Envejecimiento y precarización en la universidad española

Leo una noticia en la prensa matinal: El País, La Universidad busca soluciones a la lacra de sus “profesores pobres”, que merece una reflexión sobre el estado actual del profesorado universitario, que afronta una crisis de consecuencias fatales para todo el sistema de educación superior. En este otro artículo de El diario.es Las universidades Rey Juan Carlos y Carlos III abusan de los profesores visitantes para cubrir su plantilla ordinaria, se incidía en este mismo aspecto.

El artículo refleja la situación de numerosos contratados como profesores asociados con salarios que no alcanzan ni los 500 euros mensuales. La Conferencia de Rectores ha denunciado este hecho, aunque debemos recordar que son las universidades las que contratan, no el ministerio. La figura de “profesora sociado” se puso en marcha con la Ley de Reforma Universitaria, aprobada en 1983, y corresponde a profesionales trabajando en otros ámbitos, cuyos conocimientos específicos podrían ser útiles para la formación universitaria. La realidad que se ha ido imponiendo a lo largo de los años es que la figura se ha convertido en una manera de contratar mano de obra docente barata.

¿Cuáles son las causas de este aumento de contratos baratos que suponen un 20% de todo el profesorado? La primera es la congelación de plantillas que las universidades han sufrido en estos años, con lo cuál las necesidades docentes se han tenido que cubrir de una manera provisional contratando profesorado de la única manera posible (se estima –datos oficiales- que se ha perdido el 4% del profesorado en estos últimos años). A esto se acompaña el descenso en la financiación de las universidades por las Comunidades Autónomas, ya de por sí precaria.

Y esto nos lleva a uno de los datos más preocupantes del sistema universitario. Según se puede leer en este otro artículo de eldiario.es “En los cuatro cursos académicos que van desde el 2011-2012 al 2015-2016, la edad media de los trabajadores universitarios ha pasado de 48 a 50 años, según estadísticas del ministerio.” Esto quiere decir (y ya lo estamos viendo en los deparatmentos y facultades) que nos vamos a quedar en unos años sin profesorado, de repente, ya que se puede también ver como esas jubilaciones se van a producir de manera simultánea y masiva.

Aquí podíamos ahora decir: no pasa nada, contratamos nuevos profesores. Y nos estaríamos olvidando del hecho esencial. Podemos contratar profesores que resuelvan el problema de impartir la docencia, pero un profesor universitario tiene una doble función, la docente y la investigación. Y formar un investigador con un cierto nivel no se hace en unos años, requiere mucho tiempo y esfuerzo. Así que, ¿cómo vamos a cubrir la pérdida masiva de investigadores en la universidad?  Es un problema de envergadura, que requeriría desde ya un análisis de la situación, de cómo se van a producir (de hecho, se están ya produciendo) esas jubilaciones y poner en marcha un plan estratégico y urgente que palie en lo posible esta catástrofe anunciada. Y no es por tanto únicamente un problema educativo, sino también de investigación; compete a dos ministerios y a muchas consejerías. Estamos a tiempo de enfrentar el problema, la pregunta es si se hará o se confiará en la providencia, siguiendo la ya tradicional costumbre española.

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Manuel de León (CSIC, Fundador y Director del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU).

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