Auge y ocaso de la Casa real de Castilla


El pasado 9 y 10 de noviembre secelebró el Congreso Internacional “La evolución de la Casa real deCastilla y la crisis de la década de 1640”, coordinado por losProfesores Dr. Andrés Gambra Gutierrez y Dr. Félix Labrador Arroyo, enla Universidad Rey Juan Carlos, patrocinado por el Vicerrectorado deExtensión Universitaria de la Universidad Rey Juan Carlos, el Institutode Humanidades de la Universidad Rey Juan Carlos y el InstitutoUniversitario “La Corte en Europa” (IULCE) de la Universidad Autónomade Madrid. Con esto ha sido el tercer evento que la Universidad ReyJuan Carlos ha organizado con IULCE.

Elprofesor José Martínez Millán de la Universidad Autónoma de Madrid,abrió el congreso con una exposición sobre el auge y ocaso de la Casareal de Castilla. Explicó que la importancia de su historia radica enque las monarquías europeas en la Edad Media y Moderna se organizabanpolíticamente a través de la Casa real y la Corte. La idea de que laevolución histórica de las monarquías se caracterizaba por laconstrucción del Estado Moderno, resulta estar basada en la proyecciónanacrónica de conceptos como ejército, burocracia, funcionarios eimpuestos al pasado. La Monarquía, al acumular distintos reinos, seforjó con la composición de sus respectivas Casas reales, que integrabaa las élites de los reinos, explicaba. La Casa de Castilla se convirtióen una Casa estructurada a partir del reinado de Isabel la Católica.Fernando el Católico, mientras, se sirvió de la Casa de Aragón. Sinembargo, cuando fue regente de Castilla, se quedó con la mitad de laCasa de este reino, concediendo la otra mitad a Juana la Loca.

En1517, cuando Carlos I trajo la Casa de Borgoña, que era más compleja ycompleta, no tenía previsto contar con la Casa de Castilla. Estosignificó que las élites castellanas se vieron excluidas, por lo que serebelaron en la revuelta de las Comunidades. Al terminar la revuelta,se celebraron las Cortes de Castilla, cuyas actas en la gran mayoría desus artículos trataban de la organización de la Casa real. Sin embargo,la Casa de Castilla no llegó a cobrar un lugar de preferencia en elservicio al rey. La solución pasó por la introducción de la élitecastellana en la Casa de Borgoña. En 1535, cuando se puso la Casa deCastilla al príncipe Felipe, resultó que ésta no contaba con ordenanzasescritas y tuvo que reconstruirse a base de los recuerdos de Fernándezde Oviedo. En 1548, con ocasión de su viaje a Bruselas, se le puso laCasa de Borgoña, que era la de la dinastía. Las élites castellanas, quese habían introducido en ella, esta vez no protestaron, traicionándosea sí mismas.

Esto quedó patente enel reinado de Felipe III, cuando surgieron críticas contra la Casa deBorgoña, provenientes de la facción castellana desplazada del poder enlos años finales del reinado de Felipe II. Las Cortes la criticaron porsu elevado coste y propusieron reducir cargos y gastos. Sin embargo,puesto que la reducción de cargos significaría la desintegración delreino, nada resultó de los planes de reforma. Después de la caída deOlivares, las necesidades financieras llevaron a la propuesta desuprimir todas las Casas, menos la de Borgoña. No obstante, Felipe IVse negó a ello, argumentando que los reinos le podían llevar a juicio,y que lo perdería. Tocar las Casas reales significaba romper laestructura de la Monarquía. La reforma de las Casas, que significó laconservación de una sola, la de Borgoña, finalmente se llevó a cabo conFelipe V. La Casa de Castilla llegó a agrupar a la oposición, algo quese vio con Luis I, quien subió al trono apoyado por un grupo decastellanos que quiso restaurar la Casa de Castilla, concluyo MartínezMillán, refiriéndose a un estudio de Marcelo Luzzi, que será publicadocon las actas del congreso.

Elsurgimiento y la evolución la Casa real en Castilla en la Edad Mediafue el tema que se trató a continuación. Así el profesor Andrés GambraGutierrez, de la Universidad Rey Juan Carlos, esbozó la transformacióny diversificación de la Curia Regia en tiempos de la dinastíapamplonesa, haciendo una interpretación del significado e importanciade los principales oficios del Palatium Regis durante los distintosreinados. Fue en tiempos de Alfonso VI cuando, acorde al dinamismo desu reinado, la organización palatina recibió un gran impulso. Que esterey fue además un importante mecenas, lo demostró el profesor FélixPalomero, de Universidad Rey Juan Carlos, quien reconstruyó a partir derestos arqueológicos el patronazgo de éste rey, del que la catedralrománica de Burgos y el monasterio de San Sebastián de Silos son lostestimonios. 

