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Posts etiquetados con ‘Literatura y matemáticas’

Oblomovismo y el uso de los ábacos

Estos días terminé la lectura de la obra maestra de Iván A. Goncharov, Oblómov, que como todo clásico ruso respetable tiene su extensión (suponen 644 páginas en este caso). Se trata de una historia singular, la de Iliá Ilich Oblómov, un heredero terrateniente, pero con unas características muy peculiares. En mi afán de destacar las matemáticas que aparecen escondidas en muchas obras literarias que relatan la cotidianidad, he aquí otra entrega.

La siguiente frase ilustra el carácter de nuestro héroe: «Estar tumbado no era para Oblómov una necesidad como lo es para el enfermo o para el que tiene sueño, ni una casualidad como para el que está cansado, ni siquiera un placer como para el perezoso: era su estado normal.»

Iván A. Goncharov

Su indolencia e inactividad le lleva a  ser objeto continuo de engaños. Aunque es propietario de una hacienda con 300 mujiks (siervos), es incapaz de administrarla, ni tan siquiera de vivir desahogadamente con sus rentas (su hacienda es fraudulentamente administrada, sin controlarla ya que nunca la ha vuelto a visitar). En este pasaje de la novela, cuando Oblómov discute agriamente con su criado Zajar, se muestra claramente su indolencia pero también su incapacidad de realizar unos simples cálculos matemáticos:

- ¡Ah, Dios mío! ¡Vas a acabar conmigo! ¿Cuánto debemos? Dílo deprisa.

- Al carnicero ochenta y seis rublos con cincuentra y cuatro cópecs.

Iliá Ilich, asombrado, juntó las manos.

- ¿Te has vuelto loco? ¿Sólo al carnicero semejante cantidad de dinero?

Tras varios intercambios de palabras y tras el intento de Zajar de darle las facturas, Oblómov sigue tratando de conocer la deuda:

- Bueno, ¿y a quién más? – preguntó Iliá Ilich, rechazando con fastidio los grasientes papeles.

- Pues ciento veintiún rublos con dieciocho cópecs al panadero y al verdulero.

- ¡Esto es una ruina! ¡No tiene nombre! – decía Oblómov, furioso – ¿Acaso eres una vaca para tragar tanta verdura?

Nueva protesta de Zajar, pero Oblómov quiere alguna conclusión:

- A ver, suma, ¿cuál es el total? – dijo Iliá Ilich, poniéndose a calcular.

Zajar hacía la suma valiéndose de los dedos.

- ¡Maldición! Cada vez me da una cantidad distinta – dijo Oblómov – ¿A ti cuánto se sale? Doscientos, ¿no?

- Espere, déme tiempo – gruñço Zajar frunciendo el ceño –. Ocho decenas más diez decenas, me dan dieciocho, más dos decenas …

- Así no terminarás jamás – dijo Iliá Ilich -. Retírate, me presentarás las facturas mañana

- Son doscientos cinco rublos con setenta y dos cópecs – dijo Zajar, una vez finalizadas sus cuentas -. Déme el dinero, haga el favor.

Estas cuentas, a mano y mal hechas, muestran la falta de costumbre en el uso de los números, aunque se tarte de una simple suma. En otros pasajes de la novela, las cuentas de Oblómov se hacen usando un ábaco, un instrumento creado para hacer cálculos de una manera rápida. Son en realidad primitivas caluladoras, pero el llamado ábaco ruso (schoty) aún puede verse en algunos pequeños comercios de Rusia como herramienta utilizada para realizar cálculos rápidos y fiables. Se compone de varias filas con diez cuentas en cada una, como se muestra en la figura

Las dos cuentas centrales de cada varilla suelen ser de color negro y las demás blancas. Y si observamos la figura, veremos que las varillas suelen estar un poco curvadas para impedir que se realicen desplazamientos involuntarios.

El ábaco ruso se opera en posición vertical, moviendo las cuentas a lo largo de la varilla de forma horizontal, de izquierda a derecha para añadir una cantidad, y al revés para restarla.

