¿Excelencia individual o colectiva?

Esta entrada está motivada por una conversación de hace unos días con uno de mis colegas. Tanto él como alguno más, sostienen que basta la excelencia individual para triunfar, así que uno debe contratar investigadores postdoctorales de calidad y esperar que alguno de ellos pueda probar teoremas importantes que le deparen, por ejemplo, la consecución de una de las codiciadas becas del European Research Council (ERC) (alguno se atreve a sugerir la obtención de una medalla Fields con este procedimiento).

Es verdad que la calidad individual es importantísima y que puede ayudar a probar resultados relevantes, pero en un instituto del CSIC tenemos dos graves handicaps. El primero es que los mecanismos de contratación del CSIC son tan perversos y obsoletos que al final el proceso se eterniza; a la vez, los salarios no son competitivos. La conclusión es que el número de candidatos es moderado, y se trata sobre todo de postdocs jóvenes. Estamos compitiendo con los grandes centros internacionales, que ofrecen mejores salarios y un contrato directo (no hay bolsa de trabajo ni inventos similares pensados para que, en aras de la transparencia y la igualdad de oportunidades, se dificulte todo lo posible el proceso de selección).

El segundo handicap es el número de contratos que se pueden ofertar. Si cada cuatro años ofertamos diez, no creo que el resultado tenga altas probabilidades de éxito realmente, porque el teorema de los monos tecleando las obras de Shakespeare requiere millones de monos (el Teorema del Mono Infinito fue planteado por un matemático eminente, Émile Borel, en 1913, en su libro Mécanique Statistique et Irréversibilité).

Por lo tanto, a la excelencia individual hay que añadir la excelencia institucional, la colectiva. Estos jóvenes postdocs deben encontrar en el instituto en cuestión un ambiente acogedor, una infraestructura de excelencia, que les ayude a explotar su potencial, proporcionándoles recursos para que su investigación vaya mas lejos. Son jóvenes investigadores que precisan todavía de formación y asesoramiento: un ambiente con seminarios, trimestres temáticos, congresos, los ayudará y estimulará.

A la vez, se precisa de gestores que coordinados con la dirección y la gerencia, y asesorados por ellos, los ayuden en la elaboración de proyectos, y que contemplen en un modo global la parte científica acompañada en algunos casos de las propuestas de transferencia, y siempre de las de comunicación. Por ejemplo, en el ICMAT creamos las oficinas ICMAT EUROPA e ICMAT TRANSFER y un Gabinete de Comunicación (este último dentro de una Unidad de Cultura Científica).

En consecuencia, se necesita excelencia individual acompañada de excelencia colectiva o institucional (la institución de acogida es siempre un plus en cualquier proceso selectivo). El apoyo mutuo genera el círculo virtuoso.

Todo ello exige dedicación por parte de la dirección del instituto en cuestión y de los directores científicos de los proyectos institucionales, y así, el sacrificar una parte de la investigación propia en aras de los intereses colectivos. La pregunta es si, en nuestro caso, mis colegas están dispuestos a ese acto de generosidad.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU).

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Un comentario

  1. El que siembra lo hace con la esperanza de cosechar los frutos. Si hay un marco legal adecuado y confiable, pues…¿Quièn serà aquel que se niegue a compartir sus invenciones, innovaciones o descubrimientos?

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