La Casa real en elsiglo XIII, fue analizada por el profesor Jaime Salazar y Acha, de laUNED. Explicaba que a lo largo de la Edad Media se multiplicaron losoficiales, y hubo una mayor diversificación de las funciones en la Casadel rey. Sin embargo, este aumento no se produjo por las necesidades decada momento, sino por lo que Salazar llamó el proceso de honorización,la tendencia de los grandes oficios de convertirse en puramentehonoríficos. También indagó en las condiciones sociales de lospersonajes que ocupaban los distintos oficios de la Casa. Hizo hincapiéen que los altos dignatarios, en los que más confiaba el rey, eransiempre personajes de gran linaje, como correspondía en una sociedadestamental. La pertenencia a un determinado grupo nobiliario resultócasi siempre determinante para el oficio que se llegaba a ejercer en laCasa. No hubo una estructura orgánica, una jerarquía y una dependenciaentre los oficios reales en la Casa del rey, sostuvo Salazar. Elcriterio que prevaleció para la constitución de la Casa fue lapersonalidad de los individuos, que predominaba siempre sobre laestructura establecida. Así los “privados” ejercían oficios muydiversos dentro de la Casa, desde camarero mayor hasta mayordomo mayor.

Elprofesor Francisco de Paula Cañas Gálvez, de la Universidad Complutensede Madrid, habló de la Casa real durante el reinado de Juan II deCastilla (1406-1454), cuyo empeño en convertir la Casa en el centropolítico y al rey en cabeza de una comunidad política, se expresó en unintento de magnificar la Casa real. El resultado fue un mayorresplandor de la vida cortesana. Así la Casa de Juan II llegó adiferenciarse de las bajomedievales, acercándose más a las Casas realesrenacentistas de los Reyes Católicos. Durante el reinado de Juan II,también hubo una ampliación de los oficios administrativos. El papel delos funcionarios de la escritura, en particular el de los escribanos deCámara en el Madrid del siglo XV, residencia habitual de Juan II yEnrique IV, fue el tema de la ponencia del profesor Tomás Puñal, de laUniversidad Rey Juan Carlos. Expuso el perfil socio profesional yformativo de los escribanos, quienes en mayoría eran de origenjudeoconverso. Por la patrimonialización del oficio se llegaron aformar sagas familiares enteras de escribanos. Puñal detalló sus muydiversas tareas, desde las empleadas como intermediarios entre elConsejo real y las Cortes, hasta la elaboración de crónicas regias.

Acontinuación, los ponentes se concentraron en las vicisitudes de laCasa de Castilla en la Edad Moderna. De esta manera, el profesor RafaelSánchez Domingo, de la Universidad de Burgos, esbozó la historia de laReal Hermandad de Criados de los Reyes de la Casa de Felipe III, y elprofesor Federico Gallegos, de la Universidad Rey Juan Carlos, trató delos Monteros de Espinosa, llamados así por su obligación de residir enla villa de Espinosa. Éstos eran los encargados de guardar a la personadel rey mientras dormía o cuando estaba enfermo, de custodiar lasllaves del palacio en el que pernoctaba y, tras el fallecimiento delrey, de custodiar su cuerpo. Ejercían su función en la misma cámara delrey y, en el caso de guardar a la reina, en una cámara continua.Después de la llegada de Carlos V y los archeros de corps flamencos,pertenecientes a la Casa de Borgoña, los Monteros, de la Casa deCastilla, reclamaban con éxito su permanencia en el servicio del rey.Con Felipe II recibieron la ratificación definitiva. A partir delprincipio del siglo XVII, con los intentos de reducir gastos de laCasa, también los Monteros quedaron afectados. Sin embargo, a pesar delos problemas de financiación, el rey no consideró factible suprimir suservicio.