En esta página web se pueden encontrar muchísimos detalles sobre la historia de los ábacos y las diferentes versiones que aparecieron en diferentes lugares del mundo. El ocaso del ábaco comenzó al propagarse el sistema métrico decimal, abriendo una lucha medieval entre los abacistas y los algebristas que ganaron estos últimos.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias).

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Murmullo

En los últimos años, la figura de Alan Mathison Turing ha sido protagonista de muchos libros, en algún caso, novelas. Sus extraordinarios logros científicos que cambiaron nuestro mundo, unidos a un final trágico e injusto cuando todavía tenía muchos años por delante, le han convertido en un auténtico icono.

Hoy traemos a Matemáticas y sus fronteras la última novela inspirada en su vida, Murmullos, del autor británico Will Eaves. La ha publicado Alba Editorial, estupendamente traducida al español por Mariano Antolín Rato.

Si en Máquinas como yo, Ian McEwan exploraba la posibilidad de si una máquina sería capaz de entender y juzgar la complejidad moral de las decisiones de un ser humano, en un Londres donde Inglaterra ha perdido la guerra de las Malvinas y Turing sigue vivo y aparece en varias escenas, en nuestro libro de hoy, Will Eaves se permite entrar en la mente de Alec Pryor, un trasunto de Turing, mente alterada por los estrógenos que se le están administrando cumpliendo la condena por homosexualidad (por cometer «actos indecentes con otro hombre»).

Alec Pryor es, como Turing, un matemático y pionero de la informática en la Gran Bretaña anterior a los años 60, y sus pensamientos están narrados en primera persona.

Este formato narrativo le permite a Eaves conjeturar lo que Alan Turing podría haber pensado esos pocos años que transcurrieron desde su condena hasta su suicidio con una manzana envenenada con arsénico. Este formato narrativo le permite a Eaves conjeturar lo que Alan Turing podría haber pensado esos pocos años que transcurrieron desde su condena hasta su suicidio con una manzana envenenada con arsénico.

En ese periodo, Turing tenía que acudir semanalmente al hospital para recibir la correspondiente inyección de hormonas para producir la castración química. Recordemos que duarnte la Segunda Guerra Mundial, Turing rompió con su equipo el código de las máquinas nazis Enigma, contribuyendo a que los aliados ganasen la guerra y evitando miles de muertes al acortarla. Uno de los grandes logros de Will Eaves es la descripción de cómo el criptoanalista de Bletchley Park usa ahora su mente para cifrar y descifrar sus visiones causadas por los cambios que su cuerpo y su mente van experimentando.

En la vida real, Turing visitaba al terapeuta junguiano Franz Greenbaum. En la novela, Turing u Greenbaun se transforman en Alec Pryor y Stallbrook, Puesto que esta novela tiene ese sesgo a lo Carl Jung, Stallbrook aparece también como el director de la escuela a la que asistió Pryor. A lo largo del libro, la figura de su amado Christopher Morcom está también presente, ahora como Chris Molyneaux, que aquí fallece prematuramente por tuberculosis.

Pryor escribe en cada capítulo (o recibe) una carta de una misteriosa June Wilson, que no es más que la versión de Joan Clarke, fugazmente prometida de Turing en Bletchley Park.

Will Eaves

Sobre el autor

Will Eaves nació en Bath en 1967 y estudió en el King’s College de Cambridge.  De 1995 a 2011 fue el editor de Arte de The Times Literary Supplement. Desde 2011 es profesor asociado del Programa de Escritura de la Universidad de Warwick. Ha escrito dos libros de poesía y cinco novelas, entre ellas The Oversight (2001), Small Hours (2006) y Murmullo (2018), que fue finalista del Goldsmith Prize y ganadora del Wellcome Book Prize.  El autor vive actualmente en Brixton.

Les dejamos con una entrevista con el autor

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias).

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El valor desconocido

El mundo arde en nuestro interior, no fuera de nosotros.

Una de mis últimas lecturas ha sido la novela de Hermann Broch, El valor desconocido, publicada originalmente en 1933 e inédita hasta ahora en español, a pesar de que el autor es uno de los grandes escritores europeos del siglo XX.

