciones en ciencia fundamental en tiempos de relativa paz, aunque de competencia con el bloque soviético por la supremacía en el espacio y en el planeta Tierra.

Las ideas para justificar el financiamiento del estado a las ciencias básicas vino de la mente de una persona como, Vannevar Bush (autor de Science-The Endless Frontier), entre otros, quienes ayudaron a sentar las bases para un contrato social en donde se consagra la idea de que existe una relación lineal entre la investigación básica y los beneficios sociales que recibe la sociedad por la inversión del estado en la investigación básica.  El modelo es como sigue:

Investigación Básica-> Reservorio Resultados de Investigación Básica->Investigación Aplicada -> Desarrollo -> Productos (Difusión en Sociedad y Mercados).

y estipula que la sociedad, a través del gobierno, financie a la ciencia, y le otorgue autonomía para decidir en qué proyectos invertir, y en como evaluar la calidad de los resultados, porque, y ésta es la premisa fundamental, los avances en la ciencia inevitablemente se traducen en beneficios para la sociedad. Este modelo lineal de la difusión de la innovación y de los beneficios de la investigación es en verdad una construcción histórica que se desarrolló en varias etapas, con la participación de industrialistas, científicos, consultores, escuelas de negocios y economistas (ver B. Godin, referencia en inglés).

Bajo este modelo -válido o no-, la investigación básica en los Estados Unidos ha sido financiada por varias décadas. Pero este modelo, sin embargo, es una caricatura de cómo en realidad se va de la ciencia básica a la sociedad por medio de la innovación científico-tecnológica y las novedosas soluciones y productos, esto es, de los beneficios. En primer lugar, es obvio que la vía no es unidireccional (…) y, en segundo lugar, la dinámica de la interacción no es lineal sino mucho más compleja.

Conflicto y crisis.

Nótese además que este modelo marco de política científica excluye a las preocupaciones y necesidades de la sociedad como condicionantes de las prioridades y tipos de investigación básica que financia el estado, lo cual implica una contradicción, ya que por otro lado, todo el gasto público en los Estados Unidos, incluyendo a la inversión en la ciencia, está sujeto a control político, a normas de transparencia que incluyen mecanismos para decidir el uso efectivo de los recursos públicos que requieren saber qué proyectos convienen financiar en razón de los beneficios que estos traen a la sociedad. El modelo entonces tiene dos problemas: (a) la conexión directa con los beneficios es débil, ya que el modelo concede que estos beneficios no son a priori cuantificables, y (b) niega la tensión existente entre ciencia y democracia.

Mientras existieron abundantes recursos económicos, y los Estados Unidos competían con la Unión Soviética por la supremacía global este modelo funcionó bastante bien. Pero, terminada la guerra fría, y con los vaivenes económicos globales, los recursos económicos para la ciencia, se estancaron o disminuyeron, y al no haber, suficiente dinero para financiar toda la ciencia que los científicos quieren hacer, la sociedad norteamericana comenzó a exigirle a sus políticos y científicos una mayor transparencia en el uso de los recursos del estado y mejores beneficios por la inversión del estado en la investigación científica. El contrato social de la ciencia con la sociedad entra en crisis. Adicionalmente, los problemas globales (económicos, cambio climático, energéticos, salud—piensen en las epidemias globales como SARS etc.) exigen que la comunidad científica ponga mayor atención a estos temas. La sociedad civil norteamericana quiere ahora influir y participar en las decisiones sobre el tipo de ciencia que debe financiar el estado, hecho que implica una cierta pérdida de autonomía por parte la comunidad científica.

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