C. J. de Carlos, F. Labrador y G. Sánchez
C. J. de Carlos, F. Labrador y G. Sánchez
Estollevó a una valoración económica de las Casas reales. El profesorCarlos de Carlos Morales, de la Universidad Autónoma de Madrid presentólos resultados de una investigación en curso que busca definir elsignificado socio económico de la financiación de las Casas. Igual quela Casa de Borgoña, la Casa de Castilla tenía un déficit continuo y uncúmulo de demoras y atrasos de pago, lo cual obligó a trasladar eldéficit de ejercicio en ejercicio a buscar continuamente nuevas fuentesde financiación como la del servicio de millones y los grandesasientos. El gasto mayor de la Casa de Castilla corría por cuenta de laCapilla real, que fue el tema con que se cerró el primer día. Elprofesor Gustavo Sánchez, de la Universidad Autónoma de Madrid, secentró en el personaje Carlos Patiño (1600-1675), maestro de capilla deFelipe IV. A partir de la escucha de fragmentos de música de Patiño ysu maestro Alonso Lobo, explicó la evolución de la polifoníarenacentista hasta la barroca. Esta última definía la obra de Patiño,caracterizada por una mayor policoralidad y un bajo continuo que nosólo servía de acompañamiento, sino que también hacía armonías. Estaevolución musical requirió ajustes arquitectónicos en el Escorial,donde Felipe IV hizo alargar los balcones delante de los órganos paraque cupiesen más músicos.

Elsegundo día, se empezó con exposiciones sobre la función de la Casareal para organizar los distintos reinos de la Monarquía. El profesorPavel Marek, de la Universidad del Sur de Bohemia, hizo una exposiciónsobre la evolución de la red clientelar española en la corte imperialen el siglo XVII. A partir de la segunda mitad del siglo XVI hubo unacolaboración estrecha entre los emperadores y los reyes españoles yFelipe II llegó a crear una embajada permanente en la corte imperial.Los embajadores se aseguraban de la ayuda de las personas del entornodel Emperador para favorecer los intereses españoles. Tradicionalmente,en la historiografía se ha hablado de un homogéneo partido español enla corte imperial, que representaría la política católica radical delos reyes españoles. Sin embargo, resulta más acertado destacar laheterogeneidad de los clientes, quienes tenían distintos vínculos conla Corte española. Además, cabe señalar que los nuncios papales, tantoen la época de Felipe II, como en la de Felipe III y Felipe IV,criticaban reiteradamente la presencia española en la Corte imperial.El clientelismo hasta pudo llegar a ser un fenómeno hereditario, comomuestra la fidelidad de las familias Dietrichstein y Lobkowicz a laCorona española.

Mafalda Soares
Mafalda Soares
Lasrazones de la separación de Portugal y, sobre todo, del fracaso enreconstruir los lazos con la Corona española posterior a la revueltafueron objeto de las ponencias de los profesores Mafalda Soares daCunha, de la Universidad de Évora-CIHEDUS, y Pedro Cardim, de laUniversidad Nova de Lisboa. La profesora Soares da Cunha destacó que noexistía un programa político previo a la rebelión y la formación de ungobierno posteriormente. Cuando el duque de Braganza se encargó delgobierno como rey Juan IV, no tenía apenas experiencia política, niconocía bien a las élites portuguesas. La situación política era pocotransparente. Existió una confluencia de intereses, basados enrelaciones personales, entre muchas capas sociales que apoyaban laruptura. No hubo una división estamental entre los que apoyaban y losque criticaban al nuevo rey. Por otra parte, seguía habiendo muchosnobles que mostraban su fidelidad a Felipe IV. La falta de mediosfinancieros, las dificultades para reclutar tropas, y las continuascríticas al nuevo gobierno generaron un ambiente de ansiedad quefavoreció un clima de conspiración contra Juan IV, como mostró laconjura del arzobispo de Braga. Al final del siglo XVII, sin embargo,los “aclamadores” de Juan IV, que se habían mezclado con la noblezaantigua, se consolidaron en el poder.

¿Quépapel había tenido la Casa real portuguesa en la consolidación delpoder de Juan IV durante la transición? Esta fue la pregunta que seplanteó el profesor Cardim. Existieron distintas estrategias paragarantizar la lealtad de la nobleza portuguesa al duque de Braganza,como la organización de un juramento de fidelidad al nuevo rey. Además,en la propaganda posterior a la revuelta, se hizo mucho énfasis en elsignificado de que el rey había vuelto a Portugal. Esto pasó a travésde una demonización de la Corte de los Austrias, que se habríacaracterizado por las dificultades para acceder al rey. La realidad eraque la corte de los reyes españoles, era igualmente la de los noblesportugueses, que formaron parte de una élite y un proyectointernacional, algo que había tenido sus atractivos para ellos. Despuésde la ruptura se daba continuidad a la Casa real mezclándola con laCasa de Braganza y se hizo un esfuerzo para construir una vidacortesana nueva. Sin embargo, lo que caracterizó a la nueva Corte erala falta de organización. La vida palatina estaba poco organizada, yhubo muchos disturbios en la Corte de Braganza. ¿Tuvo finalmente unpapel importante la nueva Casa real para estabilizar la situaciónpolítica? Cardim expresó sus dudas al respecto.

