El Nombre del Infinito

En el siglo XX la matemática europea sufre una gran crisis de conceptos con el nacimiento de la teoría de conjuntos y el descubrimiento de los números transfinitos por Georg Cantor. En la comunidad rusa estas nuevas ideas se mezclaron con la mística en grupos considerados heréticos por la Iglesia Ortodoxa Rusa como “La Adoración del Nombre”. El historiador de la ciencia Loren Graham  y el matemático francés Jean-Michel Kantor ahondan en este vibrante período europeo, en su libro “El Nombre del Infinito”. Manuel de León, director del ICMAT, reseña el título a continuación.

 

“El Nombre del Infinito” es un libro singular, muy recomendable a cualquier persona interesada en las matemáticas. Pero, en realidad, toda persona que sienta inquietudes sobre la naturaleza del mundo y en particular sobre lo que mueve a los seres humanos en su tránsito por este universo disfrutará de su lectura.

El libro trata del viaje emprendido por  del historiador de la ciencia Loren Graham  y el matemático francés Jean-Michel Kantor en búsqueda de la relación entre matemáticas y religión, a partir de creencias que relacionaban ambas disciplinas en la Rusia del s. ??

La génesis de este libro es un viaje a Moscú en el que Graham, por indicación de Kantor, visitó a un matemático simpatizante de la llamada «adoración del nombre». Esa creencia considerada herética por la iglesia ortodoxa rusa,  consistía en repetir el nombre de Dios o Jesucristo hasta llegar a una especie de éxtasis y comunicación divina y parecía tener alguna relación con las matemáticas. Así parecía haber sido en el caso de los comienzos de la Escuela Matemática de Moscú, denominada Lusitania (quizás por Luzin, quizás por el eco de la noticia del hundimiento del trasatlántico británico Lusitania en la segunda Guerra Mundial).

Esta época coincide con la crisis de la identidad de las matemáticas, el nacimiento de la teoría de conjuntos y el descubrimiento de los números transfinitos por Georg Cantor. La visión francesa, racional, encabezada por el trío formado por Émile Borel, René Baire y Henri Lebesgue lograron avances importantes, pero los rusos, con su cultura intuitiva y mística, encabezados por Dmitri Egorov  y Nikolái Luzin—fundadores de la Escuela de Matemáticas de Moscú— fueron más allá de los límites cuando ya los matemáticos franceses habían entrado en crisis en este tema de los infinitos. Egorov y Luzin iban acompañados del sacerdote y matemático Pável Florenski.

De alguna manera nombrar a Dios o a Jesús era como nombrar a los números, que adquirían existencia real precisamente al nombrarlos. Este paralelismo, que quiere probar como la religión puede ser fecunda para las ideas científicas, sirve para mostrar la enorme riqueza y creatividad de ese período europeo, especialmente en Moscú. Por el libro desfilan las vidas y milagros de los grandes nombres de la matemática del siglo XX: Kolmogorov, Alexandrov, Uryshon,… Estos hombres tiene que vivir en el nuevo mundo que sucede al zarista, con sus grandezas y miserias, con las purgas de Stalin, con la escasez y el miedo a la delación… Y así y todo, sus logros matemáticos fueron impresionantes.

Los autores dicen: “Al afirmar que el misticismo ayudó a los matemáticos rusos a desarrollar la teoría descriptiva de los conjuntos, tuvimos que sobrellevar nuestras prevenciones personales. Los dos somos laicos en el alma, muy alejados de la mentalidad de los Adoradores del Nombre. No escribimos este libro para pasar al bando de los religiosos en el sempiterno debate ciencia versus religión que ocupa tanto espacio.”

Y continúan: “La fuerza innovadora de la matemática rusa se hizo patente a principios del siglo XX, cuando Dmitri Egorov, Nikolái Luzin y sus alumnos aportaron un planteamiento muy específico de la nueva teoría de conjuntos, que ya era objeto de debate para muchos filósofos y matemáticos europeos. Las aportaciones de Egorov y Luzin han atraído hasta ahora una atención relativamente escasa, tanto del público como de los historiadores de la ciencia, a pesar de que los trabajos de la Escuela de Matemáticas de Moscú que ellos fundaron sean bien conocidos por los matemáticos profesionales. Lo que no se sabe es que su obra estuvo vinculada a un fervoroso misticismo, a la persecución política y al drama personal. Ésa es la historia que contaremos aquí: una historia que arroja luz sobre el proceso creador de la matemática misma.”

Sobre los autores

 

Loren Graham

Loren Graham (Indiana, Estados Unidos, 1933), ha sido catedrático de la Universidad de Columbia de 1972 a 1978, y actualmente es catedrático emérito de historia de la ciencia en el MIT. Es también miembro de la Sociedad Filosófica americana, de la Academia Americana de Artes y Ciencias, y miembro ejecutivo del Davis Center de estudios sobre Rusia y Eurasia de la Universidad de Harvard. Es asimismo miembro correspondiente de la Academia Rusa de Ciencias Naturales.

 

Jean-Michel Kantor

Jean-Michel Kantor (París, 1946) es matemático e historiador de las matemáticas en el Institut de Mathématiques de Jussieu en París. Ha sido miembro del Comité de redacción de la Gazette des mathématiciens editado por la Sociedad Matemática de Francia.

Datos del libro:

Loren Graham, Jean-Michel Kantor

“El nombre del infinito”

El Acantilado, 260

Barcelona, 2012

ISBN:

978-84-15689-14-0

Páginas: 304

Precio: 24.00 €

 

La portada del libro reproduce un fragmento de Los filósofos: retrato de Serguéi N. Bulgákov y Pável A. Florenski (1917), de Mijaíl N. Nesterov.

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Manuel de León (CSIC y Real Academia de Ciencias) es director del ICMAT y miembro del Comité Ejecutivo de IMU.

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Comentarios

Lo cierto es que la matemática, al igual que: la física; astronomía; paleontología y otras ciencias, niegan la religión. Las ciencias son un enemigo irreconciliable de la religión porque utilizan el procesamiento lógico, como es de suponer en seres pensantes racionales y no la fé. Desde la evolución de las especies de Darwin hasta el entendimiento de nuestro universo, cada cosa que la ciencia descubre atenta contra las enseñanzas de los libros religiosos más conocidos. Sin incluir el aspecto social en cuanto a libertades cívicas, como el derecho al aborto y la plenitud en la sexualidad.
VIVAN LAS CIENCIAS AMIGOS MÍOS,

Katie.

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