Hamilton enamorado

TO MISS C.D.

A Valentine Ode

 

Look how returning Valentine

Woos timid spring again to shine!

Flowerless in the mossy hill;

The garden glories slumber still;

Yet shall Spring yield her tribute gem,

Catherine! To thy diadem.

William R. Hamilton

 

William Rowan Hamilton fue, sin duda, el matemático irlandés más importante de la historia. Nació en Dublín el 4 de agosto de 1805, su padre se dedicó a los negocios, por lo que vivió con su tío, el reverendo James Hamilton, quien le brindó una esmerada educación desde 1808 hasta 1823.

William Rowan Hamilton

Hamilton fue un niño prodigio, capaz de aprender las lenguas clásicas (latín, griego y hebrero) a la edad de cinco años. Su carrera científica fue impresionante, y a él se le debe la invención de la teoría de los cuaternios, además de sus importantes logros en la Óptica y la Mecánica. En varias entradas previas hemos descrito estos logros.

Trim, Co. Meath, donde Hamilton pasó su infancia y adolescencia

Hoy, escribimos esta entrada con un motivo diferente por el que hablar de Willian Hamilton. Leyendo recientemente el delicioso libro Introducción a la belleza de las matemáticas, de Yoko Ogawa y Masahiko Fuijawara, encontramos un pasaje en el que Fujiwara contesta a la pregunta de Yoko Ogawa sobre l la obstinación en el amor, una cuestión más interesante en la vida de ciertos matemáticos, que las propias matemáticas: por ejemplo personajes como Alan Turing, Sofía Kovalévskaya y William Hamilton. Fujiwara se refiere a nuestro matemático irlandés con estas palabras:

FUJIWARA: Cierto. Hamilton se enamoró de Catherine a los diecinueve años. Ella fue su primer amor, y realmente fue fuerte, si bien no correspondido. Él, sin embargo, no dejó de pensar en ella, y, transcurridos veintiséis años desde la última vez que la había visto, volvió al lugar donde había vivido Catherine para descubrir que allí no había otra cosa que un edificio abandonado. Entró en aquel lugar vacío, bañado por los últimos rayos de luz del crepúsculo, y se arrodilló en el suelo que ella había pisado en tiempos pasados, y lo besó.

Evidentemente, esta frase suscitó nuestra curiosidad, y así que exploramos la bibliografía correspondiente a esta faceta de Hamilton. Efectivamente, la corraboración de este hecho concluye en que su vida amorosa no podía haber sido más desgraciada.

En agosto de 1824, Hamilton acompañó a su tío en una visita a la familia Disney en Summerhill, y se enamoró perdidamente de la joven Catherine Disney. Desgraciadamente, no estaba en disposición de pedirle matrimonio, ya que no tenía una posición estable y le quedaban tres años por delante de estudio en el Trinity College. En febrero de 1825, Catherine contrajo matrimonio con el reverendo William Barlow, 15 años mayor que ella, pero gozando ya de una posición social y una estabilidad económica. El impacto sobre Hamilton fue enorme, llegando a pensar en el suicidio. Cayó enfermo, y comenzó a escribir poesía, lo que repitió cada vez que en su vida se instalaba la desesperación.

Sin embargo, no fue este el único desamor que sufrió Hamilton. En 1831 fue rechazado por Ellen De Vere, hermana de su mejor amigo el poeta Aubrey De Vere. Finalmente, en1833, Hamilton se casó con Helen Bayly, precisamente la mujer con la que paseaba por el Canal Real de Dublín cuando tuvo la inspiración que cierra su teoría de los cuaternios, y que deja grabada en las piedras del puente de Brougham.

William Hamilton y su esposa Helen Bayley

Su esposa Helen sufría de males crónicos, así como de una timidez casi enfermiza. Como muchas mujeres de esas épocas, tenía que hacerse cargo de la casa y de sus hijos ( tuvieron dos niños y una niña), pero no era capaz de hacerlo por enfermedad. Se dice que Hamilton nunca estuvo enamorado de su esposa, y que sufría muchas depresiones que le condujeron a la bebida. . En 1847 falleció su tío, y uno de sus colegas del Trinity se suicidó, dos hechos que agravaron su depresión aún más. Es por entonces cuando Catherine comenzó a intercambiar cartas con él, pero al sentirse ella muy culpable de tal correspondencia, se lo confiesa a su marido e intenta suicidarse. Sus problemas con el alcohol irán en aumento,  Catherine fallece y Hamilton se sumerge en la más profunda depresión hasta que, tras un agudo ataque de gota, fallece el 2 de septiembre de 1865.

A pesar de estas desgracias, Hamilton era una persona robusta, energética, dotado para la elocuencia. Pero como todo ser humano, tuvo sus momentos tristes y sus debilidades; como diría Fujiwara, esa pasión humana de los genios los hace todavía más admirables.

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Manuel de León (CSIC, Fundador y Director del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

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