La novela tiene mucho que ver con las matemáticas, como veremos, y da una visión crítica del mundo académico, con sus grandezas y miserias. Esa visión de ese mundo en la Europa de entreguerras no es muy diferente a la que ahora asistimos en nuestro día a día.

El protagonista de la novela es el joven Richard Hieck, iniciado en la investigación matemática en la que se está doctorando con la supervisión del profesor Weitprecht, catedrático del departamento. Su contrapunto es el doctor Kapperbrunn, matemático y ayudante de Weitprecht y que desprecia los esfuerzos de Hieck porque este se ha pasado a la física abandonando las matemáticas puras. Este diálogo refleja con claridad ese enfrentamiento:

Richard se esforzó más todavía. ¿Cómo definir las matemáticas? Una luminosa red de realidad resplandeciente, infinita, así es como las veía, y lo suyo era ir encontrando el camino, tanteando de nudo en nudo, sí, más o mrnos eso eran, un complejo entramado celeste, como el mundo mismo, un entramado que había que desenmarañar para hacerse dueño de la realidad.

- Las matemáticas están en todo – dijo finalmente y, para sorpresa de Kapperbrunn, se puso patético -: el mero hecho de que yo pueda contar las cosas es un hecho matemático comprendido en la realidad.

- Tendría que haberse metido a poeta y no a matemático – le soltó Kapperbrunn – , aunque, bueno, a la contemplación de las estrellas ya se dedica.

La alusión a las estrellas está motivada por el trabajo que Hieck en el Observatorio astronómico de la universidad, una vez que ha obtenido su doctorado y con la ayuda del profesor Weitprecht.

Hermann Broch

La dialéctica entre la física y las matemáticas está presente en toda la novela. Cuando Hieck visita a Weitprecht para agradecerle su ayuda una vez que ya ha defendido su tesis, este le pregunta si está continuando su trabajo.

- Bueno – dijo Weitprecht -, ya conoce usted la máxima de Kapperbrunn de que la ciencia matemática no es la criada de la fíisca, sino su reina … ahí leva razón, la verdad sea dicha.

- Hay muchas cosas que se han descubierto a partir del experimento – dijo Hieck – casi todo. – Aunque era cierto, de hecho, era una conclusión que, a él, que deseaba poder dominarlo todo desde el pensamiento matemático, le venía muy a contrapelo, y sólo había hablado así porque le resultaba inquietante el intento de trabar un contacto personal que, sin saber en qué, notaba en el discurso de Weitprecht. Él quería volver a su carril habitual, así que, casi como si le saliera solo, dijo – : la teoría de grupos, por ejemplo …

Ahí Weitprecht se animó más todavía:

- Sí …, ¿la está desarrollando?

Richard, como no sabía mentir, dijo:

- El tema se amplía más y más …, el doctor Kapperbrunn ha enviado los resultados provisionales de mi trabajo a la Revista de Crelle …

Y sí, poco después el artículo se publica en el Journal für die Reine und Angewandte Mathematik, nombre completo de la revista que fundó Leoplod Crelle.

No podía faltar una referencia al machismo imperante en la época. Cuando Kapperbrunn se dirige a Hieck refiriéndose a un grupo de alumnas de matemáticas:

- Búsquese usted una chica de entre esas de ahí, suponiendo que haya alguna guapa, y póngase unos esquíes unos días, hombre.

Y no es el único episodio. Cuando Hieck lleva a su alumna Ilse Nydhalm de visita al observatorio, y se la presenta al doctor Lobka como una futura astrónoma, éste comenta:

- Si es que cuesta creer la de sitios en que se están metiendo las mujeres.

 

Recomiendo esta novela no sólo a los aficionados a la física y a las matemáticas, sino a cualquier lector; no olvidemos la calidad literaria del autor, Hermann Broch, que ha sido comparado con Joyce, Proust y Thomas Mann. Hermann Broch nació en Viena en 1886. Dirigió las fábricas textiles familiares hasta 1928, cuando decidió dedicarse exclusivamente a la literatura. Tras la ocupación nazi de Austria en 1938, fue encarcelado por la Gestapo. Gracias a la gestiones de su amigo James Joyce, Broch fue liberado y emigró a Gran Bretaña y finalmente a los Estados Unidos, donde residió hasta su muerte, en 1951. Su primera gran obra es la trilogía Los sonámbulos, y su obra más reconocida es La muerte de Virgilio, considerada como una obra maestra y ya un clásico.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias).

