La geometría y los indios nativos norteamericanos

Desde la más remota antigüedad, las figuras geométricas han despertado la atención de los hombres, y en las diferentes sociedades que los seres humanos han ido configurando, figuras como triángulos, círculos, cuadrados, pentágonos, han llevado a identificarlas como ideas abstractas, y se les ha atribuido propiedades mágicas, contribuyendo así al desarrollo de las matemáticas. En esta entrada hablaremos de los indios nativos norteamericanos y su especial predilección por los círculos.

La Rueda Medicinal en el Bosque Nacional de Bighorn, Wyoming

Para un indio norteamericano de las llanuras el círculo era una figura findamental; basta imaginarse el paisaje en una enorme llanura y ver que es un círculo lo que abarca tu mirada. Una de las construcciones ceremoniales eran las llamadas ruedas medicinales, como esta que ilustra esta fotografía encima de estas líneas.

Estas ruedas medicinales consisten en un centro de piedra rodeado de un anillo exterior de piedras con radios (también formados con piedras) que van desde el centro hasta los cuatro puntos cardinales. Hay varias teorías sobre su uso, desde utilidades astronómicas hasta danzas ceremoniales.

El círculo es además un símbolo de la continuidad de la vida y la tierra, no tiene principio ni tiene fin, y este concepto espiritual es fundamental en las culturas indias. Esto se refleja también en sus danzas circulares.

Tipis pintados por George Catlin en la década de 1830

Recientemente he tenido la oportunidad de leer la novela “Pequeño Gran Hombre”, de Thomas Berger, excelentemente traducida y publicada por Valdemar en su colección Fronteras. La novela es una auténtica obra maestra, mezclando los hechos históricos con los fabulados por el autor, con dosis de humor pero narrando a la vez la gran tragedia de las comunidades indias de Norteamérica. Si leemos la reseña editorial de Valdemar: “La novela nos presenta a un ocioso rentista aficionado a las antigüedades indias al que se le brinda la ocasión de entrevistar en un asilo a un irascible anciano de más de cien años, el viejo Jack Crabb, que asegura ser el único superviviente blanco de la batalla de Little Bighorn. Durante cinco meses relata al incansable visitante su azarosa vida: primero fue niño blanco y luego niño y guerrero cheyenne con el nombre de «Pequeño Gran Hombre», tras el asesinato de su familia por los indios. Le cuenta que después se ganó la vida como jugador de ventaja y buscador de oro, y cazador de búfalos, y explorador del ejército… e incluso llegó a ser con¬fidente del general Custer y amigo de Wild Bill Hickok.“

Muchos recordarán la película de 1970 basada en esta novela, con el mismo título, dirigida por Arthur Penn y protagonizada por Dustin Hoffman, en la que se cuenta la historia de este hombre centenario que vivió la batalla de Litle Bighorn, donde la alianza de tribus indias destrozó al Séptimo de Caballería del general Custer

A lo largo de la novela, nos encontramos con pasajes extraordinarios en las que se manifiestan la aversión y la filia a una su otras figuras geométricas por parte de los cheyennes.

“Cuando me enteré, tuve una sensación de ahogo. En Laramie había ya tantos hombres blancos que apenas podía respirar, y no dormía bien en los barracones rectangulares, debido a que los cheyennes me habían enseñado a preferir las moradas circulares. Creo que ya he dicho lo que opinaban sobre los círculos, el círculo de la tierra y así. Estaban en contra del ángulo de noventa grados, que detenía en seco la continuidad. Vieja Tienda solía decir:

– El cuadrado no tiene poder.”

En la página 239, se muestra otra faceta del círculo, los tipis o tiendas indias:

“Se marcharon y rodeé el círculo para llegar donde estaba sentado el viejo jefe. Pensará que habría sido más lógico cruzar directamente por el diámetro, pero eso no e hacía nunca: dentro de la tienda, había que moverse en forma e circunferencia.”

En la página 580, Vieja Tienda vuelve a insistir en la idea circular del mundo:

“El búfalo como hierba, yo me lo como a él, y cuando yo muera, la tierra me comerá a mí y dará más hierba. Por tanto, nada se pierde nunca, y todas las cosas son todo para siempre, aunque todas las cosas cambien.

El viejo se guardó el cuchillo en su funda con cuentas. Continuó:

Pero los hombres blancos, que viven en líneas rectas y en cuadrados, no creen lo mismo que yo.”

Quizás haya que volver a vivir en casas circulares para garantizar la armonía del mundo.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias).

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