M. Rivero, A. Álvarez-Ossorio, F. Labrador y J.A. Guillén B.
M. Rivero, A. Álvarez-Ossorio, F. Labrador y J.A. Guillén B.
Enla década de las revueltas, la separación de Portugal, se distinguiópor su consolidación. Algo que, según los ponentes, había sido unresultado poco previsible. Ampliando el panorama de la crisis de ladécada de 1640, el profesor Antonio Álvarez Ossorio, de la UniversidadAutónoma de Madrid destacaba la situación particular del Estado deMilán, que no tuvo una Casa real. Explicó que durante el reinado deFelipe II, el patriciado milanés se transformó en una oligarquíacerrada, cuya dependencia del rey español fue relativamente reducida.Esto tuvo sus consecuencias para la solución que se buscó cuando en1635 Luis XIII formó una coalición para asaltar a Milán. Para lamonarquía española, el frente de Milán era secundario en la época delas revueltas, y apenas enviaba tropas, con lo cual Milán tuvo quedefenderse con sus propios recursos. Sin embargo, la oligarquía localno tuvo medios suficientes. No quería un soberano propio, que limitaríasu poder, y buscó a través de una ampliación de su base social hacerfrente a la crisis. Así el magnate milanés Bartolomeo Arese buscó unaalianza con la vieja aristocracia feudal, como los Borromeo y losVisconti. Asimismo aprovecharon de esta situación los jenízaros,descendientes de españoles que se habían casado con miembros delpatriciado local, como los Salazar y los Manrique. Este grupo, por susestrechos vínculos con la oligarquía provincial, resultó muy operativoen los tiempos de crisis por su capacidad de movilizar recursos. ElEstado de Milán consiguió de esta manera mantener intactas susfronteras durante la crisis y, además, no se llegaron a producirrevueltas. La Monarquía española supo garantizar la lealtad de la élitemilanesa, dando más poder a la élite local.

Enel sur de Italia, concretamente Sicilia y Nápoles, la crisis de ladécada de 1640, sí se expresó en rebeliones. El profesor Manuel Riverode la Universidad Autónoma de Madrid, no se concentró tanto en estasrevueltas mismas, sino en “el día después”: ¿Cómo resolvió la monarquíalas rebeliones? En la historiografía se suele atribuir las rebeliones afactores económicos y conflictos sociales, y en este sentido sondefinidas como rebeliones populares provocadas por el hambre. Tambiénson interpretadas como conflictos políticos, expresiones de lastensiones entre el centro y la periferia. Sin embargo, el profesorRivero proponía tomar como modelo de las rebeliones la revueltaportuguesa, puesto que lo que más las definía no era su caráctersocial, sino que procedían de conjuras nobiliarias. Las soluciones quese buscaba para volver a la normalidad pasaban por la idea de que lasrevueltas habían surgido por la ausencia del monarca. Por lo tanto, loque era menester era un regreso, una restauración del poder real. Eneste sentido, es significativo que el fracaso de la incorporación delreino de Portugal dentro de la Monarquía hispana se explicaba por lasituación de la Casa real de Portugal que quedó desvirtuada y sinsustancia, según manifestaba Rivero, refiriendo a los estudios delprofesor Félix Labrador. Por otra parte, en Sicilia, la precedencia dela Casa del virrey fue disputada por otras casas nobiliarias. Comoremedio se intentó disminuir la prepotencia de la nobleza, y hacer alrey más presente dando cobijo a reclamos locales y a través delnombramiento de oficios, la otorgación de mercedes, y la venta detítulos y honores.

Esto llevó auna reflexión sobre el concepto de nobleza. El Doctor José AntonioGuillén Berrendero, de la Universidad de Évora-CIDEHUS, hizo unaexposición sobre el tema en torno a Diego Barreiro, Rey de armas de laCorte de Felipe IV. Los Reyes de armas certificaban los blasones, perosu función iba mucho más allá de cuestiones heráldicas, explicabaGuillén. A través de un análisis minucioso de las certificaciones deDiego Barreiro mostró cómo empleaba lugares comunes sobre lo que eranobleza, y qué significado cobraban éstos dentro del discurso. LosReyes de armas resultaban ser agentes creadores de un discurso, que seestructuraba permanentemente, de lo que era la preeminencia social.