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Los círculos de Fred Vargas

Como los habituales de este blog saben, soy un lector empedernido, vicio o virtud que cultivo desde que tengo uso de razón. Y en mi lectura de la serie del comisario Jean-Baptiste Ademsberg, de la premio Princesa de Asturias de las letras de 2018, Fred Vargas (seudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau), me he encontrado con una inesperada afición a los círculos y al número pi.

No es la primera vez que Vargas hablaba de círculos; en su debut con El hombre de los círculos azules (L’Homme aux cercles bleus) en 1991, un extraño personaje se entretenía en dibujar círculos en las calles de París colocando en su centro objetos cotidianos, algo inocente hasta que los círculos comenzaron a rodear algún que otro cádaver.

 

Fred Vargas

Pero es el tercer y último cuento de los incluidos en el libro Fluye el Sena (Coule la Seine), y titulado “Cinco francos unidad” (Cinq francs pièce), un estrambótico vendedor ambilante de esponjas de baño es testigo accidental de un intento de asesinato de una mujer en las calles de París. Y este es el nombre de tal singular personaje, Pi Toussaint. Cuando su madre puso su nombre en el registro, alguien puso una taza de café encima y del nombre (posiblemente Pierre) solo quedó Pi.

Adamsberg sabe que Pi tiene más información de la que está dando, y trata de convencerlo para que la suelte. Así llegamos a un diálogo extraordinario:

“ – De hecho – dijo súbitamente Pi, pasándose el saco de dormir de un brazo al otro -, yo también tengo ideas.

-       ¿Sobre qué?

-       Sobre los círculos. Es de nacimiento. Por ejemplo, el botón de su chaqueta, ¿tiene usted idea de su circunferencia?

Adamsberg se encogió de hombros.

-       No sé si me había fijado nunca en este botón.

-       Pues yo sí. Y diría que ese botón tiene un perímetro de cincuenta y un milímetros. “

Y ahora, una vuelta de tuerca. Como el comisario le quita importancia, Pi le recuerda:

“ – Tiene narices que un policía no vea que ésa es la clave del mundo. Cuando era pequeño, en la escuela de la Asistencia, me llamaban 3,14. ¿Entiende el chiste? ¿Pi = 3,14? ¿El diámetro del círculo multiplicado por 3,14 igual a la circunferencia? Pues bien, esa borma fue el chollo de mi vida. Así que ya lo ve, igual fue una gran suerte el que mi nombre se disolviera con el café. Me convertí en un número. Y no en un número cualquiera, ¡ojo!

-       Entiendo – dijo Adamsberg.

-       No puede usted hacerse una idea de todo lo que sé. Porque pi funciona con cualquier círculo. Lo dijo un griego en la antigüedad. Eran muy listos los griegos. “

Finalmente, Adamsberg consiga vencer la desconfianza de Pi y va obteniendo más información sobre la lumer, conectada al Ministerio del Interior, y de la que no se menciona, por confidencialidad, su nombre:

“- Bueno, pues entonces vamos a darle un número, como a mí. Será más caritativo que llamarla “la mujer”. Vamos a llamarla “4.21”, porque ha tenido mucha suerte.”

Y es que el “421” es un juego de dados muy popular en Francia.

Como ocurre con otras obras de Fred Vargas, este cuento se ha publicado como novela gráfica, con el título de Le Marchand d’éponges, ilustrado por Edmond Baudoin y publicado por la editorial J’ai Lu en 2013.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias).

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Como ven los escritores las matemáticas y a los matemáticos

Con más frecuencia de lo que pudiéramos pensar, las matemáticas como disciplina y los matemáticos, como practicantes de la disciplina, aparecen en muchas novelas. El objetivo de esta entrada es tomar algunos ejemplos de lecturas recientes de los últimos dos o tres meses, no escogidas expresamente, para demostrar así mi afirmación.

En El revés de la trama, una de las mejores novelas de Graham Greene, el desencantado comandante de policía Henry Scobie, perdido en su destino en una axfisiante colonia británica en África Occidental durante la Segunda Guerra Mundial, reflexiona sobre su problemas de conciencia: “Estoy demasiado cansado para pensar: esto habría que analizarlo en un papel, como un problema de matemáticas, y la respuesta debería obtenerse sin dolor”.

Greene va más allá de lo práctico y revela un profundo pensamiento sobre las matemáticas: “Pensó que la verdad nunca había sido de auténtica utilidad para ningún ser humano; era un símbolo perseguido por los filósofos y los matemáticos.” E incluso aparecen las matemáticas de nuevo cuando Scobie habla con la que será más tarde su amante, Helen, salvada milagrosamente de un naufragio. Pregunta Scobie sobre su época de estudiante y responde Helen:

“- ¿Qué se le daba bien, aparte del baloncesto?

- Creo que era la segunda en matemáticas, pero nunca destaqué en trigonometría.”

En De un mundo que ya no está, la autobiografía inconclusa de Israel Yehoshua Singer, el autor recuerda a uno de sus tíos, Yosef, hermano de su madre, y primogéntito que desesperaba a su abuelo, un afamado rabino que esperaba traspasarle algún día el puesto. Yosef “era reputado por su brillante inteligencia y su sabiduría. Había adquirido muchos conocimientos directamente de los libros, y por cuenta propia aprendió tanto el idioma ruso como, sobre todo, el cálculo y el álgebra de las matemáticas. Siempre andaba con un trocito de tiza en la mano haciendo números sobre las paredes, mesas y bancos.” Y así pasaba los días el tío Josef, enfrascado en su cálculos, pero como era juez, a él acudían si la contienda exigía precisamente el uso de los mismos. Juntamos así el estereotipo del matemático despistado con la utilidad de las matemáticas.

En Niña de todos los países, una de las maravillosas novelas de Irmgard Keun, su protagonista, Kully, una niña que se ve abocada a viajar de un hotel a otro por la Europa previa a la Segunda Guerra Mundial ya que su padre, escritor, ha tenido que huir con ella y su madre de la Alemania nazi, habla del valor de las matemáticas:

Ahora también se leer en el periódico las cotizaciones de las monedas, cambiar florines en zlotys y zlotys en francos belgas. De todas las matemáticas, eso es lo más importante. Hay que saber que es mil veces mejor tener diez dólars que un marco.”

De nuevo el valor práctico de las matemáticas para la vida cotidiana.

El libro que tengo ahora entre manos es Encuentro con libros, una selección de críticas literarias, prólogos y similares de Stefan Zweig. En el capítulo sobre la obra de Thomas Mann, Discurso y respuestas, Zweig afirma: “Los matemáticos aseguran que la aritmética, esa disciplina sobria, precisa, sometida a la servidumbre de los cálculos cotidianos, cambia por completo cuando gana abstracción y entra en la esfera intelectual, en la que goza de una prodigiosa libertad, allí, apartada de lo terrenal como la música, derrocha fantasía y embriaga los sentidos.” Y esta es una manera de describir la prosa de Mann. Y sobre la misma, continúa Zweig: “Su valor estriba en la distancia que media entre el autor y el objeto, una magnitud que puede describirse asumiendo los fundamentos de la geometría euclídea.”

Las matemáticas forman parte de nuestra vida probablemente con más intensidad que ninguna otra enseñanza que hayamos estudiado, y si están atentos, amigos lectores, lo descubrirán una y otra vez.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias)

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Ernesto Sabato y el conocimiento luminoso

Ernesto Sabato es uno de los grandes escritores que dio Argentina al mundo en el siglo XX, con una carrera vital con dos etapas muy diferenciadas, la científica como un brillante físico matemático, y la literaria, abandonando de un modo que se podría calificar de temerario, estas disciplinas por la literatura. Pero si uno analiza sus escritos, vemos que esa formación científica permea su obra.