Lamirada del congreso se dirigió después a las vicisitudes de lo que erapropiamente la Casa de Castilla, a través de una observación nítida delos problemas que esta atravesaba durante los años de la crisis. Elprofesor Félix Labrador, de la Universidad Rey Juan Carlos, trató lareal caza de volatería durante el gobierno del marqués de Fresno. Éstetuvo que hacer frente a distintos problemas cuando se intentó reformarla Casa de Castilla y se barajó suprimirla, algo que Felipe IVfinalmente no se atrevió a hacer. El gremio permaneció, pero tuvoserias dificultades para obtener rentas, algo especialmente grave entiempos en que el rey estaba frecuentemente de caza. Durante elgobierno del marqués, quien era sordomudo, pero había aprendido a leery escribir, surgieron distintos problemas. Tuvo que resolver disputasjurisdiccionales y hacer frente al intento de cambiar el lugar deresidencia del gremio. Este cambio se había propuesto para ahorrar loscostes generados por las concesiones hechas a las villas quetradicionalmente recibían los gremios, como Carabanchel. Así, se barajóVallecas como una nueva residencia, algo que finalmente no se llevó acabo. De esta manera, el marqués, a pesar de sus dificultades, logrósubsanar los problemas más importantes surgidos durante su gobierno.

Peorsuerte corrieron las guardas reales. El profesor Eloy Hortal Muñoz, dela Universidad Rey Juan Carlos, analizó los problemas que éstaspadecieron durante los años centrales del reinado de Felipe IV. Lasguardas reales consistían de cuatro compañías: los ya tratados Monterosde Espinosa, los archeros de corps, la guarda tudesca y la guardaespañola. La función de las guardas era la protección de la persona delrey y de la familia real, el acompañamiento del monarca en un planosecundario, la participación en las apariciones públicas del monarca y,finalmente, las guardas, por la diversidad de las naciones que lascomponían, fungían como un espacio integrador de las distintas élitesterritoriales. Las guardas entraron en una profunda crisis en tiemposde Felipe IV, cuando se cristalizaron contradicciones que ya habíanestado presentes en los anteriores reinados. Se produjeron diversasconfrontaciones jurisdiccionales, como entre los capitanes y el bureo.Las guardas se caracterizaron más por motines y delincuencia que por sulustre y se produjo un deslucimiento de sus funciones públicas.Asimismo dejaron de ser unos cuerpos representativos de sus naciones.El modelo de las guardas reales, configurado desde el reinado de CarlosV, entró en quiebra.

En suponencia sobre la campaña militar de Luzzara en 1702, el profesorLeandro Martínez Peñas, de la universidad Rey Juan Carlos, llamó laatención sobre el destacado papel que nobles españoles tuvieron en elséquito del rey, como el duque de Medina Sidonia, mayordomo mayor ycaballerizo mayor, y el conde de Benavente, sumiller de corps. Lacampaña, sin embargo, sería el último momento en que los noblesespañoles cumplieron un papel tan importante o más que los noblesfranceses. Por otro lado, sería el principio de importantes reformas enla guardia real. Durante su estancia en Italia, el rey creó una guardiaitaliana, para premiar a los italianos. Esta creación revelaba uncambio de mentalidad. La función de la guardia ya no era tanto protegeral persona del rey, sino que funcionaba como un regimiento de élitedentro de de ejército. Luego, al final de la campaña, Felipe V decidiósuprimir la guardia tudesca.

Elprofesor Ignacio Ezquerra Revilla de la Universidad Nova deLisboa-Centro de Investigação e Desenvolvimento sobre Direito eSociedade, hizo una exposición sobre los porteros de Cámara del ConsejoReal. Explicaba que en su origen la Cámara regia, no era solamente elespacio íntimo del rey, dónde desarrollaba su vida cotidiana, sino queera el lugar donde además llevaba a cabo actividades de gobierno,repartía la gracia, emitía documentos e impartía justicia. De estamanera, se entiende que el dominio del monarca sobre los reinos, pasópor una expansión de la Cámara, una ampliación “doméstica”. Esteproceso finalmente llevó a la disociación de la Audiencia yChancillería de la Cámara. Sin embargo, los dos ámbitos, eladministrativo y el doméstico, nunca terminaron de separarse. Así losporteros de Cámara, que pertenecían a la Casa de Castilla, hacíanpatente la unidad del ámbito doméstico y el administrativo, al estarpresentes en el Consejo real, y las chancillerías de Valladolid yGranada. Sin embargo, en tiempos de Felipe IV, no existió un esfuerzopara definir la posición de los porteros de Cámara, y su función sedesvirtuó hasta convertirse en una práctica monótona recurrente.

Conesto terminó un congreso con un gran número de asistentes que, demanera exitosa, ofreció una amplia vista histórica sobre de la Casareal de Castilla, alternando estudios detallados sobre distintosaspectos de la Casa en diversos momentos de su evolución, conreflexiones sobre su significado para la articulación política de laMonarquía hispana.

Gijs Versteegen

IULCE-UAM

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