Ernesto Sabato

En su primer libro, el ensayo Uno y el universo, compara Sabato las matemáticas con el arte y la política:

“Existe una opinión muy generalizada según la cual la matemática es la ciencia más difícil cuando en realidad es la más simple de todas. La causa de esta paradoja reside en el hecho de que, precisamente por su simplicidad, los razonamientos matemáticos equivocados quedan a la vista. En una compleja cuestión de política o arte, hay tantos factores en juego y tantos desconocidos o inaparentes, que es muy difícil distinguir lo verdadero de lo falso. El resultado es que cualquier tonto se cree en condiciones de discutir sobre política y arte —y en verdad lo hace— mientras que mira la matemática desde una respetuosa distancia.”

Ernesto Sabato

 

Pero la gran obra de Sabato, con la que consigue un éxito internacional, es El Túnel, novela cuyo comienzo es ya mítico, y que tuvo enormes dificultades para ser publicada en Argentina, aunque tuvo un apoyo decidido en Francia por parte de Albert Camus (digno de mención es el intercambio de cartas y los juicios de los censores españoles hasta que finalmente fue aprobada su publicación).

En El túnel se nota la formación matemática de Sabato, en esas dudas de Juan Pablo Castel y en los interrogatorios a los que somete a María Iribarne; esa lógica enloquecida por los celos, pero analizando todas las posibilidades y todas las hipótesis.

Pero esta primera novela tiene una continuidad hasta completar una trilogía espectacular, compuesta con Sobre héroes y tumbas (que contiene ese tenebroso Informe sobre ciegos) y Abbadón el exterminador.

Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato

Muchos son los pasajes de estas dos voluminosas novelas donde Sabato recurre a las matemáticas. Por ejemplo, en Abbadón el exterminador:

“Como acabo de decirle, no hay que buscar coherencia en el poder diabólico, pues la coherencia es propia del conocimiento luminoso, y en particular de su máximo exponente, las matemáticas”.

O esta comparación cuando debate sobre el espíritu y la materia:

“Explicar, querer explicar hechos del espíritu mediante geodésicas es como pretender extirpar una angustia con tenazas de dentista”.

Estas tres novelas (a veces es difícil calificarlas como tales) mezcla todo tipo de personajes, unos inventados, otros reales (hasta el maestro Jorge Luis Borges o el Che Guevara), y el propio Sabato. Y lo mismo ocurre con los hechos, la mezcla de realidad y ficción consiste en pasar de una a otra continuamente.

Escuela Normal Superior de París

Recordemos que en 1937, Sabato obtuvo el Doctorado en Ciencias Físicas y Matemáticas en la Universidad Nacional de La Plata. Tuvo el apoyo de un ilustre científico argentino, Bernardo Houssay, que le ayudó a conseguir una beca para estudiar en el Laboratorio Curie en París. Y sí, Irene Joliot-Curie también aparece en varios lugares. Respecto a esto, en una de las entrevistas periodísticas que incluye en Abbadón el exterminador (¿reales, ficticias?) ante la pegunta: “Muchos lectores se preguntan, señor Sabato, como es posible que usted se haya dedicado a las ciencias físicas-matemáticas”, Sabato responde:

“Pues nada más fácil de explicar. Creo haberle ya contado que huí del movimiento estalinista en 1935, en Bruselas, sin dinero, sin documentos. Guillermo Etchebehere me dio alguna ayuda, él era trotskista, y durante un tiempo pude dormir en un altillo de la École Nórmale Supérieure, rue d’ Ulm. … (describe luego sus penurias, hasta alimenticias) … así que no di más y con muchas precauciones me robé de Gilbert un tartado de análisis matemático de Borel y cuando en un café comencé a estudiarlo, mientras afuera hacía frío y yo tomaba un café caliente, comencé a pensar en aquellos que dicen

que este mercado en que vivimos

está formado por una única sustancia

que se transmuta en árboles, criminales y montañas,

intentando copiar un petrificado museo

de ideas. …”

Con sus luces y sombras, Ernesto Sabato pasa a la historia como uno de los más grandes. Solo me queda recomendarles la lectura de su obra, no saldrán nunca defraudados.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias).

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La lógica de la nieve

Nieve es quizás la novela más apreciada del escritor turco Orhan Pamuk, Premio Nobel en 2006. El narrador es un amigo del protagonista, el poeta Kerim Alakusoglu, al que todos llaman Ka.

Orhan Pamuk

El argumento es en principio, simple, y su inicio parece más propio de un thriller político: Ka viaja a la remota ciudad de Kars, en Turquía, para investigar la ola de suicidios de muchachas a las que se les ha prohibido llevar las cabezas cubiertas con pañuelos a la escuela.

Pero además de su argumento y de servir como escenario de debate de las enormes contradicciones de la sociedad turca, Nieve posee un oculto nivel de lectura que une las matemáticas con la poesía. Probablemente no todos los lectores perciban esa simetría oculta y por ello quiero hacerme eco en Matemáticas y sus fronteras de esta circunstancia.

Pamuk imaginó una ciudad (simbolizando a toda Turquía) cubierta por la nieve, porque Kars viene de “kar”, nieve en turco, en un momento en el que los partidos islamistas, los comunistas y los conservadores se atacaban mutuamente. Una Turquía que mira a Europa siguiendo la senda de Kemal Atartük, o mira al Islam; el futuro o el pasado. Kars, esa ciudad de la Anatolia, que existe realmente, y que exhibe los restos de la civilización armenia y del dominio ruso. Una ciudad con un clima terrrible en el que se desarrolla un drama que a veces tiene tintes de comedia. Una Turquía que mira a Europa como una indispensable salvación.

Algunos pasajes de Nieve nos recuerdan a Los hermanos Karamazov, de Fiodor Dostoievski, con sus dilemas sobre la existencia de Dios y el ateísmo. Pero otros pasajes nos llevan a Franz Kafka, y su personaje K en El castillo, deambulando de un lugar a otro intentando averigüar quiénes son las autoridades.

Ka es un poeta que había perdido su inspiración, pero la encuentra en Kars. Los poemas le vienen, como a Ramanujan le venían los teoremas. No sabe de donde, pero a cada poco debe detenerse y escribir un nuevo poema en su cuaderno verde. Son 19 poemas, que no conoceremos porque ese cuaderno verde se ha perdido; al final del libro, el autor lista los 19 poemas con el capítulo y la página en donde le “vinieron”.

Pero estos 19 poemas también tienen su lugar en la estrella, en el copo de nieve. Son 6 ángulos, como bien nos explicó Johannes Kepler. Los seis puntas del copo se agrupan en tres temáticas, simétricas, que son la lógica, la memoria y la fantasía. Cada punta tiene tres ramas, cada una de ellas se corresponde a un poema. Y en el centro de la estrella, el poema “Yo, Ka”. Porque como dice Ka, cada hombre y mujer tiene su propio copo de nieve.

Ka tiene especial predilección desde niño por una Enciclopedia de la vida, en cuya entrada NIEVE, se lee:

Forma sólida del agua cuando cae de, cruza o se eleva en la atmósfera. Generalmente cristaliza en forma de hermosas estrellas de seis puntas. Cada cristal tiene una estructura hexagonal propia. Los secretos de la nieve han despertado el interés y la admiración de la humanidad desde épocas antiguas. El primero en observar que cada copo tenía una estructura hexagonal y una forma particulares fue el sacerdote Olaus Magnus en 1555 en la ciudad de Upsala (suecia) y …

He buscado alguna historia sobre el sacerdote Olaus Magnus, y la he encontrado. Y no podía ser menos que acorde con la novela de Pamuk. Olaus Magnus, nació en octubre de 1490 en Östergötland, Suecia, y murió el 1 de agosto de 1557 en Roma, Italia. Fue escritor, cartógrafo y eclesiástico, y su obra fundamental fue la Historia de Gentibus Septentrionalibus, editada en 1555, en Roma, en 22 libros. Olaus Magnus pobló los mares de monstruos espeluznantes, aunque recientemente, una vez eliminados estos, los mapas eran bastante acertados.

Magnus se adelantó a Kepler, aunque en la obra de este último, Strena seu de nive sexángula  (El copo de nieve de seis ángulos), el autor no solo describe los copos sino que se atreve a dar una explicación científica para el hecho de que solo aparezcan cristales de seis puntas. Pero esa es otra historia.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

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